MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Objetos fetiches literarios

3.04.2010
Miembros de un club de lectura en Boston. Mary Knox Merrill / Staff


Interesante el artículo de Gisela Antonuccio sobre el libro digital en Revista Ñ. Interesante no tanto por el "estado de la cuestión" que hace sobre el tema del e-reader, implicando cuestiones de mercado y de nuevas plataformas, sino sobre todo porque pone énfasis en el verdadero temor para muchos y es el del libro como fetiche. Y sí, es cierto, el libro, las libretas, todo puede ser un fetiche. Pero eso no tiene por qué perderse. Mi computadora es un fetiche tanto como la máquina de escribir de Cormac McCarthy lo es para él. Por eso, yo me conseguiré un libro electrónico que sea, además, mi fetiche. Y valdrá tanto para mí como mis moleskines o mi vieja y subrayadísima edición de La verdadera vida de Sebastián Knight. Dice la nota:
Tal vez entonces no se trate ya de una cuestión de elección, entre el papel y el soporte electrónico, sino de esa extraña fascinación que ejercen algunos objetos, tan poderosa como su capacidad para sobrevivir al tiempo y a las ideas de progreso. Como las libretas (¿fetiche o atracción?), que escritores como Ernest Hemingway o Truman Capote llevaban siempre consigo. En la mayoría de los textos que integran París era una fiesta, Hemingway reproduce el acto de escritura al mencionar que el primer borrador es su cuaderno de notas. Lo hace, por ejemplo, en el relato "El hambre era una buena disciplina", al revelar además el lugar en que registró esa primera versión, la Closerie des Lilas, sobre la rue Notre-Dame. Los extensos días de entrevistas de Capote para reconstruir el crimen de la familia en Holcomb que lo llevaron a escribir A sangre fría, su novela más famosa, también conocieron una primera versión en libretas, que trasladaba a máquina al regresar a su hotel.Para reforzar la legitimidad de lo dicho, en Moise y el mundo de la razón, Tennessee Williams revela que lo que su narrador-protagonista cuenta fue registrado en un Blue Jay, tal la marca del cuaderno del narrador.Todavía hoy, y a este lado del Atlántico, la forma manuscrita sigue gozando de adeptos. Para Andrés Rivera, el papel es la primera y única forma que conocen sus novelas antes de que lleguen al lector: al terminarlas, entrega un manuscrito de puño y letra. Martín Kohan lleva un registro completo de lo que aconteció en el día en su agenda. Esa costumbre de anotarlo todo obedece a una "urgencia". "Al hacer listas de cosas (registros un poco maniáticos de lo que hago), me alivio del agobio peor de registrarlo todo mentalmente". Ponerlas por escrito y convertirlas en lista le permite objetivar algunos temas. "Los vuelvo más manejables, al menos en apariencia", dice. Los ejemplos siguen. A Mariana Enríquez la primera versión en cuaderno se le "impone" y la costumbre del teclado le imprime un esfuerzo: "Mi letra manuscrita cada vez se entiende menos por falta de gimnasia". Pero sigue usando el método de la primera versión en papel para lograr "una distancia" de la escritura laboral, para salir del tono periodístico y encontrar la voz literaria.Después de todo, puede que nadie tenga que elegir entre el papel y la letra digital, y cada quien pueda leer y escribir donde le plazca. Como el novelista japonés Koji Suzuki, autor de The Ring, quien creó la primera obra de ficción en papel higiénico, titulada Drop. Es una novela de dos mil palabras. Fue impresa por la papelera Hayashi y puesta a la venta en librerías y secciones de artículos de limpieza de los supermercados, a 2,2 dólares. Es cierto que nada aclara el panorama sobre el futuro del papel, pero es una pista para el porvenir: al momento de valorar un texto, el contenido en sí mismo a veces representa un aspecto más –y no el principal– para definir si aquél es o no una buena idea.

Por cierto, la nota viene acompañada con artículos al respecto de Ariel Magnus y de Fabián Casas.

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Salvado de la humillación

2.26.2010
Carátula de Roth en inglés. ¿Leer o no leer?. Fuente: the star


Mientras todos dan con palo a La Humillación (Mondadori) de Philip Roth, tanto en Estados Unidos como en el ámbito castellano (recuerden las burlas de John Crace en The Guardian o el rechazo de Paz Soldán en su blog) en la reseña de "El Cultural" Rafael Narbona le da una salvada ligera, pero salvada al fin. Una oportunidad, digamos. La llama obra "menor" frente a Lolita (bueno, es casi un elogio, después de todo qué obra no es menor frente a ese prodigio de Nabokov) pero profunda. ¿Leer o no leer? Sería más fácil si me mandaran los libros como a los blogs españoles o argentinos. En fin, soy solo blogger peruano en el Perú, y perdonen la tristeza. Dice la reseña:

Philip Roth plantea su novela como una tragedia en tres actos, pero la desgracia no se desencadenará por culpa de un destino inevitable, sino por la imperfección del ser humano, que ambiciona más de lo que puede obtener. Simon es un ingenuo y Pegeen un ser amoral y ferozmente egoísta, que ha convertido el placer sexual en un absoluto irrealizable. Su insatisfacción apenas es comparable con el estrago que causa en sus parejas, meros objetos de una fantasía perversa y sin grandeza. El erotismo de Pegeen no es el erotismo que asocia el placer a la muerte o a un vacío místico, sino un erotismo banal, adquirido en la familiaridad con las películas pornográficas y los catálogos de artilugios eróticos. De hecho, Pegeen viaja con una maleta repleta de consoladores, látigos, lencería de cuero y un arnés rematado con un gigantesco pene verde. Simon cree que conseguirá retenerla a su lado porque Pegeen asegura que “una polla está viva. Te llena como no lo hacen los consoladores ni los dedos”. Cuando practican el sexo anal, Pegeen admite que le ha dolido, pero no le importa: “eras tú dentro de mí”. El espejismo de estabilidad se desvanece en seguida. Para complacer a Pegeen, que continúa con sus escarceos homosexuales, Simon invita a una desconocida a pasar la noche con ellos. Es una chica vulgar, de 19 años, a la que Pegeen penetra salvajemente con su polla verde. En segundo término, Simon observa y aprecia que en el frenesí de Pegeen hay algo primitivo, atávico. La prótesis sexual obra como la máscara de un chamán, transformándola en una fuerza destructiva, que despersonaliza y humilla. No estamos ante una pieza menor, sino ante una obra profunda, sin miedo a los tabúes, pero que no llega tan lejos como Lolita, de Nabokov, pues Pegeen no es creíble como una mujer de cuarenta años. Pegeen es una niña, una nínfula, con la perversidad que sólo puede brotar de una falsa inocencia y Simon es un Humbert Humbert que ha contenido su cinismo, pero con un destino igualmente trágico. El mito de Lolita revive en La humillación como una variación menor, pero infinitamente más desesperanzada.

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Chejov, 150 años

1.29.2010
Homenaje ante la tumba de Chejov. Fuente: clarin

Han pasado 150 años. Quizá fue el primero, realmente el primero. Con él empezó el siglo XX literario. La deuda que le tienen centenares o miles de escritores de todo el mundo, durante estos 150 años, es muy grande. Y la seguirán teniendo. Basta decir Carver para mostrar la punta del iceberg. Pero podría decir Nabokov, otro iceberg completamente distinto pero que parte del mismo líquido. Y así seguimos. Rusia celebra los 150 años del nacimiento del genial Anton Chejov. Dice la nota en Ñ:

El presidente ruso, Dmitri Medvedev, rindió hoy honores al autor Anton Chejov, a 150 años de su nacimiento. El mandatario dejó flores en el monumento al escritor en Taganrog, en el sur de Rusia, donde Chejov nació el 29 de enero de 1860, y dijo que el artista también tenía su lugar en la era digital. Numerosas personas también honraron en Moscú al autor, muerto en 1904 de tuberculosis en Alemania.Rusia considera a Chejov "uno de nuestros contemporáneos", afirmó el viceministro de cultura ruso, Andrej Bussygin, en un acto enMoscú. "La verdad de Chejov sobre Rusia es una verdad dura. Quería que las cosas mejoraran", afirmó Bussygin. Rusia planea numerosos homenajes y la reedición de sus obras. Hay planes para restaurar la vivienda de Chejov en Yalta, en la penínsulaucraniana de Crimea.

