MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Inventar América

12.01.2009
Amanda. Buenos Aires (2005) y Il piccolo vapore, La Boca, Bs. As. Argentina (2007). Fotografía: Marcos López. Fuente: Babelia

El último número de Babelia está dedicado a recordar los 200 años del "arranque de las independencias" en América Latina. "Inventar América" es la consigna, y pensar en ella también. Para eso, se ha convocado a un grupo de intelectuales, algunos de ellos narradores, para que escriban sobre América Latina. Destaco los artículos de Caros Fuentes, Edmundo Paz Soldán, Horacio Castellanos Moya, Santiago Roncagliolo y Martín Caparrós. Por otra parte, en el mismo número Carlos Monsiváis comenta los resultados de una encuesta realizada entre un centenar de personalidades de América Latina sobre quiénes son los 10 personajes que sintetizan mejor al Continente, con todas sus virtudes y contradicciones. Los constructores del concepto América Latina. Los 10 elegidos, en orden, son los siguientes:

Simón Bolívar

Fidel Castro

Ché Guevara

José Martí

José de San Martín

Benito Juárez

Jorge Luis Borges

Gabriel García Márquez

Emiliano Zapata

Andrés Bello

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El mito "rebelde" Bolaño en EEUU

11.06.2009
Roberto Bolaño. Fuente: Basso Cannarsa. Fuente: The guardian

Hace unos días, el diario The Guardian comentó un artículo aparecido en el diario La Nación en setiembre sobre Roberto Bolaño y su éxito mediático en EEUU. El artículo lo escribió Horacio Castellanos Moya y en él, sin decir que Roberto Bolaño es un mal escritor ni nada por el estilo, eso está fuera de discusión, declaró que el éxito de Bolaño en EEUU era una operación de marketing en la cual, por exotismo y snobismo, se quería levantar la imagen del escritor bolaño como rebelde anti-sistema, drogadicto y eternamente joven. El "Kurt Cobain de la literatura latinoamericana". El texto de Castellanos Moya es muy interesante. Dice:

