MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Paul Auster en el Sweet Melissa Cafe

El Sweet Melissa Cafe, donde entrevistaron a Auster pese a que la música estaba muy alta. Fuente: hubbe

Paul Auster sin su bufanda roja. Fuente: clarín

Paul Auster y su novela Invisible (publicada por Anagrama hace una semana) es todo menos "invisible". El peregrinaje para ir a entrevistarlo ya se inició y ahora le tocó el turno a Francesc Peiron, para La Vanguardia y Clarín. Es una extensa entrevista, pregunta y respuesta, que se llevó a cabo en el Sweet Melissa Cafe en Nueva York. Ropa oscura, bufanda roja, otra vez. Aquí se habla de todo. Hasta de Obama y de una nueva novela, que ya estaría concluida. Algunas respuestas picadas:
-Unos conocidos vinieron a Nueva York a pasar sus vacaciones y alquilaron un departamento en Brooklyn para tener una experiencia "austeriana"...
-Me parece una locura. No puedo decir nada más. No tiene sentido que alguien venga a Brooklyn porque yo vivo aquí.

-Tal vez creían en un tropiezo casual con usted, fruto del azar, una circunstancia tan característica de sus novelas...
-No son mis libros, sino que todo en la vida es fruto del azar. Es fascinante pensar, por ejemplo, ¿dónde se conocieron tus padres? Es la suerte. Si ellos no se hubieran encontrado, tú no estarías en Brooklyn. ¿No es una historia extraña? Se encontraron por suerte, no lo dudes, y ahora estás sentado enfrente de mí...

-... hablando con Paul Auster...
-Cada vida es el producto de un accidente que sucedió una vez.

-En su última obra vuelve a producirse una historia de azar. ¿Feliz con el resultado?
-¿Feliz? Nunca.

-¿Por qué no?
-No sentirse feliz forma parte de la naturaleza de este trabajo. Experimento un minuto de satisfacción cuando acabo un libro o cuando pienso que ha sido un buen día de trabajo. Después, me gana el desasosiego, pienso que he de leer más libros para hacerlo mejor en la próxima ocasión.

-La crítica que se publicó hace unos días en el Book Review de The New York Times concluía que ésta es su mejor novela...
-Lo sé. Sólo es la opinión de una persona. Y cada una tiene una opinión diferente.

Sí, porque esta semana, James Wood arremete contra usted en The New Yorker.
-No he leído la reseña. No leo ninguna desde hace cuatro o cinco años, aunque también la conozco. Sé que me ataca. No tengo nada personal con él, pero siempre es así. Muchos amigos me preguntan cuál es el problema. Es un reaccionario. No quiero preocuparme. Siri (Husdvedt), mi mujer, que está de viaje, me llamó para contármelo. Dijo que era como si fueras por la calle y un desconocido te soltara un trompazo en la cara.

Le gusta Obama...
-Su elección me alegró. El presidente es brillante, tiene talento y la derecha republicana se ha de reconstruir, está verdaderamente muy deprimida. Sin duda, es mucho mejor que el anterior.

-El terrible atentado del 2001 vuelve a salir en su libro, aunque sea sólo una pincelada.
-Si escribes sobre algo que sucede después del 2001, y eres americano y más en concreto neoyorquino, es imposible no pensar en lo que sucedió. Piensas cada día.

-También se refiere a la pesadilla de los neoyorquinos de que alguien, de repente, les salga con una pistola...
-Sí, es cierto, pero especialmente entonces, cuando se encuadra esta historia. Los 60 y 70 eran muy violentos, mucho más que ahora. La ciudad ahora es más segura. Esa imagen del libro explica lo peligrosa que era entonces la ciudad, con drogas por todos los lados, pistolas y navajas, amenazas, tiroteos. Todavía los hay pero no en el grado de entonces. Cuando yo era estudiante ibas por la calle mirando a tu alrededor.

-¿En Manhattan?
-Sí, en todos lados, pero sobre todo en Manhattan. En esa época nunca había puesto los pies en Brooklyn.

-¿Por qué eligió Brooklyn para vivir?
-Fue hace casi 30 años. Y fue sencillamente porque no podía vivir en Manhattan por una cuestión de dinero. Era más barato. Me trasladé en 1981 y jamás pensé que no me movería. Cuando vino mi mujer del medio oeste, en 1978, estaba en Manhattan, pero era caro, y se vino a Brooklyn. Hace unos años, el departamento nos quedó chico, nos teníamos que cambiar a uno más grande. Le dije si quería volver a Manhattan, ése era el momento. Pero no, nos quedamos en Brooklyn, sólo nos movimos una cuadra. Ahora hay muchos escritores jóvenes norteamericanos que viven en Brooklyn, al menos la mitad.

-¿Qué lo ha llevado escribir esta novela?
-He trabajado en ella seis o siete meses, cada día. Pero cada libro es diferente. Algunos los escribes en diez años, otros, en uno, todo depende.

-¿Y ahora?
-Ya tengo otro libro listo. Lo terminé hace dos meses y saldrá el próximo año. Finito.

-¿De que va?
-Ya se verá.

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7:58 a.m.

olvidas la crítica de James Wood a la nueva novela de auster en el New Yorker de hace un par de semanas:
http://www.newyorker.com/arts/critics/books/2009/11/30/091130crbo_books_wood    



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