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Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Más sobre Invisible

12.21.2009
Paul Auster y Enrique Vila Matas, quien al parecer tiene una breve aparición en la nueva novela de Auster. © Beowulf Sheehan/PEN American Center for non-profit editorial use only

Gustavo Faverón en su blog "Puente Aéreo", en un post escrito desde su exilio tropical, anuncia que pronto la traducción al castellano de la nueva novela de Paul Auster Invisible estará en venta. En realidad, ya está en venta desde hace semanas en España y Argentina y me parece que esta semana llega a Lima. A ver si es cierto lo que me dicen los de Océano. En fin, la novela de Auster realmente es un milagro. Salvo alguna voz disidente, como la de James Wood en New Yorker, los demás caen rendidos a sus pies. Dice Faverón por ejemplo:

Durante el último par de años, me acostumbré a recomendar las novelas del holandés Harry Mulisch con una frase que, me pareció, la mayoría de los lectores hispanohablantes comprendería de inmediato: Mulisch es todo aquello que Paul Auster intenta ser. Esto a pesar de que Auster es uno de mis novelistas americanos preferidos. Pues bien, luego de leer Invisible (que según entiendo no tardará en aparecer en traducción al español) debo corregir la ruta: Auster es hoy el autor que siempre ha tratado de ser, y su novela más reciente es quizás la mejor de su carrera. [...] Invisible (de la que espero escribir con más tiempo tan pronto como regrese de Puerto Rico) es, para comenzar, estructuralmente brillante: empieza con un relato en primera persona, recapitulación de una experiencia tangible y, aunque enigmática, muy presente, muy palpable, real. Pero luego, a medida en que la historia se va enrareciendo y extrañando, las voces narrativas se vuelven más y más oblicuas, mediadas, indirectas: el protagonista pasa a recontar su propia anécdota en segunda persona, y luego en tercera, enajenándose de sí mismo, alienando su punto de vista, extraviando la introspección para observarse como un otro; y luego se diluye, abandona su propio escenario, y el relato debe ser recogido por otros narradores que intentan suplir el vacío con referencias lejanas y alusiones de segunda mano. Ese procedimiento es cervantino y borgeano, como suele ocurrir en los libros de Auster por obra de esa tendencia suya a la identificación con fuentes hispanas (Vila-Matas es aludido en algún momento en Invisible). Pero no puedo recordar otra novela del neoyorquino en la que se haya apropiado del mecanismo de manera tan personal. En Invisible, Auster ensaya una serie de variantes que no se limitan a comprometer o poner en duda la frontera entre la certeza de lo real y la duda de lo imaginario, la realidad y la ficción, la vigilia y el sueño, la seguridad de la Verdad y el relativismo de las verdades extraviadas; más allá de eso, el enrarecimiento de las voces narrativas y los puntos de vista le sirve para abrir una serie de agujeros en el tejido emotivo de la historia, agujeros que son el centro mismo (agujeros negros) de la novela toda: los diversos relatos se levantan y se hilvanan unos con otros a la vez que se ponen en duda unos a otros, de modo que el lector empieza a descubrir que es en las contradicciones y en las imperfecciones, en los vacíos y las grietas donde habitan las ideas cruciales de la historia. Esas ideas tienen una sola cosa en común, el rasgo anunciado en el título: su invisibilidad, su acuciante y angustiante intangibilidad, su naturaleza huidiza, inasible, inefable, es decir, la hiriente posibilidad de su inexistencia: la novela de Auster, pese a la vivacidad de su anécdota y las vueltas en u de su trama cuasi policial, es un texto acerca de las infinitas formas de la ausencia: la carencia, la depresión, la soledad; la nostalgia y también la melancolía; la enfermedad de no tener, la tristeza del ser incompleto. También es el libro en el que más notoria y notablemente Auster se ha aproximado de manera creativa a las ideas del Wittgenstein del Tractatus, al Wittgenstein de la imposible frase final del Tractatus: esta es una novela que respeta escrupulosamente la noción de no hablar intelectualmente sobre aquello de lo que no se puede hablar con certeza; pero al tejer y retejer obsesivamente en todos los bordes de esa frontera, Invisible nos deja intuir con asombro una de las formas que ese límite puede asumir.


Por otra parte, Mercedes Monmany, en ABCD los libros, también alaba la justicia poética de este logro -al parecer, indiscutible- de Paul Auster y da más detalles sobre la trama:

