MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Recuento Literario 2009

12.29.2009
Book Stacks in a Very Large Space, #1, 2001. Foto: Abelardo Morell

Bueno, aquí va mi recuento literario del año 2009. Pero no voy a poner en este top 5 los cinco libros que más me han gustado durante el año, no, de ninguna manera. Eso ya pasó de moda. Tampoco los libros que menos me han gustado porque, la verdad, este año ha sido muy pobre en literatura peruana y latinoamericana en general (y además, todo el mundo sabe qué libros son malísimos a pesar de lo que digan sus contradictorios críticos, ¿para qué seguir mencionándolos?) Lo que pondré son los cinco libros que he querido leer este año y, por varios motivos, no he podido hacerlo hasta ahora. Así que esta es mi Lista De Los Libros Que Quise Leer El 2009 y No Pude.

1.- Pan de Knut Hamsun.- Este año me propuse leer a Knut Hamsun. Y más precisamente, me propuse leer esa novela de juventud titulada Pan (no estoy de humor para leer una novela llamada Hambre) y sacarme de la cabeza la idea de que todos los primeros premios Nóbeles son aburridos o malos, y que los pro-nazis son necesariamente malos escritores. Sin embargo, por alguna razón extraña, nunca pude encontrar la edición de Anagrama de la novela cada vez que la buscaba. Y cuando podría haberla encontrado, me olvidaba de buscarla. Solo muchas horas después de haber estado en librerías recordaba: ¡Cierto, quería conseguir Pan! Y lo dejaba para una próxima visita. Y así todo el 2009. Será el primer libro que me compre el 2010, eso lo aseguro.

2.- Invisible de Paul Auster.- Es probable que la novela ya se encuentre en Lima, no he tenido tiempo de hablar con Océano, pero es un hecho que no tuve oportunidad de leer esta esperadísima novela tan alabada por todos -menos por James Wood-. Sin embargo, hay un hecho curioso: cada vez que viajo en avión llevo una novela de Paul Auster. Y esta noche parto en avión. No la leeré a la ida, pero seguro que sí al regreso cuando la encuentre en Buenos Aires. Porque ¿ya la venden allá, no?

3.- Sieben Jahre de Peter Stamm.- La probable traducción Siete años. El último libro de Peter Stamm publicado por Fisher Verlag en agosto de este año aún no ha sido traducido al castellano. No puedo esperar más. Stamm, probablemente, es actualmente mi autor favorito. es tan ligeramente triste, es como si cada palabra suya estuviese llena de un clima que conozco bien, en el que vivo cotidianamente. Debe ser el Zoloft. ¡Vamos, Acantilado, qué les pasa! ¡Apúrense!

4.- El alma fugitiva de Harold Brodkey.- Lo tengo ahí. Desde hace años lo tengo ahí, esperándome. Me ha acompañado a todas mis mudanzas. Siempre lo pongo en un lugar expectante, donde me pueda observar. Siempre pienso en tomar vacaciones, perderme en una playa o donde sea, e introducirme en sus 990 páginas. Pero siempre sé que no lo haré. No voy a mentirles más. En el 2010 tampoco lo leeré. Lo he intentado, ah, lo he comenzado mil veces. El marcador avanza y retrocede, como si valiese la pena marcar algo (¿se imaginan abrir un libro después de un par de años y decidir empezar a leerlo desde donde dejé el marcador?) Probablemente no lo lea nunca. O quizá sea el último libro que lea en mi vida. Nunca se sabe. Solo sé que está ahí desde hace años y desde siempre el título me ha parecido una extraña alusión a mi imposibilidad de leerlo y a mi certeza que, cuando lo lea, mi vida será distinta.

5.- Corazones cicatrizados de Max Blecher.- Cuando esta mañana hice, mentalmente, la lista, este libro no asomaba ni lejanamente por mi cabeza. Ni siquiera sabía que existía. Ahora, luego del post de hoy, ya me antojé de leerlo. Lo necesito con urgencia. Lo quiero YA. Sí pues, soy un lector caprichoso y antojadizo. Esa es la idea de Moleskine Literario, por si no se han dado cuenta: antojarles a uds. a que lean libros. Aquí no hay inteligencia, ni sensibilidad, ni sentido del humor. Solo información y ganas de que todos nos abalancemos sobre los libros y los disfrutemos intensamente. Eso busco de mis lectores: antojarles las ganas de leer libros que no sabían que existían. Que se encaprichen con ellos. Y yo, obvio, soy el primer lector y caprichoso fan de Moleskine Literario.

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Paul Auster anuncia nueva novela


Paul Auster y su bufanda roja en España. Fuente:
Norberto cabezas/ elpaís.

Paul Auster -y su tan citada bufanda roja- ha viajado hasta España para recibir un modesto, pero tremendamente significativo, galardón del Club Leteo de la provincia de León. Un premio de los lectores a sus escritores favoritos. Allá habló de la literatura mientras su novela Invisible, editada por Anagrama, se vende como pan caliente. Además, a pesar del éxito de Invisible, la máquina no se detiene. Ya tiene lista su próxima novela, titulada Sunset Purk, que se publicará en noviembre en EEUU, de la que solo adelantó que contará con múltiples narradores y el escenario será, otra vez, Nueva York. Dice la nota:

"Una pequeña fraternidad de hombres y mujeres solitarios, enclaustrados y maniáticos que pasamos casi todo nuestro tiempo encerrados luchando por colocar palabras en una página. Es algo demasiado arduo, demasiado mal pagado, demasiado lleno de decepciones para que, de otro modo, alguien acepte este destino". Así define Paul Auster el oficio de escritor. El novelista estadounidense, de 62 años, cambió ayer Brooklyn por León para recibir un premio sin dotación económica cuyos organizadores parecen salidos de su imaginación. [...] El novelista pasó más de una hora respondiendo a las preguntas del público. Le acompañaban su esposa, la escritora Siri Hustvedt y su editor español, Jorge Herralde, de Anagrama. El coloquio fue un repaso caótico y casi enciclopédico al universo de Auster: desde los motivos que le llevaron a escribir ("darme cuenta de que no sería jugador profesional de béisbol"), hasta el autor que más le ha inspirado ("tal vez Billy Wilder y su idea de que cuando estás eufórico debes escribir un drama y si estás deprimido, una comedia") pasando por Obama ("elegirlo fue lo mejor que ha hecho la sociedad estadounidense en mucho tiempo; ustedes, los europeos, no saben lo que significa no tener seguridad social"). Hubo además un buceo en su condición de escritor judío, que él zanjó así: "Me interesan mis raíces pero soy estadounidense de tercera generación. El hecho de ser judío marcó más a autores de primera o segunda generación como Saul Bellow". Auster aprovechó para revelar que el autor de Herzog nunca ha sido santo de su devoción: "Decidí darle una segunda oportunidad y metí un libro suyo en la maleta para venir a León. Empecé a leerlo y me quedé dormido. Tendremos que esperar a la vuelta".

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REGALO DE NAVIDAD: Paul Auster

12.23.2009
Como un regalo navideño a los lectores de Moleskine Literario, les ofrezco este especial gráfico aparecido en The Guardian titulado: Auggie Wren's Christmas Story por Paul Auster, illustrated por ISOL y editado por Faber and Faber.



