MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Iwasaki y Sumalavia en francés

3.04.2010

Sumalavia y la bella editora de Cataplum-e beben vino de burdeos. Mejor imposible. Fuente: Moleskine

Me alucina el movimiento literario tan intenso de Burdeos. Impresionante. Por ejemplo, me acaba de llegar una buena noticia desde allá. Los editores de Cataplum-e se han lanzado en Francia -más precisamente Burdeos- con un proyecto que se acerca al español Páginas de Espuma. Es decir, microficción. Y además microficción latinoamericana. En Francia, como en toda partes del mundo (menos en EEUU quizá), se ha perdido la tradición del cuento breve y por ello su proyecto tiene un valor añadido. Además, se han lanzado con libros de dos excelentes libros de dos narradores peruanos: Fernando Iwasaki, Ajuar funerario y Habitaciones de Ricardo Sumalavia, traducido por Robert Amutio bajo título de piéces (interesante traducción que vira la mirada del texto de los individuos -los habitantes de las habitaciones- hacia lo formal, las piezas pequeñas (microficciones) como pequeñas habitaciones donde ocurren hechos. Una nueva lectura)

El siguiente será un libro de Andrês Neuman, que no es peruano (ni argentino ni español sino todo lo contrario) pero también un narrador excelente.

Más información sobre la editorial en http://cataplum.free.fr/index.php

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la cueva en febrero

1.27.2010
fuente: la cueva


Este año, La Cueva, el taller literario virtual que dirige Ricardo Sumalavia desde Burdeos, abre nuevamente sus inscripciones. Ya han participado como talleristas invitados. vía internet Santiago Roncagliolo, Alejandro Zambra y Andrés Neuman. ¿Y a mí cuándo me toca? Quiero hablar de peines. En esta página pueden inscribirse.

Muy pronto se dará inicio el nuevo Taller Virtual de Narrativa enfocado a la escritura de cuentos. Por supuesto, la propuesta de este taller apoya perfectamente a la escritura de novelas. Las sesiones estarán coordinadas por el escritor peruano Ricardo Sumalavia. En esta oportunidad el taller se dinamizará todavía más con la presencia de escritores invitados de reconocida trayectoria, como Santiago Roncagliolo (Perú), Andrés Neuman (España-Argentina), Alejandro Zambra (Chile), Fernando Iwasaki (Perú), Guadalupe Nettel (México), Edmundo Paz-Soldán (Bolivia), Ana María Shua (Argentina) e Iván Thays (Perú), entre otros.

Además, su formato online permitirá desarrollar un verdadero taller internacional de narrativa.

No necesitas cumplir ningún pre-requisito, salvo tus ganas y pasión por escribir.

Puedes informarte visitando los distintos apartados de esta página web.

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Turistas literarios

11.30.2009
Carátula del libro. Fuente: moleskine

Con la sangre despierta es el título de una Antología de viajeros realizada por Sexto Piso en la que se cuenta la primera llegada, el primer contacto, de una serie de escritores latinoamericanos con países de distintos continentes. Son once viajeros y once ciudades. Hay textos de Ricardo Sumalavia (Seúl), Rodrigo Rey Rosa (Tánger), Santiago Roncagliolo (Madrid), Rodrigio Fresán (Caracas), Rafael Gumucio (Nueva York) o Francisco Goldman (México), entre otros. Habrá que buscar en el stand del Fondo de Cultura Económica de la feria Ricardo Palma para no perdernos este libro que promete mucho. La contratapa dice:

A golpe de tecla hoy se puede estar en cualquier parte; hacer una visita virtual a los tesoros del Louvre o dar un paseo por las tiendas de moda de la Quinta Avenida; trasladarse de un sitio a otro a gran velocidad en un solo fin de semana. La tecnología y los servicios de televisión por cable han desvanecido el aura romántica y misteriosa del encuentro, del primer encuentro. «Haberlo visto todo», «haber estado en todas partes», es una experiencia común y generalizada, de la que este libro no habla; Con la sangre despierta trata sobre la experiencia de «haberlo vivido», de haber estado allí, de haber sufrido y gozado al mismo tiempo el primer encuentro con una ciudad ajena, de haber absorbido de ella todo lo que puede ofrecer, todo lo que puede esconder, lo que nos hace quererla, admirarla, pero también, a veces, padecerla. Como escribe Juan Manuel Villalobos en el prólogo, la ciudad que uno descubre a su llegada es uno, porque el verdadero encuentro de cada uno de los once escritores que narran su primer arribo a ese lugar desconocido, es, por sobre todas las cosas, con ellos mismos, con lo que fueron alguna vez, con lo que dejaron de ser, para fundirse y fundarse, como una ciudad, de nuevo. El resultado son estas once crónicas, tan diversas como los autores y ciudades que las componen, en las que el lector encontrará una mirada fundacional a cada una de las urbes que acogieron a los escritores durante periodos variados. Algunos de ellos se toparon con barreras lingüísticas infranqueables, culturas hostiles e indiferentes, revoluciones en ciernes, crisis económicas e intentos de asalto, que hoy narran con la cálida nostalgia de la distancia. En todos los casos, asistimos al registro de una experiencia fresca, que exigía permanecer en todo momento alerta o, en otras palabras, «con la sangre despierta».

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RICARDO SUMALAVIA por Daniel Mordzinski

11.05.2009
Ricardo Sumalavia. Foto: Daniel Mordzinski

Daniel Mordzinski anda acumulando millas de viajero frecuente, saltando de Sevilla a Madrid, de ahí a Santo Domingo, París, otra vez Madrid, y así sucesivamente. De sus viajes este año, uno de los más memorables fue la experiencia en Puerto Rico donde, además de fotografiar a escritores portorriqueños como Mayra Montero, Magali García Ramis, Edgardo Rodriguez Juliá y la superretratada y ultrafotogénica Mayra Santos-Febres (que debe contar por decenas los retratos que tiene con Mordzinski), dictó en octubre un taller de fotoperiodismo a estudiantes de Comunicaciones de la Universidad de Sagrado Corazón, titulado "Retratar la palabra" y auspiciado por el Salón Literario Libroamérica en Puerto Rico y la Universidad de Sagrado Corazón. Tanto la visita de Mordzinski como el taller que ofreció son parte de las actividades "De Cara al Festival" que van abriendo camino hacia el Festival de la Palabra, evento para el fomento de la lectura que se llevará a cabo del 5-9 de mayo del 2010 en San Juan de Puerto Rico. Y luego de tantos viajes, de regreso en París, sucedió un encuentro que hace tiempo se anunciaba pero hasta hace unos días se había retrasado injustificadamente: Daniel Mordzinski conoció al fin a Ricardo Sumalavia. La lluvia y un paraguas cortazariano -made in Korea, seguramente, malísimo- son testigos del encuentro entre estos dos buenísimos amigos míos. Qué ganas de estar ahí con ellos. Qué ganas de estar en cualquier parte menos donde debería estar.

