MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

¿Quién es Guido Ceronetti?

2.23.2010
Guido Ceronetti. Fuente: cetona


La respuesta rápida: Ceronetti es un escritor hecho a medida de Enrique Vila Matas. La respuesta un poco más larga: un escritor de culto, un narrador extravagante, un viajero anónimo y lúcido que, para colmo, publica un libro llamado Pequeño infierno turines en una editorial llamada Días Contados. La respuesta completa, si la quieren, la podemos encontrar en este estupendo artículo de Vila Matas en El País:

Entro en mi librería habitual y un caballero que no conozco, un cliente que estaba ya enfilando la puerta de salida, retrasa su partida para preguntarme si me puede entregar Pequeño infierno turinés, de Guido Ceronetti. El nombre de la editorial, me dice, comenta su previsible frágil paso por este mundo: Editorial Días Contados. Ya en el autobús, de regreso a casa, hojeo distraídamente el libro (traducción de González Rovira) y no tarda en llegarme un primer latigazo de deslumbramiento ante el estilo audaz e incisivo del escritor. Pequeño infierno turinés, trabado por una serie de semblanzas, habla de una ciudad que ya no existe, de una época de Turín en la que todavía podía verse belleza. Sin embargo, las "portadoras de luz-en-el-rostro de entonces" ya son ahora viejas. Y las jóvenes de hoy, dice Ceronetti, tienen rictus de teléfono móvil, no se las comería ni un perro. Me adentro en una de las semblanzas, Un viejo turinés, y recorro la vida del padre del autor, dueño de una moral fundada sobre la interesante base de no molestar nunca a nadie: "Hay vidas que terminan sin dejar nada, ni destruido ni detenido, sin abrir ni congelar ningún desorden, mínimas obras de arte de orden en el gran desequilibrio humano". Voy imaginando el Turín de otro tiempo a medida que leo a Ceronetti, experto en mundos borrados y creador cercano a Gadda, Manganelli y otros grandes raros de la escritura italiana del siglo pasado. En su escritura encuentro lo que el crítico James Wood llama vividad: vida en el papel, vida traída a una vida distinta por el arte más elevado. Ya en casa, sigo cruzando por donde cruza Ceronetti, escritor que a veces incluso parece que va a personarse él mismo en alguna de sus intensas páginas. Retrata a las turinesas de su época como mujeres castigadas por la soledad, pero muy capaces de soportarla, obsesionadas como andaban siempre por la sastromodistitis y por no ir desgreñadas. En la semblanza Boxeo en Turín aparece el púgil Bonaglia, terrible marrullero que siempre iba al grano y golpeaba en la nuca y en los riñones y acabó de torturador fascista, bonito empleo. Y en El peatón de Turín hay una moderna redefinición del flâneur que, en tiempos de calles peligrosas, se ha transformado en "un metafísico inerme, con curiosidad por el crimen, pero inclinado a evitarlo". El conjunto es de una rara intensidad conmovida y parece próximo a grandes libros sobre ciudades, como Lisboa, de Cardoso Pires, o La forme d'une ville, de Julien Gracq. Al investigar dónde encontrar más obras del sabio turinés, he tropezado en las imágenes de Google con un Ceronetti que no me esperaba del todo: una mezcla de loco y de genio medieval. He decidido seguir leyéndolo, o investigándolo. Nacido en el 27, es poeta, filósofo, traductor, eterno articulista de La Stampa, dramaturgo, filólogo, marionetista. En Acantilado han publicado su ensayo sobre El cantar de los cantares y un libro del que llevaba años oyendo hablar, El silencio del cuerpo, traducción de J. A. González Sainz. Al cierre de esta edición, me cuentan que ese carnal y mítico libro es una obra tejida con reflexiones y lecturas sobre el cuerpo, con aforismos y fragmentos sencillamente formidables. Un amigo -supongo que para que salga disparado hacia mi librería habitual- me envía uno de esos aforismos, idóneo para antitaurinos: "Protejo a la vaca e incluso a la araña. Pero ¿y si te piden cuentas de los mosquitos? ¿De los microbios que involuntariamente matas?". Y luego me envía también este otro: "El arte está acabado desde que los artistas ya no tienen enfermedades venéreas". Salgo disparado.

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Guillermo Saccomanno, premio Seix Barral

2.09.2010

Guillermo Sacomanno. Fuente: letraviva

El escritor argentino Guillermo Saccomanno ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral con la novela El oficinista. El jurado estuvo integrado por José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Rosa Montero, Elena Ramírez y Ricardo Menéndez Salmón. Dicen que está deslumbrado y que, desde hacía años, no se sentían tan entusiasmados con un ganador. Lo cierto es que la simple referencias a sus influencias literarias (Ballard, Kafka, Dostoievski, Philip K. Dick, Gogol) han generado muchas expectativas para quienes, como yo, conocíamos su nombre pero no su obra. Lamentablemente, Saccomanno no pudo asistir a la ceremonias pues estaba reponiéndose de una meningoencefalitis en Buenos Aires. Silvina Friera en Página12 comenta extensamente la noticia:

El título, tan anodino y prometedor, atizó la llamita de la curiosidad desde el comienzo. Los miembros del jurado se quedaron “boquiabiertos” después de leer la “extraña” e “inquietante” El oficinista, de Guillermo Saccomanno, con la que acaba de ganar el premio Biblioteca Breve, dotado de 30 mil euros. Cuando relajaron las mandíbulas y cerraron la boca, aún bajo los efectos de la intensidad y originalidad del texto, no tuvieron que discutir el veredicto. Por unanimidad, entre los 414 manuscritos que concursaban, eligieron la novela del escritor argentino, presentada bajo el seudónimo de Calemo, que se publicará a fin de mes, en España y la Argentina, a través del sello Seix Barral. En el Museo Marítimo de Barcelona, durante la conferencia de prensa, Rosa Montero elevó el texto premiado a la categoría de “suceso literario” y garantizó que no dejará “indemne” a ningún lector porque contiene una “moral sumamente turbadora”. Dicen que nunca un jurado se mostró tan exaltado y contundente. El telón de fondo de la historia premiada es una ciudad arrasada por atentados guerrilleros, amenazada por hordas de hambrientos, niños asesinos y perros clonados. En esta urbe infernal, vigilada por helicópteros y bautizada con lluvia de ácido, se recorta el opaco y desencajado protagonista de la historia, un hombre dispuesto a la humillación con tal de conservar, con uñas y dientes, su trabajo. En este mundo absurdo, que responde a la lógica de la degradación del sujeto, el oficinista, un asesino en potencia, se enamora y se permite soñar con ser otro. Una pregunta sobrevuela por las páginas de esta novela, que encierra una antiutopía, un mundo Ballard, pero también Dostoievski: ¿de qué abyecciones es capaz un hombre por aferrarse a un sueño? Saccomanno, él mismo lo reconoce, ha incentivado el culto del “escritor salvaje” desde que se recluyó en Villa Gesell, hace más de veinte años, para desintoxicarse de la ciudad y del ambiente literario. Algún malintencionado podría sospechar que ese costado salvaje del flamante ganador se impuso y que por eso decidió no viajar a Barcelona a recibir el premio Biblioteca Breve, que han ganado nada más ni nada menos que Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Juan Marsé, Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes y Gioconda Belli, entre otros. Seguirá siendo un “buen salvaje” y empecinado, pero las razones de ese faltazo obedecen a un virus que suena a trabalenguas macabro. (...) Rodrigo Fresán recogió el premio en su nombre. “Es un libro extraño, en el mejor sentido de la palabra, pero coherente con la obra de Guillermo. No es un libro común, va a sorprender mucho”, anticipó Fresán, para quien los libros de Saccomanno “se pasean por muchos lados, son como postales”. (...)Aunque el ganador no pudo hacer declaraciones, en un texto de su autoría distribuido por la editorial Planeta, Saccomanno cuenta que escribió la primera versión de El oficinista en el verano de 2003, tan sólo en un mes. “Ignoraba que su proceso de corrección y ajuste me llevaría seis años”, admitía allí el flamante ganador del premio Biblioteca Breve. “Seis años en los que pasé por diferentes estados de ánimo. En todos fui el oficinista. Es cierto, lo fui alguna vez. Quizás ahora, al escribir, no tenía que observar tanto a los otros como a mí mismo. Si hay una clase que conozco y repudio es la clase media. La clase a la que pertenezco. Se define por su capacidad de sometimiento y traición. Una clase que, en su afán de trepada y con tal de no descender un peldaño en la escala social, se identifica con sus enemigos, los ricos. Es decir, el poder.” Saccomanno plantea que lo peor del poder es que “nos inficiona”. Después de despotricar contra la clase media, “tan prolija”, “tan capaz de canalladas cobardes”, se pregunta, en una vuelta de tuerca flaubertiana: “¿Acaso soy mejor tipo por ser escritor? El oficinista también soy yo”. [...] Ballard, Kafka, Dostoievski y Philip K. Dick son algunos de los nombres que lanzó el jurado como brújulas para orientar la atmósfera de la novela premiada. “Por la noche, cuando la city se apaga, en los umbrales de esas catedrales del dinero, bajo las recovas de una avenida y hasta en las cabinas de los cajeros automáticos, empieza a verse a los sin techo, aquellas y aquellos desgraciados pestilentes expulsados de un sistema en el que creyeron”, recuerda Saccomanno en su texto. “Más de una vez, mientras observaba este contrapunto macabro, me preguntaba cómo escribir sobre estos personajes, que quizá no sean tan diferentes en su degradación del Akaki Akákievich de El capote, de Gógol. O del hombre del subsuelo de Dostoievski. También, ¿por qué no?, Bartleby. ¿Y Samsa? También. Nada es casual: en un principio esta novela se llamaría La perspectiva Nevski. Porque ésta sería una novela rusa. Existencias desesperadas en un mundo absurdo que responde a una lógica: la destrucción del sujeto. En este sentido, al modo ruso, esta novela no es de amor, sino de la búsqueda de amor. Aunque suene cursi. Aunque el amor esté en extinción. Una novela de soledad. Si lo prefieren, una experiencia rusa. De hecho, el protagonista de esta novela es ‘tan ruso’.” Saccomanno tiene una gran obra que comienza a instalarse poco a poco en España. El año pasado obtuvo el primer reconocimiento internacional cuando 77, la tercera parte de su trilogía conformada por La lengua del malón (2003) y Un amor argentino (2004), ganó el prestigioso premio Dashiell Hammett a la mejor novela publicada en español en la Semana Negra de Gijón. Entonces, se tomó tres bourbon para festejar lo que consideraba una “grata sorpresa”, porque no se tenía mucha fe. Lo que más le importaba de ese premio es que lleva “el nombre de Hammett, un escritor que dijo ‘no’ en tiempos en que escasean los hombres que dicen ‘no’”. [...] Colaborador habitual de Página/12 y maestro de talleres literarios en los que se han fogueado varias generaciones, el escritor suele advertir que “son las escrituras las que tienen que establecer las discusiones”. Cuando se publique El oficinista, en breve, los lectores podrán disfrutar esa perturbadora, sobria, onírica e incluso profética novela que ha deslumbrado al jurado español.

