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MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Trilogía involuntaria de Levrero

4.30.2009
Mario Levrero. Fuente: larepublica.uy

El primero en Perú en comentar en un medio masivo -su leído blog Puente Aéreo- la obra de Mario Levrero fue Gustavo Faverón. Era octubre de 2005. Luego le seguirían aquellos que decían haberlos leído antes, pero esas frases están bajo sospecha. Faverón inició una fiebre levreresca en el Perú que coincidió con la celebridad que Levrero estaba tomando, luego de su muerte, en Argentina y luego en España. He leído muchos libros del uruguayo desde entonces pero ninguno me ha despertado el entusiasmo de Gustavo, sin desmerecer momentos notables. Ante mis dudas, Gustavo siempre reclama: "es que no has leído la trilogía involuntaria. Eso es lo que tienes que leer". La llamada Trilogía Involuntaria está compuesta por tres novelas: La ciudad, El lugar y París. Era casi inhallable en el Perú, y en otras partes del mundo, pero seguro eso se corregirá pronto porque De Bolsillo ha publicado las tres novelas breves. En Radar Libros hacen una reseña sobre la esperada reaparición:

Con Lewis Carroll y Franz Kafka como confesos puntos de partida para su literatura, su trilogía involuntaria resulta apasionante, porque sus narraciones funcionan como una máquina de sentido a la que, una vez que se enciende, es imposible detener. Como un río que fluye, la irresistible lectura de la fascinante La ciudad como la perfecta —así la definía su autor— primera parte de El lugar, recuerdan la lógica de Alicia cuando cae en el pozo persiguiendo al conejo, o la de los protagonistas de las obras de Kafka, atrapados en el laberinto de una realidad destilada, y al mismo tiempo más compleja. Prisioneros dentro de sí mismos, de sus temores, obsesiones y deseos, esa primera persona que narra la trilogía se abre un poco a juguetear con el mundo que la rodea en París, donde el folletín y lo inverosímil adquieren otra realidad, y otras lógicas se intersectan contra ese insecto que es la mente, al que se tolera —a la manera de Spinetta— porque narra. Hipnóticas y casi psicodélicas, pero sin proveer ninguna posibilidad de escape sino más bien como trampas perfectas, sus tres novelas iniciáticas anticipan lo que luego Levrero haría al final del arco de su obra, con la mencionada El discurso vacío o la tan celebrada La novela luminosa, donde cada vez más esa primera persona es la del autor, y ese mundo ante el que reacciona no necesita inventarse, ni resumirse en modelos pseudo oníricos, sino que es la realidad que acecha ahí afuera. Tanto cuando se lo calificaba de raro como cuando se lo situaba dentro de la ciencia ficción local (cuyas publicaciones albergaban sus obras), Levrero solía desmarcarse de manera contundente, calificando a su trabajo como realista. Pero más que nada por liberarse de cualquier preconcepto, jugando a situarse en el polo opuesto al que le otorgaba su interlocutor. Vaya uno a saber, entonces, lo que opinaría de una reciente presentación de alguno de sus libros póstumos, en la que brillaron por su ausencia insistentes divulgadores como Elvio E. Gandolfo o Marcial Souto. Ante una escasa concurrencia, los presentadores celebraron la supuesta vanguardia de su elección, señalando que si estuviesen hablando de Bolaño el lugar seguramente estaría más lleno. Pero, aun siendo un autor de culto, la realidad marca que Levrero siempre escribió de cara a sus lectores, publicando sus obras en revistas —como El Péndulo— que se vendían en los quioscos, y diciendo presente con sus libros en cada colección interesante que supo asomar en el mercado local durante la década del ‘80. Por eso es que, antes de revolverse satisfechos en su gusto exquisito, aquellos azarosos representantes de la academia —que a veces parece celebrarse sólo a sí misma— deberían haberse disculpado por llegar tarde, como siempre. Y, entonces sí, hacerse humildemente a un lado y permitir que la cada vez más reeditada obra de Levrero (¿cuándo le llegará el turno a un libro inclasificable y fascinante como Caza de conejos?) salga en busca de nuevos lectores.

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Erri de Luca entrevistado

Erri de Luca. Fuente: baronebirra

"Tiene cara de lord inglés, pero es napolitano y viste como un agricultor" así describen a Erri de Luca en una entrevista publicada en el último "Babelia". Erri de Luca es uno de los mejores -por no decir directamente el mejor- escritores italianos vivos. Un escritor absolutamente fundamental que es poco conocido en castellano, a pesar de que varios de sus libros han sido traducidos, incluyendo la genial novela Tres caballos. Su última novela, sin embargo, El día antes de la felicidad (Siruela) está encabezando la lista de los más vendidos en España. Extraordinaria noticia. ¿Será que se viene el renacimiento de Erri en castellano? Aquí algunas de las preguntas de la entrevista realizada por Miguel Mora, con respuestas tan escuetas como algunas de sus novelas:

¿Se siente italiano o napolitano?
Como escritor y hablante, vivo en la lengua italiana. La lengua italiana es mi patria, pero no tengo sentimientos patrióticos respecto a mi país. Si suena el himno no se me acelera el pulso, con la bandera tampoco. Pero la lengua me gusta. Nací y crecí en napolitano y me convertí en un escritor en italiano. No soy un escritor italiano, sino en italiano. Acabé dentro de la lengua de mi padre.

¿Cambió de patria?
De lengua. Mi padre pretendía que en casa hablásemos italiano sin acento. La mamma hablaba en napolitano. Ella era el lugar, era Nápoles.

Sé que murió hace unos días y vivía con usted. ¿Tenían buena relación?
Una relación tardía, adulta, pero buena, fuerte. Vinieron los dos a vivir conmigo porque no les llegaba el dinero.

(...)

¿Sintió pena al irse [de Nápoles]?
Me despegué como pude. Tenía encima una mole que me expulsaba. Me arranqué como un diente de una encía. Luego no pude reimplantarme en ningún sitio. Cuando me fui supe que no volvería, pero allí no podía seguir. Estaba solo. Luego encontré a mi generación en la calle, rebelde primero y revolucionaria después, y ahí sentí otra pertenencia, en vez de a un lugar, al tiempo. Soy un producto del tiempo, del 900.

Y de la revolución fallida.
Fui revolucionario a tiempo completo todo el decenio de los setenta. Milité en Lotta Continua hasta 1976, y cuando acabó me hice obrero y seguí solo. Fue la herencia del tiempo, y hoy lo veo con lealtad. No me gusta la nostalgia, pero soy leal con las razones de aquel tiempo. Pienso que aquel hombre joven que fui reconocería en mí a la continuación de sí mismo. Quiero pensarlo.

¿Hizo la cosa justa?
Cuando las cosas hay que hacerlas, justo o injusto, no hay elección.

Pero no tomaron el poder.
Era una revolución rara. Era más cuestión de entorpecer al poder y hacer crecer a la sociedad. No fue inútil. Fue necesario, y dio resultados. No en las vidas personales, ahí lo pagamos caro porque fuimos la generación más encarcelada de la historia, incluida la que vivió el fascismo.

¿Usted hizo cárcel?
Poca y muy temprano, en 1968 o 1969.

¿Y lucha armada?
Prefiero no contestar. Pero toda revolución prevé recurrir a las armas.

¿Defiende todavía el 68?
La historia la escriben los vencedores, no los condenados. El 68 fue sólo el momento de la salida, la campana que sacó a los estudiantes de clase. Era el periodo en que los obreros follaban. Ser obrero era una posición social de prestigio. Eran un punto de referencia. La vanguardia. Tenían poder y encanto.

¿Usted folló mucho?
Yo no, me hice obrero tarde. Y entonces no teníamos derecho al amor, el amor era... un pretexto para retirarse.

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El melancólico Kerouac

Carátula de novela de Kerouac. Fuente: perdonameperoteamo

Rodrigo Fresán vuelve a definir con acierto el verdadero carácter de un escritor: no la velocidad sin freno sino la helada melancolía es lo que define a Jack Kerouac, dice. Se trata de la reseña de un libro menos célebre del autor de En el camino, titulado Satori en París y que acaba de ser editado en España por Ediciones Escalera. Dice la reseña:

Suele asociarse la obra de Jack Kerouac a la velocidad de la combustión espontánea, a la euforia sin frenos, al horizonte como límite y a las noches interminables mientras relampaguean saxos y sexos. Pero es una impresión tan fácil como parcial: porque si algo marca a fuego a la mística del «Rey de los Beatniks» es una corriente de helada melancolía. Esta aparece ya en ciertos tramos de En el camino, en Los subterráneos y, muy especialmente, en esa suerte de épica íntima de la derrota que es Satori en París. Aquí -en este pequeño gran libro publicado en 1966, tres años antes del final, cuando ya a casi nadie le interesaba el autor o sus ideas- se cuenta muy poco. Y se lo cuenta desde la fatiga de aquel que comprende que el motor de su vida ya no es lo que era. Y, aún así, emociona. Y duele. (...) Así, esa despedida apenas encubierta que es Satori en París -tan lejos ya de esas epifanías de carretera en las que se celebraban los encandiladores estallidos de «los locos por vivir, los locos por hablar/ los que arden como fabulosos fuegos artificiales»- termina alumbrando el paisaje crepuscular de un hombre solo. Un viajero cansado de viajar, a un costado de la ruta, haciendo auto-stop junto a los restos de su accidentada leyenda, esperando en vano a que alguien, por favor, lo recoja y lo lleve de regreso a casa.

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Cierra Crisol en España

Crisol cierra sus puertas en España. Fuente: crisol

La crisis está demostrando cuáles son los eslabones débiles en todas las cadenas de producción. En Estados Unidos están cerrando por todos lados librerías pequeñas, de un día para otro. Y en España el primer efecto ya se sintió dándole el tiro de gracia a una librería que iba mal: Crisol, del grupo Prisa. De las 17 tiendas que tenía, solo quedaban tres, que cerrarán próximamente segpun anunció el grupo. ¿Y qué pasará con Crisol en el Perú? Ya desde hace años me habían comentado los de Prisa que la sucursal peruana era la única que funcionaba bien. Por eso, no dudaron en recibir una buena oferta de un consorcio librero peruano por lo que Crisol no pertenece desde hace un buen tiempo a Prisa. Así que no hay peligro de cierre en el Perú. Podemos seguir encontrándonos en Crisol antes de ir al Alcázar. Un clásico. La nota dice:

«La decisión ha sido difícil y dolorosa». Así confirmaba ayer un portavoz de la empresa Prisa a ABC el cierre de las tres tiendas de la cadena de librerías Crisol que aún permanecían abiertas. Las tres en Madrid (Juan Bravo, Paseo de la Castellana y López de Hoyos). Eran los últimos testigos de un negocio pionero, los espacios multiculturales que además de vender libros, música y cine, servían de plataforma para la presentación y promoción de escritores, a través de la firma de libros, tertulias y conferencias. Actos muchas veces festivos como los celebrados los domingos por la mañana (abría todos los días de la semana) en la tienda de la calle Juan Bravo, la primera en abrir y la última en echar el cierre, donde se acompañaba la cultura con una copa de cava. El grupo Santillana, promotor de la iniciativa, comunicaba ayer, a través de un comunicado, su decisión de cerrar las librerías «para centrarse en su principal negocio editorial, con el propósito de mejorar sus márgenes operativos y, por tanto, sus resultados económicos».

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Google libros en picada

Google guillotina. Fuente: noatodo

¿Y le queda aún dudas a alguien que Google libros ha metido la pata? ¿Pensaron realmente que se saldrían con la suya? Washington ya paró la oreja ante probable monopolio. Tenía que suceder. Dice una nota en El País:

El rotativo neoyorquino [The New York Time] asegura que abogados del Departamento de Justicia han mantenido conversaciones en las últimas semanas con varios grupos contrarios al acuerdo, entre otros el Internet Archive (un biblioteca virtual sin ánimo de lucro que desde 1996 ha recogido y puesto a disposición del público de manera gratuita 150.000 millones de páginas web) y Consumer Watchdog (una de las principales organizaciones de defensa de los consumidores en Estados Unidos). Los abogados han informado a las partes firmantes (Google, la Asociación Americana de Editores y el Gremio de Autores) que están investigando "varias cuestiones antimonopolio relacionadas con este acuerdo de largo alcance", señala el diario, que matiza que la investigación no implica que el Gobierno de EE UU se vaya a oponer al pacto, pero sí que las objeciones presentadas por varios grupos han resonado en Washington. Esos grupos aseguran que el pacto concede a Google derechos sobre la explotación de obras huérfanas (libros protegidos por derechos de autor, cuyos titulares no han sido identificados) de los que no gozan otras empresas que se dedican o podrían dedicar a la misma labor que el buscador: digitalizar y publicar online millones de libros.

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Irvine Welsh también cuentista

Irvine Welsh. Fuente: papercuts


Otro que se pasó a la fila de los cuentistas hace unos años es el escocés Irvine Welsh, autor de la muy celebrada Trainspotting, con una colección de relatos que recién aparece en castellano por Anagrama: Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo . Mientras esperamos la traducción de la novela que acaba de publicar en su país, Crime, no está mal meternos en estos relatos del ex drogadicto adolescente y ahora millonario y cincuentón consumidor de té verde:

Welsh, igual que su personaje, acabó eligiendo la vida. Hoy tiene 50 años y una mujer -la segunda- de 28. Vive en invierno en Miami y en verano en Dublín. Es rico, bebe té verde y monta a caballo. Ha escrito otros nueve libros y ha dirigido su primer largometraje, Good arrows, que se estrenó en enero en la televisión inglesa. Dejó la heroína. Ya no acepta invitaciones para ir de juerga a Ibiza y ha rechazado diversas ofertas de participar en reality shows de famosos venidos a menos. Eso sí, mantiene su abono de temporada para ver a los Hibs, su equipo de siempre, y cuando puede se corre una juerga con sus viejos amigos de Edimburgo. Hoy, para redondear la paradoja, Trainspotting se lee en colegios y universidades británicas. "Es gracioso -dice Welsh-. Antes les prohibían leerlo y ahora les obligan." Welsh, nacido en Edimburgo en 1957, lleva un par de días en Gijón y ya luce una camiseta del Sporting

Por otro lado, anuncia ya una precuela de su novela más famosa:

Cuando se acaban de cumplir 15 años de la publicación de Trainspotting, Welsh asegura que está trabajando en una precuela de aquel primer libro. "Es irónico. Un hombre de 50 años revisando un material escrito por un tipo de 28 años sobre alguien de 21." Evidentemente, Welsh no es el mismo. A principios de los noventa, Irvine Welsh era un joven más de un Edimburgo con las calles llenas de desempleados y de heroína. Criado en Leith, un duro barrio portuario, de un padre que trabajaba en el puerto y una madre camarera, dejó la escuela a los 16 años y entró de aprendiz en una tienda de reparación de televisores. Atraído por la escena punk, una noche de 1978, borracho, se metió en un ómnibus a Londres y estuvo allí viviendo en squats y tocando en bandas con nombres como El Piojo Público. A su regreso a Edimburgo acabó enganchado a la heroína durante dos años y medio. "Es algo de lo que me arrepiento, fue una época dura para mí y para los que me rodeaban -recuerda-. Estaba pasando un duelo. Acababa de morir mi padre y salía de un fracaso amoroso. Quería liberarme, y acabé metido en la heroína. Pero supongo que logré que aquella experiencia funcionara para mí en un modo positivo."

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Cuentos de Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro. Foto: David Levene/David Levene. The guardian

Gran emoción ha causado en Inglaterra el hecho de que Kazuo Ishiguro, conocido excllusivamente como novelista, haya decidido publicar una colección de relatos bajo el título Nocturnos: Cinco historias de música y anochecer (Faber & Faber). No deberían sorprenderse tanto porque Ishiguro es un autor que se reinventa en cada libro. Siguiendo unas declaraciones en The Guardian, en la revista Ñ comentan así el acontecimiento:

Ishiguro, de 54 años, no está seguro, sin embargo, de cómo llamar a esos relatos. "Me he resistido a calificarlo de colección de cuentos porque a veces los novelistas publican colecciones de viejas historias que llevan treinta años en el cajón", confesó al diario The Guardian."Sin embargo, en mi caso, se trata de un libro en el que he trabajado seguido desde el comienzo hasta el final", explicó el autor de Cuando fuimos huérfanos y Los inconsolables."No pretendo ser un escritor de cuentos, no sé si lo hago bien, lo he escrito casi como un novelista. Suena muy pretencioso, pero es como algunas formas musicales, como las sonatas, que parece que son piezas musicales totalmente independientes pero van juntas", agregó el novelista."Son cuentos cortos, pero no quiero que se publiquen por separado, divididos. Creo que no es algo muy razonable por mi parte porque seguramente funcionarían bien solos, pero siempre he pensado en ellos como formando parte de un mismo libro. Es una obra de ficción que resulta estar dividida en cinco movimientos", explicó Ishiguro.

También se comenta -siguieel adelanto del argumento de uno de los relatos:

Uno de los cuentos, según adelanta The Guardian, tiene como protagonista a una norteamericana que pretende ser virtuosa del violonchelo. La mujer traba amistad con un joven violonchelista húngaro que se gana la vida tocando en cafés y al que aquélla da clase diariamente con la mayor seriedad e intensidad del mundo.
Un día, el joven se pregunta por qué su tutora no tiene un violonchelo, hasta que descubre por qué: En realidad no sabe tocar ese instrumento. Estaba tan convencida de su genio musical que creía que ningún profesor la satisfaría, por lo que, en lugar de correr el riesgo de que sus extraordinarias dotes quedasen empeñadas por alguna mínima imperfección, prefirió dejarlas sin realizar.

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Murió Idea Vilariño

Idea Vilariño. Fuente: elpaís

Mientras todos estábamos pendientes de la salud de Mario Benedetti, la poeta uruguaya Idea Vilariño se fue despacito y murió hace unos días en Montevideo tras una operación de emergencia. Tenía 87 años y fue una de las esposas del gran Juan Carlos Onetti. Juan Cruz está en la Feria del Libro de Buenos Aires y cuenta cómo se vive por allá la partidade Idea:

Llevaron a Idea, en su último viaje, al viejo y elegante edificio de la Universidad, y allá arriba estaba su féretro, antes del sepelio, ante un grupo cada vez más numeroso de montevideanos que en vida la veían aparecer y desaparecer como una sombra cuya literatura marcó una generación, la de 1945, de la que formaron gente como ella, Emir Rodríguez Monegal y Mario Benedetti. Precisamente el martes se iba a celebrar un homenaje a Benedetti, en Madrid (donde sí se celebró) y en Montevideo, en el Centro Cultural de España. Éste se suspendió. Su promotora, Hortensia Campanella, autora de la última biografía de Mario, que está entre los libros requeridos de la feria (editado acá por Planeta, en España por Alfaguara), decidió que no era en absoluto el momento de ninguna algarabía. El silencio iba a ser ya homenaje a Idea. Y el silencio lo iba a romper con canciones Daniel Viglietti, amigo de Mario, uno de los mitos vivos de la canción de autor en España y en América Latina. Iba a cantar los versos de Mario, pero no se pudo; le vimos entre los primeros que llegaron a rendir homenaje de despedida a Idea, y lo vimos preocupado hondamente por la salud de Benedetti, que reposaba, grave, debatiéndose entre su fuerza y su melancolía, en la cama del hospital Impasa. Nosotros estuvimos en el hospital. Los médicos son cautos, dan partes médicos cada mediodía, y de sus partes sólo se deduce que el paciente sufre. Ha sufrido mucho, sufrió el exilio, la melancolía, la enfermedad traidora del asma, y ahora sufre en una cama de hospital; muchas otras veces estuvo hospitalizado, en Madrid, en Montevideo; sus 88 años están ahora acosados también por esa cifra. La gente contiene la respiración, como si le intentaran ayudar a que siga respirando, y haciendo que otros canten. Viglietti estaba muy emocionado: él también cantó a Idea, y a Idea la cantaron muchos (...) donde ella brilla con su luz más honda, y más opaca, es en ese breve poemario, No, que se editó por última vez como libro solo en 1987 y que ahora es bastante inencontrable; en ese poema chiquito, acaso como la propia voluntad de permanecer de la poetisa, es el que contiene el siguiente epitafio: "No abusar de palabras/ no prestarle/ demasiada atención./ Fue simplemente que/ la cosa se acabó./ ¿Yo me acabé?/ Una fuerza/ una pasión honesta y unas ganas/ unas vulgares ganas/ de seguir./ Fue simplemente eso". La mujer de esos versos se extinguió; sus versos siguen. Y la cultura literaria en español contuvo la respiración, en la feria, en los estudios de los poetas. "Inútil decir más", dicen los dos últimos versos de No, "Nombrar alcanza". Como si estuviera tachando, Idea construyó versos para desaparecer. Por eso quedan. Eso decían los que le escribían cuando ella les anunciaba que quemaba la pluma. Cuando dejamos Montevideo, la tranquila placidez de la ciudad parecía también uno de los poemas cuando aún compartía la riña y la melancolía con Juan Carlos Onetti.

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Presentación

4.27.2009
Carátula del libro. Fuente: moleskine

Hoy Lunes 27 de abril a las 7:30 p.m., en el Centro Cultural de España, presento junto a María Luisa del Río el libro Los olvidados (no los de Buñuel, los míos) de Rossana Díaz Costa, editada por Estruendo Mudo. Es una nueva edición, con cuentos añadidos y algunos eliminados, de una primera edición que publicó la Universidad Católica del Perú hace unos años.

El ingreso es libre.

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Vida después de Murakami

Carátula de la traducción inglesa de Yasutaka Tsutsui. Fuente: newsarama

La experta en literatura japonesa, Paloma Llaneza, hace un recuento de distintas obras publicadas recientemente en España que vienen desde el Japón. Clásicos y contemporáneos. Una literatura en constante evolución. ¿Existe vida más allá de Haruki Murakami? Sí, obvio que sí. Les dejo aquí algunas de sus recomendaciones:

Out, de Natsuo Kirino, publicada por Planeta a principios del año pasado, demostró que la novela negra japonesa existe y que ha servido para sustituir la antigua katana ensangrentada. Kirino nos llenó de sangre, vísceras y "feminismo-Tarantino", y nos alejó de esa otra literatura de éxito en Japón, la literatura para móvil y adolescentes, como el dulzón y cursi Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama (Alfaguara).

