MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Sandro de América por Martín Kohan

1.11.2010
Fuente: magazineargentino

Lo reconozco, soy una Nena. No tengo bombacha para tirarle, pero el Año Nuevo pasado (en Colombia) estuve torturando a mis hermosas acompañantes, Carla y Mariana, con Sandro. Tus labios de rubí, de rojo carmesí. Una oda para todos los que, como yo, nos pasamos la película solos y quedamos como tarados. O esa canción hermosa que se llama "Noche de Amantes" donde dice una frase -que a Alejandro Zambra y a mí nos lleva al paroxismo- en la que dice si hay una ley sobre amores, te juro no lo sabía. Y este Año Nuevo, por azar que aún no llego a comprender del todo, decidí venir a Buenos Aires por Año Nuevo y mira por dónde, justo se nos muere el gitano. No es justo. El mundo en círculo. No he dejado de escucharlo. Un grande. Martín Kohan le dedica un artículo en Perfil. Yo no digo más. Eso sí, como dice la canción, si existe esa ley yo soy un condenado. Se despide así Kohan:

Vivió cuarenta años en la misma casa de siempre, y no obstante le decían “Gitano”. Basta esta referencia, amén de otras tantas posibles, para notar hasta qué punto podían conjugarse en él la potencia de lo que es con la potencia de lo que se significa. Mantuvo intacto el brillo de la aventura nómade incluso quieto allí, en ese palacio para sedentarios que erigió en algún lugar de Banfield. El país por estos días se divide claramente en dos partes: la de aquellos que le dicen “Sandro” y la de aquellos que le dicen “Roberto”. Porque, como bien ha señalado Matilde Sánchez en Clarín, hay muchas mujeres que lo nombran diciendo Roberto, y eso porque lo conocieron bien de cerca; esto es, desde la fila uno de sucesivas plateas en sucesivos teatros, mirando embelesadas hacia distintos escenarios donde cantaba él. Otras figuras, para situarse, han tenido que optar por uno de dos papeles: el de esposos ejemplares o el de mujeriegos empedernidos. Sandro lograba representar las dos cosas al mismo tiempo: perfectamente nómade y perfectamente sedentario también en lo atinente al amor. Porque es cierto lo que señaló Jorge Fernández Díaz en La Nación, y es que el sentido de su trayectoria pareció llevarlo del pecado de la pelvis meneada al equilibrio de la redención en lo correcto. Pero no es menos cierto, creo yo, que su singularidad en buena parte consistió en haber impregnado siempre una cosa con la otra. No tuvo que optar, como otros, entre el recato y la disponibilidad: combinarlos fue su hallazgo y su destreza. Presiento que este aspecto habrá tenido una fuerte significación allá por los años sesenta. Porque el lastre de las represiones religiosas escindían como siempre en mundos tremendamente opuestos el amor sentido por un lado y la libertad sexual por el otro; pero a la vez los férreos mandatos de la liberación sexual podían a menudo sugerir oposiciones finalmente análogas, aunque con valoraciones contrarias. Y Sandro en cambio sumaba lascivia con sentimentalidad, romanticismo y calentura. Esas señoras a las que él llamaba “nenas” acaso le agradecían la revelación de esta combinatoria cuando, madres y esposas y a la vez desenfrenadas, le tiraban febriles sus bombachas al escenario. ¿Qué le pedían, que se acostara con ellas? Sí, y también que se casara. Le agradecían, y todavía le agradecen, la superación de la dicotomía cultural entre el atildamiento del marido asexuado y la fiereza del varón indomable (la dicotomía entre Palito Ortega y Cacho Castaña, para decirlo brevemente) y les ofrecía a cambio la dicha sensorial de una síntesis superadora. Como tiende a suceder con las expresiones de la historia y de la cultura argentinas, Sandro se constituyó en un juego doble de importación y exportación: fue primero “el Elvis Presley argentino” para poder después ser “Sandro de América”. Y a eso le agregó, de una manera también muy característica, una dosis proporcional de cultura popular de suburbio, y fue un loco lindo de la zona sur. Esta articulación específica de incorporación de lo ajeno, expansión de lo propio y un aire de mitología barrial, que está por caso en el tango y está también en el fútbol y está también en Borges, aparece por fin, a su manera, en la consagración mediática de Sandro. Su muerte en nada se parece a la de Carlos Gardel. Esa confusión la alentaron dos que basan su popularidad en el intento de anular quirúrgicamente toda huella de paso del tiempo (hablo de Mirta y de Susana, por supuesto). Gardel murió joven, congelado en su esplendor y su apogeo y sin nunca incurrir en decadencia. Sandro tramó en cambió una hazaña bien distinta, que fue lograr que la decadencia pasara de algún modo a formar parte del esplendor y del apogeo. Descubrió que el sacudón de pelvis no perdía su eficacia si incluía también algún sacudón de panza; que la agitación sensual de otrora podía continuarse y resolverse en la agitación contemporánea por el déficit en el suministro pulmonar. También en eso fue el Elvis Presley argentino, y no un Gardel: sumó canas a las patillas y varios kilos al contoneo y demostró que podía superar también la dicotomía entre la cumbre eterna y el declive, colmando de cumbres el declive, inscribiendo la eternidad del mito en el propio paso del tiempo, y no más allá. Volcado al género melódico, saturó como corresponde las metáforas del corazón, y vino a morir con el corazón de otro, víctima final de la literalidad. Su muerte determinó la inmediata sensación de que el resto de la realidad había menguado, o que importaba un poco menos.

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El Hablador 17, Ribeyro

12.22.2009
Julio Ramón Ribeyro. Serigrafía: Cecilia Podestá. Fuente: elmisteriodelaluz

El número 17 de la revista virtual El Hablador está en la red. Como siempre, aparecen las secciones de reseñas, de artículos críticos, de entrevistas, de debate, de ficción (poesía y cuento). De lo más destacable: la entrevista a Miguel Mota, uno de los responsable de los festejos por el centenario de Malcolm Lowry; también entrevistan a Rafael Cadenas, poeta venezolano ganador del Premio FIL 2009; el encuentro entre un gruppie colombiano y Pedro Lemebel; y un homenaje a Julio Ramón Ribeyro organizado por Christian Elguera, donde se le plantea una serie de preguntas a varios escritores (entre ellos Enrique Vila Matas, Alejandro Zambra y Carlos Calderón Fajardo) sobre la vigencia de Julio Ramón Ribeyro. Una coincidencia, pero también un justo desagravio contra el gran narrador peruano, atacado en un extraño homenaje por autores que, desde luego, no pueden compararse con los antes mencionados. Les dejo algunas respuestas de estos autores sobre Ribeyro:

sobre la vigencia de JRR:

Enrique Vila Matas: No estaba la obra tan vigente cuando Ribeyro vivía. Quiero decir que es ahora cuando más concuerda la obra de Ribeyro con el espíritu del tiempo. Apostó por un tipo de literatura que entonces aún no era plenamente bien vista en los ambientes literarios latinoamericanos: cuentista que mezclaba a Maupassant con Kafka; ensayista que –quizás arriesgo al decirlo– hacía autoficción. Mejor será decir autobiografía, en el sentido de que construía literariamente su diario, su vida. Es cierto que no fingía, pero construía sus verdades para el diario literario. Él mismo lo dice en La tentación del fracaso: "Literatura es afectación". Y explica que quien ha escogido para expresarse la literatura, y no la palabra (que es un medio natural) debe obedecer a las reglas del juego. De ahí que toda tentativa para parecer no ser afectado –lenguaje coloquial, monólogo interior- acabe convirtiéndose en una afección aún mayor. Era pues afectado. Y creo, además, que era más moderno de lo que supieron ver sus contemporáneos.

Carlos Calderon Fajardo: Porque el nunca escribió un cuento pensando que lo hacía en función a una época determinada, es decir, nunca se preocupó por pensar que sus libros estuvieran a tono con la moda o con los últimos experimentos narrativos. Por ejemplo, él estaba en Francia en pleno apogeo de la nueva novela francesa o de las novelas de Beckett, que seguía con mucho interés, pero a las cuales no les prestaba ninguna atención en el momento de escribir sus libros. A él le interesaba mucho más, o le bastaba, el mismo lo decía, “me basta Maupassant, Chejov y unas cuantas gotitas de Kafka”. El escribía en función de cosas que el tenía que decir. Por ejemplo, yo le observé que el cuarto tomo de la palabra del mudo me parecía no era del mismo nivel de los libros anteriores, y como tenía cierta confianza con él le dije, un poco atrevidamente, que de repente no publicase ese cuarto tomo, y el me respondió que no podía porque en ese tomo estaban los cuentos sobre su barrio, el de Santa Cruz, “Los relatos santacrucinos”. Decía que debían publicarse porque tenía que dejar constancia de ese lugar, que si no los publicaba ese tema iba a quedar en el olvido. Es decir, ese tipo de cosas era lo que lo preocupaba más que pensar si estaba al tono de los tiempos. Pensaba que la literatura era anacrónica, por eso no se preocupaba mayormente por experimentaciones de estilo, y escribía con un lenguaje muy posicional para decir lo que quería decir.

Alejandro Zambra: Porque tiene y tendrá lectores. Porque nadie escribe como escribía él. Hay algunos que escriben mejor, pero nadie escribe como escribía él.

principal aporte de su obra:

Enrique Vila Matas: Introdujo al héroe solitario, aislado, al hombre que se asoma a una realidad que le resulta extraña y totalmente insoportable. Pero su principal aporte está todavía por ver. El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que era, por ejemplo, un cuentista formidable. Sin ir más lejos: de la misma categoría que John Cheever, lo que ya es decir.

