MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vila Matas sobre Sumalavia

4.14.2009
Ricardo Sumalavia. Fuente: harrycañariatoche

Hace unos años, Enrique Vila Matas comentó sobre el escritor peruano Enrique Prochazka (un nombre que le pareció el de un oscuro futbolista polaco) a partir de un comentario de Prochazka en el blog de Gustavo Faverón. Y ahora, luego de un encuentor muy vilasmatiano en Burdeos, el narrador español comenta sobre el querido corresponsal en Francia de Moleskine -aunque pésimo fotógrafo, insisto- Ricardo Sumalavia. En el artículo también comenta elogiosamente la novela de Ricardo, Que la tierra te sea leve (Bruguera) que en mayo será motivo de una mesa redonda en la PUCP -con presencia de Ricardo- de la que ya les comentaré en su momento. Aquí el Dietario Voluble de esta semana:

Ricardo Sumalavia salió hace unos días de su casa de Burdeos dispuesto a hacer unas compras. Era una mañana soleada de principios de este abril. Sumalavia parece un buen apodo para alguien que quiera ser orador, conferenciante: suma labia. Le habría encantado ese apellido a Ramón Gómez de la Serna, estoy seguro. Pero Sumalavia, joven escritor peruano que vive en Burdeos, no quiere ser orador ni conferenciante. Es tímido y con mucho sentido del humor. Vivió en Corea del Sur y después fue a Burdeos a pasar unos meses y se va quedando ahí desde hace unos años. Como voy mucho a Burdeos (tres veces en los últimos cuatro meses; no entiendo por qué voy tanto), siempre acabo encontrándomelo. Cuentista de estilo muy personal, no hace mucho publicó su primera novela, Que te sea leve la tierra, buen libro sobre búsquedas y sobre lo mucho que dependemos de los otros para saber quiénes somos, aunque nunca, de todos modos, acabamos sabiéndolo. Sumalavia salió de su casa de Burdeos en la mañana soleada y caminaba hacia el bar de la esquina para tomarse un café cuando se le acercó un señor en zapatillas y con unos bigotes completamente de otra época y le preguntó por dónde se iba a Bayona. El escritor trató de recordar el nombre de alguna calle o avenida con ese nombre, pero el señor de los bigotes no tenía cara de preguntar por una calle. "Pero usted va a pie y nosotros estamos en Burdeos, a más de 200 kilómetros de Bayona", le advirtió Sumalavia. "No es problema", respondió el hombre que iba en zapatillas. El peruano le explicó entonces cómo salir de la ciudad, y poco después el hombre comenzaba su larga marcha a pie hacia Bayona. A aquella misma hora, llegaba yo en avión de Air-France a Burdeos, donde debía ayudar por la tarde en la ceremonia de presentación de Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, en su traducción francesa. El taxista que me vino a buscar resultó ser coreano, lo que me hizo pensar en Sumalavia, que había vivido en ese país durante tiempo. El coreano era tan charlatán como entrometido y quiso saber todo sobre mí, quiso saber en qué trabajaba, cuántos hijos tenía, cuál era mi ciudad preferida (Burdeos le dije), si a mi mujer no le molestab si a mi mujer no le molestaba que viajara tanto, etcétera. "Lo que está muy bien es Bayona", acabó diciéndome. Por la tarde, en la presentación de Apelle-moi Brooklyn, apareció Sumalavia y descubrimos que habíamos llevado vidas paralelas durante la mañana. A la hora del coloquio, como es habitual, nadie quería preguntar nada. Una señora finalmente pidió la palabra. -¿Le gusta Goya? -me preguntó. Parece una pregunta normal, pero no lo es. Aceptemos que Goya vivió muchos años exiliado en Burdeos y que su casa estaba frente a la de otro exiliado español ilustre, Moratín. Un catalán en Burdeos no puede ignorar que Goya estuvo allí y que aún conservan la casa del pintor, un caserón muy cercano a la gran librería Mollat. Pero de eso a tener que opinar acerca de Goya hay un gran trecho, me parece. Gabastou, el traductor del libro de Eduardo Lago, viendo mi estupor e indecisión -me había quedado con la boca abierta-, contestó por mí y dijo que a esa hora de la tarde siempre dejaba de tener cualquier tipo de opinión sobre lo que fuera. No quería dar la impresión de que me había quedado mudo y me acordé de que, antes de partir por tercera vez en cuatro meses a Burdeos, el amigo Jordi Llovet me había preguntado si aún podía verse allí la casa en la que vivió en 1802 el poeta Hölderlin, que había ido a esa ciudad para trabajar de preceptor y un día, de improviso, se había marchado de ella a pie. Como siempre que iba a Burdeos veía sólo el caserón de Goya, me dio una gran alegría saber que había otras casas que ver en esa ciudad. Me acordé de todo eso y le devolví la pregunta a la señora. -¿A usted le gusta Hölderlin? Habría querido añadir que parecía una costumbre de la ciudad marcharse a pie de ella, pero callé. De inmediato, se levantó una mano entre el público. Había un señor de origen alemán, Dominique Fritsch, que estaba entusiasmado de poder hablarme de Hölderlin en Burdeos y se puso a contar, entre otras cosas, que el poeta no sólo se fue de la ciudad a pie, sino también llegó a pie y fue en ese viaje cuando por primera vez en su vida vio el mar. Fue a Burdeos para trabajar de preceptor en casa de Meyer, el cónsul de Hamburgo, pero desde el primer momento se mostró algo esquivo y taciturno, tal vez porque apuntaban ya los primeros signos de su locura. Dejó escrito un poema, Andenken (Un recuerdo), en el que evocaba su paso por la ciudad y que, si quería leer, encontraría en la bella edición que había preparado el poeta bordelés Jean-Paul Michel para la editorial William Blake and Co.A la mañana siguiente, siguiendo las instrucciones de Monsieur Fritsch, vi con Sumalavia, en el centro de la ciudad, la perfectamente bien conservada gran casa del cónsul de Hamburgo en la que vivió Hölderlin. Hoy, el lugar donde residió Hölderlin es una oficina de Air-France, precisamente la compañía que me había trasladado hasta allí. Inútil me pareció buscar alguna huelletas de embarque y las ofertas de vuelos a la Martinica. Estábamos bromeando con Sumalavia sobre si no se nos aparecería un señor de anticuado bigote preguntándonos cómo ir a pie hasta Bayona cuando una muchacha cruzó la calle para preguntarnos si conocíamos al doctor Goya. Pasado el momento de profunda sorpresa, a Sumalavia se le ocurrió que preguntara en el Ayuntamiento, donde tenían una lista de todos los servicios médicos por barrio. "Buena idea, gracias", dijo. Nos despedimos de ella y después me despedí de Sumalavia, porque tenía que coger mi avión de vuelta. Cuando miramos atrás para ver qué hacía la muchacha, vimos con cierto terror que no se había movido ni un centímetro de donde la habíamos dejado.