Abundando en el literario interés con que los nipones contemplan la individualidad, la traducción de Botchan, de Natsume Soseki (Premi Llibreter 2008), elegantemente editada por Impedimenta, nos promete sonrisas sin fin durante su lectura. Obra muy leída en su país, Botchan requiere de un fino conocimiento de lo que se considera inconveniente en Japón para que al lector occidental le haga tanta gracia como al nativo. Describe excelentemente, como también lo hace Kirino de manera más descarnada, lo mezquino de una educación que vive pendiente de convenciones sociales de enorme rigidez. Botchan es el bocazas que pone en evidencia, enarbolando una lógica de párvulo, las absurdas situaciones a las que da lugar el sistema de deberes que rige la sociedad japonesa. De ahí que nuestro simple Botchan, el metepatas, sea un auténtico libertario.

Siruela, por su lado, comenzó con La madre del capitán Shigemoto una nueva colección sobre la obra de Junichiro Tanizaki, poco o nada traducido al castellano, aunque muy conocido por el opúsculo publicado por esta misma editorial, El elogio de la sombra. Tanizaki publicó en 1928 una versión moderna del Genji Monogatari al tiempo que comenzó un regreso vital a las tradiciones. Del Genji toma prestado una anécdota referida al seductor Heiju, amante de la madre del capitán Shigemoto, para construir una obra mitad novela, mitad ensayo, ambientada en la época Heian. Muy formalista, llena de referencias a texto completo sobre poesía clásica o de historias de gloriosas batallas, la colección se ha continuado con la publicación de El cortador de cañas. Obra breve pero de densa lectura a causa de tanta cita erudita, El cortador de cañas es una delicada obra de viaje no sólo físico, sino a la memoria y a los deseos, en el que un hombre culto y de la edad de Tanizaki conversa con un extraño rodeado de la melancolía kamakura sobre, de nuevo, la historia de pasión imposible del padre del paseante. Todo muy japonés.

(...) nada mejor que una astracanada de Yasutaka Tsutsui sacada de su colección de cuentos Hombres salmonela en el planeta porno (Atalanta), primera obra completa traducida de este autor. A pesar de que el compañero de viaje en metro piense que uno se está dando a la literatura erótica y al bondage -la imagen de portada es un tanto equívoca- Tsutsui, "el guru de la metaficción", inspirador de mangakas, zoólogo y freudiano aficionado, nos ofrece seis relatos surrealistas refrescantes y muy poco habituales para lo que se expende en Japón.

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Bellatin en Paraguay

José Pérez Reyes, Mario Bellatin. Fuente: josépérezreyes

Mario Bellatin logró librarse de la gripe porcina que arremete contra México actualmente, y poco a poco contra otros países, y del encierro decretado en su país a raíz de esa enfermedad, al viajar fortuitamente a Paraguay. Allá se presentó en una mesa redonda, encandiló con su "presencia ausente", hizo amigos, leyó una ponencia "que se extendió en más minutos de los que sostiene la paciencia", fue presentado por el B39 José Pérez Reyes (conocido en su país como "el compatriota escritor") y luego dejó la ciudad con rumbo desconocido. Se sabe que a México no llegó y algunos dicen que lo han visto paseando en Buenos Aires, adelantándose quizá a su futura larga estancia porteña. También lo han visto nadando con tortugas en Costa Rica, cenando hambriento en Larco Mar con un par de sujetos, tomando fotos con su cámara Diana en el Chaco, navegando en el Ganges detrás de un bote fúnebre o mirando la primera temporada de "In Treatment" en el loft neoyorquino de su amigo fotógrafo famoso. Mientras aclaramo qué ha sucedido con el hombre de negro, Bellatin, leamos esta crónica de su viaje a Asunción:

El compatriota escritor José Pérez Reyes presentó, en la noche del miércoles 22 en el Auditorio Ruy Díaz de Guzmán, al destacado novelista mexicano Mario Bellatin, quien llegó al país para hablar sobre su obra y las maneras de hacer literatura. Con una lectura anónima, versada de alegorías, Bellatin expuso las claves que le llevaron a ser publicado por Gallimard, una prestigiosa editorial francesa. Vestido de negro Mario Bellatin logró el anonimato con el fondo del escenario que presentó el salón auditorio de la Manzana de la Rivera. Con esa presencia ausente compartió sus experiencias de escritor, trayectoria con la que ya ganó importantes premios literarios. Pero el mexicano no escribe para lograr ese reconocimiento, sino para descubrir los misterios que encubre el trabajo de escritor, con el metafórico fin de separarse de ellos para disfrutar de los días soleados. Por medio de una lectura, que se extendió en más minutos de los que sostiene la paciencia, expuso su relación con la cinematografía, arte que le interesa para descubrir oportunidades que la simple palabra no puede otorgar. De hecho, este escritor se encuentra enfrentado con la palabra física, por lo que busca nuevas maneras de creación literaria con la práctica de otras artes: entre ellas la fotografía, a la que utiliza como claroscuros de su investigación literaria. Así de contradictorio parece Bellatin, pero solamente parece en la superficialidad, puesto que su genio literario se expresa en cada composición publicada. En particular Pérez Reyes escogió “Flores” para expresar una imagen sobre la manera de escribir del invitado por la Embajada de México.

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No sé si esa luz se queda

4.23.2009
Fuente: hispalug

Tu nombre sobre mi nombre

Mientras el sol se filtra por mi ventana
no sé si aquella luz regresa aquí.
No sabes coómo extraño mi calma,
no sé si voy a ser feliz así...

Dime mi amor ¿Me perdí?
Dime porque no te vi.
Y espero que te olvides mi nombre.

Mientras el sol se filtra por mi ventana
la lluvia brinda su aire en mí.
No sabes cómo extraño mi calma,
no sabes si voy a ser feliz así.

Dime mi amor ¿Qué pasó?
No sé por qué yo no fui.
Y espero que te olvides mi nombre.

Solo espero que las brumas del alba
traigan un nombre a mi vida.
Espero que las llamas del alba
traigan un alma.

Bien sabes cómo extraño mi alma,
no sé si aquella luz se queda.
Sabes cómo extraño tu alma,
no sé si aquella luz se queda en mí.

Espero que las llamas del alba
traigan un rumbo a mi vida.
Espero, sólo espero tu nombre
sobre mi nombre en este día.

La eternidad busca un paso en ti, amor.
Es que la eternidad solo busca un paso en ti, amor.

Luis Alberto Spinetta

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Entrevista en El Observador (Uruguay)

Caminando en Bogotá, cuando aún tenía el pelo largo. Foto: Daniel Mordzinski

El periodista uruguayo Daniel Viglione me hizo una generosa entrevista para el suplemento cultural de El Observador. La entrevista apareció este sábado 11 de abril bajo el título "Cuando el dolor se vive a secas". Coloco en la sección de notas la entrevisa completa, sin las ediciones posteriores de Daniel (ediciones periodísticas que no distorsionan el sentido de mis respuestas, aclaro). Dejo aquí algunas de las preguntas y respuestas:

¿Cómo surgió la necesidad de contar una historia tan traumática como fue la del terrorismo de Estado que vivió Perú en la década de 1980?
En realidad, lo que yo quería contar no era la historia del terrorismo sino la del dolor de un hombre que pierde a su hijo. Ese es el núcleo central, la ausencia del hijo, el dolor por la pérdida, el dolor a secas. Pero en algún momento de la escritura descubrí que el dolor de aquel hombre puede ser compartido –aunque solo simbólicamente- con el colectivo. Que un dolor es inmenso pero no único, que hay otros que sufren y podemos aprender de ese otro sufrimiento y no solo del nuestro.

¿Pero por qué entonces decidió situar la novela en el final del gobierno de Toledo y los hechos son narrados justamente en el sitio más golpeado por el terrorismo que hubo en su país? ¿Necesitó de esa distancia para logra acercase más a ese dolor colectivo e individual?
Uno de los temas fundamentales de la novela es el papel que ocupa la memoria a la hora de superar el dolor. Partiendo de esa base surgen varias preguntas: ¿La memoria debe ser superada, obviada, para poder superar el dolor? ¿O, por el contrario, deberíamos enfrentarnos a ese dolor con la memoria intacta y si es posible aumentada con los testimonios del pasado que no hemos querido conocer? El primer paso para superar el dolor es enfrentarnos a nuestra memoria. Por eso, el personaje hace el recuento de su doloroso pasado mientras que el país entero, a través de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación lo hace del suyo. Por eso ubiqué la historia en ese momento mismo, el del pasado recobrado y proyectado en el presente. Situé además la historia en una zona tan convulsa porque me pareció importante que el narrador, limeño y de la burguesía, se enfrente radicalmente a un territorio que le es ajeno por completo, incomprensible, pero cuya persistencia es en sí misma (como el epígrafe de Nooteboom al inicio de la novela lo pide) un recordatorio de que el dolor existe y es real.

Más allá de qué lugar ocupa la memoria para superar el dolor, la misma está presente en el libro desde dos miradas muy distintas. Por un lado, como elemento que ayuda a reconstruir el presente, y por otro lado, como obsesión, como miedo, como si perderla fuera un salto al vacío o la irrealidad. ¿Cómo explicas esas dos miradas?
Bueno, para contestarte eso tendría que volver a contar la novela. Esos dos lados están presentes en cada capítulo, en toda la novela, casi diría en cada escena. El narrador parte con la necesidad de olvidar, envidiando a un amnésico que entrevistó para su revista. Y luego, llega a la conclusión que lo único que lo hará libre, que conseguirá ayudarlo a superar la pérdida y el duelo, es contar con la memoria como un intérprete de emociones, de las suyas y las ajenas. La memoria no como espía (la frase de la profesora de chino al amnésico al principio de la novela) sino como una maestra. Una maestra muy dolorosa y nada concesiva, eso sí.

¿No piensa usted que todavía hay algunos sectores de la sociedad peruana que no están preparados para esta novela o preferirían no leerla?
Creo que hay sectores de la sociedad peruana, especialmente intelectual de izquierda, que no están preparados para leer una novela donde un peruano limeño de clase adinerada se contraste con el mundo andino y que acepte que no lo comprende, aunque comparte algo con él como es la pérdida de los seres amados. En el Perú, solo se puede escribir desde la “mala conciencia”, desde la culpa por no haber sido capaces de entender el horror en el momento mismo cuando ocurría. Pero creo que es importante saber por qué no fuimos capaces de entenderlo, qué estaba pasando en la vida de cada uno de nosotros en ese instante mismo y saber reconocer, además, que en un país tan dividido como el nuestro es imposible esperar una reconciliación auténtica si no sabemos reconocer que el dolor propio es tan importante y significativo como el ajeno. No se trata de abrazarnos entre todos y hacer la ficción que nos entendemos ahora sí. Eso es imposible, inverosímil. Lo que podemos hacer es vivir cada uno en su esfera y tratar de compartir los espacios comunes con dignidad, solidaridad y respeto.

¿Por qué si el protagonista es un periodista de prestigio le cuesta tanto comunicarse con los otros?
El narrador de mi novela es un autista. Es incapaz de expresar lo que siente. El dolor de la pérdida del hijo y el abandono de su esposa lo ha silenciado. Pero en realidad desde antes, desde mucho antes de esas pérdidas, él era un autista incapaz de conectarse seriamente con los demás, aunque tenía una sensibilidad afinada como oreja de perro. Escribir esa carta es una imposibilidad para él, al menos mientras no tenga un aprendizaje de toda su experiencia. Y cuando aprende, escribir la carta es lo de menos porque el objetivo ya está cumplido. Quizá por eso mismo es peiodista, un observador que busca la objetividad en los hechos sin comprometerse en ellos.

¿Sirven libros como Un lugar llamado Oreja de Perro para sanear viejas heridas o para mantener viva la memoria?
Creo que mi novela fue, en primer lugar, un intento de salvarme a mí. Una expiación personal. No creo que existan libros que pueden sanear viejas heridas, porque no creo que las heridas deban ser saneadas ni superadas. Yo creo en las cicatrices. Me gustan los vestigios, las ruinas (de eso trata mi novela El viaje interior). Creo en los museos del dolor. Creo en los lugares de encuentro. Creo que las heridas están ahí para hacernos recordar lo que somos, lo que hemos vivido y que hemos llegado a este mundo para aprender, no para ser felices inconscientemente.

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Marsé ya es Cervantes

Juan Marsé. Fuente: abc

En una ceremonia plagada de anécdotas, que han comentado en extenso diarios como el ABC o El País, el narrador catalán Juan Marsé recibió el Premio Cervantes de literatura, el máximo galardón del idioma, de manos del rey Juan Carlos. El muy comentado discurso con que aceptó el galardón ha sido publicado en el diario El País. De ahí rescato algunas líneas dedicadas a El Quijote:

Cuando el Quijote entra en mi vida cumplo los 16, vivo en la barriada de la Salut, situada en lo alto de Gracia, cerca del parque Güell, y sigo en el taller. Años atrás había iniciado una intensa relación con la literatura de quiosco, y enseguida la amplié con autores que por aquel entonces, en los años cuarenta, gozaban de gran predicamento, como Somerset Maugham, Stefan Zweig, Knut Hamsun y otros. Y no tardé en descubrir a mis admirados Baroja y Galdós, a Dickens y a los grandes novelistas del XIX, que nunca me he cansado de leer. Pero la primera lectura completa del Quijote fue, por supuesto, una experiencia especial. Si recuerdo bien, al tercer intento lo leí de cabo a rabo. Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo. Una lectura germinal. Y siempre que he revisitado el libro, esa impresión germinal ha persistido. En el corazón del caballero chiflado que no distingue entre apariencia y realidad, anida, como es bien sabido, el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes. Por supuesto, el lector adolescente no se paró a pensar en eso. Ninguna teoría le distrajo entonces de unas aventuras tan descomunales y descacharrantes, sujetas a tantos desencantos y amarguras, pero hoy le gusta pensar que algo percibió de aquel prodigio fundacional, del remoto primer deslumbramiento que supuso aquella lectura. Me refiero, y no pretendo descubrir nada nuevo, al asunto que articula la entera composición del genial libro, la temática medular de la que nacerá, según opinión general, la novela moderna. Lionef Trilling dijo que toda obra de ficción en prosa, es inevitablemente una variación del tema de Don Quijote. Por mi parte sólo puedo decir que, desde no sé cuánto tiempo, quizá desde aquellas tardes soleadas en el parque de Gaudí, de un modo u otro, consciente o no de ello, he buscado en toda obra narrativa de ficción un eco, o un aroma, de ese eterno conflicto entre apariencia y realidad, que de tantas maneras se manifiesta en el transcurso de nuestras vidas. Porque yo soy ante todo un lector de ficciones, un amante incondicional de la fabulación. Tan adicto soy a la ficción, que a veces pienso que solamente la parte inventada, la dimensión de lo irreal o imaginado en nuestra obra, será capaz de mantener su estructura, de preservar alguna belleza a través del tiempo. Una excesiva dosis de realidad puede resultar indigesta, incluso para un adicto a la realidad y al bistec como Sancho y como yo. Se trataría de ser algo más lanzados en esta cuestión, un poco locos, y admitir la posibilidad de que lo inventado puede tener más peso y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia, más posibilidades de pervivencia frente al olvido. Como nos enseñó don Quijote. Desde su primera salida al campo de Montiel, o desde la primera de sus famosas hazañas, él es el guardián del laberinto, el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños.

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Guillermo Martínez en New Yorker

Página de The New Yorker con cuento de Guillermo Martínez. Fuente: revista ñ


Una excelente noticia de la que me entero gracias a la revista Ñ: en el último número de New Yorker traducen el cuento "Infierno grande" de Guillermo Martínez. Guillermo, quien se ha hecho muy famoso por su excelente novela Crímenes imperceptibles (publicada en el extranjero como Crímenes de Oxford) empezó su carrera literaria con un extraordinario libro de cuentos que lleva el título del relato publicado como "Vast Hell". Así celebra Ñ la novedad:

El cuento "Infierno Grande", del argentino Guillermo Martínez, fue incluido en la última edición de la prestigiosa revista New Yorker. De esta manera, el autor de "Crímenes imperceptibles" y "Acerca de Roderer" se convirtió en el segundo escritor nacional en lograr ese privilegio. El anterior había sido Jorge Luis Borges. El texto apareció esta semana. Se trata de un doble mérito: la mítica revista, en la que han publicado sus cuentos los autores más destacados de Estados Unidos, rara vez acepta traducciones.El cuento "Infierno Grande" (Planeta), incluido en el libro homónimo, fue uno de los primeros abordajes desde la ficción al drama de los desaparecidos, con un enfoque original y sutil, a partir de la trama de un relato policial clásico. El texto fue incluido en numerosas antologías, tanto en la Argentina como en el extranjero. Y se leyó públicamente en distintas plazas del país, en aniversarios del retorno de la democracia.

Para leer el cuento en inglés, hacer clic aquí.

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El talento del lector

Nigel Parry / CPI for Newsweek

Probablemente, todo escritor que realmente haya llegado a este oficio por los motivos adecuados estará dispuesto a sentirse más orgulloso, como quería Borges, de sus lecturas que de sus libros. Ayer, en un colegio limeño, ofrecí una conferencia sobre la lectura. Me hubiera gustado leer antes esta crónica, que por el Día del Libro publica hoy Enrique Vila Matas, sobre el talento del lector para comentarla con los alumnos. Un bello homenaje al libro.

En pleno ensueño de las hipotecas y del becerro de oro de la novela gótica, se forjó la estúpida leyenda del lector pasivo. La caída del monstruo está dando paso a la reaparición del lector con talento y se replantean los términos del contrato moral entre autor y público. Respiran de nuevo los escritores que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente a la suya propia. Si se exige talento a un escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen tolerancia, espíritu libre, capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas. Como dice Vilém Vok, no es tan sencillo sentir el mundo como lo sintió Kafka, un mundo en el que se niega el movimiento y resulta imposible siquiera ir de un poblado a otro. Las mismas habilidades que se necesitan para escribir se necesitan para leer. Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en estos la confirmación de que el mundo es como lo ven ellos. Los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores. Vuelve el lector con talento.

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Cervantes jóvenes

Andrea Jeftanovic, Tryno Maldonado, Giovanna Rivero, Juan Terranova. Fuente: Gorka lejarcegui/ elpaís

Hoy se celebra el Día del Idioma en todo el ámbito del castellano. Habrá ferias de libros, congresos, mesas redondas, lecturas en voz alta, en diversos lugares y países. Pero uno de los lugares donde se toma más en serio la fiesta es en Alcalá de Henares, la tierra donde nación Miguel de Cervantes. La Universidad de Alcalá invitó a un cuarteto de jóvenes escritores (sub 70) hispanoamericanos para compartir una estadía en la provincia literaria. Entre ellos, está una maravillosa escritora y amiga adorable, Andrea Jeftanovic (Chile), y un compañero a distancia, Tryno Maldonado (México). Además el argentino Juan Terranova y la boliviana Giovanna Rivero. Ellos estarán hoy en la entrega del Premio Cervantes. Así comenta Juan Cruz este encuentro:

Están sobrecogidos. La sombra de los Cervantes es alargada; algunos (Paz, Diego) les miran, en las fotos expuestas (hechas por fotógrafos de EL PAÍS) con la solemnidad de la Academia, pero Marsé, precisamente, "se parece a sus personajes, esos muchachos de la periferia de Barcelona", comenta Andrea. Cada uno tiene su personalidad, claro, pero parecen hablar al unísono. "Tenían mucho riesgo de no acertar en la lista, porque hay tantos escritores, ¡y nadie nos conoce! Así que si aciertan es de casualidad", bromea Juan. Todos han publicado ya; Terranova tiene varios libros, pero habla mucho de Mi nombre es Rufus; Rivero es la autora de Tukson, historias colaterales; Jeftanovic tiene, también entre otros libros, Geografía de la lengua; y Maldonado es autor de Temporada de caza para el león negro. Tryno explica así la situación: "Pasamos de golfos de barrio a mirar los retratos de los Cervantes". Mantienen, dice Patricio Pron, joven escritor argentino, que un domingo les enseñó Madrid, "una relación irónica con los predecesores". El Cervantes, al que asistirán mañana, tiene para ellos "algo de solemne; pero hemos visto a algunos escapar de esa solemnidad", según palabras de Giovana. "Miren a Rafael Alberti", dice Juan, "con esa camisa floreada, o a María Zambrano, fumándose un pitillo hasta que sólo es ceniza...". ¿Y qué me dices de Roa Bastos?, insiste, "que se parece a Clint Eastwood, con su camisa blanca y su aire de buen mozo". "¡Todos son como latin lovers!", replica Andrea, quien exclama: "Mira qué pintas: Edwards, Vargas Llosa, Fuentes..., ¡latin lovers!". Como si estuvieran con colegas que son escritores y papel al mismo tiempo, uno de ellos resume así el sentimiento que les cae cuando pasean entre tanto retrato de los antepasados: "Somos unos chiquillos que han sido invitados a una fiesta rara". Más acá de esa atmósfera están los asuntos y la lengua. Los asuntos: ahora no hay literatura local. Giovana considera que "la globalización es una patria, pero como toda patria puede ser muy mala madre". Así que esa patria mala madre dicta asuntos que ya "joden, o friegan, o culean lo local"; aunque aquella aberración ("a los latinoamericanos habría que traducirlos al español de España") ya no significa nada: "La lengua es lo que ponemos en el papel, y se parece a lo que hablamos, y ya está, aclara Adrea. Marsé, ahí lo tienen, con su casaca amarilla. Pero mañana lo tendrán de frac. Andrea y Juan le juzgan así: "Lo veremos como el Pijoaparte. Es un tipo del exterior del circuito. Premiarlo fue un atrevimiento". Y eso les gusta. Marsé escribió que la Universidad les ha dado: "Vestido de diablo y ligero de equipaje -algunos discos, algunos libros (ninguno de Baltasar Porcel), algunas fotos- se va por fin al infierno. Abur". Allí lo verán, pero no el infierno, en la gloria. En la que ellos, en definitiva, también andan buscando, vestidos de diablo o ligeros de equipaje.