Carlos Calderon Fajardo: Es difícil de poderlo responder, él nunca se preocupó porque su literatura fuese conocida o ampliamente conocida. Recuerdo la anécdota con Feltrinelli, el editor más importante de Italia. Bryce consiguió que Feltrinelli visitara la casa de Ribeyro para conversar sobre las posibilidades de la traducción de su obra al italiano. Alina Cordero, la esposa de Julio Ramón, organizo una comida en la casa para la una de la tarde, pero ya eran como las tres y Ribeyro no llegaba, entonces Feltrinelli dijo que se tenía que ir y se retiró. Lo que realmente ocurrió fue que Julio Ramón estaba en el bar de la esquina, viendo que este editor se fuera para regresar a su casa. No le habría importado o sería timidez, pero en ese momento se había perdido la oportunidad de que Ribeyro fuera conocido en Italia. Ahora, él probablemente no hubiera sido conocido en América Latina como lo es ahora si no hubiera sido por Alfredo Bryce. Él se preocupó mucho porque fuera publicado por Seix Barral, pero Julio Ramón nunca hizo ningún esfuerzo, nunca. Además, como él no apareció cuando debió haber aparecido, cuando posteriormente fue ya leído en el mundo de habla hispana, habían pasado el boom, Rulfo, Onetti, y una serie de grandes cuentistas latinoamericanos, y su obra no fue justipreciada como un aporte para la literatura latinoamericana.

Alejandro Zambra: Diez o veinte cuentos magistrales.


cuál es el mejor Ribeyro:

Enrique Vila Matas: Es una injusticia que a un escritor que creó un estilo propio queramos verlo por separado. El de los diarios está muy conectado al fragmentario, y el fragmentario está conectado al escritor que aspira a la totalidad, que es el del excepcional texto dedicado a su biografía de fumador.

Carlos Calderon Fajardo: Ribeyro tenía una virtud que pocas personas tienen, que la tienen por ejemplo Hinostroza, Cisneros en poesía, la tenía Tolstoi, y era que todo lo que escribía era casi todo bueno, o lo poco que no es muy bueno es bastante bueno. Donde más bien sí flaquea un poco es en novela, aunque eso también es discutible. Por ejemplo, hay gente que piensa que Los geniecillos dominicales ha sido mal valorada, pero donde hay un absoluto acuerdo es que Crónicas de San Gabriel es una gran novela, que debería ser más estudiada, y que fue publicada antes de La ciudad y los perros. Es decir, La ciudad y los perros no fue la primera gran novela moderna, claro ya estaba Arguedas obviamente, pero entre Arguedas y Vargas Llosa está esa novela de Ribeyro. Ahora, la vertiente fantástica es excelente, la urbana también. En los diarios habría que ver la obra completa, porque faltan, creo, uno o dos tomos por publicar; lo que hay me aparece interesante porque Julio Ramón introduce dentro de la narrativa peruana la dimensión de la intimidad, el diario como género que antes no había existido; claro que antes han habido algunos diarios en nuestra literatura, como el de Juan de Arona, pero no con la calidad de Ribeyro, quien da un salto cualitativo, es decir, el escritor deja de ser un testigo de la vida social para ser un testigo de su vida íntima. Él también apreciaba la crítica, allí está La caza sutil; creía además que en Prosas apátridas y Dichos de Luder estaba concentrado su máximo aporte, pero yo creo que su máximo aporte es el cuento.

Alejandro Zambra: No sé, me cuesta decidirlo. Entré a Ribeyro por La tentación del fracaso y Prosas apátridas y me gustan esas bellas cartas que escribía a su hermano, pero en su obra de ficción hay momentos buenísimos también.

imagen del autor:

Enrique Vila Matas: No creo que construyera conscientemente una imagen de sí mismo, porque se buscaba a sí mismo. Pero involuntariamente fue creando la imagen de alguien distinto a lo que él llamaba “los nuevos ricos” de la literatura latinoamericana. Creó, sin quererlo, la imagen de un autor peruano que oponía al esplendor de los triunfadores la crónica mínima e intensa de los hechos comunes y pequeños que vivía un escritor triste en París, en el fondo siempre en el Perú que no había podido jamás dejar.

Carlos Calderon Fajardo: Yo creo que él era escéptico en relación con unas cosas, pero no con otras. Y esto por una razón fundamental: Una persona que escribió los cuentos que escribió, con una gran humanidad, difícilmente pudo haber sido ser escéptica en su relación con la vida; de ser así, sus cuentos hubieran sido terribles, retorcidos, negativos. Es cierto que el personaje principal de sus cuentos es el fracasado, pero desde una mirada comprensiva. Pero tal vez tenía un cierto escepticismo sobre las relaciones humanas, aunque parezca mentira. Sobre la vida en general parecía que no tenia escepticismo, pero sobre las relaciones humanas sí. Hay una famosa frase de él que dice: “Cada vez me convenzo mas de lo mezquino, lo cruel, del ser humano”. Sobre todo, era relativamente escéptico en relación con el Perú. Sería motivo de estudiar si esa frase de Vargas Llosa, “¿En que momento se jodió el Perú?”, no estaría implícita en todos los cuentos de Ribeyro: “¿En que momento fracasó el Perú?” Y él era escéptico en la posibilidad de que ningún tipo de gobierno político, ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro, ni ninguno de los presidentes que hubo ni los que podían venir, podrían solucionar el problema del país. Tampoco era una persona que no gustase de la vida. Le gustaba comer, tomar, fumar, platicar, los amigos. No era ni como Cioran o como Onetti que se encerraban, todo lo contrario, era una persona muy sociable, pero seleccionaba mucho a las personas con las que se relacionaba. Era, además, muy gracioso, con un humor negro terrible. Gozaba mucho de la vida. Le gustaba la playa, nadar, beber buen vino, los cigarrillos. Era una persona que le daba mucha importancia a la cortesía, a las maneras, al trato. Le molestaba mucho la grosería, el mal comportamiento, era delicado en su trato, tal vez por cuestiones familiares, sociales. Era, por decirlo de alguna manera, un aristócrata del espíritu, de gustos refinados: la música, la pintura. Sobre su diario, el título siempre me fue enigmático, porque el título debería haber sido, lógicamente, La tentación del éxito. Él nunca fue un fracasado, nunca dijo, por ejemplo, esta terrible frase de Arguedas: “que vivió en vano”. Se sabía un gran cuentista, y estaba seguro que iba a pasar a la posteridad, porque hay algunos que dudan. Podría tratarse de la tentación de sentirse atraído por el fracaso.

Alejandro Zambra: Vivía para escribir. Como Flaubert. Y practicó una escritura íntima que pasa por estados muy diversos. No creo que su figura pueda quedarse solamente en uno de esos estados, en esos disfraces.

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Moleskine Literario en Chile

12.15.2009
Fuente: the nest

No, lamentablemente no quiero decir que voy a viajar a Chile, pese a que me encantaría abrazar y conversar con cada uno de los 5A de Santiago: Andrea, Alejandro, Alvaro, Arturo, Alberto. Pero no es posible. A lo que se refiere el título del post es a un artículo en el diario digital chileno Observatorio de Medios donde se habla de este Moleskine Literario y su repercusión entre los escritores chilenos. Espero que entre esos lectores no se encuentre la Pilar Donoso y se moleste de mi confesión de la vez pasada. Dice la nota:

Los escritores chilenos observan con atención al peruano Iván Thays (39). Creador de varios blogs, entre ellos “Moleskine” (el más popular), ha marcado tendencia en este mundo y es nombrado en forma recurrente a la hora de consultar por sus bitácoras preferidas. “Qué bueno que en Santiago han mencionado mi blog”, exclama desde Perú. Su sitio es visitado con frecuencia por Pablo Simonetti (46), Rafael Gumucio (38) y Carlos Franz (49), entre otros. “El de Iván Thays es una referencia, es informativo por lo tanto cumple una función”, dice Alejandro Zambra (33). “Mi referencia es el contador, que le da cerca de 1.500 visitas diarias”, dice Thays. Zambra destaca que ésta es una forma de escritura “que todavía se está configurando”. Sin embargo, tiene reparos: “No me gustan los blogs que son demasiado autorreferentes, deberían ser como cuaderno de notas”. Alcance compartido por Rafael Gumucio: “Me cargan los blogs que me parecen una muestra terrible de impudor egolátrico”. No obstante, revisa Moleskine, que también es el preferido de Pablo Simonetti. “Si Henry James o Philip Roth tuvieran uno, claro que los visitaría”, agrega el autor de “Madre que estás en los cielos”, quien no posee una bitácora por falta de tiempo. “Creo que no tendría cosas interesantes que postear con la frecuencia y velocidad que exige ese medio”, revela en cambio Carlos Franz, desde Madrid. [...] En Chile el fenómeno recién empieza a tomar fuerza y entre los precursores están Jorge Baradit, Alberto Fuguet y Álvaro Bisama. Este último creó su sitio “El comelibros” hace 3 años y estuvo activo 24 meses, pero lo dejó. “Me aburrí. Tienes que dedicarle mucho tiempo y son cosas que te consumen, como Facebook”. Alberto Fuguet, en cambio, participa activamente en la renovación de su blog, el que surgió para tener su propio medio de comunicación global. “Lo considero un medio de expresión en el sentido literario, no es un diario de vida ni una bitácora”, recalca.

