MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La lengua polifónica

3.02.2010
Siameses. Ilustración: María de los Ángeles Vargas. Fuente: Bienvenido pi pi pi pi

¿Escribir en castellano o en español? ¿Por qué los españoles sienten que el castellano de América Latina es un dialecto y reemplazan, por ejemplo, "zopilote" por "buitre" en los libros intercontinentales (Ruiz Rosas dixit)? ¿Por qué a los latinoamericanos nos sabe tan mal las traducciones de autores coloquiales a la española con su "joder" "tío" "esto mola" etc hasta el punto que incluso los hermanos Glass de Salinger parecen personajes de Verano Azul? La revista "Babelia" se pregunta eso a dos escritores, un español que conoce bien América Latina (José María Merino) y un colombiano afincado en Barcelona (Juan Gabriel Vásquez). Esto dicen:

José María Merino: La anciana está tejiendo en un pequeño telar, sentada en una sillita, en uno de los extremos del enorme bohío de suelo de madera brillante -al parecer, el salón de baile de la pequeña localidad inmersa en la frondosa selva- en una de las orillas del canal, o mejor los canales, del Tortuguero, en Costa Rica. De esto hace más de veinte años. Es uno de mis primeros viajes a la América que habla español, y estoy charlando con esa mujer, que me cuenta algunas cosas a propósito del lugar, de los huevos de tortuga, tan sabrosos, de los pequeños caimanes que llevan a su cría sobre el lomo, de los monos aulladores, del tráfico fluvial que convierte los canales en imprescindibles vías de comunicación. Me sorprende su español, en el que la riqueza léxica muestra palabras para mí castizas, y hasta arcaicas -me trata de vos- junto a otros vocablos cuyo sentido tengo que adivinar -llama lagartos a los pequeños caimanes- igual que me sorprende la música que hace resonar su discurso, el modo de pronunciar las erres, las cadencias del fraseo. El momento, el esplendor solar convertido en una luz suave gracias al gigantesco arbolado y remansado en la solemne penumbra del bohío, la humedad que enaltece los aromas, quedan en mi recuerdo envolviendo ese español nuevo, diferente, que fluye de la boca de la mujer. [...] En la época de la que hablo he leído con atención y gusto a los escritores de lo que conocimos como boom latinoamericano -varios acabarán convirtiéndose en clásicos vivos de nuestro idioma- y he advertido las peculiaridades que le dan a su prosa su inconfundible identidad. Pero es a través de las palabras de esta mujer del pueblo cuando comprendo que mi lengua ya no tiene un único lugar de referencia, que puede ser la misma y presentar otra melodía, e incluso un léxico donde convivan pacíficamente lo habitual y lo ajeno, en tierras para mí muy lejanas. La revelación de que la anciana no habla una lengua segundona de la mía es, en cierto modo, similar a otra: la que, al leer a los cronistas y escritores de Indias, a raíz de mi primer descubrimiento americano, tuve al comprender que, en los Comentarios Reales, el Inca Garcilaso realiza un genial injerto, al contarnos la historia de sus antepasados a la luz de la cultura grecolatina. Con los años he recorrido muchos lugares de Iberoamérica, he vuelto a tener gustosas conversaciones con hablantes populares, y me sigue asombrando, con el deleite de compartir lo más hondo de ese patrimonio, la variedad de registros melódicos y la riqueza de los vocabularios. Los hispanohablantes nunca seremos capaces de abarcar todas las músicas de nuestro idioma, ni todo el léxico que lo enriquece. La fragmentación comunitaria ha favorecido la existencia de muchos reductos regionales, y en ellos surgen espacios verbales donde la intimidad, la familiaridad, ofrecen nuevos registros de un al parecer infinito panorama de modulaciones del español.

Juan Gabriel Vásquez: He tenido que pasar catorce años fuera de Colombia -y diez años de escritura, o de intentos de escritura, en Barcelona- para enterarme de algo que todos sabían, menos yo: mi lengua está en peligro. Me refiero, claro, a la lengua española con que escribo mis ficciones: al parecer, el hecho de llevar tanto tiempo fuera de mi país es una especie de atentado contra su pureza. La lengua de un expatriado como yo está amenazada (me explican) por la globalización, y el resultado es la pérdida de sus matices locales o nacionales, y la consecuente creación de una koiné donde las novelas de todo un continente acabarán sonando igual. La lengua de un expatriado como yo está sitiada (me explican) por la ubicua y contaminante presencia del inglés, con el resultado -indeseable, por lo que se ve- de que la ficción latinoamericana ahora suena toda como una traducción de Cheever o Yates. Me parece que en ello, en estas bienintencionadas inquietudes, hay un gran malentendido: la idea de que la lengua literaria se comporta igual que la lengua hablada, y de que los escritores que pasan mucho tiempo en países ajenos corren el riesgo, como si dijéramos, de "perder el acento". Pues bien, no es así. Mi coterráneo Fernando Vallejo lo explicó bien en el menos vallejiano de sus libros: Logoi. "La prosa", dice allí, "es como una lengua extranjera opuesta a la lengua cotidiana". En otras palabras, la voz con que uno cuenta sus novelas es siempre una fabricación, una invención; desde Lázaro de Tormes hasta Jacobo Deza, la voz de la ficción es una creación artificial que sólo a grandes rasgos coincide con la dicción del escritor metido en eso que, a falta de mejores palabras, llamamos mundo real. Si uno siente, como siento yo, que siempre está escribiendo en una lengua extranjera, puede sin miedo dejarse contaminar por tres años de vida en países francófonos, por diez años de vida en español peninsular, por una vida entera en estrecho contacto con el inglés de varios países; y, lejos de amilanarse por ello, lejos de sentir y temer la desnaturalización de su lengua, comprenderá que esas voces y esos ámbitos que se le ofrecen en el extranjero pueden muy bien acabar por enriquecerlo. Así que ni la contaminación ni el descenso a la koiné me han preocupado nunca. Hubo un tiempo, sí, en que la exhibición indiscriminada de localismos bastaba para hacer literatura latinoamericana; ese tiempo, por fortuna, ha pasado, y de la superstición del color local -tan afín a esa otra superstición, la del nacionalismo literario- ya se ocupó Borges en El escritor argentino y la tradición, un ensayo de los años treinta que para mí tiene el lugar de un manifiesto

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¡Primicia! GABO por Mordzinski

2.26.2010
Gabriel García Márquez. Foto: Daniel Mordzinski

A manera de felicitación por el premio en "Revista de Letras" y por los cinco años de Moleskine Literario, mi cómplice y amigo Daniel Mordzinski me envía esta primicia absoluta (mañana aparecerán más fotos de esta sesión exclusiva en Babelia, creo): una hermosa foto de Gabriel García Márquez actualmente. El regalo viene, además, con un texto del propio Daniel:

"Gabo te espera a las 12". El mensaje de Carmen Balcells era claro y rotundo. Eran las 9:30 del 29 de enero y sentí una conmoción íntima y paradójicamente serena. Hace más de quince años que lo fotografié por primera vez en Biarritz y hace mucho que soñaba con este nuevo encuentro. El HAY FESTIVAL de Cartagena era, por muchos motivos, el marco idóneo para una sesión en la que estaba todo dicho. Estas son las fotos de un silencio. Como en el abrazo con el que nos reencontramos, en estos retratos hay un velo de sabiduría (suya) que sólo se explica por la bondad, la inteligencia y el implacable humor de este genio de las letras y los afectos. DM.