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El Hablador 17, Ribeyro

12.22.2009
Julio Ramón Ribeyro. Serigrafía: Cecilia Podestá. Fuente: elmisteriodelaluz

El número 17 de la revista virtual El Hablador está en la red. Como siempre, aparecen las secciones de reseñas, de artículos críticos, de entrevistas, de debate, de ficción (poesía y cuento). De lo más destacable: la entrevista a Miguel Mota, uno de los responsable de los festejos por el centenario de Malcolm Lowry; también entrevistan a Rafael Cadenas, poeta venezolano ganador del Premio FIL 2009; el encuentro entre un gruppie colombiano y Pedro Lemebel; y un homenaje a Julio Ramón Ribeyro organizado por Christian Elguera, donde se le plantea una serie de preguntas a varios escritores (entre ellos Enrique Vila Matas, Alejandro Zambra y Carlos Calderón Fajardo) sobre la vigencia de Julio Ramón Ribeyro. Una coincidencia, pero también un justo desagravio contra el gran narrador peruano, atacado en un extraño homenaje por autores que, desde luego, no pueden compararse con los antes mencionados. Les dejo algunas respuestas de estos autores sobre Ribeyro:

sobre la vigencia de JRR:

Enrique Vila Matas: No estaba la obra tan vigente cuando Ribeyro vivía. Quiero decir que es ahora cuando más concuerda la obra de Ribeyro con el espíritu del tiempo. Apostó por un tipo de literatura que entonces aún no era plenamente bien vista en los ambientes literarios latinoamericanos: cuentista que mezclaba a Maupassant con Kafka; ensayista que –quizás arriesgo al decirlo– hacía autoficción. Mejor será decir autobiografía, en el sentido de que construía literariamente su diario, su vida. Es cierto que no fingía, pero construía sus verdades para el diario literario. Él mismo lo dice en La tentación del fracaso: "Literatura es afectación". Y explica que quien ha escogido para expresarse la literatura, y no la palabra (que es un medio natural) debe obedecer a las reglas del juego. De ahí que toda tentativa para parecer no ser afectado –lenguaje coloquial, monólogo interior- acabe convirtiéndose en una afección aún mayor. Era pues afectado. Y creo, además, que era más moderno de lo que supieron ver sus contemporáneos.

Carlos Calderon Fajardo: Porque el nunca escribió un cuento pensando que lo hacía en función a una época determinada, es decir, nunca se preocupó por pensar que sus libros estuvieran a tono con la moda o con los últimos experimentos narrativos. Por ejemplo, él estaba en Francia en pleno apogeo de la nueva novela francesa o de las novelas de Beckett, que seguía con mucho interés, pero a las cuales no les prestaba ninguna atención en el momento de escribir sus libros. A él le interesaba mucho más, o le bastaba, el mismo lo decía, “me basta Maupassant, Chejov y unas cuantas gotitas de Kafka”. El escribía en función de cosas que el tenía que decir. Por ejemplo, yo le observé que el cuarto tomo de la palabra del mudo me parecía no era del mismo nivel de los libros anteriores, y como tenía cierta confianza con él le dije, un poco atrevidamente, que de repente no publicase ese cuarto tomo, y el me respondió que no podía porque en ese tomo estaban los cuentos sobre su barrio, el de Santa Cruz, “Los relatos santacrucinos”. Decía que debían publicarse porque tenía que dejar constancia de ese lugar, que si no los publicaba ese tema iba a quedar en el olvido. Es decir, ese tipo de cosas era lo que lo preocupaba más que pensar si estaba al tono de los tiempos. Pensaba que la literatura era anacrónica, por eso no se preocupaba mayormente por experimentaciones de estilo, y escribía con un lenguaje muy posicional para decir lo que quería decir.

Alejandro Zambra: Porque tiene y tendrá lectores. Porque nadie escribe como escribía él. Hay algunos que escriben mejor, pero nadie escribe como escribía él.

principal aporte de su obra:

Enrique Vila Matas: Introdujo al héroe solitario, aislado, al hombre que se asoma a una realidad que le resulta extraña y totalmente insoportable. Pero su principal aporte está todavía por ver. El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que era, por ejemplo, un cuentista formidable. Sin ir más lejos: de la misma categoría que John Cheever, lo que ya es decir.

Carlos Calderon Fajardo: Es difícil de poderlo responder, él nunca se preocupó porque su literatura fuese conocida o ampliamente conocida. Recuerdo la anécdota con Feltrinelli, el editor más importante de Italia. Bryce consiguió que Feltrinelli visitara la casa de Ribeyro para conversar sobre las posibilidades de la traducción de su obra al italiano. Alina Cordero, la esposa de Julio Ramón, organizo una comida en la casa para la una de la tarde, pero ya eran como las tres y Ribeyro no llegaba, entonces Feltrinelli dijo que se tenía que ir y se retiró. Lo que realmente ocurrió fue que Julio Ramón estaba en el bar de la esquina, viendo que este editor se fuera para regresar a su casa. No le habría importado o sería timidez, pero en ese momento se había perdido la oportunidad de que Ribeyro fuera conocido en Italia. Ahora, él probablemente no hubiera sido conocido en América Latina como lo es ahora si no hubiera sido por Alfredo Bryce. Él se preocupó mucho porque fuera publicado por Seix Barral, pero Julio Ramón nunca hizo ningún esfuerzo, nunca. Además, como él no apareció cuando debió haber aparecido, cuando posteriormente fue ya leído en el mundo de habla hispana, habían pasado el boom, Rulfo, Onetti, y una serie de grandes cuentistas latinoamericanos, y su obra no fue justipreciada como un aporte para la literatura latinoamericana.