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Casas literarias

5.06.2008
casas modulares. Fuente: arqhys

Siempre he dicho que las coincidencias literarias son fascinantes. Justo ahora que estoy leyendo un libro de cuentos de Mirolad Pavic, editado por Sexto Piso, Siete pecados capitales, Carlos Calderón Fajardo publica un artículo en Porta9 sobre las casas literarias, a los que califica como "templos de la narrativa artística peruana". Y es que el libro de Pavic está dividido en siete cuentos que son siete casas distintas. Y el primer relato, titulado largamente "La jaula blanca de Túnez en forma de pagoda (ocurre en la casa de Luka Célovic, calle Kraljevica. Marka, número 1)", quedaría perfecto dentro de la teoría de Calderón Fajardo. Copio aquí el párrafo inicial solo para hacerle agua a la boca a Carlos (y de paso a Enrique Prochazka, a quien este relato le fascnaría sin duda)
Los pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados. Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano. Las palabras en ellos semejan cosas y pueden ser cambiadas de un cuarto a otro. Los pensamientos dentro de nosotros en realidad, esas habitaciones en nuestro interior, agrupadas en palacios o cuarteles, pueden ser moradas de otros donde uno resulta ser sólo un inquilino. A veces, sobre todo de noche, encontramos que las salidas de esos aposentos están cerradas con llave y no podemos abandonarlos. Estamos encerrados como en un calabozo hasta que nuestros sueños nos liberan y nos dejan salir. Pero los sueños son como los invitados a una boda, hay que esperarlos. Mientras tanto, reina el insomnio. Dicen que existen dos insomnios, como dos hermanas. El de antes de dormirse y el otro, después de despertar en plena noche. El primero es madre de la mentira, el otro es madre de la verdad.