Paul Auster lo ha hecho en una de sus más inquietantes y provocadoras novelas. Su objetivo en estas brillantes y desasosegadoras páginas, que ha titulado Invisible -y en las que hacen su aparición escritores de nuestros días como Vila-Matas-, es representar la eterna lucha, muchas veces desproporcionada de medios, entre el Bien y el Mal. O, si se prefiere, entre humanidad/compasión y violencia/fiebre militarista, acompañada ésta de «samuráis enloquecidos» dispuestos a tronchar cabezas y pasearse triunfalmente entre los charcos sanguinolentos de los múltiples campos de batalla que cualquier época deja tras de sí. La novela comienza con la presencia de un Mal siempre reencarnado. Dante le dedicaría a un siniestro y notable poeta provenzal del siglo XII, Bertran de Born, los últimos versos del canto XXVIII del Infierno. De Born aparecía llevando su propia cabeza cogida por los pelos, mientras la hacía oscilar de un lado a otro como un farol. Un tormento al que Dante lo había sometido por haber aconsejado al príncipe Enrique que se rebelara contra su padre, Enrique II. Pero no lo condenó por lo que la moral actual lo hubiera condenado. Es decir, lo intolerable y nauseabundo para cualquier persona de nuestros días es que el excelente pero perturbador poeta De Born fuera un enamorado de la guerra. No simplemente un defensor de «guerras necesarias» y pragmáticas, sino un cantor entusiasta que había encontrado en la batalla, como se nos dice en la novela, «su verdadero tema, lo único que parecía interesarle con genuina pasión». Algo que le colmaba de felicidad y le producía auténtico deleite, tal y como narraba en sus versos. Destrucción, pánico, murallas que ceden, cadáveres por doquier, encontraban, ante una falta de «justicia poética» moderna que les hiciera frente, toda legitimidad y admiración. Pero nada muere, todo se reencarna, nos viene a decir Auster. El deleite y la seducción del Mal revive en la figura de torturadores, espías dobles, policías secretas y jueces plegados al poder, o bien tiranos coloniales de islas del Caribe con esclavos que pican piedra, todos los cuales van apareciendo y dejando huellas difusas, oscuras e inverificables, a lo largo de esta novela. Una obra en la que diversas filigranas del «Reino del Acaso» y memorias escritas y planeadas a varias bandas se suceden en la forma de infinitas cajas chinas que no dejan de ensamblarse aquí y allá, como Auster nos tiene acostumbrados. También algo pareció resucitar en 1967. Aquel De Born atávico y sanguinario sería traído de nuevo a la conversación en medio de un party universitario en Nueva York. El joven y atractivo poeta judío Adam Walker, buen conocedor de la literatura francesa, se encuentra con otra persona que se apellida así; en este caso, Rudolf Born, profesor de Ciencia Política venido de Francia. Juntos recuerdan a su tétrico ancestro. Dandi ingenioso y excéntrico, el actual Born esconde algo turbio, desagradable, repulsivo, lo cual no anula sus otras cualidades: esa mezcla de encanto, inteligencia y sentido del humor con la que muy probablemente, como sospecha Walker, acaba consiguiendo todo lo que se propone. Y, efectivamente, así será. El diablo moderno, refinado y perverso que es Born seduce a su víctima -un antimilitarista que se resiste a ir a Vietnam- engatusándolo y atrayéndolo con lo que más le puede cautivar: dirigir una exigente revista literaria financiada por él mismo. A partir de entonces, una tupida tela de araña no dejará escapar a la presa indefensa en la que el joven poeta se ha convertido.

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Paul Auster en el Sweet Melissa Cafe

12.14.2009
El Sweet Melissa Cafe, donde entrevistaron a Auster pese a que la música estaba muy alta. Fuente: hubbe

Paul Auster sin su bufanda roja. Fuente: clarín

Paul Auster y su novela Invisible (publicada por Anagrama hace una semana) es todo menos "invisible". El peregrinaje para ir a entrevistarlo ya se inició y ahora le tocó el turno a Francesc Peiron, para La Vanguardia y Clarín. Es una extensa entrevista, pregunta y respuesta, que se llevó a cabo en el Sweet Melissa Cafe en Nueva York. Ropa oscura, bufanda roja, otra vez. Aquí se habla de todo. Hasta de Obama y de una nueva novela, que ya estaría concluida. Algunas respuestas picadas:
-Unos conocidos vinieron a Nueva York a pasar sus vacaciones y alquilaron un departamento en Brooklyn para tener una experiencia "austeriana"...
-Me parece una locura. No puedo decir nada más. No tiene sentido que alguien venga a Brooklyn porque yo vivo aquí.

-Tal vez creían en un tropiezo casual con usted, fruto del azar, una circunstancia tan característica de sus novelas...
-No son mis libros, sino que todo en la vida es fruto del azar. Es fascinante pensar, por ejemplo, ¿dónde se conocieron tus padres? Es la suerte. Si ellos no se hubieran encontrado, tú no estarías en Brooklyn. ¿No es una historia extraña? Se encontraron por suerte, no lo dudes, y ahora estás sentado enfrente de mí...

-... hablando con Paul Auster...
-Cada vida es el producto de un accidente que sucedió una vez.

-En su última obra vuelve a producirse una historia de azar. ¿Feliz con el resultado?
-¿Feliz? Nunca.

-¿Por qué no?
-No sentirse feliz forma parte de la naturaleza de este trabajo. Experimento un minuto de satisfacción cuando acabo un libro o cuando pienso que ha sido un buen día de trabajo. Después, me gana el desasosiego, pienso que he de leer más libros para hacerlo mejor en la próxima ocasión.

-La crítica que se publicó hace unos días en el Book Review de The New York Times concluía que ésta es su mejor novela...
-Lo sé. Sólo es la opinión de una persona. Y cada una tiene una opinión diferente.

Sí, porque esta semana, James Wood arremete contra usted en The New Yorker.
-No he leído la reseña. No leo ninguna desde hace cuatro o cinco años, aunque también la conozco. Sé que me ataca. No tengo nada personal con él, pero siempre es así. Muchos amigos me preguntan cuál es el problema. Es un reaccionario. No quiero preocuparme. Siri (Husdvedt), mi mujer, que está de viaje, me llamó para contármelo. Dijo que era como si fueras por la calle y un desconocido te soltara un trompazo en la cara.

