MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

El mito "rebelde" Bolaño en EEUU

Roberto Bolaño. Fuente: Basso Cannarsa. Fuente: The guardian

Hace unos días, el diario The Guardian comentó un artículo aparecido en el diario La Nación en setiembre sobre Roberto Bolaño y su éxito mediático en EEUU. El artículo lo escribió Horacio Castellanos Moya y en él, sin decir que Roberto Bolaño es un mal escritor ni nada por el estilo, eso está fuera de discusión, declaró que el éxito de Bolaño en EEUU era una operación de marketing en la cual, por exotismo y snobismo, se quería levantar la imagen del escritor bolaño como rebelde anti-sistema, drogadicto y eternamente joven. El "Kurt Cobain de la literatura latinoamericana". El texto de Castellanos Moya es muy interesante. Dice:

La idea clave es que durante treinta años la obra de García Márquez, con su realismo mágico, representó la literatura latinoamericana en la imaginación del lector estadounidense. Pero como todo se desgasta y termina percudiéndose, el establishment cultural necesitaba un recambio, hizo tanteos con los muchachos de los grupos literarios llamados McOndo y Crack, pero no servían para la empresa, sobre todo porque, como explica Sarah Pollack, era muy difícil vender al lector estadounidense el mundo de los iPods y de las novelas de espías nazis como la nueva imagen de Latinoamérica y su literatura. Entonces apareció Bolaño con Los detectives salvajes y su realismo visceral. "Que nadie sabe para quién trabaja" es una frase hecha que me gusta repetir, pero también es una realidad grosera que me ha golpeado una y otra vez en la vida. Y no sólo a mí, estoy seguro de ello. Sigamos. Los cuentos y las novelas breves de Bolaño venían siendo publicados en Estados Unidos, con esmero y tenacidad, por New Directions, una editorial independiente muy prestigiosa pero de difusión modesta, cuando de pronto, en medio de las negociaciones para la compra de Los detectives salvajes, apareció, como surgida de los cielos, la poderosa mano de los dueños de la fortuna, quienes decidieron que esta excelente novela era la obra llamada para el recambio, escrita además por un autor que había muerto hacía muy poco, lo que facilitaba los procedimientos para organizar la operación, y pagaron lo que fuera por ella. La construcción del mito precedió al gran lanzamiento de la obra. (...) Quizá no haya sido yo el único sorprendido cuando, al abrir la edición norteamericana de Los detectives salvajes, me encontré con una foto del autor que no conocía. Es el Bolaño posadolescente, con la cabellera larga y el bigotito, la pinta de hippie o del joven contestatario de la época de los infrarrealistas, y no el Bolaño que escribió los libros que conocemos. Celebré la foto, y como soy un ingenuo, me dije que seguramente había sido un golpe de suerte para los editores conseguir una foto de la época a la que alude la mayor parte de la novela. (Ahora que los infrarrealistas han abierto su sitio web, ahí se encuentran colgadas varias de esas fotos, en las que descubro a mis cuates Pepe Peguero, Pita, el "Mac" y hasta al periodista peruano radicado en París José Rosas, de quien yo desconocía su pertenencia al grupo). No se me ocurrió pensar entonces, pues el libro apenas salía del horno y comenzaba el revuelo en los medios de Nueva York, que esa evocación nostálgica de la contracultura rebelde de los años 60 y 70 era parte de una bien afinada estrategia. No fue casual entonces que en la mayoría de artículos sobre el perfil del autor se hiciera énfasis en los episodios de su juventud tumultuosa: su decisión de salirse de la escuela secundaria y convertirse en poeta; su odisea terrestre de México a Chile, donde fue encarcelado luego del golpe de Estado; la formación del fracasado movimiento infrarrealista con el poeta Mario Santiago; su existencia itinerante en Europa; sus empleos eventuales como cuidador de camping y lavaplatos; una supuesta adicción a las drogas y su súbita muerte. Estos episodios iconoclastas eran demasiado tentadores como para que no fueran convertidos en una tragedia de proporciones míticas: he aquí alguien que vivió los ideales de su juventud hasta las últimas consecuencias. O como rezaba el titular de uno de esos artículos: ¡Descubran al Kurt Cobain de la literatura latinoamericana! (...) Fue esa faceta contestataria de su vida la que serviría a la perfección para la construcción del mito en Estados Unidos, del mismo modo que esa faceta de la vida del Che (la del viaje en motocicleta y no la del ministro del régimen castrista) es la que se utiliza para vender su mito en ese mismo mercado. La nueva imagen de lo latinoamericano no es tan nueva, pues, sino la vieja mitología del "the road-trip" que viene desde Kerouac y que ahora se ha reciclado con el rostro de Gael García Bernal (quien también interpreta a Bolaño en el film que viene, a propósito). Con la novedad de que, para el lector estadounidense, dos mensajes complementarios, que apelan a su sensibilidad y expectativas, se desprenden de Los detectives salvajes: por un lado, la novela evoca el "idealismo juvenil" que lleva a la rebeldía y la aventura; pero, por el otro, puede ser leída como un "cuento de advertencia moral", en el sentido de que "está muy bien ser un rebelde descarado a los diecisiete años, pero si uno no crece y no se convierte en una persona adulta, seria y asentada, las consecuencias pueden ser trágicas y patéticas", como en el caso de Arturo Belano y Ulises Lima. Concluye Sarah Pollack: "Es como si Bolaño estuviera confirmando lo que las normas culturales de Estados Unidos promocionan como la verdad". Y yo digo: es que así fue en el caso de nuestro insigne escritor, quien necesitó asentarse y contar con una sólida base familiar para escribir la obra que escribió. Lo que no es culpa del autor es que los lectores estadounidenses, con su lectura de Los detectives salvajes, quieran confirmar sus peores prejuicios paternalistas hacia Latinoamérica, como la superioridad de la ética protestante del trabajo o esa dicotomía por la cual los norteamericanos se ven a sí mismos como trabajadores, maduros, responsables y honestos, mientras que a los vecinos del Sur nos ven como haraganes, adolescentes, temerarios y delincuentes. Dice Sarah Pollack que, desde ese punto de vista, Los detectives salvajes es "una muy cómoda elección para los lectores estadounidenses, pues les ofrece los placeres del salvaje y la superioridad del civilizado". Y repito yo: nadie sabe para quién trabaja. O como escribía el poeta Roque Dalton: "Cualquiera puede hacer de los libros del joven Marx un liviano puré de berenjenas, lo difícil es conservarlos como son, es decir, como un alarmante hormiguero".