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Sumalavia: Taller Literario on line

8.31.2009
Fuente: emudesc.net

"No necesitas cumplir ningún pre-requisito, salvo tus ganas y pasión por escribir" dice Ricardo Sumalavia en la página web de su Taller Literario On Line "La Cueva" que ha dado un salto cualitativo y se ha convertido en un taller literario internacional con profesores como Guadalupe Nettel, Alejandro Zambra, Andrés Neuman, etc. Comienza el 5 de setiembre así que hay que apurarse con las inscripciones. Les dejo la información:

Muy pronto se dará inicio el nuevo Taller Virtual de Narrativa enfocado a la escritura de cuentos. Por supuesto, la propuesta de este taller apoya perfectamente a la escritura de novelas.Las sesiones estarán coordinadas por el escritor peruano Ricardo Sumalavia. En esta oportunidad el taller se dinamizará todavía más con la presencia de escritores invitados de reconocida trayectoria, como Santiago Roncagliolo (Perú), Andrés Neuman (España-Argentina), Alejandro Zambra (Chile), Fernando Iwasaki (Perú), Guadalupe Nettel (México), Edmundo Paz-Soldán (Bolivia), Ana María Shua (Argentina) e Iván Thays (Perú), entre otros.

Además, su formato online permitirá desarrollar un verdadero taller internacional de narrativa.

No necesitas cumplir ningún pre-requisito, salvo tus ganas y pasión por escribir.

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Presentación de Zeppelin

6.11.2009
Carátula del libro. Fuente: moleskine

Hoy jueves 11 de junio se presenta el nuevo libro, ZEPPELIN, de Salvador Luis (el director de la revista virtual Los Nóveles) editado por Ed. Casatomada. La presentación será a las 7 pm. en el Centro Cultural de España en Lima (Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz). La presentación estará a cargo de los escritores Katya Adaui Sicheri, ElioVélez y Gabriel Rimachi Sialer.

En la contratapa se pueden leer los siguientes párrafos de Ricardo Sumalavia:"Para leer a Salvador Luis tenemos que aceptar que hay nuevas maneras deenfrentarse a un libro. Tenemos que aceptar, igualmente, que estamos ante unlibro que no pretende reducirse a los consabidos rótulos de novela y cuento.Siempre será algo más. Para aproximarnos y luego internarnos en Zeppelin, ya nose puede ser un lector ingenuo. Hay que estar dispuestos a recibir el golpe y,como en el box, hay que estar bien parados para no trastabillar.Cada texto de este libro, disímil uno de otro, se nos propone en Zeppelin comopiezas. Y como tales, sabemos que pasan a ser unidades de un conjunto mayor, deuna estructura precisa, compleja, pero inasible. O podríamos decir locontrario:que son unidades inasibles, pero que en conjunto suman una arquitecturaperfecta. Esta paradoja es posible en Zeppelin: conjunto, unidad, nada, todo. Si un autor como Salvador Luis nos ofrece una línea recta, somos nosotros, loslectores, quienes tomamos cada extremo de esa línea y la convertimos en uncírculo imaginario."

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Sumalavia en Lima

5.25.2009

Ricardo Sumalavia en Lima, con su libro y un ochentero adorno de uvas de ónix sobre la mesa. Fuente: moleskine

Ricardo Sumalavia está desde hace una semana en Lima y ya le ha pasado todo lo que tenía que pasarle: desde una falsa alarma de gripe AN1N1 hasta una intoxicación por comer conchitas a la parmesana. Además, ha tomado mucha Inca Kola; ha dictado cursos y asistido a encuentros; ha viajado en taxi tico, micro y combi asesina; lo han estafado en una cuenta y él ha dejado un reluciente centavito de propina como nos enseñó Calderón Fajardo; se ha reencontrado con familiares, alumnos y amigos; ha caminado por el acantilado conversando de literatura y buscando un chifa; ha visto una puesta de sol con sus hermanos en plena parrillada cerca al mar del Callao; se ha perdido por las callejuelas del centro de Lima como un personaje de su admirado Vila Matas; ha extrañado a Carmen, Vero y Andrea escuchando al Zambo Cavero en un auto y su madre le ha llevado el desayuno, con "sangrecita" y pan francés, a la cama. Pero ya le quedan poco días y se prodigará por varios lados. El jueves, por ejemolo, tendremos en la Universidad Católica (a las 12:30) un conversatorio que nos conducirá de nuevo al "alma mater, como cuando estudiábamos juntos literatura y nos la pasábamos sentados en la cafetería de letras, o cuando dictábamos en el CEO y nos la pasábamos sentados en la cafetería de letras.

Ya les contaré de eso con más detalles luego. Por lo pronto, este post es solo para darle una bienvenida tardía a este extraordinario escritor y amigo. Y para comentarles que el libro de nuestro hombre en Burdeos, Ricardo Sumalavia, Que la tierra te sea leve (Bruguera) ya está en Lima.

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Vila Matas sobre Sumalavia

4.14.2009
Ricardo Sumalavia. Fuente: harrycañariatoche

Hace unos años, Enrique Vila Matas comentó sobre el escritor peruano Enrique Prochazka (un nombre que le pareció el de un oscuro futbolista polaco) a partir de un comentario de Prochazka en el blog de Gustavo Faverón. Y ahora, luego de un encuentor muy vilasmatiano en Burdeos, el narrador español comenta sobre el querido corresponsal en Francia de Moleskine -aunque pésimo fotógrafo, insisto- Ricardo Sumalavia. En el artículo también comenta elogiosamente la novela de Ricardo, Que la tierra te sea leve (Bruguera) que en mayo será motivo de una mesa redonda en la PUCP -con presencia de Ricardo- de la que ya les comentaré en su momento. Aquí el Dietario Voluble de esta semana:

Ricardo Sumalavia salió hace unos días de su casa de Burdeos dispuesto a hacer unas compras. Era una mañana soleada de principios de este abril. Sumalavia parece un buen apodo para alguien que quiera ser orador, conferenciante: suma labia. Le habría encantado ese apellido a Ramón Gómez de la Serna, estoy seguro. Pero Sumalavia, joven escritor peruano que vive en Burdeos, no quiere ser orador ni conferenciante. Es tímido y con mucho sentido del humor. Vivió en Corea del Sur y después fue a Burdeos a pasar unos meses y se va quedando ahí desde hace unos años. Como voy mucho a Burdeos (tres veces en los últimos cuatro meses; no entiendo por qué voy tanto), siempre acabo encontrándomelo. Cuentista de estilo muy personal, no hace mucho publicó su primera novela, Que te sea leve la tierra, buen libro sobre búsquedas y sobre lo mucho que dependemos de los otros para saber quiénes somos, aunque nunca, de todos modos, acabamos sabiéndolo. Sumalavia salió de su casa de Burdeos en la mañana soleada y caminaba hacia el bar de la esquina para tomarse un café cuando se le acercó un señor en zapatillas y con unos bigotes completamente de otra época y le preguntó por dónde se iba a Bayona. El escritor trató de recordar el nombre de alguna calle o avenida con ese nombre, pero el señor de los bigotes no tenía cara de preguntar por una calle. "Pero usted va a pie y nosotros estamos en Burdeos, a más de 200 kilómetros de Bayona", le advirtió Sumalavia. "No es problema", respondió el hombre que iba en zapatillas. El peruano le explicó entonces cómo salir de la ciudad, y poco después el hombre comenzaba su larga marcha a pie hacia Bayona. A aquella misma hora, llegaba yo en avión de Air-France a Burdeos, donde debía ayudar por la tarde en la ceremonia de presentación de Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, en su traducción francesa. El taxista que me vino a buscar resultó ser coreano, lo que me hizo pensar en Sumalavia, que había vivido en ese país durante tiempo. El coreano era tan charlatán como entrometido y quiso saber todo sobre mí, quiso saber en qué trabajaba, cuántos hijos tenía, cuál era mi ciudad preferida (Burdeos le dije), si a mi mujer no le molestab si a mi mujer no le molestaba que viajara tanto, etcétera. "Lo que está muy bien es Bayona", acabó diciéndome. Por la tarde, en la presentación de Apelle-moi Brooklyn, apareció Sumalavia y descubrimos que habíamos llevado vidas paralelas durante la mañana. A la hora del coloquio, como es habitual, nadie quería preguntar nada. Una señora finalmente pidió la palabra. -¿Le gusta Goya? -me preguntó. Parece una pregunta normal, pero no lo es. Aceptemos que Goya vivió muchos años exiliado en Burdeos y que su casa estaba frente a la de otro exiliado español ilustre, Moratín. Un catalán en Burdeos no puede ignorar que Goya estuvo allí y que aún conservan la casa del pintor, un caserón muy cercano a la gran librería Mollat. Pero de eso a tener que opinar acerca de Goya hay un gran trecho, me parece. Gabastou, el traductor del libro de Eduardo Lago, viendo mi estupor e indecisión -me había quedado con la boca abierta-, contestó por mí y dijo que a esa hora de la tarde siempre dejaba de tener cualquier tipo de opinión sobre lo que fuera. No quería dar la impresión de que me había quedado mudo y me acordé de que, antes de partir por tercera vez en cuatro meses a Burdeos, el amigo Jordi Llovet me había preguntado si aún podía verse allí la casa en la que vivió en 1802 el poeta Hölderlin, que había ido a esa ciudad para trabajar de preceptor y un día, de improviso, se había marchado de ella a pie. Como siempre que iba a Burdeos veía sólo el caserón de Goya, me dio una gran alegría saber que había otras casas que ver en esa ciudad. Me acordé de todo eso y le devolví la pregunta a la señora. -¿A usted le gusta Hölderlin? Habría querido añadir que parecía una costumbre de la ciudad marcharse a pie de ella, pero callé. De inmediato, se levantó una mano entre el público. Había un señor de origen alemán, Dominique Fritsch, que estaba entusiasmado de poder hablarme de Hölderlin en Burdeos y se puso a contar, entre otras cosas, que el poeta no sólo se fue de la ciudad a pie, sino también llegó a pie y fue en ese viaje cuando por primera vez en su vida vio el mar. Fue a Burdeos para trabajar de preceptor en casa de Meyer, el cónsul de Hamburgo, pero desde el primer momento se mostró algo esquivo y taciturno, tal vez porque apuntaban ya los primeros signos de su locura. Dejó escrito un poema, Andenken (Un recuerdo), en el que evocaba su paso por la ciudad y que, si quería leer, encontraría en la bella edición que había preparado el poeta bordelés Jean-Paul Michel para la editorial William Blake and Co.A la mañana siguiente, siguiendo las instrucciones de Monsieur Fritsch, vi con Sumalavia, en el centro de la ciudad, la perfectamente bien conservada gran casa del cónsul de Hamburgo en la que vivió Hölderlin. Hoy, el lugar donde residió Hölderlin es una oficina de Air-France, precisamente la compañía que me había trasladado hasta allí. Inútil me pareció buscar alguna huelletas de embarque y las ofertas de vuelos a la Martinica. Estábamos bromeando con Sumalavia sobre si no se nos aparecería un señor de anticuado bigote preguntándonos cómo ir a pie hasta Bayona cuando una muchacha cruzó la calle para preguntarnos si conocíamos al doctor Goya. Pasado el momento de profunda sorpresa, a Sumalavia se le ocurrió que preguntara en el Ayuntamiento, donde tenían una lista de todos los servicios médicos por barrio. "Buena idea, gracias", dijo. Nos despedimos de ella y después me despedí de Sumalavia, porque tenía que coger mi avión de vuelta. Cuando miramos atrás para ver qué hacía la muchacha, vimos con cierto terror que no se había movido ni un centímetro de donde la habíamos dejado.

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Eduardo Lago en francés (y yo también)

4.08.2009
Enrique Vila Matas, André Gabastou (traductor), Eduardo Lago y Claire Julliard. Foto: Ricardo Sumalavia

Ricardo Sumalavia es un estupendo amigo, un gran escritor, un atento corresponsal desde Burdeos, pero es un pésimo fotógrafo. Eso es un hecho. De todos modos, coloco aquí esta oscura foto tomada por Ricardo para celebrar esta reunión de buenos amigos: Enrique Vila Matas presentando el libro de Eduardo Lago, Llámame Brooklyn, traducido al francés por la delicada editorial Stock (aquella que hace varios años publicó la novela de Mario Bellatin Salón de belleza y la llevó hasta ser finalista del Medicis a mejor novela extranjera). La reunión se llevó a cabo en el contexto de la Escale du Livre de Bordeaux.

Por cierto, también a mí me editarán en francés. Un lugar llamado Oreja de perro ha sido contratada por Gallimard. Con eso, esa novela tan triste y que emocionalmente me costó tanto escribir, ha sido cobijada por las dos editoriales más prestigiosas en su respectivo idioma. Nada mal ¿verdad? Ojalá tenga oportunidad de presentarla en Burdeos junto a Ricardo, y también en París por supuesto. Curioso: el año pasado fui a París del brazo de una ex-novia. Al regresar, pensé que difícilmente volvería alguna vez a esa ciudad donde fui tan ilusoriamente feliz. Sin embargo, el destino me ha dado otra oportunidad al enviarme a Francia del brazo de mi novela. La vida nunca es bella ni fea sino original, dijo Italo Svevo. Hace meses jamás iba a imaginarme que terminaría diciendo (definitivamente no como Humphrey Bogart en Casablanca sino como Woody Allen en Hollywood Ending): "Thank God the French exist".

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Kureishi en España

3.20.2009
Hanif Kureishi. Foto: daily dose of imaginery

En mayo, mi querido amigo y chasqui llegadito desde Burdeos -con una parada un día en Madrid- Ricardo Sumalavia, traerá en su maleta de mano tres libritos para mí: la novela breve de Julia Leigh, la esperada y ansiada novela de Philip Roth y Algo que contarte, la última novela de Hanif Kureishi traducida por Anagrama. Ayer presentaron justo esta novela en Barcelona y la revista Ñ comenta lo que dijo Kureishi:

Junto al editor de Anagrama, Jorge Herralde, y a la editora de Empúries, Eugènia Broggi, Kureishi ha defendido con vehemencia la pervivencia de la novela y ha reflexionado sobre el proceso de escritura."Cuando termino una obra me pregunto si he aprendido alguna cosa nueva y veo que ahora sé escribir libros, pero también veo que cada vez sé menos. En eso radica la sabiduría, eso es hacerse mayor: ver que sabes poquísimo y que entiendes menos". En esta novela tiene su importancia el psicoanálisis y Kureishi ha querido ahondar hoy en ello, aseverando que el gran tema de la época actual "no es tanto la locura, sino qué es ser normal". A su juicio, un concepto como normalidad "es algo que coacciona, porque se utiliza para estigmatizar a los que no lo son y eso que todos, de una manera u otra, sufrimos algún trastorno, desde una depresión, un desorden sexual, una fobia o una paranoia, empezando por mí mismo".El autor londinense ofrece, por otra parte, una mirada cómica a algunos aspectos de la vida de cada día, de la que dice absorberlo todo.