Habrá que celebrar al genio leyendo el mejor cuento que se ha escrito jamás en cualquier idioma: La dama del perrito. Y luego, por qué no, el libro maravilloso, sensible e inteligente que Janet Malcolm le dedicó Leyendo a Chejov: un viaje crítico (Alba editores)

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Una leve pero visible cicatriz

12.15.2009
Vladímir Nabokov en Suiza. Fuente: tha guardian

Hace unas semanas comenté el artículo de Martin Amis sobre The Original of Laura, de Vladímir Nabokov, que apareció en The Guardian bajo el título: "The problem with Nabokov". Ahora, el ADN Cultura traduce el artículo de Martin Amis, al que considera una "lección magistral de literatura" Vale la pena. Aquí unos fragmentos de nabokov según Martin Amis, un nabokvniano arrepentido (al menos de algunas de sus obras), que confiesa -entre otros desaires- no haber podido terminar de leer Ada o el ardor (él se lo pierde) y que ésta, junta a otras novelas, dejan una "leve pero visible cicatriz" en la obra de Nabokov:

[...] He leído al menos media docena de novelas de Nabokov al menos media docena de veces. Y al menos media docena de veces he intentado leer Ada (o el ardor: una crónica familiar) y fracasado rápidamente. Mi primer intento fue hace unas tres décadas. Lo dejé después del primer capítulo, con una curiosa sensación, una suerte de hormigueo negativo. Más o menos cada cinco años (eso se convirtió en un esquema regular), volvía a intentar leerla, y al cabo de un tiempo empecé a razonar la dificultad: "Pero esto está muerto", me dije. La curiosa sensación, el cosquilleo negativo, me resulta ahora, por supuesto, desdichadamente familiar: es la respuesta del lector a lo que parece ocurrirles a todos los escritores cuando sobrepasan la expectativa de vida consignada por la Biblia. La irradiación, la capacidad de dar vida, empieza a marchitarse. El verano pasado me fui de viaje con Ada y me encerré con el libro. Y tenía razón. Con 600 páginas, que duplican o triplican la categoría usual en la que Nabokov compite, la novela es lo que los detectives de homicidios llaman un "reventón". Es un cadáver arrojado al agua que se encuentra en la etapa de máxima hinchazón. En 1939, cuando apareció Finnegans Wake, fue recibido con cauteloso respeto... o con "elogios suscitados por el pánico", según palabras de Jorge Luis Borges. Ada cosechó muchos elogios suscitados por el terror y de hecho, las semejanzas entre las dos óperas magnas son profundas. Nabokov designó al Ulises como su novela del siglo, pero describió a Finnegans Wake como, según la oportunidad, "informe y aburrida", "un libro frío como un pescado", "un trágico fracaso" y "un ladrillo espantoso". Ambas novelas procuran hacer una virtud de la autoindulgencia irrestricta; nos dan la espalda, por así decirlo, y se repliegan en sí mismas. El talento literario tiene diversas maneras de morir. Tanto en el caso de Joyce como en el de Nabokov, vemos una decisiva pérdida de interés por el lector... una pérdida del sentimiento de reciprocidad, de la cortesía. Los placeres de escribir, dijo Nabokov, "corresponden exactamente a los placeres de leer", y las dos actividades son en cierto sentido indivisibles. En Ada, ese lazo se afloja y se debilita. En Nabokov hay cierta debilidad por lo "patricio", tal como lo denominó Saul Bellow (Nabokov el émigré clásico, Bellow el clásico inmigrante). En las novelas puramente "rusas" del primero (me refiero a las novelas escritos en ruso que no tradujo el propio Nabokov), los personajes masculinos, en particular, tienen una tendencia a magnificarse a sí mismos: son más grandes y más audibles que la vida. No caminan, sino que "marchan" o "dan grandes zancadas"; no comen ni beben, sino que "mastican" y "trasiegan"; no se ríen, sino que "rugen de risa". Están muy lejos de ser los furtivos y vacilantes neurasténicos típicos de la corriente principal de la narrativa anglófona: son musculosos (y dotados) galanes, que ganan todas las peleas y enamoran a todas las chicas. Para ellos, el orgullo no es un pecado capital sino una virtud cardinal. Por supuesto, no podemos prescindir de esta vena de Nabokov: nos da, en otras obras, su magnífica prepotencia cómica. En Lolita, se pretende que esta soberbia cualidad sea divertida, en otras obras, es un rasgo que la ironía no alcanza a proteger. En Ada el nabobismo (cualidad referida a cualquier hombre importante, influyente o adinerado, un "pez gordo"; nabob es un europeo que hizo fortuna en las colonias, especialmente en India) se combina desastrosamente con una ninfolepsia que es pródiga y monótonamente satisfecha sin mayores problemas. Al principio de la novela, la propia Ada tiene 12 años y Van Veen, su primo (y medio hermano), tiene 14. Cuando Ada crece, en la adolescencia, su hermanita Lucette también está a mano para animar las "vigorosas citas" de ambos. Encima de todo eso, fluye una casi fantasía sobre una cadena internacional de burdeles de elite donde niñas jóvenes, de hasta 11 años, pueden ser "mimadas y mancilladas". Y el padre de Van, de 60 años, (de manera casual, pero típica) tiene una amante que apenas llega a los dos dígitos: tiene 10 años. Este libro interminable está escrito en una prosa densa, erudita, aliterativa, llena de juegos de palabras, que satura; y cada personaje, sin excepción, suena como el difunto Henry James. Al igual que Finnegans Wake, Ada probablemente "funcione" y "esté a la altura": el decodificador multilingüe, si le dedica tiempo suficiente y no tiene nada mejor que hacer, podría llegar a desenmarañar sus complejos sistemas y simetrías, sus solitarios y engorrosos laberintos, y sus nostalgias pegajosas. Sin embargo, lo que ambas novelas indican claramente es que carecen de cualquier atisbo de tracción narrativa: patinan y se desbarrancan, simplemente no pueden seguir el camino. Y además, en el caso de Ada, hay algo totalmente ajeno, una sensación de monstruosa autorización, de señorío irrestricto y delirante. Moralmente, ése es el mundo que anhelaba el tortuoso Humbert: un mundo en el que "nada importa" y "todo está permitido". [...] Esto nos lleva a Cosas transparentes (novela a la que incómodamente volveremos) y ¡Mira los arlequines!, así como los más o menos insignificantes volúmenes que estamos revisando. "LATH!" (Look At The Harlequins!), como la llamaba el autor, así como llamaba "TOOL" a The Original of Laura, es el canto de cisne de Nabokov. Tiene algunos estruendos maravillosos y destellos de colores sobrenaturales, pero es duro de oído y de visión reumática; y el tema de la niñita es ahora apenas algo más que un logo... parte del mobiliario de Nabokov, como los espejos, los dobles, el ajedrez, las mariposas. [...] Por sí solas, El hechicero, Lolita y Cosas transparentes podrían haber constituido una luminosa y desconcertante trilogía. Pero no quedaron solas; por el puro peso numérico, por la pura repetición, las novelas sobre la ninfolepsia empiezan a contagiarse entre sí... sufren de contaminación cruzada. Con gratitud tomamos de ellas todo lo que podemos, pero... ¿En qué otro lugar del canon encontramos una fijación tan rebelde? ¿En la espantosa comezón de Lawrence, tal vez, o en las turbias transposiciones sexuales de Proust? No, uno debe aventurarse hasta los márgenes de la literatura -Lewis Carroll, William Burroughs, el marqués de Sade- para encontrar un énfasis equivalente: un énfasis puesto sobre actividades que correcta y eternamente consideramos imperdonables. En la ficción, por supuesto, nadie sufre daño alguno; la falla, como dije, no es moral sino estética. Y no pretendo insinuar nada al señalar que la obsesión de Nabokov con las nínfulas tiene un paralelo: la repetitiva indiscreción de su obsesión con Freud ("el vulgar mundo, raído, fundamentalmente medieval" del "charlatán de Viena", con "sus resentidos embrioncitos espiando, desde sus recovecos naturales, la vida amorosa de sus padres"). Nabokov atesoraba la anarquía de la vida interior y Freud es vilipendiado porque procuró sistematizarla. ¿Hay algo de rivalidad en este odio? Bueno, a fin de cuentas es Nabokov, y no Freud, quien emerge como nuestro poeta supremo de los sueños (junto con Kafka) y como nuestro supremo poeta de la locura. Pero persiste un reparo producto del sentido común, pese a toda nuestra imparcialidad literaria y crítica: a los escritores les gusta escribir sobre las cosas en las que les gusta pensar. Y, para decirlo de la manera más dura, la mente de Nabokov, durante la última etapa de su vida, no honró suficientemente la inocencia -no honró suficientemente el honor- de las chicas de 12 años. En las tres novelas que acabamos de mencionar defiende con prepotencia su énfasis; en Ada (ese derroche incontinente), en ¡Mira los arlequines! y ahora en The Original of Laura, no lo defiende. Eso deja una leve pero visible cicatriz sobre el leviatán de su obra.