'Auggie and I have known each other for close to eleven years now. He works behind the counter of a cigar store on Court Street in downtown Brooklyn, and since it's the only store that carries the little Dutch cigars I like to smoke, I go in there fairly often.'



'It turned out that Auggie considered himself an artist ... As I flipped through the photo albums and began to study Auggie's work, I didn't know what to think ... all the pictures were the same.'





'He suddenly interrupted me and said, "You're going too fast. You'll never get it if you don't slow down." He was right of course. If you don't take the time to look, you'll never manage to see anything.'



'Earlier that same week, a man from the New York Times called me and asked if I would be willing to write a short story that would appear in the paper on Christmas morning... I told him I would give it a try. The moment I hung up the phone, however, I fell into a deep panic.'





'I found myself unburdening my troubles to Auggie. "A Christmas story?" he said after I had finished. "Is that all? If you buy me lunch I'll tell you the best Christmas story you ever heard."'


'"It was the summer of seventy-two," he said. "I don't think I've ever seen a more pathetic shoplifter in my life ... He took off like a jackrabbit ... I chased after him for about half a block, and then I gave up. He'd dropped something along the way, and since I didn't feel like running any more, I bent down to see what it was. It turned out to be his wallet ... Robert Goodwin. That was his name. ... I felt kind of sorry for him.'




'"Every once in a while I'd get a little urge to send it back to him, but I kept delaying and never did anything about it. Then Christmas rolls around and I'm stuck with nothing to do."'




'"I finally get to the apartment I'm looking for and ring the bell. Nothing happens. I assume no one's there ... and just when I'm about to give up, I hear someone shuffling to the door ... 'Is that you Robert?'"



'"She has to be at least eighty, maybe ninety years old, and the first thing I notice about her is that she's blind. 'I knew you'd come, Robert,' she says. 'I knew you wouldn't forget your Granny Ethel on Christmas.'"'




'"What I did next was positively crazy and I've never forgiven myself for it. I go into the bathroom and stacked up against the wall next to the shower, I see a pile of six or seven cameras. Brand-new thirty-five-millimetre cameras, still in their boxes ... I figure this is the work of the real Robert."'


"I felt so bad about stealing the camera, I hadn't even used it yet. I finally made up my mind to return it, but Ethel wasn't there anymore."'

'"And now you've got your Christmas story, don't you?"

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Más sobre Invisible

12.21.2009
Paul Auster y Enrique Vila Matas, quien al parecer tiene una breve aparición en la nueva novela de Auster. © Beowulf Sheehan/PEN American Center for non-profit editorial use only

Gustavo Faverón en su blog "Puente Aéreo", en un post escrito desde su exilio tropical, anuncia que pronto la traducción al castellano de la nueva novela de Paul Auster Invisible estará en venta. En realidad, ya está en venta desde hace semanas en España y Argentina y me parece que esta semana llega a Lima. A ver si es cierto lo que me dicen los de Océano. En fin, la novela de Auster realmente es un milagro. Salvo alguna voz disidente, como la de James Wood en New Yorker, los demás caen rendidos a sus pies. Dice Faverón por ejemplo:

Durante el último par de años, me acostumbré a recomendar las novelas del holandés Harry Mulisch con una frase que, me pareció, la mayoría de los lectores hispanohablantes comprendería de inmediato: Mulisch es todo aquello que Paul Auster intenta ser. Esto a pesar de que Auster es uno de mis novelistas americanos preferidos. Pues bien, luego de leer Invisible (que según entiendo no tardará en aparecer en traducción al español) debo corregir la ruta: Auster es hoy el autor que siempre ha tratado de ser, y su novela más reciente es quizás la mejor de su carrera. [...] Invisible (de la que espero escribir con más tiempo tan pronto como regrese de Puerto Rico) es, para comenzar, estructuralmente brillante: empieza con un relato en primera persona, recapitulación de una experiencia tangible y, aunque enigmática, muy presente, muy palpable, real. Pero luego, a medida en que la historia se va enrareciendo y extrañando, las voces narrativas se vuelven más y más oblicuas, mediadas, indirectas: el protagonista pasa a recontar su propia anécdota en segunda persona, y luego en tercera, enajenándose de sí mismo, alienando su punto de vista, extraviando la introspección para observarse como un otro; y luego se diluye, abandona su propio escenario, y el relato debe ser recogido por otros narradores que intentan suplir el vacío con referencias lejanas y alusiones de segunda mano. Ese procedimiento es cervantino y borgeano, como suele ocurrir en los libros de Auster por obra de esa tendencia suya a la identificación con fuentes hispanas (Vila-Matas es aludido en algún momento en Invisible). Pero no puedo recordar otra novela del neoyorquino en la que se haya apropiado del mecanismo de manera tan personal. En Invisible, Auster ensaya una serie de variantes que no se limitan a comprometer o poner en duda la frontera entre la certeza de lo real y la duda de lo imaginario, la realidad y la ficción, la vigilia y el sueño, la seguridad de la Verdad y el relativismo de las verdades extraviadas; más allá de eso, el enrarecimiento de las voces narrativas y los puntos de vista le sirve para abrir una serie de agujeros en el tejido emotivo de la historia, agujeros que son el centro mismo (agujeros negros) de la novela toda: los diversos relatos se levantan y se hilvanan unos con otros a la vez que se ponen en duda unos a otros, de modo que el lector empieza a descubrir que es en las contradicciones y en las imperfecciones, en los vacíos y las grietas donde habitan las ideas cruciales de la historia. Esas ideas tienen una sola cosa en común, el rasgo anunciado en el título: su invisibilidad, su acuciante y angustiante intangibilidad, su naturaleza huidiza, inasible, inefable, es decir, la hiriente posibilidad de su inexistencia: la novela de Auster, pese a la vivacidad de su anécdota y las vueltas en u de su trama cuasi policial, es un texto acerca de las infinitas formas de la ausencia: la carencia, la depresión, la soledad; la nostalgia y también la melancolía; la enfermedad de no tener, la tristeza del ser incompleto. También es el libro en el que más notoria y notablemente Auster se ha aproximado de manera creativa a las ideas del Wittgenstein del Tractatus, al Wittgenstein de la imposible frase final del Tractatus: esta es una novela que respeta escrupulosamente la noción de no hablar intelectualmente sobre aquello de lo que no se puede hablar con certeza; pero al tejer y retejer obsesivamente en todos los bordes de esa frontera, Invisible nos deja intuir con asombro una de las formas que ese límite puede asumir.


