MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Murió Edmundo de los Ríos

5.27.2008
Carátula del libro. Fuente: la boca del sapo

Recuerdo que estaba en los primeros años de universidad cuando leí Los juegos verdaderos de Edmundo de los Ríos. Lo que no recuerdo es cómo conseguí el libro blanco aquel, con una carátula espeluznante (una mano ensangrentada). Era un préstamo y siempre supe que debía devolverlo, pero ¿a quién? La novela está escrita con mucho talento y pulso, aunque me temo que ha envejecido un poco (sobre todo en sus técnicas que ya entonces, de adolescente, me parecían anticuadas). A pesar de ello, si Edmundo de los Ríos no es un escritor tan recordado como debería fue por su perfil bajo y por su súbito ingreso al club de escritores Bartleby. Murió hace unos días y Guillermo Niño de Guzmán da la noticia en "El Dominical".

Los juegos verdaderos (¡qué hermoso título!), premiada en 1968 con una mención honrosa en el certamen Casa de las Américas de Cuba, que por entonces contaba con mucho prestigio. Curiosamente, en esa convocatoria, otros dos peruanos también figuraron entre los galardonados: Antonio Cisneros se alzó con el premio de poesía por su Canto ceremonial contra un oso hormiguero, mientras que Alfredo Bryce obtuvo una mención por su primera obra, el libro de cuentos Huerto cerrado. Además de la edición de Casa de las Américas, el sello Diógenes de México publicó Los juegos verdaderos en febrero de 1968 (en la guarda aparecía un retrato del joven autor con traje y corbata, impecablemente afeitado, y con unos anteojos de marco negro que recordaban a los de Clark Kent). No estoy muy seguro sobre la fecha de su partida del Perú, pero en esa época Edmundo de los Ríos residía en Ciudad de México, donde al parecer consiguió una beca de creación literaria. En cambio, sí tengo plena certeza de que Los juegos verdaderos fue celebrada por el mismísimo Juan Rulfo, quien, pese a su habitual parquedad, no vaciló en declarar que era "la novela que iniciaba la literatura de la revolución en Latinoamérica". Y, en efecto, la novela de Edmundo de los Ríos fue pionera al abordar el tema de la guerrilla que, en los convulsos años sesenta, afiebraba las mentes de los jóvenes que, alentados por la utopía de izquierda y el ejemplo de la revolución cubana, pretendían luchar por la liberación de sus pueblos. Lo sorprendente era que, no obstante su escasa experiencia, De los Ríos se las había arreglado para escribir una novela conmovedora, diestramente construida -el relato se desarrollaba en tres planos temporales distintos y empleaba novedosos recursos técnicos- y con una solvencia en el manejo de la prosa que resultaba inusitada para un narrador de su edadPero, ¿qué ocurrió después? Solo sé que al cabo de un tiempo en México, el escritor decidió volver a nuestro país.

En el artículo, Niño de Guzmán se pregunta además por el destino trágico de Edmundo de los Ríos
Sospecho que las constantes frustraciones debieron mermar su estabilidad emocional y acabaron por resquebrajar su espíritu. El novelista vivió varios infiernos, incluida la pasión amorosa a la que se entregó hasta las últimas consecuencias y que le supuso el rechazo de una casta social prepotente y estúpida de su ciudad natal. A pesar de todo, Edmundo de los Ríos persistió y continuó escribiendo, lleno de ruido y furia. Era un perfeccionista y sabía, como Truman Capote, que existía una diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Trabajó varios años como cronista en la revista Caretas, bajo el asalto constante de imprevisibles ráfagas de dulzura y de amargura. Una noche, harto de tantos naufragios y reveses, subió al último piso del edificio donde vivía y arrojó al viento los cientos de papeles que conformaban el único ejemplar de la novela que venía trabajando y con la que lidiaba obsesivamente, a la vez que enfrentaba la precariedad económica y al demonio de la dipsomanía. Deténganse por un instante, atribulado lector, en esa imagen de feroz incandescencia: ¡miles de palabras convertidas de pronto en una bandada de cometas blancas que vuelan libremente hacia el infinito, en medio de la oscuridad de la noche! Solo Edmundo de los Ríos era capaz de inmolarse con un gesto tan desesperado, aunque rebosante de una invencible, pura y loca belleza.

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Niño de Guzmán entrevistado

12.20.2007
Guillermo Niño de Guzmán. Foto: Eduardo Cavero. Fuente: letra capital

Guillermo Niño de Guzmán, cuyo libro de cuentos Algo que nunca serás acaba de ser publicado por Planeta, ha sido entrevistado esta semana por varios medios. Destaco dos de ellas: el diario "Correo" el fin de semana, por Carlos Sotomayor, y hoy aparece una entrevista de Gonzalo Pajares en Perú21.

