MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Las mujeres de Sebastian

7.09.2009
Mihaíl Sebastian. Fuente: tiposinfameblogspot

Un libro altamente recomendable: Mujeres de Mihaíl Sebastian, editado por Impedimenta. Lo estamos leyendo en mi grupo de lectura y todos están muy sorprendidos y entusiasmados por la prosa y la inteligencia de esta novela atípica. Coincidentemente, el ABC publica una recomendación de la novela esta semana:

Ninguna situación es previsible en esta novela. En ese sentido cobra un realismo más allá de sus páginas. Cada personalidad, gesto o situación cobran una determinada forma en el personaje de Stefan, semejante a un Gide joven; introspectivo, natural, observador, sus esperanzas varían según qué mujer aparezca en su historia. Y de forma coherente. La vida es imprevisible y él siempre acaba sorprendido por las circunstancias. Si de algo no peca su autor es de simplista o efectista, de forma que el lector también se ve sorprendido con cada historia, reacción, logro o derrota. Todo transcurre de una forma sutil, tierna y nostálgica; el complejo mecanismo se va trazando fácilmente ante nuestros ojos y no podemos interrumpir la lectura, completamente inmersos en cada línea, donde nada sobra ni falta. Cada mujer es una nueva asignatura en la que el doctor Valeriu se ve sin armas, aunque listo para jugar y jugársela. Su humanidad parece despertar de forma íntima con cada una de estas mujeres. Y ellas desvelan sus complejos y virtudes de forma impúdica, magnífica. Es inevitable autoanalizarse tras respirar los aromas de cada uno de sus personajes, éstos imprevisibles, complejos y acomplejados, naturales, confidentes y atractivos dentro de su incógnita. La libertad, la oscilación de ellas frente a la imperiosa necesidad de independencia de ellos, el triunfo del alma reposada, tranquila y hasta aburrida de Arabella frente a la histérica agonía de una Renée loca de amor y de egoísmo, atenta a cada gesto de forma desesperada. “…esa sensación de voluptuosidad reposada que conocí en brazos de Arabella al respirar su aroma de carne joven, perezosa e indiferentemente relajada.” La contraposición de estos caracteres y su efecto en Stefan es una de las mayores revelaciones de Mujeres; los rayos X más clarividentes del mecanismo humano. Logra mostrarnos las dos caras de la moneda con la narración en primera persona de Maria, un relato de la evolución de un amor que no es pretendido ni intencionado desde un principio, que es negado por la razón pero que evoluciona por el corazón de forma descoordinada y fatalista dentro de una aparente normalidad, de forma desinteresada: “El tren partió y Andrei, desde la escalerilla, me saludó generoso con el brazo hasta que nos separamos por completo, él reluciente de satisfacción y orgullo, yo dudando al borde del abismo y sabiendo solamente que no podía permitirme llorar. Quizá, entre él y yo, ese momento lo resumía todo”.

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El testigo Wyndham Lewis

3.04.2009
carátula del libro. Fuente: blogimpedimenta


"Íntimo de James Joyce, T. S. Eliot o Ezra Pound, archienemigo de Noël Coward y de los artistas del grupo de Bloomsbury (como Virginia Woolf)" esas son las credenciales con que se presenta en sociedad Wyndham Lewis cuya autobiografía Estallidos y bombardeos acaba de ser editada por Impedimenta. Mercedes Monmany hace la reseña en el ABCD las letras:

Anticomunista y visionario ferozmente individualista, en oposición permanente a los aires y las modas de su tiempo; admirador en sus inicios de los movimientos fascistas, en un momento en que los escritores de izquierda se encontraban mayoritariamente implicados en la defensa de la URSS, falló sin embargo de forma escandalosa en una obra superficial y precipitada sobre la figura de Hitler, algo que nunca se le perdonaría, a pesar de su seria y sincera retractación posterior a través de The Hitler Cult y The Jews, are they Human?, ambas de 1939. Algo ingenuo, si pensamos que la Europa triunfante de la segunda posguerra mundial tendría que haber abjurado eternamente de un buen número de sus más grandes creadores, desde Céline o Drieu La Rochelle a los italianos Brancati y Malaparte (que experimentaron un giro en sus ideas, como Lewis), por no hablar de Heidegger y Jünger o del grandísimo Pound, amigo y valedor artístico de Wyndham Lewis. Sí tuvo, en cambio, un indudable olfato para detectar a un trío imponente y primordial de «hombres de 1914», del que ofrece impagables retratos, tanto pictóricos como narrativos, en su libro: Ezra Pound («formábamos un grupo de jovenzuelos bastante alborotadores y altaneros y fue Ezra quien nos organizó de esta forma, nos gustara o no»), James Joyce («la señora Joyce se opuso a mi presencia en París, pensó que pervertía a su Dante de Dublín») y T. S. Eliot («¿hace falta que diga que es el mejor poeta en lengua inglesa?»).Pero, sobre todo, Wyndham Lewis jugaría un papel primordial como jefe de filas de movimientos vanguardistas de su tiempo. En su papel de futurista británico -tal y como narra en Estallidos y bombardeos-, recibe a Marinetti poco antes de iniciarse la guerra. La escena de la ruptura entre estos dos titanes es cómicamente narrada por Lewis, que ya había dictaminado que el culto exagerado a las máquinas era una ofuscación naif y meridional. Así que en 1914, seis meses antes de declararse la contienda, y alentado por Ezra Pound, fundó la revista Blast, órgano del movimiento vorticista, como lo había bautizado su célebre protector. Escéptico con una guerra «de épicas dimensiones, que no resolvió nada y que había desmoralizado al mundo, acostumbrándolo a una violencia incesante y sin sentido», a través de Cantleman, un álter ego narrativo, Wyndham Lewis, como hizo Canetti, se dedicaría en varios capítulos de su libro a teorizar sobre el inquietante espectro «de moda» en aquellos años, causante de no pocos estragos ideológicos: la Masa. «Parecía -dirá- como si la única posibilidad para la renovación del individuo se hallara en la muerte temporal de las Masas, seguida de una Resurrección [?] La Masa inglesa es un dragón estúpido. ¡No se debería permitir que fuera por ahí sola!». Unos tiempos convulsos en que todos, como las máquinas vertiginosas que ensalzaban los futuristas, «se movieron demasiado rápido», reconocerá Lewis: «Cada vez más cansados por la Guerra, la Depresión y la Revolución, el mundo ha retrocedido».

