MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Pamuk ama al mundo

11.26.2009
Orhan Pamuk. Foto: Daniel Mordzinski. Fuente: elpaís

A raíz del post que escribí hace unas horas, sobre el escritor y el sufrimiento, quiero hacer una aclaración: Es distinto pensar que los escritores son personas infelices a decir que los escritores son unas infelices personas llenas de rabia y odio contra el mundo, a quienes les gusta escribir para esparcir su odio y su frustración con ventilador. Digo esto porque justo ayer, con K., vimos un documental sobre Fernando Vallejo. En un momento, la pantalla se redujo a una serie de adjetivos con los cuales Vallejo hablaba de su propia obra (desde "luminosa" hasta "oscura", desde "roja" hasta "negra", "visceral" y "alegre" y "arbitraria", etc) Eran casi 30 o más adjetivos. Pero de todos ellos solo uno me pareció acertadísimo, justísimo: "verborreica" o algo así. es decir, y aquí van más adjetivos, farragosa, grandilocuente, retórica, incontinente. Verborreica. Me gusta La virgen de los Sicarios. Pero no me gusta Vallejo, me parece un escritor prescindible, inútilmente agresivo, verborrágico. Qué diferencia con Orhan Pamuk, por ejemplo, que acaba de decir en una entrevista publicada en la revista Ñ a raíz de El museo de la memoria (Mondadori): " Ser novelista es amar el mundo, acariciarlo con palabras". He ahí la gran verdad literaria, lo que nunca aprenderá Vallejo y sus lentes ahumados llenos de rencor y pánico a los hombres. Uno escribe desde la infelicidad, es cierto. Pero escribimos porque vivimos en el presente, con los ojos abiertos, y hemos aprendido a amar el mundo, a sentir compasión por él, a aceptarlo sin odio y a comprenderlo. Escribir, incluso desde la infelicidad y la depresión, es un acto de amor, de fe. Es una meditación. Dice Pamuk:


En un momento, Kemal dice que el amor es "profunda compasión", "atención devota", "respeto y reverencia" por la persona amada, por las historias integradas a las actividades, los lugares y los objetos cotidianos. Eso me resulta muy similar a la idea budista de "atención plena", pero a través del apego piadoso en lugar de mediante el desapego. ¿Hay aquí una correspondencia?


Me identifico con la atención de Kemal como amante respecto de su amada porque es como la atención que un novelista presta a las palabras. En última instancia, ser novelista es, en cierto sentido, amar el mundo, acariciar el mundo con palabras. Es prestar atención a todos los detalles que uno ha vivido y experimentado. Este libro es el más personal, el más íntimo de los que escribí. Es todas las cosas que viví y vi en Estambul en toda mi vida. Es un panorama escrito con amoroso detalle. Escribir este libro me hizo sentir muy feliz. Me produjo tanta felicidad que diría que me salvó en épocas políticas muy conflictivas. Después de escribir todas las mañanas de siete a once, pude enfrentar las tensiones del resto del día durante esos largos meses. (Nota del editor: Pamuk fue procesado en 2005-2006 por "insultar a Turquía" al abordar el tema de la masacre de armenios en una entrevista que concedió a un diario suizo. Luego las acusaciones se retiraron). A los cincuenta y siete años soy menos experimental y más maduro. Lo que más quiero es transmitir la forma en que veo la vida. Por otra parte, escribir novelas durante treinta y cinco años me enseñó una gran humildad. Me enseñó a ser respetuoso del maravilloso detalle del mundo.


¿Usted es un escritor occidental o no occidental?


Hace treinta y cinco años que trato de evitar esa categorización. Dostoievsky era tanto un escritor occidental como no occidental. Dostoievsky creía, como yo, que la occidentalización, o ahora la globalización, era inevitable, pero eso no debe derivar en la represión del pasado, de la gente común y su cultura. El problema con la occidentalización desde arriba, como la vivimos tanto en Rusia como en Turquía, es que se convierte en un símbolo de distinción entre la gente: "el estilo francés" es elegante y glamoroso; "el estilo turco" es retrógrado y pedestre. A las clases altas les alegra tanto ser las primeras en tener la nueva afeitadora eléctrica porque eso significa que son occidentalizadas y mejores que todos los demás. En mi novela doy muchos ejemplos de eso.