Por otra parte, Mercedes Monmany, en ABCD los libros, también alaba la justicia poética de este logro -al parecer, indiscutible- de Paul Auster y da más detalles sobre la trama:

Paul Auster lo ha hecho en una de sus más inquietantes y provocadoras novelas. Su objetivo en estas brillantes y desasosegadoras páginas, que ha titulado Invisible -y en las que hacen su aparición escritores de nuestros días como Vila-Matas-, es representar la eterna lucha, muchas veces desproporcionada de medios, entre el Bien y el Mal. O, si se prefiere, entre humanidad/compasión y violencia/fiebre militarista, acompañada ésta de «samuráis enloquecidos» dispuestos a tronchar cabezas y pasearse triunfalmente entre los charcos sanguinolentos de los múltiples campos de batalla que cualquier época deja tras de sí. La novela comienza con la presencia de un Mal siempre reencarnado. Dante le dedicaría a un siniestro y notable poeta provenzal del siglo XII, Bertran de Born, los últimos versos del canto XXVIII del Infierno. De Born aparecía llevando su propia cabeza cogida por los pelos, mientras la hacía oscilar de un lado a otro como un farol. Un tormento al que Dante lo había sometido por haber aconsejado al príncipe Enrique que se rebelara contra su padre, Enrique II. Pero no lo condenó por lo que la moral actual lo hubiera condenado. Es decir, lo intolerable y nauseabundo para cualquier persona de nuestros días es que el excelente pero perturbador poeta De Born fuera un enamorado de la guerra. No simplemente un defensor de «guerras necesarias» y pragmáticas, sino un cantor entusiasta que había encontrado en la batalla, como se nos dice en la novela, «su verdadero tema, lo único que parecía interesarle con genuina pasión». Algo que le colmaba de felicidad y le producía auténtico deleite, tal y como narraba en sus versos. Destrucción, pánico, murallas que ceden, cadáveres por doquier, encontraban, ante una falta de «justicia poética» moderna que les hiciera frente, toda legitimidad y admiración. Pero nada muere, todo se reencarna, nos viene a decir Auster. El deleite y la seducción del Mal revive en la figura de torturadores, espías dobles, policías secretas y jueces plegados al poder, o bien tiranos coloniales de islas del Caribe con esclavos que pican piedra, todos los cuales van apareciendo y dejando huellas difusas, oscuras e inverificables, a lo largo de esta novela. Una obra en la que diversas filigranas del «Reino del Acaso» y memorias escritas y planeadas a varias bandas se suceden en la forma de infinitas cajas chinas que no dejan de ensamblarse aquí y allá, como Auster nos tiene acostumbrados. También algo pareció resucitar en 1967. Aquel De Born atávico y sanguinario sería traído de nuevo a la conversación en medio de un party universitario en Nueva York. El joven y atractivo poeta judío Adam Walker, buen conocedor de la literatura francesa, se encuentra con otra persona que se apellida así; en este caso, Rudolf Born, profesor de Ciencia Política venido de Francia. Juntos recuerdan a su tétrico ancestro. Dandi ingenioso y excéntrico, el actual Born esconde algo turbio, desagradable, repulsivo, lo cual no anula sus otras cualidades: esa mezcla de encanto, inteligencia y sentido del humor con la que muy probablemente, como sospecha Walker, acaba consiguiendo todo lo que se propone. Y, efectivamente, así será. El diablo moderno, refinado y perverso que es Born seduce a su víctima -un antimilitarista que se resiste a ir a Vietnam- engatusándolo y atrayéndolo con lo que más le puede cautivar: dirigir una exigente revista literaria financiada por él mismo. A partir de entonces, una tupida tela de araña no dejará escapar a la presa indefensa en la que el joven poeta se ha convertido.

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Paul Auster en el Sweet Melissa Cafe

12.14.2009
El Sweet Melissa Cafe, donde entrevistaron a Auster pese a que la música estaba muy alta. Fuente: hubbe

Paul Auster sin su bufanda roja. Fuente: clarín

Paul Auster y su novela Invisible (publicada por Anagrama hace una semana) es todo menos "invisible". El peregrinaje para ir a entrevistarlo ya se inició y ahora le tocó el turno a Francesc Peiron, para La Vanguardia y Clarín. Es una extensa entrevista, pregunta y respuesta, que se llevó a cabo en el Sweet Melissa Cafe en Nueva York. Ropa oscura, bufanda roja, otra vez. Aquí se habla de todo. Hasta de Obama y de una nueva novela, que ya estaría concluida. Algunas respuestas picadas:
-Unos conocidos vinieron a Nueva York a pasar sus vacaciones y alquilaron un departamento en Brooklyn para tener una experiencia "austeriana"...
-Me parece una locura. No puedo decir nada más. No tiene sentido que alguien venga a Brooklyn porque yo vivo aquí.

-Tal vez creían en un tropiezo casual con usted, fruto del azar, una circunstancia tan característica de sus novelas...
-No son mis libros, sino que todo en la vida es fruto del azar. Es fascinante pensar, por ejemplo, ¿dónde se conocieron tus padres? Es la suerte. Si ellos no se hubieran encontrado, tú no estarías en Brooklyn. ¿No es una historia extraña? Se encontraron por suerte, no lo dudes, y ahora estás sentado enfrente de mí...

-... hablando con Paul Auster...
-Cada vida es el producto de un accidente que sucedió una vez.

-En su última obra vuelve a producirse una historia de azar. ¿Feliz con el resultado?
-¿Feliz? Nunca.

-¿Por qué no?
-No sentirse feliz forma parte de la naturaleza de este trabajo. Experimento un minuto de satisfacción cuando acabo un libro o cuando pienso que ha sido un buen día de trabajo. Después, me gana el desasosiego, pienso que he de leer más libros para hacerlo mejor en la próxima ocasión.

-La crítica que se publicó hace unos días en el Book Review de The New York Times concluía que ésta es su mejor novela...
-Lo sé. Sólo es la opinión de una persona. Y cada una tiene una opinión diferente.

Sí, porque esta semana, James Wood arremete contra usted en The New Yorker.
-No he leído la reseña. No leo ninguna desde hace cuatro o cinco años, aunque también la conozco. Sé que me ataca. No tengo nada personal con él, pero siempre es así. Muchos amigos me preguntan cuál es el problema. Es un reaccionario. No quiero preocuparme. Siri (Husdvedt), mi mujer, que está de viaje, me llamó para contármelo. Dijo que era como si fueras por la calle y un desconocido te soltara un trompazo en la cara.

Le gusta Obama...
-Su elección me alegró. El presidente es brillante, tiene talento y la derecha republicana se ha de reconstruir, está verdaderamente muy deprimida. Sin duda, es mucho mejor que el anterior.

-El terrible atentado del 2001 vuelve a salir en su libro, aunque sea sólo una pincelada.
-Si escribes sobre algo que sucede después del 2001, y eres americano y más en concreto neoyorquino, es imposible no pensar en lo que sucedió. Piensas cada día.

-También se refiere a la pesadilla de los neoyorquinos de que alguien, de repente, les salga con una pistola...
-Sí, es cierto, pero especialmente entonces, cuando se encuadra esta historia. Los 60 y 70 eran muy violentos, mucho más que ahora. La ciudad ahora es más segura. Esa imagen del libro explica lo peligrosa que era entonces la ciudad, con drogas por todos los lados, pistolas y navajas, amenazas, tiroteos. Todavía los hay pero no en el grado de entonces. Cuando yo era estudiante ibas por la calle mirando a tu alrededor.

-¿En Manhattan?
-Sí, en todos lados, pero sobre todo en Manhattan. En esa época nunca había puesto los pies en Brooklyn.

-¿Por qué eligió Brooklyn para vivir?
-Fue hace casi 30 años. Y fue sencillamente porque no podía vivir en Manhattan por una cuestión de dinero. Era más barato. Me trasladé en 1981 y jamás pensé que no me movería. Cuando vino mi mujer del medio oeste, en 1978, estaba en Manhattan, pero era caro, y se vino a Brooklyn. Hace unos años, el departamento nos quedó chico, nos teníamos que cambiar a uno más grande. Le dije si quería volver a Manhattan, ése era el momento. Pero no, nos quedamos en Brooklyn, sólo nos movimos una cuadra. Ahora hay muchos escritores jóvenes norteamericanos que viven en Brooklyn, al menos la mitad.