Alejandro Zambra: Diez o veinte cuentos magistrales.


cuál es el mejor Ribeyro:

Enrique Vila Matas: Es una injusticia que a un escritor que creó un estilo propio queramos verlo por separado. El de los diarios está muy conectado al fragmentario, y el fragmentario está conectado al escritor que aspira a la totalidad, que es el del excepcional texto dedicado a su biografía de fumador.

Carlos Calderon Fajardo: Ribeyro tenía una virtud que pocas personas tienen, que la tienen por ejemplo Hinostroza, Cisneros en poesía, la tenía Tolstoi, y era que todo lo que escribía era casi todo bueno, o lo poco que no es muy bueno es bastante bueno. Donde más bien sí flaquea un poco es en novela, aunque eso también es discutible. Por ejemplo, hay gente que piensa que Los geniecillos dominicales ha sido mal valorada, pero donde hay un absoluto acuerdo es que Crónicas de San Gabriel es una gran novela, que debería ser más estudiada, y que fue publicada antes de La ciudad y los perros. Es decir, La ciudad y los perros no fue la primera gran novela moderna, claro ya estaba Arguedas obviamente, pero entre Arguedas y Vargas Llosa está esa novela de Ribeyro. Ahora, la vertiente fantástica es excelente, la urbana también. En los diarios habría que ver la obra completa, porque faltan, creo, uno o dos tomos por publicar; lo que hay me aparece interesante porque Julio Ramón introduce dentro de la narrativa peruana la dimensión de la intimidad, el diario como género que antes no había existido; claro que antes han habido algunos diarios en nuestra literatura, como el de Juan de Arona, pero no con la calidad de Ribeyro, quien da un salto cualitativo, es decir, el escritor deja de ser un testigo de la vida social para ser un testigo de su vida íntima. Él también apreciaba la crítica, allí está La caza sutil; creía además que en Prosas apátridas y Dichos de Luder estaba concentrado su máximo aporte, pero yo creo que su máximo aporte es el cuento.

Alejandro Zambra: No sé, me cuesta decidirlo. Entré a Ribeyro por La tentación del fracaso y Prosas apátridas y me gustan esas bellas cartas que escribía a su hermano, pero en su obra de ficción hay momentos buenísimos también.

imagen del autor:

Enrique Vila Matas: No creo que construyera conscientemente una imagen de sí mismo, porque se buscaba a sí mismo. Pero involuntariamente fue creando la imagen de alguien distinto a lo que él llamaba “los nuevos ricos” de la literatura latinoamericana. Creó, sin quererlo, la imagen de un autor peruano que oponía al esplendor de los triunfadores la crónica mínima e intensa de los hechos comunes y pequeños que vivía un escritor triste en París, en el fondo siempre en el Perú que no había podido jamás dejar.

Carlos Calderon Fajardo: Yo creo que él era escéptico en relación con unas cosas, pero no con otras. Y esto por una razón fundamental: Una persona que escribió los cuentos que escribió, con una gran humanidad, difícilmente pudo haber sido ser escéptica en su relación con la vida; de ser así, sus cuentos hubieran sido terribles, retorcidos, negativos. Es cierto que el personaje principal de sus cuentos es el fracasado, pero desde una mirada comprensiva. Pero tal vez tenía un cierto escepticismo sobre las relaciones humanas, aunque parezca mentira. Sobre la vida en general parecía que no tenia escepticismo, pero sobre las relaciones humanas sí. Hay una famosa frase de él que dice: “Cada vez me convenzo mas de lo mezquino, lo cruel, del ser humano”. Sobre todo, era relativamente escéptico en relación con el Perú. Sería motivo de estudiar si esa frase de Vargas Llosa, “¿En que momento se jodió el Perú?”, no estaría implícita en todos los cuentos de Ribeyro: “¿En que momento fracasó el Perú?” Y él era escéptico en la posibilidad de que ningún tipo de gobierno político, ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro, ni ninguno de los presidentes que hubo ni los que podían venir, podrían solucionar el problema del país. Tampoco era una persona que no gustase de la vida. Le gustaba comer, tomar, fumar, platicar, los amigos. No era ni como Cioran o como Onetti que se encerraban, todo lo contrario, era una persona muy sociable, pero seleccionaba mucho a las personas con las que se relacionaba. Era, además, muy gracioso, con un humor negro terrible. Gozaba mucho de la vida. Le gustaba la playa, nadar, beber buen vino, los cigarrillos. Era una persona que le daba mucha importancia a la cortesía, a las maneras, al trato. Le molestaba mucho la grosería, el mal comportamiento, era delicado en su trato, tal vez por cuestiones familiares, sociales. Era, por decirlo de alguna manera, un aristócrata del espíritu, de gustos refinados: la música, la pintura. Sobre su diario, el título siempre me fue enigmático, porque el título debería haber sido, lógicamente, La tentación del éxito. Él nunca fue un fracasado, nunca dijo, por ejemplo, esta terrible frase de Arguedas: “que vivió en vano”. Se sabía un gran cuentista, y estaba seguro que iba a pasar a la posteridad, porque hay algunos que dudan. Podría tratarse de la tentación de sentirse atraído por el fracaso.

Alejandro Zambra: Vivía para escribir. Como Flaubert. Y practicó una escritura íntima que pasa por estados muy diversos. No creo que su figura pueda quedarse solamente en uno de esos estados, en esos disfraces.

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Herralde no se va

9.30.2009
Jorge Herralde y sus 40 años. Fuente: elpaís

Cada cierto tiempo, a Jorge Herralde se le pregunta sobre cuándo se jubilará, a quién le dejará el grupo, etc. Es ya casi una tradición catalana. Ahora que la editorial ha cumplido, en medio de festines, seminarios, invitaciones y exposiciones, 40 años, la pregunta se ha vuelto aún más constante. Ayer contestó tajantemente: "Solo me jubilará la biología". Pero seguro tendrá que buscar más respuestas para las mismas preguntas.

Anagrama tiene un fondo de casi 3.000 títulos y nueve colecciones, entre las que Panorama de Narrativas (a la que el viejo patriarca de Planeta, José Manuel Lara Hernández, calificó de "peste amarilla") y Narrativas Hispánicas van como un tiro. Herralde ha impuesto modas: los franceses, los italianos, los anglosajones y desde hace unos años los latinoamericanos. Tiene también dos premios, el Anagrama de ensayo y el Herralde de novela. "Los dos son muy veteranos y sirven para descubrir nuevos autores". El 40% de la facturación de Anagrama corresponde a libros de fondo. "Hemos tenido algunos best sellers, como El dios de las pequeñas cosas y Los girasoles ciegos. Pero lo nuestro son los long sellers, como Nabokov, Capote o Kerouac". "Una de las características de los editores independientes es que apostamos por el fracaso, aunque a veces nos llevamos sorpresas. A mí me ha pasado con Patrick Modiano. Fue publicado por buenas editoriales y tuvo buenas críticas, pero pasó sin pena ni gloria. Leí Un pedigrí y me gustó mucho y lo publiqué aun sabiendo que no vendería. De la siguiente, En el café de la juventud perdida, vendimos 12.000".

Sobre su jubilación dijo:

Con 75 novedades al año (auténtico numerus clausus), más otros 40 en bolsillo, Herralde ve con tranquilidad a Anagrama. "Sólo me jubilará la biología y de momento no está por la labor. La sucesión editorial es particularmente difícil, pero puede ocurrir, como en Planeta, Gallimard o Feltrinelli. Mi futuro lo veo muy bien. Estoy desde hace 30 años con Lali Gubern y ella lleva 20 trabajando conmigo. Cuando yo no esté ella se hará cargo de Anagrama y decidirá sobre las posibles opciones: venta, alianza...".

Y sobre la pérdida de algunos de sus autores, como Enrique Vila Matas, aclaró:

El número de los que se han ido es minúsculo. Unos, porque han recibido mejores ofertas y otros, porque lo ha decidido el editor, para dejar sitio a otros. Es humano que oigan los cantos de sirena de los grandes grupos azuzados por determinados agentes literarios. Se ofrecen anticipos que no son reales. A veces se paga el doble de lo que se venderá. Es dumping, vender algo a precio inferior a su precio de coste".

