MOLESKINE ® LITERARIO

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Roncagliolo sobre dos peruanos

Santiago Roncagliolo recuerda lectura adolescente de Un único desierto. Fuente: páginasdeperú

Santiago Roncagliolo ha escrito en su blog (en el que actualmente siempre coloca textos escritos para otros medios) dos refelexiones en torno a dos escritores peruanos. Primero comenta a Alonso Cueto, en un texto escrito para "La Tercera" de Chile. Y luego recuerda su primer encuentro con el libro de relatos Un único desierto, de Enrique Prochazka (texto que, creo, ha sido escrito para la edición homenaje que prepara sobre ese libro Matalamanga).

Sobre Alonso Cueto comenta: "Si eres un narrador peruano de menos de cuarenta años, Alonso Cueto simplemente siempre ha estado ahí. Después del premio Herralde y del finalista del Planeta, editores y periodistas en América Latina y Europa vienen y te preguntan por él. Y tú respondes: “¿Qué? ¿No lo conocían ya? Yo tengo libros suyos desde que aprendí a leer.” No exagero. La batalla del pasado apareció en 1983. En parte, su tardío reconocimiento internacional responde a un cambio de registro del propio Alonso. Hasta 1999, cuando publicó Demonio del mediodía, casi toda su obra estaba formada por novelas cortas y cuentos, lo que lo confinaba a un núcleo de público muy reducido. Sus grandes éxitos han llegado de la mano Grandes miradas y La hora azul, obras más extensas".

Sobre Prochazka dice: "Mi recuerdo más intenso del libro es que estaba lleno de poderosas imágenes visuales. Yo volé con Taylor mientras huía de la cárcel, y comí tortugas en una isla desierta con Valderrama, conquistador de la nada. Recibí un medallón de manos de Conrado de Mazovia y le disparé a Bu flechas que no podrían perderse. Y por unos instantes, mientras convivía con esos personajes, creí de verdad que el mundo era ése, y no la ciénaga que encontraba al abrir los ojos. Le estoy profundamente agradecido por eso a Enrique Prochazka. Pocos meses después de leer el libro, descubrí que Enrique Prochazka y yo teníamos una amiga común. Ella trabajaba con él en un ministerio. Recuerdo que me costó asimilar que el fantasma de Prochazka se materializase, para colmo, trabajando en un ministerio: ¿De verdad es un ser humano normal? ¿No vive entre conjuros y hechizos? ¿Tiene una oficina? ¿Va al baño? Yo también era empleado público, y pensé vanidosamente que huíamos de lo mismo, y que durante la fuga, él me había permitido acompañarle en un tramo de su camino".

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3:37 p.m.

Al ver lo que dice Roncagliolo de Cueto, se ve amistad pero de ninguna manera un deseo a priori de ser amistoso y es muy claro para mí que Roncagliolo quiere ser sencillamente objetivo y nada más.Te digo esto porque en Libros y Artes, según leí en El Hablador, hay un comentario de Gutiérrez sobre La Hora Azul de Cueto, en que se ve rotundamente claro a mi entender, que el crítico está atacando a quien percibe como a un enemigo, aunque haga malabarismos para negarlo. Yo creo que a Gutiérrez estos disparos lo deben herir por la culata y que es torpe en consecuencia su manera de agredir a Cueto. En muy distintos términos y tono respetuoso dije lo mismo en un comment al post citado pero lo censuraron por completo, no apareció.
G. G.    



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