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La shortlist del Orange Prize

4.21.2009
Samantha Harvey. Fuente: the guardian

Gran sorpresa ha causado en The Guardian que Samantha Harvey, con su primera novela, haya desplazado a la premio Nóbel Toni Morrison de la shortlist del Orange Prize, que será anunciado el 3 de junio. Aquí la shortlist:

Scottsboro by Ellen Feldman (Picador)

The Wilderness by Samantha Harvey (Cape)

The Invention of Everything Else by Samantha Hunt (Harvill Secker)

Molly Fox's Birthday by Deidre Madden (Faber)

Home by Marilynne Robinson (Virago)

Burnt Shadows by Kamila Shamsie (Bloomsbury)

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30 de Wolff

Tobias Wolff. Foto: Jon Uriarte. Fuente: elpaís

Un conjunto de 30 cuentos, 11 de ellos inéditos y el resto textos antiguos retocados por el autor, de Tobias Wolff acaban de ser editados en castellano bajoe el título Aquí empieza nuestra hitoria (Alfaguara). En "Babelia" Andrea Aguilar le hace una entrevista en Nueva York, donde el calforniano cuentista con mayor proyección de EEUU en la actualidad se defiende del frío con solo una casaca de cuero, guantes y una gorra. Y habla así del nuevo libro editado:

El nuevo libro arranca con una confesión en el prólogo: Wolff ha retocado sus viejos relatos, y lo ha hecho porque como autor considera que ese material sigue vivo. Fue otro Wolff quien los escribió, admite, pero el de ahora se siente con pleno derecho a meter mano, en beneficio del lector. "No he cambiado el argumento. La mayor parte de los cambios han sido de lenguaje, de precisión, de depuración. Si puedes prescindir de algo, ¿por qué no quitarlo? Los cambios cosméticos son importantes. A veces estás dentro y no lo ves. Ése ha sido el problema que he tenido cuando he escrito algunas historias", dice sentado en el sofá. Sus argumentos resultan convincentes. Wolff sabe cómo persuadir a sus interlocutores con sus razones sensatas. Inspira confianza con su aire tranquilo y cercano. Evita cualquier demostración banal de ego. "Estoy en un constante estado de revisión y edición. Y las historias nunca llegan a un punto en el que están cerradas, nunca llega un momento en que esto para. Porque vamos cambiando", aclara. En los más de treinta años que abarca este libro, ¿qué ha cambiado en su escritura? "Un lector tendría más que decir que yo sobre eso. Pero cuanto más tiempo llevas escribiendo más preguntas te haces. Ahora sé que si empleo el suficiente tiempo puedo conseguir algo. He ganado seguridad, pero los retos también son mayores. Te conviertes en prisionero de ti mismo y no quieres hacer algo que te disminuya. Te esfuerzas por mantenerte inquieto".

En la entrevista también habla de otros cuentistas, entre ellos Raymond Carver, sin evitar comentar el affaire Lish:

El controvertido caso de su amigo Raymond Carver y el mítico editor Gordon Lish -que con su afilado lápiz tachó sin compasión secciones enteras de sus cuentos- es paradigmático de este proceso. "Sí, yo sabía que Lish tiene mano dura", dice Wolff. La publicación póstuma de la versión completa de los relatos de Carver impulsada por su viuda ha reabierto la polémica. "Creo que eso es una cuestión para estudiosos o académicos. Al final Carver eligió las historias que quiso incluir en su última antología. Regresó a los originales en unos casos y en otros decidió quedarse con la versión editada. Lo que ha ocurrido ahora embarra de alguna manera su legado". Wolff ha tomado precauciones. "Ya he dejado dicho que cuando muera, por favor, que no me toquen los papeles. No quiero que la gente sepa. Entiendo que no es una actitud generosa hacia escritores futuros pero los borradores son asunto mío", añade con una sonrisa. Para evitar tentaciones futuras a sus deudos, dice que ya ha comenzado a destruirlos. ¿Con cuántos trabaja? Desde que escribe en ordenador le cuesta seguir la pista, pero muchos de los cuentos de Aquí empieza nuestra historia los tecleó a máquina. Hacía unas doce versiones. "Cuando empiezo a escribir sé adónde quiero llegar, pero pienso mientras avanzo y mi idea original cambia. Me pregunto cosas como qué es lo que realmente le preocupa a un personaje. ¿Cuál es en realidad la relación de poder? Moralmente, ¿qué está pasando?".

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Dan Brown arremete

Dan Brown y su pasión davinciana. Fuente looked.hooked.booked

Luego de seis años de haber conseguido enormísimo éxito con El Códio DaVinci, Dan Brown retorna el 15 de septiembre con un nuevo libro: El símbolo perdido. Otra vez el mundo de las sociedades secretas y otra vez Robert Langdon como protagonista. Si la fórmula funciona una vez, ¿para qué cambiarla, no? Dice la nota:

En apenas cinco meses, los millones de seguidores de Brown repartidos por el planeta podrán adentrarse una vez más en las profundidades de las sociedades masónicas de la mano del ya casi legendario profesor de simbología de la Universidad de Harvard, Robert Langdon, según han anunciado sus editores en la Feria Internacional del Libro de Londres. En cuanto a los detalles de la novela, hasta la fecha sólo ha trascendido su título, que tendrá de nuevo como personaje central al protagonista de Angeles y Demonios y El código da Vinci, así como la localización y la duración temporal de la trama, que se desarrolla en los Estados Unidos en un intervalo de tan sólo doce horas. (...) Rodeada siempre de una expectación casi mística, la vuelta de Brown a las librerías ha estado salpicada en los últimos años por un sinfín de rumores. Tanto es así que cuando en 2006 se anunció que el título de la nueva novela podría ser La llave Salomón (The Solomon Key), un gran número de autores comenzaron a publicar trabajos sobre este mismo tema. Para evitar este "intrusismo", el autor ha buscado ahora un título lo más opaco posible que no dé lugar a especulaciones.

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McEwan sobre Upidke

John Updike. Fuente: the guardian

La muerte de John Upidke sigue tendiendo su estela sobre la literatura en lengua inglesa. Ahora, uno de los grandes escritores del Dream Team británico en palabras de Jorge Herralde, Ian McEwan, le ha dedicado un hermoso texto que reproduce el diario Clarín en el suplemento Ñ. Aquí los párrafos dedicados a la Tetralogia de Conejo:

La tetralogía de Conejo es la obra maestra de Updike y será probablemente su monumento. En todos sus detalles, más hogareños o más duros, y en todos sus territorios, el trabajo, la política, la jubilación y, sobre todo, el sexo, lo metafísico siempre está presente, a veces como un mero reflejo enterrado en una frase, otras veces de forma cómica y descarada. En la primera novela, Corre Conejo , cuando el joven Harry, cajista y ex jugador de béisbol, se acuesta con Ruth, una prostituta de pueblo, sus sesiones se ven interrumpidas por un debate teológico visceral sobre la existencia de Dios, inspirado por la gente que acude a la iglesia bajo la ventana. Harry, por supuesto, está de parte de Dios; "La idea de hacerlo mientras se llenan las iglesias le excita". Muchos años después, está en la mesa de operaciones, contemplando sus propias entrañas en una pantalla (El show de Conejo Angstrom), rodeado de máquinas y médicos tecnócratas y sus adláteres que "se inclinan entre murmullos sobre el cuerpo de Harry, cubierto con una sábana y con las partes estratégicas expuestas", mientras llevan a cabo una angioplastia de tres horas y media después de su ataque al corazón. La escena está llena de las mejores cualidades de Updike. "El espectro oscuro y mecánicamente preciso del catéter es el gusano de la muerte en su interior. La tecnología impía está jodiendo los tubos húmedos y pulsantes que heredamos del calamar, el coño sin huesos de los mares". La experiencia es profundamente desagradable, "como si su pecho estuviera cociéndose en un microondas. Jesús". Cierra sus ojos unas cuantas veces e intenta rezar, "pero parece una ocasión impropia, hay demasiados elementos del mundo material. Ningún viejo y menudo Dios bíblico se atrevería a interferir". El único consuelo es que su médico es judío, porque Harry tiene "un prejuicio gentil de que los judíos hacen todo un poco mejor que los demás, algo relacionado con todas esas generaciones encorvadas sobre el Talmud y las mesas de relojero, no se distraen tanto como otras religiones, no aspiran a divertirse tanto. Se mantienen apartados del alcohol y la droga y sólo tienen debilidad... por las tías". Como Bellow, el único equiparable a él en este aspecto, Updike es un maestro de la capacidad de pasar sin esfuerzo de la tercera persona a la primera, de la densidad metafórica de la prosa literaria a lo popular, del detalle específico a la amplia generalización, de lo real a lo sobrenatural, de lo terrorífico a lo cómico. Para lograr sus propósitos, Updike inventó un estilo de narración, un intenso tiempo presente, un estilo indirecto libre, que puede saltar, cuando quiere, a la imagen de Harry desde la perspectiva de Dios, o a la visión de su sufrida esposa, Janice, o su hijo tan injustamente tratado, Nelson. Esta maquinaria cuidadosamente elaborada permite plantear hipótesis de teoría evolutiva, que son más de Updike que de Harry, y generalizaciones cómicas sobre los judíos, que son más de Harry que de Updike. Todo esto es una de las cualidades fundamentales de la tetralogía. Updike dijo en una ocasión que los libros de Conejo eran un ejercicio de punto de vista. Fue una afirmación típicamente humilde, pero que contenía algo de verdad. La educación de Harry llega sólo hasta el bachillerato, y sus ideas están limitadas además por una serie de prejuicios y un espíritu terco y combativo, y, sin embargo, sirve de vehículo para una meditación de medio millón de palabras sobre las ansiedades, los fracasos y la prosperidad de Estados Unidos en la posguerra. Había que idear un modo de hacer eso posible, y eso significaba forzar los límites del realismo. En una novela como ésta, insistía Updike, hay que ser generoso y otorgar elocuencia a los personajes, "y no reducirlos al que uno crea que es su tamaño adecuado". También tenía claro que todos percibimos más de lo que podemos expresar con palabras, y nunca olvidaba el ejemplo de Joyce y su "gran intento de capturar cómo recorremos la vida".

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Elizabeth Strout, Pullitzer 2009

Elizabeth Strout. Foto: Phyllis Graber Jensen. Fuente: bates

Con una colección de relatos titulada Olive Kitteridge, la escritora Elizabeth Strout ganó el último premio Pullitzer en la categoría Ficción. La reseña en el NYT dice:

The presence of Olive Kitteridge, a seventh-grade math teacher and the wife of a pharmacist, links these 13 stories. A big woman, she’s like a planetary body, exerting a strong gravitational pull. Several stories put Olive at the center, but in a few she makes only a fleeting appearance. It’s no coincidence that the two weakest stories are the ones in which she is merely mentioned. Without her, the book goes adrift, as if it has lost its anchor. She isn’t a nice person. As one of the town’s older women notes, “Olive had a way about her that was absolutely without apology.” Olive’s son puts it more bluntly. “You can make people feel terrible,” he tells her. She dismisses others with words like “hellion” and “moron” and “flub-dub.” After swapping discontents, she says to a friend, “Always nice to hear other people’s problems.” But as the stories continue, a more complicated portrait of the woman emerges. Olive may hurl invectives at her son, but she also loves him, almost more than she can bear. Her husband is a kind man and she loves him too, although she has trouble expressing it. She’s prone to “stormy moods,” as well as “sudden, deep laughter,” and she harbors a sense of compassion, even for strangers. (...) The pleasure in reading “Olive Kitteridge” comes from an intense identification with complicated, not always admirable, characters. And there are moments in which slipping into a character’s viewpoint seems to involve the revelation of an emotion more powerful and interesting than simple fellow feeling — a complex, sometimes dark, sometimes life-sustaining dependency on others. There’s nothing mawkish or cheap here. There’s simply the honest recognition that we need to try to understand people, even if we can’t stand them.

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¿Plagió Cela?

Camilo José Cela. Fuente: Ricardo Gutiérrez/el país

Hace más de una década la desconocida escritora española María del Carmen Formoso entabló una querella al hiper famoso y premio Nobel Camilo José Cela acusándolo de plagio en La cruz de San Andrés, la novela que ganó el premio Planeta en 1994. Aunque la estructura en ambas novelas eran muy distintas (la de Formoso es lineal, mientras que la de Cela está basada en saltos temporales), la autora decía que las coincidencias argumentales eran escandalosas. Luego de marchas y contramarchas, la justicia le ha dado la razón a Formoso. Como Cela murió en el 2002, el juicio ahora se centra en el representante del grupo Planeta. La sentencia ha sido recurrida por el grupo editorial.

La juez argumenta su decisión en dos motivos. Por un lado, que Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia), la obra de Formoso, fue presentada el 2 de mayo de aquel año y que la obra ganadora del premio literario se presentó el 30 de junio, el último día de plazo. Por otro, que el informe pericial elaborado por Luis Izquierdo, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Barcelona, "concluye que se trata de un supuesto de transformación, al menos parcial, de la obra original" en la novela ganadora de Cela. De ello se deduce, en opinión de la juez, que La Cruz de San Andrés "presenta tantas coincidencias y similitudes" con la obra de Formoso "que para realizar tal transformación la novela de la querellante hubo de ser necesariamente facilitada" a Cela "para que, tomándola como referencia o base, hiciera lo que el perito denomina aprovechamiento artístico" de aquélla. De esa manera, añade la juez, la obra de Formoso fue "transformada" por Cela "en una obra estéticamente diferente, con el sello propio de su autor, que presentada al mismo certamen literario resultaría premiada". La causa que tramita el Juzgado de Instrucción número 2 de Barcelona se sigue únicamente contra José Manuel Lara Bosch, consejero delegado del grupo editorial Planeta, al que se considera presunto coautor del delito de plagio. Lara ya declaró como imputado en esta causa en 2001, al igual que Cela, antes de fallecer en 2002.

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Un inesperado bestseller

Hugo Chávez regala libro de Galeano a Barak Obama. Fuente: telecinco

El escritor uruguayo Eduardo Galeano pasaba bastante desapercibido en estas últimas décadas, en plena crisis ideológica, y de pronto sale a la luz y termina superando en ventas, irónicamente, a la exitosa novela de vampiros adolescentes Amanecer. ¿Una historia de muertos vivientes vs. vampiros? No, una historia de la vida real. El presidente de Venezuela Hugo Chávez aprovechó un encuentro con el presidente norteamericano Barak Obama y, alertado del gusto por la lectura de Obama y adelantándose al Día del Libro, le regaló Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano (le faltó la rosa de Sant Jordi). El sueño de cualquier agente literario y editor. La foto dio la vuelta al mundo y el libro -en inglés- ya está en el segundo lugar en Amazon y es un bestseller en el resto del mundo. Así cuenta la BBC:

Se trata de "Las venas abiertas de América Latina", del escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano. Este lunes ocupaba el puesto número dos en el ranking de libros más vendidos de Amazon, la conocida tienda virtual. No es la primera vez que Chávez promociona un libro, y éste se convierte en éxito de ventas. Los lectores lo prefieren a los vampiros de Amanecer, la cuarta novela de la saga de Twilight, que ocupa el tercer lugar de la lista, pero no supera las ventas de Libertad y Tiranía: un manifiesto conservador. No se sabe si Obama leerá o no el libro que le regaló Chávez. El demócrata lo miró con detenimiento, lo agradeció, y lo mostró a las cámaras, pero la versión que el mandatario venezolano le dedicó "con afecto" estaba en castellano, un idioma que él no domina. Por otro lado, en opinión del principal asesor de la Casa Blanca para los asuntos de América Latina, Daniel Restrepo, se trata de un libro "del pasado que queremos dejar atrás". En conversaciones con BBC Mundo, el funcionario estadounidense dijo "dudar" que su presidente tenga tiempo para dedicarle a Galeano.

¿De acuerdo con el regalito? No todos. Algunas reacciones ante el acto: Jean Francoise Fogel, J.J. Armas Marcelo y Gustavo Faverón.

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Murió JG Ballard

JG Ballard. Fuente: David Levenson/Getty Photograph: David Levenson/Getty

Tenía 78 años, pero parecía que iba a durar para siempre. Uno de los más grandes escritores ingleses que ha dado el siglo XX, J.G. Ballard, falleció hace unos días luego de una larga enfermedad. Si bien es cierto que gran parte de su obra transcurre en el universo de la ciencia ficción, quienes usan -erróneamente- ese rótulo para menospreciar un género o un autor se equivocan profundamente. Y Ballard es una prueba de ello. ¿Cómo despedir a J.G.? ¿Releeré El mundo sumergido? ¿O quizá las memorias que hace un mes conseguí entres las novedades librescas en Lima? Esto dice la nota de prensa:

El escritor JG Ballard, uno de los grandes referentes de la literatura británica de ciencia ficción de las últimas décadas, murió hoy a los 78 años después de una larga enfermedad, informó su agente, Margaret Hanbury. El autor de obras como "El Imperio del Sol" y "Crash", cuyas adaptaciones cinematográficas fueron grandes éxitos de Hollywood, escribió un total de 15 novelas y numerosas historias cortas. Ballard, que afirmaba que sus libros no eran ciencia ficción, sino "un retrato de la psicología del futuro", obtuvo fama mundial con "El Imperio del Sol" (1984), novela basada en los años que pasó en un campo de concentración japonés en China cuando era un niño. La novela fue llevada a la gran pantalla por Steven Spielberg en 1987, al igual que lo fue "Crash" (1973), adaptada por David Cronenberg en 2000 y también un gran éxito de público y crítica. Ballard nació en Shangai (China) el 18 de noviembre de 1930 y durante la II Guerra Mundial fue encarcelado junto a su familia, que formaba parte de la comunidad británica de expatriados, por los invasores japoneses, cuya violencia es descrita en su obra.Esa experiencia cuando tenía 12 años le marcó y dejó una clara impronta en su obra, que comenzó a desarrollar plenamente a principios de los años 60, ya instalado en el Reino Unido.

Por otra parte, así lo despide Tobby Litt en el especial que le ha dedicado The Guardian:
I'll start by confessing something shameful. When I was sending my first and then second, and then third and fourth novels to publishers – and having publishers send them back – there was one particular editor who must have seen some talent in what she read. The way she tried to encourage me was this: instead of just sending me a formula rejection letter, she would invite me to come to her office where, over the course of a half-hour conversation, it would become clear that, no, she wasn't going to publish this one either, but that she still thought I should keep writing. What she was publishing – I learnt because they soon started arriving in the bookshop where I worked – were reprints of JG Ballard's short story collections: The Voices of Time, The Terminal Beach, Vermillion Sands. I remember thinking, as I placed these shiny paperbacks on the shelf, "Why's she bothering with this old guy? She should be publishing me." At that point, of course, I had hardly read anything by the old guy.
It's best to get this out of the way, because it was about the only time I ever thought anything negative about Ballard, either as a writer or a man. Instead, over the years, he'd become the closest thing I had to a living role model. Henry James is fine, but he doesn't help you to deal with the violence and velocity of the contemporary world. And it was violence and velocity I was after when I wrote Corpsing, my second novel. On completing it, I felt the influence of Ballard was so obvious that it had better be acknowledged – so I put Ballard's great novel Crash in the acknowledgements. It was my first attempt at a thank you.
Crash, it seems to me, is the high-point of Ballard's writing – where his style is at its most brilliant, where his social focus is most acute. I know others will disagree. His early novels – The Drowned World particularly – have their own mesmeric power. He was, from the beginning, a great short story writer. And he reached another kind of exploratory high-point in The Atrocity Exhibition – not only for himself, but also for English literary fiction. Respectable English writers just don't do that kind of extremity, perversity, absurdity.
But Ballard did.
And I wanted to.

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El discurso de Marsé

4.17.2009
Juan Marsé. Fuente: Caterina Barjau/ elpaís

Juan Marsé será el primer catalán en recibir el Premio Cervantes. Y sobre eso mismo tratará el discurso que está preparando desde ya, y que dictará el jueves 23 de abril ante un auditorio en Alcalá de Henares, vestido de smoking. En "El Cultural" recogen algunos detalles del discurso que el autor de Últimas tardes con Teresa está redactando:

El discurso que Marsé leerá el próximo 23 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá será corto, naturalmente cervantino y bastante polémico. Comenzará con “tres o cuatro párrafos sobre mí”, que es decir mucho, dada la poco afición que tiene el escritor a hablar de si mismo, y después se referirá a “mi doble vida, a mi dualidad lingöística”, es decir, se detendrá Marsé en explicar qué hace un escritor catalán como él escribiendo en castellano y recibiendo el premio Cervantes, “el primer catalán que lo recibe, creo”. [Dijo:] "Hablaré de ello porque me atañe muy de cerca. Llevo años contestando a esas preguntas y creo que es el momento y el lugar para hacerlo. Diré, en primer lugar, que no acabo de ver el conflicto, no veo donde está el problema. La lengua es siempre enriquecimiento y aunque es cierto que se han cometido errores y excesos, gracias a la llamada inmersión lingüística se ha recuperado la lengua catalana, que había sido durante años maltratada. ¿Que ahora en las escuelas pueden haberse pasado un pelín? No lo dudo. Pero puedo asegurarle que el castellano goza de buena salud, tanto en la calle, como en los espectáculos, en la televisión y en los cines. El castellano, créame, no corre el menor peligro".

En la Revista Ñ también publican algunas declaraciones del más reciente Premio Cervantes de Literatura.

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Novelas y crisis económica

4.16.2009
American Psycho, más interesante como crítica social. Fuente: papercuts


En el blog Paper Cuts, Jennifer Schuessler comenta un artículo del crítico social Walter Benn Michaels titulado "Going Boom" en el que busca establecer las relaciones entre el crack (o el boom) económico y la novela. Para Michaels, la novela American Psycho de Bret Easton Ellis es más interesante de comentar desde esa perspectiva, antes que Beloved de Toni Morrison (elegida como la mejor obra narrativa de los últimos 25 años en el Book Review) o Plot Against America de Philip Roth. Así lo resume Schuessler:

“For a great many Americans,” Michaels declares, “the boom has been the problem, not the crash.” Well, thank God that’s over. To me, that sounds like something only a guy with lifetime tenure could say. And I’d be surprised if anyone on the unemployment line is raging against the outsized bonuses collected by the scouts for Oprah’s Book Club. But Michaels’s other big claim — that Bret Easton Ellis’s “American Psycho” is a more important novel than “Beloved,” Philip Roth’s “Plot Against America” or any other “historicist work” — is more interesting to contemplate. While Morrison and Roth were “pandering” to “the upper middle class’s sense of its virtue,” Ellis was “problematizing” it, Michaels writes. “You get a better sense of the actual structure of American society from any of Ellis’s famous descriptions of what people are wearing (‘a suit by Lubiam, a great-looking striped spread-collar cotton shirt from Burberry, a silk tie by Resikeio and a belt from Ralph Lauren’) than you do from all the accounts of people reclaiming, refusing, or repurposing their cultural identities.”