¡Un millón de gracias por la primicia, las felicitaciones y la amistad, Daniel!

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Mordzinski en el Hay Cartagena 2010

2.09.2010
Juan Gabriel Vásquez. Foto: Daniel Mordzinski


Zoé Valdez. Foto: Daniel Mordzinski


El historiador Simón Schama. Foto: Daniel Mordzinski


El narrador italiano Paolo Giordano. Foto: Daniel Mordzinski


El escritor español Manuel Gutiérrez Aragón. Foto: Daniel Mordzinski

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Festivales literarios

1.27.2010
programa del Hay Festival Cartagena 2010. Fuente: hayfestival

Mientras esperamos, en mayo, el fabuloso Festival de la Palabra que Mayra Santos Febres y otros cómplices está organizando en Puerto Rico (en la tierra de Maelo ya se respira el ambiente de Festival, por cierto, gracias al entusiasmo de Mayra y con la presencia de la cubana Karla Suárez, quien se adelantó y fue a Puerto Rico a dar unos talleres y comenta la visita en El País), podemos ir calentando motores con el Hay Festival Cartagena 2010 que empieza mañana, 28 de enero y contará con la presencia de Ian McEwan, Almudena Grandes, Michael Ondaatje, Mario Vargas Llosa, Manuel Gutiérrez Aragón, Guillermo Fadanelli, William Ospina, Fernando Trueba, Zoé Valdés entre otros. Ya Daniel Mordzinski viajó hasta allá y tiene la cámara en ristre para mandarme algunas fotos. A propósito, en el diario argentino La Nación, Susana Reinoso habla sobre los Festivales Literarios:
¿Cuánto cuesta un festival literario? Entre US$ 400.000 y 2.000.000, según el festival de que se trate. En el primer caso se halla el Carnaval de las Artes. En el segundo, el Hay Festival. Desde Colombia, Heriberto Fiorillo, director del Carnaval de las Artes, que este año realiza su cuarta entrega, dice a LA NACION: "Nuestro propósito es que los escritores y los artistas nos revelen sus procesos de creación e invitamos a los jóvenes para que conozcan por dentro la literatura, el periodismo, la magia. El contacto con el público se da en espacios que funcionan como pequeños talleres. La obra es más importante que el artista o el escritor". Desde Madrid, la directora de Proyecto y organizadora de las ediciones de Granada y de Segovia del Hay Festival, la argentina Sheila Cremaschi, define los encuentros: "Cada festival es un animal único, con su propia vida y hasta la identidad de los lugares modifica nuestras concepciones. Destaco como saliente la proximidad que tienen los escritores con sus lectores durante los cuatro días que dura el festival. Es un momento renacentista en el que conviven artistas, escritores y músicos en un mismo espacio". Desde Italia, Silvio Benedetto señala: "Estos encuentros artísticos en la Liguria [Cinque Terre] surgen como un punto de encuentro entre el pasado, por el papel que el puerto de Génova tuvo en la migración de los que se hicieron a la mar, y el presente, en el diálogo con otras poblaciones. El intercambio de los escritores y de los artistas se da con los pobladores locales". Lo intransferible de un festival literario, coinciden los consultados, es esa magia que se produce en una pequeña ciudad cuando es "tomada" por la literatura. Y de pronto, un lector desprevenido se sienta en un café al lado de Martin Amis, o se cruza con Gabo García Márquez y su hermano Jaime volviendo de una cena en la histórica Cartagena de Indias. Sólo por placer de verlos andar, como mortales, ya vale la pena.

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JJ Junieles cuentista

John Jairo Junieles rumbeando en Cartagena. Fuente: moleskine

Y hablando de "baby" de casi 40 años, el colombiano B-39 John Jairo Junieles, quien goza su vida y su rumba en la inolvidable ciudad de Cartagena (donde, la última vez que lo vi, nos estaba llevando a una rumba y de pronto desapareció en una esquina para siempre), ha publicado El amor también es una ciencia, 10 relatos que seguro encontrarán su lugar entre los asistentes al Hay Cartagena 2010. Lo entrtevistan en un diario de su ciudad y desde ahí habla de su libro y recuerda el Bogotá39:

Le preguntamos a Junieles qué significa para él haber sido incluido en ese proyecto, y nos respondió: “Hay gente que nació para salvar vidas en un hospital. Para otros la vida es construir y pulir sillas, sembrar la tierra, vigilar la entrada de un banco, cocinar. Por mi parte, sólo intento contar lo mejor que pueda las historias que se me ocurren. Bogotá 39 es un reconocimiento para todos los que se detienen en la calle a escribir en papelitos. Esos obstinados en poner una palabra detrás de la otra, para contar historias que tal vez sirvan de compañía o consuelo para alguien, ese alguien que lee, escucha música, o ve una película para sentirse menos solo, mientras hace frente a sus dilemas personales”. De su nuevo libro de cuentos El Amor también es una ciencia, J. J. Junieles nos dice que “el libro surgió de un reto personal bastante absurdo. Algunos cuentos conservan su vigencia, a pesar del tiempo y las traducciones, por sus argumentos atractivos y no por las palabras usadas para narrarlos. Me preguntaba si podía escribir cuentos donde las historias fueran tan entretenidas que nos hicieran olvidar las palabras. No sé si lo conseguí”. Allí está su apuesta. Sólo falta ser juzgada por los lectores, quienes en últimas son los que deciden aceptar la compañía de una historia.

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Un cuento mío en SoHo

11.26.2009
Sleeping Beauty. Foto: Dina Goldstein. Fuente: the fire wire

La estupenda revista Soho de Colombia, en su edición de noviembre, tuvo una idea muy divertida. Nos pidió a tres escritores latinoamericanos (Jorge Volpi, Marcelo Birmajer y a mí) que nos basáramos en unas fotografías extraordinarias de la canadiense Dina Goldstein para su Proyecto Fallen Princesses y escribiéramos un cuento. Las fotografías de Goldstein son continuaciones gráficas de los cuentos de hadas, cuyo "y vivieron felices por siempre" es engañoso. En ellas se ve a una Cenicienta más bien feliz esperando un taxi, o bebiendo en un pub, en una ciudad del midwest norteamericano; a una Caperucita Roja obesa en medio del bosque, bebiendo su segundo milkshake del día, aprovechándose de la cesta de comida chatarra de la abuela; a una subversiva Jasmine armada de fusil, más furiosa que nunca, en plena Guerra de Irak; a la pelirroja sirenita, Ariel, atrapada en un acuario a merced de los turistas, como un delfín reducido en su enorme pecera climatizada; a la princesa del guisante, el cuento de Hans Christian Andersen, sentada -posiblemente incómoda al notar el guisante como auténtica princesa- sobre una pila de colchones arrojados en un basurero; a Belle, de la Bella y la Bestia, sometida a la cirujía plástica para seguir haciendo honor a su nombre y la imposible "bella" del cuento antes de que la inevitable vejez y su deterioro haga preguntar: ¿cuál Bella?, o peor aún ¿cuál Bestia?