La idea clave es que durante treinta años la obra de García Márquez, con su realismo mágico, representó la literatura latinoamericana en la imaginación del lector estadounidense. Pero como todo se desgasta y termina percudiéndose, el establishment cultural necesitaba un recambio, hizo tanteos con los muchachos de los grupos literarios llamados McOndo y Crack, pero no servían para la empresa, sobre todo porque, como explica Sarah Pollack, era muy difícil vender al lector estadounidense el mundo de los iPods y de las novelas de espías nazis como la nueva imagen de Latinoamérica y su literatura. Entonces apareció Bolaño con Los detectives salvajes y su realismo visceral. "Que nadie sabe para quién trabaja" es una frase hecha que me gusta repetir, pero también es una realidad grosera que me ha golpeado una y otra vez en la vida. Y no sólo a mí, estoy seguro de ello. Sigamos. Los cuentos y las novelas breves de Bolaño venían siendo publicados en Estados Unidos, con esmero y tenacidad, por New Directions, una editorial independiente muy prestigiosa pero de difusión modesta, cuando de pronto, en medio de las negociaciones para la compra de Los detectives salvajes, apareció, como surgida de los cielos, la poderosa mano de los dueños de la fortuna, quienes decidieron que esta excelente novela era la obra llamada para el recambio, escrita además por un autor que había muerto hacía muy poco, lo que facilitaba los procedimientos para organizar la operación, y pagaron lo que fuera por ella. La construcción del mito precedió al gran lanzamiento de la obra. (...) Quizá no haya sido yo el único sorprendido cuando, al abrir la edición norteamericana de Los detectives salvajes, me encontré con una foto del autor que no conocía. Es el Bolaño posadolescente, con la cabellera larga y el bigotito, la pinta de hippie o del joven contestatario de la época de los infrarrealistas, y no el Bolaño que escribió los libros que conocemos. Celebré la foto, y como soy un ingenuo, me dije que seguramente había sido un golpe de suerte para los editores conseguir una foto de la época a la que alude la mayor parte de la novela. (Ahora que los infrarrealistas han abierto su sitio web, ahí se encuentran colgadas varias de esas fotos, en las que descubro a mis cuates Pepe Peguero, Pita, el "Mac" y hasta al periodista peruano radicado en París José Rosas, de quien yo desconocía su pertenencia al grupo). No se me ocurrió pensar entonces, pues el libro apenas salía del horno y comenzaba el revuelo en los medios de Nueva York, que esa evocación nostálgica de la contracultura rebelde de los años 60 y 70 era parte de una bien afinada estrategia. No fue casual entonces que en la mayoría de artículos sobre el perfil del autor se hiciera énfasis en los episodios de su juventud tumultuosa: su decisión de salirse de la escuela secundaria y convertirse en poeta; su odisea terrestre de México a Chile, donde fue encarcelado luego del golpe de Estado; la formación del fracasado movimiento infrarrealista con el poeta Mario Santiago; su existencia itinerante en Europa; sus empleos eventuales como cuidador de camping y lavaplatos; una supuesta adicción a las drogas y su súbita muerte. Estos episodios iconoclastas eran demasiado tentadores como para que no fueran convertidos en una tragedia de proporciones míticas: he aquí alguien que vivió los ideales de su juventud hasta las últimas consecuencias. O como rezaba el titular de uno de esos artículos: ¡Descubran al Kurt Cobain de la literatura latinoamericana! (...) Fue esa faceta contestataria de su vida la que serviría a la perfección para la construcción del mito en Estados Unidos, del mismo modo que esa faceta de la vida del Che (la del viaje en motocicleta y no la del ministro del régimen castrista) es la que se utiliza para vender su mito en ese mismo mercado. La nueva imagen de lo latinoamericano no es tan nueva, pues, sino la vieja mitología del "the road-trip" que viene desde Kerouac y que ahora se ha reciclado con el rostro de Gael García Bernal (quien también interpreta a Bolaño en el film que viene, a propósito). Con la novedad de que, para el lector estadounidense, dos mensajes complementarios, que apelan a su sensibilidad y expectativas, se desprenden de Los detectives salvajes: por un lado, la novela evoca el "idealismo juvenil" que lleva a la rebeldía y la aventura; pero, por el otro, puede ser leída como un "cuento de advertencia moral", en el sentido de que "está muy bien ser un rebelde descarado a los diecisiete años, pero si uno no crece y no se convierte en una persona adulta, seria y asentada, las consecuencias pueden ser trágicas y patéticas", como en el caso de Arturo Belano y Ulises Lima. Concluye Sarah Pollack: "Es como si Bolaño estuviera confirmando lo que las normas culturales de Estados Unidos promocionan como la verdad". Y yo digo: es que así fue en el caso de nuestro insigne escritor, quien necesitó asentarse y contar con una sólida base familiar para escribir la obra que escribió. Lo que no es culpa del autor es que los lectores estadounidenses, con su lectura de Los detectives salvajes, quieran confirmar sus peores prejuicios paternalistas hacia Latinoamérica, como la superioridad de la ética protestante del trabajo o esa dicotomía por la cual los norteamericanos se ven a sí mismos como trabajadores, maduros, responsables y honestos, mientras que a los vecinos del Sur nos ven como haraganes, adolescentes, temerarios y delincuentes. Dice Sarah Pollack que, desde ese punto de vista, Los detectives salvajes es "una muy cómoda elección para los lectores estadounidenses, pues les ofrece los placeres del salvaje y la superioridad del civilizado". Y repito yo: nadie sabe para quién trabaja. O como escribía el poeta Roque Dalton: "Cualquiera puede hacer de los libros del joven Marx un liviano puré de berenjenas, lo difícil es conservarlos como son, es decir, como un alarmante hormiguero".