Etiquetas: , , , , ,

« Home | Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »

3:33 p.m.

La cosa también podría ser mucho más simple: leyeron que Bolaño tenía un pequeño pero considerable prestigio crítico (pienso en Sontag) y que, bien promocionado, podía incluso ser un best-seller. Pues entonces a promocionarlo. Así nomás.

Por otro lado, también podríamos pensar que fue Bolaño el que inició toda esta campaña: construyendo con tenacidad un mito de "hombre que lo ha vivido todo y lo ha leído todo", como dice él mismo en alguna de sus columnas periodísticas.    



9:05 p.m.

¿A ti qué impresión te da el artículo, Iván? A mí me queda siempre una sensación extraña con este tipo de crítica: si la lógica es que los escritores latinoamericanos que alcanzan la fama en EU la alcanzan básicamente porque llenan una conveniencia comercial, ¿entonces por qué no pensar lo mismo acerca de TODOS y cada uno de los escritores que alcancen la fama en EU, sin importar de dónde sean, incluso cuando son americanos? Y si alguien acepta eso: ¿entonces qué sentido tiene singularizar el caso de Bolaño o de GGM?

(Y eso de que a los gringos no los podían enganchar los del Crac con novelas sobre nazis, y que en cambio apareció Bolaño y se la llevó fácil... ¿con sus novelas sobre nazis solapas y nazis declarados? Creo que se le escapó el detalle, no?)    



4:21 p.m.

Tanto Castellanos, como el reseñador estólido de moleskine que lo cita, no han leído 2666 (si no recordemos la vez que Thays, en plena TV, en la feria del libro de Miraflores cito una novela de Macedoni Fernández mal, algo así como el museo etero no de la novela, jaja)
Thays no pasas de ser el payaso de latinoamerica.    



10:26 p.m.

Siempre tuve la curiosidad por saber si Bolaños estudio en alguna Universidad o tuvo algun otro estudio superior. Tu que sabes mucho de Bolaño, Ivan, ¿sabes algo al respecto? He revisado varias de sus biografias en la red y no dicen nada sobre eso. Te agradezco la respuesta.    



4:04 p.m.

Bolaño, al parecer, ni siquiera terminó la secundaria y definitivamente no fue a la universidad.

Para el anónimo que reclama a los que no han leido 2666, yo si la leí y así y todo estoy bastante de acuerdo con la columna. Con respecto a 2666, la verdad es que requiere que se sufra una primera parte horriblemente mala, floja y banal(de los críticos), que no tiene ni personajes, porque no les da para personajes, ni historia. Después vienen dos aceptables, y por suerte termina con dos muy buenas: de los crímenes, que es excelente y muy mal reseñada siempre, y la de Archimboldi también excelente (creo que muy inspirada, en el tono del narrador y la forma de describir la guerra, por Slaughterhouse Five de Vonnegut).

Saludos,

Felipe    



» Publicar un comentario