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Pamuk, ingenuo y sentimental

11.12.2009
Orhan Pamuk. Fuente: otras tardes

Orhan Pamuk está viviendo por cuatro meses en la Universidad de Harvard para las Conferencias de Poesía Charles E. Norton ("El escritor ingenuo y sentimental" es el título de sus ponencias). Y desde ahí, mientras ofrece un té a los periodistas que han ido a entrevistarlo y un ticket gratuito para ingresar al peculiar museo que ha inventado Kemal, su protagonista, habla sobre El museo de la inocencia, su nueva novela. Dice la nota en Ñ:

En El Museo de la Inocencia, la nueva novela de Orhan Pamuk, un personaje colecciona 4.213 colillas fumadas por la mujer que ama. En la entrada del Museo de la Inocencia, el museo real que Pamuk inaugurará el año que viene en Estambul, habrá una caja de vidrio de cinco metros por tres metros con 4.213 puchos verdaderos dentro. En la novela, Pamuk cuenta la historia de Kemal, que vive durante dos meses y recuerda durante treinta años el romance de primavera que le cambió la vida. En una esquina del barrio de Çukurkuma, en la mitad europea de Estambul, Pamuk ha construido un museo y lo ha llenado con los objetos, las fotos y los sonidos con los que Kemal homenajea a Füsun, la prima lejana y pobre que en 1975 interrumpió la placidez de su vida burguesa. "Esto", dice Pamuk, sin aclarar si se refiere a la novela o el museo, "no es un monumento a la vida de Kemal, sino un monumento a su amor por Füsun". Sentado en el living de la casa que la Universidad de Harvard le alquiló para vivir este cuatrimestre, Pamuk, Nobel de Literatura en 2006, enumera entusiasmado los contenidos del monumento: "La cosas que ella toca, las cosas que él le va robando a lo largo de los años... Habrá fotos y sonidos de los barrios que visitan, y una sala especial para el salón del hotel Hilton donde Kemal hizo su fiesta de compromiso". De pronto, una mueca extraña se congela en la cara, y su obsesión se confunde con la de su personaje: "En cualquier caso, el museo no va a estar terminado hasta que yo me muera. Quiero decir: llevo diez años coleccionando objetos para este museo y creo que lo seguiré haciendo mucho tiempo más". (...) Hace un año, cuando se publicó la versión original de El Museo de la Inocencia, los periodistas turcos sólo querían saber una cosa: ¿es cierto que Orhan Pamuk, el Premio Nobel, dejó a su prometida por el amor de una prima adolescente? Los periodistas probablemente sabían que entre Kemal y Pamuk hay muchas diferencias, pero las coincidencias los ponían como locos: ambos habían crecido en la burguesía turca de la posguerra –modernizante pero elitista, secular pero encapsulada–, habían sido alumnos del bilingüe Robert College y ambos, después de disfrutar con culpa los beneficios de la clase alta, habían decidido, como el Zavalita de Conversación en la Catedral, abandonarla. Pamuk, paternal, reconoce el interés –"está en la naturaleza de la novela que el lector crea que tú eres el héroe", dice– y niega los rumores, pero admite su cariño por Kemal: "Es un tipo normal, inteligente, burgués. Yo era así", recuerda Pamuk, otra vez sentado en su sillón. "Pero algo pasó, me caí de esa clase. Primero fui izquierdista, después elegí el camino de la cultura. Pero sobre todo elegí ser un individuo, diciendo mis cosas, haciendo mis cosas. En eso me identifico con Kemal, porque él también hizo lo que quiso. Prefirió ser un individuo antes que seguir las reglas y los privilegios de una clase social". En la página 629 del libro hay un dibujo de un rectángulo donde dice, arriba, "Museo de la inocencia", y, abajo, "Válido para una sola visita". A partir de julio de 2010, quienes compraron el libro podrán ingresar al museo usando su ejemplar como entrada. Pamuk, que finalmente se ha reconciliado con la idea de hablar del museo, se divierte abriendo un ejemplar: "¡Esta es la entrada!", dice, riéndose, golpeando la página con un ruido sordo. "¡Los que compraron el libro, los que van a entender los objetos que estarán ahí adentro, tienen entrada gratis!". El entusiasmo de Pamuk es conmovedor: el novelista, ese imitador del mundo, por fin ha cruzado el umbral.