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La violencia política narrada

11.04.2009
Detenidos en 1983. Foto: Jorge Ochoa/ Efe. Fuente: Clarín

Hace unos meses, cuando Gustavo Faverón comentó en la lamentablemente fenecida librería Ksa Tomada mi novela Un lugar llamado Oreja de perro, sentenció o pronosticó que a pesar de mis intenciones y declaraciones, el libro sería tomado como "una novela sobre la violencia política peruana". Y por supuesto que ha sido así. Esa es la perspectiva que han tomado la mayoría de reseñas. Un reciente ejemplo de eso sucedió en el diario Clarín, en el Revista Ñ, este fin de semana. Hernán Vanoli escribió un artículo titulado "La guerra y las palabras" y me cita junto a otros escritores (dos de ellos peruanos, Santiago Roncagliolo y Daniel Alarcón) como parte de los escritores latinoamericanos de última hornada que escriben sobre la violencia política en sus países. Copio el pasaje donde habla de mi novela y también aquel donde la compara -un honor excesivo para mí, pues es uno de mis escritores favoritos desde hace décadas- con la reciente novela de Rodrigo Rey Rosas El material humano (Anagrama). Dice la nota:

Si el "giro autobiográfico" y las mal llamadas escrituras del yo son algunas de las tendencias más visibles en la narrativa contemporánea, no es raro que encontremos una primera estrategia donde el cruce entre biografía personal y la lucha armada sea el eje narrativo privilegiado. Se trata, en la mayoría de los casos, de textos donde los escritores se posicionan como investigadores, y donde las fronteras de la profesión literaria con el periodismo, lo detectivesco y la historia oficial contada por los organismos de la memoria genera una cierta incomodidad que alimentan los relatos. No es casual que este tipo de enfoques siempre parezcan dirigidos a un lector extranjero de firmes convicciones progresistas, horrorizado con (y fascinado por) el salvajismo latinoamericano. Fernando Vallejo es consciente de ese gesto y por eso puede parodiarlo, y Horacio Castellanos Moya, en Insensatez, ejerce una leve burla sobre el escritor-detective. Sin embargo, también hay casos donde la figura se trabaja con facetas interesantes. En Un lugar llamado Oreja de Perro, el peruano Iván Thays construye un relato del viaje de un escritor devenido periodista que debe cubrir la visita del presidente a un pequeño poblado andino donde se realizará la apertura mediática de un programa de asistencia social. Sobria y contundente, cae en baches cuando el narrador cuenta su propia vida, pero tiene la virtud de trabajar sutilmente la distancia entre la representación televisiva, el discurso de la "Comisión de la Verdad" y ciertas consecuencias del terrorismo de Estado en el tejido social. Los ecos de la violencia, y sus rastros, van a percibirse a través del relato que el protagonista hace de la galería de personajes que va encontrando en su excursión, donde no faltan un asesinato ni una lúcida descripción de diferentes posiciones con respecto al terrorismo de Estado de parte de la sociedad civil. El personaje-escritor de Thays es un detective involuntario, que viaja por una cobertura periodística y termina descubriendo una trama secreta de la violencia en la que se incluye la permanencia del aparato represivo ilegal y los cuestionamientos hacia sus propios prejuicios de clase. Algo similar ocurre en El material humano, del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, aunque el narrador no deviene detective sino que arranca como tal, revisando los archivos policiales sobre la represión en su país. En un juego de espejos entre diario personal, material de archivo y conversaciones con funcionarios que participan de las investigaciones estatales sobre la verdad histórica, el mayor hallazgo del texto consiste en que, sirviéndose de la permanente ambivalencia entre realidad y ficción, Rey Rosa también consigue narrar las contradicciones, intrigas y luchas generadas por el hecho de que la materialidad del archivo, sea propiedad de aquellos mismos que son investigados. Aquí, la historia personal y el secuestro de la madre del narrador entran en un diálogo productivo sobre el papel del Estado ante las políticas de la memoria. Y, con una transparencia comparable a la de Thays, aunque quizás con menos autocrítica, Rey Rosa señala las aporías, incomodidades e hipocresías en las que muchos escritores latinoamericanos caen al pensar su rol con respecto a la política.

