Santiago Gamboa, premio La Otra Orilla
9.18.2009Como saben, este año la editorial Norma dio el salto y elevó a 100,000 dólares el monto asignado para el premio de Novela La Otra Orilla. Ayer jueves se dio a conocer al ganador de este salto mortal. Y se trata ni más ni menos que de un conocido escritor colombiano de última hornada: Santiago Gamboa con su novela Necrópolis. A pesar de que la editorial es colombiana, esta es la primera vez que un autor de ese país gana el premio. Gamboa, exiliado durante décadas en París y amigo y admirador de Julio Ramón Ribeyro, actualmente vive en Nueva Delhi en misión diplomática pero hoy se encuentra en Bogotá para recibir el premio. Lo entrevistan en "El Espectador":
¿Cómo es la experiencia de ganar este premio?
Es una vivencia totalmente desconocida para mí, pues es la primera vez en toda mi vida literaria que recibo uno; al principio mandaba cuentos a concursos hasta que desistí por cansancio. Pero sentí que podría pasar porque El síndrome de Ulises fue finalista en el Premio Medicis en Francia a Mejor Libro Traducido; finalista en Portugal y en el Rómulo Gallegos cuando ganó Elena Poniatowska. Cuando mi agente literario, que es como un consejero espiritual, propuso que lo mandáramos a un premio importante, me alegré. Para mí los premios son reconocimientos de colegas a un colega, financiado por las editoriales, así lo miro. En este caso es una gran emoción que lo hayan hecho Jorge Volpi, Roberto Ampuero y Pere Sureda, encargado en la editorial en España, un gran intelectual que conozco hace años. Con editorial Norma publiqué por primera vez y además me emociona encontrar aquí a Gabriel Iriarte, gran soporte de los escritores de mi generación.
Además de vender más libros, ¿qué representa ser un autor premiado?
Un premio es una forma de llamar la atención sobre un libro pues se propone al público de una manera distinta. Con un reclamo especial que dice: “Este libro es leído y aceptado por un grupo de escritores”. Pero eso no es garantía de éxito. Ya después vendrá la relación con los lectores que cada escritor cultiva.
Volviendo a su generación, ¿hay elementos comunes entre ustedes, por ejemplo Mario Mendoza, Héctor Abad, Enrique Serrano?
Literariamente no, todos escribimos completamente diferente. No creo que exista un escritor en América Latina parecido a otro. De hecho, los mexicanos de la generación del Crack (con su Manifiesto), y quienes aparecimos en la antología de McOndo (que salieron publicados ambos en 1996 y es mi generación), tenemos más diferencias que cosas parecidas y nos unía el deseo de no tener cosas en común. Al final, la literatura es como un archipiélago, cada escritor es una isla aunque esté cerca de las otras. Sin embargo, cada vez que uno escribe es como cuando apuesta en una mesa de póquer: cada quien está atento a lo que hace el otro, no sólo en el país sino en el idioma. Como el caso de Roberto Bolaño, esa era la mesa donde se apostaba más duro, todos queríamos estar ahí.
En la página de Norma pueden ver la carátula y la contratapa del libro.
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