Por cierto, al leer el artículo me quedó la misma duda que a Paolo de Lima sobre a qué se refiere Carlos Calderón Fajardo como "narrativa artística" en contraposición de la "narrativa social", en especial tomando en consideración que algunos de sus ejemplos (por ejemplo, La casa de cartón, o La casa verde e incluso me animo a decir que Casa de Islandia) pueden ser leídos también como obras donde el tema social es significativo. Al parecer, la división que hace Carlos se refiere no al tema sino a la relación de la obra con respecto a la realidad. Existirían, así, obras de un "universo autónomo" (las llamadas artísticas) y obras que expresan un sector de la realidad social (las llamadas sociales) de sus referentes reales. Así lo explica en "Zona de Noticias":
Creo que esta distinción no es la de puros y sociales que era aplicable a la poesía. Es en relación a una narrativa que pone énfasis en la novela como universo autónomo, a diferencia de la novela social que intenta expresar un sector de la realidad social peruana. Mi novela El huevo de la iguana es una novela social. No estoy diciendo que la novela social no sea artística, estoy utilizando esta distinción con fines estrictamente prácticos. Tampoco digo que la novela artística sea mejor que la social. La intención de ambos tipos de novela es otra, igual que algunas de sus características. Muchos de los escritores llamados sociales, si no casi todos han escrito novelas artísticas, y con grandes libros en ambos tipos de novelas

¿Les quedó claro? Yo sigo medio enredado.

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¿Sueñan los escritores peruanos con ovejas eléctricas?

10.28.2007
Fuente: blog de enrique dans

Esto lo dice José Guich, en Correo, comentando el último libro de cuentos de Harry Belevan Cuentos de bolsillo (Fondo Editorial Universidad Ricardo Palma)

Dice: "Suena ocioso entablar debates sobre una tradición de literatura fantástica surgida en predios locales. Frente a lo que hasta hace un tiempo parecía convertirse en muro inexpugnable –el de las poéticas realistas, en todos sus ropajes–, hoy existen suficientes indicios para afirmar, sin temor pudibundo, que ya contamos con un grupo de narradores –nacidos después de 1960– decididos a franquear esa barrera. Algunos nombres ya son referentes indudables, como Carlos Herrera, Enrique Prochazka o José Donayre. Si estos autores, entre otros, encarnan una continuidad respecto a ilustres pioneros como Adolph, Buendía, Durand o Loayza, la discusión deberá ampliarse fuera de los límites de este espacio. Los escritores aludidos, miembros de la Generación del 50, abrieron una vía promisoria, interrumpida bruscamente cuando Vargas Llosa –“realista” implacable y brillante– acaparó, desde 1963, la atención de los medios y de la academia".

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Roncagliolo sobre dos peruanos

8.17.2007
Santiago Roncagliolo recuerda lectura adolescente de Un único desierto. Fuente: páginasdeperú

Santiago Roncagliolo ha escrito en su blog (en el que actualmente siempre coloca textos escritos para otros medios) dos refelexiones en torno a dos escritores peruanos. Primero comenta a Alonso Cueto, en un texto escrito para "La Tercera" de Chile. Y luego recuerda su primer encuentro con el libro de relatos Un único desierto, de Enrique Prochazka (texto que, creo, ha sido escrito para la edición homenaje que prepara sobre ese libro Matalamanga).

Sobre Alonso Cueto comenta: "Si eres un narrador peruano de menos de cuarenta años, Alonso Cueto simplemente siempre ha estado ahí. Después del premio Herralde y del finalista del Planeta, editores y periodistas en América Latina y Europa vienen y te preguntan por él. Y tú respondes: “¿Qué? ¿No lo conocían ya? Yo tengo libros suyos desde que aprendí a leer.” No exagero. La batalla del pasado apareció en 1983. En parte, su tardío reconocimiento internacional responde a un cambio de registro del propio Alonso. Hasta 1999, cuando publicó Demonio del mediodía, casi toda su obra estaba formada por novelas cortas y cuentos, lo que lo confinaba a un núcleo de público muy reducido. Sus grandes éxitos han llegado de la mano Grandes miradas y La hora azul, obras más extensas".