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Hemon en castellano

11.25.2009
Carátula de la novela en inglés. Fuente: timeout

Según Peter Elmore, el libro que más lo ha deslumbrado durante este año ha sido El Proyecto Lázaro del bosnio, nacionalizado norteamericano, Aleksander Hemon, que acaba de ser traducido al castellano por Duomo (¿por qué lo soltó Anagrama? me pregunto). Como lo he comentado antes, la novela es un proyecto que incluye una página online. Alberto Manguel comenta la novela como "Libro de la Semana" en Babelia, dice que ha renovado (sin escándalo, aclara pertinentemente) el arte de contar historias y compara el lenguaje de Hemon con el propio Nabokov. "Una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo" anota. No es poco. Dice:

De manera magistral, en una lengua precisa, inventiva, cercana al renovado inglés de Nabokov, una lengua que no fue suya hasta pasados los treinta años, Hemon construye un doble mundo de intrigas y paradojas. Hay en este libro una sabiduría asombrosa, desconcertante en alguien aún joven (aunque la historia de la región delmundo donde nació Hemon sin duda envejece hasta a los recién nacidos). Hay aquí un humor sutil, una ironía finísima, sin el más mínimo dejo de desprecio, incluso hacia los personajes más despreciables. Pero sobre todo, está la invención de la víctima absoluta, triunfante, noble en medio de la aterradora injusticia a la que es sometida: Olga, la hermana de Lázaro, simbiosis más allá de la alegoría de María y deMarta, activa y contemplativa a la vez, heroína de un drama que no puede (que nadie puede) entender porque ninguna razón lo justifica, salvo la inconmensurable presencia de nuestro mal de todos los días. Olga no entiende por qué su hermano ha muerto, pero quiere enterrarlo honorablemente, según el ritual judío; no entiende por qué el compañero de Lázaro es perseguido, pero quiere ayudarlo por amor a su hermano; no entiende por qué los poderes policiales de Chicago la agreden y por qué la comunidad judía la engaña, pero persiste en actuar de la manera más honorable posible. Es esta dignidad suya la que la eleva por encima de los otros personajes y de sus atroces comportamientos. Es Olga quien el lector recuerda al cerrar el libro. Rita da Costa ha logrado una espléndida traducción, límpida y fiel a las invenciones lingüísticas del original, felizmente libre de las habituales torpezas de una versión literal. Sólo un reproche debe hacerse a la edición española: el haber imitado la nefasta costumbre anglosajona de agregar adornitos a un libro, en este caso, una fatua entrevista al autor, entrevista cuyo propósito parece ser explicar la novela a un público que se supone no suficientemente inteligente para entenderla por sí mismo. Tales interferencias editoriales son inaceptables y ofensivas. El proyecto Lázaro es una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo. Son pocas las veces en las que un libro renueva, sin escándalo, el arte de contar. Con su aguzado lenguaje, su inteligencia, su respeto por las nuevas formas estilísticas que su tremendo tema exige, Hemon ha escrito una intachable obra maestra.

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Amis vs. Kirschbaum.

11.18.2009
Los originales de la cuestionada Laura de Nabokov. Fuente: revista ñ

Mientras los afortunados millonarios nabokov-fans alistan sus apuestas y sus dólares para llevarse las fichas manuscritas de The Original of Laura de Vladímir Nabokov (lo que daría por solo una de esas fichas para enmarcarlas, junto con los dibujos de Andreas) que pronto serán subastadas en Christie´s, la publicación de la novela por Knopf en forma de fichas está dando que hablar. Martin Amis, conocido fan de Vladímir, ha levantado su voz de protesta en un artículo publicado en The Guardian donde dice tajantemente:
Nabokov composed The Original of Laura, or what we have of it, against the clock of doom (a series of sickening falls, then hospital infections, then bronchial collapse). It is not "A novel in fragments", as the cover states; it is immediately recognisable as a longish short story struggling to become a novella. In this palatial edition, every left-hand page is blank, and every right-hand page reproduces Nabokov's manuscript (with its robust handwriting and fragile spelling – "bycycle", "stomack", "suprize"), plus the text in typed print (and infested with square brackets). It is nice, I dare say, to see those world-famous index cards up close; but in truth there is little in Laura that reverberates in the mind. "Auroral rumbles and bangs had begun jolting the cold misty city": in this we hear an echo of the Nabokovian music. And in the following we glimpse the funny and fearless Nabokovian disdain for our "abject physicality":
"I loathe my belly, that trunkful of bowels, which I have to carry around, and everything connected with it – the wrong food, heartburn, constipation's leaden load, or else indigestion with a first installment of hot filth pouring out of me in a public toilet . . ." Otherwise and in general Laura is somewhere between larva and pupa (to use a lepidopteral metaphor), and very far from the finished imago.
Sin embargo, en el mismo The Guardian, ayer 17 de noviembre, Alexis Kirschbaum, editor de Penguin Classics, arremete contra las críticas de Martin Amis y busca defender la publicación de la novela y apoyar la decisión del hijo de Nabokov de editarla. En suplemento Ñ hacen un resumen de los argumentos de Kirschbaum:
El director editorial de Penguin defiende hoy la publicación de una obra póstuma de Vladimir Nabokov bajo el título de El original de Laura, frente a sus críticos, entre los que está el conocido novelista británico Martin Amis."Dmitri tiene 76 años y está en una silla de ruedas. Fue una cuestión de legado (literario) y el deseo de adoptar una decisión en el seno de la familia" del escritor, explica Kirschbaum. El libro, publicado por Penguin en un papel tan grueso que parece cartón, reproduce fotográficamente cada una de las dos caras de las 138 fichas en las que el autor de Lolita anotó a lápiz el borrador de esa novela inconclusa. El escritor de origen ruso (1899-1977) comenzó a trabajar en "Laura" en 1975, año en que comenzó a fallarle la salud, y siguió ocupado en ella hasta su muerte dos años más tarde. Nabokov dejó instrucciones explícitas de que, si fallecía antes de poder terminar el libro, éste debía destruirse, algo que no hizo, sin embargo, su viuda, Vera. Si en el caso de Franz Kafka, hay que agradecer a su amigo Max Brod que incumpliera su postrer deseo de que se arrojase a la hoguera toda su obra inédita, en lo que se refiere a "Laura", los espíritus están divididos y son más quienes opinan que su hijo no le ha hecho precisamente un favor.Pero Kirschbaum no lo ve así: defiende la decisión tanto de la familia como de la editorial para la que trabaja y explica que "el placer visual" que proporciona El Original de Laura tal y como se ha publicado es "tan intrínseco a la experiencia" de la lectura como es el propio texto. "Claro está que el placer de leer El Original de Laura no es el mismo que el que proporciona una novela acabada, pero la intimidad de la lectura de las fichas tal y como las escribió Nabokov permite a los lectores penetrar en la interioridad del hombre y el escritor como nunca antes", explica el director editorial de Penguin."No creo, dice Kirschbaum, que las fichas nos conviertan, tal y como piensa (Martin) Amis, en incómodos testigos de la muerte del genio (en el escritor) y que este hecho privado no debería haberse hecho nunca conocimiento público". Según Martin Amis, la lectura de Laura le ha convertido en testigo de la muerte del genio, pero, explica el responsable de la publicación en Penguin, aquél nunca tuvo demasiado aprecio por la última obra de Nabokov, "acabada o no". "Laura estaba ya completa en la mente de Nabokov aunque no lo llegara a estar sobre papel, y ése le dijo a su hijo, Dmitri, que la consideraba una de sus tres obras más importantes", explica Kirschbaum. "Lo triste de Laura no es, según Kirschbaum, el declinar del autor sino, dado todo lo que prometía, el que (Nabokov) no pudiera acabarla". "Desde un punto de vista moral, podría argumentarse que no está bien haber publicado Laura, pero como admirador (de su obra), me alegro egoístamente de que no se hiciese caso del deseo de Nabokov"

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Kakutani sobre Laura

11.12.2009
Fuente: ericchangdesign

Michiko Kakutani comenta The Original of Laura, la novela póstuma de Vladímir Nabokov que su hijo Dmitrii -contrariando la última voluntad de su padre y las posteriores negativas de la madre- decidió publicar porque el "zumbido" de Laura seguía en su cabeza. ¿Valió la pena publicar este libro?, se pregunta Kakutani. Nos preguntamos todos. Ella responde así:

Was Dmitri right to publish “The Original of Laura: (Dying Is Fun)”? Do the index cards (reproduced with meticulous care by the publisher, Alfred A. Knopf, in an ingenious punch-out format) represent, as Dmitri has said, “the most concentrated distillation” of his father’s creativity? Does this fragmentary manuscript constitute the makings of “a brilliant, original and potentially radical book”? Or does the unfinished manuscript — like works left behind by Ernest Hemingway and published after his death by his estate — simply feel like an embarrassing and unfortunate coda to the master magician’s oeuvre? In many respects, the release of a rudimentary version of his last novel does a disservice to a writer who deeply cherished precision and was practiced in the art of revision. Just as “The Enchanter,” a precursor to “Lolita” that was written in 1939 and published after his death, reads like a crude, often flat-footed version of its famous descendant, so these fragments of “Laura” — so cryptic and sketchy — represent an incomplete, fetal rendering of whatever it was that Nabokov held within his imagination. Yet, at the same time, these bits and pieces of “Laura” will beckon and beguile Nabokov fans, who will find many of the author’s perennial themes and obsessions percolating through the story of Philip, an “enormously fat creature” with “ridiculously small feet, ” and his wildly promiscuous wife, Flora, who seems to have been the inspiration for a fictional character named Laura. (...) The final irony concerning “The Original of Laura,” of course, is the fact that its very form — an incomplete manuscript — recalls a favorite Nabokovian device: the notion of a set of “strange pages” or imperfect scribblings found, edited or annotated by another character. This device — H. H.’s memoir edited and published after his death (“Lolita”), say, or John Shade’s poem, introduced and commented upon by a scholar named Charles Kinbote (“Pale Fire”) — was not only a clever, postmodernist frame deployed by Nabokov in his endlessly inventive pursuit of complication, but it was also a sort of metaphysical statement on Art and the Artist, a rumination upon the inscrutable mysteries of creation.

En fin, no sé uds. pero a mí Kakutani me ha convencido. El libro, tal como ha sido editado, respetando las tarjetas, no será una novela pero es un Nabokov legítimo. Y eso es más que suficiente para mí.

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Cien años de soledad, influyente

9.25.2009
Influyente Cien años de soledad. Fuente: terra-cl

En la revista literaria Wasafiri se optó por hacer una encuesta sobre cuál es el libro que más ha influido en la litatura universal en los últimos 25 años. Y para hacer todo ecuánime, se le preguntó a 25 intelectuales que escogieran ese libro. Por mayoría de votos, resultó ganador 100 años de soledad de Gabriel García Márquez. Quedaron atrás algunos libros como Lolita de Vladimir Nabokov, Desgracia de JM Coetzee, Los versos satánicos de Salman Rushdie e incluso un voto para Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. También un libro de Barak Obama, ni más ni menos. La nota (vía The Literary Saloon) aparece en un post de The Guardian. Dejo aquí la elección de los votantes:

Aminatta Forna: The Famished Road by Ben Okri
Amit Chaudhuri: Collected Poems by Elizabeth Bishop
Bernardine Evaristo: Staying Power: The History of Black People in Britain by Peter Fryer
Beverley Naidoo: Roll of Thunder, Hear My Cry by Mildred D Taylor
Blake Morrison: The Stories of Raymond Carver by Raymond Carver
Brian Chikwava: The Savage Detectives by Roberto Bolaño
Chika Unigwe: One Hundred Years of Solitude by Gabriel García Márquez
Daljit Nagra: North by Seamus Heaney
David Dabydeen: A House for Mr Biswas by VS Naipaul
Elaine Feinstein: Birthday Letters by Ted Hughes
Fred D'Aguiar: Palace of the Peacock by Wilson Harris
Hirsh Sawhney: River of Fire by Quarratulain Hyder
Indra Sinha: Lolita by Vladimir Nabokov
John Haynes: Philosophical Investigations by Ludwig Wittgenstein
Lesley Lokko: Midnight's Children by Salman Rushdie
Maggie Gee: Disgrace by JM Coetzee
Marina Warner: Dreams from My Father by Barack Obama
Maya Jaggi: The English Patient by Michael Ondaatje
Michael Horovitz: Collected Poems by Allen Ginsberg
Minoli Salgado: Anil's Ghost by Michael Ondaatje
Nii Parkes: One Hundred Years of Solitude by Gabriel García Márquez
Roger Robinson: Sula by Toni Morrison
Sujata Bhatt: One Hundred Years of Solitude by Gabriel García Márquez
Sukhdev Sandhu: The Private Life of Chairman Mao by Dr Li Zhisui
Tabish Khair: The Satanic Verses by Salman Rushdie

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Parejas (in) disolubles

9.03.2009
Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, ejemplo de pareja (in)disoluble. Fuente: macpick´s

En estos días, las carteleras cinematográficas de Lima están presentando -con mucho atraso- dos películas con disonantes parejas románticas basadas en textos literarios: El lector, basada en la novela homónima de Bernard Schlink y Elegía, basada en Animal Moribundo de Philip Roth. Ya está dicho: La felicidad no crea buena literatura; en cambio, las parejas románticas en colapso pueden originar novelas extraordinarias. Este extenso artículo en La Vanguardia y Clarín así lo confirma. Son varios ejemplos los que brinda la nota. Empezando por el rapto de Helena de Troya, los adulterios de Madame Bovary y Ana Karenina, las novelas de Richard Yates, Vladímir Nabokov, hasta Mario Vargas Llosa y su niña mala y la pareja de moda Mikael Blomkvist / Lisbeth Salander de Millenium de Stieg Larrson. Muchas veces, las malas relaciones entre personajes son reflejos de la vida de los propios autores. Por ejemplo, sobre la obra de Scott Fitzgerald dice:

"Las vidas americanas no tienen segundo acto", dijo Scott Fitzgerald, refiriéndose a que la felicidad como promesa siempre desemboca en eso, en una promesa. A decir verdad, para algunos autores ninguna vida tiene segundo acto, y los matrimonios difícilmente llegan a finalizar el primer acto sin nocturnidad y alevosía. Si hay una pareja que llegó a alcanzar cotas de amor y odio inaccesibles para los mortales fue el matrimonio Fitzgerald, o lo que es lo mismo, Francis Scott y Zelda Sayre. Una novela, Alabama song, escrita por Gilles Leroy y premio Goncourt 2007, cuenta la historia de Zelda. El amor de Leroy por el escritor estadounidense le hizo descubrir la personalidad excepcional y esquizofrénica de Zelda, y exponer la cara oscura del autor de El gran Gatsby y uno de los mitos de la Generación Perdida. Zelda no era una gran escritora, pero sus textos demuestran su influencia en la novelística de Fitzgerald. Existen tantas Zeldas en las obras del autor, que la caída a los infiernos del escritor fue a la par de la destrucción mental de su mujer. Ella le sobrevivió ocho años, hasta que falleció en 1948, durante el incendio en el psiquiátrico en el que estaba internada. No sin ciertas dosis de imaginación, Leroy utiliza la voz de Zelda para tildar a Scott Fitzgerald de homosexual y de mantener relaciones con un supuesto Hemingway. Sean ciertas o no las especulaciones literarias del francés, debemos agradecer a la tormentosa relación del matrimonio una novela como Tierna es la noche. La Generación Perdida fue definida por Scott Fitzgerald como aquella generación que había encontrado "todos los dioses muertos, las guerras combatidas y la fe en el hombre destruida". Pero mientras algunos de sus miembros lograron la eternidad narrando los desastres de la Gran Depresión, los Fitzgerald alcanzaron la gloria y la destrucción ahogados por la marea de los felices años veinte,eslogan inventado por el propio escritor, tan hermoso y maldito como sus personajes. Como la vida misma Tierna es la noche es la propia historia de los Fitzgerald, convertidos en Dick Diver, psicoanalista, y en su antigua paciente y actual esposa Nicole, glamurosa pareja que ha alquilado una villa en la Costa Azul. Ricos y triunfadores, los falsos cimientos de un matrimonio empiezan a resquebrajarse cuando admiten en el grupo a una actriz llamada Rosemary Hoyt. Es el principio del fin. Los celos descubrirán la verdad sobre los Diver. Ella es una rica heredera enamorada locamente de su marido y confesor; él es un psiquiatra con deseos de triunfar. Pero el idealismo va desapareciendo y poco a poco van sumergiéndose en la vida extravagante y superficial. Si bien Dick utiliza la frágil psicología de Nicole para escalar socialmente, al final será él el gran perdedor. La caída de Dick Diver en el alcoholismo y la autodestrucción por haberse quedado allí, en el primer acto de la vida, narcotizado por el opio del lujo, irá en paralelo al resurgimiento de Nicole. Como la propia existencia de los Fitzgerald. El escritor murió en Hollywood en 1940, alcoholizado y malviviendo como guionista fracasado dejando como legado sus novelas y un estilo literario que sería adoptado por muchos de los autores que le siguieron.