Como muchos saben, cada vez que Kureishi publica un libro, su hermana aparece mandando cartas a todos los medios para acusarlo de usar la historia familiar para su beneficio, además de ridiculizar a la familia. Este libro no fue una excepción. Kureishi reconoce que hay algo autobiográfico en la novela que muchos consideran la más ambiciosa del genial autor de Intimidad:

Asimismo, ha reconocido que hay retazos de su biografía en este relato, como el viaje que hace a Pakistán el protagonista y que éste escribe textos pornográficos, "lo que yo también hice durante un tiempo, en los años setenta". Respecto a la posibilidad de levantar ampollas entre su familia y conocidos sobre alguna de las historias que cuenta, sostiene Kureishi que escribir "es siempre peligroso, porque es un oficio que molesta y causa disturbios" y ha agregado que "con esta novela espero, igual que con otras, haber molestado e irritado a alguien, si no habré fracasado".

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Ricardo Sumalavia en Chile y Argentina

2.23.2009
Ricardo Sumalavia en Madrid. Fuente: moleskine

A mediados del año pasado, Ricardo Sumalavia publicó su primera novela en la editorial Bruguera, titulada Que la tierra te sea leve. El hecho de que la editorial no tenga una distribuidora en Lima, sumado a que Sumalavia vive desde hace años en Francia, hizo que la novela pasase un poco desapercibida en los medios limeños. Pero todo cae por su propio peso (es el boca-oreja famoso del que he hablado en comments hace unos días) y la novela ha sido reseñada, el mismo día, en dos medios importantes: el suplemento Radar Libros de Página 12 y la Revista de Libros de El Mercurio (para ver más reseñas, pueden visitar el blog que Ricardo ha destinado a su novela). En esta última, el crítico oficial del suplemento, Camilo Marks, dice :

Ricardo Sumalavia se inscribe en el grupo, cada vez más numeroso, de jóvenes autores latinoamericanos con educación muy cosmopolita, residencia en el exterior -por lo general Estados Unidos o Europa- y creciente desarraigo con el país nativo, que se nota en híbridos o deshilvanados trabajos (no es éste el caso). Durante años, vivió en Corea del Sur, donde enseñó español en un centro de estudios superior, ha sido profesor en la Universidad Católica del Perú, donde coordinó el Centro de Estudios Orientales y en el presente fijó su domicilio en Burdeos, Francia. Una vida tan itinerante, en parajes tan remotos y, sobre todo, la sujeción a culturas e idiomas sin ningún lazo con el nuestro, podrían haberse traducido en una obra confusa, atravesada por las más heterogéneas influencias, lejos de una de las más ricas tradiciones literarias del continente. Sin embargo, sus libros de cuentos Habitaciones, Enciclopedia mínima y Retratos familiares demuestran que Sumalavia, aunque mañana se vaya a trabajar a Kazajstán, en ningún momento dejará de pensar y sentir como peruano. Y, lo que es más importante, tampoco dejará de escribir como peruano.(...) Quizá la palabra gótico sea la mejor para definir el clima y el estilo de Sumalavia en los ires y venires de sus funambulescos héroes y heroínas. No estamos, claro, en castillos abandonados con misterios espeluznantes ni tampoco ante mujeres locas que se inventan un pasado inexistente -Charlotte Brontë, T. Williams-, pero esa ilustre vertiente parece visible en Que la tierra...Memorias de Burdeos, Tongseng y Baumgartenhöhe son tres secciones insertadas tras la mitad de esta notable e inusual ficción. A primera vista, se trata de ensayos autobiográficos, sin el más remoto enlace con lo que hemos venido diciendo. Y, por cierto, estamos ante tres piezas perfectas, amenas, divertidas, sobre encuentros y desencuentros entre literatos, académicos o críticos en situaciones algo implausibles (...) Las afinidades entre el conjuro verbal de la Lima prostibularia y absurda de Que la tierra... y sus piezas de sofisticado carácter novelesco deberán ser definidas por el lector. Y si se trata de un lector agudo, disfrutará intensamente con este relato.

Grandes y merecidos elogios. Pero igual, me queda la duda de saber cómo es eso de "pensar y escribir como peruano", sobre todo dicho por un crítico extranjero. ¿Existe un modo determinado o determinable de ser un escritor peruano? La crítica de Página 12, realizada por Juan Pablo Bertazza, aunque no deja de poner algunos reparos, enfatiza el carácter inusual de la novela de Ricardo y la califica como "novela de fantasmas" (coincidiendo con el adejtivo gótico que le impuso Marks), creo yo que muy apropiadamente:

Siguiendo con las paradojas, podríamos definir esta novela como un libro de fantasmas sin fantasmas, y más aún, como una primera novela –la del escritor peruano Ricardo Sumalavia, ¡otro! finalista del Premio Herralde y publicada en España– que, acaso, no se diferencie tanto de sus tres volúmenes de cuentos, único género que había trabajado hasta ahora (...) Lo cierto es que lo más logrado de esta parte lo constituye La Gran Casa, un inmueble plagado de habitaciones que fueron dejando vacías abuelos, tíos y primos y de la que buscan apropiarse los hermanos César y Sebastián a partir de un pacto de unión eterna y algunos juegos al borde de lo diabólico. Sin embargo, esta gran idea que recuerda a “Casa tomada” de Cortázar e incluso a la obra de teatro de Boris Vian Los constructores del imperio o El Schmürz, tal vez pierde fuerza porque el extrañamiento que debería generar esa mansión se lo apropian, en realidad, algunos personajes que, por otro lado, tienen algo de cliché, como el propio Sebastián, un enano tan superdotado como lujurioso, y una mujer a la que le molesta ser bella. La otra historia, el otro hemisferio del libro –y ya el motivo de tapa, a cargo de la artista Evelyn Williams, acerca un poco la metáfora cerebral o, mejor dicho, encefálica–, por el contrario, es geográficamente nómada porque recorre un itinerario que va de Burdeos (Bordeaux) a Corea pasando por Alemania, y mucho más clásico en términos literarios. A partir de congresos y clases universitarias repletos de valijas y malentendidos, un joven escritor con mucho del propio Sumalavia —quien, además de haber sido profesor de la Universidad Católica de Perú, vivió en Corea dando clases de español y actualmente reside en Burdeos— se va enredando en distintos enigmas narrativos que tienen en común, también, la búsqueda de hermanos (ficticios y no tanto), uno de los cuales sería el propio Thomas Bernhard. Por otro lado, esta parte del libro repleta de referencias a distintos escritores como el coreano Yi Munyol, el poeta peruano Martín Adán y el peruanista francés Roland Forgues, recuerda un poco al Roberto Bolaño de Estrella distante por mostrar de manera marginal, muy velada pero íntima, ciertas claves de una generación pujante de escritores peruanos como Patricia de Souza, Iván Thays y Marco García Falcón, algunos de los cuales tienen en común los reconocimientos de Herralde y cierta obsesión por Europa, ya sea por haber viajado, por temática, o por ambas cosas. Lo cierto es que los dos hemisferios, las dos historias, de la primera novela de Ricardo Sumalavia, no se rozan más que temáticamente. Y, en su unidad, Que la tierra te sea leve deja un extraño sabor de boca: el de un libro bien escrito, una promisoria primera novela con cierta solidez, a la que, sin embargo, parece faltarle una vuelta, un cierre que conecte esos dos hemisferios. Algo que tal vez no tuvo lugar por su breve extensión.