Le gusta Obama...
-Su elección me alegró. El presidente es brillante, tiene talento y la derecha republicana se ha de reconstruir, está verdaderamente muy deprimida. Sin duda, es mucho mejor que el anterior.

-El terrible atentado del 2001 vuelve a salir en su libro, aunque sea sólo una pincelada.
-Si escribes sobre algo que sucede después del 2001, y eres americano y más en concreto neoyorquino, es imposible no pensar en lo que sucedió. Piensas cada día.

-También se refiere a la pesadilla de los neoyorquinos de que alguien, de repente, les salga con una pistola...
-Sí, es cierto, pero especialmente entonces, cuando se encuadra esta historia. Los 60 y 70 eran muy violentos, mucho más que ahora. La ciudad ahora es más segura. Esa imagen del libro explica lo peligrosa que era entonces la ciudad, con drogas por todos los lados, pistolas y navajas, amenazas, tiroteos. Todavía los hay pero no en el grado de entonces. Cuando yo era estudiante ibas por la calle mirando a tu alrededor.

-¿En Manhattan?
-Sí, en todos lados, pero sobre todo en Manhattan. En esa época nunca había puesto los pies en Brooklyn.

-¿Por qué eligió Brooklyn para vivir?
-Fue hace casi 30 años. Y fue sencillamente porque no podía vivir en Manhattan por una cuestión de dinero. Era más barato. Me trasladé en 1981 y jamás pensé que no me movería. Cuando vino mi mujer del medio oeste, en 1978, estaba en Manhattan, pero era caro, y se vino a Brooklyn. Hace unos años, el departamento nos quedó chico, nos teníamos que cambiar a uno más grande. Le dije si quería volver a Manhattan, ése era el momento. Pero no, nos quedamos en Brooklyn, sólo nos movimos una cuadra. Ahora hay muchos escritores jóvenes norteamericanos que viven en Brooklyn, al menos la mitad.

-¿Qué lo ha llevado escribir esta novela?
-He trabajado en ella seis o siete meses, cada día. Pero cada libro es diferente. Algunos los escribes en diez años, otros, en uno, todo depende.

-¿Y ahora?
-Ya tengo otro libro listo. Lo terminé hace dos meses y saldrá el próximo año. Finito.

-¿De que va?
-Ya se verá.

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Auster entrevistado

12.09.2009
Paul Auster, camisa azul oscura. Fuente: elpaís

Andrea Aguilar entrevista, a pocos metros de su casa (blujean, camisa azul oscura, bufanda roja, lentes de aviador) en Nueva York, a Paul Auster para El País con respecto a Invisible, la nueva novela editada en castellano por Anagrama y que ya está en circulación. Dice:

Lo cierto es que Invisible vuelve a estar poblada por escritores y jóvenes poetas -personajes familiares en el trabajo de Auster- que son víctimas del azar, el amor y la violencia. En este caso es un incesto lo que hace palpitar la trama. Dice que cuando su esposa (la también novelista Siri Husvedt) leyó este pasaje le dijo que parecía estar escribiendo sobre ellos. "Llevamos casados 30 años y hemos construido una amistad muy íntima, un vínculo emocional, intelectual y físico muy fuerte. Creo que tiene razón, de alguna manera eso estaba ahí cuando escribí", explica. El escritor reconoce que en su ficción necesita hablar de espacios que le son familiares. "Me gusta escribir sobre cosas que conozco y que me han rondado la cabeza durante años. Intentas contar la verdad de tu personaje y del mundo tal y como lo conoces, pero al final el arte es un juego y por eso es divertido, aunque hay que tomárselo muy en serio", dice.

El tema de la novela también da pie para hablar de algunos temas de actualidad, como el caso Polanski o la publicación de las fichas de Nabokov:

En la novela resuenan algunos temas de actualidad. Por ejemplo, el asunto de la evasión de la justicia que obsesiona al protagonista. Este viejo debate ha cobrado nueva fuerza con el caso de Roman Polanski, con quien Auster coincidió en los noventa en un jurado del Festival de Venecia. "Terminé el libro mucho antes de que le detuvieran", explica el escritor, uno de los firmantes del manifiesto en apoyo del director. "Éste es un asunto muy triste. Es un hombre mayor y no entiendo por qué esperaron 30 años para detenerle. Firmé porque me pareció injusto. Hasta donde yo sé, el juez estableció como pena que pasara un tiempo en un hospital psiquiátrico y Polanski cumplió. Luego el juez se retractó y fue entonces cuando se dio a la fuga. Ahora de pronto a todo el mundo le importa este caso, y yo la verdad es que creo que esto ya no es un caso". La publicación del manuscrito póstumo e inacabado es otro de los ejes estructurales de Invisible. ¿Qué opina de la reciente y polémica publicación del último libro de Nabokov? "Él dijo que no quería que se publicase y su hijo ha tomado ahora la decisión de sacarlo a la luz", contesta. "En el caso de mi novela, no creo que Walker tuviera nunca en mente publicar lo que escribía. Se trata de introducir no ficción dentro de la ficción". El juego narrativo que Auster establece divide la novela en tres partes, con tres narradores y varios saltos entre pasado y presente. "Todo fue orgánico. Las historias me llegan de esa manera: emanan de una necesidad por contar y llega todo de golpe. Así es con todo mi trabajo. Es instinto, una sensación", sonríe. "No puedo defenderme".