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Murakami y el Japón

Haruki Murakami. Foto: Federico Guastavino/ lanacion

Todos sabemos que las relaciones entre Haruki Murakami y su país no son del todo buenas. Y el haber declarado que ni Mishima ni Kawabata son autores que le gustan solo ahonda más esas diferencias. Para la crítica más tradicional, Murakami es un escritor superficial, que no proviene de las canteras literarias, de éxito mediático. Aunque en los lectores más jóvenes la imaginación de las novelas del japonés se van abriendo cada vez más espacio. En el ADN Cultura recogen unas declaraciones del autor respecto a su país, conseguidas en su reciente viaje a España:

No les gusto, soy demasiado diferente a ellos [los japoneses]. Por lo menos, a lo que ellos consideran que debe ser un escritor. Creen que todo lo que se escribe ha de estar supeditado a la belleza de nuestro lenguaje, a los temas de nuestra cultura. Yo no lo veo así. Yo utilizo la lengua como una herramienta. Una herramienta que puedo usar con mucha eficacia. Pero nada más. Por eso los críticos y los escritores me atacan. Yo busco una originalidad propia, alejada de lo que ellos pregonan. Tampoco frecuento sus círculos. No pertenezco a ningún grupo, y en Japón se supone que debes formar parte de alguno. Por eso me fui de mi país unos años. (...) Sencillamente, me sentía extranjero en mi propio país. Creo que los japoneses buscamos una nueva identidad. Después de la guerra nos enriquecimos y vivimos bien hasta 1995, cuando sufrimos una crisis tremenda. Todo se tambaleó. No habíamos vivido nada semejante en 40 años. En ese periodo pensábamos que la riqueza nos traería felicidad y satisfacción. Nos hicimos inmensamente ricos, pero no éramos felices. Ahora nos preguntamos: ¿qué debemos hacer?, ¿cuál es el camino hacia la felicidad? Todavía lo estamos buscando.

Por otra parte, también habla de su nuevo libro What I talk about when I talk bout running

Es una memoria. Empecé a correr hace 30 años, al mismo tiempo que comenzaba a escribir. Y he corrido tanto... He hecho hasta una maratón de 100 kilómetros, triatlón. Así que empecé a escribir este libro hace unos siete años y lo he acabado casi sin darme cuenta. Soy un corredor de fondo.

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Inéditos de Kurt Vonnegut

Un fax dibujado de Kurt Vonnegut. Fuente: loutshelter

Encontrar textos póstumos, delirio de agentes, editores y viudas. Catorce relatos inéditos de Kurt Vonnegut, luego de casi dos años de su muerte, serán editados por Delacorte Press en otoño de este año. Dice la nota:

Se trata de una colección de relatos titulada Look at the Birdie y que ha sido coordinada por los editores Nita Taublib y Kerri Buckley. Tras cotejar diversos borradores con anotaciones, los compiladores describen los textos como "14 piezas cortas excepcionalmente intrincadas de un autor cuya voz echamos de menos inmensamente". Los relatos darán una idea del desarrollo de Vonnegut "hasta convertirse en uno de los escritores americanos más apreciados y originales de todos los tiempos", según señalan los editores. Se trata de relatos "de un tono increíblemente singular; a la vez cauto y optimista", añaden. El volumen se publicará en noviembre e incluirá ilustraciones originales del propio escritor. La colección Look at the Birdie forma parte de un plan editorial para recuperar un volumen con la correspondencia del autor, una segunda colección de sus escritos inéditos y una nuevas memorias firmadas por su hijo, el escritor Mark Vonnegut. Además, 15 de los títulos más célebres del autor, como Las sirenas de Titán, Matadero 5 y Galápagos, serán reeditados con ilustraciones del propio Vonnegut. Una buena manera de recordad al autor de quien el novelista británico J. G. Ballard dijo una vez que "podría iluminar todas las catedrales de América con su pura amabilidad".

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Gremio feo

Carmen Boullosa. Fuente: libreriamichelena

Daniel Salvo me envía con preocupación estas declaraciones de la mexicana Carmen Boullosa, quien declara que el literario es un "gremio feo". La novela de la Boullosa que obtuvo el premio Café Gijón 2008, El complot de los Románticos, es una nueva inmersión en el mundo de los escritores. Cuchillazos, mala onda, envidias, nada fuera de lo común. Salvo por el hecho de que en este "gremio feo" yo he encontrado a extraordinarios amigos. También sucede. Dice la autora en una nota en Milenio:

En [mi novela], una reunión de escritores se niega a otorgar un premio a una novela idiota y acartonada en demerito de otra genial, autoría de una escritora que en vida fue ignorada. Falsos, espurios, vendidos, los escritores terminan peleándose entre sí y provocan una tragedia, incendian el Palacio de la Zarzuela, sitio donde se habrían reunido por última ocasión. [un gremio] ¡Feo! Si tuviera que utilizar una única palabra para caracterizar al gremio sería feo. Hay gremios más gratos, que tienen más entrenamientos para trabajar en lo colectivo. En nosotros, cada uno somos el centro del mundo y del universo, somos una bola de egocéntricos y egoístas. Muchos traen puesto el saco duro para acomodarse todos los premios. Otros se creen estatuas y otros tienen unos apetitos económicos desmesurados (y México da mucho para esto). Algo que no es precisamente grato, pero al que uno como escritor está condenado. Yo necesito a estos escritores pues porque hablan de lo que hablo, y si ellos no me ven mis libros no existen. Un libro existe porque lo atienden en principio las personas del colectivo y después los lectores. [...] Estamos hechos para comernos los unos a los otros; estamos hechos para despreciarnos y amarnos y no hay de otra. Somos una especie de virus…, así nos comportamos porque así es la literatura misma: algo terrible. No es que piense que hay que dedicarse a otra cosa, pero esto no le quita el lado siniestro que tiene, su juego y coqueteo con la realidad. La necesaria complacencia con la realidad para alcanzar a armar una historia. Las personas, al convertirse en lectoras de literatura, pueden comenzar a ser críticas de la realidad. La conciencia y la crítica acerca de la realidad conlleva muchas responsabilidades y un lado de sombra que se cierne sobre la vida. ¿El gremio podría ser mejor? No. Podría ser peor. [...] A veces tiene tintes muy desagradables, como sus nexos con el Estado, en el caso de nuestro país. La existencia de poetas corruptos, novelistas que piensan en su cartera con una mayor facilidad que si el dinero viniera de mecenas. El Estado ha necesitado de este nexo. Habrá que ver si ahora el narcotráfico decide emprender un mecenazgo literario. Algo que no me extrañaría. Es más: lo deseo. ¡Qué horror!; pero si tienen tanta plata que den plata para hacer libros, y no sólo compren arte. Contribuir a que las personas se conviertan en enemigas del mismo narcotráfico y de la sociedad pasiva.

Me pregunto cómo habrá que leer aquello de que el narcotráfico se convierta en mecenas literarios. ¿Es una ironía? ¿Una mala broma? ¿Honestidad brutal? ¿Un absoluto despropósito? ¿Súbito rapto de locura? ¿Mal día? ¿Qué pasó, Carmen?

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Club 10 de Anagrama

Jorge Herralde en su oficina, buscando 39 autores. Fuente: itacate

El escritor Javier Puebla, en su columna en Cambio 16, publicó un artículo titulado "El ojo de Herralde" donde habla de un "mecanismo publicitario que solo puede calificarse como genial. Abolutamente genial" Pero ¿qué es lo que despertó tanto entusiasmo en Puebla? La decisión de Anagrama de hacer un club super exclusivo al que ha llamado "El Club 10", en el que inscriben a 39 autores que han publicado diez novelas como mínimo en Anagrama. El exclusivo Club está dentro de lo que Anagrama llama "Política de autor", que es en resumida cuenta el arte poética de la editorial: no publicar autores simplemente sino seguirlos en toda su trayectoria. Fidelidad entre autores y editores en pleno siglo XXI. ¿Eso existe aún? Aquí les dejo la lista de los prestigiosos 39 para ver que sí puede existir, aunque es cada día más difícil hacer este tipo de listas:

Autores norteamericanos: Paul Auster (28 títulos), Patricia Highsmith (26), Charles Bukowski (17), Vladimir Nabokov (16), Truman Capote (12), Tom Wolfe (11), David Leavitt (11), Norman Mailer (11), Richard Ford (10).

Autores británicos: P. G. Wodehouse (17), Tom Sharpe (15), Martin Amis (15), Julian Barnes (14), Anthony Powell (12), Ian McEwan (12), Hanif Kureishi (12), David Lodge (11).

Autores españoles: Javier Tomeo (18), José Antonio Marina (17), Soledad Puértolas (17), Enrique Vila-Matas (16), Álvaro Pombo (15), Carmen Martín Gaite (14), Félix de Azúa (11), Rafael Chirbes(11).

América Latina: Roberto Bolaño (16), Alfredo Bryce-Echenique (14), Sergio Pitol (11), Ricardo Piglia (10).

Francia: Pierre Bourdieu (12), Jean Baudrillard (12), Amélie Nothomb (11), Gilles Lipovetsky (11), Jean Echenoz (10).

Italia: Antonio Tabucchi (18), Claudio Magris (11), Alessandro Baricco (10).

Alemania: Hans-Magnus Enzensberger (21).

Polonia: Ryszard Kapuscinski (13).

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Madame Bovary con tachones

Hoja manuscrita de Madame Bovary. Fuente: elpaís

Leer el manuscrito de Madame Bovary es mucho más interesante que un fetichismo literario. Esa novela en particular es un laboratorio de ficción, un aprendizaje literario exhaustivo, como quedó reflejada en la correspondencia de Flaubert durante esos años. Por eso, la noticia de que los manuscritos de la novela están disponibles en internet es impresionante. Una verdadera orgía perpetua, como calificó Vargas Llosa a la lectura de Madame Bovary. Dice la nota:

Las 4.500 hojas manuscritas de Madame Bovary, la célebre novela de Gustave Flaubert ya están disponibles en Internet, gracias al trabajo de más de dos años de cientos de amantes de la obra del autor francés.El equipo que elaboró la página surgió de la colaboración entre la Universidad de Rouen –ciudad natal del Flaubert, situada al norte del país– y la Biblioteca Municipal de la misma localidad, y estuvo dirigido por el profesor Yvan Leclerc, especialista en el escritor.Más de un centenar de transcriptores respondieron a la invitación lanzada en Internet por los profesores universitarios, y se unieron a estudiantes de la Universidad de Rouen para trabajar de manera conjunta con los investigadores. Se estima que un total de 600 personas participaron en el proyecto. Los 130 transcriptores voluntarios son de edades comprendidas entre los 16 y los 76 años, proceden de 17 países, entre ellos Argentina, Colombia, Francia, Ghana, Italia, Japón, Portugal y Tailandia, y tienen diferentes perfiles profesionales. La dificultad para leer los manuscritos de Flaubert –como consecuencia de numerosas correcciones y tachones– hicieron necesarias las transcripciones, que fueron realizadas entre marzo de 2003 y septiembre de 2005 y actualizadas con regularidad desde entonces. En la web los internautas pueden observar de manera simultánea, en una pantalla dividida por la mitad, el documento original y la página transcrita que conserva los tachones y las anotaciones, pero con un mayor grado de claridad.

Los que quieran leer los manuscritos, hacer clic aquí.

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Sonetos Shakespereanos 2.0

Cartel del espectáculo en Berlín. Fuente: rufuswainwright

La definición de clásico está ligada, necesariamente, a la de "vigencia". En ese sentido, pocos autores tan clásicos como William Shakespeare, cuya vigencia es perdurable y resiste incluso los experimentos más osados. Sus tragedias -por ejemplo- han sido representadas de decenas de maneras, relecturas y reinterpretaciones inagotables. Y ahora le tocó el turno a sus famosísimos sonetos, musicalizados y cantados por estrellas como Rufus Wainwright. Todo ocurrió en el Berliner Ensemble, con puesta de escena del gran Robert Wilson. Solo faltó Tom Waits. Así lo comenta El País:

El texto, sí, lo puso el propio bardo hace 400 años, y él mismo es uno de los personajes. Pero las figuras de pantomima, los bailes, las cabriolas, la iluminación en duermevela, los monólogos humorísticos de la travesti Georgette Dee y la música de Wainwright no parecían guardar relación alguna, ni entre sí ni con los 24 sonetos elegidos. Conclusión: la gente estaba encantada. Quien paseara el domingo cerca de la venerable sede del Berliner Ensemble fundado por Bertolt Brecht en 1949 podría haber pensado en la Berlinale. Pero a diferencia de los acatarrados que hacen cola para el hosco febrero del festival de cine, los asistentes al estreno de los Sonetos de Shakespeare esperaban frente al teatro con el buen humor que asalta al que acaba de salir indemne del invierno prusiano. Charlaban de teatro, de clubes tecno o, cómo no, de la primavera. Rufus Wainwright concedía entrevistas con su corbata de lentejuelas. Lució su pronto de estrella ante la pregunta "¿Qué podemos esperar?": "Pues risas, lágrimas... y toda la gama intermedia". Muy pronto cambió la sonrisa sardónica por otra amable, para añadir: "en realidad, espera variación; hay rock, música alemana, piano, violines, guitarras eléctricas". Y exclamó: "¡y también hay música española!". Sobre los sonetos, Wainwright dijo que eran "extraordinarios". También afirmó ser "un gran fan" de William Shakespeare.

Como es obvio, la crítica no se pone de acuerdo con el espectáculo. Eso es también parte del oficio de ser un clásico:

Los críticos alemanes no se ponen de acuerdo. El berlinés Die Tageszeitung honraba la "representación del lado queer de Shakespeare". El conservador Die Welt, por el contrario, hablaba de "circo" y de "monerías" humillantes. Richard von Weizsäcker, de 89 años, resumió su entusiasmo, compartido por su esposa: "no sé lo que tendrá esto que ver con los sonetos de Shakespeare, pero me hubiera encantado estar ahí arriba". Al fin y al cabo, sólo es un par de años mayor que Inge Keller...

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Bryce Echenique presenta libro

Alfredo Bryce Echenique. Fuente: larepublica

Un nuevo libro de cuentos de Alfredo Bryce Echenique fue presentado ayer en el Centro Cultural de la PUCP. El libro se titula La esposa del rey de las curvas (Peisa) y será pronto editado en España y el resto de América Latina. Pero hay más noticias buenas en torno a Bryce. En la presentación, anunció que uno de los cuentos ("¡Y se me va usted de aquí ahora mismo!") es la semilla que germinó en la novela que está escribiendo ahora, aún sin título, que calificó como un Gatopardo a la peruana. Aquí la nota que EFE:

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique presentó en Lima el libro "La esposa del rey de las curvas", que reúne diez cuentos en los que, según dijo, trata por primera vez el tema del desamor. "Yo he sido juzgado literariamente como un escritor sentimental, del amor, romántico a destiempo; pero ahora por primera vez en mi vida trato sobre el desamor", afirmó el literato durante la presentación de su nuevo libro, en la que estuvo acompañado por el también peruano Alonso Cueto, ganador del premio Herralde de 2005. Bryce Echenique reconoció que, aunque muchos dicen que escribe "para hacer reír al mundo", él lo pasa "fatal al trabajar" y explicó que ha regresado al cuento por la sencilla razón de que es un género que le encanta. Y eso que, afirmó, "sentarse a escribir un libro de cuentos es una labor bastante más ardua que una novela". El autor de "Un mundo para Julius" agregó que su nuevo libro es fruto de un trabajo continuo, y no escrito poco a poco, algo que el escritor colombiano Gabriel García Marquéz le recriminó tras leer el manuscrito. "Te sigo queriendo, te sigo leyendo, pero eres el único imbécil que se sigue sentando a escribir un libro de cuentos", recordó Bryce que le espetó el creador de "Cien años de soledad". "Volví a ser el mismo idiota de la familia que nunca escribe un libro de cuentos de vez en cuando, sino que se sienta hasta que lo termina", agregó el peruano.

Respecto a la novela que está escribiendo, declaró:

"Uno siempre sueña con contradecirse como escritor. "Un mundo para Julius" fue una novela sobre el esplendor de una familia, y ahora me gustaría ser muy ambicioso y escribir también una buena novela sobre la decadencia".

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¿Censura o error?

4.14.2009
Allan Hollinghurst, llamado el "gurú" de la literatura gay, recibiendo el Booker 2004. Fuente: theage

Hace unos días hubo un gran escándalo en el internet cuando se descubrió que la librería más grande del mundo, Amazon, había sacado de catálogo todos los libros de temática gay y también el ránking de los libros más vendidos de la categoría homosexual. Con ello se borraron de un plumazo las obras de Gore Vidal, Annie Proulx, Edward Forster y Jeanette Winterson, entre otros estupendos escritores (me imagino que el genial Allan Hollinghurst fue el primero en salir). Ahora, la librería electrónica ha pedido perdón por lo que califica como "un vergonzoso y torpe error de catalogación". En realidad, le creo a Amazon, sería absurda una autocensura de tales dimensiones y complicaciones. No, no es posible. Dice la nota:

Amazon, la mayor tienda por Internet del mundo, ha aclarado que la eliminación durante el fin de semana de su ránking de ventas de libros de temática homosexual se debió exclusivamente a un "error de catalogación". "Se trata de un vergonzoso y torpe error de catalogación de la compañía, que está muy orgullosa de ofrecer una selección completa" de libros, aseguró en un comunicado el portavoz de Amazon, Drew Herdenmer. (...) Después del acoso en forma de emails reivindicativos de lectores y autores, Amazon se defendió de las acusaciones aludiendo a un fallo en su sistema que, según fuentes de la compañía, habría sido arreglado la pasada noche. Una alusión que huele a excusa si se tiene en cuenta que, hace tan solo unos días, Amazon impidió que ciertos títulos calificados de «contenido para adultos» aparecieran en búsquedas y listas de bestsellers «en consideración de toda nuestra clientela» (aunque ayer una fuente negara que hubiera existido nunca dicha política). Hasta esta misma mañana, libros como «La ciudad y el pilar de sal», de Gore Vidal, o «Las naranjas no son la única fruta», de Jeanette Winterson, permanecían aún excluidos de las listas online. Exclusión que parece responder más al modo en el que Amazon clasifica los títulos que a un análisis exhaustivo del contenido de los mismos.

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Thibault de Montaigu en Argentina

Thibault de Montaigu en su departamento argentino. Fuente: adncultura

El joven y muy exitoso escritor francés Thibault de Montaigu, miembro de la llamada generación nappy (un fenómeno social, parecidos a los yuppies de los 80, igual de ricos pero más depresivos, que ha tenido resonancia en la literatura francesa), ha decidido radicar en el barrio porteño de San Telmo para concluir su tercera novela ("El hombre porteño sigue siendo bien macho y la mujer coquetea" concluye sobre su estancia). Ahí lo entrevistó el ADN Cultura. Sobre la generación nappy dice:

"Cada tanto en la historia francesa -cuenta de Montaigu- aparece un grupo que busca rebelarse contra lo que ve como la brutalidad del mundo y lleva al extremo las características más superficiales de su cultura. Fue el caso de la jeunesse dorée original. Eran jóvenes de buenas familias que después del terror de la Revolución empezaron a salir vestidos de manera muy cuidada, elegante, con un lujo muy ostensible para protestar contra las ejecuciones, y esto es, de alguna manera, una continuación de esa tradición (...) Son jóvenes a los que no les queda nada por conquistar -resume-. No conocieron, como la generación de sus padres, la Guerra de Argelia o las privaciones de posguerra. Nacieron y crecieron ultraprotegidos en un cascarón con facilidades de todo tipo y rodeados de todo lo que es bello. Lo único que los motiva es la búsqueda del bienestar absoluto: reciben la mejor educación, gozan de las mejores vacaciones, las mejores fiestas, tienen todo para ser felices. Sin embargo, hay un punto en el cual la búsqueda por esta maximización del placer se vuelve desenfrenada, una especie de acumulación capitalista salvaje del hedonismo cuya meta es el bienestar al que nunca se llega porque siempre hay un más allá. A todo esto se suma el gran problema de la sociedad contemporánea, que es la ausencia de puntos de referencia. En esta búsqueda de sensaciones nuevas, después de la última locura, del último auto que va a 300 kilómetros por hora, lo que viene siempre son las drogas, que es parte de lo que define a los nappies ". "

También responde sobre si sus libros son o no autobiográficos:

"Soy yo en cuanto conozco a los jóvenes que retrato y los frecuento. Esto es complicado porque no me resultan un asunto ajeno al que pueda abordar con una objetividad casi científica. Pero supongo que darle sentido a lo que somos es el problema de la literatura en general. Mis libros, debo aclarar, no son la realidad, sino la verdad sobre un grupo social. Como en esos discos que son los "best of", compilaciones de lo mejor de una banda o una época, yo voy seleccionando. No me baso en nadie en particular, por eso me resulta gracioso cuando se me acerca gente en la que nunca pensé y me dice "¡Me reconocí en tu novela por los pantalones Ralph Lauren que llevaba el personaje!", dice con su enorme sonrisa a lo Mick Jagger.

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Noche de libros madrileña

César Aira en Madrid. Foto: Alvaro García. Fuente: el país

El 23 de abril se celebra el día del libro en América Latina, y en España la celebración incluirá descuentos en libros, conversatorios en librerías y demás actividades. Una de las más importantes es la llamada "Noche de los Libros" madrileña que este año tendrá a tres escritores (aunque son más de 400 los convocados) como puntas de lanza: Juan Marsé, César Aira y el recién estrenado fujimorista Jaime Bayly.

El escritor argentino César Aira, autor de más de 30 obras, ofrecerá a las 20.30 horas en la Real Casa de Correos una conferencia sobre su relación con los libros y la lectura. También en la sede de la Presidencia de la Comunidad, a las 22.00 horas, el escritor peruano, ganador del Premio Herralde en 1997 y finalista del Premio Planeta 2005, Jaime Bayly, se encontrará con sus lectores. El Círculo de Bellas Artes será el escenario en el que el escritor y Premio Cervantes Juan Marsé protagonice a las 18 oras un encuentro con lectores. Hay que añadir además los dos debates que se celebrarán en la sede de la Consejería de Cultura que reunirán a Javier Marías con los críticos literarios Paul Ingendaay y Manuel Rodríguez Rivero y a los escritores Vicente Verdú, Juana Salabert y Ricardo Menéndez Salmón. Serán a las 18 y a las 19.30 horas, respectivamente. Por otro lado, a esta IV edición de La Noche de los Libros se incorporan 21 nuevos espacios con programación propia para la ocasión, como Casa Sefarad-Israel, AECID, el Instituto Cervantes, el Museo del Prado, RNE Radio 1 y Radio 3, el Museo Reina Sofía, el Pen Clubespañol, la Universidad Complutense, el Real Jardín Botánico, los Teatros del Canal y el Istituto Europeo di Design, entre otros. En ellas participarán Ray Loriga, Marta Sanz, Antonio Skármeta, Susana Fortes, Andrés Neuman y Tomás Segovia, entre otros autores.