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La Dublinesca de Enrique Vila Matas

9.24.2009
Enrique Vila Matas en Barcelona. Fuente: elmundo

En un traspaso editorial más comentado que el de Cristiano Ronaldo a las filas del Real Madrid, Enrique Vila Matas abandona el sello de toda la vida, Anagrama, un sello que sin duda está cortado a su justa medida (siendo jurado por varios años del premio Herralde, además de ganador del mismo) para pasarse a Seix Barral. Aún la sorpresa de verlo con una camiseta distinta no se esfuma, pero la novela que publicará con Seix Barral ya es un hecho (se editará en marzo del 2010). Se llamará Dublinescas y habló de ella para "El Mundo":

¿Cómo será la trama de 'Dublinesca'?
R. Es un libro sobre alguien que tiene un sueño premonitorio y apocalíptico que ocurre en Dublín. Por eso, anunciará su viaje a la capital irlandesa. Una vez ahí, la novela transita y muestra los sentimientos de ese sueño, dentro de una atmósfera relacionada con la ciudad que ha visto pasar la cumbre de la literatura desde la era de la imprenta.
Será una especie de paseo por el puente que uniría esa cumbre -representada por el 'Ulises' de Joyce-, con su posterior descenso: la figura y obra de Samuel Beckett. Al mismo tiempo, actuará como comentario y observación a la etapa de transición entre la era Guttenberg y la era digital, que es la época en la que hoy vivimos.

¿Qué novedades hay respecto a sus obras anteriores?
R. Quizás es la primera vez en que una de mis novelas está calculada para que tenga una gran diversidad de lecturas; aspira a dar mucha libertad al lector. Me gustaría que sus tramas internas permanecieran ocultas hasta el mes de marzo, aunque creo que jamás sabré contarla ni siquiera yo mismo: para mí es la tipica historia que sólo se puede conocer una vez la has leído. Por otra parte, creo que jamás podría resumirse en dos segundos, ni leerse de un tirón. Sin ser difícil, está concebida para ser leída con detenimiento y concentrarse en cómo avanza la acción.

¿Cómo se siente al escribir después de tantos años?
R. Es complicado. A veces uno se pregunta: '¿Qué hago yo en mi casa tratando de escribir bien esta página durante las últimas cinco horas?, ¿cómo es posible que siga interesado en esto?' Pero lo necesito. Escribir forma parte de mi realidad. Incluso me ayuda a pasar el tiempo. Es algo que está ahí, que siempre estará, y que siempre tendré conmigo. En última instancia escribo, como diría Borges, aunque sólo sea para 'justificar toda mi vida con un trabajo bien hecho.'

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Adiós "Dietario Voluble"

7.01.2009
Enrique Vila Matas. Fuente: tareas de lectura

Como si la despedida bloggera de Jean Francoise Fogel no fuera suficiente pena, el domingo pasado Enrique Vila Matas publicó su último "Dietario Voluble" en la edición catalana de El País. Una semana antes había anticipado el alejamiento:

Penúltimo dietario de una exhaustiva temporada de 185 semanas que llega el próximo domingo a su final. La vida, en cualquier caso, de no mediar una catástrofe que nunca se puede descartar, continuará. Y el dietario -voluble también hasta en los días en los que su registro parece estable- regresará al silencio del que procede, volverá a ese ambiente de intimidad tan propio del diario secreto. En su nueva atmósfera, el dietario forzosamente cambiará de tono y si hasta ahora, por dirigirse al lector de prensa diaria, se había ocupado esencialmente de asuntos públicos -de ahí que hablara de la vida y obra de los otros y casi nada del dietarista, cuya biografía, para colmo, era inventada-, pasará a concentrarse en cuestiones más privadas y, libre de las exigencias de lo que está destinado a ser editado, puede que vaya asemejándose a las fluctuaciones de mi pensamiento y me acerque a una libertad no conocida desde hace tiempo: una escritura pensada, no escrita; una vuelta a los orígenes, a cuando estaba muy concentrado y no había escrito un solo dietario. Y aunque obviamente, siendo secreto, no es necesario que vaya firmado, me imagino ese diario mental bajo la rúbrica de un seudónimo. Una máscara siempre da mucha tranquilidad, y hasta quizá permita llevar las cosas al sótano frío de mi más fría personalidad desconocida. Aunque quién sabe si a la larga no será como aquello que decía Eliot de traducir: otro camino de ser uno mismo.

El último "Dietario Voluble", publicado el domingo pasado, está destinado al miedo. Dice: "En la vida, igual que en la literatura, no se descubre tierra nueva sin acceder a perder de vista primeramente, y por largo tiempo, toda costa. Voy pensando que en la vida cuentan únicamente los que no temen la alta mar y van más allá de Llavaneres y, lanzándose hacia lo desconocido, entran, como nosotros ahora, en esta calle barrida por el viento, en esta estrecha calle de casas no numeradas que llaman Little Big Horn."

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Vila Matas sobre Chejfec

6.08.2009
Sergio Chejfec. Fuente: diario perfil

Enrique Vila Matas sigue comentando escritores latinoamericanos. Como antes lo hizo con Enrique Prochazka o Ricardo Sumalavia hoy presenta al mundo español (porque en América Latina tiene un prestigio sólido aunque minoritario) al argentino Sergio Chejfec a partir de su libro Mis dos mundos (Candaya). Dice en el "Dietario voluble":

(...) este escritor [Sergio Chejfec] es alguien a quien no le cuadra bien la palabra novelista, porque él en realidad crea artefactos, pensamiento narrado antes que novelas. En Mis dos mundos, por ejemplo, nos recuerda que hay novelas con historias, pero también novelas como la suya, que no son tan ortodoxas, aunque contienen también historias. La que se cuenta en Mis dos mundos (Candaya) no es fácil de sintetizar, pero digamos que es la historia de un escritor que, a punto de cumplir los 50 años, y probablemente debido a esta fecha crucial, quisiera convertirse en un no escritor. Esto lo sabremos cerca del final, aunque es una ilusión que organiza el relato: la historia de un escritor que está visitando una ciudad del Brasil y, mientras recorre su parque más emblemático, ve en ese gran espacio medio abandonado (incluyendo las barcas con forma de cisne o las aves cautivas) señales de su propia condición incompleta y una prueba cósmica de que cualquier autenticidad es imposible y de que "así como uno no elige el momento en que va a nacer, también ignora los mundos variables que va a habitar". La caminata ocupa casi todo el libro. Es un paseo cargado de frases que disuelven -algunas de forma asombrosa- el sentido de frases que han aparecido páginas atrás. Allí donde el narrador (cuyos dos mundos parecen confundirse tanto como en ocasiones se mezclan en el libro el estilo ensayístico con el narrativo) vacila y duda sobre lo que está narrando, o bien se pregunta cómo hacerlo, Chejfec, en el fondo, no se lo pregunta jamás. Es más, está entre quienes dominan con mayor maestría tanto el arte de la digresión como el de la narración en la literatura actual. Ante Chejfec, en una primera impresión recordamos a muchos autores admirados, y en un segundo momento -más sólido y perdurable en el tiempo- advertimos de que no se parece a nadie y que ha elegido un camino insólito, único, muy diferenciado, que tarda en distinguirse a causa de las exigentes y muy personales búsquedas que el propio autor realiza en su narrativa. (...) Chejfec -muy injustamente poco conocido entre nosotros- destaca entre los novelistas que de un tiempo a esta parte vienen esforzándose por traducir sus historias al pensamiento narrado, género del que, aun no sabiéndose mucho, se sabe al menos que escapa con inteligencia ensayística de la corriente de aire limitado de los grandes novelistas con tendencia obtusa al desfile cinematográfico de las cosas. ¿He calificado de obtusa a esa tendencia? Voy bien. Perfecto. Veo que afortunadamente sigo paseando -como el discreto héroe de Mis dos mundos- a la deriva.