Dice Niño de Guzmán para Perú21: "Cuando uno es joven tiende a seguir las lecciones de un maestro. En la literatura no hay escuela que te enseñe a escribir. Por eso, uno escoge un modelo a imitar. Yo admito haber tenido como faro a Hemingway. De él admiro su prosa original y su forma de vida, su estoicismo, su lucha frente a la adversidad. Valores que he hecho míos. Descubrí los toros leyéndolo, así como descubrí el jazz gracias a Cortázar. Ricardo Piglia ha dicho que en cada cuento hay dos historias: la explícita y la implícita, la subyacente. Estas responden a los postulados de Ernest Hemingway, quien decía que solo una décima parte del relato se ve, está sobre la superficie, pero hay otras nueve partes ocultas, que le dan consistencia y solidez a lo que es visible. Con los años y con la experiencia, la técnica aflora de forma inconsciente. Esto es mejor porque las costuras no se notan tanto, no saltan a la vista"

También dice: "La mitad de relatos del volumen podían calificarse de fantásticos. Quería salir de mi 'ámbito natural' y explorar nuevos territorios. Antes era un autor 'realista' y me costaba despegarme de esa visión tan unívoca, racional. Decidí jugar un poco. Desde hace mucho lo estaba intentando porque he de decir que, además de Hemingway, me gusta mucho Julio Cortázar, un maestro del relato fantástico".

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Niño de Guzmán publica

12.02.2007
Guillermo Niño de Guzmán. Fuente: zona de noticias/el comercio

Después de más de diez años, el estupendo Guillermo Niño de Guzmán se anima a publicar nuevamente. Y lo hace a través de un libro de cuentos que será editado por Planeta bajo el título: Algo que nunca serás. Recuerdo cuando gracias a la intermediación de Ricardo Silva Santisteban Willy llegó a la Universidad Católica, siendo yo un adolescente, para hablar de Caballos de medianoche. Ese libro de cuentos fue fundamental para mi formación literaria y hablar con el autor me sirvió, curiosamente, para reafirmar mi fe en la literatura. Y digo "curiosamente" porque lo único que hizo Willy en esa conversación con el aula fue invitarnos a desistir: nada funcionará, publicar no sirve, escribir en el Perú es una frustración permanente. Detrás de ese pesimismo, sin embargo, se notaba la pasión de alguien que creía en realidad en la literatura. Y luego de leer esta entrevista que le hace Enrique Planas en El Comercio veo que la pasión está intacta.

Dice Niño de Guzmán: "A mí me es muy difícil escribir. Sin embargo, sé que tengo algo que decir y me esfuerzo por decirlo de una forma impecable. Eso para mí supone un largo proceso de decantamiento. Mi método es escribir una historia solo cuando el tema o una experiencia me atrapa y se vuelve una obsesión. De lo que se trata es llegar a una suerte de lenguaje esencial. No soy un escritor que tienda al barroquismo o a la adjetivación profusa, carezco de esplendor verbal. Creo que formo parte de una tradición que viene de Hemingway, de Chejov, maestros del lenguaje conciso, concentrado, en que más importa lo que se deja implícito, lo que está sobreentendido. Como comprenderás, todo esto es un proceso muy lento en el que a menudo pierdo aliento. Me desespero, me decepciono. Y termino guardando los borradores durante meses o años. Sin embargo, si es un cuento interesante, sigue reverberando en mi memoria y tengo que volver a sacarlo porque me frustra no cumplir con esa tarea inconclusa. ¡Es una cosa de locos! Corres el riesgo de no terminar nada o que por exceso de autocrítica termines con una cosa artificiosa, que pierda la frescura.Esa es otra de las cosas que siempre me han angustiado mucho. La mayoría de amigos y lectores no parecen comprender que mis largos silencios narrativos no se deben a la ociosidad o a la falta de algo que decir. En realidad, asumo el trabajo literario como algo muy serio. Publicar por solo mantenerme en el candelero me parece una estupidez. Lo único honesto que puede hacer un narrador es entregar algo a la imprenta solo cuando se siente plenamente satisfecho de lo que ha hecho. ".

Sobre su libro comenta: " Es curioso; si estoy melancólico no puedo escribir una sola línea. Es un problema de carácter. Soy una persona poco optimista, que siempre tiende al desánimo. Me cuesta mucho asimilar la vida tal como es. En ese sentido, la literatura para mí tiene un valor terapéutico. Creo que me sentiría mucho más vulnerable si no tuviera el recurso de poder canalizar mis sentimientos y temores más profundos a través de un mundo de ficción, que no por ser ficción es menos auténtico que la vida misma. La mayoría de los relatos que yo he escrito no pretende reflejar la realidad social. Desde muy joven, a diferencia de los autores de mi generación que buscaban pintar un fresco social, lo que me interesaba era bucear en la conciencia del individuo. La problemática de mis personajes trasciende una determinada realidad social. Eso siempre lo he tenido claro.