Y finalmente, confiesa que lo más difícil fue escribir las escenas sexuales. Esperemos que no se gane el Premio Bad Sex de The Literary Review nomás. Para qué se arriesga. Dice la nota:

¿Es la intimidad lo más importante en literatura? "Depende de lo que quieras hacer. A veces uno busca objetividad y distancia". Confiesa que las escenas íntimas han sido lo que más le ha costado. "Lo más difícil es escribir sobre sexo, y en este libro hay mucho".

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La visibilidad de Invisible

11.24.2009
Paul Auster. Ilustración: André Carrilho. Fuente: newyorker

Invisible, la última novela de Paul Auster, se deja ver cada vez más nítidamente en castellano. Anagrama ya anunció que el 1 de diciembre estará en librerías. No, amigos limeños, ni sueñen que estará en la Feria del Libro Ricardo Palma. A no ser que Océano rente un avión solo para traerla. Como sea, el anuncio del nuevo libro de Auster viene acompañado de elogios (lo que no es usual últimamente) y también palos. Clancy Martin, en The New York Times, dice que es la mejor novela que Auster ha escrito hasta ahora:


As soon as you finish Paul Auster’s “Invisible” you want to read it again. And not because, as sometimes with his novels — as with the novels of Georges Perec, one of a handful of other real authors mentioned in the book — you suddenly suspect, at the very end, that you haven’t properly understood a word of what has gone before. You want to reread “Invisible” because it moves quickly, easily, somehow sinuously, and you worry that there were good parts that you read right past, insights that you missed. The prose is contemporary American writing at its best: crisp, elegant, brisk. It has the illusion of effortlessness that comes only with fierce discipline. As often happens when you are in the hands of a master, you read the next sentence almost before you are finished with the previous one. The novel could be read shallowly, because it is such a pleasure to read. [...] For years now there have been two Austers waiting to embrace: the psychologist/­storyteller of novels like “Leviathan,” and the metatextual trickster of “The New York Trilogy.” Freud once claimed that our greatest frustration was that we could never kiss ourselves — well, Auster has knotted the pretzel, he has brought his two loves together (it is, after all, a novel about incest). So if, like me, part of why you read is the great pleasure of falling in love with a novel, then read “Invisible.” It is the finest novel Paul Auster has ever written.

Mientras tanto, el renegón James Wood aprovecha la novedad para extenderse en la narrativa de Paul Auster en la última edición de The New Yorker. Wood, a diferencia de Clancy Martin, se muestra reticente a aceptar que está ante una buena novela. Acepta algunos halagos pero, en síntesis, podríamos aceptar que concluye que Invisible, como otras novelas de Auster, es solo más postmodernidad para espíritus ligeros. Dice:

What Auster often gets instead is the worst of both worlds: fake realism and shallow skepticism. The two weaknesses are related. Auster is a compelling storyteller, but his stories are assertions rather than persuasions. They declare themselves; they hound the next revelation. Because nothing is persuasively assembled, the inevitable postmodern disassembly leaves one largely untouched. (The disassembly is also grindingly explicit, spelled out in billboard-size type.) Presence fails to turn into significant absence, because presence was not present enough. This is the crevasse that divides Auster from novelists like José Saramago, or the Philip Roth of “The Ghost Writer.” Saramago’s realism is braced with skepticism, so his skepticism feels real. Roth’s narrative games emerge naturally from his consideration of ordinary human ironies and comedies; they do not start life as allegories about the relativity of mimesis, though they may become them. Saramago and Roth both assemble and disassemble their stories in ways that seem fundamentally grave. Auster, despite all the games, is the least ironic of contemporary writers. [...] The classic formulations of postmodernism, by philosophers and theorists like Maurice Blanchot and Ihab Hassan, emphasize the way that contemporary language abuts silence. For Blanchot, as indeed for Beckett, language is always announcing its invalidity. Texts stutter and fragment, shred themselves around a void. Perhaps the strangest element of Auster’s reputation as an American postmodernist is that his language never registers this kind of absence at the level of the sentence. The void is all too speakable in Auster’s work. The pleasing, slightly facile books come out almost every year, as tidy and punctual as postage stamps, and the applauding reviewers line up like eager stamp collectors to get the latest issue. Peter Aaron, the narrator of “Leviathan,” whose prose is so pressureless, claims that “I have always been a plodder, a person who anguishes and struggles over each sentence, and even on my best days I do no more than inch along, crawling on my belly like a man lost in the desert. The smallest word is surrounded by acres of silence for me.” Not enough silence, alas.

