Santiago Roncagliolo. Fuente: daylife Memorias de una dama es el título de la nueva novela de Santiago Roncagliolo, editada por Alfaguara, y
una entrevista en EFE que ha circulado por todas las redacciones adelanta detalles de su argumento: un joven escritor latinoamericano que viaja a España lleno de ambiciones, y una anciana aristocrática que se relaciona con él y le va dictando sus memorias. La nota anuncia que el protagonista es un
alter-ego del mismo Santiago (el personaje lleva, además, su nombre) y quizá eso se refiera al hecho de que, en efecto, me parece recordar que en sus primeros años en Europa él hizo un trabajo similar de "negro literario". Algunas de sus declaraciones:
(...) no es fácil combinar en una misma novela las vicisitudes de un joven escritor peruano -alter ego del propio Roncagliolo-, que llega a España "desesperado por entrar en el mundo editorial", con las memorias de una anciana millonaria y decadente, cuyo padre, "un pequeño Berlusconi de los trópicos", como lo define el narrador, fue golpista, fascista, agente de la CIA y hombre de la Cosa Nostra. Y todo ello en el convulso Caribe de los años treinta a los sesenta. (..) le interesaba contar esa época "desde el punto de vista de los perdedores", como lo son "esos supermillonarios de una casi realeza que había en el Caribe en la primera mitad del siglo XX". A esa "realeza" pertenecía Diana Minetti, la excéntrica millonaria que, desde París, encarga su biografía al innombrado escritor peruano, narrador de la novela, que ve en ese encargo una posible salida a sus problemas como inmigrante en Madrid. "A Diana la educaron para ser una buena esposa, un adorno elegante en el salón de su marido". "El castillo de cristal" en el que vivía la clase social a la que pertenecía se vino abajo con la revolución cubana. "Su mundo desaparece", comenta Roncagliolo. Como le sucede al narrador de su novela, Roncagliolo se vino a vivir a España -reside en Barcelona desde hace cuatro años- porque en las últimas tres décadas este país "era el Hollywood literario". "Todos mis referentes eran escritores que habían triunfado en España. Pero también es verdad que los que habían fracasado eran muchos más, lo que pasa es que nadie cuenta sus historias". Y es "la historia de un escritor fracasado" la que plasma en su novela, que tiene "una fuerte carga cómica y una fuerte carga trágica".
La nota también enfatiza en el dato autobiográfico, satirizado sin piedad por el propio Santiago:
Dentro de esa sátira del mundo literario que dibuja en su novela, el autor interviene con su propio nombre en la trama y no sale bien parado. El Roncagliolo de la novela era, a juicio del narrador, "el típico cabrón divo y seguro de sí mismo que usa lentes de Armani y un reloj de pulsera que parece de pared". Y había tenido mucho éxito con "una novelita intimista, una de esas frivolidades intrascendentes no demasiado largas para que hasta los analfabetos las puedan leer". En la vida real, el autor de Memorias de una dama sabe que no se puede quejar, aunque no olvida que "la carrera de un escritor es irregular". "Cuando te va mal, tienes que seguir escribiendo. Yo lo hice cuando nadie quería publicarme y lo seguiré haciendo si vuelve a sucederme eso. Pero mientras me vaya bien, lo voy a disfrutar todo lo que pueda", asegura entre risas.
Dejo para el final la parte más polémica. En la entrevista también se ha referido al Boom, en particular a Gabriel García Márquez y Julio Cortázar (mientras que Vargas Llosa es un paradigma en su novela, y supongo que no solo por la obra teatral
Kathy y el hipopótamo cuyo principio argumental es similar al de la nueva novela de Santiago):
Nos hemos vuelto devoradores de realidad. Hace cuarenta años se podían publicar novelas como Rayuela o Cien años de soledad, pero ahora somos muy escépticos e incrédulos y hay que meter mucha realidad para que todo parezca verdad
Bueno, como a cualquier afirmación categórica, hay que tomar ésta con pinzas. ¿Realmente no se puede ya aceptar una novela como
Rayuela o
Cien años de soledad? (primero habría que aclarar cuál es el punto de intersección entre esas dos novelas tan distintas al que se refiere Santiago). No estoy convencido de que los lectores se hayan vuelto cada vez más
incrédulos. Pienso que, al contrario, lo que ha sucedido es que el concepto de "realidad" se ha estirado mucho, y ya no funciona la vieja polaridad "fantástico/mágico" y "realista". Un ejemplo de eso (y solo para poner el nombre latinoamericano más exitoso de los últimos años) es Roberto Bolaño. ¿Es Bolaño un autor
realista al viejo modo? ¿Es fantástico? ¿Bolaño "mete mucha realidad" en obras de pesadilla como
2,666? Lo dudo. Pero tampoco lo consideraría "fantástico" o menos aún "realista mágico". Las etiquetas se han caído. Las novelas, incluso las más
realistas como las de Castellanos Moya, o las
experimentales como las de César Aira o Mario Bellatin, son consideradas ahora en su propia coherencia interna, se han convertido en esos cuentos de hadas que decía Nabokov. En ese sentido (absolutamente positivo, debo subrayar) una novela como
Abril rojo me parece tan inverosímil o tan poco "realista" como
Cien años de soledad. ¿Ya no se puede escribir
Rayuela? ¿Ni
Cien años de soledad? Al contrario, creo que finalmente no solo estamos en capacidad de seguir escribiendo esas novelas sino de entenderlas en su verdadera dimensión.
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