-¿Qué lo ha llevado escribir esta novela?
-He trabajado en ella seis o siete meses, cada día. Pero cada libro es diferente. Algunos los escribes en diez años, otros, en uno, todo depende.

-¿Y ahora?
-Ya tengo otro libro listo. Lo terminé hace dos meses y saldrá el próximo año. Finito.

-¿De que va?
-Ya se verá.

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Las muñecas rusas de Berti

12.11.2009
Matryoshka. Fuente: engadget

Qué genial idea la de Eduardo Berti. En vez de recopilar cuentos breves, brevísimos o microcuentos, como quieran llamársele, decidió "encontrar" historias brevísimas dentro de historias mayores. Así, a la manera de las muñecas rusas, debajo de todas las capas aparece una pequeña miniatura. El volumen de sus hallazgos lo editó Eterna Cadencia bajo el título Historias encontradas y el fin de semana pasado en Radar Libros Eduardo Berti comenta o justifica su afán:

Llegamos entonces al punto de partida de los Cuentos encontrados: mi costumbre (mi manía, ¿por qué no?) de subrayar, de coleccionar las historias breves que voy encontrando dentro de libros más extensos. Porque no es lo mismo, por supuesto, un cuento que nació autónomo (como las fábulas esopianas y otros materiales que conforman Los cuentos más breves del mundo) que un microrrelato que está enmarcado dentro de un texto mayor. Y porque la evolución del género (desde esos primeros pasos que citaba Anderson Imbert) no ha hecho, en absoluto, que desaparecieran las digresiones autónomas. Los cuentos que conforman Historias encontradas provienen, en líneas generales, de tres clases de libros: en su mayor parte de novelas y relatos; en segundo lugar, de misceláneas (florilegios) o de ensayos. Pero en todos los casos se trata de “relatos hallados” o, si se prefiere, de historias semiocultas o sembradas por el autor en el agitado mar de un texto bastante más vasto. [...] Muchos de estos cuentos “encontrados” se hacen eco de una historia mayor, del gran relato que los contiene (remedándolo con variantes, como un espejo en miniatura), otros son independientes o únicamente ilustrativos de un momento o un detalle en particular. Ambas prácticas existen, por cierto, desde hace siglos. Las “novelas” que componen el Quijote, las muchas digresiones que hay en Sterne o en Fielding son, por lo general, independientes del relato mayor [...] Cada historia encierra otras historias. Como muñecas rusas, las novelas o los cuentos que más hemos disfrutado podrían haberse prolongado de manera casi infinita; sólo que el narrador, nunca más afín a un escultor, tomó la decisión de fijar límites, se vio obligado a hacer recortes. Al mismo tiempo, los narradores saben o presienten que, como decía Bioy Casares, por las digresiones penetra la vida. La jerarquía de ciertos libros, de ciertas novelas, puede detectarse no sólo por el brillo innegable de su historia central, sino también por el atractivo de sus “materiales de segundo plano”, de sus “historias menores”. No es de extrañar, en consecuencia, que de ciertos monumentos literarios nos quede, pasado un tiempo, la memoria de tal o cual relato digresivo, tanto o más que un recuerdo integral

Si quieren leer algunos ejemplos, el blog de Eterna Cadencia presenta cinco pequeños aperitivos de Arthur Conan Doyle, Paul Auster, Rainer María Rilke, Sigmund Freud y André Gide.

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Auster entrevistado

12.09.2009
Paul Auster, camisa azul oscura. Fuente: elpaís

Andrea Aguilar entrevista, a pocos metros de su casa (blujean, camisa azul oscura, bufanda roja, lentes de aviador) en Nueva York, a Paul Auster para El País con respecto a Invisible, la nueva novela editada en castellano por Anagrama y que ya está en circulación. Dice:

Lo cierto es que Invisible vuelve a estar poblada por escritores y jóvenes poetas -personajes familiares en el trabajo de Auster- que son víctimas del azar, el amor y la violencia. En este caso es un incesto lo que hace palpitar la trama. Dice que cuando su esposa (la también novelista Siri Husvedt) leyó este pasaje le dijo que parecía estar escribiendo sobre ellos. "Llevamos casados 30 años y hemos construido una amistad muy íntima, un vínculo emocional, intelectual y físico muy fuerte. Creo que tiene razón, de alguna manera eso estaba ahí cuando escribí", explica. El escritor reconoce que en su ficción necesita hablar de espacios que le son familiares. "Me gusta escribir sobre cosas que conozco y que me han rondado la cabeza durante años. Intentas contar la verdad de tu personaje y del mundo tal y como lo conoces, pero al final el arte es un juego y por eso es divertido, aunque hay que tomárselo muy en serio", dice.

El tema de la novela también da pie para hablar de algunos temas de actualidad, como el caso Polanski o la publicación de las fichas de Nabokov:

En la novela resuenan algunos temas de actualidad. Por ejemplo, el asunto de la evasión de la justicia que obsesiona al protagonista. Este viejo debate ha cobrado nueva fuerza con el caso de Roman Polanski, con quien Auster coincidió en los noventa en un jurado del Festival de Venecia. "Terminé el libro mucho antes de que le detuvieran", explica el escritor, uno de los firmantes del manifiesto en apoyo del director. "Éste es un asunto muy triste. Es un hombre mayor y no entiendo por qué esperaron 30 años para detenerle. Firmé porque me pareció injusto. Hasta donde yo sé, el juez estableció como pena que pasara un tiempo en un hospital psiquiátrico y Polanski cumplió. Luego el juez se retractó y fue entonces cuando se dio a la fuga. Ahora de pronto a todo el mundo le importa este caso, y yo la verdad es que creo que esto ya no es un caso". La publicación del manuscrito póstumo e inacabado es otro de los ejes estructurales de Invisible. ¿Qué opina de la reciente y polémica publicación del último libro de Nabokov? "Él dijo que no quería que se publicase y su hijo ha tomado ahora la decisión de sacarlo a la luz", contesta. "En el caso de mi novela, no creo que Walker tuviera nunca en mente publicar lo que escribía. Se trata de introducir no ficción dentro de la ficción". El juego narrativo que Auster establece divide la novela en tres partes, con tres narradores y varios saltos entre pasado y presente. "Todo fue orgánico. Las historias me llegan de esa manera: emanan de una necesidad por contar y llega todo de golpe. Así es con todo mi trabajo. Es instinto, una sensación", sonríe. "No puedo defenderme".

Y finalmente, confiesa que lo más difícil fue escribir las escenas sexuales. Esperemos que no se gane el Premio Bad Sex de The Literary Review nomás. Para qué se arriesga. Dice la nota:

¿Es la intimidad lo más importante en literatura? "Depende de lo que quieras hacer. A veces uno busca objetividad y distancia". Confiesa que las escenas íntimas han sido lo que más le ha costado. "Lo más difícil es escribir sobre sexo, y en este libro hay mucho".

