MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Josefina Ludmer en Página12

12.15.2009
Carátula de Página12. Fuente: página12

La estupenda crítica argentina Josefina Ludmer ha publicado una nueva edición de una de sus obras principales: Onetti. Los procesos de construcción del relato, editada originalmente en 1977 A partir de la reedición, Silvina Friera la entrevistó ayer ("tan liviana que cuando camina, ligerito, del living a la cocina, parece que flotara apenas unos centímetros por encima del suelo" dice de ella) en Página12 desde donde reclama: "La literatura perdió poder, ahora se lee cada vez menos" Al final, una revelación extraña: Ludmer reconoce que busca cosas más "entretenidas" para leer, que, por ejemplo, quizá ya no terminaría El astillero. ¿Señal de los tiempos? También dice: "No hay lecturas definitivas, no hay lecturas fijas, no hay verdad. Todo es reformulable". Algunas preguntas:

–Si la literatura que se produce es provisoria, ¿la crítica también se vuelve provisoria?
–Creo que sí, la crítica se vuelve provisoria; por eso digo que no hago más crítica, que hago otra cosa. Esa reflexión crítica de los ’60 o ’70, que pretendía ser filosófica y teórica, tampoco se produce más. Todo va junto: se lee menos, se edita menos, hay otro tipo de circulación. La literatura y la crítica perdieron lectores.

–Curiosamente, en un momento en que se ha democratizado la escritura, la lectura se replegó.
–La lectura sigue siendo muy pasiva para la velocidad y la interactividad que requieren las nuevas estructuras, sigue siendo una lectura demasiado arcaica; más una lectura como la que hago en el libro de Onetti, un análisis tan minucioso que no lo podría hacer ahora. Por eso cuento en el prólogo que este libro fue escrito en una máquina de escribir, en la Lettera que me regaló mi padre. Las editoriales son cruciales, la tecnología es fundamental. Mi primer libro escrito en computadora es El cuerpo del delito; ahí te das cuenta de que sólo en una computadora podía escribir y cargar toda la información de ese libro. Antes todo era más lento.

–Ese “fantasma de un mundo perdido”, que plantea en el prólogo, alude a que la literatura en los años ’60 y ’70 era más amplia, para no usar la palabra masiva. ¿Llegaba a más lectores que ahora?
–Sí, médicos, abogados, arquitectos leían literatura. Hoy hablás con personas que se dedican a estas profesiones y no leen más literatura. Se dice que somos menos cultos, pero no acepto que seamos más o menos cultos, eso me parece un disparate. Ha cambiado la cultura y la literatura ha quedado replegada a una práctica minoritaria. Yo misma ahora leo de un modo totalmente distinto. Perdí ese arte, ya no practico más ese arte que implicaba una paciencia extrema. La literatura del presente es mucho más visual, mucho menos densa, mucho más interesada no en hacer “obras maestras”, sino en captar a un sujeto en una situación determinada.

–¿Onetti leyó su libro?
–Sí, y me mandó una carta que guardé y todos los libros que siguió publicando, dedicados. En la carta me dijo: “Vos sabés mucho más que yo” (risas). Los escritores se asombran cuando uno extrae tantos sentidos de lo escrito, ellos no lo piensan así. En el último libro que me mandó, en la dedicatoria escribió: “para que le hagas el post mortem” (risas). El consideraba el libro que publiqué como una disección de su escritura.

–¿Qué busca hoy en la lectura crítica?
–Busco modos de leer, cómo se lee y qué partes se leen de los textos; qué bibliografía usan, cómo organizan el discurso crítico, si puso o no notas y qué tipos de notas. Y si hay o no algunas ideas. Como decía Osvaldo Lamborghini: “tenía una ideíta” (risas).

–¿La palabra idea también perdió el peso que tenía en los ’70?
–Sí, sí, perdió peso. Justamente estoy trabajando este tema en mi nuevo libro. Ese peso ahora está llenado por afecciones y creencias. No hay un interés innovador, no se cuestiona la literatura tampoco; en los ‘70 queríamos terminar con la literatura y abolir el arte. Ahora hay una perspectiva más conservadora que busca llenar ese vacío de ideas. Cuando digo un mundo perdido, me refiero a ese mundo. La gente se apasionaba por una idea, por encontrar otros modos de entender la realidad; circulaba una cantidad de material increíble. No soy nostálgica, pero es un mundo que se perdió. El mundo es otro. Ahora busco en la literatura una cosa más entretenida, que no me aburra. Si tuviera que leer El astillero hoy, no sé si podría... creo que llego a la página diez (risas).

Etiquetas: , , , ,

El infierno tan temido review

11.05.2009
El hombre onettiano de Murfreesboro. Fuente: terra

Así es, el "infierno tan temido" existe en la tierra. Es real. O, mejor dicho, otra vez la realidad copia a la literatura. El extraordinario cuento de Juan Carlos Onetti "El infierno tan temido" se ha escenificado en la vida real. Un hombre en Murfreesboro, Tenesee, envió, como tarjeta postal navideña, fotos pornos a su ex suegro. No se sabe si el final es tan trágico como en el cuento de Onetti. Por lo pronto, el sujeto tendrá dos años de prisión. Dice la nota:

Un hombre fue sentenciado a dos años de prisión en suspenso por enviar a los parientes de su ex novia fotos sexualmente explícitas de la mujer. David Simmons, de 57 años, fue condenado por distribuir fotos de su antigua novia mientras le realizaba distintas prácticas sexuales. Luego de que la pareja se separara el hombre pergeñó la macabra idea de mandarles las imágenes a los parientes de ella como tarjetas de navidad. El hombre, de Murfreesboro, Tennessee, en los Estados Unidos, se declaró culpable de los cargos criminales y logró obtener por ello una sentencia en suspenso.Pero dijo: ¡Feliz Navidad, suegro! Acá te mando unas fotos de tu hija exhibiendo algunas de sus más sobresalientes destrezas.

Etiquetas: , , , ,

Neuman BookTour

9.08.2009
Andrés Neuman, píldoras de BookTour. Fuente: publimetro.mx

No aparece Lima. ¿Es que tan poco tenía que decir de nosotros una persona como Andrés Neuman, enormísimo curioso y datero turístico de primer orden? Recuerdo que en nuestra conversación en Lima, un día antes de que yo viajase a Guayaquil, le pregunté por aquella ciudad a Andrés y me la describió tan precisamente que cuando estuve ahí casi no tuve que verla. Andrés lo había hecho por mí. ¿Y qué vio en Lima este viajero tan detallista? Me hubiera gustado saberlo. Quizá no sea aún tarde, quizá esta sea solo la primera parte de un crónica. En fin, aquí les dejo algunas de las percepciones de Andrés Neuman en su BookTour Alfaguara por Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile.


*
Piso el aeropuerto de Ezeiza y automáticamente, como quien cambia el dial de una radio, me escucho hablar y pronunciar en porteño. Paso del asertivo "buenos días" español al deslizante "buennn díííaaa..." argentino. ¿Por qué el día será diverso en España y único en Argentina? ¿Un país plurinacional se saluda en plural y un país centralista, en singular?

*Leo Pájaros en la boca, el nuevo libro de Samanta Schweblin. Los suyos podrían ser los mejores cuentos argentinos de mi generación. Secos. Duros. Contundentes. La brillantez de su realismo me recuerda a Guillermo Saccomanno. Su peculiaridad, a otra gran narradora que en realidad es su antípoda: Hebe Uhart. En el libro anterior de Schweblin apaleaban a un perro. En éste aplastan a una mariposa. Ambos cuentos parecen decirnos: sin condolencia no hay país.

*
La mayor preocupación política ante la gripe no es sanitaria, sino económica. Paseo por las calles disponibles, temerosas. Pienso en los paisajes apocalípticos de Plop de Rafael Pinedo o El año del desierto de Pedro Mairal. Cines, teatros, librerías y tiendas están semivacíos. El pánico ha disuadido a los clientes. Súbitamente queda muy clara la relación entre autoridad y mercado: el consumo depende del orden.