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Vargas Llosa en "El Dominical"

6.24.2007
Mario Vargas Llosa. Dibujo: Alvar Astulez. Fuente: Portrait drawnings.

Como lo anuncié el viernes, El Dominical de este fin de semana estuvo dedicado a Mario Vargas Llosa, quien este lunes estará en la presentación de su Dossier: Vargas Llosa, escrito por José Miguel Oviedo. El especial tiene artículos de Guillermo Niño de Guzmán, "Paisajes de una cinefilia crónica"; Gustavo Faverón, "La fase del espejo" (sobre la crítica literaria de MVLL); Ricardo González Vigil, "Del mito a la escena" (sobre el teatro y el interés por la oralidad); Alonso Cueto "El fuego transgresor" (claves de la narrativa de VLL); Peter Elmore "Los duelos de la historia" (sobre La guerra del fin del mundo); Alejandro Miró Quesa "Ante todo, la verdad" (breve entrevista a VLL sobre el periodismo); Carlos Garayar "Celebración de La casa verde"; Cecilia Esparza "Política de la memoria"; Ricardo Bedoya, "Del ecran al cine" (sobre las versiones fílmicas de sus novelas); Luis Peirano, "Historias vivas" (el teatro de Vargas Llosa); Melvin Ledgard "Las "otras" novelas de Vargas Llosa" (sobre las novelas menos celebradas); y una reseña del reciente Dossier Vargas Llosa titulado "Palabras de crítico".

He dejado para un párrafo aparte la excelente y dilatada entrevista que Alonso Rabí y Jeremías Gamboa realizan al novelista y titulan: "Hay una literatura viva en el Perú". Como todo el número, muy recomendable.

Dice Vargas Llosa en la entrevista: "(...) hay una literatura peruana viva, con autores que pasaron inadvertidos por un tiempo y ahora forman parte de la actualidad. Quizás lo mejor de todo eso es que podemos ver que hay un público que lee autores peruanos. No sé si se puede decir que haya una crítica que los siga. Tal vez la haya. Yo no lo sé. Como les dije yo no sigo esa actualidad porque no vivo aquí y últimamente tengo muy condicionadas mis lecturas. Pero de que hay una literatura viva en el Perú de hoy en día, sin ninguna duda. Hay que decirlo sin caer en nacionalismos, cosa tan peligrosa, pero se trata de una realidad inobjetable (...) La última novela de Roncagliolo, por ejemplo, me parece una novela muy interesante en ese intento de mezclar una historia policial en un contexto social y político específicos, su descripción de la Semana Santa en Ayacucho me parece muy creativa, muy original. Me pareció una novela lograda. He leído también las últimas novelas de Alonso Cueto, que me gustaron mucho, sobre todo la última. Se trata de dos casos que tengo en mente y que me han causado una magnífica impresión".

También habla con escepticismo de la famosa encuesta de Hueso Húmero: "(...) a mí me escribió Abelardo (se refiere a Oquendo). Yo no quise participar porque esas encuestas me parecen equivocadas. Eso de tratar de decidir por votación quién es el mejor escritor y quién el peor me parece equivocado. Está bien para los futbolistas. Pero entre buenos escritores es muy difícil establecer esa jerarquía, es arbitrario, un poco provinciano también, y por otra parte, entre los malos, ¿para qué establecer jerarquías? Por otra parte, las encuestas las hace el tiempo en literatura. Nosotros no podemos ahora anticipar. Uno puede decir de esta época que Borges va a quedar, pero ni siquiera eso es algo tan absolutamente seguro."

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Este Domingo: Vargas Llosa

6.22.2007
Mario Vargas Llosa en Georgetown University. Washington D.C., 1994. Foto: Michael A. Milkovich. Fuente: mvargasllosa.com

A propósito del Dossier: Vargas Llosa que presenta este lunes José Miguel Oviedo, este domingo el suplemento El Dominical dedicará un número especial (a los que nos está malacostumbrado) a Mario Vargas Llosa. El especial tendrá 24 páginas, ni más ni menos. Vayan preparando el sofá-cama (en mi caso una silla otomana) dominguero.

Se anunció que participarán Alonso Cueto, Peter Elmore, Carlos Garayar, Ricardo González Vigil, Melvin Ledgard, Gustavo Faverón, Guillermo Niño de Guzmán y Luis Peirano. Además, habrá una entrevista al escritor (que me dicen que está muy interesante, aunque no me aclararon si será polémica) realizada por Alonso Rabí y Jeremías Gamboa.