Sobre Francosi Sagan y Buenos días, tristeza dice:

Es probable que sin la novela de McCullers Frankie y la boda (1946), la francesa Françoise Sagan no hubiese escrito en 1954 Buenos días tristeza con dieciocho años. El amor de Cécile por su padre Raimond hará de ella una Electra de la Francia de los cincuenta y sus sentimientos conducirán al drama más rotundo. Sagan triunfó con esa novela triste, acorde con los pensamientos de esa niña bien y despreocupada que terminará transformándose en el más melancólico de los verdugos. Huérfana de madre, tras estar interna varios años, Cecile descubre los placeres de la vida y el lujo en el París del flash y lahautecouture o bajo la suave luz de la Costa Azul. Idolatra asu padre, su mentor y su príncipe, pero la aparición de Anne, mujer equilibrada y recta, y el anuncio de la inminente boda con Raimond, hacen que los sentimientos de Cécile bailen serenamente entre el amor y el odio por su futura madrastra. Admira a Anne, pero deberá destruirla para recuperar una dolce vita en la que ella dominaba el mundoasu antojoyenel que era el centro de las atenciones de su padre. Aunque, como cabía esperar, los planes fallan y Cécile abandonará para siempre la dulce adolescencia cuando Anne y Raimond terminan dentro de un coche en el fondo de un acantilado. No hay mejor remordimiento literario que el que se torna tristeza.

También comenta la novela de James Salter Años luz:

De la misma generación que Yates, James Salter escribió también una novela fantástica que versaba sobre la disolución de una familia en apariencia sin fisuras. Años luz es la crónica de veinte años de vida en común de Nedra y Viri Berland, acomodado matrimonio que habita en el valle del Hudson. Influenciado por la prosa de Hemingway, Miller y Gide, Salter cuenta, con una prosa lúcida, cómo va pudriéndose la idílica unión de los Berland sin que ellos se den cuenta de la gangrena. Sin sobresaltos, sin culpabilidades, los Berland pasan de la alegría a la desilusión, y de la desilusión a una invisibilidad con una sola salida de emergencia: el adulterio y el divorcio. La prematura muerte de Nedra sumirá a Viri en la derrota: el hastío venció las expectativas de un matrimonio cuyas ambiciones estaban, al final, separadas a años luz. Una historia, la de los Berland, con claras similitudes a la de Salter, como quedó reflejado en las magníficas memorias del escritor tituladas Burning the days. El amor, al fin y al cabo, puede descubrir los páramos más oscuros de nuestro carácter.

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Nabokov en Playboy

7.09.2009
Carátula difuminada, idea de Chip Kidd. Fuente: amazon

Lo que faltaba: un fragmento, adelanto de la novela póstuma -que se vende en Setiembre- de Nabokov El original de Laura , será publicado en la revista Playboy. No es que desconozca que en esa revista ha aparecido muchas veces autores notables (incluso el mismo Nabokov fue entrevistado ahí alguna vez y recuerdo que fue muy interesante la entrevista) pero me parece raro que The New Yorker haya rechazado la posibilidad de publicar el fragmento. ¿Fidelidad a la memoria de Nabokov? ¿Será posible que la revista sea más fiel al deseo de no publicar nada que no esté concluído que el mismo Dmitrii? Dice la nota:

Según un artículo de The Wall Street Journal en su edición de hoy, la prestigiosa revista literaria The New Yorker rechazó la oferta de publicar un adelanto de la novela que trata de la tristeza de un hombre que tiene una esposa promiscua y que recuerda, a la vez, una vieja obsesión sexual con una chica más joven que él. El sitio de Amazon.com ya anuncia la fecha de publicación de la novela para el 17 de noviembre de este año por la prestigiosa casa Alfred Knopf, mientras que la mencionada nota de The Wall Street Journal afirma que el fragmento de 5000 palabras de la novela que será publicado en Playboy saldrá en su edición de diciembre de este año. Nabokov tenía una manera curiosa de escribir sus novelas: lo hacia en fichas. Según adelanta Amazon, el manuscrito de El original de Laura consistía de 138 fichas. Como libro tendrá un total de 304 páginas, el subtítulo de Una novela en fragmentos y llevará un prefacio de Dimitri Nabokov que, seguramente, justificará su decisión de desobedecer los deseos escritos de su padre. No será, por otro lado, la primera vez que Nabokov aparezca en las páginas de la revista erótica y de la buena vida. En 1969 un largo extracto de su novela Ada fue publicado en Playboy, revista que además en 1964 había publicoado una larga entrevista con el autor.

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Proliferación de viudas

6.08.2009
Viuda negra. Fuente: cosodeilustradores

El tema de las viudas literarias -o sus herederos- vuelve a tomar actualidad con la aparición de libros póstumos de autores como Roberto Bolaño, David Foster Wallace o Vladímir Nabokov. Y reciéntemente, lo de Julio Cortázar o Raymond Carver. Todos estamos de acuerdo con que Max Brod salvó a la literatura universal de quedarse sin un genio literario. Pero esa es la excepción. ¿Queremos más viudas literarias? ¿Son necesarios esos libros póstumos? ¿Las viudas tienen la razón en decidir o deberían dejar eso a los especialistas? Un artículo en el reciente número de la revista virtual The Quartely Conversation comenta el tema:

For those who can claim to have read every page of Wallace (well over 4,000 of them), or all of Nabokov (18 novels, plus 1,000 pages of stories, plus two books of lectures, numerous volumes of poetry, and translations . . .), or even the bilingualists who have exhausted Bolaño, then perhaps they can claim that an unexpected addition to an oeuvre is like a seductive phone call from beyond the grave. But for those of us who have yet to complete these authors’ works, our cynicism insists that the unpublished manuscripts are just an excuse to gossip about so-and-so and get excited about the publication of a “new” book, an item for which, we must observe, we are not currently lacking. Wallace, Nabokov, and (now) Bolaño are brands, and brands sell, especially in times of economic uncertainty. It’s easy to generate press for Wallace’s “last” “novel,” not so much for Wallace’s first novel, to say nothing of midlist author X, whose last book (total sales of around 5,000 copies in cloth and paper) generates a lukewarm brush-off from Barnes & Noble’s computer algorithm. Still, we would be remiss if we did not admit that an unfinished work’s very nature promises certain pleasures that no completed work can. There is something humbling, if not a little satisfying, to know that the force that could produce Invisible Man could also struggle for the rest of his life to again satisfy his muse. Well, let’s see why! Crack that ms open! The intrigue is inarguable. In the unfinished novel we can see the writer in all her wretched humanity, prone to distractions and failures just like us. At the same time, all those lacunae and disjunctions, the scribbles and blots and jagged lines, afford us unprecedented access to the creative mind at work. So now we have finally secured an invitation to our favorite writer’s study; we can hover like an unwanted in-law, make little snorts and suggestions at the writer’s trembling pen, project our own petty psychological theories. All this will make great banter at the next party.

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Lolita para Berlusconi

5.19.2009
Umberto Eco, sin barba, en Madrid. Fuente: Bernardo Pérez/ El País

El domingo pasado, aparecí en el programa de TV "Panorama" hablando de Lolita de Vladímir Nabokov y de las nínfulas en general. Fue a raíz de la historia de Silvio Berlusconi, a punto de divorciarse por tener supuestamente una amante de 18 años (es decir, bastante mayor para Lolita). La relación entre el libro de Nabokov y la historia de Berlusconi me pareció divertida pero un poco tirada de los cabellos; sin embargo, el reportero no fue el único que los relacionó. Ahora, desde España, Umberto Eco coincidió con él:

El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco dijo hoy en Madrid que al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, no le regalaría ningún libro porque "él mismo ha dicho que no lee", pero "vistas sus últimas noticias –añadió– sí le regalaría Lolita", de Nabokov. Eco, que recibió hoy en Madrid la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, uno de los intelectuales más reconocidos de los últimos tiempos, mantuvo hoy un encuentro con la prensa horas antes de recibir la distinción (...) A la pregunta de qué es lo que pasa con los italianos, que mantienen en el poder a Berlusconi, el autor de El nombre de la rosa contestó: "No pasa nada, los italianos están todos así". "Primero (los italianos) apoyaron al fascismo. Lo abandonamos cuando ya había un millón de ciudadanos muertos. Luego aguantamos cincuenta años de democracia cristiana, y ahora se vota a un personaje que cuenta chistes y se muestra como un caudillo. Ahora hace falta que Berlusconi haga morir a un millón de italianos, pero yo estoy viejo para ver eso, y si esto sucede me exiliaría en España", dijo Eco haciendo gala de buen humor.