Las tres fotos elegidas por Soho para los cuentos son: La sufrida vida marital de Blanca Nieves cuidando niños y perros ante un Príncipe-Al-Bundy ocioso y sacavueltero (el cuento lo hizo Marcelo Birmajer); el cáncer de la bella Rapunzel, que seguirá viviendo pero la quimio le ha quitado el poder de su larga y perfecta cabellera (el cuento lo escribió Jorge Volpi); y la Bella Durmiente que no despierta, encerrada en un geriátrico, ante su aburrido y anciano príncipe azul cuyos besos no funcionan. Ese cuento me pertenece (se titula originalmente "Mientras ella duerme") y, aunque he recibido críticas muy malas entre los lectores, que lo han encontrado una pérdida de tiempo, soso, lento, aburrido e insípido, la verdad es que me alegró mucho escribirlo. Creo que finalmente he logrado equilibrar el deseo por escribir, de ser escritor, y el deseo de entender las cosas que me pasan. Más allá de la buena o mala prosa, de mostrarme ingenioso o culto o de las ganas de divertir a mis lectores, ahora me interesa entender qué está pasando conmigo y eso me sucede desde que escribí "Lindbergh" hace varios años. Y Un lugar llamado Oreja de perro. Y mi novela inédita. Sí, me alegró poder escribir este cuento pues, para decirlo con las palabras lúcidamente cursis del narrador de El cuerpo de Giulia-no (la olvidada novela de Jorge Eduardo Eielson): me ayudó a entender cosas que antes tan solo lloraba.

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Pamuk ama al mundo

Orhan Pamuk. Foto: Daniel Mordzinski. Fuente: elpaís

A raíz del post que escribí hace unas horas, sobre el escritor y el sufrimiento, quiero hacer una aclaración: Es distinto pensar que los escritores son personas infelices a decir que los escritores son unas infelices personas llenas de rabia y odio contra el mundo, a quienes les gusta escribir para esparcir su odio y su frustración con ventilador. Digo esto porque justo ayer, con K., vimos un documental sobre Fernando Vallejo. En un momento, la pantalla se redujo a una serie de adjetivos con los cuales Vallejo hablaba de su propia obra (desde "luminosa" hasta "oscura", desde "roja" hasta "negra", "visceral" y "alegre" y "arbitraria", etc) Eran casi 30 o más adjetivos. Pero de todos ellos solo uno me pareció acertadísimo, justísimo: "verborreica" o algo así. es decir, y aquí van más adjetivos, farragosa, grandilocuente, retórica, incontinente. Verborreica. Me gusta La virgen de los Sicarios. Pero no me gusta Vallejo, me parece un escritor prescindible, inútilmente agresivo, verborrágico. Qué diferencia con Orhan Pamuk, por ejemplo, que acaba de decir en una entrevista publicada en la revista Ñ a raíz de El museo de la memoria (Mondadori): " Ser novelista es amar el mundo, acariciarlo con palabras". He ahí la gran verdad literaria, lo que nunca aprenderá Vallejo y sus lentes ahumados llenos de rencor y pánico a los hombres. Uno escribe desde la infelicidad, es cierto. Pero escribimos porque vivimos en el presente, con los ojos abiertos, y hemos aprendido a amar el mundo, a sentir compasión por él, a aceptarlo sin odio y a comprenderlo. Escribir, incluso desde la infelicidad y la depresión, es un acto de amor, de fe. Es una meditación. Dice Pamuk:


En un momento, Kemal dice que el amor es "profunda compasión", "atención devota", "respeto y reverencia" por la persona amada, por las historias integradas a las actividades, los lugares y los objetos cotidianos. Eso me resulta muy similar a la idea budista de "atención plena", pero a través del apego piadoso en lugar de mediante el desapego. ¿Hay aquí una correspondencia?


Me identifico con la atención de Kemal como amante respecto de su amada porque es como la atención que un novelista presta a las palabras. En última instancia, ser novelista es, en cierto sentido, amar el mundo, acariciar el mundo con palabras. Es prestar atención a todos los detalles que uno ha vivido y experimentado. Este libro es el más personal, el más íntimo de los que escribí. Es todas las cosas que viví y vi en Estambul en toda mi vida. Es un panorama escrito con amoroso detalle. Escribir este libro me hizo sentir muy feliz. Me produjo tanta felicidad que diría que me salvó en épocas políticas muy conflictivas. Después de escribir todas las mañanas de siete a once, pude enfrentar las tensiones del resto del día durante esos largos meses. (Nota del editor: Pamuk fue procesado en 2005-2006 por "insultar a Turquía" al abordar el tema de la masacre de armenios en una entrevista que concedió a un diario suizo. Luego las acusaciones se retiraron). A los cincuenta y siete años soy menos experimental y más maduro. Lo que más quiero es transmitir la forma en que veo la vida. Por otra parte, escribir novelas durante treinta y cinco años me enseñó una gran humildad. Me enseñó a ser respetuoso del maravilloso detalle del mundo.


¿Usted es un escritor occidental o no occidental?


Hace treinta y cinco años que trato de evitar esa categorización. Dostoievsky era tanto un escritor occidental como no occidental. Dostoievsky creía, como yo, que la occidentalización, o ahora la globalización, era inevitable, pero eso no debe derivar en la represión del pasado, de la gente común y su cultura. El problema con la occidentalización desde arriba, como la vivimos tanto en Rusia como en Turquía, es que se convierte en un símbolo de distinción entre la gente: "el estilo francés" es elegante y glamoroso; "el estilo turco" es retrógrado y pedestre. A las clases altas les alegra tanto ser las primeras en tener la nueva afeitadora eléctrica porque eso significa que son occidentalizadas y mejores que todos los demás. En mi novela doy muchos ejemplos de eso.