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Bonsái al cine

12.02.2009
Alejandro Zambra. Fuente: paula

Una estupenda e inquietante noticia: la novela Bonsái (Anagrama) de Alejandro Zambra será llevada al cine por Cristián Jiménez. Me imagino que el trabajo visual debe ser muy exigente para poder llevar a imágenes la parquedad, la tensión, la contención, el preciso minimalismo de Zambra. Pucha, que se metió en camisa de once varas el director. Qué difícil. Espero que Alejandro haga un cameo y salga en la película, aunque sea a trasluz, cantando "El gato que está triste y azul" acompañado de la guitarra y son las 3 am y no lleva zapatos. Dice la nota de Leila Guerreiro-de estructura muy original, por cierto- en el blog de la revista "Paula":

[Dice Alejandro Zambra] que lleva un diario para no responsabilizar a los demás de las cosas que le pasan. Que, si fuera presidente, obligaría a todo el mundo a hacer lo mismo: llevar un diario, nunca publicarlo. Que en la lectura busca salud: salud. Que no sabe cómo, ni cuándo, escribió la primera frase de Bonsái —“Al final ella muere y él se queda solo (…)”—, y que no supo que le gustaba hasta mucho —mucho— tiempo después. Que pensó que Bonsái jamás sería la película hasta que vio Ilusiones ópticas, de Cristián Jiménez, y que entonces Cristián Jiménez le pareció la persona indicada para convertir a Bonsái en la película. Que no piensa meterse en el guión. Que ya sabe qué dirá cuando se estrene: que la película es mucho mejor que la novela. Que a veces, en los viajes de trabajo, por efecto del alcohol, se pone alegre, y canta. Que eso le parece realmente vergonzoso. Que fuma. Que le gusta fumar en las escalinatas de la Biblioteca Nacional. Que para escribir no sirve pensar que ya se ha escrito: que siempre se escribe por primera vez. Que lo peor de escribir es volverse impenetrable —estar ahí, pero no estar— y la ansiedad, y la resaca. Que si hay un libro al que regresa buscando imágenes, palabras, ritmo, tono, ese libro es Cómo es, de Samuel Beckett. Que si hubiera, en lo que escribe, algo de Péter Esterházy, o un dos por ciento de Cómo es, su felicidad sería completa. Que escribir no es buscar un estilo sino obedecer a una tensión, a un deseo incontrolable.

QUE LE DA MIEDO LO QUE VENDRÁ. —Pero te aseguro —dice— que cuando te digo esto no estoy pensando en la literatura—.

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¿Pacto de no agresión?

10.28.2009
El siempre complicado, y nunca bien entendido, pacto entre caballeros de la actual literatura latinoamericana. Fuente: juajomolina

Pasando por el blog The Art of Fiction del mexicano Mauricio Salvador leo la frase: "En lo personal creo que la gente debe relajarse respecto de Bolaño". ¿A qué se refiere? Al parecer, considera que existe una suerte de pasión chauvinista (chilena o latinoamericana, quién sabe) con respecto a Roberto Bolaño. Salvador menciona como punto de partida un artículo de Alejandro Zambra en La Tercera de Chile, en el que refuta bajo el título Historia Universal de la Envida un comentario de Richard Ford contra Los detectives salvajes. El desdén de Ford para Alejandro Zambra es una prueba más del "provincialismo" de los escritores norteamericanos a favor de su literatura y en contra de la literatura de cualquier otro escritor no gringo (hace poco comenté en un post que Philip Roth declaraba que sí, en efecto, la literatura en EEUU es la mejor del mundo). Mauricio Salvador recoge al respecto un post de Gonzalo Baeza titulado "Alejandro Zambra y las defensas corporativas" donde dice:

Según Zambra, la herejía de Ford se explica en parte con el manido argumento que la literatura estadounidense es “pagada de sí misma” o, en otras palabras, autorreferente y tal vez provincial. Una generalización tal sólo puede venir de alguien no familiarizado con dicha literatura o de personas cuyo acceso a ella proviene de lo que se traduce al español, sin reparar en los autores que año a año el mercado hispano ignora. (...) El problema es que, producto de este mismo provincialismo del que solemos acusar a los norteamericanos, sumado al hecho que en nuestros colegios no nos enseñen un segundo o tercer idioma (igual que a los gringos) y que no haya espacio en el mercado para traducir un mayor número de títulos estadounidenses, nos perdemos a una legión de buenos autores. Mirando mi biblioteca, que dista mucho de ser una colección de “imprescindibles”, veo a un sinnúmero de nombres que probablemente jamás lleguen a un público hispanoparlante. A vuelo de pájaro, están los divertidísimos cuentos de Sam Lypsite, los relatos negros de Scott Wolven (quien, por cierto, sí ha sido aplaudido por Ford), Leonard Gardner (autor de un único y desgarrador libro, Fat City, que por sí sólo pesa más que la obra de muchos autores chilenos), Stephen Wright (autor de Meditations in Green, una novela clave sobre Vietnam), o el libro debut de Josh Weil, The New Valley, tres excelentes novelas cortas ambientadas en los bosques y valles de Virginia y West Virginia. Hace poco el blog de Amazon.com publicó una serie de entradas acerca de los libros más representativos de los 50 estados de EE.UU. El número de buenos autores ignorados por las editoriales españolas molesta más cualquier falta de reverencia que Ford pueda manifestar hacia Bolaño. La literatura de EE.UU tiene muy poco de provincial. Un buen ejemplo es Virginia, un estado particularmente retrógrado en lo cultural y cuya universidad pública sin embargo edita una de las mejores revistas literarias del país, el Virginia Quarterly Review. En sus páginas apareció recientemente la traducción al inglés de Bonsái de Zambra. Por lo demás, si bien se estima que apenas el 3% de los libros que se publican anualmente en inglés son traducciones, numéricamente es bastante más de lo que cualquier persona va a leer en su vida. Si vamos a hablar de literatura provincial, qué mejor ejemplo que las letras chilenas, cuya envergadura le permite a duras penas proyectarse regionalmente (basta comparar nuestra anémica producción con lo que ha pasado en la última década en Perú o bien con la tradicional vitalidad de la literatura argentina). ¿O acaso alguien ha leído la traducción al inglés de Palomita Blanca? Después de todo, si alguien inventó el ninguneo a Bolaño fueron autores como Jorge Edwards, quienes miran con condescendencia la adoración que le guardan escritores más jóvenes y sólo a regañadientes lo aceptan en el club, más por el peso de la evidencia que por un deseo de cederle un lugar en el pedestal que ellos mismos se erigieron. Todo ello sin mencionar el ninguneo a nivel regional, partiendo por un Carlos Fuentes que hace poco comentara cómo ni siquiera ha leído a Bolaño.

Mauricio Salvador, orgulloso fan de la literatura norteamericana como lo prueba The Art Of Fiction y la revista Hermano Cerdo, está de acuerdo con Baeza y agrega:

Si Zambra conociera un poco a Ford habría dudado dos veces antes de escribir eso. Sus opiniones, dice, son mezquinas y atarantadas. Yo creo que Ford está en todo su derecho de opinar lo que quiera sobre Bolaño. Lo que sucede es que Zambra vive en una especie de nuevo Mundo feliz en el que la crítica y las posiciones personales existen de verdad muy poco. Esta nueva edad dorada ha sido ensalzada por la marea de encuentros literarios y festivales, de antologías, etc., que han llevado a varios grupos de escritores a renunciar por completo a cualquier clase de crítica en nombre de la preciosa y conveniente amistad. Los escritores latinoamericanos se alaban a sí mismos y a sus amigos escritores con una facilidad que no cabe en alguien como Ford o Bolaño. A Zambra parece incomodarle que alguien ponga en entredicho la recepción de Bolaño como producto del vil marketing. No es tan raro, si lo piensan. Piensen en Bellatin, por ejemplo. Entre Ford y Zambra, veo más pagado de sí mismo a Zambra que al mismo Ford, cuya obra es grandiosa y que no ha lanzado frases envidiosas a su contemporáneo y amigo (y sin duda más famoso) Raymond Carver. Zambra escribe la defensa de Bolaño (él cree que necesita una defensa) en pago a la figura paterna de Bolaño, que abrió las puertas de muchos escritores latinoamericanos en Estados Unidos. Pero se olvida que en la literatura, como en todas las cosas, la gente puede pensar diferente sin por ello ser mezquino o envidioso. Pero los jóvenes escritores que se la viven en festivales, encuentros y antologías no comprenden esto o lo comprenden sintiéndose profundamente ofendidos si alguien opina negativamente de sus obras o de las de sus amigos

La última frase del post de Mauricio Salvador compete a este blog. Como prueba de la amistad y el supuesto pacto de no-agresión de la literatura latinoamericana, Salvador coloca este blog:

Chéquense el Moleskine Literario, por ejemplo, donde todo es feliz y hermoso.