*
Domingo por la tarde. Partido decisivo del Torneo Clausura. No han cerrado el estadio, pero el partido se interrumpe por otra alerta: caen toneladas de granizo. Los equipos de Vélez y Huracán se retiran. La gente espera. La gripe calla. El cielo ruge. El agua golpea. El césped alberga a una pelota apátrida en el círculo central. Un fotógrafo salta al campo, patina y se acuesta boca abajo en mitad de la cancha. Quiere retratar a la pelota, testigo del desalojo, rodeada de granizo. Frente al televisor en un café del aeropuerto, pienso que debería ganar Huracán: no sólo juega mejor, sino que tiene nombre de apocalipsis. Alguien me mira a mí. Yo miro la pantalla. Dentro de la pantalla, el público mira al fotógrafo. El fotógrafo contempla la pelota. Lo que mira la pelota es el misterio del país.

*
Llego a Montevideo coincidiendo con los festejos del centenario de Onetti. Para hacerle justicia al maestro, quizá sería preferible un funeral o una protesta.

*
Recorremos en coche las afueras. "¿Viste la película Whisky?", me pregunta el conductor. Le contesto que sí y que me pareció excelente. "Bueno", dice él señalando más allá de la ventanilla, "acá la tenés".

*
Montevideo es una posibilidad de lluvia. Por suerte la amabilidad de los montevideanos es una posibilidad de techo.

*
Advertencia a las puertas de la catedral: "No está permitido entrar con mate en el templo".

*
Lo primero que me llama la atención de Chile, sin haber aterrizado, es el formulario de aduanas. Parece hecho para confirmar la imagen del país en el exterior: profesionalidad, progreso, legalidad, orden. Está mejor diseñado que el argentino, que es largo y redundante. También supera al español. El impreso chileno es breve y razonable. Moderno, con letra grande, casilleros amplios. Tiene cierta vocación de lucimiento, de lavado de cara, de aquí no pasa nada.

*
Cierta impenetrabilidad, una vigilancia de algo que no se sabe qué es.

*
Uruguay: "Tu novela va a gustar mucho acá". Chile: "Probablemente no la venderemos". Argentina: "Hiciste una muy buena comunicación del libro".

*
"Los que éramos muy jóvenes cuando los libros de Bolaño llegaron a Chile", me dice el periodista, "fuimos embestidos, iluminados por él. Pero a los que no eran tan jóvenes les pasó todo lo contrario". No es lo mismo ser embestido que atropellado. Y que te iluminen no es igual a que te eclipsen.

*
Hojeo suplementos culturales. Me entretengo comparándolos con los de Argentina. Si el tono predominante en las reseñas argentinas es la exhibición doctoral, en Chile lo frecuente es la agresión cascarrabias. Unas parecen destinadas a demostrar que el crítico es más inteligente que el autor. Las otras, a disuadir a las editoriales de seguir distribuyendo el libro en el país. Al entusiasmo o al placer les queda poco espacio.

*
El chileno habla a solas. El argentino habla para sí mismo.

Etiquetas: , , , , , , , ,

Vilariño sobre Onetti

7.03.2009
Juan Carlos Onetti e Idea Vilariño. Fuente: el país uruguay

Hace unos meses falleció Idea Vilariño, la reconocida poeta uruguaya que alguna vez fue amante de Juan Carlos Onetti. La periodista María Esther Gilio entrevistó a la poeta y en el suplemento Ñ el fin de semana pasado, como parte del homenaje al centenario de Onetti, colocó la entrevista en la que se habla bastante de esta relación tan intensa y distinta entre dos grandes autores uruguayos. Dice la nota:

Seguimos con tu vida afectiva; después de Manolo, Onetti. El cambio es grande. Se acabó la paz...¿o no?
Tuvimos períodos en que estábamos muy bien. En que todo funcionaba, en que nos entendíamos totalmente. Esos períodos eran maravillosos. Pero no duraban. Era todo muy complejo. Estábamos en uno de esos buenos momentos cuando él me dijo que se iba a Buenos Aires. "¿Por qué?" dije yo, "¿por qué te vas?" "Porque tengo que casarme", dijo él. "Tengo que casarme. Tengo".

¿Pero tú qué dijiste? Tratá de recordar qué dijiste.
No sé, éramos muy especiales. Esto ocurrió en un momento en que no estábamos muy problematizados sino al contrario, estábamos insólitamente bien, maravillosamente bien. No sé qué dije. Seguramente no dije nada. Pero ese verbo que él usó, "tengo", quedó muy grabado en tu memoria.

¿Supiste por qué "tenía" que?
Habló de Dolly, de cómo era Dolly. (Se refiere a la última mujer de Onetti, con la que el escritor estuvo casado hasta su muerte) No sé. Tal vez yo dije: "La semana que viene me voy a Las Toscas". El, claro, algo dijo. Lo curioso es que no fue algo que le costara decir. Para él era algo banal. Tenía que casarse la semana siguiente y nada más. Se trataba de algo irrelevante.

¿Y tú nada tenías que ver con ese hecho?
Qué desgraciado–, dice Idea sonriendo con indudable ternura. Entonces le dije: "Si estuviera locamente enamorada de otro hombre y te dejara por él, ¿lo aceptarías?" ¿Y él? El... no recuerdo bien qué dijo. Creo que nada. No era de hablar mucho, de explicar. El explicaba con palabras que tornaban todo más incomprensible. Pero era así. Eramos unos monstruos. Yo también.

Tú también.
Claro, yo también. Recuerdo una vez que me prometió venir a Las Toscas a pasar una semana conmigo. Yo lo esperé pero no vino. Cuando finalmente nos encontramos le pregunté por qué no había venido. Le dije: "Te esperé". "¿Querés que te diga la verdad?" Dijo él "¿Querés realmente saber?" "Sí", dije yo que no iba a ser menos hombre que él... "Sí, sí, decime". "Mirá, –dijo él– me pasé la semana con una mujer. Pero cada vez que encendía un cigarrillo pensaba en lo nuestro." Y se acabó el tema. El decía siempre la verdad aunque esto te matara. No sabía lo que era cuidar al otro.

Tú me contás esto y yo pienso en tu poema "Ya no" donde parecés dolerte de no saber cómo habría sido estar juntos, quererse, estar. La pregunta es en definitiva, ¿querrías haber armado con él una pareja, compartir la vida de todos los días?
Yo no digo ahí que querría eso, sino que eso no podría ser. El dijo en una entrevista que estaba enamorado de ti, pero que nunca sintió que tú estuvieras enamorada de él. Sí, sí, ya lo sé. El me lo dijo a mí muchas veces. Cuando eso apareció en la entrevista que tú le hiciste y publicó la revista Brecha, me llamaron de todas partes para preguntarme. Yo me enojaba mucho con él cuando decía que no sentía que estuviera enamorada. "Con la cabeza lo entiendo, pero con esto no", decía él y se tocaba el corazón.

¿Por qué pensás que no creía en tu enamoramiento?
Porque yo muy a menudo decía no. Y para él no hay amor sin sumisión. Seguramente. Pero yo no tenía más remedio que decir no, salvo que estuviera dispuesta a dejar que me pisara la cabeza. Pero además, no se trataba sólo de amor. Era la manera de vivir. Nosotros nos contábamos todo, hablábamos de todo lo que nos pasaba, de lo que pensábamos y sentíamos con total libertad. Sin miramientos ni escrúpulos. Eso era algo que hacíamos bien, pero compartir la vida... Habría sido muy difícil. Yo no debí haberme enamorado nunca de Onetti. Era el último hombre que tenía que haberme gustado. Eramos dos personas absolutamente contradictorias.

¿Pero habrías escrito los poemas de amor que escribiste?
Eso, quién puede saberlo.