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Santiago Gamboa entrevistado

11.18.2009
Santiago Gamboa. Foto: Marcel.lí Sàenz. Fuente: elpaís

En el jardín de la casa donde Mahatma Gandhi pasó sus últimos días, en Nueva Delhi, el flamante ganador del Premio La Otra Orilla del Grupo Editorial Norma, Santiago Gamboa, comenta sobre la novela ganadora Necrópolis, que ocurre en Jerusalen y es, según el autor, "una especie de revisión y de relectura mía del Decamerón en una clave contemporánea". Dice la nota de Ana Gabriela Rojas en "Babelia":

"La literatura convierte todo en ficción", opina Gamboa. La ciudad de Jerusalén es el origen, pero lentamente para los personajes empieza a ser la metáfora de una ciudad acosada, cercada, martirizada y ellos están defendiendo sus historias, sus propias vidas, sus creencias más íntimas. Así, cada una de las historias dentro de la historia trata grandes temas: la lealtad, la amistad, la traición o la muerte. Son temas muy tradicionales en la literatura, pero a la vez muy profundos y humanos, dice el escritor. Por la gran variedad de personajes y de historias, Gamboa considera su séptima novela la más ambiciosa hasta ahora. Le llevó cuatro años de trabajo durante los cuales "la escritura física fue sólo el momento final donde convergió todo el trabajo previo, de pensar y madurar lo que quería contar". Necrópolis retrata a personas solitarias rodeadas de un mundo que no las comprende o que las agrede. Buscan en su interior, en su imaginación o en su fe algo que les permita continuar, seguir vivas. La historia tiene un sabor descreído, nihilista, "pero es lo que tengo en el espíritu y de lo que puedo escribir ahora", explica el autor. Después de los 40 años, "uno cambia la sonrisa, el humor y la alegría por una elegante melancolía", cuenta. También podría ser que la jocosidad de sus lecturas de otras épocas ha quedado atrás y que ahora está influido por escritores como Sándor Márai o Thomas Bernhard. Sin embargo, su novela arranca al lector unas buenas carcajadas. "Yo sigo la regla de Julio Cortázar con mucho cuidado: divertido no es lo contrario de serio, es lo contrario de aburrido. Uno puede ser divertido y muy serio. De hecho, una de las cosas más serias que hay es el humor".


En la nota le preguntan por qué hay tanto sexo en sus novelas. Gamboa aclara:

"En mis novelas hay exactamente la cantidad de sexo necesaria para los personajes, mas no para el autor, ¡imagínate!", ríe. Los personajes son personas solitarias, que necesitan alivio, y el sexo es una manera muy a mano de sentirse feliz. El sexo es un momento extraordinario, en donde el presente es lo único que existe, y se acaba el dolor: "Por eso es algo que a mis personajes les hace tanta falta y yo escribo lo que ellos necesitan".

Finalmente, también le preguntas -¡a estas alturas!- por qué escribe. Con paciencia de Gandhi, Santiago Gamboa responde:

Escribo porque me gusta leer. El mundo de la literatura es donde yo siempre he querido vivir. Me gusta muchísimo más que el mundo real. Así, intento entrar más al fondo de la literatura y dar un poco. Además, creo que soy una persona que no puede elegir no escribir". La literatura no es una carrera, reflexiona, es más bien como "una vida, un destino". El novelista es alguien que está atrapado por un gusto que le lleva a hacer cosas que una persona normal no haría: pasarse horas y horas frente a un ordenador en soledad escribiendo.

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Espiaron a García Márquez

10.20.2009
Gabriel García Márquez. Fuente: revistañ

Como ocurrió con la liberación de los documentos de la Stasi alemana (que originó esa extraordinaria película La vida de los otros), como sucedió cuando se abrieron los archivos de la CIA en Estados Unidos, como sucedería si se abriesen los archivos del SIN en el Perú, en México se ha descubierto que el DFS mexicano espió durante décadas a Gabriel García Márquez. Así lo confirma "El Universal" de México. Supongo que se habrán divertido bastante con Gabo y sus disparates al téléfono. Dice la nota en Ñ:
Las actividades políticas y sociales que durante tres décadas realizó en México el Premio Nobel de Literatura 1982, el colombiano Gabriel García Márquez, fueron registradas en los archivos de un desaparecido cuerpo de inteligencia mexicano, informó hoy la prensa local. El diario El Universal publicó parte de archivos desclasificados de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) que documentan actividades del escritor en esa época. Entre las actividades figuran encuentros con líderes europeos, como el francés Francois Mitterrand, y activistas de izquierda latinoamericanos, principalmente de Chile, Colombia y El Salvador, así como su cercanía con el gobierno de Fidel Castro. "La casa de Gabo era un consulado alternativo", señala el diario, a partir de los informes de inteligencia que comprende desde la década de los 60 (cuando el colombiano se instaló en México) y hasta 1985. A partir de ese año, los archivos continuaron siendo clasificados en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional. "El escritor de nacionalidad colombiana informó a Jorge Timossi, director de la agencia de noticias cubana Prensa Latina, que todos los derechos del libro Crónica de una muerte anunciada pertenecen al gobierno de Cuba, porque él se los obsequió", figura en uno de los archivos. "Lo anterior confirma que Gabriel García Márquez, además de ser pro cubano y pro soviético, es un agente de propaganda al servicio de la Dirección de Inteligencia de ese país", se indica en un documento de la DFS. (...) El espionaje no llegó a penetrar el círculo interno de "Gabo", aunque sí a identificar su entorno de familiares y amigos y a intervenir su teléfono.

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Retrato del artista anciano

10.16.2009
Gabriel García Márquez. Fuente: libreriarosell

Un párrafo hagiográfico escrito por Gerald Martin en su biografía "tolerada" sobre García Márquez. Es parte del prólogo al libro biográfico, republicado en "El Cultural". Así llega al final de su vida Gabo:

También en otros sentidos es García Márquez un caso excepcional. Es un escritor serio y no obstante popular -en la estela de Dickens, Victor Hugo o Hemingway-, que vende millones de ejemplares de sus libros y cuya celebridad no va muy a la zaga de la de deportistas, músicos o estrellas de cine. En 1982 fue el ganador del Premio Nobel de Literatura, y uno de los más populares en tiempos recientes. En América Latina, una región que no ha vuelto a ser la misma desde que García Márquez inventara la pequeña comunidad de «Macondo», todo el mundo lo conoce por su apodo, «Gabo», al igual que ocurría con el «Charlie » del cine mudo o con el futbolista «Pelé». A pesar de ser una de las cuatro o cinco personalidades más destacadas del siglo xx en su continente, García Márquez nació, como suele decirse, «en medio de ninguna parte», en un pueblo de menos de diez mil habitantes, la mayoría analfabetos, de calles sin asfaltar, carente de alcantarillado y cuyo nombre, Aracataca, también conocido como «Macondo», hace reír la primera vez que lo oyes (aunque su similitud con «Abracadabra» tal vez debería llamar a la cautela). Muy pocos escritores famosos de cualquier otra parte del mundo proceden de lugares tan apartados, aunque menos todavía son los que han vivido su época, en lo cultural y lo político, con la plenitud y la cercanía con las que lo ha hecho él. García Márquez es ahora un hombre que vive en la abundancia, con siete residencias en lugares elegantes de cinco países distintos. En las últimas décadas se ha permitido pedir (o, con mayor frecuencia, rechazar) cincuenta mil dólares por una entrevista de media hora. Ha colocado sus artículos en casi cualquier periódico del mundo y ha cobrado por ellos sumas suculentas. Al igual que ocurre con los de Shakespeare, los títulos de sus libros se adivinan tras un sinfín de titulares de prensa de todo el planeta («cien horas de soledad», «crónica de una catástrofe anunciada », «el otoño del dictador», «el amor en los tiempos del dinero»). Se ha visto obligado a encarar y soportar el tremendo peso de su fama durante la mitad de su vida. Sus favores y su amistad han sido codiciados por los ricos, los famosos y los poderosos: François Mitterrand, Felipe González, Bill Clinton, la mayor parte de los presidentes de Colombia y México de los últimos tiempos, al margen de otras celebridades. Sin embargo, a pesar de su fulgurante éxito literario y económico, se ha mantenido fiel toda la vida a la izquierda progresista, a la defensa de buenas causas y a la creación de empresas positivas, entre ellas la fundación de reconocidas instituciones dedicadas al periodismo y al cine. Al mismo tiempo, su estrecha amistad con otro líder político, Fidel Castro, ha sido una fuente constante de controversia y críticas durante más de treinta años.

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Gerald Martin entrevistado

10.14.2009
Gerlad Martin. Foto: Bernardo Pérez/ El País

Gabriel García Márquez. Una vida (Debate), la famosa biografía "tolerada" de Gabriel García Márquez, está creando revuelo en todos los países donde se publica. Su autor, el inglés Gerald Martin, se prodiga en entrevistas donde intenta decir que, en realidad, dice más de lo que dice. No sé, en realidad, cuál puede ser el interés de una biografía "tolerada", una hagiografía o, en palabras de Martin, un "cuento de hadas". Qué aburrido. Aquí algunas preguntas al "Tío Yeral", como lo llaman los Gabo a su pupilo.

Gerald Martin, que en la actualidad prepara el "así se hizo" de su propio libro, dice que la suya no es una biografía autorizada sino tolerada: "Con el tiempo empezó a ayudarme o por lo menos dio luz verde a que viera a sus familiares, amigos, a Fidel Castro. Aun así, no me dio acceso a todos sus documentos ni a toda su correspondencia". ¿Él la ha leído? "Sí", responde Martin sonriendo. "Y no le disgusta del todo, aunque hay interpretaciones que no le gustan". Cuando se le pregunta si después de 19 años siendo su sombra todavía lo admira, es rotundo: "Ahora lo admiro más. Antes lo admiraba como escritor, pero no lo conocía. Y creía mucho de lo que se decía de él: que era fascinante y a la vez arrogante, vanidoso, oportunista... Antes de la versión definitiva hice una versión digamos negra, es decir, una biografía con todo lo que podrían decir los detractores de García Márquez sobre él. Lo leí y no me convenció. Hice todo el esfuerzo posible por dar una visión distanciada y objetiva". Martin dice que uno de los grandes enigmas a los que se enfrentó fue el noviazgo entre el escritor y su mujer, Mercedes. Pero reconoce que hay muchos otros. Por ejemplo, la atracción del novelista por los poderosos. Y viceversa: "El presidente colombiano López Michelsen me dijo: 'No te equivoques. No es García Márquez el que nos busca a nosotros. Es cierto que buscó a Castro, pero los demás hemos sido nosotros los que lo buscamos a él'. Y sí, está obsesionado con el poder, pero no hay que caer en la superficialidad. El poder ha fascinado a muchos grandes autores, a Shakespeare, por ejemplo. Quieren entender los resortes que mueven el mundo". ¿Es cierto, como dicen sus partidarios, que en privado es crítico con su amigo Fidel Castro? "Sin duda. Si lo hace realmente o para apaciguar su conciencia quién sabe. Esto nunca lo he contado, pero yo he estado en casa de García Márquez con personas muy importantes de la nomenclatura cubana y son muy deferentes hacia Gabo. La idea de que es un bufón que hace chistes y de cuando en cuando le dice cosas un poco atrevidas a Fidel Castro es un absurdo. Es cierto que se empeñó en ser amigo de Castro, pero no es ni su bufón ni su correveidile".

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No filman a Gabo

10.07.2009
Se puede leer, pero no se pude ver. Fuente: elpaís

Cualquiera podría decir que de una mala novela necesariamente saldrá una mala película. Lo contrario es un milagro. Esa podría ser razón suficiente para dejar de filmar la última novela de García Márquez, Memoria de mis putas tristes. Pero no lo es. La razón por la que no se filmará es porque una novela pedófila es aceptable, al parecer, pero jamás una película pedófila. ¿Y un cuadro pedófilo de, digamos, Balthus? ¿Por qué? Vaya ud. a saber. Al final, los únicos coherentes parecen ser los iraníes. Así de mal estamos.

Puebla ya estaba lista, sería el escenario de la versión cinematográfica de Memoria de mis putas tristes, la última novela de Gabriel García Márquez. Pero las locaciones quedaron vacías. Ayer, el proyecto se paró, habiendo quedado sin el 20 por ciento de su financiación -a cargo del gobierno provincial de Puebla- luego de que la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe presentara una denuncia ante la Procuraduría General de la República de México contra el filme y sus responsables, por considerar que se trata de una "apología de la trata de niñas" (...) Teresa Ulloa, directora regional de la Coalición contra el Trafico, denunció que filmar una película que promueva la pederastía representa un riesgo, "principalmente en un país donde este delito crece con la tolerancia y complicidad de las autoridades". Alzó la voz también, contra el rodaje de la historia de García Márquez, la periodista Lydia Cacho, quién en su columna aparecida el lunes en el diario el Universal, cuestiona la decisión del autor de llevar a la pantalla esta historia, "en el momento en el que el mundo está luchando contra ola creciente explotación sexual comercial de niñas y adolescentes". La periodista -que advierte además que si el libro tuvo un alcance limitado, el filme terminará en televisión y será de alcance masivo- encendió la alarma sobre las personas que están detrás de la realización de esta versión cinematográfica, lo que parece ser el detonante más profundo de la polémica. (...) con la polémica en crecimiento, el gobierno de Puebla anunció ayer, que "el financiamiento sería cancelado, para cerrar el paso a cualquier controversia que lo involucre directa o indirectamente sobre el tema de la pederastía"."Están censurando una obra fílmica sin conocer ni el guión ni la versión del director", protestó el codirector Ricardo del Río. Y agregó: "Nos han dado un golpe mortal porque no podemos aventurarnos a filmar sin todos los recursos. Será difícil que esto salga adelante porque ya se politizó". Del Río afirmó además que García Márquez "está enterado y no concibe cómo una obra cultural se ha politizado". Por su parte, Ulloa, quien lleva adelante la denuncia, concluyó: "No queremos meter a la cárcel a García Márquez, lo que quisiéramos es que no se filme la cinta".