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Mujeres

10.13.2008
Carátula del libro. Fuente: elmundo

Yo, que jamás he podido leer más de 10 minutos seguidos en un avión, pude leerme entero en un vuelo Lima-Bogotá-Lima (cinco horas, considerando las pausas para almorzar, tomar una siesta y escuchar los boleros de Lavoe) el libro Mujeres de Mihail Sebastian, publicado por Impedimenta. No se me ocurre, de mi parte, un mayor elogio para este extraordinario libro. Sobre el libro dice una página de "El Mundo":

Renée, Marthe, Odette, Emilie, Maria, Arabella... Nombres de mujeres que sirvieron para explicar la moral amorosa y sexual de una época -la de entreguerras- que bien conoció Mihail Sebastian (que respondía al nombre real de Mihail Hechter), uno de los autores más prestigiosos de la reciente literatura europea. Ahora, la editorial Impedimenta publica por primera vez en castellano una obra, 'Mujeres', que el dramaturgo, narrador y pensador rumano escribió en 1993 y que se convirtió en una particular crónica sentimental de las aventuras de un joven médico en cuatro etapas diferentes de su vida. Historias de conquistas y separaciones, de reencuentros y de partidas, que dejan en el lector el sabor metálico y agreste de las pasiones equivocadas, y la certeza de que el amor es algo voluble, desordenado y agridulce que nada tiene que ver con el destino. Pero, como escribe Marian Ochoa de Eribe en el prólogo del libro, 'Mujeres' es sobre todo "un rico abanico de diferentes retratos de mujer, donde cada una de las historias modifica la mirada sobre las mujeres y sobre la pasión. Es esa modificación lo que da cuerpo al conjunto narrativo y obliga a entender la obra no como una colección de historias de amor con Stefan Valeriu como protagonista, sino como una novela con un personaje central muy determinado: el amor de las mujeres". Y poco importa si son díscolas o sumisas, temperamentales o burguesas, porque las mujeres que pueblan la vida del joven doctor Stefan Valeriu son, ante todo, inolvidables.

Lo bueno es que también me compré La ciudad de las acacias, editada por Pre-Textos. Y me quedan un par de viajes este año.

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Reeditan Botchan

7.11.2008
Carátula de la novela. Fuente: letras libres

Aurelio Asiain le dedica en Letras Libres una reseña a Natsume Sôseki, considerado unánimemente como el padre de la novela japonesa moderna, cuyo libro Botchan ha sido nuevamente publicada por Impedimenta. La novela es un clásico en Japón, un autentico long-seller, muchas veces con justicia comparado con El guardián entre el centeno de Salinger, aunque en la reseña Asiain prefiere vincularlo al Cándido de Voltaire. Pero, ¿para cuándo una nueva edición de Yo, el gato?
Relato veloz, escrito en un estilo directo y en una lengua en que se alternan, en tonos y registros muy diversos, el habla coloquial de Tokio y el dialecto de la isla de Shikoku, Botchan deriva su gracia –y, sin duda, su popularidad– del carácter esquemático de sus personajes y de la sencillez de su trama. Un joven, huérfano de padres desafectos y al que sólo aprecia la vieja sirvienta de la casa, se procura con la mínima herencia que le dispensan al primogénito unos estudios y un título que, obtenido sin pena pero sobre todo sin gloria, le depara ser enviado como maestro de matemáticas a una escuela secundaria en una pequeña ciudad en la remota provincia, naturalmente tediosa y donde pronto se ve víctima de la ruda rusticidad de los alumnos, que corre pareja con la hipocresía del director del plantel y sus colegas, en cuyas intrigas se ve inevitablemente envuelto hasta que, para solidarizarse con el único amigo que ha hecho, y al que han obligado a marcharse, renuncia y vuelve a Tokio, donde consigue un empleo subalterno. Los incidentes en que se centran los episodios de esa trama escueta muestran, una y otra vez, a un alma ingenua y sin malicia enfrentada a la revelación de un mundo de dobles intenciones, dobles palabras, dobles caras ante las que reacciona con irritación y torpeza. Esa incapacidad del personaje narrador para adaptarse a una sociedad en que del dicho al hecho hay mucho trecho ha sido descrita con frecuencia como rebeldía y espíritu crítico; no hay tanto: se trata sencillamente de alguien “demasiado inmaduro para vivir en este mundo” –Sôseki dixit– y que, más que el Holden Caulfield de Salinger o el Huck Finn de Twain, evoca al Candide de Voltaire –sólo que sin filosofía, y con la remota provincia por ancho mundo.

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