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La visibilidad de Invisible

11.24.2009
Paul Auster. Ilustración: André Carrilho. Fuente: newyorker

Invisible, la última novela de Paul Auster, se deja ver cada vez más nítidamente en castellano. Anagrama ya anunció que el 1 de diciembre estará en librerías. No, amigos limeños, ni sueñen que estará en la Feria del Libro Ricardo Palma. A no ser que Océano rente un avión solo para traerla. Como sea, el anuncio del nuevo libro de Auster viene acompañado de elogios (lo que no es usual últimamente) y también palos. Clancy Martin, en The New York Times, dice que es la mejor novela que Auster ha escrito hasta ahora:


As soon as you finish Paul Auster’s “Invisible” you want to read it again. And not because, as sometimes with his novels — as with the novels of Georges Perec, one of a handful of other real authors mentioned in the book — you suddenly suspect, at the very end, that you haven’t properly understood a word of what has gone before. You want to reread “Invisible” because it moves quickly, easily, somehow sinuously, and you worry that there were good parts that you read right past, insights that you missed. The prose is contemporary American writing at its best: crisp, elegant, brisk. It has the illusion of effortlessness that comes only with fierce discipline. As often happens when you are in the hands of a master, you read the next sentence almost before you are finished with the previous one. The novel could be read shallowly, because it is such a pleasure to read. [...] For years now there have been two Austers waiting to embrace: the psychologist/­storyteller of novels like “Leviathan,” and the metatextual trickster of “The New York Trilogy.” Freud once claimed that our greatest frustration was that we could never kiss ourselves — well, Auster has knotted the pretzel, he has brought his two loves together (it is, after all, a novel about incest). So if, like me, part of why you read is the great pleasure of falling in love with a novel, then read “Invisible.” It is the finest novel Paul Auster has ever written.

Mientras tanto, el renegón James Wood aprovecha la novedad para extenderse en la narrativa de Paul Auster en la última edición de The New Yorker. Wood, a diferencia de Clancy Martin, se muestra reticente a aceptar que está ante una buena novela. Acepta algunos halagos pero, en síntesis, podríamos aceptar que concluye que Invisible, como otras novelas de Auster, es solo más postmodernidad para espíritus ligeros. Dice:

What Auster often gets instead is the worst of both worlds: fake realism and shallow skepticism. The two weaknesses are related. Auster is a compelling storyteller, but his stories are assertions rather than persuasions. They declare themselves; they hound the next revelation. Because nothing is persuasively assembled, the inevitable postmodern disassembly leaves one largely untouched. (The disassembly is also grindingly explicit, spelled out in billboard-size type.) Presence fails to turn into significant absence, because presence was not present enough. This is the crevasse that divides Auster from novelists like José Saramago, or the Philip Roth of “The Ghost Writer.” Saramago’s realism is braced with skepticism, so his skepticism feels real. Roth’s narrative games emerge naturally from his consideration of ordinary human ironies and comedies; they do not start life as allegories about the relativity of mimesis, though they may become them. Saramago and Roth both assemble and disassemble their stories in ways that seem fundamentally grave. Auster, despite all the games, is the least ironic of contemporary writers. [...] The classic formulations of postmodernism, by philosophers and theorists like Maurice Blanchot and Ihab Hassan, emphasize the way that contemporary language abuts silence. For Blanchot, as indeed for Beckett, language is always announcing its invalidity. Texts stutter and fragment, shred themselves around a void. Perhaps the strangest element of Auster’s reputation as an American postmodernist is that his language never registers this kind of absence at the level of the sentence. The void is all too speakable in Auster’s work. The pleasing, slightly facile books come out almost every year, as tidy and punctual as postage stamps, and the applauding reviewers line up like eager stamp collectors to get the latest issue. Peter Aaron, the narrator of “Leviathan,” whose prose is so pressureless, claims that “I have always been a plodder, a person who anguishes and struggles over each sentence, and even on my best days I do no more than inch along, crawling on my belly like a man lost in the desert. The smallest word is surrounded by acres of silence for me.” Not enough silence, alas.

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Lo nuevo de Auster

5.26.2009
Carátula de la novela. Fuente: macmillan

Gracias al blog "En Minúscula" de Ezequiel Martínez me entero de que Invisible, la nueva novela de Paul Auster, estará en venta en EEUU en noviembre de este año. La pregunta es: ¿Cuándo estará en Anagrama? Lo más probable es que paralelamente a EEUU. Si no antes. Dice Ezquiel:

Aunque él dice que "no es para nada autobiográfica", la próxima novela de Paul Auster arranca en 1967 en Nueva York, y su protagonista es Adam Walker, un joven aspirante a escritor, estudiante de la Universidad de Columbia. Cualquier semejanza con Paul Auster, entonces, sería pura conincidencia.La novela se llama Invisible y según anuncia su editorial, estará a la venta entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre de este año. La revista Granta adelanta un fragmento de la novela y su editor en los Estados Unidos, John Freeman, le realizó una videoentrevista al escritor en su casa de Brooklyn. Ahí Auster cuenta parte de la trama de la historia de este joven que vive intensamente esos años, y donde la sexualidad es mucho más explícita que en sus novelas anteriores. También habla de sus métodos de trabajo, de sus rutinas y del misterio de las ideas hechas ficción.

Ezequiel en su blog enlaza un adelanto de la novela (vía Granta) y una entrevista al autor.

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40 años de Anagrama en NY

5.07.2009
Mesa redonda en el Cervantes. Fuente: flickr.


Enrique Vila Matas, Francisco Goldman, AM Homes, Eduardo Lago, Jorge Herralde, Siri Hustevd, Paul Auster, Daniel Sada. Fuente: anagrama


La editorial Anagrama celebró 40 años y lo hizo con impecable estilo: con una mesa redonda en el Instituto Cervantes de Nueva York aprovechando el encuentro literario del PEN Club. Si uno no puede celebrar sus 40 años en Nueva York ¿para qué celebrarlos? (eso es lo que le dije a todo el mundo el año pasado cuando quisieron ir a mi casa y yo no les abrí la puerta). Con Eduardo Lago como anfitrión, la mesa estuvo compuesta por extraordinarios escritores y amigos de la editorial, además del mismo Jorge Herralde. Los presentes: Daniel Sada, el último premio Herralde, Enrique Vila Matas, Paul Auster, Siri Hustvedt, A.M. Homes y Francisco Goldman. Luego, siguiendo el ritmo de la ciudad, se les vio internándose a todos por calles pequeñas y de casas con ladrillos, casi en blanco y negro, mientras detrás sobre ellos sonaba algo de Django Reinhardt. Podía ser una película de Woody Allen. O, por qué no, el comienzo de una novela de Paul Auster. Habría que ver cómo terminó la noche para saberlo.

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Encuentro en NY

3.26.2009
Metro NY. Fuente: hotelenny

Ya apareció el calendario on line del PEN World Voices Festival of International Literatura que se llevará a cabo, con más de 160 autores invitados, en la sede del PEN Club en Nueva York. El tema en esta ocasión será Revolución/Evolución. Desde el 27 de abril hasta el 3 de mayo, autores de diversos países participarán en mesas redondas, ponencias, conversaciones, presentaciones. Y todo ello matizado con noches de cabaret en la que se presentará, entre otros músicas, el mítico Lou Reed. La lista completa de participantes está aquí.