En la conferencia de prensa, Umberto Eco también defendió con entusiasmo el formato de papel contra el digital: "Si tuviera que dejar un mensaje de futuro para la Humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico" Muy inteligente porque en unos años nadie sabrá lo que es un disquete. Ahora mismo ya no sé bien qué es esa cosa. Hay mejores medios de almacenamiento digital, señor Eco. Actualícese.

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Expatriados top ten

5.13.2009
Exilio. Fuente: espacioluke


Jean Francoise Fogel recoge en su blog una lista publicada en The Guardian -fanáticos en hacer listas, como se sabe- sobre los 10 mejores libros sobre el exilio. Fogel dice además: "(...) lo que más me interesa es la ausencia, lógica, de autores de América Latina. Pasaron años y años exiliados en Europa o en EE. UU. por razones políticas, pero en sus obras, de hecho, no se apartaron de sus países. Propongo una ley: a pesar de vivir en el exilio los autores latinos tienen poco talento literario para el destierro". La lista es la siguiente:

1. El americano tranquilo de Graham Greene

2. A Woman of Bangkok de Jack Reynolds

3. El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell

4. The Discovery of Tahiti (El descubrimiento de Tahiti) de George Robertson

5. Cuando partí una mañana de verano de Laurie Lee

6. El caballero del salón de Somerset Maugham

7. Thomas Cook European Railway Timetable (horarios del ferrocaril)

8. Habla, memoria de Vladimir Nabokov

9. Bajo el volcán de Malcolm Lowry

10. París era una fiesta de Ernest Hemingway

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Gogol, 200 años

4.02.2009
Nikolai Gogol. Fuente: Sciammarela/ el país

Ayer se celebraron 200 años del natalicio de Nikolai Gogol, ese extraño pero genial escritor ruso que tanto admiraba Vladímir Nabokov. Sin embargo, la celebración se ha teñido de un hecho casi gogoliano: las peleas entre Ucrania y Rusia por apoderarse de la imagen del autor de Almas muertas. Así lo comentan en El País:

En plena búsqueda de una identidad propia al margen del gigante eslavo vecino, Ucrania trata de apoderarse de la figura del autor de Las almas muertas, El inspector y Tarás Bulba y de agregarla a su galería de iconos nacionales. Mientras, Moscú se esfuerza por mantener el monopolio sobre el escritor. En Moscú se ha inaugurado el primer museo dedicado al autor y también una exposición sobre su persona y su época en el Museo Histórico. En Kiev se han presentado las obras completas, en ruso y en su traducción al ucranio y precisamente la traducción de la novela Tarás Bulba ha irritado a comentaristas y políticos rusos, que ven en el texto ucranio un intento consciente de deformar la obra de Gógol para adaptarla a las realidades geo-políticas actuales. La acción de Tarás Bulba, cuyo protagonista es un cosaco del mismo nombre, ocurre en el siglo XVI en tierras ucranias entonces rusas y que estaban parcialmente ocupadas por los polacos. La traducción al ucranio de aquella novela elimina de forma sistemática las alusiones a "Rusia" y a la "patria rusa" y las sustituye por términos como "nuestra tierra", "la tierra de los cosacos" o "Ucrania". El malestar por estas licencias se ha reflejado incluso en la Duma Estatal de Rusia, donde el pasado viernes el diputado Konstantín Zatúlin, vicejefe del comité dedicado a los Estados pos-soviéticos, habló incluso de "actividades subversivas" contra Gógol y su obra. Por unanimidad, la Duma adoptó una disposición en la que subraya el carácter ruso de Gógol y, recurriendo a la cita de un contemporáneo del escritor, afirmó que para los autores rusos, checos, ucranios y serbios, la "lengua de Pushkin" (el ruso) debe ser "como el Evangelio para todos los cristianos". En Ucrania, el ministro del Interior, Yuri Lutsenko, ha dicho que considera a Gógol como un "gran escritor", pero no como un "gran ucranio" porque representaba a los ucranios como provincianos interesados sólo por "comer tocino y el compadreo". Por su parte, el vicejefe del Parlamento, Nikolái Tomenko, calificó de "banal" el programa de acontecimientos oficiales dedicado al nacimiento del escritor y subraya que Gógol contribuyó a formar una imagen romántica de Ucrania.

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Lista erótica (8 novelas)

3.07.2009
ajedrez erótico. Fuente: gadget

El suplemento Babelia dedica su número de fin de semana a la paulatina desaparición de un género: el de la literatura erótica. ¿Por qué estaría a punto de desaparecer esta literatura? Una opción es que la oferta sexual a través de internte, es de tan fácil acceso y tan abundante que ha hecho inútil la literatura erótica o incluso pornográfica que antes era absolutamente necesaria. Otra razón podría ser que el tabú sexual ha sido roto desde hace décadas y uno no necesita ir a una novela erótica para encontrar descripciones sexuales de cualquier calibre. Como sea, Babelia no se echa para atrás y elabora una lista de libros de intensa carga sexual que uno puede leer, como quien dice, con una sola mano:

La lozana andaluza
Francisco Delicado (España)
Escrita en diálogos dramáticos a principios del siglo XVI, bajo la influencia de La Celestina, por un cierto Francisco Delicado, clérigo de quien poco se sabe y que aparece como personaje en su propia ficción. La lozana andaluza es una obra maestra del Renacimiento español. Aldonza, la protagonista, es experta en las artes de la cocina y del dormitorio, y en enlazar los placeres del amor con los de la gastronomía. Contrapunto femenino de los héroes masculinos de la picaresca, sus aventuras de cama en cama retratan sin piedad la sociedad española (y sobre todo romana) de la época. Como apunta Juan Goytisolo, con La lozana andaluza "el amor carnal desaparece del horizonte de nuestra literatura". La lozana andaluza es no sólo la última novela erótica de la literatura española clásica: es también una de las más audaces y más divertidas.

La pianista
Elfriede Jelinek
Más fruto de los fantasmas patriarcales que del deseo erótico femenino, la mujer que acepta o anhela ser sometida jalona la literatura amorosa, desde la demasiado paciente Griselda hasta la protagonista de L'histoire d'O. Elfriede Jelinek, utilizó ese personaje clásico dándole otra vuelta de tuerca. La pianista que da título a su novela ansía liberarse de los yugos sociales y familiares, y encuentra en el delirio amoroso, en el que parece rendirse a la dominación de un hombre, una forma distorsionada de poder. Digo parece, porque es ella quien dicta las leyes del juego, obligándolo (y obligándose) a trascender todos los límites. . Como todas las novelas de Jelinek, La pianista es una llamada a la rebelión contra el conformismo, en la cual la violencia física y mental parece ser el arma más eficaz para redimir una causa que se daba por perdida.

Este latente mundo
José Luis de Juan (España)
La literatura erótica corre a menudo el riesgo de caer en la fría descripción clínica o en un vocabulario infantil y soez. En Este latente mundo, José Luis de Juan evita ambas trampas, reinventando un lenguaje que hace eco a la antigua poesía amorosa y a la tradición mística. Dos historias entrelazadas componen esta magnífica novela. La primera cuenta la vida de Mazuf, escriba sirio en la Roma del siglo I, pederasta y poeta; la segunda es la crónica de las aventuras eróticas de un estudiante americano en Harvard hoy. Ambos protagonistas comparten la homosexualidad y el crimen; también ambos buscan en el lenguaje literario un instrumento para dar sentido a sus desordenadas vidas. A través de estas narraciones paralelas, va revelándose el mundo latente que da su nombre a la novela, un mundo sensual, febril, ininterrumpido, inolvidable.

La casa de las bellas durmientes
Yasunari Kawabata
El acto erótico implica ardor, desasosiego, movimiento. Concebirlo en cambio como estático, inerte, es depurarlo de su realización material y concederle una suerte de eternidad visionaria. La amada inmóvil que ansiaba Nervo, la callada seductora que cantaba Neruda, el dormido Adonis de Shakespeare son encarnaciones del deseo suspendido, nunca logrado. Yasunari Kawabata compuso a principios de los años sesenta una perfecta novela corta para relatar ese estado de erotismo contenido. Transcurre en un prostíbulo de reglas particulares: las mujeres, todas muy jóvenes, que allí se encuentran, duermen a lo largo del día. Los clientes, casi todos ancianos, pagan para mirarlas. La casa de las bellas durmientes es una de las más logradas obras eróticas de nuestro tiempo.