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Reacciones a un post

2.06.2009
¿Existe esta camiseta en literatura? Fuente: peru

En un país, en un mundo bloggero mejor dicho, donde cualquier argumento se responde con un insulto, recibir comentarios a un post que buscan refutarlo con argumentos y no con agresiones, es un gesto que solo puede agradecerse. Es la primera vez en que un post mío es comentado sin acusarme de vanidoso, superficial, burgués o referirse a mis muelas faltantes o sin pataletas. Veamos pues: En un post anterior comenté brevemente lo que dije en una Feria del Libro de Trujillo la semana pasada. El punto dos se lee:

b) Que la literatura peruana, como individualidad, no existe fuera de los manuales escolares. Nosotros formamos -gracias a dios- a una fracción más amplia, diversa e interesante que es la Literatura Latinoamericana. Y desde lejos, las diferencias o particularidades entre los países que forman lo latinoamericano son ambiguas y borrosas (o borradas del todo). Amen.


Quizá debí aclarar que, a lo que me refería en esa conferencia ("La literatura peruana en el mundo") es a la visión que el lector común y corriente -no el crítico ni el profesor universitario- tiene sobre la literatura peruana. Pero, en fin, para el caso da lo mismo, para mí la literatura peruana es un concepto borroso más allá de los nombre que lo conforman, y por eso he dicho siempre que no existe. Ricardo Sumalavia ha sido el primer en poner su posición:

Lo que sucede es que en el caso peruano el criterio de nacionalidad siempre ha estado en crisis, una eterna construcción que no tiene cuando acabar. Decir “peruano” dice mucho y no dice nada. Si su intención es englobar, reconciliar, no lo consigue. No existe una individualidad “peruana”, sino individualidades fracturadas. Y algo, o mucho, de esto pasa en el resto de países vecinos.Ante este panorama, entiendo el razonamiento de Thays, y que es más saludable insertarse en un marco mayor, “amplio, diverso e interesante”, como él sostiene. Pero creo que esto no resuelve el conflicto.Cuando se dice que ya no se puede hablar de literatura nacional, que el adjetivo “nacional” se desdibuja, yo creo, por el contrario, que lo que se desdibuja es la noción de “literatura”.

Sumalavia, en un párrafo anterior, malinterpreta lo que dije al pensar que yo oponía el concepto "homogéneo" latinoamericano vs. el "heterogéneo" peruano, y no es así. Creo que la literatura de todo país es dispersa, versátil y heterogénea, incluso en los países que pretenden obligar a sus escritores a tomar una dirección única. Por eso la literatura socialista rusa o la maoísta -tan cara al grupo Narración- nunca funcionó. La diversidad siempre ha sido el signo de cualquier literatura. Pero es un hecho concreto que para el resto del mundo lector, un "escritor peruano" es apenas distinguible a un "escritor ecuatoriano" digamos. Bolaño en EEUU no es un escritor "chileno" sino "latinoamericano" y el concepto McOndo, a pesar incluso de sus autores, sigue funcionando mejor que el de cualquier nacionalidad.

Luego, Gustavo Faverón decide proponer la noción de "canon" o "tradiciones nacionales" (que mencioné en la mesa de Trujillo justo refiriéndome a un antiguo post de Gustavo) para dar pruebas de que la literatura peruana sí existe. Dice:

La literatura peruana y la latinoamericana no existen en un cierto sentido, pero, en otro, ambas son igual de reales. Romper ese equilibrio es una forma de arbitrariedad no aceptable, porque recurre a criterios distintos para tratar a cada una. Quien lo haga tendría que explicar, inmediatamente después, por qué la relación entre la obra de Óscar Colchado y la de Alejandro Zambra como parte, supuestamente, de una misma tradición, es más real que la relación entre la obra de Óscar Colchado y la de José María Arguedas. Un problema nada pequeño. Como en el caso de los dialectos, puedo decir que la obra de Arguedas es parte de la literatura hispana, de la literatura latinoamericana, de la panandina, de la peruana, de la andina peruana, de la novela indigenista o neoindigenista, acaso de la ficción regionalista, pero también de muchas otras líneas genealógicas. Ninguna de esas afirmaciones hace falsa a las otras. Es obvio que el debate Sarmiento-Hernández es más crucial para Borges y para Ricardo Piglia que para Augusto Monterroso. Es obvio que el choque Arguedas-Vargas Llosa significa más para Jorge Eduardo Benavides que para Diamela Eltit. Es obvio que Krauze y Paz son más cruciales para Jorge Volpi que para Iván Thays. Son obvias las razones por las cuales Edmundo Paz Soldán escribió una tesis doctoral sobre Alcides Arguedas, que no hubiera sido ni la primera ni la centésima opción de Álvaro Enrigue o de Abelardo Castillo. No me parece discutible que la veracidad y la certeza de esas afirmaciones encuentra su justificación en un mismo punto: Piglia, Benavides, Volpi, Paz Soldán, todos son escritores claramente cosmopolitas, que se nutren de muchas tradiciones, que vuelan sobre muchos campos, y que, sin embargo, no por ello pueden declarar inexistente el vínculo histórico, cultural, social, político, que los une con sus tradiciones nacionales. O, para decirlo con los términos de mi ejemplo: son escritores que, como todos, hablan muchos dialectos, muchos al mismo tiempo, y no tienen cómo negar a uno de ellos, porque lo ponen en práctica, lo convierten en habla, en su habla, cada vez que escriben, al mismo tiempo en que activan todos los demás.

A mí lo que me gustaría saber, luego de leer lo de Gustavo, es en qué medida dialéctica, formal o temática, más allá del hecho arbitrario de haber nacido en una misma frontera, une la literatura de Oscar Colchado a la de Enrique Prochazka por ejemplo. O por qué la discusión Vargas Llosa-Arguedas debería interesarme más, o ser más estimulante artísticamente, que la de Nabokov-Edmund Wilson por ejemplo. Mis orejas (de burro, si quieren los anónimos, los nunca doctorandos o los límbicos) están bien paradas en Huanchaco. Como lo dije cuando hicimos el blog "Bata japonesa", yo estoy siempre dispuesto a aprender y creo, siempre, que el Arte de ser discípulo es más estimulante que el de ser profesor. Y alguien como Gustavo, que estudia estos temas desde hace años, tiene mucho que enseñarme. A ver.