¿Cómo conociste a Onetti?
Había una reunión de la gente de la revista Número a la que iría Onetti como invitado. Yo estaba, aunque todavía débil, en plena recuperación de uno de mis episodios. No sentía ganas de ir, pero Manolo insistía. "Vení, va a estar Onetti", decía, lo cual a mí no me interesaba. Finalmente me vestí, fui y Onetti estuvo seductor. Completamente seductor, y claro, me sedujo a mí y a todos. Cuando se fue quedó en mandar de Buenos Aires los cuentos que se publicarían en la revista Número: "Un sueño realizado", "Bienvenido Bob" y otros. A partir de ahí él mandó cartas a Número donde siempre había palabras para mí, la mujer de sonrisa giocondina.

¿Te acordás del tango que más le gustaba a Onetti?
Yo creo que era "Amurado". Sí, "Amurado" le gustaba, pero yo creo que el que más le gustaba era "Tus besos fueron míos". "Pasaste por mi lado con fría indiferencia, tus ojos ni siquiera se detienen sobre mí. Y sin embargo tienen sumida mi existencia, y tuyas son las horas mejores que viví". Ese tango le encantaba.

Bailar no bailaba.
Una noche estábamos en casa y habían venido unos amigos a escuchar unos tangos viejísimos. Bailé con alguien que bailaba muy bien, con lo cual yo también bailé muy bien. Cuando me senté vi que Onetti estaba tristón. "¿Querés bailar?", le pregunté. "No, con lo que acabo de ver, no", dijo él.

Etiquetas: , , , ,

Onetti, 100 años

7.01.2009

Juan Carlos Onetti. Ilustración: Sabat. Fuente: CVC

Un día como hoy el extraordinario Juan Carlos Onetti hubiera cumplido cien años. En Uruguay se ha dado inicio al "Año Onetti". En todo el mundo se le recuerda con admiración. De la transcripción de una entrevista en la televisión francesa, que originó el libro Un posible Onetti, dejo a manera de homenaje estas respuestas -onettianas podría decirse- del genio huraño y descreído:

ADOCTRINAR
Jamás me interesó adoctrinar. ¡Si hasta en el Quijote, que estoy releyendo por milésima vez, me revientan esos parrafitos didascálicos que a veces preceden los capítulos!

AMOR
Te agarra a traición, como algunas muertes… Yo sólo creo en el amor loco. Lo demás son ganitas de tratar de encontrarse en una cama o un buen negocio de matrimonio. Este amor pasión tal vez sea el único que importe. Lo que nada tiene que ver con el insensible declive que va llevando a una amistad cariñosa, en los mejores casos a una ternura, a un agradecimiento, a una necesidad de compañía.

AUTENTICIDAD
Yo besaré los pies de aquel que comprenda que la eternidad es ahora, que él mismo es el único fin; que acepte y se empeñe en ser él mismo, solamente porque sí, en todo momento y contra todo lo que se oponga… Siempre he sido Onetti. Nunca usé trucos, ni estafé a nadie ni a mí mismo. Todas las debilidades que se pueden encontrar en mis libros son debilidades de Onetti y son auténticas debilidades.

COMPROMISO
No hay más compromiso que el que uno acepta tácitamente cuando se pone a trabajar. Compromiso con uno mismo. Escribir lo mejor que le sea posible; con total sinceridad, sin pensar en los hipotéticos lectores. Si hay ternura sale, si hay posición política sale, quiéralo o no el autor. Esas cosas no hay que proponérselas, van a aparecer solas… En todo lo que escribí he participado. Sólo los malos escritores creen que el compromiso debe ser político.

CRÍTICOS
Los críticos son la muerte; a veces demoran, pero siempre llegan.

ESCRIBIR 1
Al escribir sucede lo mismo que cuando uno se enamora. De pronto uno necesita escribir sin saber por qué. Yo le hice a Vargas Llosa –buen amigo mío- una comparación: lo que tú tienes es un amor conyugal con la literatura y debes cumplir como un buen marido. En cambio yo tengo con ella relaciones de amante: cuando me viene el deseo, escribo. Por eso lo hago por ataques. A veces me paso meses y meses y no se me ocurre nada,pero sé que volverá en el momento más inesperado… Si escribir significara para mí un trabajo: ninguna línea, ningún día.

ESCRIBIR 2
Las cosas suceden, simplemente. Cuando uno va a hacer el amor no se pone a pensar previamente en la técnica que aplicará. Uno va y lo hace y las cosas suceden. Lo mismo al escribir. Uno se dienta con una idea, pero a partir de ahí lo que ocurre es otra historia, no es la técnica… Cuando estoy escribiendo no existe nadie, ni el lector ni el crítico ni la familia… Yo en general tengo una sensación cuando me pongo a escribir: ¿qué va a ocurrir? Ignoro absolutamente cómo va a ocurrir; ese cómo me sucede mientras estoy escribriendo… Es decir, yo sé qué voy a escribir, pero luego ocurre de otro modo. Lo que aparece en el texto no es exactamente lo que yo quería.

LEER
Siempre leí lo que me gustó leer, despreocupado de que los libros figuraran o no en los programas de enseñanza o en las sucesivas modas que los frívolos y los tan diversamente comprometidos fingen, declaran, apasionantes… Yo pienso que leer mucho es indispensable, y que quien no esté dominado desde la infancia por el vicio de la lectura, no llegará a ser escritor.

LITERATURA
No, no hago literatura. La odio; odio hacer literatura.

MENTIRA
Todos sabemos que nuestra manera de vivir es una farsa, somos capaces de admitirlo, pero no lo hacemos porque cada uno necesita protener una farsa personal.

SILENCIO
Yo creo captar el otro en el silencio. Es una ilusión que no se puede comprobar nunca. Pasa el tiempo y te das cuenta de que tú tienes razón. Y tal vez, cuando más seguros estemos de que podemos comprendernos, más difícil sea decir nada.

TRABAJO
Una estupidez odiosa de la que es difícil escapar.

VERDAD
Decir la verdad es imposible; los hechos desnudos no significan nada. Lo que importa es lo que contienen o lo que cargan; y después averiguar qué hay detrás de esto y detrás, hasta el fondo definitivo que no tocaremos nunca… Hay varias maneras de mentir, pero la más repugnante es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene.

VIVIR
El oficio de vivir se aprende si sabemos abandonarnos, interpretar y obedecer las indicaciones del destino, si sabemos despreciar lo que debe ser alcanzado con esfuerzo, lo que no nos cae por milagro entre las manos. Toda la ciencia de vivir está en la sencilla blandura de acomodarse en los huecos de los sucesos que no hemos provocado con nuestra voluntad, no forzar nada, ser, simplemente, en cada minuto… No hay viejo que no pueda vivir un año más ni joven que no pueda morir el día siguiente.

Etiquetas: , , , ,

J.C. Onetti en El Cultural

6.26.2009
Homenaje a Onetti en El Cultural. Fuente: elcultural

Nadie ha celebrado con tanto entusiasmo en España en centenario del extraordinario Juan Carlos Onetti como "El Cultural". Seguro el primer sorprendido sería el mismo Onetti, quien al ganar el premio Cervantes leyó una declaración: "es conveniente que se sepa que el jurado [...] ha tenido la quijotesca ocurrencia de otorgar esa gran distinción a alguien que desde su juventud estaba acostumbrado a ser un perdedor sistemático, a un permanente segundón [...] que no tenía ninguna victoria en su palmarés”. Entre los convocados a este homenaje están Jorge Rufinelli, quien escribe:

Actualmente la presencia de Onetti en la literatura no debe medirse únicamente por la eventual o virtual “influencia” de sus historias, ambientes y personajes, sino por su condición de modelo de escritor auténtico que jamás se sometió a requisitos de mercado y tuvo una fidelidad única: a la literatura. Ni siquiera a sus lectores ideales. De ahí, la poderosa admiración que por Onetti han sentido escritores como Juan Rulfo, García Márquez, y Julio Cortázar. A veces esa admiración es tan poderosa que sólo puede conjurarse escribiendo un libro, y ésos son los casos de Mario Vargas Llosa con El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (2008), y de Antonio Muñoz Molina, quien desde hace tiempo -ha dicho- se encuentra escribiendo un libro sobre Onetti, y quien ha señalado como supremo elogio: “Onetti te exige una lectura muy intensa, de los cinco sentidos”. Dolly Muhr señaló que Onetti a su vez admiraba a Muñoz Molina: “Son tan faulknerianos que se admiraban mutuamente”.

