MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Premio Cosecha Ñ

2.16.2010
Rosa Montero, Luis Mateo Diez y Pilar Reyes en el jurado. Fuente: cosecha ñ

El 1 de marzo finaliza el concurso Premio Cosecha Ñ. Ya aparecieron las bases y el jurado. Son tres mil euros para el mejor relato. Les copio la información:

Ya podemos hacer público el jurado de la próxima edición de nuestro premio de relatos, Cosecha Eñe 2010. En esta ocasión el veredicto estará en manos de Luis Mateo Díez, Rosa Montero y Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, además de Camino Brasa y Toño Angulo Daneri, en representación de la revista. Un jurado excepcional que asegura la calidad de selección. Los diez finalistas verán publicado su relato en el número de invierno 2010 de Eñe, y el ganador recibirá nada menos que ¡3.000 euros! ¿Necesitas más razones para convencerte de que debes participar? Este año, como novedad respecto a las cuatro ediciones anteriores, el Instituto Cervantes invitará a un mínimo de tres de los diez autores seleccionados a dar conferencias en alguno de los centros que dicha institución tiene en todo el mundo. La convocatoria de Cosecha Eñe está abierta tanto a escritores noveles como consagrados. Sólo requiere que los relatos sean inéditos, no tengan ningún compromiso de publicación y estén escritos en castellano.

Las bases completas aquí

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Guillermo Saccomanno, premio Seix Barral

2.09.2010

Guillermo Sacomanno. Fuente: letraviva

El escritor argentino Guillermo Saccomanno ganó el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral con la novela El oficinista. El jurado estuvo integrado por José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Rosa Montero, Elena Ramírez y Ricardo Menéndez Salmón. Dicen que está deslumbrado y que, desde hacía años, no se sentían tan entusiasmados con un ganador. Lo cierto es que la simple referencias a sus influencias literarias (Ballard, Kafka, Dostoievski, Philip K. Dick, Gogol) han generado muchas expectativas para quienes, como yo, conocíamos su nombre pero no su obra. Lamentablemente, Saccomanno no pudo asistir a la ceremonias pues estaba reponiéndose de una meningoencefalitis en Buenos Aires. Silvina Friera en Página12 comenta extensamente la noticia:

El título, tan anodino y prometedor, atizó la llamita de la curiosidad desde el comienzo. Los miembros del jurado se quedaron “boquiabiertos” después de leer la “extraña” e “inquietante” El oficinista, de Guillermo Saccomanno, con la que acaba de ganar el premio Biblioteca Breve, dotado de 30 mil euros. Cuando relajaron las mandíbulas y cerraron la boca, aún bajo los efectos de la intensidad y originalidad del texto, no tuvieron que discutir el veredicto. Por unanimidad, entre los 414 manuscritos que concursaban, eligieron la novela del escritor argentino, presentada bajo el seudónimo de Calemo, que se publicará a fin de mes, en España y la Argentina, a través del sello Seix Barral. En el Museo Marítimo de Barcelona, durante la conferencia de prensa, Rosa Montero elevó el texto premiado a la categoría de “suceso literario” y garantizó que no dejará “indemne” a ningún lector porque contiene una “moral sumamente turbadora”. Dicen que nunca un jurado se mostró tan exaltado y contundente. El telón de fondo de la historia premiada es una ciudad arrasada por atentados guerrilleros, amenazada por hordas de hambrientos, niños asesinos y perros clonados. En esta urbe infernal, vigilada por helicópteros y bautizada con lluvia de ácido, se recorta el opaco y desencajado protagonista de la historia, un hombre dispuesto a la humillación con tal de conservar, con uñas y dientes, su trabajo. En este mundo absurdo, que responde a la lógica de la degradación del sujeto, el oficinista, un asesino en potencia, se enamora y se permite soñar con ser otro. Una pregunta sobrevuela por las páginas de esta novela, que encierra una antiutopía, un mundo Ballard, pero también Dostoievski: ¿de qué abyecciones es capaz un hombre por aferrarse a un sueño? Saccomanno, él mismo lo reconoce, ha incentivado el culto del “escritor salvaje” desde que se recluyó en Villa Gesell, hace más de veinte años, para desintoxicarse de la ciudad y del ambiente literario. Algún malintencionado podría sospechar que ese costado salvaje del flamante ganador se impuso y que por eso decidió no viajar a Barcelona a recibir el premio Biblioteca Breve, que han ganado nada más ni nada menos que Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Juan Marsé, Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes y Gioconda Belli, entre otros. Seguirá siendo un “buen salvaje” y empecinado, pero las razones de ese faltazo obedecen a un virus que suena a trabalenguas macabro. (...) Rodrigo Fresán recogió el premio en su nombre. “Es un libro extraño, en el mejor sentido de la palabra, pero coherente con la obra de Guillermo. No es un libro común, va a sorprender mucho”, anticipó Fresán, para quien los libros de Saccomanno “se pasean por muchos lados, son como postales”. (...)Aunque el ganador no pudo hacer declaraciones, en un texto de su autoría distribuido por la editorial Planeta, Saccomanno cuenta que escribió la primera versión de El oficinista en el verano de 2003, tan sólo en un mes. “Ignoraba que su proceso de corrección y ajuste me llevaría seis años”, admitía allí el flamante ganador del premio Biblioteca Breve. “Seis años en los que pasé por diferentes estados de ánimo. En todos fui el oficinista. Es cierto, lo fui alguna vez. Quizás ahora, al escribir, no tenía que observar tanto a los otros como a mí mismo. Si hay una clase que conozco y repudio es la clase media. La clase a la que pertenezco. Se define por su capacidad de sometimiento y traición. Una clase que, en su afán de trepada y con tal de no descender un peldaño en la escala social, se identifica con sus enemigos, los ricos. Es decir, el poder.” Saccomanno plantea que lo peor del poder es que “nos inficiona”. Después de despotricar contra la clase media, “tan prolija”, “tan capaz de canalladas cobardes”, se pregunta, en una vuelta de tuerca flaubertiana: “¿Acaso soy mejor tipo por ser escritor? El oficinista también soy yo”. [...] Ballard, Kafka, Dostoievski y Philip K. Dick son algunos de los nombres que lanzó el jurado como brújulas para orientar la atmósfera de la novela premiada. “Por la noche, cuando la city se apaga, en los umbrales de esas catedrales del dinero, bajo las recovas de una avenida y hasta en las cabinas de los cajeros automáticos, empieza a verse a los sin techo, aquellas y aquellos desgraciados pestilentes expulsados de un sistema en el que creyeron”, recuerda Saccomanno en su texto. “Más de una vez, mientras observaba este contrapunto macabro, me preguntaba cómo escribir sobre estos personajes, que quizá no sean tan diferentes en su degradación del Akaki Akákievich de El capote, de Gógol. O del hombre del subsuelo de Dostoievski. También, ¿por qué no?, Bartleby. ¿Y Samsa? También. Nada es casual: en un principio esta novela se llamaría La perspectiva Nevski. Porque ésta sería una novela rusa. Existencias desesperadas en un mundo absurdo que responde a una lógica: la destrucción del sujeto. En este sentido, al modo ruso, esta novela no es de amor, sino de la búsqueda de amor. Aunque suene cursi. Aunque el amor esté en extinción. Una novela de soledad. Si lo prefieren, una experiencia rusa. De hecho, el protagonista de esta novela es ‘tan ruso’.” Saccomanno tiene una gran obra que comienza a instalarse poco a poco en España. El año pasado obtuvo el primer reconocimiento internacional cuando 77, la tercera parte de su trilogía conformada por La lengua del malón (2003) y Un amor argentino (2004), ganó el prestigioso premio Dashiell Hammett a la mejor novela publicada en español en la Semana Negra de Gijón. Entonces, se tomó tres bourbon para festejar lo que consideraba una “grata sorpresa”, porque no se tenía mucha fe. Lo que más le importaba de ese premio es que lleva “el nombre de Hammett, un escritor que dijo ‘no’ en tiempos en que escasean los hombres que dicen ‘no’”. [...] Colaborador habitual de Página/12 y maestro de talleres literarios en los que se han fogueado varias generaciones, el escritor suele advertir que “son las escrituras las que tienen que establecer las discusiones”. Cuando se publique El oficinista, en breve, los lectores podrán disfrutar esa perturbadora, sobria, onírica e incluso profética novela que ha deslumbrado al jurado español.

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El escritor infeliz ¿solo un mito?