Las relaciones peligrosas
Pierre Choderlos de Laclos
Según Denis de Rougemont, la aristocracia francesa de fines del siglo XVIII, al no poder ya demostrar su autoridad en conquistas militares, se resolvió a hacerlo a través de conquistas eróticas, narradas en obras libertinas cada vez más audaces y desaforadas, que concluyen con los catálogos filosófico-pornográficos del Marqués de Sade. Para Pierre Choderlos de Laclos, el campo erótico sirve de espejo a esta crisis de autoridad y al cambio social anunciado en vísperas de la Revolución Francesa. Publicada en 1782, Las relaciones peligrosas es la culminación de una larga trayectoria de literatura libertina y epistolar. La correspondencia entre el Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil propone un complejo y fatal juego erótico de seducción y trampa, en el cual las reglas son dictadas por una sociedad a punto de expirar.

Lolita
Vladimir Nabokov (Rusia)
Desde Graham Greene a Borges, escritores del mundo entero se aliaron para declarar Lolita una obra maestra satírica, sin duda erótica, pero singularmente literaria. Narrada en la voz de un pedófilo engreído y pedante, Lolita es una ambigua crónica de seducción y estupro en la cual la víctima acaba atrozmente redimida y el victimario condenado al ridículo por sus lectores. Nabokov inventó para esta novela un lenguaje generoso, recargado, barroco, que se desliza casi imperceptiblemente, a medida que avanza en su impudor, hacia lo sensual y delicadamente físico. Sabemos que el objeto del deseo del narrador es inadmisible, nefasto, y sin embargo, al mismo tiempo, gracias a la magia literaria de Nabokov, descubrimos en él un oscuro y febril erotismo que cobra fuerza en el hecho mismo de estar prohibido.

Satiricón
Petronio Arbiter (Roma)
Petronio fue autor de una vasta novela picaresca de la cual sólo sobreviven algunos fragmentos de dos de sus libros. Éstos sin embargo bastan para revelarnos una obra maestra. Dos jóvenes libertinos, Encolpio y Ascylto, recorren Campania y el sur de Italia en busca de un antídoto para curar la insuficiencia sexual de Encolpio, consecuencia de la maldición del dios Príapo. Habita la novela un sinnúmero de personajes cómicos y trágicos que se encuentran y desencuentran en desconectados episodios eróticos y costumbristas. Rige la novela un regocijante desorden, mientras que su involuntaria naturaleza fragmentaria le otorga un ritmo frenético y un extraordinario poder narrativo. Más que ninguna otra obra de la antigüedad, el Satiricón nos ofrece una visión privilegiada de la vida cotidiana en la Roma clásica.

El amante
Marguerite Duras (Francia)
En 1984, con El amante, Duras se convirtió en un best seller mundial. Situada en la Indochina en guerra, la historia de la joven francesa enamorada de un hombre chino causó escándalo. Primero porque la heroína que acepta los amores del enemigo era tildada de colaboracionista; segundo porque su relación transgredía fronteras raciales; tercero (lo más inadmisible para la burguesía francesa) porque describía a una familia colonial que aceptaba dinero de un nativo para financiar sus exigencias. Secretamente, el escándalo mayor lo produjo la descripción física del amor prohibido, el placer carnal de la protagonista con su amante y que Duras transformó, con un lenguaje depurado, sensual y preciso, en escena de voyeurismo para el recatado lector. Después volvería a escribir la historia (que hoy sabemos autobiográfica) bajo el título El amante de la China de Norte.

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Lolita digerida

3.03.2009
Lolita. Ilustración: Stephanie Von Reiswitz

Seguro muchos de uds. conocen los geniales, y perversos, Digested read de John Crace en "The Guardian". Se trata de críticas literarias basadas en la imitación de estilo, una caricatura de las obras comentadas, que se rematan siempre con una frase lapidaria (The digested read, digested). Esta semana, la víctima de John Crace ha sido Joan Rivers y Men Are Stupid ... and They Like Big Boobs (la frase final: Men are stupid ... and so are women). Pero a John Crace no le basta con burlarse de los contemporáneos, también arremete contra los clásicos en Digested classics . Esta semana le tocó a uno de mis libros favoritos: Lolita, de Vladímir Nabokov. Me he reído, me he reído mucho, con mala conciencia pero me he reído. Algunos párrafos brillantes:


Lolita. Light of my life. Lo. Li. Ta Very Much. Weep at this tangle of thorns. I was born in 1910 in Paris. My mother died when I was very jeune and if you wonder where my peculiar interests came from, I should have to say it started when I was 13 with Annabel Leigh, who died of typhus just as we were sur le point de la jouissance.
On the issue of my pedanterosis, I should stress it is not just any old 12-year-old girl that attracts me, but only "nymphets" with a sexual awareness. And how Humbert Humbert tried to be bien. In Paris, I sought palliatives with prostitutes and even, naive as only a pervert can be, married Valeria who betrayed me with a Slav.
I arrived alone in New York and joined an expedition to the Arctic. It was not easy to satisfy my tastes as Eskimo women were too fishy, so in 1947 I moved to New England to do what every literary hero is asked to do by a creator who cannot imagine a world sullied by the banalities of earning a living; I started work on a book that would never be written.
Oh, the conceit, reader! But forgive the chuckles of Humbug Humbug. My landlady was Charlotte Haze, a woman of unbearable drabness, with whom I would not have stayed had it not been for her 12-year-old daughter, Dolores. Dolly. Lo. L. My downy darling, nymphet whom j'aime for toujours et toujours amen.
(...)


I collected L from school in my Humber Humber and took her to a hotel where Lo, aux yeux battus, seduced me. "I'm a derlickwent, Dad," she replied. I was soon bored with her tales of Sapphism and her first sexual conquest, but was magnetised by her nymphaea. When I knew she had nowhere else to go, I told her about her mother.
Thus began our Baedeker travels through the States. Lo. Li. Ta Ti Tum. You may sense the book entering Flaubertian longueurs as I recount how I swore my pubescent concubine to secrecy while taking her to natatoria in between some sessions of gentle sodomy for which I bribed her with a nickel. But we were walking in a winter Humbertland, where critics would conflate the belles lettres of my transgression with artistic genius. Some would even go so far as to maintain my pederasty was a metaphor for Soviet totalitarianism.
(...)


For three years I suffered a Proustian and Procrustean fate as I sought my Lolita in a boyish woman. I even wrote poems. Oh my Lolita / I long to meet yer. And then I got a letter from a Mrs Schiller. "Dear Dad, I am married and having a baby. Please send money."
Humpty Dumpty took his gun, ready to kill the man who had taken his darling. But Schiller was innocent; Lolo had conspired in her own kidnapping with Clare Quilty and had left him when he asked her to star in a pornographic movie.
In Quilty, I recognised a pentapod monster like myself and Chum the Gun and Engelbert Humperdinck staked out his house. "She was really just a bit too repressed," Quilty drawled. I wrestled with him, shooting him 52 times before he uttered his last words. "Ooh that hurts a bit."
So now I sit here, wondering if I will be given the death sentence. And whether, for all its show-bateauing, this livre isn't really a load of aurochs.

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John Banville entrevistado

1.18.2009
John Banville. Fuente: theage.com

"Si se pudiera medir la potencia de la literatura como una carrera de caballos, el irlandés John Banville sería el nombre mayor de la novela en inglés" dice Matilde Sánchez, periodista de la Revista Ñ quien desde Dublín envía una entrevista exclusiva con este, en efecto, extraordinario prosista y narrador. Es cierto que la presencia de Banville antes de conseguir el Booker por su genial novela El mar (2005) pasaba desapercibida en medio del Dream Team británico y los minimalistas norteamericanos. "Antes del premio yo fui ignorado. No, me ocurría algo peor; era un autor consagrado por la crítica. Me colgaron el peor título nobiliario, el de 'escritor para escritores" dice Banville, quien ahora gracias a sus novelas policiales escritas bajo seudónimo se ha vuelto un éxito de ventas. Dejo aquí tres preguntas de la entrevista:


Confesiones y evocación: ¿su punto cardinal sería el registro de una voz, una primera persona absoluta? Por esa voz, el ensayista George Steiner escribió que usted es "el mayor estilista de la lengua inglesa".
No haga caso, el viejo Steiner se acordó de mí sólo para recordarnos a todos que él ya había escrito sobre el espía Blunt... Mire, es lo opuesto de lo que me fascina de esas obras de Simenon: ¡él no necesita de tanta intimidad! Alcanza una inmensa potencia sin cultivar un tono de voz propio, sin que lo oigamos a él. Su gran talento, que ni Black ni yo tenemos, le permite precisar una escena en apenas dos renglones. ¡Es que yo odio vivamente todo lo que escribo! Mis libros me hacen sentir avergonzado... Son mejores que los del resto de mis contemporáneos, desde luego, pero eso de ninguna manera me alcanza...