También participa Ignacio Echevarría:

Se ha destacado abundantemente la sorprendente madurez con que Onetti irrumpe en su propio mundo, en su propio estilo. En este sentido, cabe referirse a él como un escritor sin prehistoria. Apenas se puede hablar en su obra de una etapa de formación. Después de El pozo (1939), las novelas Tierra de nadie (1941) y Para esta noche (1943) acusan una episódica vacilación del rumbo a seguir, consecuencia de unos años por otro lado repletos de todo tipo de llamamientos para un escritor políticamente concienciado, por mucho que su compromiso con la escritura fuera impostergable. Ya la siguiente novela, sin embargo, La vida breve (1950), funda el territorio que el resto de la obra no hará más que explorar y que poblar. Y con los cuentos ocurre otro tanto. Baste señalar que una pieza magistral como “Un sueño realizado” (1941) es el quinto cuento que Onetti publica con su firma. Entre sus cuentos y novelas, por otro lado, se despliega un espacio incierto en el que resulta difícil, en muchas ocasiones, decidir a qué modalidad conviene adscribir una pieza u otra. Labilidad genérica; recurrencia de escenarios, de personajes, de motivos temáticos; continuo estilístico: el territorio narrativo de Onetti no ofrece apenas promontorios desde los cuales jerarquizarlo. Las obras completas de este escritor configuran, así, una perspectiva circular; admiten ser abordadas desde cualquier punto, sin que el itinerario escogido, por aleatorio que sea, desfigure el efecto del conjunto. Con muy buenas razones cabría dudar entre emplear aquí la etiqueta de obras completas o, más ceñidamente, la de obra completa.


Por otra parte, Antonio Soler comenta el gusto por lo policial de JCO:

Puede que alguna vez, o siempre, Onetti tratara de escribir novelas estrictamente policiales. Nunca lo consiguió. Quizá le ocurriera lo mismo que a su maestro Faulkner cuando intentó escribir una novela del género para ganar dinero y le salió Santuario. Es lo que a veces vemos en Onetti. Una trama policiaca de fondo devorada por el autor, por el peso de su mundo. Viscoso, difuso. Detrás queda el decorado, el regusto de lo policial. Pero apenas es un paisaje borrado por una lluvia densa. Dentro de Onetti siempre llovía. Siempre había callejones solitarios, mujeres pintarrajeadas y sensuales. Y un misterio por resolver. Sólo que al acabar de leer las novelas los misterios no se resolvían. Se habían trasladado a nuestra existencia y formaban parte de nosotros, como una gloriosa epidemia.

Cierran el homnaje palabras de Luis Mateo Diez y Luis Landero, así como una reseña de Joaquín Marco al tercer tomo de las Obras completas de Onetti.

Etiquetas: , , , , ,

Dolly sobre J.C.O.

6.18.2009
Juan Carlos Onetti y Dolly en Madrid. Fuente: onetti.net

Madrid está rendida con Juan Carlos Onetti, quien fuera s huésped inhóspito en los últimos años de su vida. Mario Vargas Llosa dictó una conferencia sobre el autor uruguayo, a quien le ha dedicado un libro, y también ha sido entrevistada su viuda Dolly (Dorothea Murr) quien aparece en "El Cultural" recordando al Onetti íntimo (el perezoso, podría uno decir) al que ella conoció y amó mejor que nadie:

Es sabida la devoción que usted tenía por su marido. Tras escribir un libro sobre mujeres de escritores, en el que conversó con usted, José Tcherkaski llegó a decir que ojalá a él le tocasen 10 minutos del amor que usted sentía por Onetti...
Cómo no sentirlo, para mí era maravilloso. Fue un descubrimiento. Yo venía de una familia normal, burguesa, en la que todos éramos músicos. Leíamos mucho, eso sí, y en varios idiomas, pero al conocer a Juan descubrí un mundo completamente diferente, de ambientes distendidos y personajes exóticos. Una vida sin horarios, porque él podía venir a las tres de la mañana y decirte: “Toma, lee esta carta”.

En contra de lo que se piensa y del poso de pesimismo y frustración que tiene su obra, usted siempre define a su marido como un hombre curioso, que nunca perdió el interés por la vida. ¿Le molesta que se hable de él como alguien que, llegado el momento, decidió meterse en la cama durante 14 años?
No lo decidió, fue el hábito. Leía todo el tiempo y tomamos por costumbre leer tumbados los dos, era más cómodo. Claro que Juan era un depresivo cíclico, y yo le perseguía en la depre: subía y bajaba con él. Y a veces se recuperaba antes de que yo me diera cuenta, de repente. La alegría suya siempre estaba ahí, a pesar de todo. Él gozaba de la vida. Decía que le molestaba no saber qué iba a pasar después de morirse, así era de curioso. Y precisamente por eso escribía y por eso nunca dejó de hacerlo, porque era muy indagador. Cuando le entrevistaban, si le gustaba la persona, era él quien acababa preguntando.

Volviendo a lo de antes, al hábito horizontal de Juan, él mismo llegaba a hacer casi una apología de la pereza, ¿Cómo se lleva eso en un matrimonio?
Era muy perezoso, es cierto, si podía no hacer algo no lo hacía. Yo le llevaba todo, le hacía todo. Conseguí hasta que un tipo viniera a casa para hacerle las gafas. Pero no fue un pacto, las cosas ocurren así... Yo le proveía de libros, iba cada semana a la Cuesta de Moyano y volvía cargada. Él no dejó nunca de leer.

¿Querría contar alguna anécdota con la que se quede de él?
Sí, el momento en que elegimos a la Biche, la perra fox terrier que teníamos. Trajeron como cinco perros a la cama y elegimos quedarnos con ella, y fue una fatal decisión, porque era una calamidad. Estuvo 14 años aquí con nosotros, tuvimos que sacrificarla, una semana antes de morir Juan. De haber sabido que él se iba a morir no lo habría hecho.

Etiquetas: , , , ,

Onetti inédito

6.16.2009
Juan Carlos Onetti. Fuente: latierrabaldia

El último viernes es el título del libro inédito de Juan Carlos Onetti que será publicado en la revista "Turia" celebrando los 100 años del narrador uruguayo. El texto fue hallado por la hija de Onetti y, dice la nota, fue escrito en los años cincuenta, a lápiz, en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando el autor vivía en el barrio de San Telmo. Algunos datos más:

El original del manuscrito fue donado el pasado mes de marzo por Isabel María Onetti a la Biblioteca Nacional de Uruguay. En aquella ceremonia de entrega, la hija del escritor contó que el cuaderno con el manuscrito quedó olvidado en el apartamento en el que el escritor, su esposa e Isabel María vivían en San Telmo. "En el cuaderno había también unos palotes, porque yo hice mis primeros ejercicios de escritura en sus páginas, y luego lo utilicé como diario íntimo" señaló Isabel a Montevideo.com. "Luego dejé de emplearlo como diario y lo abandoné. Pero antes extraje las hojas (escritas por mi padre) para conservarlas" agregó la hija del escritor. Según relata en un comunicado el escritor hispanouruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el número monográfico, El último viernes demuestra que para Onetti la literatura era "mentir bien la verdad". "De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza".

En "El País" aparece el comienzo del relato, para que les vaya picando el diente.