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Los noveles 34

5.25.2009
Fuente: los noveles

Salvador Luis está en Lima, aunque encontrarse con él es más difícil que conseguir una Audiencia con el Papa o con los Jonas Brothers, y desde aquí lanza a órbita el número 34 de su revista virtual Los Noveles. Poesía y ficción, como siempre (destaca un texto de la peruana Margarita Saona) y, por supuesto, las columnas de sus invitados oficiales. Entre ellos, Rebeca Yanke, mi favorita, que esta vez está dedicada a la escritora Elvira Navarro. Va así:

Dice de sí misma que es tímida y lenta, y esto termina de sostener que Enrique Vila-Matas diga que su obra recuerda a Satie. Si también se recuerda que el escritor catalán suele decir que él es Erik Satie, como todo el mundo, se llega velozmente, felizmente, a la siguiente conclusión: estamos entrando en una fiesta. Lo que Enrique Vila-Matas no sabe, porque Elvira Navarro es (o era) una mujer un tanto tímida, es que el día que escribió sobre ella en El País era su cumpleaños, el de ella, el de Erik Satie; el de todos. La festejada narra su asombro con pocas palabras, las resume en un gesto, en la boca una O, mayúscula. Hay que contarle una anécdota para que no se sienta sola en la sorpresa, para que recuerde que forma parte, por derecho propio, del Club Secreto de Perec. En una entrevista salvaje, Vila-Matas contó su primer encuentro con Roberto Bolaño, cuando el chileno ya era uno de los suyos pero aún no se habían conocido. La O de Bolaño fue aún mayor, porque dijo: Ostia, Vila-Matas. La causa de todo lo bello al final siempre es la misma: un desconcierto inquietante y hermoso hacia el Adentro. Así describe Elvira su intrahistoria invernal: “Conecté con sentimientos fuertes”.

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40 años de Anagrama en NY

5.07.2009
Mesa redonda en el Cervantes. Fuente: flickr.


Enrique Vila Matas, Francisco Goldman, AM Homes, Eduardo Lago, Jorge Herralde, Siri Hustevd, Paul Auster, Daniel Sada. Fuente: anagrama


La editorial Anagrama celebró 40 años y lo hizo con impecable estilo: con una mesa redonda en el Instituto Cervantes de Nueva York aprovechando el encuentro literario del PEN Club. Si uno no puede celebrar sus 40 años en Nueva York ¿para qué celebrarlos? (eso es lo que le dije a todo el mundo el año pasado cuando quisieron ir a mi casa y yo no les abrí la puerta). Con Eduardo Lago como anfitrión, la mesa estuvo compuesta por extraordinarios escritores y amigos de la editorial, además del mismo Jorge Herralde. Los presentes: Daniel Sada, el último premio Herralde, Enrique Vila Matas, Paul Auster, Siri Hustvedt, A.M. Homes y Francisco Goldman. Luego, siguiendo el ritmo de la ciudad, se les vio internándose a todos por calles pequeñas y de casas con ladrillos, casi en blanco y negro, mientras detrás sobre ellos sonaba algo de Django Reinhardt. Podía ser una película de Woody Allen. O, por qué no, el comienzo de una novela de Paul Auster. Habría que ver cómo terminó la noche para saberlo.

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El talento del lector

4.23.2009
Nigel Parry / CPI for Newsweek

Probablemente, todo escritor que realmente haya llegado a este oficio por los motivos adecuados estará dispuesto a sentirse más orgulloso, como quería Borges, de sus lecturas que de sus libros. Ayer, en un colegio limeño, ofrecí una conferencia sobre la lectura. Me hubiera gustado leer antes esta crónica, que por el Día del Libro publica hoy Enrique Vila Matas, sobre el talento del lector para comentarla con los alumnos. Un bello homenaje al libro.

En pleno ensueño de las hipotecas y del becerro de oro de la novela gótica, se forjó la estúpida leyenda del lector pasivo. La caída del monstruo está dando paso a la reaparición del lector con talento y se replantean los términos del contrato moral entre autor y público. Respiran de nuevo los escritores que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente a la suya propia. Si se exige talento a un escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen tolerancia, espíritu libre, capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas. Como dice Vilém Vok, no es tan sencillo sentir el mundo como lo sintió Kafka, un mundo en el que se niega el movimiento y resulta imposible siquiera ir de un poblado a otro. Las mismas habilidades que se necesitan para escribir se necesitan para leer. Los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en estos la confirmación de que el mundo es como lo ven ellos. Los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores. Vuelve el lector con talento.

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Vila Matas sobre Sumalavia

4.14.2009
Ricardo Sumalavia. Fuente: harrycañariatoche

Hace unos años, Enrique Vila Matas comentó sobre el escritor peruano Enrique Prochazka (un nombre que le pareció el de un oscuro futbolista polaco) a partir de un comentario de Prochazka en el blog de Gustavo Faverón. Y ahora, luego de un encuentor muy vilasmatiano en Burdeos, el narrador español comenta sobre el querido corresponsal en Francia de Moleskine -aunque pésimo fotógrafo, insisto- Ricardo Sumalavia. En el artículo también comenta elogiosamente la novela de Ricardo, Que la tierra te sea leve (Bruguera) que en mayo será motivo de una mesa redonda en la PUCP -con presencia de Ricardo- de la que ya les comentaré en su momento. Aquí el Dietario Voluble de esta semana:

Ricardo Sumalavia salió hace unos días de su casa de Burdeos dispuesto a hacer unas compras. Era una mañana soleada de principios de este abril. Sumalavia parece un buen apodo para alguien que quiera ser orador, conferenciante: suma labia. Le habría encantado ese apellido a Ramón Gómez de la Serna, estoy seguro. Pero Sumalavia, joven escritor peruano que vive en Burdeos, no quiere ser orador ni conferenciante. Es tímido y con mucho sentido del humor. Vivió en Corea del Sur y después fue a Burdeos a pasar unos meses y se va quedando ahí desde hace unos años. Como voy mucho a Burdeos (tres veces en los últimos cuatro meses; no entiendo por qué voy tanto), siempre acabo encontrándomelo. Cuentista de estilo muy personal, no hace mucho publicó su primera novela, Que te sea leve la tierra, buen libro sobre búsquedas y sobre lo mucho que dependemos de los otros para saber quiénes somos, aunque nunca, de todos modos, acabamos sabiéndolo. Sumalavia salió de su casa de Burdeos en la mañana soleada y caminaba hacia el bar de la esquina para tomarse un café cuando se le acercó un señor en zapatillas y con unos bigotes completamente de otra época y le preguntó por dónde se iba a Bayona. El escritor trató de recordar el nombre de alguna calle o avenida con ese nombre, pero el señor de los bigotes no tenía cara de preguntar por una calle. "Pero usted va a pie y nosotros estamos en Burdeos, a más de 200 kilómetros de Bayona", le advirtió Sumalavia. "No es problema", respondió el hombre que iba en zapatillas. El peruano le explicó entonces cómo salir de la ciudad, y poco después el hombre comenzaba su larga marcha a pie hacia Bayona. A aquella misma hora, llegaba yo en avión de Air-France a Burdeos, donde debía ayudar por la tarde en la ceremonia de presentación de Llámame Brooklyn, de Eduardo Lago, en su traducción francesa. El taxista que me vino a buscar resultó ser coreano, lo que me hizo pensar en Sumalavia, que había vivido en ese país durante tiempo. El coreano era tan charlatán como entrometido y quiso saber todo sobre mí, quiso saber en qué trabajaba, cuántos hijos tenía, cuál era mi ciudad preferida (Burdeos le dije), si a mi mujer no le molestab si a mi mujer no le molestaba que viajara tanto, etcétera. "Lo que está muy bien es Bayona", acabó diciéndome. Por la tarde, en la presentación de Apelle-moi Brooklyn, apareció Sumalavia y descubrimos que habíamos llevado vidas paralelas durante la mañana. A la hora del coloquio, como es habitual, nadie quería preguntar nada. Una señora finalmente pidió la palabra. -¿Le gusta Goya? -me preguntó. Parece una pregunta normal, pero no lo es. Aceptemos que Goya vivió muchos años exiliado en Burdeos y que su casa estaba frente a la de otro exiliado español ilustre, Moratín. Un catalán en Burdeos no puede ignorar que Goya estuvo allí y que aún conservan la casa del pintor, un caserón muy cercano a la gran librería Mollat. Pero de eso a tener que opinar acerca de Goya hay un gran trecho, me parece. Gabastou, el traductor del libro de Eduardo Lago, viendo mi estupor e indecisión -me había quedado con la boca abierta-, contestó por mí y dijo que a esa hora de la tarde siempre dejaba de tener cualquier tipo de opinión sobre lo que fuera. No quería dar la impresión de que me había quedado mudo y me acordé de que, antes de partir por tercera vez en cuatro meses a Burdeos, el amigo Jordi Llovet me había preguntado si aún podía verse allí la casa en la que vivió en 1802 el poeta Hölderlin, que había ido a esa ciudad para trabajar de preceptor y un día, de improviso, se había marchado de ella a pie. Como siempre que iba a Burdeos veía sólo el caserón de Goya, me dio una gran alegría saber que había otras casas que ver en esa ciudad. Me acordé de todo eso y le devolví la pregunta a la señora. -¿A usted le gusta Hölderlin? Habría querido añadir que parecía una costumbre de la ciudad marcharse a pie de ella, pero callé. De inmediato, se levantó una mano entre el público. Había un señor de origen alemán, Dominique Fritsch, que estaba entusiasmado de poder hablarme de Hölderlin en Burdeos y se puso a contar, entre otras cosas, que el poeta no sólo se fue de la ciudad a pie, sino también llegó a pie y fue en ese viaje cuando por primera vez en su vida vio el mar. Fue a Burdeos para trabajar de preceptor en casa de Meyer, el cónsul de Hamburgo, pero desde el primer momento se mostró algo esquivo y taciturno, tal vez porque apuntaban ya los primeros signos de su locura. Dejó escrito un poema, Andenken (Un recuerdo), en el que evocaba su paso por la ciudad y que, si quería leer, encontraría en la bella edición que había preparado el poeta bordelés Jean-Paul Michel para la editorial William Blake and Co.A la mañana siguiente, siguiendo las instrucciones de Monsieur Fritsch, vi con Sumalavia, en el centro de la ciudad, la perfectamente bien conservada gran casa del cónsul de Hamburgo en la que vivió Hölderlin. Hoy, el lugar donde residió Hölderlin es una oficina de Air-France, precisamente la compañía que me había trasladado hasta allí. Inútil me pareció buscar alguna huelletas de embarque y las ofertas de vuelos a la Martinica. Estábamos bromeando con Sumalavia sobre si no se nos aparecería un señor de anticuado bigote preguntándonos cómo ir a pie hasta Bayona cuando una muchacha cruzó la calle para preguntarnos si conocíamos al doctor Goya. Pasado el momento de profunda sorpresa, a Sumalavia se le ocurrió que preguntara en el Ayuntamiento, donde tenían una lista de todos los servicios médicos por barrio. "Buena idea, gracias", dijo. Nos despedimos de ella y después me despedí de Sumalavia, porque tenía que coger mi avión de vuelta. Cuando miramos atrás para ver qué hacía la muchacha, vimos con cierto terror que no se había movido ni un centímetro de donde la habíamos dejado.