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Vila Matas sobre Sumalavia

Ricardo Sumalavia. Fuente: harrycañariatoche

Hace unos años, Enrique Vila Matas comentó sobre el escritor peruano Enrique Prochazka (un nombre que le pareció el de un oscuro futbolista polaco) a partir de un comentario de Prochazka en el blog de Gustavo Faverón. Y ahora, luego de un encuentor muy vilasmatiano en Burdeos, el narrador español comenta sobre el querido corresponsal en Francia de Moleskine -aunque pésimo fotógrafo, insisto- Ricardo Sumalavia. En el artículo también comenta elogiosamente la novela de Ricardo, Que la tierra te sea leve (Bruguera) que en mayo será motivo de una mesa redonda en la PUCP -con presencia de Ricardo- de la que ya les comentaré en su momento. Aquí el Dietario Voluble de esta semana:

Ricardo Sumalavia salió hace unos días de su casa de Burdeos dispuesto a hacer unas compras. Era una mañana soleada de principios de este abril. Sumalavia parece un buen apodo para alguien que quiera ser orador, conferenciante: suma labia. Le habría encantado ese apellido a Ramón Gómez de la Serna, estoy seguro. Pero Sumalavia, joven escritor peruano que vive en Burdeos, no quiere ser orador ni conferenciante. Es tímido y con mucho sentido del humor. Vivió en Corea del Sur y después fue a Burdeos a pasar unos meses y se va quedando ahí desde hace unos años. Como voy mucho a Burdeos (tres veces en los últimos cuatro meses; no entiendo por qué voy tanto), siempre acabo encontrándomelo. Cuentista de estilo muy personal, no hace mucho publicó su primera novela, Que te sea leve la tierra, buen libro sobre búsquedas y sobre lo mucho que dependemos de los otros para saber quiénes somos, aunque nunca, de todos modos, acabamos sabiéndolo. Sumalavia salió de su casa de Burdeos en la mañana soleada y caminaba hacia el bar de la esquina para tomarse un café cuando se le acercó un señor en zapatillas y con unos bigotes completamente de otra época y le preguntó por dónde se iba a Bayona. El escritor trató de recordar el nombre de alguna calle o avenida con ese nombre, pero el señor de los bigotes no tenía cara de preguntar por una calle. "Pero usted va a pie y nosotros estamos en Burdeos, a más de 200 kilómetros de Bayona", le advirtió Sumalavia. "No es problema", respondió el hombre que iba en zapatillas. El peruano le explicó entonces cómo salir de la ciudad, y poco después el hombre comenzaba su larga marcha a pie hacia Bayona. A aquella misma hora, llegaba yo en avión de Air-France a Burdeos, donde debía ayudar por la tarde en la ceremonia de presentación de Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, en su traducción francesa. El taxista que me vino a buscar resultó ser coreano, lo que me hizo pensar en Sumalavia, que había vivido en ese país durante tiempo. El coreano era tan charlatán como entrometido y quiso saber todo sobre mí, quiso saber en qué trabajaba, cuántos hijos tenía, cuál era mi ciudad preferida (Burdeos le dije), si a mi mujer no le molestab si a mi mujer no le molestaba que viajara tanto, etcétera. "Lo que está muy bien es Bayona", acabó diciéndome. Por la tarde, en la presentación de Apelle-moi Brooklyn, apareció Sumalavia y descubrimos que habíamos llevado vidas paralelas durante la mañana. A la hora del coloquio, como es habitual, nadie quería preguntar nada. Una señora finalmente pidió la palabra. -¿Le gusta Goya? -me preguntó. Parece una pregunta normal, pero no lo es. Aceptemos que Goya vivió muchos años exiliado en Burdeos y que su casa estaba frente a la de otro exiliado español ilustre, Moratín. Un catalán en Burdeos no puede ignorar que Goya estuvo allí y que aún conservan la casa del pintor, un caserón muy cercano a la gran librería Mollat. Pero de eso a tener que opinar acerca de Goya hay un gran trecho, me parece. Gabastou, el traductor del libro de Eduardo Lago, viendo mi estupor e indecisión -me había quedado con la boca abierta-, contestó por mí y dijo que a esa hora de la tarde siempre dejaba de tener cualquier tipo de opinión sobre lo que fuera. No quería dar la impresión de que me había quedado mudo y me acordé de que, antes de partir por tercera vez en cuatro meses a Burdeos, el amigo Jordi Llovet me había preguntado si aún podía verse allí la casa en la que vivió en 1802 el poeta Hölderlin, que había ido a esa ciudad para trabajar de preceptor y un día, de improviso, se había marchado de ella a pie. Como siempre que iba a Burdeos veía sólo el caserón de Goya, me dio una gran alegría saber que había otras casas que ver en esa ciudad. Me acordé de todo eso y le devolví la pregunta a la señora. -¿A usted le gusta Hölderlin? Habría querido añadir que parecía una costumbre de la ciudad marcharse a pie de ella, pero callé. De inmediato, se levantó una mano entre el público. Había un señor de origen alemán, Dominique Fritsch, que estaba entusiasmado de poder hablarme de Hölderlin en Burdeos y se puso a contar, entre otras cosas, que el poeta no sólo se fue de la ciudad a pie, sino también llegó a pie y fue en ese viaje cuando por primera vez en su vida vio el mar. Fue a Burdeos para trabajar de preceptor en casa de Meyer, el cónsul de Hamburgo, pero desde el primer momento se mostró algo esquivo y taciturno, tal vez porque apuntaban ya los primeros signos de su locura. Dejó escrito un poema, Andenken (Un recuerdo), en el que evocaba su paso por la ciudad y que, si quería leer, encontraría en la bella edición que había preparado el poeta bordelés Jean-Paul Michel para la editorial William Blake and Co.A la mañana siguiente, siguiendo las instrucciones de Monsieur Fritsch, vi con Sumalavia, en el centro de la ciudad, la perfectamente bien conservada gran casa del cónsul de Hamburgo en la que vivió Hölderlin. Hoy, el lugar donde residió Hölderlin es una oficina de Air-France, precisamente la compañía que me había trasladado hasta allí. Inútil me pareció buscar alguna huelletas de embarque y las ofertas de vuelos a la Martinica. Estábamos bromeando con Sumalavia sobre si no se nos aparecería un señor de anticuado bigote preguntándonos cómo ir a pie hasta Bayona cuando una muchacha cruzó la calle para preguntarnos si conocíamos al doctor Goya. Pasado el momento de profunda sorpresa, a Sumalavia se le ocurrió que preguntara en el Ayuntamiento, donde tenían una lista de todos los servicios médicos por barrio. "Buena idea, gracias", dijo. Nos despedimos de ella y después me despedí de Sumalavia, porque tenía que coger mi avión de vuelta. Cuando miramos atrás para ver qué hacía la muchacha, vimos con cierto terror que no se había movido ni un centímetro de donde la habíamos dejado.

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Piglia y Saer conversan

4.13.2009
Carátula de la novela de Saer comentada por Piglia. Fuente: rbalibros

Una conversación inédita entre dos grandes escritores argentinos, realmente grandes digo, como son Juan José Saer y Ricardo Piglia, ha sido publicada por la revista "Alambre" y reproducida en parte por "Radar Libros" de Página12. La conversación se centró sobre la novela La grande y se llevó a cabo en la Universidad de Princeton en el 2002. Aquí algunos de los diálogos:

Piglia: En la novela (La Grande) hay un primer grupo de personajes en el que estarían César Rey, Marquitos Rosenberg, Escalante, y ahora Gutiérrez, grupo que sería de una generación anterior a la de Tomatis, Garay, etc...
Saer: Sí, por supuesto: primero son las edades de la vida –como diría Hölderlin–, porque en Lugar Tomatis tiene más de cincuenta años, tiene una novia –que es arquitecta, y que es su tercera o cuarta mujer–, tiene una hija que es adolescente o joven. Y la cosa más complicada de su biografía, de su vida, es entre el final de Glosa (alrededor de 1978) y Lo imborrable, ahí hay una especie de crisis o de agujero negro por el cual él pasa y sale: en Lo imborrable él cuenta un poco la salida de eso.

Piglia: Y se gana la vida en el diario.
Saer: No, dejó: en Glosa y en Lo imborrable ya se ha ido del diario; y yo justamente quería escribir algo acerca de eso: en un determinado momento él dice en Lugar que si pudo dejar el diario, fue porque un tío le dejó una herencia; pero después yo quería hablar un poco de por qué dejó el diario, y tal vez lo haga en esta novela que ahora estoy escribiendo.

Piglia: ¿Y las mujeres ? La madre, la hermana...
Saer: Buenos, las mujeres de Tomatis son muchas; la primera de todas aparece en “Algo se aproxima” y se llamaba, creo, Pocha. Después viene su primer casamiento (se casa y dura pocos meses porque el casamiento burgués mucho no le va), después se mete con una muchacha con la cual queda un cierto tiempo para poco después separarse, y después se encuentra con su mujer, Haydée, la madre de su hija, con la cual convive un cierto tiempo, aunque finalmente también se separa de ella. Entonces, después de eso no se habla más (de sus aventuras, porque como todo divorciado después empieza a andar con una y con otra), su hija crece, y ahora está con una mujer que se llama Victoria, que en Lugar aún no tiene nombre pero que en esta nueva novela va a aparecer con ese nombre; ella siempre se refiere a Tomatis como “éste”.

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¿Son malos los agentes?

"Hola, soy su agente literario" . Fuente: ediciona

¿Los agentes literarios son los malos de la película? ¿Son un canal o más bien una piedra en el camino entre el editor y sus autores? El tema ha motivado un sentido post en el blog de The Guardian en respuesta a uno anterior, titulado: "The literary Twitter wars: writers hit back at agents" (una encuesta en Twitter sobre la importancia de los agentes literarios que originó insultos de todo tipo). Estoy tan de acuerdo con lo que dice Jean Edelstein que le dedico este post a mis recordadísimos y queridos amigos Willie y Bárbara:

Literary agents: so often regarded as the villains of the publishing world, they were skewered by scores of disgruntled writers this week in response to the Twitter gigglefest which was #queryfail, in which agents posted some of the worst pitches they'd received. No, #queryfail did not give a view into the most gallant side of agenting. But the vitriolic response is not, contrary to popular belief, evidence that agents are failing writers across the board. Rather, it demonstrates how little most people know about what literary agents actually do. Even though I worked as an agent's assistant for two years, it was not until I started writing a book myself that I became acutely aware of how much essential support an agent provides to an author. Having spent a couple of years aiding with the negotiation of book contracts myself, it would have been easy enough to think that I didn't need representation. But the reality is that I could never have even begun to cope alone. An agent plays an invaluable role in supporting the career of the author and the life of a book long after the champagne is popped over the signed contracts (and important to note that the recession means that there is hardly any champagne any more). The reason that agents send out terse rejections, delay returning submissions, refuse to accept submissions at all, is not because they are all busy lunching at The Ivy and cavorting amongst piles of money, but because with a very few exceptions, they are doing the job of being an agent. And, though there are certainly some very exciting moments in that job – when you find an amazing writer, when you cut an exciting deal, when the finished copy of a book you've worked on for years with an author drops on to your desk – there are also a great many dull ones. If you watch a lot of films about agents, you could be forgiven for thinking that it is a full-time pursuit of glamour. Scenes of people scrutinising contractual sub-clauses, having terse email exchanges with Ukranian publishers, and digging through ledgers of old royalty statements does not make for interesting cinema. But that is what many agents spend a majority of their time in the office doing: sorting out the crucial, but picky and tedious, administrative issues that often make not one iota of difference in terms of their own income, but which are crucial to authors. The fun literary reasons that agents take their jobs, the reading and editing, tends to happen in the evenings and on the weekends. And agents are also extraordinary diplomats. My agent's serene support and advice when it comes to my relationship with my publisher is invaluable. Agents serve as a crucial linchpin: keeping the expectations of the former grounded, keeping the latter calm when the author doesn't deliver on time, ensuring that the publisher-author relationship stays positive so that nuanced contractual disagreements don't get in the way of the writing and editing of a good book. It is becoming increasingly popular for frustrated writers to crow that self-publishing and publishing websites will allow writers to bypass agents, rendering them obsolete, a victory for the people. And it is getting harder out there for agents to make their way if they're not brilliant. All of which is fine, so long as these writers are happy to devote their lives to all of the extensive hard work that goes in to making a book exist – and sell – long after the final words have been written. The problem, of course, is that all of this work is so extensive that it can really eat in to your writing time. Which is why I think that as long as there are books – in any form – there will always be space for literary agents.

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Requena, escritor oral

Alejandro García Schnetzer, autor de Requena. Fuente: eternacadencia
El mito del "escritor oral" siempre estará vigente. Jorge Luis Borges comentaba, por ejemplo, que si Macedonio Fernández hubiera podido trasladar por escrito toda la brillantez de su conversación, hubiera sido cien veces mejor escritor de lo que fue. Justamente, Macedonio Fernández es uno de los personajes (los otros son Sócrates y Witold Gombrowicz, según el autor) que originaron la creación de Requena, protagonista de la novela breve con el mismo nombre editada en Argentina por Entropía. En Página12 se entrevista a su autor, Alejandro García Schnetzer:

Mientras su generación intenta escribir sin el peso ni la herencia de Borges, usted escribe con Borges. ¿Qué piensa de esto?
–Borges estaría indignado de saber que escribo con él (risas). Borges es una de mis lecturas esenciales. De los contemporáneos leo muy poco, sólo por mi trabajo de editor. ¿Qué leía un criollo formado en los años 20 en Buenos Aires? Es el momento en que irrumpen las vanguardias y se establece una relación muy curiosa entre la tradición y la ruptura con esa tradición. Por suerte, Requena es un hombre que cree y descree por igual de la tradición y la vanguardia. En tal sentido, es alguien que escribe poco, y si escribe no publica porque no cree que sea importante publicar. Para él alcanza con comunicar las ideas a un grupo reducido de amistades. Esto es algo que se perdió. En el presente, la publicación se considera una consecuencia natural de la escritura. En oposición a ello están los maestros orales, que siempre abundaron.

–¿Habría un intento en esta novela de recuperar esa tradición de escritores más “orales”, “del pensamiento”?
–Fue una de las pretensiones. Es sabido que hay verdades que la palabra escrita es incapaz de describir. A quién no le ha sucedido vivir experiencias que no son comunicables a través de las palabras, pero que sí describen la música o la pintura.

–Requena dice que cuando se sienta a escribir “las ideas huyen espantadas”. ¿Le pasa algo parecido?
–Sí, y a eso se añade que la escritura es un proceso sin fin. Carlos Alonso me contaba que cuando un cuadro está terminado el mismo cuadro lo “dice”, no hace falta seguir pintando. En la escritura, y en la traducción, eso no sucede. No hay punto final. ¿Cuándo se termina un texto?

–Sin contar el final de Requena, ¿supo que era ése?
–Sí. Pero el fantasma de Requena todavía me visita y me dicta algunos recuerdos.

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La pasión mexicana de Pieyre de Mandiargues

Pieyre de Mandiargues en México, fotografiado por su esposa. Fuente: fogel


En París, en La Maison de l' Amerique Latine, se le dedica un homenaje por el centenario al escritor francés André Pieyre de Mandiargues. Y el tema es un viaje a México que, al parecer, fue definitivo en su carrera. El viaje está documentado con fotos, tomadas por su esposa, y centenares de notas. Jean Francoise Fogel dice al respecto:

En la larga lista de los viajeros seducidos, transformados, enloquecidos y hasta convertidos por su descubrimiento de México (DH Lawrence, Sybille Bedford, Malcom Lowry, B Traven, etc.) André Pieyre de Mandiargues (1909-1991) ocupa una posición aparte. Por una razón obvia: era un hombre aparte. Estaba y no estaba. Aunque fue muy cercano a los surrealistas, nunca se vinculó al movimiento. Pasó lo mismo con el grupo de la NRF (Nouvelle Revue Franaise) de Gallimard que consiguió no más que un coqueteo suyo. Y a pesar de ganar el premio Goncourt (con La Marge en 1967) no pertenece a la lista de los autores comerciales. Era Mandiargues, autor de cosas preciosas, de novelitas preocupadas por el erotismo, de cuentos parecidos a poesía en prosa y al final de lo que podríamos llamar viñetas en prosa de gran calidad. Tiene una obra amplia que no siempre fue traducida al castellano (el libro más fácil de encontrar es su novela La motocicleta sobre el efecto combinado del deseo y del tiempo en un momento de esperanza). (...) hay una especie de nostalgia en las fotografías de Bona Mandiargues. Se ve a México antes de la tan violenta migración de la población del campo a las ciudades, se ve a Paz antes de su gloria universal, se ve a lo que eran los viajes antes del turismo de masa. Un libro de Gallimard, Pages mexicaines, ofrece el contenido de la exposición en una buena compaginación y ubica a Mandiargues de manera definitiva al lado de los escritores franceses amantes de América Latina: Supervielle, Drieu La Rochelle, Lévi-Strauss. Hay que quedarse mucho tiempo en México, escribe Mandiargues; entonces uno ya no es un viajero y el país se encierra sobre él con una potencia que no se puede describir.

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¿Bellatin se muda a Bs As?

Mario Bellatin. Foto: Juan I. Ortega. Fuente: lanación

¿Deja Mario Bellatin, por un tiempo, México? ¿Es eso posible? ¿Justo ahora que está haciendo reformas en su casa? Esta noticia apareció en la sección "Gritos y susurros" de ADN Cultura. Los amigos mexicanos de Mario Bellatin están nerviosos.

El escritor mexicano Mario Bellatin prepara las valijas para viajar a Buenos Aires, donde decidió instalarse por un tiempo. Durante sus anteriores visitas, y en especial luego de su participación en la última edición del ciclo Estación Pringles, entabló amistad con escritores como Daniel Link y Arturo Carrera. El año pasado, Bellatin estuvo en el estreno de Mother , la obra de la joven y talentosa directora Mariela Asensio, basada en "Mi piel, luminosa", un cuento del mexicano. Pero así como algunos llegan al país, otros se van. Es el caso de Alan Pauls, que residirá una temporada en Princeton, donde dictará clases en la universidad. Partirá junto a su pareja, Vivi Tellas, y su hija Rita.

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Murió Corín Tellado

Corín Tellado. Fuente: ecodiario

Una fatal coincidencia: recordé a Corín Tellado justo un par de días antes de que la dama romántica muriese, en Gijón, a los 81 años. Me alegra haber puesto una frase amable sobre ella. Así comentan su muerte:

Ayer, cuando cuando falleció a los casi 82 años (los hubiera cumplido el 25), en el Hospital de Gijón, Asturias, los libros de Corín Tellado se habían multiplicado por más de 4.000 títulos que han vendido unos 400 millones de ejemplares. Hay que añadir las 26 novelas de temas eróticos que escribió en los años 70, cuando llegó a España el "destape", bajo los nombres de Ada Miller Leswy y Ada Miller. este impresionante récord de difusión se deben sumar, como efecto multiplicador, que las novelas circulaban de mano en mano, se intercambiaban. Además, no sólo la leían las mujeres como se repite ahora, machaconamente, en los obituarios. Ningún macho ibérico o latinoamericano confesará jamás que devoraba y se emocionaba con las novelitas rosas de Corín, pero a escondidas la autora tan popular supo conmover también a un vasto público masculino.Corín Tellado es todo un fenómeno porque, según la Unesco, se convirtió en el autor más leído en castellano después de Cervantes, y hay que tener en cuenta que Don Miguel empezó algunos siglos antes que la asturiana.

Gabriela Wiener la entrevistó en el 2007 y en el diario Clarín publican la entrevista donde se muestra el lado oculto de la autora que escribía folletines. Aquí algunas de sus ideas:

¿Es cierto que se casó de negro?

Sí. Él (Domingo Egusquizaga) ni se dio cuenta. Vasco tenía que ser. Yo creo que nadie me conoce bien todavía. Que hay otra Corín Tellado. Yo escribo, soy novelista. Escribo con ansiedad. Hago esquemas cada semana y, cuando voy a escribir, la novela ya casi está hecha.

¿Por qué hace siempre finales felices?

Si no haces finales felices, te las rechazan. En este tipo de libros hay que ir con el lector.

¿Nunca ha querido escribir otro tipo de libros? ¿Por qué no escribir historias que acaben mal? ¿Por qué siempre ha querido ser...?

¿Amable? No sé, no se me ocurrió y cuando se me ocurrió ya estaba enferma.

(...) de las cuatro mil novelas, ¿es posible que usted no escribieras alguna?

Sólo una vez. No era un negro, era mi secretaria, la que en esa época transcribía mis novelas.

¿Por qué la dejó hacerlo?

Para ayudarla. Me daba pena su situación. Se había casado con un vago y tuvo un montón de hijos. Cobró unas veinticinco mil pesetas por ella.

¿Y nadie notó la diferencia?

No, llevaba tiempo copiando a Corín. Conocía bien mis expresiones.

¿Cómo se llama esa novela?

No me acuerdo. Creo que era una que lleva la palabra "escándalo" en el título.

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Eduardo Lago en francés (y yo también)

4.08.2009
Enrique Vila Matas, André Gabastou (traductor), Eduardo Lago y Claire Julliard. Foto: Ricardo Sumalavia

Ricardo Sumalavia es un estupendo amigo, un gran escritor, un atento corresponsal desde Burdeos, pero es un pésimo fotógrafo. Eso es un hecho. De todos modos, coloco aquí esta oscura foto tomada por Ricardo para celebrar esta reunión de buenos amigos: Enrique Vila Matas presentando el libro de Eduardo Lago, Llámame Brooklyn, traducido al francés por la delicada editorial Stock (aquella que hace varios años publicó la novela de Mario Bellatin Salón de belleza y la llevó hasta ser finalista del Medicis a mejor novela extranjera). La reunión se llevó a cabo en el contexto de la Escale du Livre de Bordeaux.

Por cierto, también a mí me editarán en francés. Un lugar llamado Oreja de perro ha sido contratada por Gallimard. Con eso, esa novela tan triste y que emocionalmente me costó tanto escribir, ha sido cobijada por las dos editoriales más prestigiosas en su respectivo idioma. Nada mal ¿verdad? Ojalá tenga oportunidad de presentarla en Burdeos junto a Ricardo, y también en París por supuesto. Curioso: el año pasado fui a París del brazo de una ex-novia. Al regresar, pensé que difícilmente volvería alguna vez a esa ciudad donde fui tan ilusoriamente feliz. Sin embargo, el destino me ha dado otra oportunidad al enviarme a Francia del brazo de mi novela. La vida nunca es bella ni fea sino original, dijo Italo Svevo. Hace meses jamás iba a imaginarme que terminaría diciendo (definitivamente no como Humphrey Bogart en Casablanca sino como Woody Allen en Hollywood Ending): "Thank God the French exist".