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Un lugar llamado oreja de perro en "El Espectador"

9.18.2009
Terraza. Ilustración: Luz Letts.

Agradezco mucho a "El Espectador" de Colombia y al crítico literario Juan David Correa Ulloa, quien publica ahí una reseña a mi novela Un lugar llamado Oreja de perro. Una novela a veces triste y a veces aburrida como la vida misma, dice Correa con acierto (creo yo). La reseña se titula "El duelo" y la coloco íntegramente en el post:


Un duelo


Un periodista debe cubrir un informe de la Comisión de la Verdad, en un pueblo olvidado del Perú de la era de Alejandro Toledo, cuando se destaparon los crímenes cometidos por Fujimori y compañía. Lo importante de Un lugar llamado Oreja de Perro, de Iván Thays, escritor peruano y brillante comentarista desde su blog Moleskine Literario, no es, sin embargo, esa escueta trama. No es el Perú de los crímenes en contra de los civiles. Ni siquiera es el Perú rural, olvidado, despreciado por su pequeña oligarquía. No es eso. Lo significativo de esta novela es una sensación que queda flotando después de leerla. ¿Cómo se enfrenta uno a la muerte? ¿Cómo se encara la partida de un hijo? ¿Cómo se afronta la pérdida? Esa, me parece, es la gran virtud de una novela corta, de apenas 212 páginas, en la cual asistimos al largo monólogo de un hombre que quiere escribirle una carta a su esposa, para despedirse de ella, tras la muerte de Paulo, su pequeño hijo de cuatro años. En esa imposibilidad, la de escribir esa misiva, está el asunto mismo de la novela: en un hombre enfrentado a su pensamiento, a su aburrimiento, a esa vida de todos los días en la cual, así nos resistamos, también nos abandona nuestra mujer, se nos muere un hijo o perdemos la tranquilidad de una vida aparentemente resuelta. Thays, como si fuera un diario de viaje, ha logrado escribir esa rutina en Oreja de Perro. Allí no pasa mucho. En ese pueblo olvidado, digo. En cambio, en la reflexión del protagonista, en sus devaneos amorosos con una chola de nombre Jazmín y una pituca de nombre Maru; en los recuerdos que se van borrando con el correr de las horas; en la imposibilidad misma de afincar todo en la memoria (que es lo que, finalmente, hace la literatura), está lo valioso de la novela. También lo está en su escritura, decididamente seca, desprovista de adornos. Y eso, creo yo, no es poco. Aunque a veces se cierren los ojos y uno crea que nada va para ninguna parte, al final todo cobra sentido. Como en los buenos libros, esta novela comienza a funcionar en el lector después de haber cerrado la última página, cuando se da cuenta de cómo sí es posible contar la pérdida y el dolor.

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Santiago Gamboa, premio La Otra Orilla

Santiago Gamboa. Fuente: David Campuzano/ El Espectador

Como saben, este año la editorial Norma dio el salto y elevó a 100,000 dólares el monto asignado para el premio de Novela La Otra Orilla. Ayer jueves se dio a conocer al ganador de este salto mortal. Y se trata ni más ni menos que de un conocido escritor colombiano de última hornada: Santiago Gamboa con su novela Necrópolis. A pesar de que la editorial es colombiana, esta es la primera vez que un autor de ese país gana el premio. Gamboa, exiliado durante décadas en París y amigo y admirador de Julio Ramón Ribeyro, actualmente vive en Nueva Delhi en misión diplomática pero hoy se encuentra en Bogotá para recibir el premio. Lo entrevistan en "El Espectador":

¿Cómo es la experiencia de ganar este premio?
Es una vivencia totalmente desconocida para mí, pues es la primera vez en toda mi vida literaria que recibo uno; al principio mandaba cuentos a concursos hasta que desistí por cansancio. Pero sentí que podría pasar porque El síndrome de Ulises fue finalista en el Premio Medicis en Francia a Mejor Libro Traducido; finalista en Portugal y en el Rómulo Gallegos cuando ganó Elena Poniatowska. Cuando mi agente literario, que es como un consejero espiritual, propuso que lo mandáramos a un premio importante, me alegré. Para mí los premios son reconocimientos de colegas a un colega, financiado por las editoriales, así lo miro. En este caso es una gran emoción que lo hayan hecho Jorge Volpi, Roberto Ampuero y Pere Sureda, encargado en la editorial en España, un gran intelectual que conozco hace años. Con editorial Norma publiqué por primera vez y además me emociona encontrar aquí a Gabriel Iriarte, gran soporte de los escritores de mi generación.

Además de vender más libros, ¿qué representa ser un autor premiado?
Un premio es una forma de llamar la atención sobre un libro pues se propone al público de una manera distinta. Con un reclamo especial que dice: “Este libro es leído y aceptado por un grupo de escritores”. Pero eso no es garantía de éxito. Ya después vendrá la relación con los lectores que cada escritor cultiva.

Volviendo a su generación, ¿hay elementos comunes entre ustedes, por ejemplo Mario Mendoza, Héctor Abad, Enrique Serrano?
Literariamente no, todos escribimos completamente diferente. No creo que exista un escritor en América Latina parecido a otro. De hecho, los mexicanos de la generación del Crack (con su Manifiesto), y quienes aparecimos en la antología de McOndo (que salieron publicados ambos en 1996 y es mi generación), tenemos más diferencias que cosas parecidas y nos unía el deseo de no tener cosas en común. Al final, la literatura es como un archipiélago, cada escritor es una isla aunque esté cerca de las otras. Sin embargo, cada vez que uno escribe es como cuando apuesta en una mesa de póquer: cada quien está atento a lo que hace el otro, no sólo en el país sino en el idioma. Como el caso de Roberto Bolaño, esa era la mesa donde se apostaba más duro, todos queríamos estar ahí.

En la página de Norma pueden ver la carátula y la contratapa del libro.