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Siri Hustvedt entrevistada

3.23.2009
Siri Hustvedt. Fuente: smh.com.au

Siri Hustvedt tiene una nueva novela en castellano (editada por Anagrama): Elegía por un americano. El suplemento Ñ la entrevistó a propósito de esta novela en la que dos hermanos, Erik e Inga Davidsen, hacen un viaje iniciático para investigar un episodio oscuro en la adolescencia del padre. Acá algunas preguntas:

En Elegía para un americano hay textos reales del diario de su padre, al mismo tiempo habla de "fantasmas" ¿Luchaba con los suyos?
—La novela surgió en respuesta a la muerte de mi padre, y cada muerte deja varios fantasmas tras de sí. Las palabras escritas por el muerto son fantasmas en sí mismas. Al usar los textos de mi padre para mi narrativa de ficción, contextualicé de nuevo su autobiografía. Pero quería hacerlo de forma que la historia y las emociones tuviesen algo de realidad.

—En este libro, al igual que en el anterior, la perspectiva es masculina. ¿Por qué ese interés?
—Disfruto mucho escribiendo como un hombre. La voz masculina tiene implícita una autoridad que no tiene la de una mujer, pero la próxima novela tendrá una voz femenina.

—¿Es usted una una mezcla de Inga y Erik?
—Sí, hay aspectos de mí en ambos. Y el padre, Lars, se parece mucho a mi padre. Creo que traté de analizar mis dos partes, la masculina y la femenina.

Por supuesto, fue inevitable la pregunta sobre su esposo, el célebre Paul Auster:

—¿Cómo es vivir dentro del universo Paul Auster?
—Su trabajo es admirado en todo el mundo y yo estoy orgullosa de eso. Tengo la suerte de poder admirarlo desde muy cerca.

—¿Cómo se sostiene un matrimonio de 26 años?
—Con respeto y flexibilidad. Y con un conocimiento progresivo de la otra persona, pero que nunca debe llegar al final. La ilusión de que uno conoce bien al otro mata el erotismo.

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Vargas Llosa habla

10.14.2008
Mario Vargas Llosa. Fuente: cristobal manuel/ elpaís

"Estoy a favor de la ficción, pero no en la economía" dijo Mario Vargas Llosa en Londres, refiriéndose explícitamente a aquellos que aseguran que los efectos de la crisis económica mundial apenas si serán sentidos en América Latina. En una larga nota de EFE que reproduce el suplemento ADN Cultura, Vargas Llosa no solo habla de economía sino que se extiende bastante en temas literarios. No hay que perdérselo por nada. Dice por ejemplo:

Vargas Llosa señala de modo general que en América Latina "la ficción atraviesa un buen momento" hasta el punto de que "es difícil seguir la actualidad dado el gran número de jóvenes narradores, poetas y ensayistas" que hay. "Además se han multiplicado las editoriales en el continente, y no sólo se trata ya de subsidiarias de editoriales españolas. Ha habido un progreso considerable", señala el novelista. "Cuando yo era joven -recuerda-, encontrar a un editor era dificilísimo, pero hoy un joven con talento lo encuentra fácilmente y no tiene que pasar el calvario de hace treinta o cuarenta años". "Además -agrega- ha crecido el público lector, y hay cada vez más ferias de libros, desde la de Guadalajara, la más grande del mundo, que no tiene un aspecto sólo comercial, sino una gran actividad cultural y literaria, con semanarios y conferencias, hasta la de Cartagena de Indias (Colombia), Buenos Aires o Perú, no sólo en Lima sino también en Trujillo".

Luego también habló de los medios informáticos e incluso de los blogs:

"El público se aferra al papel y me alegro. Yo no podría leer una novela, y mucho menos un poema, en internet". Pero si llega a imponerse alguna vez, "será una literatura que se escriba de otra manera. Como las cartas que se escriben en internet son distintas de las tradicionales", dice el novelista, quien no cree, sin embargo, a diferencia del crítico y teórico Georg Steiner, que vaya a acabarse la buena literatura. "Puede verse arrinconada por los best-sellers, pero no va a desaparecer aunque termine siendo una literatura de catacumba, de minorías", dice Vargas Llosa, quien recuerda que "siempre fue muy poca gente la que leía". Preguntado por el fenómeno de los blogs, el novelista explica que hay en él "luces y sombras": Por un lado han permitido la participación del público en la comunicación, lo que es muy positivo, pero los blogs "se prestan a manipulación y confusión" y no hay "control o vigilancia que puedan evitarlo".

Finalmente, no puedo evitar estar en desacuerdo con las declaraciones del secretario de la Academia Sueca Horace Engdhal sobre el aislamiento de EEUU.

"Hay escritores norteamericanos que pasan las fronteras y tienen por ejemplo en España un gran público. Basta mencionar a Paul Auster, que tiene muchos lectores y ha influido en los jóvenes escritores", señala el novelista peruano, quien reconoce que no hay actualmente una generación como la de Faulkner, Dos Passos o Scott Fitzgerald, pero eso "no ocurre sólo en Estados Unidos", dice.

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Auster en Barcelona

10.10.2008
Paul Auster en Barcelona. Fuente: elpaís

Paul Auster estuvo en Barcelona para presentar su novela Un hombre en la oscuridad, editada por Anagrama. Ahí lo entrevista Carlos Geli. La pregunta obvia: ¿tiene el 11-S alguna relevancia en la novela?