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Libros románticos para tiempos difíciles

Lora Leigh, la nueva corín tellado norteamericana, juvenil, erótica y sentimental. Se llena de plata. Fuente: nyt

Alguna vez un sujeto pretendió insultarme calificándome de "la Corín Tellado peruano" Brincos diera por tener el talento de la señora Corín, digo yo. Y más ahora que, como informa Motoko Rich documentadamente en The New York Times, las novelas románticas y los finales felices son la medicina perfecta para superar los tiempos de crisis. Dice NYT:

In a recession, what people want is a happy ending. At a time when booksellers are struggling to lure readers, sales of romance novels are outstripping most other categories of books and giving some buoyancy to an otherwise sluggish market. Harlequin Enterprises, the queen of the romance world, reported that fourth-quarter earnings were up 32 percent over the same period a year earlier, and Donna Hayes, Harlequin’s chief executive, said that sales in the first quarter of this year remained very strong. While sales of adult fiction overall were basically flat last year, according to Nielsen Bookscan, which tracks about 70 percent of retail sales, the romance category was up 7 percent after holding fairly steady for the previous four years. At Barnes & Noble, the country’s largest book chain, where its chief financial officer, Joe Lombardi, recently warned that overall 2009 sales were likely to fall between 4 percent and 6 percent, sales of romance novels are up. And in the first three months of this year Nielsen Bookscan tracked a 2.4 percent rise in romance sales compared with a slight decline in sales of general adult fiction for the same period. Those figures may underestimate the demand for romance, since a significant portion of sales come from retailers like Wal-Mart that are not tracked by Bookscan. Like the Depression-era readers who fueled blockbuster sales of Margaret Mitchell’s “Gone With the Wind,” today’s readers are looking for an escape from the grim realities of layoffs, foreclosures and shrinking 401(k) balances.

No solo es el final feliz sino también los precios lo que marca el éxito de las novelas románticas, dice la nota:

The romance genre may also be especially attractive to consumers during difficult economic times because so many of the books are sold in the mass-market format, smaller paperbacks often found on racks at the grocery store or in airport bookshops. These books sell for $7.99 or less, compared with $12 to $15 on larger trade paperbacks. Romance novels also often appear in discount chains like Wal-Mart or Kmart, where shoppers make impulse buys. “If you’re going to Wal-Mart or Target anyway, you’re more likely to go and pick up a book,” said Ms. Hayes of Harlequin. “And a book is such incredible value in this environment.” Several retailers including Kmart, Wal-Mart and Kroger have been running three-for-$10 or two-for-$5 specials on Harlequin’s new titles.

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México por extranjeros

A ver qué escritor extranjero se atreve con el desayuno chingón de 25 pesos. Fuente: eltrigodelaluna

El sello Random House Mondadori ha escogido a Rodrigo Fresán para dirigir una colección de novela policial contemporéanea titulada "Roja & Negra". El propio Fresán hace el prólogo de las dos primeras novelas de la colección: El poder del perro de Don Winslow y Delitos a largo plazo de Jake Arnott. A pesar de que no soy muy afín, ahora, a la novela policial, sin duda el embrujo de Fresán sigue activo y le contagia a uno las ganas de leer estas novelas (que probablemente no leeré). Sin embargo, lo que quiero resaltar de ambos prólogos, que han sido publicados íntegramente en Radar Libros esta semana, es el comienzo del dedicado a la novela de Winslow. Como ésta pasa en México, Fresán se extiende en la literatura mexicana escrita por extranjeros y deja una lista imprescindible de novelas:

De todos los posibles subgéneros de la literatura, uno de los más intensos e interesantes es, sin duda, la novela mexicana escrita por extranjeros. México posiblemente sea el país más y mejor visitado por los escritores de afuera. Y las razones para que esto sea así son tan obvias como misteriosas: por un lado, México limita con Estados Unidos y funciona como frontera mágica donde todo cambia en tan pocos metros. México como el perfecto punto de fuga o puerta de entrada para personajes que necesitan encontrarse pero, antes, inevitablemente, perderse. Y no olvidar nunca esa sórdida y casi última fotografía de Francis Scott Fitzgerald vestido de charro turístico en Tijuana o a Terry Lennox cambiando de rostro y de nombre allá abajo al final de El largo adiós de Raymond Chandler. En este sentido, México ofrece todo lo necesario para el drama y la tragedia y, también, la comedia enloquecida. Y por allí, cruzando esa frontera que es geográfica pero también existencial y mística, pasaron o se quedaron para siempre –por citar apenas unos pocos– los antihéroes de La serpiente emplumada de D. H. Lawrence, Serenata de James M. Cain, El poder y la gloria de Graham Greene, Bajo el volcán de Malcolm Lowry, Children of Light de Robert Stone, La última oportunidad de Richard Ford, Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy, Atticus de Ron Hansen, Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño; sin por eso olvidar la sombra perdida de Ambrose Bierce y los innumerables perseguidores de la epifanía beatnik ayudados por cantidades importantes de mezcal y peyote mientras se canta a los gritos “La bamba” o “La cucaracha”. Bienvenidos a México como patria espiritual de los fugitivos y encandilador agujero negro con picante perfume noir en el que, por lo general, los personajes caen para matar, enloquecer, iluminarse o morir o –como ocurre en El poder del perro, de Don Winslow– hacer todas esas cosas (y muchas más) al mismo tiempo y no necesariamente en ese orden.

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Le Clezio último

Jean Marie Le Clezio. Fuente: blogvillaencantada

La música del hambre es la última novela del premio Nobel 2008, J.M. Le Clezio, aparecida en Francia unas semanas antes de recibir el premio. Ahora que Tusquets la ha editado en castellano, Mercedes Monmany hace la reseña en el suplemento ABCD las letras. Dice:

Obra de inspiración autobiográfica, La música del hambre está centrada en la figura de la madre del autor, una joven crecida en el París de la época de entreguerras. En ella, y en la «educación sentimental» y nostálgica de todos estos círculos de emigrantes de primera generación llegados desde la Isla Mauricio, la fantasía convive peligrosamente, de forma suicida, con la realidad. La novela narra el hundimiento económico de la familia acomodada de los Brun, procedente de las colonias, en paralelo con la histérica preparación ambiental de la Segunda Guerra Mundial, a punto de estallar. Una familia integrada por tres personas, padres e hija única, que es saqueada sin piedad por estafadores sin escrúpulos, por falsos inversores y «vendedores de humo» que les hacen creer en diamantes de Pretoria, maderas preciosas de Camerún y el Orinoco, minas de oro o construcciones portuarias en Port-Said o en un recodo del Níger. Lugares que adquieren un peso funesto, legendario, al modo de una especie de maldición de unos remotos y exóticos orígenes que se vuelven contra ellos. El relato mágico de paraísos perdidos y de una naturaleza exuberante dejada atrás, junto a la fascinación y la atracción nefasta por locas y descabelladas aventuras en parajes a los que le está vedado acceder al burgués medio de los bulevares parisinos, completarán el desastre largamente anunciado. Cuando el dilapilador padre de la joven Ethel, a la que le es negada una infancia y adolescencia normal, teniendo que invertir las edades con sus irresponsables mayores, recita todos estos lugares, lo hace como si retratara de una «letanía fantástica», la clave secreta de sus sueños, lejos de una realidad demasiado asfixiante. Aunque el mundo se esté hundiendo, Alexandre, el padre de Ethel, siempre cree hallarse «al inicio de una aventura». En contraposición, los franceses le parecen «apocados, egoístas e inconsistentes». Pero la realidad exterior es la que Ethel capta en las reuniones de los domingos, a las que acuden familiares mauricianos e individuos y negociantes del más diverso y turbio pelaje, que luego se revelarán como unos falsos amigos y como los auténticos culpables de su ruina.

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Consumidores contra Google

Google. Fuente: justendeal

Como era previsible, las asociaciones de consumidores norteamericanas tenían que pronunciarse contra el escándalo de la digitalización de libros de Google. La asociación Consumer Watchdog ha enviado una carta que tiene varios puntos atendibles. Así lo comenta El País:

Consumer Watchdog se queja de que dicho acuerdo, al garantizar que Google gozará en ese Registro de las mismas condiciones que sus posibles competidores, éstos se verán desincentivados a la hora de establecer un servicio alternativo al que el gigante informático lleva años edificando. Google disfruta de igualdad de trato respecto a otros posibles candidatos alternativos en virtud de una cláusula del acuerdo (una herramienta legal llamada cláusula de la nación más favorecida). Para los consumidores dicha cláusula, que equipara en derechos a Google con posibles competidores de mucho menor tamaño, debe ser eliminada si se quiere incentivar la competencia. Su retirada abriría la puerta a posibles restricciones para Google respecto a compañías más pequeñas. Los consumidores intentan así que pueda haber varias plataformas ofreciendo obras online con la consiguiente variedad de servicios y precios, de cara a los usuarios.

Por otra parte, Consumer Watchdog también habla de los "libros huérfanos"

La otra gran reclamación de Consumer Watchdog versa sobre los llamados libros huérfanos (obras, generalmente antiguas y descatalogadas, de las que no se sabe quién posee los derechos). Los consumidores quieren que la cobertura legal que el acuerdo concede a Google, para protegerlo de posibles acciones adoptadas por titulares de derechos, sea extendida a cualquier compañía que se lance a competir con Google.

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Guebel sobre Dr. House

4.07.2009
Cartel de la serie. Fuente: mdg

El escritor argentino Daniel Guebel, autor de la estremecedora novela El derrumbe, es un sentimental que admira el anti-sentimentalismo de Dr. House. Parece un contrasentido pero no lo es. Estoy absolutamente de acuerdo con Guebel en su admiración hacia House, un personaje de ficción inolvidable en el mejor escenario posible: un hospital donde la muerte es moneda corriente. Parece imposible no ser cínico, sarcástico, descreído, cuando uno ve la muerte tan de cerca y además, la lleva consigo mismo. Y esa es la magia de la serie: creemos que un personaje extremo como House es no solo verosímil sino incluso justificado. En el ADN Cultura ha escrito un estupendo elogio de la serie y de su personaje en concreto. Así lo describe:

House, el personaje, es un verdadero maestro en eso de proponerse como un enigma, esto es, como el objeto perfecto para la manía ajena por la interpretación. ¿Quién es House? ¿Por qué es como es? House es la máquina humana que todos quieren corregir, un aparato intelectualmente brillante al que colegas y amigos le reclaman la concesión de la afectividad. House tiene todas las condiciones, pero prefiere vivir una vida miserable, drogarse, tener una vida sexual furtiva y mercenaria (cuando cualquiera de las bellísimas médicas que lo rodean daría todo por conquistarlo, y nosotros por estar en la misma situación y aceptar). Además de hosco, es tacaño y tramposo. Tiene algo de matón, de ladino y de homosexual cuya represión es asumida cómicamente. La enumeración es infinita, pero la serie tiene la astucia de proponerla siempre como una trampa: la de un "trauma originario", desconocido tanto por el espectador como por sus compañeros de trabajo, que explicaría cada vez cada uno de sus comportamientos. Sobre esa presunción groseramente psicologista, House arma su fiesta antisentimental. Satisfecho de ocupar el lugar del héroe solitario, deja caer muestras eventuales de sus fisuras personales, sólo para después denunciarlas como falsas, como parte de su burla de los frágiles convencionalismos de la especie humana. ¿Puede ser inhumano un personaje de ficción? En el velorio de su padre, House pronuncia un discurso en su memoria y luego se inclina sobre el cajón, en apariencia para besar la frente del muerto, pero en realidad aprovecha la oportunidad para realizar una maniobra que permita esconder a los presentes su verdadera intención, que es cortarle un trozo de piel con un alicate y averiguar luego si aquel imbécil que arruinó su infancia era o no su verdadero padre. Al romper (con gestos como ése) toda identificación con las representaciones de un héroe posible, Dr. House propone la valorización de una figura desprestigiada: la del cínico. House lo es, como lo era Diógenes. Ninguna complacencia, ninguna transacción con nuestra especie en tanto especie. Las vidas de los pacientes sólo existen como pretexto para que la maquinaria de la interpretación (su inteligencia) se ponga en juego. Sus sucios hábitos son acordes a la verdad del que prefiere la compañía de los perros porque, curados de su enfermedad, los seres humanos se vuelven aburridos. Como un extraordinario escritor argentino que dice que sólo le interesan las personas cuando vienen en forma de libros, como un gourmet de las sustancias asquerosas (ni Marlow ni Marlowe: Marley), House, un desterrado del universo afectivo, únicamente halla consuelo en el reino de las patologías.

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El ojo morado de Gabo

Gabriel García Márquez. Fuente: revistañ

Cuando a Mario Vargas Llosa se le pregunta por la razón del puñetazo a Gabriel García Márquez, siempre responde: "Que de eso se encarguen los biógrafos". Y en realidad, no sé si "biógrafos" pero sí chismosos profesionales desde hace años recogen todas las piezas para llegar a una versión verosímil de los hechos. Una versión de primera mano viene a alimentar esas piezas: la del fotógrafo Rodrigo Moya quien, en ese entonces, fotografió a García Márquez con el ojo morado a pedido del mismo Gabo. En la foto está sonriente, pero no lo estaba antes de la sesión según confiesa Moya: "Mario pega duro" le dijo al descubrir el moretón. La revista Ñ lo comenta así:

Cuando el colombiano se presentó, muy serio, en el número 57 de la calle Illinois, y se quitó las gafas de sol, dejó al descubierto un hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la nariz. Moya le hizo las fotos, le entregó copias y guardó los negativos durante más de 30 años, hasta que publicó las imágenes en marzo del 2007 en el diario mexicano La Jornada. El fotógrafo recuerda que, aquel día, "Gabo hacía bromas sobre lo fuerte del golpe recibido: 'Mario pega duro... Me pilló por sorpresa', decía". Él hizo su trabajo, como si todo aquello fuera normal, e incluso se permitió indicaciones al modelo: "Quería que apareciera sonriente, no tan serio como estaba". ¿Por qué cree que García Márquez quiso hacerse esa foto? "Para que quedara constancia de aquello, y yo era de confianza. No sé, digamos que tiene su narciso bien plantado", responde metafóricamente. Moya, claro, le preguntó por los motivos de la agresión y, aunque Gabo aludió inicialmente a las diferencias políticas entre ambos, su esposa, Mercedes Barcha, que le acompañaba, acabó confesándole: "Mario es un celoso estúpido".

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La novela de Achy Obejas

Carátula de la novela. Fuente: labloga

La cubana Achy Obejas asumió la muy peliaguda misión de traducir al castellano la verbalmente compleja novela de Junot Díaz, La maravillosa vida de Oscar Wao. Y si no falló en el intento es porque ella también es escritora, como lo prueba la publicación de Ruins (Akashic Books), ubicada en el llamado "periodo especial" en Cuba que tanta literatura ha dado, y que tan positivamente ha sido reseñada este domingo en The New York Time. Dice la reseña:

In Havana, where plastic bags are carefully rinsed and hung out to dry, even the high colonial ceilings become a usable resource when too many people share a space. With scrap lumber and a few bricks you can build an interior second story — a “barbacoa,” as these illegal modifications are known. Structurally sound? Sure, until the tropical rains hit, at which point you pray. Or the person living under you prays, as his ceiling creaks beneath the added weight.Such is the predicament of Usnavy, the beleaguered hero of Achy Obejas’s new novel, “Ruins.” Usnavy and his family could use a barbacoa of their own. He sleeps on a cot so his wife and 14-year-old daughter can share the one bed in their damp and tiny room. (...) “Ruins” takes place in 1994, at the height of the “Special Period” in Cuba, after the fall of the Soviet Union and the tightening of American sanctions, when Castro announced that anyone wanting to leave wouldn’t be stopped. All around Usnavy, his friends and neighbors are building rafts. Usnavy’s own wife betrays the revolution by feeding their daughter one of the marinated slabs their neighbor sells as meat. Whether it really is meat, or just swatches of old blanket, is beside the point: the neighbor is engaged in capitalist bisnes, and Usnavy is opposed, even after he stealthily, and guiltily, gulps down her marinade. The scene is endearing, sad and funny, yet it underscores a fundamental problem with “Ruins.” While Usnavy is nimbly drawn, with genuine depth, he is also an inept bumbler and “an underdeveloped moron,” a political naïf unwitting of larger historical forces. The embargo, for instance, is never mentioned. Instead, everything boils down to a dreary revolutionary faith, which, like the chandelier, is merely a tragic dream, cumbersome and impractical.

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McCrum sobre Roth

Philip Roth. Fuente: Sara Kulwrich/ ñ

Robert McCrum ha publicado en The Observer, y ha sido traducido y reproducido por Revista Ñ, un artículo extenso sobre Philip Roth, una entrevista extensa que es en realidad un recorrido sobre su vida y su obra. Imposible que dejen de leerlo, amigos moleskineros, fieles fanáticos de Philip (Juan Manuel de Prada, por favor, abstenerse). Yo dejo aquí las últimas líneas, dedicadas a Indignación, la novela que recién leeré el 16 de mayo.

Al entrar al mundo de Roth, uno ingresa en una sala de espejos. Su crítica preferida, Hermione Lee, lo explica así: "Vidas en historias, historias en vidas: ese es el nombre del doble juego de Roth". Las travesuras, si eso es lo que son, no terminan allí. La artificiosa "autobiografía de un novelista" escrita por Roth, Los hechos, comienza con una carta a Nathan Zuckerman, su más famoso alter ego, en la que pide su veredicto sobre el libro, y termina con la "respuesta" de Zuckerman: "Estimado Roth, he leído el manuscrito dos veces. Aquí tiene la sinceridad que me pidió: No lo publique". A Roth le molesta que le pregunten sobre sus muchos alter egos. Habla con desdén de los críticos que quedan entrampados en el alambre de púas de la tierra de nadie rothiana: "¿Soy Roth o Zuckerman? Escribo ficción y me dicen que es autobiografía; escribo autobiografía y me dicen que es ficción. Así que, como soy tan obtuso y ellos tan vivos, que decidan qué es o no es". Lo que un crítico diga ahora no hará mella en Roth. No se molesta en leer reseñas. "Trato de leer tan pocas como puedo. No es muy gratificante, salvo en muy pocos casos, y depende de quién la haya escrito." Novela corta o cuento largo, Indignación contiene material reciclado de libros anteriores. Pero, si bien hay indicios de cierta disminución de sus aptitudes, también hay un nuevo foco de atención: un yo que reconoce la cercanía del fin y otro que mira hacia el comienzo. Además de reflexionar sobre la mortalidad, Indignación habla de la llegada de un joven a la mayoría de edad. ¿No se sintió tentado, pregunto, de escribir una comedia para alejar las frías sombras de la mortalidad? "Me encantaría hacerlo, pero... creo que ya no sé cómo ser cómico."Indignación refuta esta afirmación. Hay un episodio cómico en el centro de la narración en que la novia de Marcus Messner le practica sexo oral. "Lo que quería hacer en este libro," explica, "es pintar costumbres sexuales que han desaparecido a través de este pequeño incidente". Cuando Roth publicó El animal moribundo (2001), le pregunté sobre su siguiente libro y contestó: "Espero que me lleve el resto de la vida. Ya no soporto empezar de cero". Pero la experiencia de la vida real contradice las imaginativas esperanzas del escritor. Acaba de terminar otro libro sobre otro tipo de muerte, un suicidio. Insiste en que este "no tiene valor terapéutico. Sólo me resulta un tema interesante. Quería ver si podía llevar a un personaje hasta el punto en que... Estoy tratando de volver loco a alguien," resume cortante. La cinta se termina. Se acabó el tiempo. Caminamos bajo una cúpula de viejos robles hacia el estudio de Roth. El interior es espartano. Hay dos escritorios –uno para escribir y otro para "los asuntos comerciales"–, una radio y un atril, donde Roth, que tiene problemas de columna, trabaja de pie. Cuando concluye nuestra recorrida, me firma un ejemplar de Indignación y nos despedimos. El hombre viejo y gris camina lentamente bajo los árboles hacia su estudio para su inevitable cita con su mesa de trabajo, un escritor feliz de estar solo con sus muchos yos, agotada toda pasión.

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Las cartas de Beckett

Samuel Beckett. Fuente: revistañ

La editorial Cambridge University Press ha publicado el primer tomo (de tres que vendrán) de la correspondencia de Samuel Beckett. En The New York Times el encargado de dar la noticia ha sido Joseph O’Neill, autor de la exitosa novela Netherland, quien anuncia que el huraño autor irlandés de obras parcas y descreídas como Esperando a Godot se convierte aquí en un corresponsal frágil y amable:

Beckett, in his published output and authorial persona, was rigorously spare and self-effacing. Who knew that in his private writing he would be so humanly forthcoming? We always knew he was brilliant — but this brilliant? Just as the otherworldliness of tennis pros is most starkly revealed in their casual warm-up drills, so these letters, in which intellectual and linguistic winners are struck at will, offer a humbling, thrilling revelation of the difference between Beckett’s game and the one played by the rest of us. (Beckett played tennis, incidentally.)

Por otra parte, O´Neill también cita algunas reflexiones personales del autor sobre su familia, su época (la Segunda Guerra Mundial), la mujer que amó:

Although there are no letters here to his parents — perhaps because Beckett authorized the publication only of letters “having bearing on my work”? — there is no doubt he remained deeply preoccupied by “the fading fact of my family.” He notes: “Lovely walk this morning with Father, who grows old with a very graceful philosophy. Comparing bees & butterflies to elephants & parrots & speaking of indentures with the leveler. Barging through hedges and over the walls with the help of my shoulder, blaspheming and stopping to rest under color of admiring the view. I’ll never have anyone like him.” Several months later, the father dies. The son says, “I can’t write about him, I can only walk the fields and climb the ditches after him.” This bereavement was, no doubt, one of the events that influenced the progressive calming, over the years, of Beckett’s tone. About the possible Nazi invasion, he writes from Paris: “No matter how things go I shall stay on here. . . . All I have to lose is legs, arms, balls etc., and I owe them no particular debt of gratitude as far as I know.” There is little sign, in these ­pages, of sustained attention to political and economic crises. The Great Depression is not mentioned, and Hitler and his cronies figure, briefly, as absurdities; even when he travels in Nazi Germany in 1936-37, Beckett’s focus is on galleries and churches. The future member of the Resistance has yet to show himself. In June 1940, he writes from Paris: “Suzanne seems to want to get away. I don’t. Where would we go, and with what?” Suzanne is Suzanne Deschevaux-­Dumesnil. Here’s how we learn of her: “There is a French girl also whom I am fond of, dispassionately, and who is very good to me. The hand will not be overbid. As we both know that it will come to an end there is no knowing how long it may last.” Beckettists will know, of course, that in due time Suzanne and Sam married, and that the marriage lasted till their deaths.