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El folletín de Pamuk

10.13.2009
Carátula de la novela. Fuente: parasaber.com

"Deliberadamente folletinesca", así califica Mercedes Monmany a la nueva novela de Orhan Pamuk Museo de la inocencia (Mondadori) que se centra en una historia de amor cuya clave la sintetiza Monmany, en una reseña la semana pasada en el ABCD las letras, de este modo tristemente cierto: "Los momentos más felices de la vida, esos incomparables momentos dorados de la existencia, son siempre ignorados por el que los vive". Dice además:

Melancólico y desgarrado, el protagonista de esta última novela, Kemal Basmaci, le ofrece al escritor Orhan Pamuk su propia historia. Una historia física y perfectamente visible en forma de un museo de lo privado, que explicará y condensará lo que fue su vida. Por otro lado, atraído por la petición que le hacía otro personaje al final de Nieve, le rogará él también a Pamuk que finalice con una sola y contundente frase: «Que todo el mundo sepa que he sido muy feliz». Lo suyo fue un caso de amor auténtico, puro, desinteresado, de los que no tienen que ver con la responsabilidad y el deber y ni siquiera con la presencia o desaparición del ser amado. En los años 70, el joven empresario Kemal Basmaci sufrió el zarpazo de un amor prohibido, del que se vio obligado a separarse a la fuerza. Arrepentido y desesperado, nada más darse cuenta de que había perdido definitivamente a su amada Füsun a favor de una novia formal a la que le unía un compromiso anterior, idearía, imitando esa parte importante de «la sabiduría occidental» que son los museos de todo tipo, un museo propio que contara la historia de su amor. (...) A través de los instantes fugaces que un obcecado y enamorado personaje intenta atrapar como sea, desfila todo un mundo conocido, muy familiar para los lectores de este autor: Estambul, cuya piel se recorre o se rechaza dependiendo del humor o del dolor intenso que sienta en ese momento cada uno de sus amantes despechados o heridos; el dilema de amar y «entregarse» a una cultura netamente nacional, sobreviviendo a lo importado, que en este caso se representa por la escasa afición por parte de los jóvenes «modernos», educados en Europa y Estados Unidos, por asistir a películas o espectáculos genéticamente «turcos»; o los esfuerzos denodados de una burguesía marcada «por la envidia de Occidente», que esgrime con orgullo licenciaturas de sus cachorros en la Sorbona, mientras «luchan por demostrarse unos a otros lo felices y lo ricos que son». Dentro de ese caos de deseos y voluntariosas imitaciones, de la modernización a marchas forzadas de todo un país entre toques de queda y dictaduras militares que sólo aparecen en esta novela como difuminados telones de fondo, ella, la amada Füssun, simbolizará la historia de amor siempre interrumpida con una «auténtica» y quizá inalcanzable Turquía.

Mientras tanto, en "Babelia" el crítico José María Guelbenzu toma un poco más de distancia con esta historia de folletín:

(...) hay una objeción de cierto calado. La historia de Kemal es, hablando pronto y mal, la historia de un encoñamiento seguida de la historia de una empecinada obsesión que, como todas las obsesiones, resulta ser malsana. Pero no es una historia de amor, es decir: no desarrolla un territorio amoroso, sino un territorio obsesivo. Esto no puede ser un reproche, pues nadie obliga a nadie a describir una verdadera relación amorosa; lo que sí es reprochable es el hecho de que la parte de historia que relata la espera de nueve años de Kemal para recuperar a su amada resulta ser una extensa zona donde la novela se empantana en minucias, en insistencias y reiteraciones que ni trascienden lo amoroso de la obsesión ni otorgan progreso dramático al relato, sino que lo dejan en una especie de tono menor costumbrista y, por parte del protagonista, lastimero. Si a ello añadimos que la situación planteada (desproporcionada en extensión y de difícil solución) la despacha de un bajonazo, estaremos ante una novela de gran potencial que se va apagando a lo largo de más de seiscientas páginas por una morosidad compulsiva que entierra su ambición. El encuentro final de Kemal con el propio Orhan Pamuk, a quien, como escritor, encarga hacer el relato del amour fou con destino a los visitantes del Museo, no deja de tener un aire de cuento de hadas, sobre todo teniendo en cuenta que el Museo contiene los mil cachivaches que a Kemal le recuerdan su relación con Füsün. Pamuk habla de "museo" como el deseo de conservar lo amoroso y como un regalo para futuras generaciones; lo que busca es transmutar una obsesión sexual en un monumento amoroso, pero los cachivaches del museo sólo tienen sentido para Kemal; para el lector son simplemente una almoneda.

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Pamuk publica

8.06.2009
Orhan Pamuk. Fuente: baúl de longplays

A finales de este mes, en Moscú, aparecerá la nueva novela del premio Nobel turco Orhan Pamuk titulada El museo de la inocencia. La ediotorial Mondadori ya aseguró que la edición española estará a la venta en octubre.

El escritor turco y Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk presentará su nueva novela «El museo de la inocencia» a finales de este mes en Moscú y San Petersburgo, anunció hoy su traductora al ruso, Apolinaria Avrútina. «Pamuk presentará su nueva novela, que escribió con interrupciones a lo largo de los últimos diez años, y también pronunciará sendas conferencias en la Universidad Estatal de Moscú y de San Petersburgo», precisó Avrútina, citada por la agencia oficial RIA-Nóvosti. En el marco de su visita, que el 28 de agosto le llevará a Moscú y el 29 a San Petersburgo, Pamuk leerá extractos de su nueva novela, que saldrá a la venta en Rusia en los próximos días -en español se editará en octubre próximo por la editorial Mondadori- y responderá a las preguntas de sus lectores, indicó.

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Eliminado: Orhan Pamuk

6.27.2008
Orhan Pamuk. Fuente: wikipedia

Impresionante el partido, aunque visto con interrupciones de la señal. Turquía mereció ganar de lejos. ¿Por qué? Porque ambos equipos, Alemania y Turquía, llegaron ahí con poco mérito futbolístico (a diferencia de la otra llave) pero mucha garra. Y por tanto, el que puso más garra en el partido es el que debía llevarse la victoria e ir a la final. Pero no, Alemania corroboró ese dicho "el fútbol es un deporte que juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania". Hicieron poco, poquísimo, pero lo poco que hicieron fue justo para meter tres goles y sacarse de encima a la aguerrida Turquía que, otra vez, volvió a empatar cuando todo parecía imposible (pero un descuido en el último minuto, a lo turco, los mató). Así es como se va también el Nóbel Orhan Pamuk, feliz seguramente porque detesta el nacionalismo que desata el futbol. Un gran escritor, notable, que se despide acompañando a un gran equipo, notable. Se merecían una final, aunque Pamuk se enoje (y si ganaban la copa, lo deportaban seguro).

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Pamuk Honoris Causa

5.15.2007
El novelista turco Orhan Pamuk recibe el Honoris Causa. Fuente: Terra

El novelista turco Orhan Pamuk, Premio Nóbel 2006, recibió el Honoris Causa de la Universidad de Bósforo, en Estambul. La nota es de El Comercio.

La figura de Pamuk es polémica en Turquía, y no son pocos quienes lo rechazan por considerarlo demasiado "cosmopolita" o "antinacionalista" por su actitud crítica sobre el gobierno y la historia de su país. Pese a que en sus más de cincuenta años jamás ha vivido lejos de Estambul, a principios de año consideró esa posibilidad luego de una serie de amenazas contra su vida.

Sin falsa modestia -no tendría por qué no sentir orgullo de sí mismo, ¿verdad?- Pamuk declaró: "Este es un día muy importante para mi país y para la literatura turca, de la que formo parte"

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