Etiquetas: , , ,

Murió Idea Vilariño

4.30.2009
Idea Vilariño. Fuente: elpaís

Mientras todos estábamos pendientes de la salud de Mario Benedetti, la poeta uruguaya Idea Vilariño se fue despacito y murió hace unos días en Montevideo tras una operación de emergencia. Tenía 87 años y fue una de las esposas del gran Juan Carlos Onetti. Juan Cruz está en la Feria del Libro de Buenos Aires y cuenta cómo se vive por allá la partidade Idea:

Llevaron a Idea, en su último viaje, al viejo y elegante edificio de la Universidad, y allá arriba estaba su féretro, antes del sepelio, ante un grupo cada vez más numeroso de montevideanos que en vida la veían aparecer y desaparecer como una sombra cuya literatura marcó una generación, la de 1945, de la que formaron gente como ella, Emir Rodríguez Monegal y Mario Benedetti. Precisamente el martes se iba a celebrar un homenaje a Benedetti, en Madrid (donde sí se celebró) y en Montevideo, en el Centro Cultural de España. Éste se suspendió. Su promotora, Hortensia Campanella, autora de la última biografía de Mario, que está entre los libros requeridos de la feria (editado acá por Planeta, en España por Alfaguara), decidió que no era en absoluto el momento de ninguna algarabía. El silencio iba a ser ya homenaje a Idea. Y el silencio lo iba a romper con canciones Daniel Viglietti, amigo de Mario, uno de los mitos vivos de la canción de autor en España y en América Latina. Iba a cantar los versos de Mario, pero no se pudo; le vimos entre los primeros que llegaron a rendir homenaje de despedida a Idea, y lo vimos preocupado hondamente por la salud de Benedetti, que reposaba, grave, debatiéndose entre su fuerza y su melancolía, en la cama del hospital Impasa. Nosotros estuvimos en el hospital. Los médicos son cautos, dan partes médicos cada mediodía, y de sus partes sólo se deduce que el paciente sufre. Ha sufrido mucho, sufrió el exilio, la melancolía, la enfermedad traidora del asma, y ahora sufre en una cama de hospital; muchas otras veces estuvo hospitalizado, en Madrid, en Montevideo; sus 88 años están ahora acosados también por esa cifra. La gente contiene la respiración, como si le intentaran ayudar a que siga respirando, y haciendo que otros canten. Viglietti estaba muy emocionado: él también cantó a Idea, y a Idea la cantaron muchos (...) donde ella brilla con su luz más honda, y más opaca, es en ese breve poemario, No, que se editó por última vez como libro solo en 1987 y que ahora es bastante inencontrable; en ese poema chiquito, acaso como la propia voluntad de permanecer de la poetisa, es el que contiene el siguiente epitafio: "No abusar de palabras/ no prestarle/ demasiada atención./ Fue simplemente que/ la cosa se acabó./ ¿Yo me acabé?/ Una fuerza/ una pasión honesta y unas ganas/ unas vulgares ganas/ de seguir./ Fue simplemente eso". La mujer de esos versos se extinguió; sus versos siguen. Y la cultura literaria en español contuvo la respiración, en la feria, en los estudios de los poetas. "Inútil decir más", dicen los dos últimos versos de No, "Nombrar alcanza". Como si estuviera tachando, Idea construyó versos para desaparecer. Por eso quedan. Eso decían los que le escribían cuando ella les anunciaba que quemaba la pluma. Cuando dejamos Montevideo, la tranquila placidez de la ciudad parecía también uno de los poemas cuando aún compartía la riña y la melancolía con Juan Carlos Onetti.

Etiquetas: , , , , ,

Inédito de Onetti

3.23.2009
Donación de Litty Onetti. Fuente: revistañ

Pero no es Roberto Bolaño, obviamente, el único escritor que ha dejado inéditos. Este fin de semana Litty Onetti, la hija de Juan Carlos Onetti, entregó a la Biblioteca de Montevideo un manuscrito inédito de su padre. Con esa ceremonia empiezan los primeros disparos de lo que será el enorme y merecido homenaje a este escritor fundamental a partir de mayo (15 años después de su muerte). Lamentablemente, se trata solo de un cuento inacabado. Ya quisiéramos una novela inédita del gran maestro. Dice la nota:

"Se trata de un relato inacabado, tal vez el inicio de un cuento o de una novela", en siete folios, donde "se hacen esbozos de posibles intrigas", explicó Corbellini. El manuscrito estuvo "años y años" guardado, después de que hubiera escrito el texto "en un cuaderno de tapa dura, sin rayas" durante la época en que vivió en Buenos Aires (en los años 40 y principios de los 50), en concreto, en el popular barrio de San Telmo, señaló por su parte Litty Onetti. "Utilicé ese cuaderno como mi diario íntimo, a los 15 y 16 años" y "supongo que aprendí a escribir sobre esas notas", comentó al relatar la génesis del texto durante su presentación. Después, "cuando me deshice de ese diario, conservé, por supuesto, las hojas que correspondían al manuscrito y lo guardé durante muchos años", afirmó la hija del autor de El Pozo y La vida breve."No se trata simplemente de una donación -aseveró el director de Cultura uruguayo-. Aquí está el alma de Onetti y esto tiene un valor incalculable". En el manuscrito es difícil en algunas ocasiones seguir sus líneas, pero en ellas se adivina el alma del autor del desarraigo y el pesimismo, para quien la literatura era "mentir bien la verdad". "En cuanto lo hicieron pasar, Carmen comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones (...) "; así comienza el El último viernes, un texto que según el director de la Biblioteca Nacional servirá para indagar más en "la estilística" de un autor acostumbrado a "velar lo que narra".

Etiquetas: , , ,

Onetti corresponsal

3.09.2009
Un manuscrito de Juan Carlos Onetti. Fuente: onetti.net

Un libro de cartas que Juan Carlos Onetti envió, entre 1937 y 1955, al académico argentino Julio Payró será publicado en breve, como parte del homenaje del centenario del escritor uruguayo que se celebra este año. Ahí, al parecer, aparece un corresponsal menos huraño que en las entrevistas. La nota en la revista Ñ:

En estas cartas aparece un Onetti muy suelto, discutiendo sobre literatura, pintura y cine. También habla de política internacional, del nazismo, del crecimiento del fascismo y algo del acontecer político de la Argentina (donde vivió entre 1930 y 1934 y entre 1941 y 1955). El autor de este trabajo es Hugo Verani, ensayista y crítico literario uruguayo. Verani rastreó la correspondencia: 63 cartas, un poema y tres telegramas. Onetti cuenta en estas cartas el nacimiento de su narrativa, puntualmente de sus tres primeras novelas, escritas en forma paralela a la correspondencia. Otros aspecto a destacar del contenido de las misivas es, dijo Verani Clarín, el humor de Onetti. "Por ejemplo, cuando con el trabajo en la agencia Reuters su situación económica mejora, le envía un telegrama a Payró, y, entre otras cosas, le dice: "Estoy aburguesándome. Compraré un sombrero".También hay páginas reveladoras en cuanto a su manera de ver la vida. "Soy un tipo sin relación con el mundo", le dice a Payró después de haber sido abandonado por su segunda esposa. Sin poder enfrentar la situación, se aísla cada vez más y, según le confiesa a su amigo, sólo es capaz "de escribir, escribir, escribir".

Hugo Verani, el recopilador de estas cartas, cuenta cómo llegó a ellas de casualidad sino que fue una búsqueda:

"Me llamaba la atención que Onetti dedicara su primera novela publicada en Argentina, Tierra de nadie, a un crítico de arte del cual no habla nunca más. Hasta que empecé a leer sobre Payró y descubrí que había habido una amistad entre ellos. Así fue que llegué a los hijos de Payró, María Ana y Roberto, quienes conocieron bastante a Onetti por las visitas que le hacía a su padre. Me enteré de que se escribían mucho. Las cartas habían quedado en manos de su viuda, con quien ellos no tenían relación. Luego supe que las había vendido", relata Verani. "Entonces pedí a la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos), donde trabajo, que intentara localizar esas cartas. Las hallaron. Estaban en poder de un vendedor de manuscritos y objetos culturales. Y luego fueron adquiridas por un mecenas argentino, ex alumno de Notre Dame, que compra manuscritos y primeras ediciones para la Universidad. Así se inició el trabajo".