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Eduardo Lago en francés (y yo también)

4.08.2009
Enrique Vila Matas, André Gabastou (traductor), Eduardo Lago y Claire Julliard. Foto: Ricardo Sumalavia

Ricardo Sumalavia es un estupendo amigo, un gran escritor, un atento corresponsal desde Burdeos, pero es un pésimo fotógrafo. Eso es un hecho. De todos modos, coloco aquí esta oscura foto tomada por Ricardo para celebrar esta reunión de buenos amigos: Enrique Vila Matas presentando el libro de Eduardo Lago, Llámame Brooklyn, traducido al francés por la delicada editorial Stock (aquella que hace varios años publicó la novela de Mario Bellatin Salón de belleza y la llevó hasta ser finalista del Medicis a mejor novela extranjera). La reunión se llevó a cabo en el contexto de la Escale du Livre de Bordeaux.

Por cierto, también a mí me editarán en francés. Un lugar llamado Oreja de perro ha sido contratada por Gallimard. Con eso, esa novela tan triste y que emocionalmente me costó tanto escribir, ha sido cobijada por las dos editoriales más prestigiosas en su respectivo idioma. Nada mal ¿verdad? Ojalá tenga oportunidad de presentarla en Burdeos junto a Ricardo, y también en París por supuesto. Curioso: el año pasado fui a París del brazo de una ex-novia. Al regresar, pensé que difícilmente volvería alguna vez a esa ciudad donde fui tan ilusoriamente feliz. Sin embargo, el destino me ha dado otra oportunidad al enviarme a Francia del brazo de mi novela. La vida nunca es bella ni fea sino original, dijo Italo Svevo. Hace meses jamás iba a imaginarme que terminaría diciendo (definitivamente no como Humphrey Bogart en Casablanca sino como Woody Allen en Hollywood Ending): "Thank God the French exist".

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Encuentro en NY

3.26.2009
Metro NY. Fuente: hotelenny

Ya apareció el calendario on line del PEN World Voices Festival of International Literatura que se llevará a cabo, con más de 160 autores invitados, en la sede del PEN Club en Nueva York. El tema en esta ocasión será Revolución/Evolución. Desde el 27 de abril hasta el 3 de mayo, autores de diversos países participarán en mesas redondas, ponencias, conversaciones, presentaciones. Y todo ello matizado con noches de cabaret en la que se presentará, entre otros músicas, el mítico Lou Reed. La lista completa de participantes está aquí.

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Vila Matas, premio Mondello

Enrique Vila Matas. Fuente: iblnews

Un premio más para Enrique Vila Matas. La traducción de Doctor Pasavento al italiano acaba de recibir el prestigioso 35º Premio Mondello-Ciudad de Palermo. Antes de él, lo habían ganado solo dos españoles: Javier Marías y Bernardo Atxaga. El premio será entregado el 5 de junio. Dice la nota:

Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), ha obtenido el galardón especial del jurado del 35º Premio Mondello-Ciudad de Palermo, uno de los más prestigiosos de Italia. La historia del personaje obsesionado por seguir el destino de Robert Walser hasta el extremo de adoptar su estrategia de ir desapareciendo muestra, según el jurado, "una vasta, provocadora y personalísima obra narrativa, intimista y experimental, elegante y descarada, un auténtico fenómeno de absoluta originalidad en la literatura española actual". Doctor Pasavento logra así su tercer reconocimiento, tras el premio Fernando Lara de novela y el de la Real Academia de la Lengua de 2006.

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Gesualdo Bufalino por Vila Matas

3.16.2009
Gesualdo Bufalino. Fuente: zam.it

Lo mejor que he leído este fin de semana: la semblanza que hace Enrique Vila Matas en "Babelia" a ese escritor enorme, enormísimo, que fue el italiano Gesualdo Bufalino. Como muchos saben, Bufalino fue descubierto cuando era un maestro jubilado pasados los 50 años, por Leonardo Sciascia. Luego de leer unos párrafos suyos en un libro de fotografías de Comiso, le pidió algo escrito. Bufalino le mandó su novela inédita, escrita décadas atrás, tiulada Perorata del apestado. Pero lo hizo con una advertencia:

Le puede prestar el manuscrito, dice don Gesualdo, pero desaconseja por completo su publicación. Y a la pregunta de Sciascia de por qué tantos secretos y problemas, dice que considera que existen escrituras morales que se deben hacer públicas, pero que ése no es precisamente el caso de su Perorata, novela que le parece simplemente una operación de baja lujuria, una especie de interminable y falsificado chisme sobre sí mismo, destinada, por tanto, a una utilización estrictamente privada. Asegura además el profesor Bufalino sufrir lo público como si fuera un baldón, un sentirse "tan desnudo y humillado como si estuviera delante de una uniformada comisión médica militar". Y a todos esos penares les da el nombre de síndrome de Wakefield, tomado de aquel personaje de Hawthorne que abandonó su propia casa para irse a vivir a la de enfrente y espiar desde allí -invisible y cabe suponer que dichoso- la vida de su propio hogar. A ese síndrome de Wakefield, dice don Gesualdo, habría que añadirle un completo rechazo del sentimiento de protagonismo y una gran pasión por perder siempre en todo. Hasta en el ajedrez -al que ha jugado desde niño- prefiere adscribirse al llamado juego del autómata, que consiste en obligar al contrincante a vencer a pesar suyo.