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Demasiado realismo

8.31.2009
Clara Rojas y una de las versiones del secuestro en Colombia. Fuente: rtve.es

En el suplemento "Babelia" del fin de semana pasado, en la sección "Crónicas de América Latina", la escritora colombiana Piedad Bonett comenta el fenómeno literario colombiano según el cual cualquier persona que ha sido víctima de la "realidad real" decide que está en capacidad de publicar (no necesariamente escribir, claro, para eso hay ghostwriters) un libro. ¿Demasiada realidad? Sin mencionar nombres en concreto, dice Piedad:

En la era de la globalización y la posmodernidad todo el que no ha escrito un libro, o lo está escribiendo o querría escribirlo. Y por eso mismo se publican tantos perfectamente prescindibles. Si esta pasión por la escritura nace del prestigio de la letra escrita, o de una necesidad catártica o terapéutica, o del deseo de alcanzar reconocimiento o dinero -o las tres cosas, no lo sé-. El caso es que en Colombia, país donde todo tiende a ser hiperbólico, esta pasión ha llegado a la desmesura: casi cualquier ciudadano que ha pasado por una experiencia dramática -¡y son muchos!- decide, impulsado por la necesidad de expresarse -o por los editores, vaya uno a saber-, verter sus historias en un libro. Todos -el que fue secuestrado por horas en un avión, el que pasó diez años en la selva, el que escapó de sus raptores, el raptor mismo, desde la cárcel, el padre, la esposa, el hijo del secuestrado, el policía que dirigió el rescate- quieren hacer el relato escrito de lo vivido. Ese deseo de representación de la experiencia, que pareciera formar parte del Zeitgeist o espíritu de una época, no es censurable, siempre que represente una alternativa al ruido mediático e ilumine cualquier resquicio de nuestra oscura realidad. Y aun cuando no consiga la hondura emocional y la calidad literaria de los escritos de Primo Levi, Jean Améry o Imre Kertész. Pero no. Lo que suele suceder es que el protagonista de los hechos se lanza, en los meses siguientes al desenlace del evento, solo o con la ayuda de un profesional, y aprovechando la coyuntura mediática, a la escritura de su testimonio. Y que las editoriales publican lo escrito sin mayores exigencias, pensando sobre todo en los réditos económicos de las publicaciones coyunturales. Predominan entonces los relatos planos, en los que se nota la falta de decantación de la experiencia, meros vertederos de hechos en sucesión cuyo dramatismo sólo nace, cuando se alcanza, de la cruda realidad que encierran y no de otra cosa. Y es una lástima. Porque las que podrían ser expresiones hondas del espíritu humano, búsquedas de sentido a través de la palabra, se convierten, por falta de guía o de hondura, en relatos superficiales abigarrados de lugares comunes o de insidias, mero alimento del morbo de los lectores.

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Ospina recibe premio

8.04.2009
William Ospina en Caracas. Fuente: abn

El narrador colombiano William Ospina recibió el Premio Rómulo Gallegos en Venezuela, que ganó este año con la obra El País de la canela. Su discurso de aceptación estuvo enfocado a comentar el mestizaje histórico y a la crítica a la Conquista. Es decir, todo ese tipo de temas y preocupaciones que a mí, particularmente, me alejan de los libros. Un nuevo premio Rómulo Gallegos que no leeré. Dijo:

Durante la ceremonia, Ospina resaltó la influencia que tiene la obra del poeta, cronista y sacerdote español Juan de Castellanos (1522-1607), cuyo poema histórico Elegías de varones ilustres de Indias, el poema más extenso escrito nunca en español, refleja los comienzos de la Conquista y de la colonia española, lo bueno y lo malo de esos tiempos. "No sabía yo que aquel poema iba a ocupar veinte años de mi vida. Comprendí que nuestra literatura continental había comenzado no con un cuento sino con un canto, con una crónica en verso casiinfinita'', dijo Ospina. Y agregó: "Me sorprendió que en 1992, cuando se conmemoraba aquel choque, España hubiera impreso los rostros de Hernán Cortés y de Francisco Pizarro en los billetes... los que más circulaban en la península (ibérica)''. El escritor dijo que en ese entonces sintió que España seguía "envanecida de sus triunfos guerreros, celebrando el costado épico de la Conquista'', que es el que más le aflige a Latinoamérica, olvidando al mismo tiempo la labor de los que intentaron"verdaderamente establecer la alianza de los mundos, de quienes denunciaban el horror de la Conquista... de quienes interrogaban el mundo americano'', como Gonzalo Fernández de Oviedo y el mismo De Castellanos. Justamente, El país de la canela está inspirada en discursos coloniales, en particular los de Fernando González de Oviedo, admirado maestro del personaje narrador que relata eventos de la gesta hispánica. A través de su obra, Ospina afirma y defiende una mirada sobre el discurso latinoamericanista, que está más allá de las razas. "Aquí ya casi todos somos mestizos por la sangre o por la cultura", dijo.

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Los héroes de Restrepo

7.14.2009
Laura Restrepo. Fuente: elespectador

Laura Restrepo en la Semana Negra de Gijón habla de su novela Demasiados héroes (Alfaguara), un drama íntimo donde, según la nota, se "humaniza" a revolucionarios de los años 70. ¿Es que no eran antes humanos? Entrar en la intimidad de un hombre (así sea Hitler, el Papa, Michael Jackson o el propio Cristo) no es "humanizarlo" sino, simplemente, verlo desde otra perspectiva. Eso es lo que ha querido hacer Restrepo, supongo. ¿Hasta cuándo los periodistas seguirán "humanizando" a los humanos? Dice el ADN.es:

La escritora colombiana Laura Restrepo "humaniza" los actos heroicos de la izquierda latinoamericana de los años setenta en su última novela, según dijo hoy en la Semana Negra de Gijón (norte de España). Se trata de evitar el fracaso de la literatura comprometida por el abuso de la "frase hecha" y de "la consigna panfletaria", afirmó en Gijón, donde presenta su última obra "Demasiados héroes", que retrata en tono intimista un conflicto generacional con trasfondo político. "No es esta una época gloriosa ni de contar tragedias porque vivimos en un tiempo de tono menor", afirmó. La autora elige la austeridad de un cuarto de hotel para situar a una madre y un hijo adolescente, que regresan del exilio a la Argentina para buscar "la verdad" de un padre del que no se sabe nada desde que el niño tenía 2 años y medio. Se trata de una historia "íntima" contada en forma de diálogo casi exclusivamente. Restrepo parte de un "episodio oscuro" en la vida del padre desaparecido, que pudo haber sido "chupado" por los militares pero que, sin embargo, "no está, porque se ha ido por propia voluntad". (...) Hoy en Gijón consideró que la generación heredera de mayo del 68 "no ha fracasado" en su intento de cambiar el mundo, sino que en su lucha tuvo "espectativas demasiado altas" y la revolución "consiste en dar pedales.

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Herralde en Bogotá

7.08.2009
Jorge Herralde en Bogotá. Fuente: viveinlibros

Nunca tiene pierde las entrevistas con Jorge Herralde. Siempre están cargadas de anécdotas, curiosidades y una que otra bronca. El editor indie (como lo llama TVE) estuvo en Colombia por el Festival "El Malpensante" [me acaban de confirmar que Jorge Herralde suspendió la víspera misma su viaje a Bogotá, y que tampoco podrá estar presente en Buenos Aires para un homenaje en el MALBA] y dijo algunas cosas interesantes en ua entrevista en El Tiempo. Por ejemplo, se refirió a la idea extendida de que publica casi exclusivamente autores experimentales ("cabriolas heterodoxas" las llamó él):

La palabra experimental puede sonar, en estos momentos, a estos libros dijéramos un poco enrevesados, asfixiantes y textualistas de los años setenta. A estos nuevos escritores yo los definiría como heterodoxos, que van rotulando su propio camino y son ajenos al mainstream. Por otra parte, también publicamos novelas muy potentes, como las de Rafael Chirbes, por ejemplo, con menos malabarismos, pero con mucha hondura. Es decir, tampoco somos una editorial centrada estrictamente en cabriolas heterodoxas.