Etiquetas: , , , ,

Vargas Llosa: "Onetti, la derrota con gloria"

2.11.2009
Mario Vargas Llosa y Onetti. Fuente: suplemento ñ

El suplemento Ñ de la semana pasada tiene como nota principal una extensa entrevista a Mario Vargas Llosa, cuya obra dedicada a Juan Carlos Onetti El viaje a la ficción (Alfaguara) recién se publicará en Argentina. El gorro de la nota, titulada "La derrota con gloria" dice: "En el reverso del pesimismo onettiano, Vargas ve el fulgor de una creatividad literaria que destaca como la más moderna del continente". Hay que aclarar, eso sí, que el libro de Vargas Llosa sobre Onetti es una obra introductoria, la de un lector fanático e inteligente y no la de un erudito. Y que, desde luego, los rasgos que más le interesan destacar de la obra de Onetti, antes que el mundo deprimente de sus personajes, es el de la ficción como un país que existe paralelamente a la realidad y con sus propias reglas y que se impone sobre el real (hasta el punto de que Santa María, nacida de la cabeza de un personaje, termina siendo el lugar real donde ocurren casi todas sus ficciones). Es decir, Vargas Llosa lee a Onetti en clave vargasllosiana. Como debe ser. Dejo aquí algunas preguntas:

Usted dice que no se dedica a hacer ensayos sobre escritores que no lo hayan impresionado o que no le hayan aportado. En el caso de Onetti, ¿qué es lo que más lo ha impresionado?
Varias cosas. Una, fundamental: creo, es uno de los primeros, sino el primer escritor de lengua espa­ñola, en hacer una literatura abso­lutamente moderna, una narrativa moderna. Desde luego, está Bor­ges, por ejemplo, que es un escri­tor absolutamente universal. Pero, para mí, antes que Onetti, no hay ninguno que utilice la técnica moderna narrativa como lo hace él, que además utiliza una prosa desligada de la prosa tradicional, convencional. Onetti inventa una prosa a partir de un lenguaje oral, una prosa que simula la oralidad. Y esto desde su primera novela, que hay que acordarse que es de los años 30 cuando lo que preva­lecía tanto en España como en América Latina era una narrativa muy costumbrista, con ecos de la estética modernista. Entonces, hay una verdadera revolución en estos textos que escribe Onetti, que reflejan clarísimamente lec­turas de los grandes narradores de su tiempo, desde Celine, Joyce..., después Faulkner, que tiene tan­ta influencia en él. Por otra parte, me impresiona mucho el mundo tan personal de Onetti; él crea un mundo de una gran autenticidad, desde luego sesgado hacia el pe­simismo, hacia una visión muy negativa de la condición humana, de las relaciones humanas.

Hay en Onetti toda una gale­ría de derrotados radicales. ¿Ve puntos de contacto entre ellos?
Lo interesante, en el caso de Onetti, es que esos derrotados al final escapan a través de la fic­ción. Todos viven experiencias de derrota efectivamente radical en el mundo tal como es. A algu­nos eso los lleva a suicidarse –hay una gran cantidad de personajes suicidas en Onetti– pero los que no se suicidan, escapan por la fan­tasía. Se inventan mundos pura­mente imaginarios en los que se refugian y pueden sobrevivir. Y yo creo que ése es el origen de la ficción; creo que nosotros empeza­mos a inventar porque el mundo no nos resultaba suficiente. O nos resultaba hostil, no lo entendía­mos, o vivíamos como golpeados, atemorizados por él. Y entonces, al final encontramos esa fórmula, que era inventar otros mundos para vivir la ilusión del relato, del relato oral al principio, y después, el relato escrito, o filmado. A mí me parece que una de las origina­lidades de Onetti consiste en que prácticamente toda la obra de él muestra este proceso, en distintos individuos, hombres, mujeres, que después de vivir experiencias atroces de frustración, de derrota, pues se escapan a través de la fan­tasía. Es evidente que eso Onetti no lo pudo planear nunca, él no pudo saber nunca que iba a darle a su obra toda esa unidad, diríamos, orgánica, a través del tema de la ficción.

Usted sabe que hay teorías psi­cologistas y feministas sobre la visión de Onetti de la mujer.
Me imagino que las feministas con Onetti no pueden estar muy contentas.

Critican sobre todo esa visión cosificada de la mujer ¿La suya cuál es?
El mundo de Onetti es un mun­do machista, desde luego pero donde los hombres por lo general son débiles. En "El infierno tan te­mido". ¿Quién es más temible, el periodista Risso o esa mujer, esa actriz? La actriz es la que concibe esa venganza, que al mismo tiem­po no se sabe si es una venganza o una búsqueda de recuperación con una frialdad mental y una amora­lidad que ningún hombre llega a superar. O sea que esas mujeres son mujeres también tremendas, son mujeres que tienen una capa­cidad de resistencia a la adversidad feroz. Pero es un mundo que se puede llamar machista, desde lue­go, no es un mundo igualitario.

¿Qué consuelo nos queda des­pués de leer a Onetti?
Nos queda el consuelo de la fic­ción. La obra de Onetti parece des­tinada a ilustrar cómo a través de la ficción, los seres humanos no solamente nos recompensamos de todo aquello que nos hace su­frir o nos desmoraliza en la vida, sino al mismo tiempo, vivimos más, enriquecemos nuestra ex­periencia, nos amamos, vivimos aventuras extraordinarias. Es de­cir, la función de la ficción no es solamente compensatoria, es tam­bién enriquecedora de la experien­cia, gracias a la ficción podemos hacer realidad apetitos, deseos, anhelos, que sin la ficción queda­rían siempre frustrados, porque jamás la vida de nadie va a estar a la altura de lo que son sus sueños y sus deseos. Creo que ése es un tema fundamental y por eso le he puesto al libro El viaje a la ficción, porque creo que ése es un tema recurrente en los cuentos como en las novelas.

Etiquetas: , , , ,

Vargas Llosa sobre Onetti (por Fogel)

1.12.2009
Carátula del libro. Fuente: boomeran(g)

¿Será cierto aquello que dice hoy Jean Francoise Fogel en su blog? Según Fogel, cuando un escritor escribe sobre otro (más allá de si es o no su contemporáneo), detrás de la obvia admiración que implica ese acto también podemos encontrar sentimientos de "envidia o desconcierto". Esos sentimientos los rastrea Fogel en la obra que Mario Vargas Llosa le dedica a Juan Carlos Onetti, y ennumera cuatro ítems:

1. El celo de la crueldad. Me explico: Onetti es un autor que insulta y ridiculiza a sus personajes. Vargas Llosa no sabe o no se atreve a hacerlo. En el momento de escribir su ensayo, descubre que no tiene aquella violencia.

2. La pasión para Faulkner, compartida por ambos autores. Las páginas sobre la influencia de Faulkner son excelentes. Pero no se trata de la influencia de Faulkner sobre Onetti. Se trata de lo que Vargas Llosa sabe de Faulkner. Vale la pena escucharle.

3. El celo para la creación de la ciudad imaginaria de Santa María. No existe un lugar parecido en la obra de Vargas Llosa. Y con gran honestidad, el escritor peruano compone lo que es para mí la frase clave de su texto: "Santa María es una realidad literaria, ficticia, artificial: una antirrealidad" (página 95). ¿Cuántos autores pueden como Onetti, dentro de una misma novela, ubicar un mismo personaje a veces en la realidad y a veces en la ficción? Muy pocos, Vargas Llosa no figura entre ellos pero explica el proceso en la obra de Onetti con una transparencia genial.