Pueden encontrar un comentario en español a la nota de NYT en la revista Ñ.

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Agatha tenía Alzheimer

Agatha Christie. Fuente: gibbscadiz

Ahora no solo los psicólogos y terapeutas pueden diagnosticar a los autores por sus obras, sino también los neurocirujanos. Aunque para eso tendrán que apoyarse en investigaciones de informáticos. ¿Y cómo es eso? El caso Agatha Christie, usada como conejilla de Indias por dos investigadores de Toronto, lo explica todo:

El estudio, realizado por Ian Lancashire, profesor del departamento de Inglés, y por Graeme Hirst, profesor del departamento de Ciencias Informáticas, analizó 16 de las novelas que Agatha Christie escribió cuando tenía entre 28 y 82 años.Los investigadores digitalizaron las obras y las dividieron en segmentos de 10.000 palabras cada uno que fueron analizados con los programas informáticos "Concordance" y "Text Analysis Computing Tools". En primer lugar, los autores contaron el número de los diferentes vocablos utilizados en las primeras 50.000 palabras de cada novela. Después contabilizaron el número de diferentes tipos de frases. Y finalmente, la cantidad de repeticiones de las palabras indefinidas "cosa", "nada" y "algo". La conclusión a la que llegaron los autores es que "la riqueza del vocabulario en las novelas de Christie declina con su edad en el momento de la composición". Por ejemplo, las tres novelas que escribió cuando tenía 80 años tienen un vocabulario más reducido que cualquiera de sus obras creadas cuando tenía entre 28 y 63 años de edad.De igual manera, el número de tipos de frase repetidas aumenta con la edad, lo que según los profesores implica "un declive en la riqueza léxica de su escritura" lo mismo que el uso de las palabras vagas. Según Lancashire y Hirst, el análisis sugiere que la repetición de frases y, en particular, el uso de términos indefinidos "son marcadores significantes de una demencia invasiva". Los dos investigadores señalaron que en la actualidad están analizando las obras de otros escritores de los que no se sospechó que padecían demencia en su vejez.


Me pregunto si ese hallazgo puede explicar el misterio de esos once días en que la escritora estuvo desaparecida. ¿Será cierto lo del "estado de fuga"?

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Las cartas de Julio y Carol

Julio Cortázar y Carol Dunlop. Fuente: el país

A manera de backstage de lo que fue la escritura del libro Los autonautas de la cosmopista, escrito a dos manos entre Julio Cortázar y su esposa Carol Dunlop, se ha publicado la correspondencia entre ambos y, además, la de Julio con su amiga serbia Silvia Monrós-Stojakovic, traductora del autor. Como recordarán, el texto se publicó luego de la muerte de Carol y poco tiempo antes de la del propio Julio. En el diario El País aparecen, en pdf, algunas de esas cartas. También se informa:

El volumen, titulado Correspondencia. Julio Cortázar, Carol Dunlop, Silvia Monrós-Stojakovic, reúne nueve cartas y postales del autor de Historias de cronopios y de famas, junto a cinco de Dunlop y otras cinco de Monrós-Stojanovic. En las misivas, fechadas a principios de los años ochenta, se recoge la preocupación de Dunlop después de que a Cortázar la diagnosticaran una leucemia, el dolor del autor por la muerte de su esposa y la emoción ante la escritura de Los autonautas de la cosmopista. [La editorial] Alpha Decay ha querido que las cartas conservaran los problemas idiomáticos que son evidentes -Carol era norteamericana, Silvia es serbia; las cartas de Julio han sido corregidas de sus lapsus calami-; aquí publicamos algunas, que permanecían inéditas. La editorial pondrá a la venta el libro el próximo lunes, 13 de abril.

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Un lugar llamado Oreja de perro en ADN Cultura

Mi libro en Venecia. Foto: Ana Pellicer.

Mi estupenda amiga Ana Pellicer ha tenido un bellísimo y cabalístico gesto con mi novela: después de leerla en un romántico viaje en tren por Italia, la dejó en el borde de Venecia, donde empieza el mar, lejos de los turistas y cerca del puerto. Aprovecho la foto que me envía para agradecer a Felipe Fernández, de ADN Cultura, por la reseña que ha escrito sobre Un lugar llamado Oreja de perro:
(...) El inicio de Un lugar llamado Oreja de Perro (Finalista del Premio Herralde de Novela) parece anunciar un argumento centrado en la violencia política de aquellos años, pero el texto pronto se desvía en otras direcciones. Su autor, el peruano Iván Thays, acomoda al protagonista y narrador de la historia como un punto de fuga en el cual convergen los diferentes episodios que componen la estructura de la obra. Al hombre de prensa le atrae el concepto de la maldad como esencia del ser humano, más que el de la verdad buscada por la comisión encargada de investigar los crímenes cometidos en la zona. También parece obsesionado por el caso de una persona que perdió la memoria y la posibilidad de considerar la amnesia como una liberación. Sin embargo, estos temas quedan a la deriva y no reciben un desarrollo concreto. Dos hechos han sacudido el mundo afectivo del periodista y configuran su estado mental cuando llega a Oreja de Perro: la muerte de Paulo, su hijo de cuatro años, y una crisis en su matrimonio que sugiere una ruptura definitiva. Hay una larguísima carta de su esposa Mónica que debe contestar, en la cual supuestamente le dice por qué lo ha abandonado. (...) Thays cuenta las cosas con solvencia. La primera persona le da aire y libertad de movimiento para discurrir a tientas, sin ajustarse a una orientación precisa. El uso reiterado del punto y aparte ordena las oraciones en flujos espaciados, como si quisiera remarcarse que la aparente falta de trabazón en la trama intenta reflejar la pausada indiferencia en las reflexiones del protagonista (al que por alguna razón no se le da un nombre). Las intervenciones de Scamarone, el bufonesco fotógrafo que lo acompaña, funcionan como un medido contrapunto cómico. La escritura gana solidez y la visión se vuelve más nítida en los fragmentos dedicados a la evocación de la muerte de Paulo. Mediante un tono sencillo y despojado se logra transmitir la inmensidad de una pérdida que no requiere de estridencias sentimentales. El mismo recurso ennoblece los meritorios pasajes en los cuales Jazmín relata sus vanos intentos por localizar y rescatar a su madre, detenida por las fuerzas de seguridad. Los capítulos destinados a construir el personaje de Mónica, en cambio, no alcanzan la misma eficacia literaria. La novela transcurre en un par de días. El regreso del periodista a Lima deja varios enigmas pendientes y un final, tal vez demasiado abierto, que el lector debe cerrar con su propia imaginación.

La nota completa pueden leerla en la sección de notas.

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Le Carré entrevistado

4.06.2009
John Le Carré en sus estudio. Fuente: Carles Ribas/ elpaís

La lucha de un hombre por permanecer moral en un mundo amoral. Para Guillermo Altares, autor de una nota sobre el escritor en Babelia, es el principio alrededor del cual gira la obra y vida de John Le Carre. Altares va hacia la residencia de Le Carre en Tregiffian (al suroeste de Inglaterra) donde entrevista a uno de los escritores más vendedores del mundo, el auténtico ícono en las novelas de espías, quien acaba de publicar su última novela hasta el momento: El hombre más buscado (Plaza & Janes), espionaje después del 11-S. Les dejo algunas preguntas de la extensa entrevista:

La inmensa avaricia de las grandes corporaciones y de los bancos ha sido uno de los temas centrales de sus últimos libros, incluido El hombre más buscado. ¿Ha sido ésa la causa de la crisis que padecemos?
Es un sistema imposible de mantener... Hay grandes corporaciones cuyos presupuestos son superiores a los de algunos países, y tienen una influencia enorme. Una parte de la globalización consistía en dar a la industria y al comercio un gran poder. La idea era que podría haber un crecimiento ilimitado en un mundo ilimitado y que eso sería sostenible desde el punto de vista ecológico y financiero. Traería lo que mucha gente creía que era prosperidad y felicidad. Allí donde he viajado del mundo en desarrollo, he visto que los efectos de la globalización no eran precisamente ni la felicidad ni la prosperidad universal.

Pero supongo que nunca intuyó que contemplaría el final del sistema bancario tal y como lo conocemos.
Es casi como un movimiento popular. Y es tan drástico y tan irreversible como la caída del muro de Berlín. No paro de decirles a mis nietos que tienen mucha suerte de estar vivos en un momento como éste. Creo que es mucho más que la revisión de la historia económica. Esto es radical y revolucionario. Y es muy posible que los resultados sean positivos. En los últimos años, he tratado de escribir sobre cuáles fueron las disciplinas que han reemplazado a las que nos fueron impuestas durante la guerra contra el comunismo. Hubo un vacío, necesitábamos un nuevo enemigo, lo encontramos en el islam, necesitábamos una nueva excusa. Puede ser que estemos ante un momento revisionista, no creo que todos nos convirtamos en socialistas de la noche a la mañana, pero sí que se inventará una nueva forma de respeto mutuo.

La guerra fría estuvo marcada por la paranoia, pero el mundo posterior al 11-S también. ¿Qué periodo es peor?
Eso es lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos. Ha vuelto, nos hemos vuelto a encarcelar a nosotros mismos. Es como si tuviésemos que alimentar un apetito, una adicción a la paranoia. Hemos olvidado que durante la guerra fría éramos constantemente conscientes de la amenaza nuclear, pasamos por crisis como el muro de Berlín o los misiles en Cuba, y siempre pensamos que estábamos a un paso de la destrucción nuclear. No sé si tenemos más miedo ahora o entonces, porque ahora nos dicen que tengamos miedo.

¿Y otro fantasma de la guerra fría no cree que es el poder que está alcanzando el antiguo KGB en Rusia?
No podemos pensar que por un lado está el Kremlin, por otro el nuevo KGB, por otro el crimen y por otro los oligarcas. Todo forma parte de la misma pieza. Sería imposible distinguir el crimen de la riqueza soviética, a los oligarcas de la Mafia. Tenemos que ver a Putin como el oligarca en jefe y como alguien que quiere acumular tanta riqueza y poder como sea posible para controlar Rusia desde cualquier posición, ése es el punto de partida en el que está. Creo que acumula poder para el futuro. Y cuando elimina a oligarcas como Jodorkovski, son realmente guerras entre facciones del poder.

¿Está usted trabajando ahora en algo relacionado con los oligarcas?
Bueno, interpretan un papel. Estoy escribiendo una novela y aparecen en un rincón.

Creo que si hay un gran tema en sus 21 libros, es que relatan la historia de hombres morales que tratan de sobrevivir en un mundo inmoral. ¿Está de acuerdo?
Sí, es así, y además tiene que ver con lo que estoy escribiendo ahora mismo. No es suficiente, además hay que organizar una trama; pero creo que es el momento en que los lectores se identifican con la historia porque la mayoría de la gente quiere tomar el camino decente. Y el problema es cómo tomar la opción decente en una situación compleja. Naturalmente, el patriotismo y la idea del patriotismo son muy cuestionables para cualquier persona porque están muy cerca del racismo. La opción decente es algo que también marca mi propia vida. En primera instancia sobre qué hacer con mi padre cuando me di cuenta de que era un estafador. ¿Qué hacía? ¿Avisar a la gente de que no tratase con él? Mi solución fue escapar a Suiza a los 16 años. Y luego entré muy rápidamente en la experiencia de la guerra fría. Me empezaron a decir desde muy joven: "Éste es un trabajo sucio, David, pero alguien tiene que hacerlo, y porque hacemos el trabajo sucio somos héroes". Ésa es otra asunción muy peligrosa. Detesto que midamos la fuerza de un país por la fuerza de sus servicios secretos, es totalmente antidemocrático.

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Una novela total siria

Rafik Schami. Fuente: pagina12

Un coctel que mezcla en sus clavadas 800 páginas Las 1001 noches, el Macondo de Cien años de soledad e incluso Romeo y Julieta escrita por el más conocido escritor sirio: Rafik Schami. De eso se trata la extensa El lado oscuro del amor, editada en España por Salamandra y reseñada por Martín Pérez para "Radar Libros". El retorno de la novela total en manos de un sirio:

Si bien su primer éxito como escritor fue con una serie de cuentos infantiles, Schami también inició su carrera compilando la obra de exiliados como él. Y basculando entre estas dos vertientes –la sencillez de la literatura juvenil y la didáctica del relato del universo del exiliado para la cultura que lo acoge– es que se ubican sus mejores trabajos, entre los que un volumen como el que se acaba de editar en castellano –que supo ser la estrella de la feria de Frankfurt, dedicada a la cultura de Oriente, en 2004– se destaca largamente. No sólo por sus ambiciones sino también por la forma en que las alcanza, sin abandonar ninguna convicción por el camino. “No soy partidario de lo que suele llamarse novela política, pero no se puede contar una historia ambientada en uno de los peores regímenes despóticos de Oriente como si no hubiese secuestros, guerras ni campos de prisioneros”, escribe el autor. “Yo quería hablar del amor en condiciones extremas, y la política y la historia me sirven de requisitos y trasfondo de una novela sobre el amor prohibido en condiciones damascenas.” Novela de amor a Damasco, como se dijo, y narrada en breves capítulos que van construyendo un fresco enorme en base a una cotidianidad que es reconocible y al mismo tiempo terriblemente ajena para el lector occidental, El lado oscuro del amor es una fascinante revelación, un trabajo que recuerda las 1001 noches y Macondo, pero en el que todas sus leyendas se sostienen por un contundente ascetismo narrativo, que se celebra aun en los momentos más lineales, donde la historia de amor comienza a delinearse demasiado claramente. Y que se disfruta en muchos niveles, empezando por el relato oral, ese que pide siempre una noche más para seguir disfrutándolo. Tal vez por eso sea que, al llegar al final de sus 800 páginas, el lector esté tentado de repasar el comienzo. Que es el mejor elogio que se le puede llegar a hacer a un libro semejante.

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El boom literario mexicano

Pabellón mexicano. Fuente: revistañ

La revista Ñ ha publicado un reportaje sobre el éxito en Europa de la literatura mexicana última, cuyo síntoma más notable es la presencia en el Salón del Libro de París en marzo pasado. Además, las editoriales españolas (en especial Anagrama y Mondadori, acotan) publican a autores mexicanos, como paso previo a que lleguen a toda América Latina. El reportaje tiene varios ítems. Por ejemplo, el denominado "efecto patera":

Por todo ello, aterrizamos en el DF, en busca de explicaciones al fenómeno. Este es el país con más hispanohablantes del mundo, 107 millones, pero dicen que "cuenta con más escritores que lectores". En efecto, su red de librerías deja mucho que desear - no así las de segunda mano, que se extienden exuberantes a lo largo de la calle Donceles-y se calcula que el 25% de las ventas de libros corresponden a ediciones pirata, una sangría para la industria editorial local. "Hay imprentas en el desierto, controladas por las mafias, que trabajan casi exclusivamente copiando libros", nos denuncia un editor. Otro dato desalentador es el progresivo cierre de suplementos y revistas literarios. En ese escenario - que contrasta con la gran creatividad de sus autores-es en el que han irrumpido las editoriales españolas, que ofrecen a los autores un caramelo: la posibilidad de ser publicados a la vez en varios países. El escritor Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976) lo llama efecto patera: "La industria editorial española se comió a la mexicana, y nos volvimos todos braceros literarios". Ándale.

Otro ítem es el llamado "Adiós, crack":

En una cosa coinciden todos: el crack ha muerto. En 1996, un grupo de escritores jóvenes se autocalificaba de modo semejante y suscribía un manifiesto, bajo el padrinazgo de Carlos Fuentes. Hoy, nada queda de aquello, según admite el propio Pedro ÁngelPalou (Puebla, 1966), uno de sus miembros - junto a Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz y Ricardo Chávez-Castañeda-:"Nuestras novelas de entonces eran milenaristas, creíamos en el libro total, pero hoy las trayectorias de todos nosotros son anticrack. Eso es lo que sucede cuando firmas un manifiesto siendo tan joven", apunta con ironía.

Y finalmente, no quiero pasar por alto el llamado "Laboratorio Bellatin":

Muchos nos hablan de la influencia que Mario Bellatin (DF, 1960), director de la Escuela Dinámica de Escritores, ha tenido en ellos. Acaba de publicar El Gran Vidrio (Anagrama), tres insólitas historias montadas a base de "escenas que pudieran conformar una autobiografía fantasmal". Bellatin ve las formas narrativas tradicionales como "cáscaras sin contenido" y ha animado a muchos a experimentar. El primer relato de su libro está escrito como una lista, con cada frase numerada. Así, afirma, "si se hace la combinación entre ellos se puede conformar una serie de libros diferentes, cuyo número es imposible de determinar". Especialmente logrado es el segundo relato, con un narrador sufí, pues "la ironía, lo lúdico, el humor, lo aparentemente inocente son parte fundamental del sufismo". "Sólo de ese modo se puede conseguir la sensación de estar viviendo en el paraíso aquí y ahora. Yo hasta tengo un nombre musulmán...".

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Gabo no se jubila

Gabriel García Márquez. Fuente: reuters

"No hago otra cosa que escribir" ha respondido Gabo a la Barcells, la agente literaria jubilada que lo quiere jubilar antes de tiempo. Insisto: queremos la segunda parte de las memorias. La parte del éxito. Nada de viejos que quieren hacer el amor con vírgenes a los 90 años pasados. Queremos el cinema verité. Esto leí en El País hoy:

Gabriel García Márquez ha asegurado que no ha dejado ni dejará de escribir, acallando las informaciones que en los últimos días daban a entender que el Nobel colombiano no volvería a publicar. "No sólo no es cierto, sino que lo único cierto es que no hago otra cosa que escribir", ha contestado un tajante García Márquez, de 82 años, al diario El Tiempo. El periódico colombiano publicó el domingo las respuestas a las únicas dos preguntas que aceptó contestar el escritor. Y es que la versión de que el creador del realismo mágico no volvería a escribir había surgido a raíz de una declaración de su conocida agente literaria, Carmen Balcells, al diario chileno La Tercera. (...) el escritor colombiano ni siquiera ha descartado la publicación de nuevas obras literarias. "Mi oficio no es publicar, sino escribir. Yo sabré cuándo estén a punto de boca los pasteles que estoy horneando", ha dicho.

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El primer J.P.Donleavy

4.02.2009
J.P. Donleavy. Fuente: nytimes

La primera novela del escritor norteamericano J.P.Donleavy, El hombre de mazapán, editada en 1955 y acusada en su momento como "obscena", ha sido publicada en España por Edhasa. Rodrigo Fresán pesca al vuelo la novela y nos la recomienda de la mejor manera: vinculándola con sus referentes inmediatos. Y vaya si consigue convencernos de que hay que leer esta novela de inmediato. ¿Recuerdan a ese personaje de Postales de Invierno, de Ann Beatie, que dice que el novio de su hermana lo molesta porque "habla como un personaje de JP Donleavy"? Pues luego de leer esta reseña creo que se refería a Sebastian Balfe Dangerfield.

James Patrick Donleavy (Nueva York, 1926) declaró alguna vez que su credo artístico pasaba por «conseguir que tu padre y tu madre mueran de vergüenza». Es más que posible que lo haya logrado con la publicación, en 1955, de El hombre de mazapán, su hoy legendaria primera novela. Pero también es seguro que, casi enseguida, su padres resucitaron orgullosos. Porque El hombre de mazapán -rechazada en principio por más de treinta atemorizadas editoriales, prohibida por obscena durante dos décadas en Irlanda y que lleva vendidos más de 45.000.000 de ejemplares en todas las lenguas del planeta- está hoy considerada como una de las cien más importantes del siglo XX, supo ganarse la admiración de firmas tan dispares como las de Dorothy Parker y V. S. Naipaul y Hunter S. Thompson y John Banville, y continúa siendo alcohólica fuente de inspiración y manual de instrucciones para aprendices de monstruos en el mundo entero. Y todo gracias a la figura arquetípica y paradigmática de Sebastian Balfe Dangerfield: norteamericano felizmente extraviado en Dublín, borracho inflamable, sátiro rampante, deudor inalcanzable, pésimo estudiante de Derecho en el Trinity College, apaleador de sufrida esposa y castigador de amantes surtidas, padre infantil en su irresponsabilidad, enemigo jurado de todo adorador del Papa pero «amigo de Jesús», utopista apocalíptico y -en resumen- un miserable que vale por varios (...) Hijo directo y dilecto de Leopold Bloom y antecedente de animales salvajes como el John Yossarian de Heller, el Kilgore Trout de Vonnegut, el Ignatius Reilly de Toole y el Mickey Sabbath de Philip Roth, Dangerfield es uno de esos impresentables que nos encanta que nos presenten siempre y cuando estén bien contenidos por las tapas de un libro. Y Dangerfield -personaje que el volátil Johnny Depp quiere llevar al cine desde hace años- no sólo ha sido la inspiración para toda una cadena de pubs llamada The Ginger Man sino que, además, fue motivo de una larga batalla legal que Donleavy narró en su admirable memoir de 1994 titulada La historia de El hombre de mazapán: La dramática narración detrás de un clásico contemporáneo a cargo del hombre que la escribió y luchó por su vida. Allí nos enteramos de que Maurice Girodias -dueño de la editorial francesa Olympia Press, donde se publicaron por primera vez Lolita, de Nabokov; Plexus, de Henry Miller; El almuerzo desnudo, de William Burroughs, o Molloy, de Samuel Beckett- conoció la ira dangerfieldiana de Donleavy cuando incluyó, luego de pagar apenas 250 libras por sus derechos, a El hombre de mazapán dentro de su colección de literatura pornográfica. Donleavy demandó, luchó veinte años en los tribunales, ganó y -«no soy alguien que se tome la venganza a la ligera»- acabó quedándose con la editorial.

