MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vida después de Murakami

4.27.2009
Carátula de la traducción inglesa de Yasutaka Tsutsui. Fuente: newsarama

La experta en literatura japonesa, Paloma Llaneza, hace un recuento de distintas obras publicadas recientemente en España que vienen desde el Japón. Clásicos y contemporáneos. Una literatura en constante evolución. ¿Existe vida más allá de Haruki Murakami? Sí, obvio que sí. Les dejo aquí algunas de sus recomendaciones:

Out, de Natsuo Kirino, publicada por Planeta a principios del año pasado, demostró que la novela negra japonesa existe y que ha servido para sustituir la antigua katana ensangrentada. Kirino nos llenó de sangre, vísceras y "feminismo-Tarantino", y nos alejó de esa otra literatura de éxito en Japón, la literatura para móvil y adolescentes, como el dulzón y cursi Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama (Alfaguara).

Abundando en el literario interés con que los nipones contemplan la individualidad, la traducción de Botchan, de Natsume Soseki (Premi Llibreter 2008), elegantemente editada por Impedimenta, nos promete sonrisas sin fin durante su lectura. Obra muy leída en su país, Botchan requiere de un fino conocimiento de lo que se considera inconveniente en Japón para que al lector occidental le haga tanta gracia como al nativo. Describe excelentemente, como también lo hace Kirino de manera más descarnada, lo mezquino de una educación que vive pendiente de convenciones sociales de enorme rigidez. Botchan es el bocazas que pone en evidencia, enarbolando una lógica de párvulo, las absurdas situaciones a las que da lugar el sistema de deberes que rige la sociedad japonesa. De ahí que nuestro simple Botchan, el metepatas, sea un auténtico libertario.

Siruela, por su lado, comenzó con La madre del capitán Shigemoto una nueva colección sobre la obra de Junichiro Tanizaki, poco o nada traducido al castellano, aunque muy conocido por el opúsculo publicado por esta misma editorial, El elogio de la sombra. Tanizaki publicó en 1928 una versión moderna del Genji Monogatari al tiempo que comenzó un regreso vital a las tradiciones. Del Genji toma prestado una anécdota referida al seductor Heiju, amante de la madre del capitán Shigemoto, para construir una obra mitad novela, mitad ensayo, ambientada en la época Heian. Muy formalista, llena de referencias a texto completo sobre poesía clásica o de historias de gloriosas batallas, la colección se ha continuado con la publicación de El cortador de cañas. Obra breve pero de densa lectura a causa de tanta cita erudita, El cortador de cañas es una delicada obra de viaje no sólo físico, sino a la memoria y a los deseos, en el que un hombre culto y de la edad de Tanizaki conversa con un extraño rodeado de la melancolía kamakura sobre, de nuevo, la historia de pasión imposible del padre del paseante. Todo muy japonés.

(...) nada mejor que una astracanada de Yasutaka Tsutsui sacada de su colección de cuentos Hombres salmonela en el planeta porno (Atalanta), primera obra completa traducida de este autor. A pesar de que el compañero de viaje en metro piense que uno se está dando a la literatura erótica y al bondage -la imagen de portada es un tanto equívoca- Tsutsui, "el guru de la metaficción", inspirador de mangakas, zoólogo y freudiano aficionado, nos ofrece seis relatos surrealistas refrescantes y muy poco habituales para lo que se expende en Japón.

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Reeditan Botchan

7.11.2008
Carátula de la novela. Fuente: letras libres

Aurelio Asiain le dedica en Letras Libres una reseña a Natsume Sôseki, considerado unánimemente como el padre de la novela japonesa moderna, cuyo libro Botchan ha sido nuevamente publicada por Impedimenta. La novela es un clásico en Japón, un autentico long-seller, muchas veces con justicia comparado con El guardián entre el centeno de Salinger, aunque en la reseña Asiain prefiere vincularlo al Cándido de Voltaire. Pero, ¿para cuándo una nueva edición de Yo, el gato?
Relato veloz, escrito en un estilo directo y en una lengua en que se alternan, en tonos y registros muy diversos, el habla coloquial de Tokio y el dialecto de la isla de Shikoku, Botchan deriva su gracia –y, sin duda, su popularidad– del carácter esquemático de sus personajes y de la sencillez de su trama. Un joven, huérfano de padres desafectos y al que sólo aprecia la vieja sirvienta de la casa, se procura con la mínima herencia que le dispensan al primogénito unos estudios y un título que, obtenido sin pena pero sobre todo sin gloria, le depara ser enviado como maestro de matemáticas a una escuela secundaria en una pequeña ciudad en la remota provincia, naturalmente tediosa y donde pronto se ve víctima de la ruda rusticidad de los alumnos, que corre pareja con la hipocresía del director del plantel y sus colegas, en cuyas intrigas se ve inevitablemente envuelto hasta que, para solidarizarse con el único amigo que ha hecho, y al que han obligado a marcharse, renuncia y vuelve a Tokio, donde consigue un empleo subalterno. Los incidentes en que se centran los episodios de esa trama escueta muestran, una y otra vez, a un alma ingenua y sin malicia enfrentada a la revelación de un mundo de dobles intenciones, dobles palabras, dobles caras ante las que reacciona con irritación y torpeza. Esa incapacidad del personaje narrador para adaptarse a una sociedad en que del dicho al hecho hay mucho trecho ha sido descrita con frecuencia como rebeldía y espíritu crítico; no hay tanto: se trata sencillamente de alguien “demasiado inmaduro para vivir en este mundo” –Sôseki dixit– y que, más que el Holden Caulfield de Salinger o el Huck Finn de Twain, evoca al Candide de Voltaire –sólo que sin filosofía, y con la remota provincia por ancho mundo.

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