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Bolaño por Horacio Castellano Moya

9.24.2009
Roberto Bolaño. Caricatura: ADN Cultura

Como si no le hubiera sido suficiente intepretrar (peor que mal, para mí) a Rímini en la versión fílmica de El Pasado de Alan Pauls, ahora se propone a Gael García como Arturo Belano en la versión cinematográfica de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. ¿Será eso posible? ¿Se puede evitar? Como sea, en el ADN Cultura le rinden homenaje al Mito Bolaño, poniendo énfasis en especial en su ingreso por todo lo alto a la industria editorial norteamericana. Entre los convocados para hablar del tema está el escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya. Dice así en su nota:

Fue esa faceta contestataria de su vida la que serviría a la perfección para la construcción del mito en Estados Unidos, del mismo modo que esa faceta de la vida del Che (la del viaje en motocicleta y no la del ministro del régimen castrista) es la que se utiliza para vender su mito en ese mismo mercado. La nueva imagen de lo latinoamericano no es tan nueva, pues, sino la vieja mitología del "the road-trip" que viene desde Kerouac y que ahora se ha reciclado con el rostro de Gael García Bernal (quien también interpreta a Bolaño en el film que viene, a propósito). Con la novedad de que, para el lector estadounidense, dos mensajes complementarios, que apelan a su sensibilidad y expectativas, se desprenden de Los detectives salvajes: por un lado, la novela evoca el "idealismo juvenil" que lleva a la rebeldía y la aventura; pero, por el otro, puede ser leída como un "cuento de advertencia moral", en el sentido de que "está muy bien ser un rebelde descarado a los diecisiete años, pero si uno no crece y no se convierte en una persona adulta, seria y asentada, las consecuencias pueden ser trágicas y patéticas", como en el caso de Arturo Belano y Ulises Lima. Concluye Sarah Pollack: "Es como si Bolaño estuviera confirmando lo que las normas culturales de Estados Unidos promocionan como la verdad". Y yo digo: es que así fue en el caso de nuestro insigne escritor, quien necesitó asentarse y contar con una sólida base familiar para escribir la obra que escribió. Lo que no es culpa del autor es que los lectores estadounidenses, con su lectura de Los detectives salvajes, quieran confirmar sus peores prejuicios paternalistas hacia Latinoamérica, como la superioridad de la ética protestante del trabajo o esa dicotomía por la cual los norteamericanos se ven a sí mismos como trabajadores, maduros, responsables y honestos, mientras que a los vecinos del Sur nos ven como haraganes, adolescentes, temerarios y delincuentes. Dice Sarah Pollack que, desde ese punto de vista, Los detectives salvajes es "una muy cómoda elección para los lectores estadounidenses, pues les ofrece los placeres del salvaje y la superioridad del civilizado". Y repito yo: nadie sabe para quién trabaja. O como escribía el poeta Roque Dalton: "Cualquiera puede hacer de los libros del joven Marx un liviano puré de berenjenas, lo difícil es conservarlos como son, es decir, como un alarmante hormiguero".

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Shortlist de Three Percent

1.28.2009
Alejandro Zambra. Fuente: Qué pasa

El blog Three Percent publicó en diciembre pasado una longlist con las mejores traducciones al inglés del 2008. Ahí se encontraban, entre otros, Bonsai de Alejandro Zambra. Ahora, el blog ha publicado su shortlist y en ella encontramos que cuatro de diez son latinoamericanos. Y además, que nuestro Alejandro está en la lista. ¡Dale, Zambra! ¡Con el Atlas, aunque gane! Aquí los diez semifinalistas:

2666
By Roberto BolañoTranslated from the Spanish by Natasha Wimmer Farrar, Straus & GirouxThree Percent’s Overview

Bonsai
By Alejandro ZambraTranslated from the Spanish by Carolina De RobertisMelville HouseThree Percent’s Overview