No creo en los símbolos en literatura, pero sí que existe una guerra civil en EE UU en la que no se disparan balas sino ideas, y que se lleva al límite. Llevo ocho años, desde el golpe de Estado legal que derrocó a Al Gore, como viviendo en un mundo paralelo pero que ha resultado ser real, y la cosa no ha hecho más que empeorar [es] un periodo en el cual tu Gobierno no te ayuda en nada como ciudadano, sólo le preocupa el ejército, y en el que el ala más dura de los republicanos se ha acabado apoderando de toda la derecha del país (...) Hay un fundamentalismo cristiano que ha crecido como nunca, gente que cree ciega y realmente que el mundo se hizo en seis días y en la pena de muerte, por poner dos ejemplos... Desde Europa puede verse más jocosamente esto del anti darwinismo y el puritanismo, pero convivir allí con eso se hace difícil... ¿Cómo puedo tener una conversación con esa gente? El espacio común entre ellos y yo es mínimo. En EE UU hay dos mundos que no se hablan. No es broma: hay mucha gente que cree que debería ser un Estado independiente; tanto que tras el 11-S hubo una revista de poesía que tituló en portada: 'USA out of NYC'; otros muchos odian Nueva York por lo que representa, con un 40% de la población que no es de allí..."

Luego de confesar que votará por Obama, niega haber declarado que no piensa volver a escribir:

¿Está cansado, se le acaban los temas y las ganas de escribir como dijo hace un año? "¿Afirmé eso? Debió ser un estado de ánimo momentáneo: acabo de entregar novela", suelta. Es coherente: sus personajes suelen estar en crisis y se reinventan. Y Auster lo ha hecho.

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Lo nuevo de Auster

10.02.2008
Carátula de la novela. Fuente: editorial anagrama

He tenido la suerte, absolutamente extraordinaria, de conseguir muy temprano un ejemplar de Un hombre en la oscuridad, la nueva novela de Paul Auster, editada hace unas semanas por Anagrama. Es difícil terminar de leer un libro y declararlo como "el mejor de". O es más bien fácil caer en esa tentación. Pero la evitaré. Solo puedo decir que pocos libros los he asimilado tan profundamente en los últimos años, removiendo cosas que pensé que estaban quietas, como con el libro de Auster. Luego, la vida se encargó de darme un revolcón todavía más duro y la lectura de Auster formó parte del ciclón que ha puesto de cabeza mi vida. No puedo evitar recomendarles que lean a este Auster, absolutamente distinto al de los años anteriores. Aunque debo prevenirlos también que esa lectura, si la hacen realmente concentrados, será un antes y un después en sus vidas. Es como un hechizo. Bah, solo yo me entiendo. Felizmente, Felipe Fernández ha escrito en el ADN Cultura una reseña menos críptica que esto que acabo de decir:

En las últimas horas de la noche, Brill mantiene otra conversación con su nieta que sirve para repasar su relación con Sonia, la etapa del enamoramiento, los altibajos del matrimonio, el dolor por la pérdida de su esposa y el remordimiento por una infidelidad que a veces le hace sentir un enorme desprecio por sí mismo. "¿Por qué es tan horrible la vida, abuelo?", pregunta Katya en medio de esa charla confesional. "Porque lo es, simplemente", contesta él. Ninguno de los dos puede olvidar las imágenes de un video que muestra la ejecución de Titus a manos de sus captores. El diálogo resuena como una suerte de epitafio vital, pero el amanecer insufla una nota de optimismo, un poco forzada, para concluir la novela y compensar tanta amargura precedente. Los lectores asiduos de Auster reconocerán en Un hombre en la oscuridad varios de los rasgos que caracterizan su prolífica obra: un incansable motor narrativo, el estilo directo y la habilidad para encontrar nexos que le permiten incluir digresiones sin disolver la unidad básica del relato. Aquí se intuye, además, un pudor para filosofar demasiado sobre los hechos más terribles de la vida, como si Auster se conformara con exponerlos de la mejor manera posible para no caer en la desesperación y, desde su propia zona de oscuridad, imaginara su exorcismo, fiel al credo literario que le hizo decir: "Escribir ya no es para mí un acto de libre albedrío, sino una cuestión de supervivencia".

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Auster en septiembre

7.21.2008
Carátula de la novela. Fuente: barnes & noble

El 2 de septiembre es la fecha marcada ya para que se publique en España, vía Anagrama, la nueva novela de Paul Auster Un hombre en la oscuridad (Man in the Dark). La novela fue concluisa por Auster a principio de este año, y entregada de inmediato para su traducción. Todavía no aparece en EEUU, se supone que saldrá la segunda quincena de agosto allá, así que será casi simiultánea la edición. El Time Out de Chicago ya declaró: "Paul Auster’s brilliant, devastating novel about the many realities we inhabit as wars flame all around us.". En una nota en el diario "El País" adelantan de qué trata la novela. Por mi parte, ya estoy buscando una persona que viaje por esos días a Madrid, o regrese, para ver si me la trae. ¿Porque siempre son así las cosas? Dice la nota:
La historia transcurre en Vermont, escenario recurrente en su obra. Su principal protagonista, August Brill, ha sufrido un accidente de coche y se está recuperando en casa de su hija. No puede dormir, e inventa historias en la oscuridad. Realidad y ficción se dan la mano en esta novela en la que Auster incluye una reveladora versión de la política americana actual. La guerra de Irak, los vínculos familiares o la pérdida son algunos de los temas que aparecen en esta novela, que todavía no se ha publicado en lengua inglesa, según informó la editorial Anagrama. En una de las historias que imagina August Brill, en las páginas de Un hombre en la oscuridad, aparece Owen Brick, un joven mago que ha adoptado el nombre artístico del Gran Zavello. No sabe dónde está ni cómo ha llegado hasta allí, pero oye el ruido de una batalla. América está inmersa en una oscura guerra civil. Los atentados del 11 de septiembre no han tenido lugar, y tampoco la guerra de Irak. Y el joven mago descubre que los Estados Unidos combaten, desde hace tiempo, pero contra ellos mismos. Brick no entiende nada, pero sabe que su misión es asesinar a un tal Blake, o Block, o Black, un hombre que no puede dormir, y que, como un dios, inventa en la noche esa guerra que no acabará nunca si él no muere. Y así, en un juego que nos remite a Giordano Bruno, se despliegan dos novelas. En una, el protagonista es Owen Brick y el escenario unos fantasmales Estados Unidos y en la otra se despliega una 'novela familiar' del narrador, donde August Brill nos cuenta y se cuenta su propia vida, y descubre y nos descubre, detective insomne y desolado, dilemas, amores, secretos y traiciones.