La novela se publicó, con enorme éxito de ventas en Italia. Luego se traduciría a decenas de idiomas, entre ellos el castellano (Anagrama en España y Norma en Colombia). No fue tan vendedor en castellano, según me decepcioné después. Vila Matas cuenta su primera lectura:

Recuerdo haber leído Perorata hacia 1983, en Mallorca, en una casa junto a un parque que no tenía, por cierto, nada de glacial. La leí en un verano muy caluroso y en la histórica primera edición de Anagrama, en la valiosa traducción de Joaquim Jordà, que debió de luchar a fondo con las dificultades de trasladar al castellano el brillante estilo barroco del autor; un estilo que da tenso cobijo a una historia de fragilidad, enfermedad, delirio y muerte: "Sólo por esto yo me había salvado de la guadaña: para prestar testimonio, cuando no delación, de una retórica y de una piedad. Aunque ya supiera entonces que preferiría permanecer callado y llevar a lo largo de los años mi perorata al seguro debajo de la lengua, como un óvulo de reserva...". Esta historia de fragilidad y miseria mortal surge de la experiencia autobiográfica de Bufalino en un sanatorio de Palermo en los años cuarenta, después de la guerra, cuando la tuberculosis mataba como en el siglo XIX. Es cierto que Thomas Mann había tratado el tema, pero la experiencia vital de Bufalino fue radicalmente distinta. Destaca en el libro la paradójica exuberancia de la voz terminal que narra y la emocionada inteligencia con la que son tratadas la degradación de la vida y de la historia, la curación vivida como culpa y deserción, y el mundo visto como un sanatorio que sería tanto un lugar de amparo y de hechizo como el eco siniestro de la desdicha más infinita.

El éxito en Italia hizo que se destapará la olla Bufalino. A Perorata del apestado le siguieron una serie de novelas, cada vez mejores (o de la misma calidad, que ya es demasiado), incluyendo sus aforismos (El Malpensante, libro de culto e imperdible) hasta llegar a esa genialidad divertidísima titulada Tomasso y el fotógrafo ciego. Pero la celebridad le cobró caro al escéptico don Gesualdo. Así reflexiona Vila Matas a raíz de ese malentendido que es la fama literaria:

(...) la literatura es una sinfonía de cuervos, hoy perdidos en el mafioso centro de la selva fúnebre de su industria. Con tal estado de cosas, nada tan comprensible como un escritor de gran talento anunciando la semana pasada que se va: "Fui atrapado por todo este engranaje editorial, por todo este mundo que no podía imaginar cuando publiqué mi primer libro". La reciente decisión de Lobo Antunes me recordó el día en que Bufalino, tras haber publicado varios libros después de Perorata, decidió regresar al silencio y habló del paisanaje cargante que había visto circular por la pista de su aventura siniestra. "No quiero seguir entre esos miserables, esa gente es terrible", afirmó después de que se armara en Italia un ingrato conflicto por un premio que le había sido otorgado. Para entonces, el panorama para Bufalino se hallaba ya saturado de resentidos o de simples estúpidos. Y aquélla fue la gota que desbordó su paciente vaso. "No debí nunca acceder a publicar", debió de pensar el escritor. Y su decisión de apartarse fue el comienzo de "una vida desnuda, un círculo de días previstos, ya para siempre a las puertas de la noche", pero también el sabio retorno a una escritura en sigilo, y en el fondo el regreso a una vida mucho mejor. Si venía de convivir con un orfeón de cuervos, ahora al menos recuperaba el encanto de las mañanas. Volvían las rosas, el café, el sol, la ventana abierta, el sueño de no haber publicado nunca, la alegría del inédito.

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Enrique Vila Matas al cine

3.05.2009
Vila Matas viendo las primeras imágenes. Fuente: elpaís

A pesar de la mala experiencia de José Saramago, y a pesar del extenso artículo-advertencia de Salman Rushdie sobre el desastre de las adaptaciones literarias al cine, Enrique Vila Matas no se amilana y ha permitido que se adapte una novela suya al formato cinematográfico (más propiamente un telefilme) por primera vez. Se trata de la novela El viaje vertical, llevada al cine por Ona Planas, y que se presentará en el Festival de Las Palmas de Gran Canaria:
El septuagenario empresario, católico y nacionalista Federico Mayol ve hundirse su mundo barcelonés del Eixample cuando su mujer le pide que se vaya de casa el mismo día en que cumplen 50 años de casados. En ese momento se inicia un viaje iniciático, sin meta y sin retorno, que le lleva por diferentes ciudades, y que le permiten conocerse a sí mismo y darse cuenta de que es posible volver a empezar cuando todo parecía perdido. La directora Ona Planas, forjada en la publicidad y el cortometraje, debuta en el largometraje llevando a la pantalla, por primera vez, el mundo del escritor. La película, homónima al libro de Vila-Matas, cuenta con Fermí Reixach y Jeannine Mestre en los papeles principales. Rodada en Barcelona, Sevilla, Cádiz y Mallorca, está producida por Mallerich Films, Miramar Producción y Jaleo Film, y cuenta con la participación de las televisiones autonómicas de Cataluña, Baleares y Andalucía. La tv-movie ha sido seleccionada para participar en la selección oficial del Festival de cine de Las Palmas de Gran Canaria.

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Los premios Salambó 2009

3.03.2009
Cristina Fernández Cubas. Fuente: lanavedeloslocos

La nota es escueta, pero la fiesta (según supe por el Facebook) fue larga y espléndida. Los premios Salambó de Novela 2009 han fallado con dos ganadores: Cristina Fernández Cubas (en castellano) y Ramón Erra (en catalán). Dice la nota:

La escritora Cristina Fernández Cubas, con «Cuentos completos» (Tusquets), y Ramon Erra, con «Desfent el nus del mocador» (La Magrana), han sido los ganadores del premio de novela Salambó 2008 en castellano y catalán, respectivamente. Algunos de los finalistas en castellano fueron Enrique Vila-Matas con «Dietario voluble» (Anagrama), Francisco Casavella con «Lo que sé de los vampiros» (Destino), y en catalán, Joan-Lluis Lluis con «Aiguafang» (La Magrana y Màrius Serra con «Quiet» (Empúries). Los premios Salambó carecen de dotación económica y quieren reconocer al mejor libro de narrativa publicado durante el año, tanto en castellano como en catalán, y los elige un jurado diverso en tendencias y generación.

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Naomi Klein, premio Warwick de Escritura

2.25.2009
Naomi Klein protesta en Vancouver. Fuente: gunghaggisfatchoy

Naomi Klein, conocida por su No Logo, se llevó el primer Premio Warwick de Escritura con su libro La Doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre y con el las 50,000 libras esterlinas. La noticia en revista Ñ dice sobre el libro ganador:

El libro publicado en 2007 argumenta que los gobiernos y las compañías utilizan los desastres naturales como el tsunami del Sudeste asiático o catástrofes provocadas por el hombre como la guerra de Irak o los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, para avanzar con políticas favorables a las corporaciones. "La Doctrina del shock es un libro brillante, provocativo y genialmente escrito sobre estos grandes ultrajes de nuestro tiempo", declaró la autora china Mieville, que presidió el jurado del premio. Klein recibirá un cheque por 50.000 libras esterlinas (unos 73.000 dólares) como parte del galardón, instaurado por la Universidad de Warwick para premiar un libro "sustancial" escrito en inglés o traducido al inglés. "En momentos en que las noticias que surgen de la industria editorial son tan pesimistas, estoy encantada de haber sido galardonada con un nuevo premio que apoya la escritura, especialmente por los libros con los que competía", subrayó Klein en un comunicado


El premio Warwick -que se concederá cada dos años- busca adquirir prestigio rápidamente no solo por la composición de su jurado sino, sobre todo, por la calidad de los finalistas. En esta ocasión, entre estos estuvieron dos autores muy presentes en Moleskine: Enrique Vila Matas y Francisco Goldman:

El libro de Klein tuvo como contendientes a El mal de Montano, del novelista español Enrique Vila-Matas, y El arte del asesinato político: ¿Quién mató al obispo Gerardi?, del guatemalteco nacido en EE.UU. Francisco Goldman. También estaban ternados Mad, Bad, and Sad: A History of Women and the Mind Doctors from 1800, de la autora polaca Lisa Appignanesi; Reinventing the Sacred: A New View of Science, Reason, and Religion, del biólogo estadounidense Stuart Kauffman, y The Rest Is Noise: Listening to the Twentieth Century, del crítico musical Alex Ross.