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Homenaje a Julio Ramón Ribeyro

6.11.2007
Julio Ramón Ribeyro. Fotografía: Carlos "Chino" Domínguez. Fuente: Biblioteca San Marcos

En el suplemento "Dominical" de El Comercio ayer se le rindió un homenaje a Julio Ramón Ribeyro. En esta ocasión, los comentarios nostálgicos, testimoniales, fueron más extensos que los análisis críticos. Participaron del homenaje: una entrevista a Guillermo Niño de Guzmán y Jaime Campodónico (entrevistados por Enrique Sánchez Hernani); "El cazador sutil" Peter Elmore; "Existir es nuestra gran victoria" de Carlos López Degregori; "En clave fantástica" de Ricardo González Vigil; un cuento inédito llamado "Los huaqueros"; "Cosas raras que le pasaban a Julio Ramón" de Fernando Ampuero; "Una mirada a la Lima de Ribyero" de Gabriel Icoechea; "Una cierta imagen de Julio Ramón" de Abelardo Sánchez León; "La historia, el drama y la farsa" por Santiago Soberón, sobre el teatro de Ribeyro.

Dice Peter Elmore: "Cuando Julio Ramón Ribeyro falleció en Lima, a fines de 1994, no existía duda en el Perú sobre la dimensión de esa pérdida: el consenso de los lectores -que, en su caso, fueron inusitadadamente numerosos- lo había consagrado ya por lo menos desde inicios de la década del 70 como el mejor cuentista peruano del siglo XX. El reconocimiento en el país de origen, donde alcanzó el estatus de un clásico contemporáneo, contrasta con su casi secreto prestigio en otras tierras. Julio Cortázar e Italo Calvino se cuentan en el número notable y minoritario de quienes, sin compartir la nacionalidad del escritor, lo leyeron con cómplice admiración, pero en las nóminas de los autores latinoamericanos más divulgados no figura aún su nombre. Narrador famoso en el Perú, autor de culto en el extranjero: esa bifurcación paradójica tiene que ver, en parte, con la manera en que ha circulado la escritura de Ribeyro."

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Coetzee ensayista

6.03.2007
JM Coetzee. Fuente: Kingfisher

En "El Dominical" de hoy, Guillermo Niño de Guzmán comenta el libro de ensayos de J.M. Coetzee Contra la censura publicado por Debate. No se tratan de ensayos literarios, sino de una reflexión en torno a la censura en los medios de comunicación, las artes y, en general, en la sociedad mundial. Quienes quieran leer ensayos literarios de Coetzee, los remito al libro Costas extrañas, también editado por Debate.

Concluye Niño de Guzmán: "Contra la censura destaca por un rigor académico e intelectual poco frecuente. La nutrida bibliografía -las citas y referencias son constantes a lo largo del texto- da una idea de la magnitud de la investigación y de la erudición del autor. Sin duda, es un aporte fundamental al debate en torno a la censura, aunque no resulta de fácil acceso. La densidad de la reflexión y el nivel de la argumentación reclaman a un lector que tenga familiaridad con ciertas corrientes del pensamiento contemporáneo (Foucault, Derrida, Girard, etc.) y sea capaz de seguir los complejos -y a veces algo intrincados- razonamientos de Coetzee. Después de todo, no hay que olvidar que el escritor sudafricano cuenta con una carrera académica paralela a su actividad novelística. En cualquier caso, un libro de este calibre no se encuentra todos los días. Coetzee tiene una virtud que distingue a los grandes escritores: su lectura siempre nos deja la sensación de haber ganado algo. Algo que está más allá de las palabras, pero que sólo podemos descubrir a través de ellas".

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James Salter

5.21.2007
James Salter. Foto: John Foley. Fuente: El País.

En el Perú aún debemos descubrir -con carácter de urgencia- a James Salter. Así me lo dice la tremenda calidad de su obra, y así me lo grita también Guillermo Niño de Guzmán cada vez que hablamos de libros. En Lima, por cierto, he encontrado a precios de saldo algunas de las primeras traducciones al castellano de Salter en “Crisol”. Para que se animen, Rodrigo Fresán nos introduce en Radar Libros al universo de una novela recientemente traducida por Salamandra: La última noche.

Para ver la contratapa de La última noche, pulse aquí.
Fresán considera a James Salter el “eslabón perdido” entre la Generación perdida de Ernest Hemingway y el “realismo sucio” de Raymond Carver. Y califica a Salter, junto con Norman Mailer y el finado Bill Styron, como “el último exponente de un “modelo” de escritor made in USA vitalista, bon-vivant, curtido por la experiencia, pero sin perder nunca la elegancia”

Según la reseña, Salter está dispuesto a escribir su última novela, aunque asegura: “Mi piano todavía suena afinado y me gustaría hacer sonar una última nota. Ya saben, los escritores nunca se retiran. El único modo de detenerlos es arrastrarlos afuera y pegarles un tiro”

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