Después de tanta querella entre vanguardia y mercado, ¿qué es una buena novela hoy?
Para mí la novela es una forma capaz de pensar por sí sola, aunque esto no postula que sea una rama de la filosofía. Pero sí propone sus propias conclusiones. Es el instrumento que nos permite acercarnos cada vez más a un objeto, con obsesión. Cuando uno escribe sobre personajes, sus acciones y odios, termina escribiendo sobre algo que en verdad existe. Yo procuro enfocar algo no como referencia de lo real sino buscando aislar el hecho; para eso la primera persona es fundamental. Mi nuevo experimento ahora es enfocar sin depender del poder encantatorio de una voz singular.

¿Cómo surge cada libro?
Con una figura geométrica, una forma en el espacio y una tensión en mi cabeza. Y esto debo convertirlo en palabras, bajarlo a una página. Es muy parecido a lo que siente un compositor. Un músico amigo me dijo una vez, "Oigo un grito en la cabeza y debo participarlo a una orquesta". Es una compulsión, ¿qué otra cosa puede ser? Ahí estoy, horas enteras solo en mi escritorio durante más de cuarenta años contando historias absurdas, tratando con obsesión de que salga bien y sabiendo que nunca voy a conseguir lo que quiero. Y al mismo tiempo, no puedo hacer otra cosa. No es una vida digna para ningún ser humano... Incluso ante los buenos escritores, el lector puede ausentarse un rato mientras lee, pensar en otra cosa y volver a las dos o tres páginas. Conmigo no es posible; hay que estar concentrado a cada renglón porque la trama no cuenta, los personajes son menores y lo único que vale es esa voz obsesiva.

Por otra parte, gracias a la entrevista también me entero no solo de las lecturas de Banville (Magris, Sebald, Calasso, coincidentemente todos autores editados en Anagrama en castellano, como el mismo Banville) sino de su disgusto por Jorge Luis Borges:


Magris, Sebald, Calasso, todos ellos autores muy influidos por los ensayos breves de Borges. Sin embargo, a usted Borges no le gusta.

Bueno, es que le encuentro ciertos límites. Acuerdo con Nabokov; él dijo que cuando empezó a leer a Borges pensó que había descubierto una catedral y que después se encontró en un hall... Algunas de sus piezas son perfectas pero las encuentro carentes de pasión. Y cuando se despacha con los gauchos esos, bueno, ya no le creo una palabra.

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Listas: momentos románticos

12.08.2008
El amor existe. Foto del restaurant Boulevard Lavaud, en Santiago, que quise robarme sin éxito.

Tengo que aceptar (asumir es la palabra precisa) que lo que más me gusta de las mujeres son sus momentos de fragilidad. Me gustan las mujeres algo neuróticas, olvidadizas, vulnerables, pedigüeñas, desordenadas, que desconfían de sí mismas aunque no son necesariamente inseguras, algo hipocondriacas e incluso ligeramente enfermizas (gripes súbitas, asma bajo control, alergias desconocidas, breves dolores de estómago, bajadas y subidas de presión intermitentes). Juan Carlos Onetti confesó que se enamoró de una Dolly, una muchacha rubia y baja de estatura entonces, que cargaba un contrabajo y esperaba un taxi improbable en la acera. Yo colecciono también esos momentos, y no solo en la vida sino en la literatura. Aquí dejo mi lista de cinco escenas de obras distintas que tuvieron un efecto inmediato en mí: me enamoré de sus protagonistas perdidamente y para siempre.

1.- Cuando Anna Karenina, después de conocer a Vronsky, regresa en tren donde su marido y lee una novela con los pliegues aún no cortados. Lleva un estilete para ayudarse. De pronto, en medio de la confusión de sus últimos días (el propio Vronsky la ha seguido en ese tren) confunde su abrigo de piel con un animal verdadero. ¿Es un abrigo o un animal? ¿Qué es aquello? ¿Quién soy yo?

2.- Cuando el hermano y detallista biógrafo del fallecido narrador exiliado Sebastián Knight, narrador de la novela, conoce a la novia de su hermano Claire Bishop. Ella está con una gripe atroz, se suena la nariz roja con disimulo, y busca por todo el restaurante unos guantes que ha perdido. Cuando al fin los encuentra y salen del restaurante, recuerda unas cuadras más adelante que ha dejado unos paquetes. Sebastián regresa al lugar para recuperar sus bongs-bongs.

3.- Cuando luego de pasarse los tres primeros tomos de la novela El cuarteto de Alejandría pensando en Justine, el narrador en medio de una travesía en bote de pesca junto a su gran amiga y cómplice Clea es testigo de cómo un arpón desviado alcanza su brazo y la desangra. Podría morir si no actúan a tiempo. Y en ese momento descubre que ama perdidamente a esa mujer-real que observa cómo brota su sangre con miedo y curiosidad.

4.- Cuando la provinciana e infantil Ana Sergevna -la dama del perrito- perdió sus impertinentes, una tarde que se la pasó espiando a los recién llegados en barco a Yalta junto a Gurov. Luego tendría que conseguirse otros impertinentes para ir a óperas mediocres en el pueblo de S. donde vivía con el lacayo de su esposo. 

5.- Cuando el celoso y posesivo perro del hortelano narrador de Agnes, la novela de Peter Stamm, lee un cuentito ingenuo de Agnes y lo critica con una frialdad, una pedantería y dureza injustificada. Agnes se defiende diciéndole "pero si solo es una historia cortita", pero él continúa la devastación. Al final, Agnes hizo aparecer otra vez el relato en la pantalla cuando mueve el mouse, apreta un par de teclas y el texto desaparece. Entonces anuncia: "Lo he borrado, olvidado. ¿Damos un paseo?" 

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Divertimentos literarios

12.02.2008
emboque. Fuente: juguetes tradicionales chilenos

Los dejo con un juego literario enviciante, tan enviciante como leer las páginas de astrología de las web, que encontré en el blog de Ezequiel Martínez "En minúscula", en la revista Ñ. Dice Ezequiel:

La idea es completar los casilleros con tres autores que nos gusten, y el entretenimiento virtual nos devolverá el nombre de otro cuya lectura nos deparará un placer garantizado. Se llama gnooks. Pasen y después me cuentan.

La página de gnooks es ésta. Yo lo he intentado. Puse a Kenzaburo Oe, Vladimir Nabokov y Philip Roth. Y gnooks me recomedó leer a: ¡Viktor Pelevin! Ni más ni menos que el llamado "Nabokov de la era cibernética". He leído Homo Zapiens, no está mal pero, la verdad, no me cuadra la ecuación. Felizmente, me compré hace poco El meñique de Buda. No me queda sino leerlo.

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Historias de fantasmas

10.31.2008
Rebecca Evans en ópera basada en relato de Henry James. Foto: Tristram Kenton/ The guardian

Para celebrar Halloween, Peter Washington en The Guardian ha elegido The top 10 ghost stories. A ver si me animo a pasar este Halloween leyendo alguna historia de terror a mi hijo Andreas (un fan de Tim Burton, pero que hoy ha preferido disfrazarse de Ben10 antes que de algo terrorífico) mientras me robo los caramelos que le regalaron los vecinos. Las elegidas por The Guardian son las siguientes:

RL Stevenson The Body-Snatcher

WW Jacobs The Monkey's Paw

MR James O Whistle and I'll Come to You, My Lad

Elisabeth Taylor Poor Girl

Nikolai Gogol The Nose and The Overcoat

PG Wodehouse Honeysuckle Cottage

Saki The Open Window

Edith Wharton The Looking Glass

Vladimir Nabokov The Visit to the Museum

Henry James The Turn of the Screw

Por cierto, también en el ADN.es presentan 10 historias de miedo para esta noche. ¡Feliz Halloween! Y Feliz Día de la Canción Criolla también (que debería ser llamado el Día de Lucha Reyes de frente, porque es la Diosa, seguida en el Parnaso por el zambo Cavero con "Sigue tu rumbo" y Lucía de la Cruz con "Antes de partir").

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