MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Soledad Puertolas: "somos invisibles"

1.28.2010
Soledad Puertolas. Foto: uly martin. Fuente: elpaís

Soledad Puertolas ha hecho, sin aspavientos ni exhibicionismo, una de las obras narrativas más sólidas de la literatura castellana. Como tiene un look medio diva freak, medio neurótica, a lo Herta Muller, Clarice Lispector, Iris Murdoch, Amelie Nothomb, Elfriede Jelinek (el modelo Virginia Woolf, digamos), la olvidan incluso las mismas escritoras que defienden la literatura escrita por mujeres. Pero vale la pena leerla. Está a punto de publicar en Anagrama un nuevo libro de cuentos y de asumir un puesto en la RAE. Mientras tanto, juega con sus perras Coti y Lura. Así nomás es. Dice la nota en El País:

Me fascinan los secundarios y la idea de que acaben siendo los principales en algún momento". De eso trata también su nuevo libro, Compañeras de viaje (Anagrama), un conjunto de relatos que llegará a las librerías en un par de semanas. "La protagonista de todos", explica la escritora, "es una mujer que viaja acompañando a otra persona. Es casi un prototipo: alguien que acompaña y cuando llegan al destino del viaje no tiene nada que hacer". [...] Ana María Matute suele decir que muchas veces se trata a las escritoras como a las hermanas pequeñas de la literatura. Soledad Puértolas va más allá: "Más que pequeñas yo diría que a veces somos invisibles. O no te ven o destacan que eres una mujer. ¿Es eso una categoría literaria?". ¿Lo es? He ahí la cuarta pregunta de manual: ¿Existe una escritura femenina? "Siempre contesto con otra pregunta. Pensemos en cuántos hombres distintos hay. ¿Vamos a imaginar que las mujeres son todas iguales? Analizar un libro desde el punto de vista del género es como hacerlo desde el punto de vista de nacer en Zaragoza o en Mérida. ¿Hay un rasgo específicamente emeritense en la literatura?". Si la literatura no tiene sexo, ¿lo tiene la lengua?, ¿es sexista la gramática?, ¿aspira Soledad Puértolas a ser nueva "miembra" de la RAE? "La lengua es muy maleable, se pone a nuestro servicio", responde. "Ahora tenemos la sensibilidad muy exacerbada porque la igualdad no progresa del todo en la sociedad: vemos maltrato, discriminación salarial... La tentación es agarrarse a lo visible, pero lo importante es cambiar la realidad. ¿Cómo se hace? No lo sé".

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Gabo expulsado del canon

7.15.2009
Gabriel García Márquez se pica por estar fuera del canon. Fuente: Ap


A partir de la anglófila, polémica y, finalmente, descartable lista de los 100 mejores libros de todos los tiempos del Newsweek, muchos blogs han cuestionado nuevamente la idea de los canon literario. Gracias al blog "En minúscula" de Ezequiel Martínez, en la revista Ñ, me entero de esta iniciativa : en la revista The Second Pass decidieron echar del canon a algunos cuantos libros. La idea puede ser genial hasta que choca con nuestro canon particular. Y es que, para horror, la lista de rechazados por TSP incluye al único crédito hispanohablante, Cien años de soledad. Dice al respecto:

Magical realism wasn’t much of a trick to begin with – Gabriel García Márquez riding round in circles on a smallish tricycle, cigarillo clamped between teeth, occasionally raising his panama for people to throw coins – and is now thoroughly clapped out. Also, people who like it seem to have little or no sense of humor. No one knows why, but it’s true. Instead it inspires a sort of insufferably pious stupefaction. Perhaps if you were to read Solitude, you too would be borne aloft on its miraculous wings, transported by its spellbinding portrait of a world which is part exotic paradise, part nightmare, etc., etc., etc., but I wouldn’t risk it.

Además de esa atrocidad, la lista es pérfida, tremenda, perversa y desde luego muy discutible. La dejo aquí completa para ver qué opinan uds.:

Historia de dos ciudades de Charles Dickens

Absalom, Absalom de William Faulkner

El arco iris de D. H. Lawrence

Las correcciones de Jonathan Franzen

La carretera de Cormac McCarthy

En la carretera de Jack Kerouac

Trilogía USA de John Dos Passos

Ruido de fondo de Don DeLillo

El cuarto de Jacob de Virginia Woolf

Cien años de soledad de Gabriel García Márquez

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El testigo Wyndham Lewis

3.04.2009
carátula del libro. Fuente: blogimpedimenta


"Íntimo de James Joyce, T. S. Eliot o Ezra Pound, archienemigo de Noël Coward y de los artistas del grupo de Bloomsbury (como Virginia Woolf)" esas son las credenciales con que se presenta en sociedad Wyndham Lewis cuya autobiografía Estallidos y bombardeos acaba de ser editada por Impedimenta. Mercedes Monmany hace la reseña en el ABCD las letras:

Anticomunista y visionario ferozmente individualista, en oposición permanente a los aires y las modas de su tiempo; admirador en sus inicios de los movimientos fascistas, en un momento en que los escritores de izquierda se encontraban mayoritariamente implicados en la defensa de la URSS, falló sin embargo de forma escandalosa en una obra superficial y precipitada sobre la figura de Hitler, algo que nunca se le perdonaría, a pesar de su seria y sincera retractación posterior a través de The Hitler Cult y The Jews, are they Human?, ambas de 1939. Algo ingenuo, si pensamos que la Europa triunfante de la segunda posguerra mundial tendría que haber abjurado eternamente de un buen número de sus más grandes creadores, desde Céline o Drieu La Rochelle a los italianos Brancati y Malaparte (que experimentaron un giro en sus ideas, como Lewis), por no hablar de Heidegger y Jünger o del grandísimo Pound, amigo y valedor artístico de Wyndham Lewis. Sí tuvo, en cambio, un indudable olfato para detectar a un trío imponente y primordial de «hombres de 1914», del que ofrece impagables retratos, tanto pictóricos como narrativos, en su libro: Ezra Pound («formábamos un grupo de jovenzuelos bastante alborotadores y altaneros y fue Ezra quien nos organizó de esta forma, nos gustara o no»), James Joyce («la señora Joyce se opuso a mi presencia en París, pensó que pervertía a su Dante de Dublín») y T. S. Eliot («¿hace falta que diga que es el mejor poeta en lengua inglesa?»).Pero, sobre todo, Wyndham Lewis jugaría un papel primordial como jefe de filas de movimientos vanguardistas de su tiempo. En su papel de futurista británico -tal y como narra en Estallidos y bombardeos-, recibe a Marinetti poco antes de iniciarse la guerra. La escena de la ruptura entre estos dos titanes es cómicamente narrada por Lewis, que ya había dictaminado que el culto exagerado a las máquinas era una ofuscación naif y meridional. Así que en 1914, seis meses antes de declararse la contienda, y alentado por Ezra Pound, fundó la revista Blast, órgano del movimiento vorticista, como lo había bautizado su célebre protector. Escéptico con una guerra «de épicas dimensiones, que no resolvió nada y que había desmoralizado al mundo, acostumbrándolo a una violencia incesante y sin sentido», a través de Cantleman, un álter ego narrativo, Wyndham Lewis, como hizo Canetti, se dedicaría en varios capítulos de su libro a teorizar sobre el inquietante espectro «de moda» en aquellos años, causante de no pocos estragos ideológicos: la Masa. «Parecía -dirá- como si la única posibilidad para la renovación del individuo se hallara en la muerte temporal de las Masas, seguida de una Resurrección [?] La Masa inglesa es un dragón estúpido. ¡No se debería permitir que fuera por ahí sola!». Unos tiempos convulsos en que todos, como las máquinas vertiginosas que ensalzaban los futuristas, «se movieron demasiado rápido», reconocerá Lewis: «Cada vez más cansados por la Guerra, la Depresión y la Revolución, el mundo ha retrocedido».

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El servicio doméstico y los Woolf

10.19.2008
Las empleadas de la familia Bell con la pequeña Angelica. 1922. Fuente: the telegraph

A los escritores anglosajones importantes, sus biógrafos los expurgan por todos lados. Ya Vladímir Nabokov lo había advertido en varios de sus libros más divertidos. La periodista Alison Light ha querido recordar al grupo Bloomsbury y en especial a su astro más brillante, Virgina Woolf, por el lado inesperado: el mundo doméstico. ¿Cómo era la relación de la autora de La señora Dalloway con sus empleados? El resultado es un libro titulado Mrs. Woolf and the servants (Bloomsbury Press) y que lleva el subtítulo: "An Intimate History of Domestic Life in Bloomsbury". Dice la reseña en NYT:

Light, a British academic and journalist, has illuminated Woolf’s upstairs-­downstairs life in a manner intended to exemplify the broader socioeconomic shifts of the first third of the 20th century, deftly spanning the intimate (“Who emptied the sewage was a serious issue among the servants since it affected their earnings and their self-respect”), the socio-­historical and the literary. The result is an absorbing and complex portrait of Woolf’s particular relation to domestics and domesticity (in her later years, amazingly, she learned to cook),but also an analysis of the shifting mores of the period and, most particularly, of the often forgotten individuals whose faithful service to the Woolfs and to servant­-swapping Bloomsbury enabled the creation of much high-modernist art. The book, broadly chronological, is divided into chapters about several of the Woolfs’ most loyal retainers. Sophie Farrell came to work as a cook for Virginia’s parents, Julia and Leslie Stephen, in 1886, when Virginia was only 4 years old. Sophie stayed on with the family after Julia Stephen’s early death from rheumatic fever in 1895, and would remain a presence in Virginia’s life right up to its end: “Sophie lived long enough to write Virginia’s epitaph, to supply the character reference which only she could give.” As Light notes, “In a life full of ruptures, Sophie kept the continuity of memory.” She “was one of the abiding mother-figures in Virginia’s life and represented that maternal care which Virginia always sought.” Sophie worked for one or the other of the Stephens until 1914, a total of 28 years of service; and then finished her working life in service to extended family members before finally retiring in 1931. From then on, Virginia sent her a pension of £10 a year, an indication of her concern and feelings of responsibility. That said, as young adults, Virginia and her sister Vanessa experienced Sophie’s devoted service as a burden: “They thought of taking a country house for the summer months, but Sophie seemed ‘insuperable’ — having no home, she would need to come with them; she was increasingly like an aging parent, a tie.”

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A favor de las cofradías

12.14.2007
Un picnic del grupo Bloomsbury. Fotografía: Vanessa Bell/ Tate Gallery. Fuente: bloomsbury

Mientras la mayoría de personas se emociona por la "democratización" de la literatura impuesta por los blogs literarios y su inmediatez y globalización, una solitaria comentarista británica rompe una lanza por las tertulias y los té literarios, los salones y los grupos, cofradías o camarillas al estilo Bloomsbury. ¿Habremos perdido el nivel de discusión y la calidad de los argumentos expuestos al favorecer la inmediatez del "comment" y el clic? A juzgar por los comentarios que leo a diario en los blogs literarios, es obvio que sí. Lean el final del post de Shirley Dent y digan si no es absolutamente cierto.

Dice el post: "Sarfraz Manzoor's recent Comment is free article pinpointed the pitfalls of blogging for writers, particularly the comment board, with its alarmingly instant and direct verdicts on your output. How times change! Once upon a time writers tended to cloak themselves with a carefully cultivated aura of exclusivity, quietly confident in the elite sophistication of the company they kept. Coleridge rejoiced when he moved to Stowey and found in Wordsworth "an invaluable blessing in the society and neighbourhood of one to whom I could look up with equal reverence, whether I regarded him as a poet, a philosopher or a man". The blogosphere has blown such quiet literary communion out of the water - the power of the clique has given way to the power of the click. And, many would hasten to add, not a moment too soon. These literary cliques with their snobbish posturing, recondite shenanigans, and incestuous self-congratulation do nothing but silt up the founts of literary pleasure for the rest of us. Arch literary cliques such as the Bloomsberries seem to have gone out of their way to confirm and consolidate their image as a bunch of posh people pontificating. Oscar Wilde, on the other hand, wasn't having any of it and declared, "I have always had grave suspicions that the basis of all literary cliques is a morbid love of meat teas. That makes them sadly uncivilised." Not so nowadays: it's down with meat-tea literary love-ins, and up with the masses on the mouse. Hurrah, I hear you shout!

(...)

Such empathy of minds and attitudes necessarily excludes some people. Too bad. There is a painful and all too recognisable truth in Benjamin Haydon's description of an interloper at his "immortal dinner", the occasion on which Wordsworth met Keats. Where the company of poets and like-minded individuals had been enjoying "a frank, natural license, such as one sees in an act of Shakespeare, every man expressing his natural emotions without fear", the entrance of a pompous bureaucrat from the Stamp Office begins to spoil everything when he arrives "frilled, dressed, and official, with a due awe of the powers above him and a due contempt for those beneath him". The convivial conversation of the clique is not just a matter of idle chit-chat. Mary Shelley in her preface to Frankenstein tells us that the tale came about as a result of "casual conversation" with "society which cannot cease to be regretted", referring to the summer of 1816 in Villa Diodati with Shelley and Byron. The result was a landmark in literature. That's when you know a clique is more than a vicious circle of bitching and backstabbing - when it looks and speaks out to world with new and inspiring ideas. "

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