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Siri Hustvedt sobre Obama

1.28.2009
Siri Hustvedt. Fuente: theage.com

Siri Hustvedt se presentó ayer en Barcelona, de la mano de su editor Jorge Herralde y Eugenia Brioggi, sus editores. Elegía para un americano (Anagrama) es el título del libro, sobre el que ha dicho: "los verdaderos secretos del libro no se encuentran en el argumento". La esposa de Paul Auster, que está intentando abrirse camino propio en castellano, aprovechó la ocasión para hablar de Barak Obama:

Durante su comparecencia, junto al editor de Anagrama, Jorge Herralde, y a la editora de Empúries, Eugènia Broggi, Siri Hustvedt también ha tenido tiempo de reflexionar sobre la victoria y el posterior nombramiento de Barack Obama como nuevo presidente de los Estados Unidos. No pudiendo reprimir un gran suspiro y una expresión facial de auténtica felicidad, la escritora residente en Brooklyn ha destacado que junto con su marido lloró el día en que el mandatario negro ganó las elecciones y la semana pasada cuando juró su cargo. "Estoy impresionada, llena de admiración. Es maravilloso. Finalmente, tenemos un presidente que es un intelectual en la Casa Blanca, y eso en un país donde el antiintelectualismo es una fuerza muy potente", ha precisado. Siendo consciente de que Obama se enfrenta a una "muy dura misión", es de las que cree que en su primera semana de gobierno "ha reafirmado derechos constitucionales y no los ha revocado, como hacía Bush". Por otra parte, ha avanzado que está trabajando en una nueva obra, unas memorias neurológicas, en las que analiza su propio sistema nervioso y sus problemas y que llevará por título La mujer que tiembla o la historia de mis nervios.

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Siri Hustvedt entrevistada

1.12.2009
Siri Hustvedt. Fuente: Jon Uriarte/ el país

Elegía para un americano (Anagrama) es el título de la nueva novela de la escritora norteamericana Siri Hustvedt, quien ha sido entrevistada en el suplemento Babelia este fin de semana. Sobre Siri pesa una sombra muy densa, al menos en el castellano, por ser la esposa de Paul Auster (y madre de la hermosa Sophie). Pero ya es tiempo de que empiece a reconocerse en ella a una escritora autónoma, con sus propias obsesiones y su propio talento. El detonante de esta novela es el recuerdo de su padre, fallecido hace unos años, y la lectura de un diario que dejó éste al morir: "Las memorias y las cartas, eso es lo que quedó una vez que falleció mi padre. Los muertos viven en las palabras que dejan escritas" dice Siri para explicar su novela. Y la nota continúa así explicando la trama:

Erik, el protagonista, es un psiquiatra y psicoanalista, vecino de Brooklyn recientemente divorciado. Tras el funeral de su padre comienza a tomar notas y lee sus memorias. Entre los papeles que encuentra con su hermana Inga hay una enigmática carta que aviva su curiosidad. Le mueve su deseo de atar cabos, de reconstruir desde un nuevo ángulo la figura paterna perdida. "Cuando alguien muere, el deseo natural es buscar a esa persona, las zonas oscuras que no conoces; intentar desentrañar su personalidad. Es un impulso", dice Hustvedt. El juego de la novela transfiere los recuerdos del padre de la escritora al padre de su personaje de ficción. A partir de ellos se construye el recuento en primera persona de la vida del solitario Erik a lo largo de un año de duelo. Mientras el narrador de la novela trata de recontarse su propia historia y asumir la pérdida, escucha a sus pacientes en terapia; fantasea con su vecina; sufre el inquietante acoso fotográfico del novio de ésta; y brinda su apoyo a su hermana Inga, y a su sobrina. Sus pacientes luchan por encontrar la cordura. La bella inquilina del piso de abajo intenta mantener el equilibrio con el perturbado artista que quiere documentar hasta el extremo su vida. Inga intenta sobreponerse a la doble pérdida de su padre y de su esposo y reconciliarse con oscuras historias del pasado que la chismosa periodista husmea, en busca de carnaza y escándalo. Las historias se entrecruzan entre otras cosas con reflexiones sobre el poder de la narrativa, comentarios sobre la obra de Kierkegaard y discusiones de psiquiatría. Hustvedt sonríe al confesar que su madre, con quien mantiene una estrecha relación, tras leer dos veces la novela, tuvo una visión doble de su hija. "Ella me dice que piensa que yo soy Inga y Erik, los dos hermanos. Esto me parece bastante justo y adecuado". Con Inga, Siri comparte la condición de mujer-de-un-escritor-archifamoso. El personaje de ficción tiene la sensación de que muchos sólo la reconocen dentro de la órbita de la gran estrella. "Me quejaba y protestaba sobre mi suerte como la olvidada, incomprendida mujer intelectual", le dice Inga a su hermano en la novela. ¿Y cómo son las cosas fuera de la página? "Si no estuviera casada con Paul hubiera sido complicado escribir eso, no sonaría verdadero, igual que tampoco podría haber incluido las experiencias de un soldado en el frente durante la Segunda Guerra Mundial sin los textos de mi padre".

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Paul Auster en Inglaterra

10.30.2008
Paul Auster. Foto: Rafa Rivas/AFP/Getty

Aunque la periodista fue advertida por el mismo Paul Auster que ese día no estaba especialmente inspirado, y que tenía poco que decir, la verdad es que la entrevista que aparece publicada en The Guardian a Paul Auster a raíz de la edición británica de Un hombre en la oscuridad, tiene un momento notable: cuando Auster explica el destrás de cámara de su escritura y la motivación que lo condujo a escribirla: la muerte del hijo de David Grossman. Dice la nota:

The process of writing Man in the Dark was, Auster says, unusual for him. It took just four months, faster than any other book he's written. "It was one of those odd situations where the next word was always there," he says. "There was Brill, lying in bed, and little by little you slip into the skin of this other being, and find out who he is, and the novel starts to emerge out of this." As well as Auster's rage at America, the story has its roots in a very personal tragedy: the book is dedicated to Israeli writer David Grossman, a good friend of Auster's, and to the memory of Uri Grossman, David's son, who was killed in Lebanon two summers ago, aged 20. As Brill lies awake through the night, he worries about his granddaughter Katya, "who used to sleep with a young man named Titus Small, but Titus is dead now, and Katya sleeps alone with her broken heart." "The devastation [Uri Grossman's] death has caused in the family is incalculable. I think I was so horrified by this that the character of Titus is in a way a personal response to that," says Auster, who feels the Grossman's tragedy was perhaps "the central event of the book around which everything else accumulated". "Of all people, David has been fighting for peace in the Middle East all his life, and his son was killed roughly 24 hours after he and Amos Oz and other Israeli writers implored Olmert to declare a ceasefire. It was bad, it was really bad."

Además, adelanta que ya tiene escrita su próxima novela (¡a trabajar, traductores de Anagrama! Ya otro año podrán irse a la Costa Brava) que tiene como título Invisible.

He's already written his next novel, which he'll reveal is called Invisible and has a 20-year-old protagonist ("no more old men in rooms for the time being"). It's out next year, but for now he seems to content to watch as "the weird world rolls on", to borrow a phrase from Nathaniel Hawthorne's daughter Rose which resounds through Man in the Dark. He's hoping something will emerge shortly. "When I'm writing I don't feel neurotic," he says with a grin. "So it's better for the family if I'm working."