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Notas de Auster

12.16.2007
Paul Auster. Foto: José María Alguersuari Fuente: ángel caído

"Notas de un libro de composición" son trece aforismos que Paul Auster redactó en 1967 y que aún están inéditos en castellano. En el suplemento "Laberinto" Alejandro García Abreu traduce estos atisbos a la creación poética de un aún joven afrancesado escritor norteamericano. Aquí dejo algunos:
I
El mundo está en mi cabeza. Mi cuerpo está en el mundo.

V
Ninguna teoría del arte (si es posible) puede ser separada de una teoría de la percepción humana.

XI
El arte es el espejo del ingenio del hombre (Marlowe). El reflejo exacto es acertado —y quebradizo—. Destrozar el espejo y volver a arreglar los pedazos. El resultado será todavía un reflejo de algo. Cualquier combinación es posible, cualquier número de pedazos puede quedar fuera. El único requisito es que por lo menos un fragmento permanezca. En Hamlet, sostener el espejo hacia la naturaleza equivale a lo mismo que la formulación de Marlowe —una vez que los argumentos previos han sido entendidos—. Porque todas las cosas en la naturaleza son humanas, aun cuando la naturaleza misma no lo sea. (Nosotros no podríamos existir si el mundo no fuese nuestra idea.) Es decir, sin importar las circunstancias (antiguo o moderno, Clásico o Romántico), el arte es un producto de la mente humana. (El humano imitó.)

XII
La fe en la palabra es lo que llamo Clásico. La duda en la palabra es lo que llamo Romántico. El Clasicista cree en el futuro. El Romántico sabe que será decepcionado, que sus deseos nunca serán cumplidos. Pues cree que el mundo es inefable, fuera del alcance de las palabras.XIISentirse alienado del lenguaje es perder tu propio cuerpo. Cuando las palabras te fallan, te disuelves en una imagen de la nada. Desapareces.

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¿Qué pasa en Francia?

12.10.2007
Ilustración de Time. Dibujo: Jonhatan Burton. Fuente: time

Hace unas semanas, la revista Time declaró en su portada la decandencia de la cultura francesa. En estos días, todos han opinado al respecto. La mayoría de franceses, obvio, descarta el artículo de la revista (en el que se llega a decir que Paul Auster es un "adoptado" de Francia para tener alguien de quién sentirse orgullosos) diciendo que es uno más de los periódicos -o cíclicos- ataques norteamericanos a la cultura francesa. Todos lo han desestimado, pero parece imposible a la luz de los hechos ser tan tajante. Ciertamente, Francia no vive un gran momento cultural no por la baja calidad de sus autores, necesariamente, sino por el pobre poder de convocatoria que éstos tienen en otras lenguas.. El téorico Bernard-Henri Levy devuelve el golpe con gran estilo y ha escrito un artículo en The Guardian como respuesta al artículo de Time en que afirma: "'American talk of the death of French culture says more about them than us" y deja en claro los cinco axiomas que se esconden tras la idea de que la cultura francesa está en decadencia. ¿No será que lo que está en decadencia, más bien, es la idea de las culturas dominantes?

En el blog de Jean Francoise Foguel se le dedica un post al tema.

Dice Times: "Certain aspects of national character may also play a role. Abstraction and theory have long been prized in France's intellectual life and emphasized in its schools. Nowhere is that tendency more apparent than in French fiction, which still suffers from the introspective 1950s nouveau roman (new novel) movement. Many of today's most critically revered French novelists write spare, elegant fiction that doesn't travel well. Others practice what the French call autofiction — thinly veiled memoirs that make no bones about being conceived in deep self-absorption. Christine Angot received the 2006 Prix de Flore for her latest work, Rendez-vous, an exhaustively introspective dissection of her love affairs. One of the few contemporary French writers widely published abroad, Michel Houellebecq, is known chiefly for misogyny, misanthropy and an obsession with sex. "In America, a writer wants to work hard and be successful," says François Busnel, editorial director of Lire, a popular magazine about books (only in France!). "French writers think they have to be intellectuals." Conversely, foreign fiction — especially topical, realistic novels — sells well in France. Such story-driven Anglo-Saxon authors as William Boyd, John le Carré and Ian McEwan are over-represented on French best-seller lists, while Americans such as Paul Auster and Douglas Kennedy are considered adopted sons. "This is a place where literature is still taken seriously," says Kennedy, whose The Woman in the Fifth was a recent best seller in French translation. "But if you look at American fiction, it deals with the American condition, one way or another. French novelists produce interesting stuff, but what they are not doing is looking at France."