También comentó sobre la posibilidad de publicar algún autor colombiano (ciertamente, hay muy pocos de ese país en su catálogo):

En estos momentos no tengo algo puntual. Pero confío en que se consolide el nuevo proyecto de distribución que tenemos en Colombia, y luego espero incorporar autores colombianos. Hay algunos bien valiosos, como Juan Gabriel Vásquez, por ejemplo, que es quizá mi favorito de las jóvenes generaciones. Y tengo algún otro nombre, pero prefiero no mencionarlo antes de no concretar algo.

Asimismo, no dejó de lado la polémica al defenderse de Carmen Barcells, quien lo acusó en una entrevista en Chile de "no tener ningún gesto con ella" pese a los "200 mil gestos" que ella ha tenido con él:

Leí toda la entrevista en la que mi querida Carmen emite opiniones pintorescas sobre García Márquez, sobre Bryce Echenique, etc. En mi caso, desconozco esos 200 mil gestos, bueno, en realidad no conozco ninguno. En la historia de la edición, durante siglos, el editor ha sido el mismo agente. La figura del agente literario es algo reciente. Entonces, parece que ella lo que me reprocha es que nosotros, que hemos representado muy bien a tantos y tantos escritores, deberíamos decirle: "Mira Carmen, te regalo este escritor a pesar de que nosotros hemos conseguido 50 ó 70 contratos. Es decir, carece de la menor lógica. Es lo que llamamos acá un 'cruce de cables'.

Por cierto, también puede verse en video -segmentados en varios bloques- una conversación televisiva del editor de Anagrama con TVE donde declara: "El único peligro para la buena literatura es el debilitamiento de las pequeñas librerías".

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El laberinto Borges

7.07.2009
Héctor Abad presentado los hechos en Bogotá. Foto: Luis Emiro Mejía - Festival Malpensante

Aunque el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio, acusado en una crónica de Héctor Abad Facciolince de autoproclamarse autor apócrifo de unos poemas que sí pertenecerían a Jorge Luis Borges, envíe cartas y amigos a defender su honor con insultos y no con pruebas, el laberinto armado con los cinco poemas atribuidos a Borges (el más célebre de ellos se inicia con la frase "Somos el olvido que seremos" que dio título a un estupendo libro de Héctor Abad Facciolince) parece estar resuelto. Apareció el testimonio de un protagonista clave: Guillermo Roux. Dice:


"Debería comenzar por el principio", postula Beer y aclara que todo se inició con un pedido de su amigo Jean Dominique Rey, el poeta, crítico de arte y periodista francés que tras una temporada en Buenos Aires, durante la cual trabajó en la obra de Roux para lo que serían los textos de un libro sobre el artista que publicó La Rizzoli de Nueva York en 1986, les manifestó a sus amigos el deseo de ver a Borges. "Nosotros que conocíamos a Borges desde hacía tiempo le pedimos una entrevista a la accedió sin problemas. Arreglamos un día y fuimos los tres", explica Beer.En el encuentro, Rey conversó con el poeta mientras Roux le realizó un retrato -que aquí se reproduce por primera vez- y Beer hizo algunas fotos. Antes de retirarse, según cuentan, el francés le pidió a Borges algunos poemas para publicar junto a la entrevista, y éste accedió diciendo que buscaría algunos y se los daría al día siguiente. Pero aquel 29 de septiembre de 1985, era él último día de Rey en Buenos Aires por lo que la encargada de pasar por los poemas, para remitírselos al francés, fue Beer."Cuando llegué a su casa, al otro día, Borges me dijo que no había buscado aún los poemas pero que yo podía ayudarlo. Me pidió que fuera a su dormitorio, a un cajón en el que había varios papeles sueltos y se los leyera. Yo estaba emocionada y leía de corrido así que él me frenó y me dijo: 'No, no. Así, no. Los poemas se leen haciendo una pausa después de cada verso, sino no se alcanza a percibir su ritmo'. Volví a intentarlo. Leímos varios y él me iba diciendo cuál tomar y cual no", cuenta Beer. Hace algunos silencios, busca entre las imágenes de aquel encuentro y agrega: "En un momento di con un poema que no tenía título y se lo comenté. El escuchó mi lectura y preguntó: '¿Y qué titulo le ponemos?'. Dije un título obvio, que a él no le gustó, así que lo descartó y me dictó otro".

La misma María Kodama, viuda célebre, que se mostró tajante al principio diciendo que no existe ningún poema de Borges que ella desconozca, ahora retrocede y da el beneficio de la duda:


Al momento, María Kodama no arriesga un juicio: "No quiero decir que son ni que no son de Borges. En lo que respecta a Roux puede ser... ellos tenían una relación. Aunque Borges no era una persona de dejar cosas sueltas, todo lo contrario. En este caso tendría que ver bien los textos y hablar con Roux, con Beer y Rey", dijo a Clarín el viernes, tras exponer en el Foro Internacional de Traducción "Borges, entre el escritor y el traductor".

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Cuatro poetas en La Cruz

Rosa Chávez (derecha) recita sus poemas junto a la poeta sueca Agneta Falk en una escuela de Medellín. Fuente: elpaís

El barrio colombiano de La Cruz, en Medellín, es uno de los más pobres del país. Hasta ahí ha llegado la voz de la poesía en lenguas distintas: castellano, maya e inglés. Extraordinaria iniciativa poética que incluyó un sancocho. La nota en "El País":

El domingo subieron hasta La Cruz, desde donde se divisa toda la ciudad, cuatro de los autores que participan estos días en la 19ª edición del Festival de Poesía de Medellín, declarado premio Nobel Alternativo en 2006 y Patrimonio Cultural de Colombia. La colombiana Luisa Aguilar, la sueca Agneta Falk, la guatemalteca Rosa Chávez y el estadounidense Jack Hirschman leyeron sus poemas en la escuela del barrio ante un público muy efusivo que les quiso agasajar con música, bailes, y con un tradicional sancocho. Falk leyó en inglés uno de sus poemas, inspirado en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y Chávez recordó en lengua maya a su tierra. El público aplaudió y se emocionó por igual con las dos poesías, porque, como explica Damaris, una adolescente del barrio, lo importante es que "son muy buenas cosas así para todos y la gente disfruta mucho".

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