¡Ay, amigo Salvador! Si realmente todo fuera tan feliz y hermoso como en este blog, el mundo no sería lo que es ahora. Nadie quiere un mundo sin conflicto. Sin conflicto, sin mentiras, sin mala onda, sin envidia, sin traición, sin agresión, sin dolor, no habría literatura. No habría Richard Ford, no habría Zambra. No habría The Art of Fiction. No habría Moleskine. Y sobre todo, no habría un escritor que escribe novelas "demasiado largas" como el extraordinario Roberto Bolaño. Felizmente, entonces, el mundo no es hermoso. Y felizmente hay tantos blogs dedicados a insultar agresiva, instintivamente, a todo escritor que pasa por el frente que Moleskine puede covertirse en un refugio donde las ideas disímiles -como lo comprueba este post- pero no groseras encuentran un lugar. Peace and Love. Todo OK. (P.D. Yo también amo a Pip y quiero que le den el Nóbel).

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Fresán titula

9.02.2009
Fuente: UDP dossier

Alejandro Zambra solía enviarme la revista Dossier, que edita la Universidad Diego Portales, a mi dirección postal. Pero ahora me ha enviado un enlace. Es decir, Dossier está en la red. Han colgado ahí algunos artículos nuevos y otros de ediciones anteriores. Este artículo de Rodrigo Fresán sobre los títulos de los libros es uno de los mejores que leí en la revista. Lo recomiendo mucho. Al final, ennumera una lista de títulos que le parecen formidables. La lista sí la discuto, aunque son más las coincidencias que las diferencias:

El título es la identidad, el nombre propio. Y no me parece casual que varias de las más grandes novelas en la historia de la literatura enarbolen en sus portadas títulos –complejamente sencillos, originalmente obvios– como Don Quijote de La Mancha, David Copperfield, Emma, Tristram Shandy, Kim, Herzog, Daniel Deronda, Drácula, Franny y Zooey, Martin Eden, Madame Bovary, Moby-Dick, Pedro Páramo, Ulises, El gran Gatsby, Lord Jim, Miss Lonelyhearts, Frankenstein, Lolita y siguen las firmas. Oír sus nombres y está todo dicho y esto implica un doble desafío: porque sea cual sea el título de una novela, el nombre de los personajes es otro título a menudo mucho más difícil de decidir y de ahí que el alemán Heinrich Böll afirmara que “no puedo escribirlos si no sé cómo se llaman. El nombre de una persona es algo sacrosanto para mí. He arruinado muchas cosas calculadas hasta el último detalle por no poder encontrarles el nombre justo”. (...) Aunque también son grandes títulos –por más que no enarbolen los nombres de sus héroes y villanos– La educación sentimental, El juguete rabioso, El corazón de las tinieblas, Las vírgenes suicidas, Matadero-5, El sueño de los héroes, Los detectives salvajes, El hombre en el castillo, Bajo el volcán, La montaña mágica, La exhibición de atrocidades, El mar, Hijo de Jesús, El resplandor, Una casa para siempre, El paciente inglés, Rojo y negro, La isla del tesoro, La vida instrucciones de uso, El corazón es un cazador solitario, Crónica de una muerte anunciada, El proceso, Historia universal de la infamia, Fahrenheit 451, Los siete pilares de la sabiduría y En busca del tiempo perdido (que nunca me convenció del todo pero que no podría llamarse de otra manera salvo que adoptara el magnífico El tiempo recobrado de su último volumen para todos los anteriores). Y también me gustan mucho las novelas con nombres de lugares: Bullet Park, London Fields, New Grub Street, Metroland, Middlemarch, La Costa Mosquito, Cumbres borrascosas y, sí, yo caí felizmente en esta tentación con Jardines de Kensington.

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Sumalavia: Taller Literario on line

8.31.2009
Fuente: emudesc.net

"No necesitas cumplir ningún pre-requisito, salvo tus ganas y pasión por escribir" dice Ricardo Sumalavia en la página web de su Taller Literario On Line "La Cueva" que ha dado un salto cualitativo y se ha convertido en un taller literario internacional con profesores como Guadalupe Nettel, Alejandro Zambra, Andrés Neuman, etc. Comienza el 5 de setiembre así que hay que apurarse con las inscripciones. Les dejo la información:

Muy pronto se dará inicio el nuevo Taller Virtual de Narrativa enfocado a la escritura de cuentos. Por supuesto, la propuesta de este taller apoya perfectamente a la escritura de novelas.Las sesiones estarán coordinadas por el escritor peruano Ricardo Sumalavia. En esta oportunidad el taller se dinamizará todavía más con la presencia de escritores invitados de reconocida trayectoria, como Santiago Roncagliolo (Perú), Andrés Neuman (España-Argentina), Alejandro Zambra (Chile), Fernando Iwasaki (Perú), Guadalupe Nettel (México), Edmundo Paz-Soldán (Bolivia), Ana María Shua (Argentina) e Iván Thays (Perú), entre otros.

Además, su formato online permitirá desarrollar un verdadero taller internacional de narrativa.

No necesitas cumplir ningún pre-requisito, salvo tus ganas y pasión por escribir.

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Zambra recuerda el Perú

5.26.2009
Alejandro Zambra. Fuente: medivierto

La revista virtual El Hablador, luego de un receso, vuelve con fuerza en su número 16. Los platos fuertes, sin duda, son el Dossier dedicado a la traducción literaria y las entrevistas a escritores extranjeros, entre ellos el colombiano Jorge Franco, el argentino Alan Pauls y el chileno Alejandro Zambra. De este último, además, se publica un breve texto titulado "Fiestas Patrias" en el que recuerda su viaje al Perú en julio del año pasado. Una estupenda crónica que recuerda lo absurdo de las peleas entre Perú y Chile. Por eso, aunque esté pintada de cualquier color y me despierte en la madrugada arañando en la guitarra "El gato triste y azul", cuando viaje a Santiago me quedaré en la casa de Alejandro. Y cuando él venga a Lima se quedará en la mía, aunque no haya ceniceros. Dice Zambra:

Compro un diario cualquiera, tienen tantos: no se descarta un alza de combustibles, el FMI recomienda al Perú que baje la inflación, Eva Ayllón prepara un nuevo show. También hay decenas de noticias para mí crípticas que leo con atención, como resolviendo grandes misterios: interrogarán al “Doc” por caso Cuatro Suyos, colombiano Vargas puede vestirse de celeste, la “misilera” está condenada. Me quedo con la historia de una mujer de Trujillo que pintó la fachada de su casa con los colores de la bandera chilena. El motivo del gesto fue, según ella, que durante quince años mantuvo una relación con un chileno. Era un homenaje y no una afrenta, pero los vecinos reclamaron ante lo que consideraron, sobre todo en vísperas de fiestas patrias, una provocación, y el jaleo fue tal que tuvo que ir el alcalde a pedirle que cubriera la estrella solitaria con pintura azul. La historia no ha terminado pues los vecinos ahora piden que la mujer cubra el azul con rojo: que convierta la bandera chilena en bandera peruana. Hay un agravante curioso: en el lugar funciona un expendio de bebidas alcohólicas que la enamorada ha bautizado botillería, como en Chile, y no licorería, como en Perú. La foto muestra a la mujer sonriendo y agitando una banderita peruana en señal de arrepentimiento. En el fondo se ve una casa pequeña ya sin la estrella pero con los colores chilenos en perfecta proporción. Es una fachada impensable en Barranco, pienso, a modo de chiste incierto. Cierro el diario, busco banderas peruanas y encuentro quince, dieciséis. (...) Las conclusiones del viaje son, como siempre, medio raras: que me gusta mucho Lima, que me gusta el sonido de la palabra huachafo, y que me parece excelente que la gente, por amor, pinte las casas con los colores de otro país. Aunque la fachada quede un poco fea, claro.

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Shortlist de Three Percent

1.28.2009
Alejandro Zambra. Fuente: Qué pasa

El blog Three Percent publicó en diciembre pasado una longlist con las mejores traducciones al inglés del 2008. Ahí se encontraban, entre otros, Bonsai de Alejandro Zambra. Ahora, el blog ha publicado su shortlist y en ella encontramos que cuatro de diez son latinoamericanos. Y además, que nuestro Alejandro está en la lista. ¡Dale, Zambra! ¡Con el Atlas, aunque gane! Aquí los diez semifinalistas:

2666
By Roberto BolañoTranslated from the Spanish by Natasha Wimmer Farrar, Straus & GirouxThree Percent’s Overview

Bonsai
By Alejandro ZambraTranslated from the Spanish by Carolina De RobertisMelville HouseThree Percent’s Overview

Nazi Literature in the Americas
By Roberto BolañoTranslated from the Spanish by Chris AndrewsNew DirectionsThree Percent’s Overview

Senselessness
By Horacio Castellanos MoyaTranslated from the Spanish by Katherine SilverNew DirectionsThree Percent’s Overview

The Darkroom of Damocles
By Willem Frederik HermansTranslated from the Dutch by Ina RilkeOverlookThree Percent’s Overview

The Post-Office Girl
By Stefan ZweigTranslated from the German by Joel RotenbergNew York Review BooksThree Percent’s Overview

Tranquility
By Attila BartisTranslated from the Hungarian by Imre GoldsteinArchipelagoThree Percent’s Overview

Unforgiving Years
By Victor SergeTranslated from the French by Richard GreemanNew York Review BooksThree Percent’s Overview

Voice Over
By Céline CuriolTranslated from the French by Sam RichardSeven StoriesThree Percent’s Overview

Yalo
By Elias KhouryTranslated from the Arabic by Peter TherouxArchipelagoThree Percent’s Overview

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El peor año nuevo

12.28.2008
David Byrne’s Welcome to Dreamland After-party @ Sortie on February 2, 2007 After party. Fuente: nicky digital