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Vila Matas y Jack Torrance en Boulder

2.23.2009
Carátula del libro. Fuente: babble.com

Boulder: es un lugar desolado y medio aburrido como muchos en Estados Unidos, célebre en todo el mundo por la Universidad que ahí se ha instalado y su importante facultad de literatura, e inusitadamente famoso en el mundo de los bloggers literarios peruanos y en especial los anónimos, por ser el referente de todo lo que odian y dicen despreciar porque se sienten incapaces de alcanzar.

Vila Matas: escritor español, hincha del Barcelona y autor de una novela de culto que es un punto de inflexión en la literatura castellana, Bartleby y compañía, amante de las anécdotas literarias y autor semanal de una columna imprescindible en El País: "Dietario Voluble"

Jack Torrance: escritor norteamericano que decide ser celador de un hotel tenebroso llamado Overlook, al que va acompañado de su familia, para poder escribir su novela, que tiene solo una frase que se repite constantemente ("All work and no play makes Jack a dull boy"). Se le recuerda por haber conseguido el gesto más maniático de Hollywood (regalo de Jack Nicholson), al introducir su cara por la puerta hachada por él en El Resplandor de Stanley Kubrik.

Esos tres factores se unen para un texto memorable de Enrique Vila Matas, que es el "Dietario Voluble" de hace dos semanas, y que recién leí hoy. Ahí cuenta un viaje a Boulder y cómo finalmente puede entender la enigmática frase que dice Torrance en El Resplandor: "¡Podría volver como un auténtico escritor y conquistar Boulder!". Escribe Vila Matas:

Regreso a Nueva York después de unos días en Boulder, junto a las Montañas Rocosas, cerca de Denver, Colorado. Allí no he dejado de pensar en Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto, aquella película cuyo clima de fatalidad y horror no se olvida fácilmente. No tenía muchas cosas que hacer en Boulder, pero en medio de la apabullante desolación del lugar me encantó descubrir que la ciudad tenía historia. A Stephen King se le había ocurrido allí el argumento de The shining (El resplandor). Eso amenizó levemente mis horas en aquella especie de destierro y, además, me permitió comprender mejor por qué Kubrick, en su adaptación cinematográfica de El resplandor, le hacía decir a Jack Torrance (Jack Nicholson) esa frase que siempre me había parecido tan misteriosa: "¡Podría volver como un auténtico escritor y conquistar Boulder!". (...) Me pareció también una casualidad no muy casual que uno de los recién llegados, sin saber que yo venía de Boulder, me hablara del libro que acababa de publicar Jack Torrance, el loco de El resplandor. Sospeché de un hilo de nieve que lo uniría todo. Tal vez no lo sabemos, pero sólo cuando no está nevando nos olvidamos levemente del temible Torrance, cuya historia empieza para nosotros cuando es contratado para la labor de mantenimiento del vacío hotel Overlook durante los meses de invierno. Junto a su hijo, que tiene un extraño poder de premonición llamado resplandor, y su mujer, Wendy, se instalan en el hotel, situado en medio de la nada, donde Jack piensa aprovechar para escribir su novela. Pero con la llegada de la nieve quedan aislados, la carretera es cortada y a Jack le da por volverse loco. La escena más recordada por muchos es aquella en la que confirmamos su desequilibrio mental. Es un momento de terror metafísico. Wendy se acerca para ver qué está escribiendo y descubre que su marido ha estado tecleando convulsivamente una frase en la que se ha encallado y que repite con sólo ligeras variantes: "All work and no play makes Jack a dull boy".

No es de sorprender -porque en EEUU nada puede sorprender en materia de marketing- que se les haya ocurrido convertir a Jack Torrance en un autor real:

Ahora Torrance ha publicado en Nueva York un libro con esa frase convulsivamente repetida ("all work and no play..."). Bueno, Torrance no, claro. Quien lo ha publicado es Phil Buehler, un tipo obsesionado por el libro que el personaje de Torrance escribe en el hotel Overlook. Tan obsesionado estaba Buehler por este libro que ha terminado por escribirlo él mismo y autopublicarlo. Y al hacerlo se ha convertido en el Pierre Menard del libro de Kubrick. (Como se sabe, Pierre Menard es aquel copista que se convirtió en el otro autor del Quijote). El libro de Buehler contiene 80 páginas con combinaciones de la misma frase. Las primeras 10 reproducen lo que la película muestra, es decir, las formas escalonadas que toman los epígrafes de Torrance, pero a partir de ahí -como Kubrick ya no mostró en la película el resto de su obsesivo libro de una frase-, Buehler se vio obligado a improvisar. "Pensé: si se sigue volviendo loco, ¿qué aspecto irían teniendo esas páginas? Así que pasé de las escaleras a los zigzags y las espirales, y en definitiva a cualquier forma posible con una máquina de escribir", ha explicado Buehler, que admite que quedó bloqueado, al borde de la locura y de la demencia alucinatoria, en la página 60, pero de algún modo logró llegar a la 80 y cumplir con el volumen canónico. Colgó su autoedición en la página web de Blurb y los 1.000 ejemplares de los que disponía se agotaron enseguida. La gente le pide reediciones, quieren tener en casa -como objeto de culto- este libro que Buehler anunciaba en la red como un texto "igual al mejor Beckett" (ya son pretensiones) y en el que se concentra "la lucha metatextual del Hombre contra la Máquina de escribir" (ya son ganas). El hecho es que Jack Torrance ha dejado de ser un personaje de novela y de película para convertirse en un interesante escritor debutante. Ahora sólo falta que publique un segundo libro para que sepamos que ha enloquecido del todo.

Ahora ya saben lo que realmente pasa en Boulder. Escalofriante.

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Supersticiones literaria

2.13.2009
Pata de conejo contra el viernes 13. Fuente: micajóndesastre

Hoy es Viernes 13, un pésimo día para algunos, una pésima película para la mayoría. No existe nadie más supersticioso que yo, aunque debo decir que el Viernes 13 no es un día que especialmente me ponga nervioso. Será que al 13 no le tengo miedo, qué raro. En fin, me alegra saber que no soy el único supersticioso del gremio (ni el peor). Hoy, en homenaje a la fecha, Juan Palomo en su blog coloca las supersticiones de dos grandes: Ernesto Hemingway y Toni Morrison. Dice:

Aunque no soy supersticioso (pero sólo porque trae mala suerte), en días como éste, viernes y 13, conviene recordar que pocos gremios tan maniáticos como el letraherido. ¿Sabían que Hemingway era incapaz de escribir una línea sin llevar en el bolsillo derecho una castaña de indias y una pata de conejo raída, con los huesos y los tendones relucientes de tanto sobarlos? ¿Y que Toni Morrison, la Nobel estadounidense, no deja entrar a nadie en su cuarto de trabajo porque dice que está lleno de duendes que podrían huir si viesen a un extraño?

Pero en El Cultural hay mucho más al respecto. Han hecho todo un especial sobre supersticiones literarias que incluyen anécdotas de Thomas Mann, Kafka, William Somerset Maugham, Marcel Proust, Mark Twain, García Márquez y otros escritores. Entre tantas anécdotas destaca el detalladísimo ritual de Enrique Vila Matas explicado por él mismo:

Por las mañanas, si despierto en mi casa de Barcelona, lo primero que hago es mirar por la ventana, confirmar que se ha hecho o se hará de día. A continuación, le pongo una vela a Gombrowicz, renuevo mi culto. Después, me santiguo, hago la señal de la cruz, tranquilizo al Dios cristiano. Acto seguido, toco una varita mágica que compré en Colonia en compañía de Cristina Fernández Cubas, calmo a los dioses paganos. Esa varita está en mi escritorio desde hace once años, y cualquiera se atreve a desplazarla a otro lugar de la casa. Por si usted no lo sabía, Cristina tiene magia, tiene extrañas relaciones con el mundo de las cosas que ya no existen, se dice que tiene poderes y una gran capacidad para captar lo extraordinario en lo normal. Cuando compramos en Colonia mi varita (ella se compró otra igual), me dijo que no la perdiera de vista, por eso toco esa varita cada mañana”.

A mí Wendy Guerra, en Cuba, me leyó unas monedas en un coco partido en dos. Y luego me regaló el coco. Y yo lo he perdido, Wendy, lo he perdido...

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