11.26.2009
broken typewriter buried in leaves. Autor: John Wollwerth Fuente: shutterstock

Nunca me pierdo En Minúsculas, el blog de Ezequiel Martínez en Ñ. Y es que siempre termina sorprendiéndome con datos que saca de no sé dónde, no sé en qué tiempo. A partir de la lectura de un texto de Rosa Montero, publicado en "Páis Semanal", sobre el mito del escritor sufrido, Ezequiel consigue estos datos:

Nunca falta un especialista que le ponga fórmulas y estadísticas a estas cuestiones. Así me crucé con una investigación que el psicólogo Joe Forgas, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, publicó a principios de este mes en la revista Australasian Science. Ahí dice, palabras más, palabras menos, que los escritores infelices son mejores que los felices. Eso es lo que se deduce en su estudio, y que apuntala el mito que sugiere que para ser realmente bueno hay que sufrir lo suficiente, transitar por crisis existenciales, intoxicarse de sexo y alcohol, empalagarse de angustia y, de ser posible, rozar la autodestrucción.Se me ocurren una catarata de escritores geniales que entran en esta descripción, como también los de otros cuyas biografías no subrayan ningún exceso y que lograron obras igualmente prodigiosas. ¿Será, como dice el tango, que para ser bueno primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento...? ¿O es un tópico ridículo, como sostiene Rosa Montero? ¿Ustedes qué opinan?


Me gustaría subrayar algunas de las razones que da el estudio. Una de ellas, la mejor percepción que tienen las personas deprimidas sobre el mundo que lo rodea. Quizá el "pensamiento distorsionado" que malogra las relaciones personales sea, en realidad, lucidez a la hora de escribir ficción. Dice el artículo sobre Joe Forgas:

According to Forgas, psychologists have already shown that unhappy people "are less prone to judgmental errors, are more resistant to eyewitness distortions, and are less likely to adopt dysfunctional selfhandicapping strategies." In addition, evidence suggests that being in a negative mood leads listeners and readers to perceive messages more carefully, or, as Forgas puts it in psych-speak, "positive moods may simply lead to less effortful and systematic processing, while negative moods promote a more careful, vigilant and systematic processing style." This explains why happy people read bestsellers, but literature graduate students are always so depressed.


Luego, habla de una serie de experimientos por demás interesantes y, por mi experiencia como profesor de talleres por más de 20 años, yo diría que muy acertados:

In a series of experiments, Forgas induced sad and happy moods in test subjects by showing one group a happy 10-minute video, while another group watched a sad one, or by asking them to think about something good or bad in their own lives. Subjects then wrote a short persuasive essay on an assigned topic. Trained essay raters determined that the sad participants produced arguments that were significantly better than the happy ones. The unhappy writers argued more concretely and specifically as well, and their texts were more likely to persuade readers to agree with them.


Quizá entonces el "mito del escritor infeliz" no sea solo un mito, como quisiera creer Rosa Montero. Quizá sea algo terrible, lamentablemente, objetivo. Y no solo por las biografías de los escritores geniales. Hay un cuadro estadístico en la nota que es inquietante:



En fin, parece que esa es la verdad. Aún así, yo prefiero seguir tomando mi zatrix por las noches y Sertralina por las mañanas. Es una esperanza; aunque eso no me está funcionando hoy en día. Por eso escribo demasiado últimamente. El mal menor.

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Federico Jeanmaire, Premio Clarín

10.28.2009
Federico Jeanmaire ganador. Foto. Roberto Ruíz. Fuente: revistañ

Federico Jeanmaire sabe lo que es ser premiado y sabe lo que es ser publicado. Luego de varios premios y catorce libros publicados, el narrador argentino de 52 años ayer consiguió la nueva edición del Premio Clarín de Novela con Más liviano que el aire. Fue su noche. Ganó 100,000 pesos, un trofeo, elogios del jurado (Rosa Montero, Juan Cruz y José Saramgo) y un piropo anónimo. La novela será publicada por Alfaguara y Clarín. Dice la nota:

Vestido informalmente, el hombre de la voz baja y las palabras duras caminó con calma hacia el escenario del Malba para recibir el 12o Premio Clarín de Novela, para recibir lo que desde hacía unos instantes ya era su premio. "Es difícil hablar ahora, en realidad es difícil hablar siempre", decía Federico Jeanmaire, que con su novela Más liviano que el aire, una historia marcada por la violencia puesta en boca de una anciana de 95 años, ganó uno de los premios literarios más importantes de hispanoamérica. Además, como se encargó de subrayar la jurado Rosa Montero, Jeanmaire fue el primer hombre en ganar el premio tras varias ediciones dominadas por mujeres. "Ya estábamos pensando en asignarles un cupo", bromeó la española. (...) El jurado integrado por el Premio Nobel José Saramago, la española Rosa Montero, el periodista Juan Cruz y el novelista Pablo de Santis, que coincidieron en que esta edición superó en calidad a todas las anteriores e incluso agregaron una tercera mención entre los libros finalistas, hicieron saber su dictamen: la tercera mención fue para Enrique Mario Papatino por "La fantasía bajo sospecha", la segunda para el español Juan Muñoz por "El doliente" y la primera para "El río", de Déborah Beatriz Mundani. Finalmente, fue el turno para que Jean Marie subiera al escenario y levantara la estatuilla como un jugador de fútbol. Su libro, calificado como una tragicomedia negra, "desternillante y atroz", será su decimoquinto libro publicado. "Escribir -contaba después de las fotos de rigor-, a fuerza de estar solos imaginando cosas, te lleva a darte cuenta de que en realidad te importan muy cosas en la vida, cosas que llevamos a los libros. A mí, lo que me interesa es lo solos que vivimos todos y los difícil que nos resulta comunicarnos, y que es esa soledad la que termina por generar violencia", contaba el flamante ganador del Premio Clarín de novela. En el Malba, todos las miradas y elogios eran para Jeanmaire. Según Saramago, su obra demuestra una "gran maestría narrativa". Para Rosa Montero, su libro "parte de una situación originalísima y el tenderete armado no se cae nunca". Sin embargo, entre todos los elogios que oía hubo uno solo que a Jeanmaire le sacó los colores: un grito anónimo, de una dama ubicado en un rincón de la sala , que le decía "¡Jean Marie, estás bueno!". Está visto que a este hombre, anoche, le salían todas.

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Lo otro de Yates

6.02.2009
Richard Yates. Fuente: austincronichle

Todo el mundo habla de Vía Revolucionaria, y algunos cuantos de Once tipos de soledad. Pero quienes han leído a Richard Yates completo dicen que la novela traducida al castellano como Las hermanas Grimes (Alfaguara) es lo mejor de Yates. Rosa Montero, sin embargo, piensa que no es una novela apta para depresivos, nostálgicos ni melancólicos. Y al mismo tiempo, los califica como libros "feministas" ¿Será posible? Dice la reseña en "Babelia":

Si estás deprimido, lo que se dice verdaderamente deprimido, no leas Las hermanas Grimes, de Richard Yates. Todos los demás, melancólicos y tristones incluidos, deberíais leer inmediatamente esta novela, si aún no lo habéis hecho. Es un libro relativamente breve (224 páginas) que logra la rara magia de ser monumental. El relato, limpio y afilado como un bisturí, nos cuenta la vida de dos hermanas, desde la niñez hasta los cuarenta y muchos años de edad. Aunque sería más atinado decir que el relato nos cuenta simplemente lo que es la vida, punto. La vida de todos, con la indefensión y la maravilla de la niñez, la esperanza y la confusión de la juventud, la lucha por la supervivencia de los años adultos y la desolación de la madurez. Polvo y cenizas. Permaneció en el limbo de los olvidados hasta que, hace algunos años, los críticos comenzaron poco a poco a rescatarlo. Para Yates, la existencia es una pura decepción. Un trayecto conmovedoramente penoso. Ni siquiera es una gran tragedia: no olvidemos que sus protagonistas son dos mujeres comunes y cotidianas, humildes heroínas de la vida vulgar. Tanto en esta novela como en su primer libro, Vía revolucionaria, ahora puesto de moda por la película protagonizada por Leonardo Di Caprio y Kate Winslet [Revolutionary Road], Yates muestra un finísimo instinto antisexista, un extraordinario entendimiento de las muchas limitaciones que la sociedad machista de los años cincuenta imponía a las mujeres. Son libros feministas en el mejor y más profundo sentido de la palabra, porque no son textos voluntaristas ni dibuja heroínas perfectas y admirables, sino que retrata con sobrecogedora elocuencia el destino innecesariamente cruel de unos seres humanos atrapados en la telaraña de los prejuicios. De manera que, en Las hermanas Grimes, Yates huye voluntariamente de lo grandioso. En su libro, la vida se rompe al final sin apenas ruido y la realidad se revela como un fraude, como un mediocre decorado teatral que acaba por despintarse y resquebrajarse, evidenciando su triste falsedad. Las existencias que describe son diminutas, pero están tan llenas de deseos y esperanzas como las de las personas más prominentes. El fuego de la vida arde igual para Alejandro el Magno que para el individuo más modesto, y esta mezcla tan humana de lo ínfimo y lo enorme es lo que hace que la obra de Yates resulte formidable. Como demostró Flaubert con Madame Bovary, los buenos escritores son capaces de hacer novelas muy grandes con personajes muy pequeños.