4. El desconcierto frente al estilo de Onetti: "inusitado, infrecuente, intricado, a veces hasta la tiniebla, a menudo neblinoso y vago" (página 115). Para decirlo de manera rápida: la casa de Onetti es un caos; la casa de Vargas Llosa es la casa de un señor donde cada cosa está en su lugar. Cuando escribe, Onetti no se comporta bien, con el lenguaje y con sus personajes, tiene un "estilo crapuloso" según Vargas Llosa: me encanta esta manera de decirlo.

Etiquetas: , , , , , , ,

Otro final

1.09.2009
Grafología. Fuente: life and time

La editorial 451 editores siempre está buscando fórmulas novedosas, lecturas y relecturas, e incluso covers, para prestar atención a los clásicos. Una antología titulada Otro final es su nueva apuesta. Así lo explica Juan Palomo:

No se pierdan tampoco Otro final (451 Editores), un volumen coordinado por Manuel Hidalgo y Amparo Serrano, en el que Álvaro del Amo, Mendicutti, Molina Foix, Ovejero, Sorela, Trapiello, Lourdes Ventura, Luis Antonio de Villena o Pedro Zarraluki nos descubren qué hubiera pasado si, por ejemplo, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman hubiesen tomado juntos el vuelo hacia París desde Casablanca, si Peter Pan hubiese crecido, o si Mister Marshall no hubiese pasado de largo ante el pueblecito andaluz de Berlanga.

A mí, particularmente, me hubiera encantado darle otro final al cuento de Juan Carlos Onetti "El infierno tan temido". Tenía uno en mente durante años, e incluso lo llegué a escribir. Pero luego de una conversación en noviembre con el estupendo Ricardo Baduell, y de la lectura del libro de Vargas Llosa sobre Onetti, ya no estoy seguro si el final de ese cuento no solo es incambiable sino absolutamente necesario.

Etiquetas: , , , , ,

Listas: momentos románticos

12.08.2008
El amor existe. Foto del restaurant Boulevard Lavaud, en Santiago, que quise robarme sin éxito.

Tengo que aceptar (asumir es la palabra precisa) que lo que más me gusta de las mujeres son sus momentos de fragilidad. Me gustan las mujeres algo neuróticas, olvidadizas, vulnerables, pedigüeñas, desordenadas, que desconfían de sí mismas aunque no son necesariamente inseguras, algo hipocondriacas e incluso ligeramente enfermizas (gripes súbitas, asma bajo control, alergias desconocidas, breves dolores de estómago, bajadas y subidas de presión intermitentes). Juan Carlos Onetti confesó que se enamoró de una Dolly, una muchacha rubia y baja de estatura entonces, que cargaba un contrabajo y esperaba un taxi improbable en la acera. Yo colecciono también esos momentos, y no solo en la vida sino en la literatura. Aquí dejo mi lista de cinco escenas de obras distintas que tuvieron un efecto inmediato en mí: me enamoré de sus protagonistas perdidamente y para siempre.

1.- Cuando Anna Karenina, después de conocer a Vronsky, regresa en tren donde su marido y lee una novela con los pliegues aún no cortados. Lleva un estilete para ayudarse. De pronto, en medio de la confusión de sus últimos días (el propio Vronsky la ha seguido en ese tren) confunde su abrigo de piel con un animal verdadero. ¿Es un abrigo o un animal? ¿Qué es aquello? ¿Quién soy yo?

2.- Cuando el hermano y detallista biógrafo del fallecido narrador exiliado Sebastián Knight, narrador de la novela, conoce a la novia de su hermano Claire Bishop. Ella está con una gripe atroz, se suena la nariz roja con disimulo, y busca por todo el restaurante unos guantes que ha perdido. Cuando al fin los encuentra y salen del restaurante, recuerda unas cuadras más adelante que ha dejado unos paquetes. Sebastián regresa al lugar para recuperar sus bongs-bongs.

3.- Cuando luego de pasarse los tres primeros tomos de la novela El cuarteto de Alejandría pensando en Justine, el narrador en medio de una travesía en bote de pesca junto a su gran amiga y cómplice Clea es testigo de cómo un arpón desviado alcanza su brazo y la desangra. Podría morir si no actúan a tiempo. Y en ese momento descubre que ama perdidamente a esa mujer-real que observa cómo brota su sangre con miedo y curiosidad.

4.- Cuando la provinciana e infantil Ana Sergevna -la dama del perrito- perdió sus impertinentes, una tarde que se la pasó espiando a los recién llegados en barco a Yalta junto a Gurov. Luego tendría que conseguirse otros impertinentes para ir a óperas mediocres en el pueblo de S. donde vivía con el lacayo de su esposo. 

5.- Cuando el celoso y posesivo perro del hortelano narrador de Agnes, la novela de Peter Stamm, lee un cuentito ingenuo de Agnes y lo critica con una frialdad, una pedantería y dureza injustificada. Agnes se defiende diciéndole "pero si solo es una historia cortita", pero él continúa la devastación. Al final, Agnes hizo aparecer otra vez el relato en la pantalla cuando mueve el mouse, apreta un par de teclas y el texto desaparece. Entonces anuncia: "Lo he borrado, olvidado. ¿Damos un paseo?" 

Etiquetas: , , , , , ,

Onetti y Borges, según MVLL

Juan Carlos Onetti. Foto: Francisco Otañón/El País

Estoy leyendo El viaje a la ficción: el mundo de Juan Carlos Onetti de Mario Vargas Llosa, editado por Alfaguara, realmente con un gusto enorme. Vargas Llosa es agudo como crítico pero, además, es un estupendo contador de historias (bueno, estoy diciendo boberías de perogrullo), por lo que el libro es una delicia. Sin embargo, llego a un momento en que Vargas Llosa se vuelve osado: cuando intenta establecer una relación literaria entre dos aparentes enemigos enfrentados, como eran Onetti y Borges. Para Vargas Llosa, la escritura de La vida breve, la primera obra maestra novelística de Onetti, donde se inventa (la inventa un hombre desesperado, además, Brausen) además el universo citadino de Santa María, hubiera sido imposible sin la lectura de los cuentos borgianos como "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius". La explicación que da VLl es más que convincente (en ambos textos el mundo de la ficción invade la realidad y se apropia de ella). Pero luego viene la anécdota:

Onetti no fue probablemente del todo consciente de la deuda que contrajo con Borges al concebir en Santa María su propia Tlön, porque aunque leía a Borges con interés, no lo admiraba. Rodríguez Monegal cuenta que él los presentó y que el encuentro en una cervecería de la calle Florida, de Buenos Aires, no fue feliz. Onetti, hosco y lúgubre, estuvo poco comunicativo y provocó a Borges y al anfitrión preguntándoles "¿Pero qué ven ustedes en Henry James?" uno de los autores favoritos de Borges. La poca simpatía personal de Onetti por Borges fue recíproca. En 1981 Borges fue jurado del Premio Cervantes, en España, y en la votación final , entre Octavio Paz y Onetti, votó por el mexicano. (...) Mi pálpito es que Borges nunca leyó a Onetti y probablemente la sola idea que guardaba de él tenía que ver con aquel frustrado encuentro en una cervecería porteña y las provocaciones anti-jamesianas del escritor uruguayo.