Nazi Literature in the Americas
By Roberto BolañoTranslated from the Spanish by Chris AndrewsNew DirectionsThree Percent’s Overview

Senselessness
By Horacio Castellanos MoyaTranslated from the Spanish by Katherine SilverNew DirectionsThree Percent’s Overview

The Darkroom of Damocles
By Willem Frederik HermansTranslated from the Dutch by Ina RilkeOverlookThree Percent’s Overview

The Post-Office Girl
By Stefan ZweigTranslated from the German by Joel RotenbergNew York Review BooksThree Percent’s Overview

Tranquility
By Attila BartisTranslated from the Hungarian by Imre GoldsteinArchipelagoThree Percent’s Overview

Unforgiving Years
By Victor SergeTranslated from the French by Richard GreemanNew York Review BooksThree Percent’s Overview

Voice Over
By Céline CuriolTranslated from the French by Sam RichardSeven StoriesThree Percent’s Overview

Yalo
By Elias KhouryTranslated from the Arabic by Peter TherouxArchipelagoThree Percent’s Overview

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Siete latinoamericanos en Bs As

1.19.2009
Mapa de escritores latinoamericanos. Fuente: la nación

Horacio Castellanos Moya (El Salvador), Juan Gabriel Vásquez (Colombia), Daniel Galera (Brasil), William Ospina (Colombia), Santiago Roncagliolo (Perú), Edmundo Paz Soldán (Bolivia) y Daniel Alarcón (Perú) fueron los siete "samurais" latinoamericanos, entre la treintena de participantes en el Festival de Literatura del Malba que ocurrió el año pasado en Buenos Aires, elegidos para comentar en el ADN cultura el porvenir de la literatura latinoamericana. La conclusión es la misma de todos los encuentros, pero no por lugar común menos cierta: el signo primordial es la pluralidad y la dispersión de temas y formas. Lo dice así el prólogo a estas siete entrevistas:

"Hoy la literatura latinoamericana no tiene que demostrarle nada a nadie", dice el salvadoreño Horacio Castellanos Moya, convencido de que las letras del continente habrían alcanzado, por fin, su definitiva madurez. La confianza del autor de El asco encuentra sus mejores argumentos en la actual diversidad de estilos y tendencias, la imprevisible amplitud en el horizonte de la libertad creativa (un arco que va de la experimentación de César Aira a la variedad de registros narrativos del mexicano Juan Villoro) y, muy especialmente, en la convivencia pacífica entre las propuestas, toda una novedad para quienes durante décadas se enzarzaron en grandes e históricos debates acerca de por qué una estética debía imponerse sobre la(s) otra(s). "A esta altura ya tenemos claro que, más allá de los gustos personales, todas las corrientes son válidas, cada una con su mérito", cierra Castellanos Moya. El campo de batalla parece haberse convertido en campo de creatividad, y por una vez, la aceptación del otro resulta más importante que la imposición de lo propio. El rigor histórico de William Ospina no se opone a la ficción intimista del brasileño Daniel Galera ni a la pasión por "la palabra justa" de Alan Pauls. El acento performático de Mario Bellatin no es más ni menos valioso que el interés periodístico de Santiago Roncagliolo o la mirada política de Martín Kohan. Ya no se le teme a la libertad del que piensa y escribe desde la esquina opuesta del ring. Es más: en el ring del siglo XXI se discute, pero raramente se condena (...) Edmundo Paz Soldán, que además de escritor es profesor de literatura latinoamericana en Estados Unidos, afirma que el argentino César Aira y el méxicano Mario Bellatin ampliaron el espectro de la "tradición excéntrica", aquella que se aparta del realismo tradicional para aventurarse a construcciones más experimentales. Aira y Bellatin han hecho escuela y en las nuevas generaciones su influencia pesa tanto que en rigor esa literatura -señala- ya no podría llamarse "periférica". Junto a ella se mantiene la línea más realista y social, un tronco central de la tradición latinoamericana, y basten como ejemplo Juan Gabriel Vásquez, Santiago Roncagliolo, Daniel Alarcón y el propio Paz Soldán. En ellos, el factor político no es asunto menor. Lo que sí ha muerto son las viejas utopías: ya nadie entiende la literatura como una forma de militancia política.