Sobre Prochazka dice: "Mi recuerdo más intenso del libro es que estaba lleno de poderosas imágenes visuales. Yo volé con Taylor mientras huía de la cárcel, y comí tortugas en una isla desierta con Valderrama, conquistador de la nada. Recibí un medallón de manos de Conrado de Mazovia y le disparé a Bu flechas que no podrían perderse. Y por unos instantes, mientras convivía con esos personajes, creí de verdad que el mundo era ése, y no la ciénaga que encontraba al abrir los ojos. Le estoy profundamente agradecido por eso a Enrique Prochazka. Pocos meses después de leer el libro, descubrí que Enrique Prochazka y yo teníamos una amiga común. Ella trabajaba con él en un ministerio. Recuerdo que me costó asimilar que el fantasma de Prochazka se materializase, para colmo, trabajando en un ministerio: ¿De verdad es un ser humano normal? ¿No vive entre conjuros y hechizos? ¿Tiene una oficina? ¿Va al baño? Yo también era empleado público, y pensé vanidosamente que huíamos de lo mismo, y que durante la fuga, él me había permitido acompañarle en un tramo de su camino".

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Presentación 1

6.19.2007

El próximo martes 26 de junio, a las 7:30 pm, en el Jazz Zone de Miraflores (pasaje El Suche, avenida La Paz 646, Miraflores) la editorial Mundo Ajeno presentará la colección de prosas breves de José Donayre Hoefken: Horno de reverbero.
Los comentarios estarán a cargo de Enrique Prochazka y Giancarlo Stagnaro.

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Vila Matas y Prochazka en España

6.18.2007
Carátula de la novela Casa de Enrique Prochazka, en ediciones 451. Fuente: 451.

No sé si este blog tiene muchos o pocos lectores, pero de la gran calidad de la mayoría de ellos sí puedo sentirme orgulloso. Por ejemplo, hoy Enrique Vila Matas ha tenido la generosidad de enviarme un artículo suyo publicado ayer en la versión catalana de El País donde me entero de dos buenas noticias: las elogiosas palabras que Vila Matas ofrece a Enrique Prochazka y la lectura de su novela Casa, y la publicación de esa novela en el sello Ediciones 451 que dirige Javier Azpeitía. Les dejo el enlace de la nota que se titula "Interiores".

Dice Vila Matas: "(...) tras leer Casa, sé que no andaba equivocado al intuir su raro talento [de Enrique Prochazka, al que afirma haber conocido a través de Moleskine Literario y del blog de Gustavo Faverón] y también sé que no deja de ser un milagro que su novela -publicada por el sello 451 que dirige Javier Azpeitia- haya llegado hasta nosotros, pues Prochazka no está siquiera entre los escritores mediáticos del Perú de ahora. Pero pienso que ya que aterrizó por aquí Casa no estaría mal que probáramos a adentrarnos en los audaces interiores de esa trama que adopta apariencias de ciencia-ficción: Hal, famoso arquitecto, despierta sin recordar sus últimos 15 años. Repentinamente desdoblado y espectador de su propia condición, debe asumir que ha olvidado su más inmediato pasado y que ha de acostumbrarse a vivir en la casa diseñada por él mismo bajo los principios de una audaz teoría arquitectónica, única y extraña. Llama entonces a un psiquiatra. "Saber quién soy implica descubrir por qué diseñé esta Casa". Se trata de entender al desmemoriado ocupante de la cerebral Casa a partir del arquitecto de la misma. En sus investigaciones sobre los fascinantes pero también horribles interiores del lugar, le apoya un eficaz mayordomo llamado Clarke, lo que tal vez nos da una pista: Hal remite a HAL 9000, la computadora de 2001, Odisea del espacio, novela escrita por Arthur C. Clarke."

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