Hoy me acabo de comprar la tenida completa para el que, espero, sea Mi Mejor Año Nuevo de todos los años, bailando vallenato en Barranquilla. Pero la realidad me ha enseñado que uno no debe tener muchas expectativas y lo mejor se da de manera espontánea. Así que seguro haré el ridículo bailando vallenato, se manchará mi camisa y terminaré arrojado con insolación en Santa Marta. Bah, lo importante es que se vaya este año tan raro de una vez. Quizá esa sea la lección después de leer el artículo del suplemento Ñ en que cinco escritores (Andrés Neuman, Marina Mariasch y Cecilia Szperling, el chileno Alejandro Zambra y el peruano Santiago Roncagliolo) cuenten su peor fiesta de año nuevo. Tristes, absurdas, pero felizmente ninguna que se compare al cuento "Justo el treintaiuno" de Juan Carlos Onetti. Les dejo la de Alejandro y Santiago:

Alejandro Zambra
Año nuevo en Lisboa

Quería pasar el año nuevo en Madrid, pero mi amigo y su novia insistieron en que los acompañara a Lisboa —no es bueno que te quedes solo, me dijeron, pero eran ellos quienes verdaderamente temían a la soledad; eran ellos quienes necesitaban la presencia de un tercero, de un testigo, de alguien que viajara en los asientos de atrás, durmiendo o fingiendo dormir mientras discutían sobre las rutas correctas, sobre las canciones correctas, e incluso sobre mí, sobre lo que yo debía hacer con mi vida. Recuerdo, con precisión, ese diálogo: al principio hablaban bajo para no despertarme, pero de a poco fueron subiendo el tono. ¿Debía yo volver a Chile? Ella opinaba que sí, él creía que no. ¿Era yo un buen poeta? El decía que no, ella creía que sí. Nos detuvimos en Elvas a almorzar largo y luego hicimos un poco de turismo antes de emprender el tramo final. El pueblo era precioso, pero a esas alturas mis amigos se habían vuelto por completo insensibles a la belleza. La visión de un castillo o de un acueducto no tranquiliza a quienes viajan junto a las personas de las que huyen.Entramos a Lisboa por la noche del 30 de diciembre del año 2001. Dormí muy mal en esa pieza a la que llegaban, con nitidez, desde el cuarto vecino, numerosas recriminaciones y promesas y hasta el detalle de un polvo corto y rutinario. Por la mañana conseguimos entradas para la gran fiesta de año nuevo y la tarde se nos fue en rápidas caminatas que solamente interrumpimos para sacar, en el Chiado, las consabidas fotos junto a la estatua de Fernando Pessoa. Mis amigos discutían, ahora, sobre el posible parecido de Lisboa con Valparaíso, que a mi juicio era anecdótico, pero yo prefería guardar silencio, sobre todo porque la historia de ellos había comenzado justamente en Valparaíso, hacía dos años, cuando la estudiante española aventurera se había encaprichado con el poeta que vendía chocolates por las pensiones del puerto. Pasamos las doce en una plaza menor de la ciudad, en medio de un grupo de gente muy seria que hablaba, con cautela o con pavor, sobre la inminente puesta en circulación del euro. No teníamos relojes, por lo que esperamos a que los demás se abrazaran, pero al parecer esa gente no acostumbraba abrazarse o tal vez nadie en ese grupo llevaba relojes. Cuando ya era evidente que el año había comenzado hacía rato, mis amigos se miraron con amarga solemnidad y enseguida se abalanzaron sobre mí para llenarme de buenos deseos.Entonces fuimos a esa gran fiesta que no fue la peor de mi vida, pues en ese tiempo yo estaba acostumbrado a las fiestas malas, o más bien no creía que las fiestas pudieran ser buenas. Pero fue, sin duda, la peor fiesta en la vida de mis amigos. Pasé la noche en esa discotheque mirándolos hacerse pedazos, como los personajes principales que eran y querían ser. Quedaba, para mí, el alivio de no estar en el centro de esa pista movediza; el alivio de ser solamente un personaje secundario que pedía dignamente, cada tanto, otro whisky.


Santiago Roncagliolo
Mi primera borrachera

Yo tenía catorce años y no sabía nada de la vida. Pero comprendía que estaba a punto de entrar en un territorio de leyenda, en un lugar del que no se salía indemne, en la meca de la vida social: me habían invitado a una fiesta de quince años.Por entonces, entre los colegios de varones de Lima, el ranking femenino se establecía por colegios: una fiesta del San Silvestre era lo mejor que te podía ocurrir: significaba que tu futuro social estaba garantizado. No muy atrás quedaban las del Santa Ursula y el Villa María, que implicaban que eras aceptado en la pequeña aristocracia limeña. Aún resultaban respetables los colegios Belén y Sophianum. Y en el último lugar, casi en segunda división del atractivo femenino, estaba el colegio Nuestra Señora del Desamparo. Mi primera fiesta de quince años fue de ese colegio. Había que ir elegante a esas cosas. Yo llevaba una corbata mal anudada y un traje que mi papá había mandado a reducir para no comprarme uno nuevo. Papá insistía en que era un traje muy bonito de casimir. Es verdad que había sido bonito muchos años antes, antes incluso de mi nacimiento.Lo bueno es que ir vestido como un espantajo de los años sesenta no se veía especialmente mal en esa fiesta, cuyo sentido estético era muchísimo peor que el mío: las paredes estaban decoradas con rosas pegadas con cinta adhesiva, las chicas llevaban medias de bobitos, la quinceañera bailaba con su padre una versión pop del "Danubio Azul", y yo me sentía solo como una cucaracha con la corbata mal anudada.Yo no conocía a nadie, porque la fiesta era de una amiga de mi enamorada. Y mi enamorada se había retrasado en la peluquería. Así que me dediqué a hacer lo que un hombre de verdad haría en esas circunstancias: beber.Yo tenía catorce años y no sabía nada de la vida. No distinguía la cerveza del champán, el vino del whisky, el licor bueno del malo. Para cuando mi novia llegó de la peluquería, ella llevaba en la cabeza una especie de pastel de bodas negro e iba enjoyada como un árbol de Navidad. Y yo llevaba una borrachera de campeonato. Pero además, yo no sabía que estaba borracho, porque nunca lo había estado. Entonces empezó lo peor.Después de "El Danubio Azul", se dio paso a la tradición de que la quinceañera arrojase de espaldas un ramo de flores hacia los chicos. El que cogiese el ramo, debía bailar con ella. Ese era el momento en que todos los hombres se arrastraban por las paredes y se ocultaban entre los arbustos para huir del temido ramo. Todos menos el borracho, claro.Mi memoria de ese momento no es muy nítida, pero recuerdo que algo me cayó en la cabeza, que en el auditorio se oyó un suspiro de alivio y que, súbitamente, sentí que me arrastraban hasta topar con una figura blanca, delgaducha y sonriente: era la quinceañera. Imagino que ella estaba demasiado emocionada con la ocasión para prever lo que ocurriría. Y yo... bueno, yo no estaba en mis mejores días. La pieza que nos tocaba bailar era un vals, y a mí me costaba mucho coordinar mis movimientos, de modo que empecé a dejar que ella me llevase. Pero realmente, ella se movía demasiado rápido, describía gráciles piruetas sobre la pista de baile, y las sacudidas empezaron a perturbar mi delicado estómago. Intenté retirarme mientras estaba a tiempo, pero ella me apretó más fuerte y me recordó que la canción no había terminado, y de todos modos daba igual, porque ya era tarde, y entonces los compases del vals y las medias de bobitos y la sonrisa orgullosa del papá ya se me mezclaban con los tallarines del almuerzo, y la leche del desayuno, y con alguno que otro de los canapés de la fiesta, que francamente no estaban tan malos, pero que de todos modos devolví en su integridad a su verdadera propietaria, y precisamente sobre su blanco velo, símbolo de su pureza, de su inocencia y su virtud.Mi siguiente recuerdo es el de mi cabeza sumergida en el water. De vez en cuando, alguien la levanta y me larga un par de bofetadas. Bajo la pelea de gatos que parece su peinado, reconozco a mi novia, o más bien, ya en este momento, mi ex. Pero yo tengo catorce años, aún no sé nada de la vida, y de todos modos, las chicas de su colegio no figuran en el ranking femenino escolar.