En la nota hubo espacio para comentar lo que significó, en su real dimensión, ese encuentro llamado Bogotá 39, un maravilloso grupo humano del que nunca dejaré de decir que me siento orgulloso de pertenecer. Sin proclamas, sin manifiestos, sin buscarle tres pies al gato, sin postboom o mini boom, solo unos amigos que hacen lo mismo reunidos para estar juntos (si me disculpan el juego de palabras):

La iniciativa Bogotá 39, que en el Hay Festival de 2007 reunió 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años, puede ser tomada como un momento de mutuo reconocimiento que fortaleció el espíritu de grupo, si no literario, al menos generacional. Más atrás, la antología McOndo, editada por los escritores chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez a mediados de los años 90, que intentó presentar una nueva narrativa latinoamericana -urbana y realista al modo norteamericano, reacia además al realismo mágico-, puede ser tomada como antecedente lejano. Pero mucho ha cambiado desde entonces. Hoy, con el mundo convertido en aldea, prima la diversidad y no parecen tiempos de proclamas grupales.

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Best Foreign Fiction Of 2008

12.11.2008
Carátula del libro. Fuente: npr

Jessa Crispin, en la sección cultural de la página web New Public Radio (npr), ha elegido su Top Five de libros extranjeros, cuatro de ellos traducidos al inglés y dos del castellano. Mientras esperamos el resultado del blog Three Percent, podemos echarle una mirada a esta postura que tiene a Bolaño y 2,666 entre sus favoritos pero que presenta una sorpresa: ubica en primer lugar a Horacio Castellanos Moya con Senselessness (traducción de la novela Insensatez):

Senselessness, by Horacio Castellanos Moya, translated from the Spanish by Katherine Silver, paperback, 142 pages

Kieron Smith, boy, by James Kelman, hardcover, 432 pages

2666, by Roberto Bolaño, translated from the Spanish by Natasha Wimmer, hardcover, 912 pages

Metropole, by Ferenc Karinthy, translated from the Hungarian by George Szirtes, paperback, 279 pages

The Lost Daughter, by Elena Ferrante, translated from the Italian by Ann Goldstein, paperback, 204 pages

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Las mejores traducciones

12.09.2008
Minimalista carátula de Bonsai editado por Melville House. Fuente: melville house


En el blog Three Percent han hecho una lista preliminar titulada Best Translated Book of 2008: The Fiction Longlist, es decir la Longlist de las mejores traducciones del 2008. La shortlist de 10 finalistas será entregada el 27 de enero, y el ganador el 19 de febrero. En la longlist figuran autores como el portugués António Lobo Antunes, la francesa Muriel Barbery, el húngaro Attila Bartis y también Ferenc Karinthy,, el brasileño Rubem Fonseca, el catalán Quim Monzó o la griega Amanda Michalopoulou. También aparecen varios castellanos. Las obras en castellano, traducidas al inglés este año, cuyas traducciones merecen estar en la lista son cuatro:

2666 by Roberto Bolaño, translated from the Spanish by Natasha Wimmer (Farrar, Straus & Giroux)

Nazi Literature in the Americas by Roberto Bolaño, translated from the Spanish by Chris Andrews (New Directions)

Senselessness by Horacio Castellanos Moya, translated from the Spanish by Katherine Silver (New Directions)

Bonsai by Alejandro Zambra, translated from the Spanish by Carolina De Robertis (Melville House)

