MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Caparrós cabreado

5.04.2008
Martín Caparrós. Foto: Del Medio (recargado)

Y ya que, a propósito del artículo de Santiago Roncagliolo, mencionamos a Martín Caparrós, éste acaba de presentar en Barcelona su novela A quien corresponda junto a su editor Jorge Herralde. En la ceremonia ha confesado que no pensaba tocar más la década de los 70, hasta que se "cabreó". Así lo comenta un cable:
El escritor argentino Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) presentó el viernes en Barcelona su última novela, "A quien corresponda", la primera que publica en España, y afirmó sobre esta historia de una derrota definitiva: "Nunca la quise escribir, pero me cabreé (molesté)". Junto al editor Jorge Herralde, el autor contó en una rueda de prensa que tenía la sensación, antes de empezar la novela, de que ya había saldado sus cuentas con el período de los años 70 de su país y que incluso había dicho y publicado suficientemente sobre ello. "Pero me empezó a cabrear --dijo-- la canonización oficial de esa época por parte del gobierno de Néstor Kirchner". En este sentido aseguró que "no soportaba la utilización de los derechos humanos ni de las historias de las víctimas como escudo de un gobierno que teñía de progresismo algunas medidas que no lo son".

Por supuesto, dejó una chiquita para el actual (cuasi) gobierno:
En su opinión, tanto Kirchner como su mujer, la presidenta, Cristina Fernández, "utilizan siempre el término cuasi, pero si uno habla de un mafioso, así debe decirlo y no nombrarlo como cuasi mafioso". Por otra parte, sostiene que tanto el ex presidente como la actual presidenta apuestan por una política de "conservar el poder, dándole un tinte progresista y como de preocuparse por los derechos humanos que regían en el país antes de la dictadura militar". Subdirector hasta hace 15 días de "Crítica de la Argentina", el último diario de papel que ha salido al mercado en su país, afirma, contundente, que "en periodismo lo difícil no es enterarse de las cosas, sino contarlas", afirmó .

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Guerrilleros

El entierro de Javier Heraud. Fuente: Norman Córdoba/ Andina

¿Existe el guerrillero "bueno"? Al menos en literatura parece que sí. Justo el día en que en el Perú se anuncia que los restos del jovencísimo poeta Javier Heraud (muerto en la selva en pleno acto guerrilero en los años 60) serán enterrados en Lima, Santiago Roncagliolo comenta en Babelia algunas novela latinoamericanas recientes que tienen como tema a guerrilleros (El arma en el hombre de Horacio Castellanos Moya; La materia del deseo de Edmundo Paz Soldán; Los ejércitos de Evelio Rosero), centrándose en la última de Martín Caparrós A quien corresponda. Dice:
Los escritores argentinos, a diferencia de los centroamericanos y colombianos, tratan a sus guerrilleros no como delincuentes, sino como bienintencionados perdedores. No pueden equipararlos moralmente a sus torturadores, pero parecen verlos con una mezcla de patetismo y desprecio. Otro ejemplo es el Jorge Lanata de Muertos de amor, una historia a caballo entre el periodismo y la novela dedicada a la primera guerrilla de su país: el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), que en junio de 1963 ingresó clandestinamente en el país con dirección a Salta. La historia del EGP fue breve y triste cuando no absurda. No consiguieron ninguno de sus objetivos políticos. Su primer mártir fue uno que se desbarrancó. Los dos siguientes fueron fusilados por sus propios compañeros bajo acusaciones de traición. Durante toda la campaña, el único enemigo real que enfrentaron fueron los insectos, los animales, el hambre y la geografía. Los campesinos, en vez de ayudarlos, los denunciaron a las autoridades, que finalmente los apresaron. Sin embargo, el EGP y el protagonista destrozado de A quien corresponda tienen algo en común con los guerrilleros de Castellanos, Paz Soldán o Rosero. Todos ellos, al igual que miles de jóvenes latinoamericanos del siglo XX, quisieron vivir como los personajes de una novela. Y sin duda, lo consiguieron. Sólo que medio siglo después de la Revolución Cubana, ni a la foto de Korda le gusta siempre dónde la ponen, ni las novelas que inspiró son las que soñaban sus personajes.

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Ver para leer

6.19.2007
Martín Caparrós habla de comida con Juan Saturain, en Ver para Leer. Fuente: sitio oficial

Desde que empecé a dirigir el programa literario en TV “Vano Oficio” he ensayado varias formas para tratar de acercarme al público. Desde la seriedad a lo Denegri del principio, pasando por las payasadas durante unos años, luego la ficción de la “librería” y finalmente la actual, que está dirigida especialmente para apoyar al Plan lector recomendando lecturas clásicas. Pero esta que se les ocurrió a los de Telefé, y que me entero por el periódico Página12, me parece extraordinaria: “Ver para leer” del escritor y periodista Juan Sasturain.

En la página oficial del programa, explican al detalle cómo se realiza el programa: “Cada episodio comienza con un problema doméstico que Juan debe resolver: su hija cumple años y no sabe qué regalarle, un amigo le toca el timbre porque lo abandonó su mujer, lo invitan a dar una charla en el sindicato de bañeros de Mar del Plata. Frente a estas dificultades, Juan siempre recurre a los libros. Cada problema lo conduce a hablar de temas vinculados con la literatura. En el camino, visita librerías, nos recomienda lecturas, y ofrece datos sobre libros y escritores. Juan debe también lidiar con una serie de personajes que colaboran con la resolución de su problemas ¡o lo hunden más! Por el programa desfilan el psicoanalista de Juan, su médico de cabecera y un detective que recupera libros prestados, entre otros. Todos estos personajes son encarnados por el mismo (versátil) actor, Fabián Arenillas.”

Este es un ejemplo típico de un programa: “Juan tiene un invitado a comer. Es un importante editor francés, que puede ayudarlo a que sus libros triunfen en Europa. Por eso, Juan lo quiero agasajar, sólo que ¡había olvidado completamente la cita! En busca de rápidas soluciones culinarias, Juan visitará carnicerías, mercados y hasta un restaurante chino. Asimismo, se encuentra con Martín Caparrós, quien le ayuda a terminar la cena. Un recorrido gastronómico que servirá de excusa para hablar de un tema delicioso: los cruces entre comida y literatura.


La pregunta crucial es: ¿se podrá hacer algo similar en el Perú? Sólo si un canal importante decidiera invertir en la producción, que es costosa –o por lo menos, muchísimo más costosa que la franciscana de Vano Oficio- pues no sólo requiere de unidades móviles, guiones, locaciones, escenografía sino del pago del equoipo de producción, asistentes, actor (y el conductor, ya que estamos), etc. Pero también está el tema de la necesidad de que los escritores se presten al juego y decidan asumir el reto de “actuar” un rato con buen humor. ¿Cuántos escritores solemnes en el Perú, donde la palabra “mediático” es un insulto, estarían dispuestos a jugar con Juan? Mejor lo dejo ahí.

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