Bueno, cosas de divos que se estrellan al conocerse. Eran otros tiempos. Ahora son los años de Bogotá39, donde todo es felicidad y armonía. Seguro que si quien los juntaba no era el díscolo Rodríguez Monegal sino las encantadoras Cristina e Izara, y el encuentro no era en una cervecería sino en un bar con mojitos y salsa en Bogotá, esos dos terminaban abrazados.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

Angel Rama diarios

5.18.2008
Angel Rama. Fuente: letras-uruguay

Se publican los diarios del crítico uruguayo Ángel Rama, gracias a la editorial argentina El Andariego y la uruguaya Trilce. El nombre de Rama está ligado no solo a la crítica literaria latinoamericana, y en especial a los autores del Boom, sino a Manuel Scorza al haber muerto junto a él y a otros escritores en un fatídico vuelo en Colombia. La publicación de los diarios permite leer las estampas que Rama escribe sobre diversos autores ligados a esos años de esplendor de la literatura latinoamericana con los que tiene, según dice la nota en Radar Libros, una relación ambivalente. Dejo aquí algunas frases. Sobre Onetti, por ejemplo, lo describe así en los años 80:
Físicamente mal, no sólo por sus setenta, sino por la hinchazón, la dificultad para moverse, los malestares varios que no creo puedan atribuirse todos al alcohol. Sigue tomando, preferentemente vino, quizás en dosis mayores de las que puede soportar, pero su decaimiento físico parece responder a más causas que Dolly no llega a enumerar ni conocer. Ella lucha día a día contra la dosis de vino, pero también para llevarlo a los médicos y curarlo. Ve mal, se le inyectan los ojos repentinamente y le lloran; se fatiga muy pronto, incluso la mera conversación. Pero espiritualmente está muy bien, feliz en su encuentro con amigos en la intimidad, aterrado con el público como siempre, parloteador y bromista incluso, menos áspero y defensivo que antes. Lee sin cesar novelas, preferentemente policiales, tendido en la cama, bebiendo y fumando, pero agradece que lo visiten y acompañen. Carlos Martínez [Moreno] y yo hicimos de acompañantes e improvisados enfermeros, ayudando a Dolly, y él dejaba hacer con placidez. Ruffinelli nos puso a todos en un hotel separado, junto con Fernando Alegría, de modo que pasamos la mayor parte del tiempo libre con él.

Sobre Gabriel García Márquez dice:
En las largas conversaciones con Gabo, siempre la curiosa impresión de que se maneja con “historias” que son casi materiales literarios, sucesos de la vida que resultan llamativos e ilustrativos, pero sin trasladarlos al servicio de normas generales o leyes del funcionamiento político o económico, como tiendo a hacer yo. La sensación de que manejamos dos diferentes instrumentos cognoscitivos. En México, Gabo me pasa el original de su próxima novela Crónica de una muerte anunciada que leo en la noche sin soltarla. Tiene sólo 180 páginas de máquina y es una suerte de Cien años concentrada, a la manera de El Coronel. Un “fait divers” admirablemente contado, con una precisión más austera que en los Cien años, utilizando los mismos recursos, pero con más energía y concentración, con menos deslices de esa mala poesía que hay en los Cien años.

Y con Julio Cortázar no tiene concesiones:
Desagrado, cólera y más tarde una larga, larga depresión, cuando oí a Cortázar en el acto de presentación de la revista Sin censura que él patrocina en París.
Me consta su falta de información política y no digamos económica o social, y su escaso discernimiento para la problemática internacional. Como él confiesa, hasta mediados los sesenta era un literato puro que además nada sabía de América latina. Lo desgraciado es que no ha hecho reales esfuerzos para informarse mejor, estudiar los problemas y verlos con una perspectiva objetiva. Pero a pesar de que sigue siendo un “literato puro” opina sobre política con tal simpleza, ignorancia de los asuntos y elementalidad del razonamiento, que produce o descorazonamiento o cólera. A mí las dos cosas y concluyo abominando de los escritores metidos a políticos: concluyen haciendo mal las dos cosas.

Etiquetas: , , , , , ,

El humor de Onetti

11.11.2007
Juan Carlos Onetti. Fuente: el país

Probablemente todos guarden en la memoria la imagen de Juan Carlos Onetti cascarrabias, escéptico, fatalista e incluso triste de la mayoría de entrevistas. Sin embargo, Juan Cruz en un homenaje en "Babelia" recuerda también su sentido del humor. Un pequeño preámbulo para lo que será el libro imperdible que Mario Vargas Llosa prepara sobre el genial escritor uruguayo.

Dice el artículo: "Era un bromista; con la cara de Buster Keaton ("esa cabeza de caballo triste") gastaba bromas sin cesar. A Ramón Chao (que escribió un libro sobre él, Un posible Onetti, y que le hizo un documental importante para la televisión francesa), le recibió de uñas porque llegó tarde con su equipo. "Perdón, perdón, perdón", le decía el periodista gallego, implorante. "¿Me lo pides humildemente?" "Sí". "Si es humildemente, que pase tu equipo". A una ayudante de Chao le dijo: "¿Te fijás que tengo un solo diente? Pues te advierto que tengo una dentadura perfecta, pero se la he regalado a Mario Vargas Llosa". Félix Grande le discutió la primacía tanguera de Carlos Gardel; él se levantó de la cama, acudió al pasillo, seguido por el poeta, a quien le mostró la salida: "Si usted ningunea a Gardel, hágame el favor de salir de inmediato de aquí". Y luego lanzaba una carcajada que era también el último estertor de una sonrisa. Una vez, ya cerca de su muerte (que fue en mayo de 1994, a los 84 años) este montevideano que desde el exilio tuvo dificultad para escribir la palabra Uruguay, llamó por teléfono a la escritora argentina Liliana Mindurri. Ésta había ganado el Premio Rulfo de cuentos creado por Chao en París, con un relato titulado Onetti a las seis. "¿Qué hora es en Buenos Aires?". Liliana creyó que era un bromista, y a pesar de la insistencia divertida de su ídolo colgó el teléfono sin creerse que era Onetti quien le estaba llamando. Dolly le comentó meses después del fallecimiento del escritor quién había sido el insistente bromista. Dolly lo cree: su marido era un humorista; su sarcasmo partía de sí mismo, y se proyectaba en los demás, y en sus libros, pero sobre todo en sus artículos. Perseguía "aquella tristeza repentinamente perfecta", pero se reservaba el humor para los suyos. Su hija Isabel María, hija de la holandesa Isabel, de la que Onetti se separó en 1952, hablaba inglés desde la infancia, y fue profesora de su padre. "Me engañaba, hacía como que todo lo entendía al revés. Y yo me decía: ¿puede haber un hombre tan bruto como éste?". Litti (a quien Onetti dedicó Una tumba sin nombre) estuvo años "ignorando ser su hija"; pero hace cuatro años le pidieron en Colonia que interviniera en un homenaje, "y a partir de entonces lo he ido reconstruyendo dentro de mí, desde mi propia madurez". Ahora recuerda que la relación en la niñez "era cariñosa, distante, irónica. Pero luego nos escribimos, y ahora veo que nos hemos escrito mucho. Yo le decía que tenía dentro de mí muchas máscaras, y él me pedía que me las quitara. Lo que he sabido luego, ahora mismo, es que tengo muchas de las cosas que significan su actitud ante la vida. ¿Leíste El pozo? Pues yo también soy ese personaje al que le resulta difícil encontrar un alma ante la que desnudarse. El otro día mi hija de 22 años me preguntó por él, y qué debía leer suyo. Le leí entero El pozo, de un tirón, y luego me pregunté cómo será la vida a los 22 años después de leer El pozo. ¿Tú crees que hice bien?" (...) No, qué va, no era un hombre triste, dice Dolly. "Si vieras las cosas que me decía cuando me escuchaba ensayar con el violín; a veces salía del cuarto, enseñándome sus garras, simulando que era un ratón que me iba a devorar por hacer ruido a cualquier hora. '¿Por qué estudiás tanto?', me decía. 'Yo te compro un disco con aplausos, vos tocás y te pongo los aplausos, y así te quedás feliz'. Cuando se puso tan enfermo, lo metimos al hospital, y cuando mejoró el médico le fue a dar el alta; él lo atajó: 'No me quiero ir hasta que no termine de leer esta novela".

Etiquetas: , , , , , ,