Dice The Guardian: "Axiom five: Perhaps the most absurd, the most naive of all. This translatability is not only ceaseless, but constant. This formula effect is not only necessary, but immediate. The great works are those that can transfer, not only in their entirety, but almost in real time, into the language of "global significance". The ultimate idiocy is contained in the most comical passages of this article: those where the author acts as if the great French writers, the Camus, the Sartres, even the Racines and the Molières, those against whom he hopes to measure the flickering lights of today's minor and inferior works, were all propelled to instantaneous global glory! As if these 17th-century works, which struggled to shine beyond the confines of the court, were already somehow battering down the doors of the sacrosanct New York Times bestseller list of the 21st century! I should also mention the passage in which the author reheats that old and oft-repeated prejudice: that the 20th-century avant garde writers have sterilised French fiction. Or the passage where it is said of Michel Houellebecq that he is "primarily known for his misogyny, his misanthropy and his sexual obsessions" - a way of implying that a writer is somehow accountable for the traits he gives his characters. But I would like to end on the final overriding impression of this bizarre text, which the more I think about it, seems less and less a survey of France and more and more a savage reflection of the state of American culture itself. Because what really strikes one is the nervousness of the tone. It is this desire to prove too much which inevitably, as Nietzsche said, exhausts truth. It is the whiff of anxiety and, perhaps, of anguish, which emerges from this article. As if it contains an ultimate message, but a secret one, and in code. Come on! Let's get to the point! My feeling is that this article would not speak of the decline of French culture if it did not also speak of the fate of all dominant cultures, which at one time or another are condemned to watch their dominance decline. This article speaks truly of America and of what will happen to it on that day when the increasing power of Spanish, Chinese, or perhaps other Asian languages ensure that Anglo-American will no longer be the language of the formula and of universal translation. France as metaphor for America. Anti-French hostility as a displaced form of panic which dare not speak its name. Classic.

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NY contra Auster

11.02.2007
Paul Auster cineasta. Fuente: espacioblog

Luego de una exhibición de la película La vida interior de Martin Frost dirigida y escrita por Paul Auster, a la que asistió Don DeLillo ni más ni menos, una charla con el público y luego las reseñas de los diarios le hizo entender a Auster que para EEUU él es demasiado europeo y sus películas, por lo tanto, "lentas". El suplemento colombiano "Arcadia" reseña la jornada. También mencionan, de pasada, Man in the dark, el nuevo libro de Auster que al parecer ya lo ha leído (en originales) Jorge Herralde y dice que está genial. Pronto tendremos más Auster.

Dice la nota: "Mientras corrían los créditos, sin hacer ruido ha entrado Siri Husvedt. Ahora que el diálogo ha terminado y los DeLillo se han despedido, se lleva a su esposo rumbo al Cornelia Street Café, unas puertas rojas detrás de las cuales se ofrece desde el desayuno hasta el cabaré, pasando por la cena y algún coctel. Kir Royal para ella, un simple whisky Macallan para él. Se le nota el cansancio, mayor que el que le produjeron sus películas anteriores, Smoke y Blue in the Face (que codirigió con Wayne Wang) y Lulu on the Bridge. No se trata de que hayan pasado nueve años desde el último estreno. Más bien parece que la clase de cine que le gusta hacer no tiene lugar allí donde le gusta mostrarlo y esa pena lo cansa. “En Nueva York me odian”, dice, asombrosamente. Él, al contrario, ha profesado reiteradamente su amor por la ciudad. “Esta película solo encuentra lugar en ámbitos como el IFC o el Festival de Cine Independiente. El lenguaje se ha estrechado tanto que no sé cómo hace Jim Jarmush para no desalentarse. Él es un poeta pero sabe navegar en las aguas hostiles de la industria”. Desde ese punto de vista se destaca que, técnicamente, The Inner Life of Martin Frost es una película europea: su productor es portugués y por eso fue filmada en locaciones de Portugal. Y como toda película extranjera en los Estados Unidos, tiene una circulación restringida al público interesado. “La manera de narrar de Hollywood terminará por hacer incomprensible otra forma de relato cinematográfico, como El sabor de la cereza”, dice Husvedt en referencia a la película de Abbas Kiarostami que, comparada con Duro de matar 4 es, al menos, lenta. “Pero tampoco se trata ya del concepto de independiente”, porfía Auster. “¿Qué pasa con el cine de calidad, el cine que alguna vez también dio la industria de Hollywood? ¿Qué pasa con el cine de François Truffaut, de Jean Renoir? ¿Y con Luchino Visconti, con Federico Fellini? Hace un rato hablábamos de Melville; pienso también en Noche y niebla, de Alain Resnais. Creo que el arte siempre significa algo para el espectador”. Para él, sin dudas: por lo dicho y porque su nuevo libro, Man in the Dark, tras su tema político rinde homenaje a películas de Renoir y Visconti.

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