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Las mejores traducciones

12.09.2008
Minimalista carátula de Bonsai editado por Melville House. Fuente: melville house


En el blog Three Percent han hecho una lista preliminar titulada Best Translated Book of 2008: The Fiction Longlist, es decir la Longlist de las mejores traducciones del 2008. La shortlist de 10 finalistas será entregada el 27 de enero, y el ganador el 19 de febrero. En la longlist figuran autores como el portugués António Lobo Antunes, la francesa Muriel Barbery, el húngaro Attila Bartis y también Ferenc Karinthy,, el brasileño Rubem Fonseca, el catalán Quim Monzó o la griega Amanda Michalopoulou. También aparecen varios castellanos. Las obras en castellano, traducidas al inglés este año, cuyas traducciones merecen estar en la lista son cuatro:

2666 by Roberto Bolaño, translated from the Spanish by Natasha Wimmer (Farrar, Straus & Giroux)

Nazi Literature in the Americas by Roberto Bolaño, translated from the Spanish by Chris Andrews (New Directions)

Senselessness by Horacio Castellanos Moya, translated from the Spanish by Katherine Silver (New Directions)

Bonsai by Alejandro Zambra, translated from the Spanish by Carolina De Robertis (Melville House)

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Semblanza de Zambra

11.24.2008
Alejandro Zambra en su casa. Fuente: moleskine.

Pero ¿quién es este sujeto que toca la guitarra? ¿El Kurt Cobain de la calle Seminario? ¿La versión mapuche de Bombita Rodríguez? ¿El Paco de Lucía araucano o un cantante de nueva trova, avante le lettre y colocolero? No, es Alejandro Zambra. Y si piensan que está tocando algo emotivo y patriótico de la Violeta Parra o al menos una versión acústica de Robert Smith se equivocan. Está intentando, por enésima vez y sin vergüenza alguna, afinar los acordes de la canción de Roberto Carlos sobre el gato que está triste y azul (la estrofa "yo no sé por qué la ventana es más grande sin tu amor" fue culpable de mi primera emoción estética, se justifica). Pasé los tres últimos días de mi visita a Santigo de Chile en casa de Alejandro y, aunque fue una estancia improvisada e imprevista, lo cierto es que fue lo mejor del viaje: el compañerismo Bogotá39 actualizado cada vez que cualquiera de nosotros nos encontramos, el enorme afecto, los desayunos con chorizo español regado de aceite de oliva, los libros comentados, las afinidades literarias, las historias de amor confesadas, la coincidencia de macAdictos, la enorme generosidad de Alejandro, su inteligencia y su insospechada ternura. Si no fuera porque pretendía regalarme cada tres cuartos de hora, un nuevo ejemplar de su poemario "Mudanza" (no sé por qué tiene una caja lleno de ellos y se los endilga a cualquier transeúnte que pasa por su lado) todo hubiera sido perfecto. Desde luego, convivir con un escritor tan talentoso como él tiene sus bemoles. Por una parte, soy testigo privilegiado de un libro de cuentos extraordinario que tiene listo (ahí aparece un relato titulado "El Cíclope" que es lo mejor que ha escrito, según creo) y de los grandes avances de una novela suya que estará lista en unos meses (si no lo interrumpe, justo, una mudanza). Y también de su biblioteca estupenda, ecléctica y desordenada como toda buena biblioteca, donde cada vez toma mayor presencia Natalia Ginzburg, su nueva ídola literaria. Pero por otra parte, también he presenciado sus zonas oscuras: el cuidado para arrugar la ropa recién planchada en la lavandería de abajo ("la señora que atiende es mi mejor amiga" dice), y despeinarse durante horas frente al espejo para acertar con precisión en aquel look grunge que es la campaña de marketing más exitosa de la literatura latinoamericana última. También lo he visto pasearse por la casa con un calzoncillo blanco autografiado in situ por el Mati Fernández; de su fucking calefón que se apagaba siempre y nunca pude ducharme con agua caliente; de su obsesión por una cafetera cuyo cable cruzado es un riesgo mortal de choque eléctrico; de la inexistencia de toda vida animal o vegetal (¿bonsai? no me hagan reír) en su casa, salvo una solidaria lechuga que oscurece sus días en el refrigerador al lado de media docena de cajas de tabaco ("para que se conserven mejor" me ilustra); del programa para robarse la información de los iPod ajenos que tuvo a bien regalarme para que yo pueda robarme su música (desde cumbias arrabaleras hasta The Beatles y Tom Waits, pasando por Los Angeles Negros y aquella canción del rey que se quedó sin castillo y sin amor). Pero sobre todo, soy testigo ocular, y lamentablemente auditivo, de algo que no pienso callar y casi termina con nuestra amistad para siempre: Alejandro Zambra, señores, junto a un amigo suyo cuyo nombre se me pasó apuntar (para entregarlo a la policía), intentaron tocar Life on Mars de David Bowie en ritmo de cueca a las tres de la mañana. Eso no se hace, Zambra. Lo considero algo así como un exceso de confianza, un escupitajo en el rostro, una bofetada en plena jeta del buen gusto, algo que sé que jamás podré superar sin terapia psicoanalíticamente asistida. Incluso me temo que mi dolor de muelas, que aún persiste, empezó justo en ese momento ingrato. Ya te pasaré la cuenta del analista y del dentista.

Por lo demás, te extraño colega. ¡Suerte!

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Arranca la FILBA

11.12.2008
Los Directores de Filba, Soledad Costantini y Pablo Braun, sostienen el Domo. Foto: blogFilba/ mordzinski

Como ya he comentado un par de veces antes, se está llevando en Buenos Aires la Feria Internacional de Literatura de Buenos Aires en el Malba. Aquí está un estupendo blog con fotos de Mordzinski para que se enteren cómo van las cosas, quiénes van, cuál es el programa, etc. Dice la revista Ñ:

El festival está dirigido por Pablo Braun y María Soledad Costantini. Los patrocinadores de Filba son la revista cultural Ñ de Clarín, la librería y editorial Eterna Cadencia, Petrobras y la cadena hotelera española NH. En esta primera edición del Filba el eje está puesto en los "Circuitos", esto es, en la idea de los desplazamientos en la literatura: la escritura de viaje, el cambio de género o el uso de otras formas de narrativas. La presentación oficial para el periodismo se hizo ayer, con los escritores Mario Bellatin y Santiago Roncagliolo -llegados desde México y Perú- junto a Pablo Braun -coordinador general del Filba-y Mariana Sández, coordinadora de proyecto y programación. Bellatin dijo que ve en el festival "un lugar donde están planteadas las inmensas preguntas actuales de la literatura".

Un tema central de la FILBA es un homenaje, organizado por Edmundo Paz Soldán, para Roberto Bolaño:

Tres paneles dedicados a evocar la obra del ya fallecido escritor chileno Roberto Bolaño. Al respecto, el peruano Roncagliolo dijo que Bolaño es un "faro" para su generación. "Bolaño comienza con un escepticismo, una especie de desconcierto con respecto al canon oficial de la literatura", dijo Roncagliolo. El mexicano Bellatin destacó que Bolaño actuó más como una "carta de presentación" para su generación, no tanto como "una guía de los caminos a seguir".

Aquí una lista muy breve de participantes, además de los mencionados Bellatín, Roncagliolo, Paz Soldán (y Daniel Alarcón y Leonardo Valencia, Andrés Neuman, Pedro Mairal, Horacio Castellanos Moya... Alejandro Zambra al final no podrá ir):

Entre los intelectuales de aquí y del exterior, estarán Alan Pauls y María Moreno; los brasileños Arnaldo Antunes y Elisa Lucinda; el mexicano Juan Villoro; los chilenos Alberto Fuguet, Pedro Lemebel; y los estadounidenses Nicole Krauss y Mark Axelrod.

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Zambra reseñado

10.23.2008
Alejandro Zambra. Fuente: qué pasa

Leo en el blog The Complete Review que le hacen una reseña a la novela Bonsai, de Alejandro Zambra. La reseña no es mala, al contrario, aunque la nota final (siempre ponen una calificación como en el colegio) es desconcertante: B+ : nicely done, an appealing small read. Como nunca he estudiado en un colegio gringo, no sé cuánto significa B+. Espero que mis amigos peruanos que estudian y califican estudiantes en las universidades de por allá me digan, por curioso, cuánto sería equivalente en el código peruano del 0-20. Dice la reseña:

The novella -- and the relationship, and their very lives -- revolve around that one short story they read together, and a variation of which Julio types out in a novel called Bonsai ..... And if that seems almost too neat, Zambra helps his cause by leaving the story a bit ragged too, and by not having that be all there is to it. Other things happen in their lives, too, which makes the central twist all the more effective. It's not an entirely original story, of course; that's one of the problems with fiction that relies so much on literature itself. Bonsai feels even more derivative because Zambra's entire approach to presenting these lives, and their relationship, reads exactly like what Alain de Botton was doing in his early novels -- just with a Chilean spin: "At the age of seventeen, Emilia enrolled at the Universidad de Chile to study literature, because it had been her lifelong dream. Anita, of course, knew that studying literature was not Emilia's lifelong dream, but rather a whim directly related to her recent reading of Delmira Augustini" Still, Zambra does it well, making for an enjoyable, pleasantly surprising, and clever read. Worthwhile.