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Sumalavia en El Mercurio

1.16.2009
Ricardo Sumalavia con sus nuevos lentes. Fuente: moleskine

La edición digital del diario El Mercurio entrevistó a Ricardo Sumalavia, a quien califica como "revelación de las letras peruanas", a raíz de su novela Que la tierra te sea leve editada por Bruguera, que consideré uno de los mejores libros que leí en el 2008. Respecto al tema su novela, dice Ricardo:

Es la búsqueda y construcción de la identidad a través de los otros, saber quiénes somos cuando tratamos de saber algo más de ellos. Como si nos sostuviéramos el espejo mutuamente

Y respecto a los personajes marginales, que son protagonistas de su novela, aclara:

Si bien es cierto que sus condiciones de prostitutas, enanos y borrachines los convierten en sujetos marginales, yo he pretendido ir más allá del juicio social y plantearlos como personajes carnavalescos que quieren crearse su propia dinámica de vida, sus propios códigos estéticos en espacios cerrados. La amnesia, en este caso, no sería necesariamente un escape, sino una natural negación de ese otro mundo.

También es muy interesante que Ricardo ("Nuestro Hombre en Burdeos" como lo llamo siempre en este blog) se anime a anunciar el tema de su próxima novela que, al parecer, tendría un sustento político (aunque Ricardo me acaba de escribir negando completamente esa interpretación) Lo que sí es innegable es que su conocimiento de la novela policial (su tesis es sobre lo policial en la obra de Carlos Calderón Fajardo) lo ha seducido completamente:

El año pasado terminé una versión de ella. Por ahora la estoy dejando reposar, mientras busco otros datos y trato de encontrar el momento propicio para retomarla y darle la forma definitiva (...) Por ahora sólo puedo adelantar que exploro narrativamente las distintas construcciones, la real y la ficticia, de un investigador privado a fines del gobierno de Fujimori

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Un cuento corto de CCF

12.23.2008
Biblioteca de Burdeos. Fuente: pasa la vida

Carlos Calderón Fajardo le ha dedicado un cuento breve a Ricardo Sumalavia, que éste ha colgado en su blog Gambito de Peón. Es precioso. Lo cuelgo entero como una hermosa muestra de amistad, más allá de los años y los cambios de vida de cada uno. Qué pena que no todos los amigos sean así. Yo perdí hace poco uno al que adoraba - y ahora considero un miserable- pero cuya risa, sin sonido, recuerdo aún con nostalgia:

Montaigne y los bosques

A mi hermano R. S

Ricardo entra a la biblioteca de la Universidad de Burdeos y encuentra a Montaigne.
Él sabe que Montaigne frecuentaba los paisajes de Burdeos, pero no esperaba encontrarlo en la biblioteca.

-Sabe usted que yo fui alcalde de Burdeos -le dice Montaigne.

- Usted fue el primer enciclopedista del empeño humano,- responde Ricardo.

- Tiene usted razón. Soy el primero en examinar cuidadosamente la totalidad del saber humano. ¿Podría decirme en qué año estamos?


Ricardo sabe que si dice en que año verdaderamente están, Montaigne se evaporará.

-Estamos en 1560 -responde.

-¿Conoce usted mi método? Elijo interrogantes y luego ensarto junto fragmentos de pensamientos que son obtenidos de comentaristas y meditadores de primera línea. Agrego pero no corrijo. Todo lo que se diga puede ser registrado como evidencia. En la biblioteca estantes de libros ignorados imploran por un lector.

En ese momento a Montaigne se le ocurre que las bibliotecas son bosques.

Cuando los bosques se enteran lo que se le ha ocurrido a Montaigne salen huyendo de los estantes.

Diciembre, 2008

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Sumalavia sobre Un lugar llamado Oreja de perro

12.11.2008
Carátula sobre blanco. Fuente: moleskine

Hacer reseñas críticas sobre amigos es algo muy complejo, infinitamente más complejo que escribirlas sobre los "enemigos" (suponiendo que eso existe en literatura, lo que dudo, al menos en mi caso, pues a los enemigos uno los escoge y los persigue, y yo prefiero obviarlos). Y no porque no se pueda ser crítico y duro con el amigo (si es un buen amigo, aceptará esa dureza o crítica y hasta sabrá agradecerla) sino porque es complicado no sentirse afectado por lo que escribe alguien cercano a ti, en especial si ese libro dice tanto sobre él y su vida interior (como, me temo, sucede excesivamente en Un lugar llamado Oreja de perro). Sumalavia, lo saben muchos lectores de Moleskine Literario, no solo es mi amigo sino un hermano y sé que escribir una reseña sobre mi novela fue un gesto generoso y espontáneo (tan espontáneo que no se lo pidió nadie, lo hizo solo para su blog) pero, antes que eso, un intento de entender lo que hay detrás de esa novela que él ha leído como un objeto literario pero, al mismo tiempo, como el testimonio dramático y camuflado (pero jamás escamoteado) de la vida de un amigo.

Sumalavia dejó su reseña en el blog Primeras impresiones/ La cueva y a mí no me queda sino mandarle un abrazo fuerte, que es el contínuo e inacabable primer abrazo que nos dimos cuando publicó (él como editor y yo como escritor, en una imprenta donde me llamaban "ingeniero") mi gris -por las tapas y por el tono- libro de cuentos Las Fotografías de Frances Farmer en la editorial Pedernal. Dice por ejemplo:

Antes, casi todas las novelas las leíamos bajo el principio de que debían ser verosímiles -guardar su lógica interna- y que debían, por tanto, hacernos olvidar de que se trataban de mundos ficcionales. En estos últimos tiempos, por el contrario, hay escritores que le enrostran al lector que lo que están leyendo es ficción, un artificio, que no deben creer lo que leen. Sin embargo, estas evidencias causan un efecto perturbador en el lector, pues surgen nuevos modos de lectura. Por otro lado, en esa estrategia, el autor interviene, o puede hacerlo, como personaje –tal cual o distorsionado-, y él también se convierte, entonces, en un artificio, en una mentira descubierta por todos, en un entrometido entre la ficción y la realidad. En un lugar llamado Oreja de Perro me es inevitable no notar la correspondencia con el autor. Pero para los que no saben nada de Iván Thays, difícil –diría imposible- en estos tiempos de facebook, blogs y toda difusión por Internet, hasta la mínima información del autor en la solapa del libro nos da una advertencia y nos predispone a su presencia en la novela. Pero lo que se consigue, lo que busca en esta sobre exposición, es desaparecer. En un pasaje de la novela, el protagonista observa desde su ventana como se graba unas secuencias de lo que podría ser una telenovela o una película. De pronto deja de lado la imagen de los camarógrafos y todo el equipo de grabación y se concentra en la pareja de actores. Pero todo se detiene, la pareja se interrumpe. El observador ha terminado por entrometerse en la filmación. Luego el observador se retira, se esconde detrás de una cortina y vuelve a su propia representación.

(...)