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Guerrilleros

5.04.2008
El entierro de Javier Heraud. Fuente: Norman Córdoba/ Andina

¿Existe el guerrillero "bueno"? Al menos en literatura parece que sí. Justo el día en que en el Perú se anuncia que los restos del jovencísimo poeta Javier Heraud (muerto en la selva en pleno acto guerrilero en los años 60) serán enterrados en Lima, Santiago Roncagliolo comenta en Babelia algunas novela latinoamericanas recientes que tienen como tema a guerrilleros (El arma en el hombre de Horacio Castellanos Moya; La materia del deseo de Edmundo Paz Soldán; Los ejércitos de Evelio Rosero), centrándose en la última de Martín Caparrós A quien corresponda. Dice:
Los escritores argentinos, a diferencia de los centroamericanos y colombianos, tratan a sus guerrilleros no como delincuentes, sino como bienintencionados perdedores. No pueden equipararlos moralmente a sus torturadores, pero parecen verlos con una mezcla de patetismo y desprecio. Otro ejemplo es el Jorge Lanata de Muertos de amor, una historia a caballo entre el periodismo y la novela dedicada a la primera guerrilla de su país: el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), que en junio de 1963 ingresó clandestinamente en el país con dirección a Salta. La historia del EGP fue breve y triste cuando no absurda. No consiguieron ninguno de sus objetivos políticos. Su primer mártir fue uno que se desbarrancó. Los dos siguientes fueron fusilados por sus propios compañeros bajo acusaciones de traición. Durante toda la campaña, el único enemigo real que enfrentaron fueron los insectos, los animales, el hambre y la geografía. Los campesinos, en vez de ayudarlos, los denunciaron a las autoridades, que finalmente los apresaron. Sin embargo, el EGP y el protagonista destrozado de A quien corresponda tienen algo en común con los guerrilleros de Castellanos, Paz Soldán o Rosero. Todos ellos, al igual que miles de jóvenes latinoamericanos del siglo XX, quisieron vivir como los personajes de una novela. Y sin duda, lo consiguieron. Sólo que medio siglo después de la Revolución Cubana, ni a la foto de Korda le gusta siempre dónde la ponen, ni las novelas que inspiró son las que soñaban sus personajes.

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Castellanos Moya

10.07.2007
Carátula de la novela. Fuente: tusquets

Luego de leer su anterior novela, Insensatez, me resultó extraño que Horacio Castellanos Moya no fuese más conocido entre los escritores peruanos. Creo que él, por sus temas e intereses, encaja perfectamente en las agendas de muchos escritores y críticos literarios del país. ¿Tanto se parece la realidad de El Salvador a la peruana? Sí y no. Deberían leerlo. Ahora acaba de publicar Desmoronamientos (Tusquets), una novela que tengo en casa y seguro la leeré antes de fin de año. En Radar Libros aparece una reseña de Veronica Bondorevsky:

Dice la reseña: "El contexto histórico atraviesa la historia. Así, se entreteje una trama geopolítica junto con una trama íntima: en particular, Desmoronamiento se detiene en la tensión entre Honduras y El Salvador, la denominada guerra del fútbol ocurrida en el año 1969; la acción se sumerge también en la crisis interna salvadoreña, en la que muere misteriosamente Clemente. Y sumado a estos cortes y a las distintas formas narrativas para dar cuenta de cada período, existe un plus de la novela: el misterio. No sólo esa muerte está rodeada de intriga, hay a su vez otros interrogantes dispersos: por ejemplo, por qué doña Lena mandó a su asistente, antes de morir, a quemar unos papeles o, por las elipsis temporales de las que se vale la obra, cómo es que los hijos de Teti, Eri y Alfredito, devinieron en los adultos que son en la actualidad. Si en la escritura de El asco –novela por la cual, Castellanos Moya recibió amenazas de muerte y debió exiliarse de El Salvador– hay un homenaje al estilo de Thomas Bernhard, podíamos considerar que, en esa misma línea de tributo, Desmoronamiento indaga ahora en el registro del melodrama, tan propio del espíritu latinoamericano. Así, esta novela vuelve verosímil y logra superar esa forma discursiva en la que alternan estereotipos como la madre desquiciada, la hija díscola, el padre infiel pero garante económico de toda la estructura y, sumado a ello, la traición, el odio y el deseo".

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