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Enrigue sobre B39

10.22.2008
Alvaro Enrigue en Cartagena: la soledad del escritor freack. Fuente: moleskine fotolog

David Medina edita ua revista bilingüe, que se distribuye en México, EEUU y Canadá, llamada: Literal. Latin American Voices en la que conversa largamente con el mexicano Alvaro Enrigue en una enrevista titulada: "Estrategias narrativas. Un solitario con buenos amigos". La revista no está colgada en internet, salvo el índice, así que David ha tenido la generosidad de enviármela en pdf y ahí he podido horrorizarme por las barbaridades que dice Enrigue. Por dios, ¿cómo se atreven a ponerle una grabadora encendida cerca a ese hombre? En una pregunta se refiere a Bogotá 39, evento en el que Alvaro participó, y esto es el balance que dio:
Me parece que Alejandro Zambra es un escritor muy fino y un editor maravilloso: hace en Santiago una revista sin desperdicio que se llama Dossier. Juan Gabriel Vázquez ya cambió de liga: en las cosas internacionales, a él lo ponen en el hotel de los escritores globales. Es curioso: puedes conseguir sus novelas en Bristol y no en la ciudad de México, lo cual habla del ojazo de nuestros editores, que obviamente no leen ni lo que les llega de la misma casa, porque nadie se puede quedar callado ante La historia secreta de Costaguana. Lo mismo pasa con Daniel Alarcón: lo están leyendo por todo el mundo y aquí tienes que comprar sus libros por Amazon; si no lees inglés: adiós. Pedro Mairal, porteño, tiene qué decir. Iván Thays eventualmente va a escribir una gran novela: es demasiado neurótico para no hacerlo. Roncagliolo es una máquina de contar. Antonio Ungar tiene un libro perfecto: Las orejas del lobo. Vi una pila de ejemplares hace unos días en el altar de los ultrarrecomendados de la librería Mollet de Burdeos y aquí no lo puedes leer a menos que él mismo —o su editor colombiano— te lo mande por correo. Por otro lado, ¿qué quieres que te diga?, siempre he sido un freack y un desvalagado: si no están mi mujer y mis hijos, prefiero desayunar solo; en una estación de radio en la que trabajé años me decían “El Refri”; durante la licenciatura en la Ibero, que es básicamente un club de conversación, no hablé con casi nadie y casi nadie me habló. Me cuesta mucho relacionarme, por eso la gente piensa que soy un mamón; las mesas con más de cuatro comensales me siguen intimidando y los cubanos me dan terror. Y si nos ponemos analíticos, verás que las afinidades de las que te hablaba al principio conectan con lo de desayunar solo: cuando menos Thays, Ungar, Zambra y Vázquez son también unos freacks de cepa.

Hablando de freaks de cepa, la revista también trae una sección de ficción donde he leído un texto estupendo de Mario Bellatin titulado "Pequeña muestra del vicio en el que caigo todos los días" La cosa más freak del mundo. También hay un cuento de otro colega del B39: Eduardo Halfon.

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FILBA en Buenos Aires

8.28.2008

Logo del festival. Fuente: filba

Mientras estuve en Europa, me enteré de que varios amigos míos estarían en Buenos Aires para el FILBA, el Festival de Literatura de Buenos Aires, organizado por el MALBA y con el auspicio del Suplemento Ñ. Ellos presentan el festival como "la crema" de la literatura latinoamericana (aunque hay autores de otras partes) reunidos en torno a la figura homenajeada que es Roberto Bolaño. La cita es a mediados de noviembre.

El eje movilizador, que travesará cada una de las actividades del festival –con sede en el Malba– será "la idea del desplazamiento, que en sus sentido metafórico es una especie de cambio en movimiento, la forma en que percibimos la realidad: como un constante cambio de piel", explicó Mariana Sández, directora de programación. Llegarán a la ciudad casi treinta invitados internacionales a los que se sumarán otros tantos escritores argentinos, pero el gran protagonista de la fiesta será el narrador Roberto Bolaño, a cinco años de su muerte y de su consagración, en el encuentro de escritores de Sevilla, a mediados de 2003, como el mejor y más influyente novelista de su generación. De origen chileno pero autodefinido latinoamericano, el autor de Los detectives salvajes, Estrella distante y 2666, que con su muerte prematura pareció cumplir la última condición para convertirse en leyenda. "Es un autor cuya obra es inagotable y no deja de generar interrogantes", consideró Sández.El 12 de noviembre, el arranque tendrá el sello del filósofo y político italiano Gianni Vattimo que, con una conferencia sobre la hermeneútica y el viaje, abrirá los paneles reunidos bajo la temática "Cartografías literarias", dentro de la cual, además, habrá mesas de debate y conferencias sobre la nueva figura del escritor trasnacional y globalizado, la adopción, por parte de los autores, de ciudades ajenas y nuevos idiomas como contexto de escritura. Y también la configuración del escritor en tránsito, prisionero de una agenda que lo coloca hoy en Buenos Aires y mañana en Frankfurt.

La lista de participantes incluye a varios conocidos de Moleskine Literario y el Bogotá39, partiendo por Daniel Mordzinski. Algunos de ellos son: Arnaldo Antunes, Elisa Lucinda y Daniel Galera, de Brasil; Pedro Lemebel, Rodrigo Rojas, Alejandro Zambra, Cecilia García Huidobro y Alberto Fuguet, de Chile; los estadounidenses Nicole Krauss y Mark Axelrod, y los españoles Antonio Gamoneda y Carme Arenas. También Juan Villoro y Mario Bellatin, de México; los colombianos Nicolás Buenaventura y William Ospina; Horacio Castellanos Moya (Honduras), Claire Keegan (Irlanda), Gianni Vattimo (Italia), Daniel Alarcón, Santiago Roncagliolo (Perú), Tomasz Piatek (Polonia) Edmundo Paz Soldán (Bolivia) y el fotógrafo Daniel Mordzinski, que participará del encuentro y retratará a cada uno de sus participantes. También se unirán una cuenta de argentinos, como Leopoldo Brizuela, Martín Kohan, Pedro Mairal, Gonzalo Garcés, Washington Cucurto, Andrés Neuman, etc.

Actualización 29/08.- Me dice Alberto Fuguet que no podrá asistir al FILBA

Actualización 3/09.- A pesar de que Fuguet me dijo que no asistiría al FILBA, ahora ha cambiado de opinión y sí asistirá. Una suerte porque los Alberto siempre tiene algo que decir, polémico y audaz o simplemente provocador, y sería una pena sus ausencia. ¡Disfruta Buenos Aires, Alberto!

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Zambra, boom y bonsai

8.26.2008
Bonsai para móviles. Una opción que no se le ocurrió a Zambra. Fuente: lacuevadelbrujo

Que a Alejandro Zambra el Boom fue una resonancia que sonó lejos de su barrio, donde solo se le permitía la entrada a George Perec por lo visto, es algo obvio luego de la elección de los 10 libros que le cambiaron la vida. Pero si eso no bastara, nos dejó en "Babelia" un comentario sobre su relación con los autores del Boom. Vamos a ver cómo trata a sus abuelitos:
Mi generación creció creyendo que la literatura chilena era de color café, y que no había algo así como una literatura latinoamericana. Por eso siento tan lejana la experiencia del boom. Una de las mejores novelas que he leído es El coronel no tiene quien le escriba y una de las peores sin duda es Memoria de mis putas tristes. Pero discutir sobre el boom sería, para mí, tan estimulante como debatir si el conceptismo o el culteranismo. Para quienes nacimos durante los primeros años de la dictadura, la adolescencia coincidió con el retorno de la democracia (de una democracia adolescente, por decirlo con elegancia). Fue entonces cuando llegaron o reaparecieron todos los libros: la literatura del exilio, la literatura latinoamericana y la literatura a secas. Leímos como pudimos, con ímpetu, sin horizontes definidos, sin miedo a la promiscuidad: Yukio Mishima fue nuestro Severo Sarduy, Macedonio Fernández fue nuestro Laurence Sterne, Paul Celan fue nuestro César Vallejo, Álvaro Mutis fue nuestro abuelito, Robert Creeley nuestro amigo mudo y Emily Dickinson nuestra primera polola. Y Borges fue nuestro Borges.

A decir verdad, una experiencia nada distinta a ese eclecticismo que uno sentía cuando era adolescente y en vez de leer el ABC del Boom se compraba esos libritos marrones de Oveja Negra donde llegaban desde Nabokov hasta el ilegible payaso de Henry Miller (may para el que replique). Por eso es más interesante lo que Zambra dice de su propia obra. Ahí sí que es lúcido el chileno:
En cuanto a mí, los libros que he escrito los imaginaba distintos. Pero yo no tengo mucha imaginación: tal vez tengo buena memoria o buena voluntad de memoria, o buena memoria involuntaria. Al escribir Bonsái o La vida privada de los árboles no sabía muy bien qué quería representar. Tal vez nada. Todo lo que puedo decir sobre esos libros es posterior a la escritura, y corresponde, más bien, a la primera y única vez que los leí ya terminados. En ambos libros obedecí al solo deseo de desplegar imágenes que me parecían válidas. Ahora pienso que al escribir esas novelas quería nombrar las vidas medianas y nada novelescas de quienes crecimos leyendo libros de color rojo, beige y café. Ahora pienso que deseaba, quizás, hablar de personajes que no quieren o que no pueden ser personajes, tal vez porque son chilenos. Quizás deseaba hablar de nuestro pobre pasado vegetal, de la impostura, de las frágiles nuevas familias, en fin, de la vida que, como dice John Ashbery, es "un libro cuya lectura alguien ha abandonado", y de la muerte, de los muertos ajenos y de los muertos propios. Pero tal vez me lo invento. Tal vez me proponía nada más que descubrir, para mí, una prosa pasable. Tal vez hablé de lo que hablé porque no quería o no podía hablar de otra cosa o de otra manera. Toda literatura es, finalmente, una falla. Toda literatura es personal y nacional. Toda literatura lucha contra sí misma, contra lo personal y contra lo nacional, porque, como escribe Henry Miller al comienzo de Black Spring, "lo que no está en medio de la calle es falso, derivado, es decir, literatura".

¿Se han dado cuenta de que Zambra menciona a Miller al final de su artículo? ¡Esto es una confabulación!