En Las fotografías de Frances Farmer, publicado en 1992, hay un cuento titulado "No necesariamente rubia" en el que un hombre público, que lleva un programa de televisión, es llamado por la policía para que responda unas preguntas a propósito del descubrimiento del cadáver de un muchacha. Paralela a esta historia, vemos otra, la de una niña en una pequeña casa a orillas del mar. En su historia, la de la niña, vemos un pasaje que nos lleva también a otro de Un lugar llamado Oreja de Perro. La lugareña embarazada le cuenta al protagonista los momentos previos a la desaparición de su madre. El pasaje en común se refiere a que ambas niñas disfrutan al contemplar y lavarse los pies en una batea llena de agua. En la novela la niña se frota los pies con los de su madre. Es inevitable no ver una comunión, un rito de amor y purificación en este hecho. Un momento de felicidad al cual hay que aferrarse.

***

Algo más me queda claro: con esta novela, Iván Thays confirma que la intimidad -una estética de la intimidad, podríamos decir-no se riñe con el imaginario colectivo, con una problemática social determinada. Esta afirmación debería ser una perogrullada, pero en el Perú no lo es.



Un lugar llamado Oreja de Perro nos lanza al vacío, como debe ser.

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Sumalavia entrevistado

12.04.2008
Ricardo Sumalavia en Madrid. Foto: Yolanda Vaccaro

Si existiese algo así como un "cónsul literario" del Perú en Madrid, ese sería sin duda Jorge Eduardo Benavides. Bajo el ala protectora de la casa que forman Eva y Jorge Eduardo, hemos pasado y sido engreídos con una cena todos los escritores peruanos que alguna vez pisamos Madrid. Algunos de ellos, al final, han resultado muy ingratos (ya sea porque el éxito los alzó en nubes, o porque la falta de éxito los hizo descender al sótano del malagradecimiento o incluso la traición) pero otros vivimos eternamente agradecidos con esos dos. Particularmente, yo jamás olvidaré una conversación hace unos meses con Eva y Jorge Eduardo en Lima, en el restaurante Laeñe más precisamente, que me sacó del pozo oscuro donde me había metido y del que nadie me puso rescatar sino ese par de amigos para toda la vida. En fin, como decía, todos los escritores peruanos son siempre agasajados hasta altas horas de la noche por el tándem Eva-Jorge Eduardo Benavides, y entre esos está Ricardo Sumalavia quien estuvo de paso por Madrid, desde Burdeos, y recibió una cenita en homenaje a la edición de Que la tierra te sea leve (Bruguera) rodeado de peruanos (entre ellos estaba yo, por cierto, de pura coincidencia) como Toño Angulo, Diego Salazar, Pedro Pérez del Solar, etc. Fue un milagro que no cayera Edmundo Paz Soldán (en aquellos meses, cada vez que dos escritores se reunían a tomar una copa en Madrid, caía siempre Edmundo aparecido de dios sabe dónde). Y también estaba ahí Yolanda Vaccaro quien no perdió el tiempo e hizo a un lado a Ricardo para entrevistarlo, cumpliendo su rol de corresponsal hasta las últimas consecuencias. La entrevista no está colgada en web, pero como es muy interesante la he colgado en las Notas Moleskine con el permiso de los implicados. Le preguntan si su obra es una "novela de búsqueda"

Tal vez sea difícil incluso enmarcar esta obra dentro del concepto de novela. No es el estilo de novela canónica, de un solo argumento, una sola historia, con personajes centrados en toda la línea. He hecho experimentos. Sí, busco diversos recursos narrativos pero con temáticas precisas; en este caso era la búsqueda del hermano literario y del hermano carnal. Temas que siempre me han interesado mucho son la familia, la ciudad natal. Me obsesiona esa relación amor-odio que tenemos muchos con Lima, sobre todo cuando estás fuera. Quieres volver, pero cuando estás allí quieres salir corriendo para observarla mejor. Y ésta es una novela en la que traté de presentar varios niveles de lectura. Uno es el de la búsqueda del hermano con dos líneas paralelas que se van alternando. También está la construcción de una realidad a través del lenguaje, de la palabra. Hay un homenaje, un punto de partida, que es la Epístola a Belardo de Amarilis. Al margen de si Amarilis existió o no, o si fue una invención de Lope de Vega, a mí lo que me interesa es que Amarilis existió por la palabra, por la escritura. Eso quise hacer con la novela.

Luego, Sumalavia comenta la estructura de la novela, dividida en dos partes muy marcadas de sutilísimos y casi invisibles hilos de contacto:

Al contener estas dos historias paralelas también hay algo mucho más vital. Crecí en el centro de Lima, en Barrios Altos, hay una cosa muy vivencial de las barriadas. Luego la formación académica cambió mi referencia a un mundo de libros. Traté de escribir una novela en la que pudiera resolver esos espacios de mi vida privada, de mis recuerdos de Barrios Altos, y establecer un puente con el mundo de los libros, de la lectura, quise tratar de amalgamar todo. La parte de Barrios Altos curiosamente es la más ficcional. La parte que habla de un mundo de libros es donde aparezco como si fuera un personaje. Me estoy topando con muchos lectores que prefieren más una historia que otra; hay quien prefiere las historias marginales de Barrios Altos, de las putas, y hay quien prefiere la parte en la que hay casi una “metaliteratura”, un personaje que quiere ser escritor, que habla de literatura. También hay lectores que pueden lograr la amalgama

Por cierto, en el diario "Correo" Carlos Sotomayor hizo una muy personal y emotiva reseña a Ricardo Sumalavia, que apareció también en el blog Letra Capital que administra Carlos.

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Underwood coleccionable

11.30.2008
Colección Underwood. Fuente: moleskine

Desde que consiguió su primera computadora, una cafetera 386 y una impresora láser que no sé de dónde se consiguió, Ricardo Sumalavia nunca ha estado quieto. Es un fascinado por editar sus propios libros, por hacer diseños, por imprimir boletines, libritos de poemas suyos al estilo haiku (que solo sus amigos hemos leído), etc. Inquieto como siempre, desde su oficina en la PUCP empezó a diseñar una revista llamada Colección Underwood (homenaje a su héroe literario Martín Adán) sin ayuda de nadie. Eran hojitas de papel engrapadas donde aparecieron relatos o poemas de sus estudiantes. Luego se fue a Francia pero la colección fue heredada por nuevas manos, que tiene a Julio del Valle como responsable, Mateo Millones, Joel Anicama y Antonio Tuya como editores y a Estrella Guerra como coordinadora administrativa. Y han empezado además a diagramas la revista con un gusto excepcional.


Como algunos de sus libros habían desaparecido, la colección Underwood acaba de reeditar sus once títulos que incluye algunos tan notables como Lo raro es ser un escritor raro, de Mario Bellatin; Playas de Carlos Calderón Fajardo; Cosas que deja la gente cuando se va, de Gabriela Wiener; y su última adquisición, Excursión a Huampaní, de Siu Kam Wen. Yo tenía varios desperdigados, ahora tengo todos en orden. Si los quieren conseguir, vayan corriendo a la Feria de Libro de Miraflores porque antes del fin de semana algunos títulos -estoy seguro- se habrán agotado.