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Lessing comentada

10.12.2007
Doris Lessing tomando gin con tónica en la puerta de su casa. Fuente: Clarín

Es curioso cómo varios periódicos en castellano han destacado, en nota aparte, la dificultad de encontrar libros de la premio Nóbel. Parece que Mondadori publica la última novela suya The Cleft (La grieta) dentro de poco, mientras tanto habrá que buscar en librerías de viejo. En el diario El País aparecen dos columnas de opinión sobre Doris Lessing. Una escrita por Ana María Moix, quien como ya comenté es su editora en Ediciones B., y otra por la periodista Rosa Montero. Por otra parte, en Clarín Ezequiel Martínez recuerda una charla fugaz.

Recuerda Rosa Montero: "No he vuelto a leer la novela [El cuaderno dorado] desde entonces, y es posible que la obra haya envejecido. Creo que hoy preferiría otras cosas suyas, como la serie de ciencia-ficción de Canopus en Argos, o sus dos hermosos libros autobiográficos. Su escritura es tensa, sólida, intelectual; más que una narradora apasionante, es una pensadora apasionada, y es el brillo y el calor de su cerebro lo que más me fascina. Su obra, en cualquier caso, abrió innumerables puertas a las escritoras que vinieron después (y también a muchos escritores). La entrevisté en su casa de Londres hace nueve años: llegué casi emocionada, consciente de mi deuda. Encontré a una anciana pulcra, magnética, huraña y austera. Vivía en una vieja casita con jardín cuyo piso bajo, cubierto de periódicos y trastos arrumbados, estaba impracticable. La escritora habitaba en el piso de arriba, un espacio modesto y ordenado pero raído, con muebles, libros y alfombras que parecían haber ido envejeciendo con ella. Y allí, como una refugiada de la creciente decadencia de las cosas, Lessing seguía luchando por ser, por saber, por aprender. Casi se podía escuchar el zumbido de su cerebro trabajando. Una mujer extraordinaria."

Por su parte, dice Ana María Moix: "De hecho, Lessing ha creado una obra pegada a la piel del tiempo, de su tiempo, que es el nuestro. Incluso en sus dos volúmenes memorialísticos (Dentro de mí y Un paseo por la sombra) y en el célebre El cuaderno dorado, libro emblemático del feminismo de los años sesenta y setenta, la protagonista no era ella, sino los problemas a los que el mundo a ella contemporáneo la enfrentaban. Y, nunca anclada en el pasado, y apenas en el presente en los últimos años, sus libros más recientes (Mara y Dann, e Historia del general Dann, de la hija de Mara, de Griot y del perro de las nieves) apuntan a un futuro que ya es hoy: los desastres ocasionados por los crímenes contra el sistema ecológico. Una trayectoria literaria, ética y moral encomiable.

Cuenta Ezequiel Martínez: "Conocí a Doris Lessing hace un año, en Segovia, durante el Hay Festival. Ella era una invitada vip, pero compartíamos el hotel. Cada mañana, por insomnio o un jet lag perezoso, ella y yo éramos los primeros en bajar a desayunar. Me saludaba con una silenciosa inclinación de cabeza y sonrisa protocolar. Yo había asumido mi rol de anteojos sustitutos indicándole cuáles eran los termos de leche descremada y café descafeinado que le costaba encontrar. En la soledad del comedor, Lessing solía sentarse junto a los ventanales: allí se quedaba, con la mirada extraviada en las colinas de Segovia. Una mañana me animé y me senté en una mesa contigua, cosa de forzar un diálogo. Después de un intercambio sobre trivialidades meteorológicas, alcancé a tirarle un par de preguntas obvias. "Actualmente no estoy inspirada", me frenó cuando quise saber qué estaba escribiendo. Era mentira, claro. Luego se animó: "Hace poco leí que la primera célula humana fue femenina... tal vez haga una historia con eso". Cuando parecía que la charla podía transformarse en una minientrevista, el comedor empezó a llenarse. Lessing se levantó y se alejó sin un adiós."

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