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Auster en Barcelona

10.10.2008
Paul Auster en Barcelona. Fuente: elpaís

Paul Auster estuvo en Barcelona para presentar su novela Un hombre en la oscuridad, editada por Anagrama. Ahí lo entrevista Carlos Geli. La pregunta obvia: ¿tiene el 11-S alguna relevancia en la novela?

No creo en los símbolos en literatura, pero sí que existe una guerra civil en EE UU en la que no se disparan balas sino ideas, y que se lleva al límite. Llevo ocho años, desde el golpe de Estado legal que derrocó a Al Gore, como viviendo en un mundo paralelo pero que ha resultado ser real, y la cosa no ha hecho más que empeorar [es] un periodo en el cual tu Gobierno no te ayuda en nada como ciudadano, sólo le preocupa el ejército, y en el que el ala más dura de los republicanos se ha acabado apoderando de toda la derecha del país (...) Hay un fundamentalismo cristiano que ha crecido como nunca, gente que cree ciega y realmente que el mundo se hizo en seis días y en la pena de muerte, por poner dos ejemplos... Desde Europa puede verse más jocosamente esto del anti darwinismo y el puritanismo, pero convivir allí con eso se hace difícil... ¿Cómo puedo tener una conversación con esa gente? El espacio común entre ellos y yo es mínimo. En EE UU hay dos mundos que no se hablan. No es broma: hay mucha gente que cree que debería ser un Estado independiente; tanto que tras el 11-S hubo una revista de poesía que tituló en portada: 'USA out of NYC'; otros muchos odian Nueva York por lo que representa, con un 40% de la población que no es de allí..."

Luego de confesar que votará por Obama, niega haber declarado que no piensa volver a escribir:

¿Está cansado, se le acaban los temas y las ganas de escribir como dijo hace un año? "¿Afirmé eso? Debió ser un estado de ánimo momentáneo: acabo de entregar novela", suelta. Es coherente: sus personajes suelen estar en crisis y se reinventan. Y Auster lo ha hecho.

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Lo nuevo de Auster

10.02.2008
Carátula de la novela. Fuente: editorial anagrama

He tenido la suerte, absolutamente extraordinaria, de conseguir muy temprano un ejemplar de Un hombre en la oscuridad, la nueva novela de Paul Auster, editada hace unas semanas por Anagrama. Es difícil terminar de leer un libro y declararlo como "el mejor de". O es más bien fácil caer en esa tentación. Pero la evitaré. Solo puedo decir que pocos libros los he asimilado tan profundamente en los últimos años, removiendo cosas que pensé que estaban quietas, como con el libro de Auster. Luego, la vida se encargó de darme un revolcón todavía más duro y la lectura de Auster formó parte del ciclón que ha puesto de cabeza mi vida. No puedo evitar recomendarles que lean a este Auster, absolutamente distinto al de los años anteriores. Aunque debo prevenirlos también que esa lectura, si la hacen realmente concentrados, será un antes y un después en sus vidas. Es como un hechizo. Bah, solo yo me entiendo. Felizmente, Felipe Fernández ha escrito en el ADN Cultura una reseña menos críptica que esto que acabo de decir:

En las últimas horas de la noche, Brill mantiene otra conversación con su nieta que sirve para repasar su relación con Sonia, la etapa del enamoramiento, los altibajos del matrimonio, el dolor por la pérdida de su esposa y el remordimiento por una infidelidad que a veces le hace sentir un enorme desprecio por sí mismo. "¿Por qué es tan horrible la vida, abuelo?", pregunta Katya en medio de esa charla confesional. "Porque lo es, simplemente", contesta él. Ninguno de los dos puede olvidar las imágenes de un video que muestra la ejecución de Titus a manos de sus captores. El diálogo resuena como una suerte de epitafio vital, pero el amanecer insufla una nota de optimismo, un poco forzada, para concluir la novela y compensar tanta amargura precedente. Los lectores asiduos de Auster reconocerán en Un hombre en la oscuridad varios de los rasgos que caracterizan su prolífica obra: un incansable motor narrativo, el estilo directo y la habilidad para encontrar nexos que le permiten incluir digresiones sin disolver la unidad básica del relato. Aquí se intuye, además, un pudor para filosofar demasiado sobre los hechos más terribles de la vida, como si Auster se conformara con exponerlos de la mejor manera posible para no caer en la desesperación y, desde su propia zona de oscuridad, imaginara su exorcismo, fiel al credo literario que le hizo decir: "Escribir ya no es para mí un acto de libre albedrío, sino una cuestión de supervivencia".

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Dietario voluble

Carátula del libro. Fuente: letras libres

Como muchos bloggers, soy fan de las columnas de escritores, que son como blogs impresos. Y una de las que más sigo es el "Dietario Voluble". Anagrama acaba de publicar varios de esos artículos en un volumen (que ha sido comentado en Letras Libres de este mes por Christopher Michael Domínguez, junto con el libro de Margarita Heredia Vila Matas Portátil). Hoy leí el más reciente "Dietario Voluble" de Vila Matas y todo el párrafo final -pero para llegar a él en su auténtica dimensión tienen que leerlo entero o no entenderán nada- se me ha quedado grabado como aquella cancion, track 1, de mi disco de boleros cantados por Héctor Lavoe:
¿Los libros son absolutamente reales? Hace cuatro años en un hotel de Madrid, a una pregunta acerca de por qué salía Dashiell Hammet en su más reciente libro y Chateaubriand en el anterior, Paul Auster -que está casado con Hustvedt, y sin duda habrá leído su ensayo sobre la importancia de los lentes en El gran Gatsby- contestó así: "Los libros son parte de la realidad. Son tan reales como esta mesa junto a la que estamos sentados. ¿Por qué no pueden entonces estar presentes dentro de una ficción?". No creo que Auster fuera consciente en ese momento de que estaba conectando con el ensayo de Siri, pero me recordó de inmediato al hombre de los ojos de búho. Y, además, me hizo sentirme involuntario testigo de la historia de amor entre sus declaraciones y el ensayo de su mujer. ¿Al hombre-búho lo invitó Gatsby alguna vez de verdad? Es un personaje en el que apenas reparamos cuando aparece borracho en la fiesta inicial. Y no volvemos a verlo hasta el entierro de Gatsby: "En el cementerio oí que un auto se detenía y luego el sonido de alguien chapoteando detrás de nosotros en la tierra mojada. Miré en derredor. Era el hombre con gafas como ojos de búho (...) No lo había vuelto a ver. No supe cómo se enteró del funeral, ni siquiera conocí su nombre. El agua le caía sobre los gruesos anteojos; se los quitó y los limpió para ver la carpa que protegía la tumba de Gatsby". ¿Quién es ese hombre de los gruesos anteojos? Nick no le ha pedido que vaya al funeral. Para Hustvedt, representa una segunda encarnación del señor Eckleburg, testigo del problema de qué es y no es real, "un problema vuelto del revés mediante el concepto de ver a través de cristales especiales: los cristales de la ficción". En Madrid, Auster fue la reencarnación involuntaria del hombre de las gafas ojos de búho. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Quién era ese hombre que, a su vez, era la reencarnación del señor Eckleburg? ¿Por qué apenas nada sabemos de él? Me hace pensar en la escena de la biblioteca en Ulises de Joyce, cuando Stephen está hablando de Shakespeare, y sostiene que éste se ha incluido a sí mismo en sus obras. Muy tenso, Stephen dice que Shakespeare "ha ocultado su propio nombre, un nombre magnífico, William, en sus obras: es un comparsa aquí, allá, igual que el pintor de la vieja Italia colocaba su rostro en un rincón oscuro de su lienzo". Tal vez Nick, al ver al hombre de los gruesos anteojos en el funeral de Gatsby, vio al propio autor del libro. De ser así, Nick llegó a ver a su creador. ¿Lo invitó el propio Gatsby? ¿Lo invitó de verdad? ¿Qué hacía allí el autor? Bueno, ya se sabe que en los funerales siempre aparece alguien que no te esperabas.