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Huellas digitales literarias

8.24.2008
Huellas digitales. Fuente: molescularstation

Hace unas semanas, la revista dominical de "El País" me pidió una lista de mis 10 lecturas favoritas de todos los tiempos. Se trataba de elaborar una lista general titulada: Cien escritores en español eligen 100 libros que cambiaron su vida. De esa manera, buscaban una guía para que los veraneantes hagan sus valijas literarias sobre seguro. Se trataba de libros que nos "habían cambiado" la vida, no necesariamente que los considerásemos geniales o superiores (por eso, lejos de un canon literario, era una cuestión de huellas digitales) No pude ver el ejemplar y casi lo había olvidado, pero ahora me encuentro de casualidad con un pdf que contienen los 100 nombres y sus listas, y no puedo dejar de mencionar algunas de ellas, porque estoy de acuerdo o porque estoy sorprendido. En fin, aquí está esas listas y a ver si sigo algunos de sus consejos:

Mario Bellatín
1. El pabellón número 6, Antón Chejov.
2. El proceso, Franz Kafka.
3. Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski.
4. Mario y el mago, Thomas Mann.
5. Vidas minúsculas, Pierre Michon.
6. El instituto Benjamenta, Robert Walser.
7. La casa inundada, Felisberto Hernández.
8. Pedro Páramo, Juan Rulfo.
9. El zorro de arriba, el zorro de abajo, José María Arguedas.
10. La traición de Rita Hayworth, Manuel Puig.

Juan Gelman
1. Cántico espiritual, San Juan de la Cruz.
2. Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski.
3. Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.
4. Trilce, César Vallejo.
5. A la sombra de los barrios amados, Raúl González Muñón.
6. Ricardo III, William Shakespeare.
7. Los hundidos y los salvados, Carlo Levi.
8. Elegías del Duino, Rainer Maria Rilke.
9. Poemas, Osip Mandelstam.
10. No amanece el cantor, José Ángel Valente.

Marcos Giralt
1. Tristram Shandy, Laurence Sterne.
2. En busca del tiempo perdido, Marcel Proust.
3. Lolita, Vladimir Nabokov.
4. Corrección, Thomas Bernhard.
5. Temor y temblor, Soren Kierkegaard.
6. Ensayos, Michel de Montaigne.
7. Dublineses, James Joyce.
8. El Aleph, Jorge Luis Borges.
9. Mientras agonizo, William Faulkner.
10. Bartleby, el escribiente, Herman Melville.

Sergio Pitol
1. El Aleph, Jorge Luis Borges.
2. El proceso, Franz Kafka.
3. ¡Absalón, absalón!, William Faulkner.
4. Pedro Páramo, Juan Rulfo.
5. El Doctor Fausto, Thomas Mann.
6. Bajo el volcán, Malcolm Lowry.
7. Los sonámbulos, Hermann Broch.
8. El rey de las dos Sicilias, Andrzej Kusniewicz.
9. El paso a la India, E.M.Forster.
10. El maestro y Margarita, Mijaíl Bulgakov.

Edmundo Paz-Soldán
1. Ficciones, Jorge Luis Borges.
2. La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa.
3. La marcha Radetzky, Joseph Roth.
4. En busca del tiempo perdido, Marcel Proust.
5. De la construcción de la muralla china, Franz Kafka.
6. Anna Karenina, León Tolstoi.
7. Sartoris, William Faulkner.
8. Rojo y negro, Stendhal.
9. Mañana en la batalla piensa en mí, Javier Marías.
10. Gran Sertón: veredas, Joao Guimaraes Rosa.

Iván Thays
1. Ana Karenina, León Tolstoi.
2. Pálido fuego, Vladimir Nabokov.
3. Poesía completa, José María Eguren.
4. La verdadera vida de Sebastian Kinght, Vladimir Nabokov .
5. El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
6. Otras tardes, Luis Loayza.
7. La casa de cartón, Martín Adán.
8. Cuentos, Juan Carlos Onetti.
9. La tía Julia y el escribidor, Mario Vargas Llosa.
10. El jardín de los Finzi Contini, Giorgio Basanni.

Mario Vargas Llosa
1. Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.
2. Guerra y paz, León Tolstoi.
3. Madame Bovary, Gustave Flaubert.
4. Moby Dick, Hermann Melville.
5. Tirant lo Blanc, Joanot Martorell.
6. La montaña mágica, Thomas Mann.
7. Los demonios, Fiódor Dostoievski.
8. Esplendor y miseria de las cortesanas, Honoré de Balzac.
9. Luz de agosto, William Faulkner.
10. Ulises, James Joyce.

Enrique Vila-Matas
1. Diarios, Franz Kafka.
2. Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.
3. Ensayos, Michel de Montaigne.
4. Jakob von Gunten, Robert Walser.
5. Tristram Shandy, Laurence Sterne.
6. Locus Solus, Raymond Roussel.
7. Aforismos, G.C. Lichtenberg.
8. Bouvard y Pecuchet, Gustave Flaubert.
9. Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud.
10. Elogio de la locura, Erasmo de Rótterdam.

Juan Villoro
1. Aforismos, Lichtenberg.
2. De perfil, José Agustín.
3. Angelus Novas, Walter Benjamin.
4. Ficciones, Jorge Luis Borges.
5. Cuentos, Antón Chejov.
6. La galaxia de Gutenberg, Marshall McLuhan.
7. Capitán Aterras, Julio Verne.
8. La vida breve, Juan Carlos Onetti.
9. Lolita, Vladimir Nabokov.
10. Instrucciones para vivir en México, Jorge Ibargüengoita.

Jorge Volpi
1. Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche.
2. Gödel, Escher, Bach, Douglas Hofstadter.
3. Crimen y castigo, Fédor Dostoievski.
4. Doktor Faustus, Thomas Mann.
5. Cosmos, Carl Sagan.
6. Historias extraordinarias, Edgar Allan Poe.
7. La divina comedia, Dante Alighieri.
8. Guerra y paz, León Tolstoi.
9. Desgracia, Coetzee.
10. Vidas de los doce césares, Suetonio.

Alejandro Zambra
1. Un hombre que duerme, Georges Perec.
2. Las cosas, Georges Perec.
3. W o el recuerdo de la infancia, Georges Perec.
4. El gabinete de un aficionado, Georges Perec.
5. El secuestro, Georges Perec.
6. Me acuerdo, Georges Perec.
7. Pensar / Clasificar, Georges Perec.
8. La vida instrucciones de uso, Georges Perec.
9. Especies de espacios, Georges Perec.
10. Tentativa de agotar un lugar parisino, Georges Perec.

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Encuesta: Zambra

8.17.2008
Alejandro Zambra, aún con pelo largo, en Mérida. Fuente: plátano verde

Cual si fuera la final de 100 mts en natación entre Michael Phelps y Mirolad Cavic, la final de la encuesta de Moleskine Literario ha estado muy peleada y tiene que ser analizada desde tres ángulos distintos. ¿Cuál es el escritor chileno cuya presencia genera más expectativas en la FIL Lima 2008? fue la pregunta. Aunque al principio el triunfo era innegable para Alberto Fuguet, al final hubo una remontada impresionante de Alejandro Zambra. Al final, hay un empate técnico aunque curiosamente hoy Zambra tuvo un voto más mientras escribo esto y queda como el ganador por milímetros. Tanto Zambra como Fuguet pueden estar satisfechos. El espíritu olímpico también se respira en Moleskine Literario.

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Chilenos en la FIL Lima

7.25.2008
Zambra, ya no despeinado, en Lima. Fuente: Correo

Como saben, Chile es el País Invitado de Honor en la FIL Lima 2008. Hoy aparecieron sendas entrevistas con dos escritores invitados. El diario La República entrevistó a Jorge Edwards, a propósito de su novela La Casa de Dostoievski. Ahí rechaza que el poeta mencionado en su novela sea Enrique Lihn o cualquier otro autor. "Quizá es un homenaje a la poesía" recalcó, y no a algún poeta en particular. Lo más simpático, sin embargo fue cuando se refirió a Pablo Neruda y su relación edípica con Matilde:
Bueno, Matilde al final era una mamá. Le hacía masajes en los pies. Yo me quedaba asombrado mirando que él estaba como un Buda, pero un Buda tendido dejándose masajear los pies porque tenía flebitis. Matilde hacía todas esas cosas, era como una enfermera, mamá, cocinera, porque cocinaba muy bien. Lo protegía, le daba las botellas de buen vino. Era un poco mamá. La Teresita de mi novela, amante del poeta, sí es un invento total. A mí me gustaría mucho haberla conocido, pero no existe y no existió.

Por otro lado, el diario "Correo" entrevista al compañero B39 Alejandro Zambra, quien está en Lima estrenando nuevo corte de pelo. Habló ahí de la escritura como un proceso interior:
Uno escribe para descubrir lo que quiere escribir, para investigar en sí mismo. Y por lejano que pueda estar un libro de lo autobiográfico, siempre ese proceso escritural es terapéutico, mientras no sea libro de autoayuda. Uno escribe para mirarse y para descubrirse. De lo contrario, no tiene ningún sentido. (...) casi todos los libros malos son escritos por gente que no quiere mirarse, ese es el problema.

También se refirió a Alberto Fuguet (invitado a la FIL Lima) y MacOndo:
El caso de Fuguet es distinto porque él venía de afuera. Además, lo de McOndo fue una “avivada”, como decimos los chilenos, que sirvió para instalar a un grupo de escritores. (...) Fuguet tenía que irse contra García Márquez, no contra un escritor chileno; no contra Donoso, escritor que no incursionó en el realismo mágico. Por eso, creo que eso fue una viveza y que así hay que entenderla; otra cosa son los libros que hayan salido de eso.

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