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Vuelven "Los Nóveles"

11.24.2008
Edición 31 de los Noveles. Fuente: los noveles

Salvador Luis es un peruano que vive en Miami, enamorado de los Taco Bell y los donuts Krispy Kream, además de ser el hombre más paciente del mundo (hasta el punto de esperar, sin una sola queja, mientras demoro horas comprando una macBook y Andrés Neuman escogiendo calzoncillos XL en Aventura Mall) quien además hace una revista virtual buenísima llamada Los Noveles que tuvo un largo periodo de baja. Pero ha regresado luego de dos años de descanso (¿no decía yo que era paciente?) Vienen textos de ficción de Ricardo Sumalavia, Pilar Quintana, Juan Terranova, y columnas de algunos clásicos colaboradores como Alberto Chimal, Elio Vélez, Mónica Belevan y Rebeca Yanke quien dice en su estupendo "Tabucchi da bastante miedo":
No creo que muchos escritores, tal vez sólo los muy petulantes, tengan la seguridad de saber qué piensa el lector (ente desconocido), por más que haya quien se le acerque, halague, pida dedicatorias o hijos. Ni siquiera los redactores estrella de los periódicos saben qué piensan sus lectores de lo que escriben. La gente no tiene tiempo para descolgar un teléfono, si es que consiguen encontrarlo, y valorar de viva voce una noticia, reportaje o entrevista con su autor. Por eso la comunicación existe en bitácoras y páginas web; cuesta menos teclear, y mucho menos cuesta desvelarse con el nombre que uno escoja, o sencillamente no hacerlo y convertirse en un anónimo más. Pero lo más habitual es que la conversación, si es que llega a tal, se mantenga intramuros. Uno cuando escribe eso que dije, noticias, reportajes o entrevistas, con quien más habla a posteriori, cuando lo escrito ha cobrado vida, es precisamente con las personas de las que está hablando. Si uno ha trabajado bien, tiene suerte y el personaje (término muy periodístico también, y un tanto despectivo seguramente) está contento serán palabras alegres y agradecidas, en un alarde de feedback. Pocas veces un tercer personaje entra en el juego y decide contar su historia a los ya presentes.

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Sumalavia a la carga

10.27.2008
Ricardo Sumalavia: nuevo taller, nueva novela, nuevos lentes. Fuente: moleskine literario

Me comenta Ricardo Sumalavia que su famoso taller literario por internet, La Cueva, que conduce vía Burdeos, está abierto para recibir nuevos talleristas a partit de noviembre. Se lee en su página web:

A todos los interesados, no importa de qué país, les comunico que el primer sábado de noviembre empieza un nuevo grupo de Iniciados. Si deseas conocer esta experiencia de taller virtual y compartir la escritura de cuentos, participa de este nuevo grupo. Para más información, puedes ver los post anteriores o escribir a: lacuevatallerliterario@hotmail.fr

A propósito de Sumalavia, su novela Que la tierra te sea leve (editada hace unos meses por Bruguera en España) ha sido elogiosamente reseñada este fin de semana en "El Dominical" de El Comercio por Rosella di Paolo. Viniendo de tan buena lectora, el elogio es doble. Dice la reseña:

Lo que a simple vista es el choque brusco de dos pelajes narrativos, podría ser la expresión de la tenaz hermandad entre lo ficticio y lo real. De hecho, los tres relatos 'autobiográficos' se transmutan en material extraño (amnesias, desapariciones misteriosas, existencias improbables); y, a su vez, ese mundo casi feérico que es la infancia en la casona, con su enano, su princesa, un retrato secreto, una pileta, un Camaleón elusivo (¿la voz de la Gran Casa?) entra en descomposición por obra de la enfermedad, actos criminales, o por esa complejidad adulta que dificulta restablecer ingenuos vínculos fraternos, o traer la pureza de vuelta de las aguas podridas. Respecto a esto último, un sugestivo texto de Habitaciones, "Ella azul", reverbera aquí de modo curioso, y fija el punto lírico más alto de la novela. El que la ficción parezca desembocar en la realidad y viceversa, las hermana en un juego de complementos que, de paso, se conecta con los tantos hermanos reales, y esquivos dobles, que recorren el libro, no solo los ya mencionados, sino los que dejo al buen ojo del lector. Con creciente intensidad, la obra despliega asombrosos espacios y voces narrativas, a la vez que con un fresco sentido lúdico se echa a buscar a sus hermanas novelas, según sugieren las estupendas alusiones-homenajes a "La casa de cartón" o "El sobrino de Wittgenstein", entre otras. Como atendiendo el ruego del título, en este hermoso y extraño libro la realidad parece volverse muchas veces tan leve como un sueño. Aunque por ser una inscripción mortuoria, quizá fuese más justo pensar o desear para sus heridos personajes, y para nosotros, que el oscuro sueño de la muerte no pese más que el oscuro sueño de la vida.

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Modiano en el café

10.15.2008
carátula del libro. Fuente: adn cultura

Debo confesar que mi relación amical con Edmundo Paz Soldán está atravesando por una crisis. Estoy a punto de bajarlo del olimpo de personas cuyas recomendaciones literarias sigo a pie juntillas. Mientras él no se cansa de recomendarme jóvenes promesas latinoamericanas o españolas que me dejan helado, sin palabras, aburrido, yo le recomiendo lecturas como las de Peter Stamm ante las cuales Edmundo no dice nada, sentado en lo alto de su inaccesible trono como uno de los 50 intelectuales latinoamericanos más influyentes. El punto de inflexión ha sido la lectura de Patrick Modiano. Ricardo Sumalavia dice que es estupendo, y yo después de leer Un pedigrí confirmo su impresión. Pero Edmundo Paz Soldán y su cómplice Diego Salazar se burlan de Modiano y lo ridiculizan. Pues acaba de salir una nueva novela de Modiano en Anagrama (En el café de la juventud perdida) y pienso leerla a pesar de Edmundo y Diego. La reseña de Pedro B. Rey en el ADN Cultura me quita cualquier duda. Dice:
La novela se construye a través de una serie de relatos sobre un personaje femenino, Louki, que fue habitué de ese bar que hoy, según se dice, ya no existe. Un estudiante y admirador, uno de sus amantes, un detective contratado para encontrarla, narran, en épocas distintas, lo poco que saben de Louki. Como polillas nocturnas, sus palabras rodean el monólogo de la propia muchacha que, ubicado en el centro de la novela y desde un presente que retorna eternamente, devela algunos de sus secretos. La trivialidad de la anécdota, la simplicidad de las frases no hacen más que realzar la etérea construcción de la novela y la densidad de sus agujeros negros. También permiten el retrato de esas "zonas neutras", esas zonas intermedias, "tierras de nadie en donde estaba uno en las lindes de todo, en tránsito, o incluso en suspenso", que suelen figurar en los libros de Modiano. Aquí, esa zona es aquella en que transcurrió una juventud personal e irrecuperable, y en la que también, para parafrasear el célebre dictum de Gertrude Stein, se perdió otra generación. En el café puede considerarse la heredera más sutil de aquellas novelas "serias" escritas por Georges Simenon, pero también como la pieza que faltaba para que la bohemia parisiense de los años cincuenta y sesenta tenga su tríptico: el libro de Modiano queda muy bien al lado de Todos los caballos del rey (1960), de Michèle Bernstein (la primera mujer de Debord), y de Una dulce destrucción (1988), de Hugo Claus.

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