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Las adaptaciones según Rushdie

Dublineses, de John Houston, una buena adaptación según Rushdie. Fuente: pablocine

El muy mencionado y citado artículo de Salman Rushdie sobre las adaptaciones literarias al cine, que fue colocado en su momento en Moleskine Literario y que ha sido removido de la columna en The Guardian donde fue publicado porque terminaron su derechos, ha sido traducido en gran parte y publicado en el ABCD las letras. Pueden leerlo en este enlace. Dejo aquí el párrafo dedicado no a las malas adaptaciones, que abundan, sino a las buenas:

(...) la adaptación puede ser una fuerza creativa, además de destructiva. Cuando Rod Stewart canta Downtown Train casi iguala a Tom Waits, y cuando Joe Cocker canta With a Little Help from My Friends logra la rara proeza de cantar una canción de los Beatles mejor que los propios Beatles, lo cual resulta menos impresionante cuando se recuerda que el cantante original era Ringo Starr. Actualmente estoy dando un curso en el que se subrayan algunos de los casos en que libros excelentes se han adaptado para crear películas excelentes -La edad de la inocencia, de Edith Wharton, se transformó en La edad de la inocencia, de Martin Scorsese; el retrato de Giuseppe di Lampedusa de la Sicilia de 1860, El Gatopardo, se convirtió en la mejor película de Luchino Visconti; Sangre sabia, de Flannery O´Connor, se transformó en una maravillosa película de John Huston; y con su película Grandes esperanzas, Lean produjo un clásico que puede compararse con la novela de Dickens sin resultar inferior a ella en absoluto, una película que permite al menos a este aficionado al cine perdonarle sus posteriores meteduras de pata con Pasaje a la India. Hay muchos otros ejemplos de adaptaciones buenas. Hoy en día, poca gente lee la obra maestra francopolaca del siglo XIX de Jan Potocki Manuscrito encontrado en Zaragoza, pero les animo a descubrirla por su alegría y excentricidad, por su surrealista, sobrenatural, gótico y picaresco mundo de gitanos, ladrones, alucinaciones, inquisiciones y un par de hermanas increíblemente bellas que, por desgracia para los hombres a los que seducen, son sólo fantasmas. Sus cualidades fueron captadas a la perfección por el director de cine polaco Wojciech Has en su película de 1965 El manuscrito encontrado en Zaragoza, que deberían ponerse a buscar ya mismo. La película de 1955 de Satyajit Ray La canción del camino no sólo igualaba, sino que superaba, el clásico bengalí de 1929 escrito por Bibhutibhushan Bandhopadyahya, en el que está basada. Huston parece haber sido un adaptador de buena literatura especialmente dotado, y su película Dublineses, basada en Los muertos, de Joyce (tal vez la mejor novela corta escrita en lengua inglesa), da vida al relato de forma vívida y apasionada; aunque justo al final, cuando la cámara enfoca el exterior a través de una ventana para observar la nieve que cae y las famosas palabras de Joyce se apoderan de las imágenes de Huston, hablando de la nieve que caía levemente atravesando el universo y que caía levemente también, como el descenso de su final postrero, sobre todos los vivos y los muertos, recordamos cuál es la diferencia entre la excelencia y la genialidad. Dublineses es una película excelente, pero las últimas frases de la historia de Joyce la superan sin esfuerzo.

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Mayra Santos Febres: universal y privada

Mayra Santos Febres presentando su libro de cuentos para niños con sus dos inspiraciones: Ernesto (hijo de su carnal Melanie Pérez Ortiz) y el travieso Lucien, que está enorme. Foto: mayrasantosblog

He tenido la suerte de leer en versión pdf Fe en Disfraz, la nueva novela de Mayra Santos Febres. Hace poco estuvo en Puerto Rico Edmundo Paz Soldán para presentar la novela, lo que no pudo ser porque la editorial Alfaguara no tuvo los ejemplares a tiempo. Espero que el impase se haya solucionado porque estamos hablando, ni más ni menos, que de la mejor novela de Mayra y eso no es poco decir para quienes conocemos sus extraordinarios libros. Ya Edmundo adelantó algo sobre Fe en Disfraz en su blog, al decir sobre ella: "(...) nos descubrirá a una Mayra capaz de dialogar con un texto clásico (Aura) para su concepción del tiempo, y que ha logrado una novela que es a la vez histórica y contemporánea. No es poco. Si a eso le añadimos una visión fascinante del encuentro sexual como un combate violento, con un erotismo no exento ni de masoquismo ni de sadismo, la mesa está servida". Por lo pronto, podemos leer a Mayra en el suplemento "Babelia" un lúcido artículo -con la misma calidad con la que esta mujer increíble escribe libros, compone salsas, cría a sus hijos, enseña sus clases, quiere a sus amigos y hasta baila bomba, caray- sobre la universalidad en la literatura latinoamericana. Dice:

Para nosotros, los que vivimos de este otro lado del Atlántico, ser universal implica haber leído y hasta saberse de memoria toda la literatura clásica (que no está mal), a Dante y a Boccaccio, a Cervantes y Goethe, a Thomas Mann, Sándor Márai y a la generación del 27, más toda la literatura de Latinoamérica. Y, si para colmo, resultas ser negra o mujer como yo, lo universal se vuelve complejísimo. Aparecen cánones alternos de lecturas obligadas: el feminista que encabezan Virginia Woolf y la Beauvoir, el afrodiaspórico, con Wole Soyinka, Ben Oki, Toni Morrison y Tzitsi Dangarema, pasando por Coetzee, Nadine Gordimer. El laberinto, biblioteca de Babel, se hace infinito. Uno ya va sospechándose que no está siendo del todo "universal", que lo "universal" era otra cosa. Que ya está empezando a ser "global". Como dijera Borges en el 1932, en El escritor argentino y la tradición, los escritores latinoamericanos, al ser marginales, recombinamos la tradición. Lo hacemos tensamente, inseguramente, con otra perspectiva. Y eso que Borges no era caribeño. A fin de cuentas, él nació en Suiza. Se sentía más o menos heredero de la tradición occidental. Lo ayudaba su género y su color de piel. Sin embargo, para muchos escritores iberoamericanos de estos últimos siglos, acceder a esta cultura implica esperar entrada desde otras coordinadas sociales y en medio de discusiones sobre el derrumbe de lo universal y del canon. Cierto es lo que afirma Carlos Fuentes, se han derrumbado los metarrelatos; en su lugar han aparecido los "multirrelatos". Vivimos un hermoso y babélico momento de transición cultural. Caos, sí, estridencias, cierto, pero también aperturas y esperanzas. Habrá que ver cómo logramos ponerle concierto a nuestras actuales y muy globales diversidades. Quizás estamos más cerca de lo universal que nunca antes en la historia.

Esa es mi Mayra, universal y privada para quienes la adoramos.¡Equahey!

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Caicedo en el Bafici

Andrés Caicedo. Fuente: radarlibros

"¿Cómo alguien que acaba de comprar una heladera se suicida?" se preguntó ayer Luis Ospina en el Bafici, donde junto a Alberto Fuguet habló ayer en una mesa redonda sobre Andrés Caicedo. Albero Fuguet se encuentra promocionando el libro Mi cuerpo es una celda que le dedicó al escritor caleño (y que yo reseñé hace unos meses en este blog). El suicidio fue uno de los temas tocados:

Para Fuguet que enseguida recogió el guante da para pensar que "se le fue la mano" con los 60 seconales (el mismo final que eligieron, entre otros, Charles Boyer, Marilyn Monroe, Judy Garland y Alejandra Pizarnik) justo después de recomendar por carta, tal como aparece en el libro, que hiciera una crítica justa (buena) de Taxi Driver, del genial Scorsese, un película, que a priori es más inspiradora que depresiva. "Él sabía perfectamente que matarse iba colaborar a su mito y efectivamente lo logró. Si bien no era una estrella sí salió en un diario 'se suicidó un crítico de cine caleño'. El suicidio es parte de su obra, por eso iba dejando notas y así como a Luis Ospina le tocó recoger parte de su legado ahora me tocó a mí", insistía minutos antes Fuguet para justificar porqué hizo su "own private Caicedo". "Yo también quería saber por qué se mató, pero también sentía que Caicedo tenía que llegar a más gente, salir de su país, donde sólo era considerado como un rockero. Yo sentí que tenía que cumplir ese rol y a la larga es por agradecimiento, porque él contribuyó a hacer este mundo más fácil", se emociona un ahora emocionante autor de Sobredosis.

Por otra parte, también la moda Caicedo fue comentada en la mesa:

"A mí también me molesta esté de moda, pero yo lo había leído antes", se ufana Fuguet. "Es una etapa, y este tipo se merece la oportunidad de acceder a nuevos lectores. Esto -un documental, una conferencia y una charla casual sobre el autor- era impensable hasta hace poco tiempo incluso en Bogotá. Hace cinco años era un fenómeno exclusivo de Cali", se calma Fuguet (...) De una forma u otra la sala y el auditorio del Espacio Bafici estaba colmado de jóvenes que reafirmaban el mito de la iglesia caicedeana. No había tantos, como por ahí se dijo, lookeados como el rey muerto, como los que asquearon a Fuguet cuando los vio drogándose y añorándolo, besando su lápida en el cementero caleño donde Caicedo descansa. "Caicedo era joven y estaba embobado con los jóvenes. Era un chico de 24 años, un autor en proceso. Por eso creo que ¡Que viva la música! es más que nada para jóvenes, pero Mi cuerpo es una celda tiene la capacidad de alterarte tengas la edad que tengas", promete. (...) Entre el mito, el personaje, la pose cool y desafiante tomándose "el paquete", queda nada más que su prosa vertiginosa, apurada y abrupta, como sus textos. Queda también la última y celebratoria reflexión de Fuguet: "Que se presente un libro de él en el Bafici significa que Caicedo logró lo que siempre quiso lograr".

A propósito, en Radar Libro aparece el epílogo al libro de Norma dedicado por Fuguet a Caicedo. Es de lo mejor del libro, no pueden perdérselo.

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Carver sin Lish en español

Raymond Carver. Fuente: revistañ

Ahora, me quedo en una posición difícil: ¿leeré este libro o no? La verdad es que no lo sé. ¿Realmente me interesa leer a Raymond Carver sin los cortes del Captain Fiction Gordon Lish? No, no me interesa. Es un abuso de su viuda la publicación de este libro sin los cortes. Carver es más que Gordon Lish, mucho más, pero sin él no hubiera podido ser Carver. Eso está claro. Pero por otra parte, ¿no será un aprendizaje fabuloso saber qué cortó Lish, dónde se equivocó Carver? Sí, de todas maneras es interesante y puede servirme como escritor y como profesor de talleres literarios. Entonces ¿leer o no leer? Anagrama ha anunciado que en el 2010 publicará la edición sin cortes de los primeros cuentos de Raymond Carver editada (con enorme escandalo) por la viuda del narrador norteamericano el año pasado.

Tras la muerte de Carver, su viuda, Tess Gallagher, quiso recuperar los textos originales. Knopf se negó: los relatos tenían que ser publicados sólo en el formato en que aparecieron. Tess Gallagher contrató al agente Andrew Wylie y este negoció un acuerdo con Library of America, una editorial sin afán de lucro. The New Yorker publicó toda la historia y distintas editoriales europeas se prestaron a publicar The beginners tal como los escribió Carver. La noticia del caso ha generado un amplio debate en Norteamérica y Europa sobre si la invención del minimalismo fue o no una fabricación de laboratorio editorial. Hay quien prefiere la edición de Lish. Uno de los ejemplos más llamativos es Dile a las mujeres que nos vamos, uno de los cuentos que Robert Altman adaptó para su filme Shortcuts. Una reunión familiar, de amigos normales, un domingo cualquiera, en torno a un típico almuerzo de domingo. Después de comer, los dos amigos de infancia, Bill y Jerry, dejan sus familias y dan una vuelta en coche. Ven a dos chicas que van en bicicleta y tontean con ellas. Las siguen. Bill se detiene para fumar un cigarrillo. Y acaba el cuento. Apenas unas cuatro líneas: "No entendió nunca lo que quería Jerry. Pero todo empezó y terminó con una piedra. Jerry usó la misma piedra con las dos muchachas, primero sobre la que se llamaba Sharon y luego sobre la que debería ser de Bill". Laconismo letal, mortífero, glacial, técnicamente perfecto. ¿Cómo era la versión original? Ni más ni menos que seis folios más. Carver daba a Jerry un pasado violento y en la escena final detallaba cómo se acercaba a las chicas, las perseguía, violaba a una de ellas, se iba, regresaba por la otra y describía cómo la asesinaba cruelmente. La mayoría de lectores prefiere la versión lacónica, pero también hay defensores -Baricco- del Carver compasivo con el dolor, sentimental, que sabe ver el revés del mal y pone humanidad a seres que viven en la devastación moral.

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Consejo literario de Javier Marías

Javier Marías. Fuente: elmundo.es

Javier Marías es de los que le tienen miedo a los aviones. Eso explica que haya viajado tan poco distancias largas, como a EEUU y a América Latina. Sin embargo, este año venció su temor para participar de le Cátedra Donoso en Santiago de Chile, y ya que estaba por ahí decidió darse una vueltecita por Buenos Aires. Desde la casa de Alfaguara, su sello, comentó lo que podría ser un consejo literario. Como Marías no es muy dado a dar esos consejos, hay que aprovecharlo. Esto es lo que recogió Silvina Freira:

Premiado en 1979 por su traducción de Tristam Shandy, de Laurence Sterne, Marías confesó que nunca fue un traductor profesional sino más bien ocasional. “Traducir es el mejor ejercicio para cualquiera que quiere escribir. Si yo tuviera, ¡Dios me libre!, una escuela o taller literario de los que ahora abundan, como no creo que se pueda enseñar más que por la vía negativa a escribir, ‘no haga usted esto, no escriba usted así’, pero de modo alguno puede hacerse de manera positiva, les diría traduzcan, traduzcan, traduzcan. Es el mejor ejercicio posible, la mejor manera de afinar el instrumento con el que uno va a trabajar”, señaló. “El traductor no solamente es un lector privilegiado, sino que es también un escritor privilegiado que tiene que volver a escribir el texto original, que es móvil per se porque nunca hay una versión unívoca. Si uno llega a reescribir un texto de Conrad, de Faulkner o Nabokov, tiene mucho ganado. No da talento ni inventiva, pero ponerse a la altura de un gran autor y salir más o menos airoso en la reescritura en otra lengua es un trabajo extraordinario para cualquier escritor.” Su tarea de traductor ha influido en su modo de escribir. “Todo escritor desearía disponer de un texto original a partir del cual trabajar porque tendría resuelta la parte de invención y ese pánico que se tiene a la ‘página en blanco’. Algunos escritores tienen un texto original en su cabeza, como Vargas Llosa o Pérez-Reverte, un amigo que me consta que trabaja de una manera totalmente diferente a la mía. El tiene pensada la novela entera y le interesa más la preparación y documentación que la tarea misma de escribirla. En mi caso, trabajo página a página hasta conseguir la mejor versión."

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Rushdie en Barcelona

Salman Rushdie. Fuente: abc

Salman Rushdie ha estado de BookTour por España presentando su última novela, publicada por Mondadori, La encantadora de Florencia. Después de una novela política como Shalimar, el payaso, ahora regresa al territorio de la fantasía y la fábula. Un hombre no es el mismo cuando está casado con la mujer que ama que cuando ha sido abandonado por esta, obviamente. ¡Ay, mi Salman! ¡Ay, Padma! Ayer se presentó en Barcelona y fue entrevistado para el diario ABC. Aquí algunas preguntas:

-«La encantadora de Florencia» plantea un cambio de dirección, una ruptura respecto a su anterior novela, «Shalimar, el payaso».
-Con «Shalimar, el payaso» me encontré escribiendo sobre una actualidad demasiado cercana, así que sentía que tenía que hacer todo lo contrario. Y desde que empecé a estudiar siempre me han fascinado los siglos XVI y XVII, en parte porque la literatura de ese periodo es increíblemente rica.

Ha dicho que últimamente se siente «menos político» que antes. ¿Sería esto la causa o la consecuencia de un libro como «La encantadora de Florencia»?
-Creo que más bien la causa. Aun así, el corazón de este libro es una contemplación de la naturaleza del poder, así que sí que aparece la política. Pero lo que creo que me estaba ocurriendo es que había mucho ruido a mi alrededor y mucha gente pensando sobre mí como si fuera un escritor de no ficción. La gente me empezaba a ver como a un comentarista político, no como a un artista imaginativo. Así que sentía la necesidad de volver a este tipo de trabajo, a hacer ficción. Supongo que un libro como este es una manera de huir de la época contemporánea, pero encuentro más agradable estar en un paisaje como el de «La encantadora de Florencia» que en los Estados Unidos de George W. Bush.

(...) también le ha permitido reivindicar la figura de Maquiavelo.
-Siempre había querido escribir sobre Maquiavelo, porque creo que la historia le ha tratado de una manera injusta. Cuando estudiaba en Cambridge vi «La Mandrágora», que era tremendamente ligera y divertida, y lo primero que pensé fue: «¿Maquiavelo escribió esto?». Y, cuanto más leía sobre él, más descubría lo poco que tenía que ver la imagen que nos ha llegado de él con la realidad. Y eso es algo sobre lo que yo sé un poco, ya que yo no soy como la persona que se han inventado sobre mí, así que quizá dentro de cien años alguien haga por mí lo que yo he hecho por Maquiavelo.

-Una de las constantes en toda su obra y eje central de «La encantadora de Florencia» es la división entre Oriente y Occidente. ¿Cómo ha cambiado su idea sobre el tema en los últimos años?
-Después de los atentados del 11-S, todo el mundo se fija en este tema, en el contraste de culturas. Toda mi vida he celebrado esta mezcla de culturas y lo he visto como algo enriquecedor, pero ahora hay mucha gente a la que le atemoriza y, si quieres ser honesto como escritor, no puedes obviar eso. Así que lo que ha cambiado no ha sido mi idea, sino el mundo.

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Gabo ¿escribe o no?

Gabriel García Márquez. Fuente: revistañ

Enormísimo revuelo causó la jubilada agente literaria Carmen Balcells en Chile al declarar que Gabriel García Márquez ya no escribirá más. Han salido amigos a decir que sí, en efecto, eso no volverá a suceder. Otros diciendo que es solo una adivinanza. Y más declarando que dejen tranquilo al hombre. Sí, pues, déjenlo tranquilo. Ya el hombre escribió todo lo que tenía que escribir (aunque me quedaré con ganas de la segunda parte de sus memorias). No hay que insistir. No vaya a ser que de tanta insistencia nos endilgue otro libro como Memorias de mis putas tristes y eso sí sería lamentable, muy lamentable.

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Gogol, 200 años

Nikolai Gogol. Fuente: Sciammarela/ el país

Ayer se celebraron 200 años del natalicio de Nikolai Gogol, ese extraño pero genial escritor ruso que tanto admiraba Vladímir Nabokov. Sin embargo, la celebración se ha teñido de un hecho casi gogoliano: las peleas entre Ucrania y Rusia por apoderarse de la imagen del autor de Almas muertas. Así lo comentan en El País:

En plena búsqueda de una identidad propia al margen del gigante eslavo vecino, Ucrania trata de apoderarse de la figura del autor de Las almas muertas, El inspector y Tarás Bulba y de agregarla a su galería de iconos nacionales. Mientras, Moscú se esfuerza por mantener el monopolio sobre el escritor. En Moscú se ha inaugurado el primer museo dedicado al autor y también una exposición sobre su persona y su época en el Museo Histórico. En Kiev se han presentado las obras completas, en ruso y en su traducción al ucranio y precisamente la traducción de la novela Tarás Bulba ha irritado a comentaristas y políticos rusos, que ven en el texto ucranio un intento consciente de deformar la obra de Gógol para adaptarla a las realidades geo-políticas actuales. La acción de Tarás Bulba, cuyo protagonista es un cosaco del mismo nombre, ocurre en el siglo XVI en tierras ucranias entonces rusas y que estaban parcialmente ocupadas por los polacos. La traducción al ucranio de aquella novela elimina de forma sistemática las alusiones a "Rusia" y a la "patria rusa" y las sustituye por términos como "nuestra tierra", "la tierra de los cosacos" o "Ucrania". El malestar por estas licencias se ha reflejado incluso en la Duma Estatal de Rusia, donde el pasado viernes el diputado Konstantín Zatúlin, vicejefe del comité dedicado a los Estados pos-soviéticos, habló incluso de "actividades subversivas" contra Gógol y su obra. Por unanimidad, la Duma adoptó una disposición en la que subraya el carácter ruso de Gógol y, recurriendo a la cita de un contemporáneo del escritor, afirmó que para los autores rusos, checos, ucranios y serbios, la "lengua de Pushkin" (el ruso) debe ser "como el Evangelio para todos los cristianos". En Ucrania, el ministro del Interior, Yuri Lutsenko, ha dicho que considera a Gógol como un "gran escritor", pero no como un "gran ucranio" porque representaba a los ucranios como provincianos interesados sólo por "comer tocino y el compadreo". Por su parte, el vicejefe del Parlamento, Nikolái Tomenko, calificó de "banal" el programa de acontecimientos oficiales dedicado al nacimiento del escritor y subraya que Gógol contribuyó a formar una imagen romántica de Ucrania.

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PREMIOS PLANETA por Mordzinski

4.01.2009
Angela Becerra. Foto: Daniel Mordzinski durante Viva América (Casa de América) 2008


Pedro Angel Palou. Foto: Daniel Mordzinski

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Angela Becerra, premio Planeta Casa de América

Angela Becerra premiada ayer. Fuente: revistañ

La colombiana radicada en España, Angela Becerra, fue la ganadora del III Premio Iberoamericano Planeta Casa América de Narrativa con la novela Ella que lo tuvo todo. El segundo premio fue para el primer finalista, el mexicano Pedro Angel Palou gracias a la novela El dinero del diablo. Becerra se llevará 200,000 dólares. El jurado, que se reunió en México en esta ocasión, estuvo integrado por Federico Andahazi, Juan Eslava Galán y Paco Ignacio Taibo II. También por Imma Turbau, directora general de la Casa de América, Gabriel Sandoval, de Planeta México y Ricardo Sabanes, director editorial Internacional de esa editorial. En la revista Ñ colocan las primeras declaraciones de Becerra y Palou:

Sobre su novela: "Es la historia de una mujer que tras un accidente queda inhabilitada para escribir y se va a Florencia a buscar una historia que le ha contado su padre, tratando de encontrar allí una novela. Conoce una librería antigua y se dedica a restaurar libros para restaurarse a ella misma y allí conoce a un librero enfermo de timidez y soledad". Sus personajes: "Los outsiders, los locos, los vagabundos, aquellos seres que están fuera de la gramática de la vida, y sin embargo son más sabios que cualquiera porque están por encima de todas las leyes" (...) La novela ganadora surgió de la observación a la que se dedica "permanentemente". Mientras bebía en un bar de Florencia vio a una mujer que durante 5 días llegaba y el barman sin decir nada le servía un dry Martini. La novela de Palou es un "thriller histórico político" acerca de un detective jesuita que investiga a Eugenio Pacelli, el Papa Pio XII. En la novela, Pacelli integra la Santa Alianza, una especie de CIA del Vaticano. Palau dijo que Pacelli calló durante el Holocausto y lo retrata como autor intelectual de la muerte de Pio XI.

Por cierto, en el diario El Comercio nos enteramos del nombre del peruano que quedó entre los 10 finalistas: el querido amigo Gustavo Rodríguez con su novela La semana tiene siete mujeres presentada con el seudónimo Sarita Colonia. ¡Felicitaciones, Gustavo!

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