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Novedades en España

7.25.2008
Jaime Bayly amenaza con nueva obra autobiográfica. Fuente: otraexpresión

En el suplemento "El Cultural" del diario El Mundo aumentan la lista de Summer Reading o lecturas para verano con la recomendación de una serie de escritores españoles como Javier Reverte, Vicente Verdú, Juan Bonilla y Lorenzo Silva, además de proponer sus propia lista de best seller, policiacos, libros de viaje, etc. Pero eso no es todo. Juan Palomo en su Papelera se adelanta y da la lista de novedades para después de las vacaciones, preparando la temporada navideña:
Menos títulos pero mejores para la rentrée (y eso que aún no me he ido). Los editores piensan lanzar sus mejores apuestas antes de Navidad para apurar posibilidades y balances de resultados. Hacen bien. Por ejemplo, Destino publica en septiembre lo último de Sánchez Ferlosio, God and Gun. Apuntes de polemología, y me cuentan que tiene tralla para todos. Anagrama nos ofrece nuestra dosis casi anual de Paul Auster con Un hombre en la oscuridad, y las últimas crónicas del maestro Kapuscinski, La jungla polaca. Vuelven al fin a la novela Juan Goytisolo con El exiliado de aquí y de allá (Galaxia Gutenberg/Círculo), Haruki Murakami con After dark (Tusquets) y Antonio Gala con Los papeles de agua (Planeta), sello que también lanza El canalla sentimental, de Jaime Bayly, con visos de autobiografía descarnada. Mención especial merece una estremecedora joya literaria inédita por estos pagos, Las memorias privadas de Madame Roland, que ven la luz en Siruela gracias al empeño personal de Ángeles Caso. Aunque para autobiografía pura y dura, Milagros de vida (Mondadori) de J. G. Ballard.

¿Otra vez una "autobiografía descarnada" de Jaime Bayly? ¡No te pases, Jaime! Eso es como invitar al Puma Carranza a todos tus programas. Ya aburre. En fin, también hay Murakami y hay Auster y hay Ballard para elegir. ¿Qué más se puede pedir?

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Auster en septiembre

7.21.2008
Carátula de la novela. Fuente: barnes & noble

El 2 de septiembre es la fecha marcada ya para que se publique en España, vía Anagrama, la nueva novela de Paul Auster Un hombre en la oscuridad (Man in the Dark). La novela fue concluisa por Auster a principio de este año, y entregada de inmediato para su traducción. Todavía no aparece en EEUU, se supone que saldrá la segunda quincena de agosto allá, así que será casi simiultánea la edición. El Time Out de Chicago ya declaró: "Paul Auster’s brilliant, devastating novel about the many realities we inhabit as wars flame all around us.". En una nota en el diario "El País" adelantan de qué trata la novela. Por mi parte, ya estoy buscando una persona que viaje por esos días a Madrid, o regrese, para ver si me la trae. ¿Porque siempre son así las cosas? Dice la nota:
La historia transcurre en Vermont, escenario recurrente en su obra. Su principal protagonista, August Brill, ha sufrido un accidente de coche y se está recuperando en casa de su hija. No puede dormir, e inventa historias en la oscuridad. Realidad y ficción se dan la mano en esta novela en la que Auster incluye una reveladora versión de la política americana actual. La guerra de Irak, los vínculos familiares o la pérdida son algunos de los temas que aparecen en esta novela, que todavía no se ha publicado en lengua inglesa, según informó la editorial Anagrama. En una de las historias que imagina August Brill, en las páginas de Un hombre en la oscuridad, aparece Owen Brick, un joven mago que ha adoptado el nombre artístico del Gran Zavello. No sabe dónde está ni cómo ha llegado hasta allí, pero oye el ruido de una batalla. América está inmersa en una oscura guerra civil. Los atentados del 11 de septiembre no han tenido lugar, y tampoco la guerra de Irak. Y el joven mago descubre que los Estados Unidos combaten, desde hace tiempo, pero contra ellos mismos. Brick no entiende nada, pero sabe que su misión es asesinar a un tal Blake, o Block, o Black, un hombre que no puede dormir, y que, como un dios, inventa en la noche esa guerra que no acabará nunca si él no muere. Y así, en un juego que nos remite a Giordano Bruno, se despliegan dos novelas. En una, el protagonista es Owen Brick y el escenario unos fantasmales Estados Unidos y en la otra se despliega una 'novela familiar' del narrador, donde August Brill nos cuenta y se cuenta su propia vida, y descubre y nos descubre, detective insomne y desolado, dilemas, amores, secretos y traiciones.

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1968: risa y olvido

6.09.2008
Natalia Gorbanevskaya presente en Praga. Fuente: pwf.cz

Hace unas semanas comenté el Festival Literario en Praga que llevaba el título 1968: Laughter and Forgetting”. Pues ahora en el ADN Cultura informan algunas de las conclusiones de ese festival que honra un año tan memorable (y no por las egocéntricas razones que uds. podrían creer, obviamente). Dice la nota:

La canadiense Margaret Atwood considera que 1968 fue "la segunda oleada del movimiento de liberación de la mujer", marcado por la minifalda y los anticonceptivos antes de la gran resaca de los años del sida y de los fundamentalismos religiosos. Lejos de los temas de la liberación sexual, los escritores checos Ivan Klima, Ludvik Vaculik y Jiri Grusa aún debaten, con el mismo fervor del pasado, para saber si esa Primavera de Praga de 1968 fue un enfrentamiento entre facciones comunistas o un aire precursor de la caída del imperio soviético. Natalia Gorbanevskaya, que ahora tiene 72 años, nunca se planeó esta cuestión. "Por cinco minutos de libertad en la Plaza Roja de Moscú estábamos dispuestos a pasar nuestra vida en prisión", recuerda la escritora, que fue internada en un psiquiátrico por haberse manifestado junto con otros seis disidentes ante el Kremlin, el 25 de agosto de 1968, en favor de una Checoslovaquia "libre e independiente". Ivan Klima no esconde una cierta nostalgia. "Entonces la cultura tenía un sentido; era la voz más libre que se podía escuchar", subraya. Para Ludvik Vaculik, además, esto ocurría porque "el enemigo era más fácil de identificar". A sus 61 años, con la fama internacional con la que soñaba cuando estudiaba en la universidad estadounidense de Columbia, Paul Auster asegura que sigue siendo "el mismo". "Pienso de la misma forma y busco siempre la justicia y la igualdad de una sociedad donde se viva juntos en vez de cada uno por su lado", dice.

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