MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Paul Auster en Inglaterra

10.30.2008
Paul Auster. Foto: Rafa Rivas/AFP/Getty

Aunque la periodista fue advertida por el mismo Paul Auster que ese día no estaba especialmente inspirado, y que tenía poco que decir, la verdad es que la entrevista que aparece publicada en The Guardian a Paul Auster a raíz de la edición británica de Un hombre en la oscuridad, tiene un momento notable: cuando Auster explica el destrás de cámara de su escritura y la motivación que lo condujo a escribirla: la muerte del hijo de David Grossman. Dice la nota:

The process of writing Man in the Dark was, Auster says, unusual for him. It took just four months, faster than any other book he's written. "It was one of those odd situations where the next word was always there," he says. "There was Brill, lying in bed, and little by little you slip into the skin of this other being, and find out who he is, and the novel starts to emerge out of this." As well as Auster's rage at America, the story has its roots in a very personal tragedy: the book is dedicated to Israeli writer David Grossman, a good friend of Auster's, and to the memory of Uri Grossman, David's son, who was killed in Lebanon two summers ago, aged 20. As Brill lies awake through the night, he worries about his granddaughter Katya, "who used to sleep with a young man named Titus Small, but Titus is dead now, and Katya sleeps alone with her broken heart." "The devastation [Uri Grossman's] death has caused in the family is incalculable. I think I was so horrified by this that the character of Titus is in a way a personal response to that," says Auster, who feels the Grossman's tragedy was perhaps "the central event of the book around which everything else accumulated". "Of all people, David has been fighting for peace in the Middle East all his life, and his son was killed roughly 24 hours after he and Amos Oz and other Israeli writers implored Olmert to declare a ceasefire. It was bad, it was really bad."

Además, adelanta que ya tiene escrita su próxima novela (¡a trabajar, traductores de Anagrama! Ya otro año podrán irse a la Costa Brava) que tiene como título Invisible.

He's already written his next novel, which he'll reveal is called Invisible and has a 20-year-old protagonist ("no more old men in rooms for the time being"). It's out next year, but for now he seems to content to watch as "the weird world rolls on", to borrow a phrase from Nathaniel Hawthorne's daughter Rose which resounds through Man in the Dark. He's hoping something will emerge shortly. "When I'm writing I don't feel neurotic," he says with a grin. "So it's better for the family if I'm working."

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Grossman: escribir en la oscuridad

5.07.2008
David Grossman. Fuente: emet prize

En un blog literario peruano, habitualmente desinformado y mala leche, se dice que el hijo de David Grossman murió hace "unas semanas apenas". Eso no es cierto. Si se diese el trabajo de leer su propio enlace se enteraría de que la muerte ocurrió en el 2006. Por eso, al año siguiente, en la cátedra Arthur Miller -que se da por estas fechas y que este año ha sido ofrecida por Umberto Eco-, leyó ese tremendo y hermosísimos texto titulado "Escribir en la oscuridad" que fue reproducido en su traducción al inglés por el New York Times en mayo del 2007 y últimamente por Letras Libres, traducido al castellano por Marianela Santoveña. Transcribo aquí este fragmento, especialmente pertinentes a raíz de las amenazas que ocasiona la presencia de David Grossman, junto a otros escritores israelitas, en la Feria del Libro de Turín.

Y cuando la situación parece irresoluble, conforme el leguaje utilizado para describir el estado de las cosas se vuelve hueco, su discurrir público mengua cada vez más. Lo que queda son las acusaciones mutuas, inmutables y banales, entre los enemigos, o entre los adversarios políticos dentro de un mismo país. Lo que queda son los clichés que usamos para describir a nuestro enemigo y a nosotros mismos; los clichés que son, en última instancia, una colección de supersticiones y generalizaciones burdas en las que nos encerramos y en las que entrampamos a nuestros enemigos. El mundo, efectivamente, se hace cada vez más pequeño. Mis pensamientos no sólo se refieren al conflicto en Medio Oriente. En demasiadas partes del mundo, hoy día, miles de millones de personas se enfrentan a una “situación” de alguna clase en la que la existencia personal y los valores, la libertad y la identidad están, hasta cierto punto, bajo amenaza. Casi todos nosotros tenemos una “situación” propia, una maldición propia. Cada uno de nosotros siente –o puede intuir– cómo nuestra “situación” especial puede convertirse rápidamente en una trampa que nos arrebatará la libertad, el sentido de hogar que nuestro país nos da, nuestro lenguaje privado, nuestro libre albedrío. Es en esta realidad que nosotros, autores y poetas, escribimos. En Israel y en Palestina, en Chechenia y en Sudán, en Nueva York y en el Congo. En ocasiones, durante mi jornada de trabajo, después de varias horas de escribir, levanto mi cabeza y pienso: justo ahora, en este preciso momento, otro escritor a quien ni siquiera conozco está sentado, en Damasco o en Teherán, en Ruanda o en Dublín, justo como yo, practicando este peculiar y quijotesco oficio de creación, dentro de una realidad que alberga demasiada violencia y enajenación, indiferencia y abatimiento. Ahí tengo un aliado distante, que ni siquiera me conoce, pero juntos tejemos esta telaraña invisible que, no obstante, tiene un poder tremendo, un poder capaz de cambiar el mundo y de crear el mundo, el poder de hacer que los mudos hablen y el poder del tikun, de la restauración, en el sentido profundo que le da la Cábala.

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Piden boicotear feria del libro

2.06.2008
Tariq Ramadan. Fuente: trampa22.blogspot.

En mayo, la Feria del Libro de Turin tendrá como País Invitado de Honor a Israel. Escritores de la talla de David Grossman, Amos Oz, A.B. Yehoshua y Etgar Keret han confirmado su asistencia. Pero no todo es color de rosa: el intelectual musulmán Tariq Ramadan pide un boicot.

Dice la nota: "In an interview on Feb. 1 with the Italian news agency ADN Kronos, Ramadan called on “all people of conscience” to boycott the Turin fair. “From now on we cannot recognize the legitimacy of celebrating the state of Israel, which leaves death and desolation in its wake.” The issue, he said, “is not an Islamic or Arab question, but a matter of world conscience.” (Ramadan also called for a boycott of the Paris Book Fair, to be held from March 14 to 19, because it too will honor Israel.) After the ensuing media storm, Ramadan clarified his remarks on his own Web site, saying the boycott campaign was “intended as criticism of the ‘guest of honor.’ It is not an attempt to prevent Israeli authors from attending or from expressing themselves. It does not refuse to engage them in debate.”

Responding in La Repubblica, Italy’s main center-left daily, the French-Moroccan novelist Tahar Ben Jalloun opposed the boycott — saying it would “give the state of Israel grounds to present itself not as an occupier of the Palestinian territories, but as a victim.” (Ben Jalloun’s statement is available in French on his Web site.) “Boycotting the next Turin Book Fair won’t pave the way for peace and reconciliation,” he wrote. “Criticize the policies of a state. Criticize a novel on its literary merits.” Others have since weighed in. David Grossman told La Repubblica that “in principle, I am opposed to the culture of boycotts, because the essence of culture is dialogue.” And the Italian novelist Claudio Magris wrote opposing the boycott on the front page of Corriere. Again, no live links, but this blog is keeping track of everyone’s position.

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David Grossman entrevistado

11.03.2007
David Grossman. Fuente: nrc

En la entrevista a David Grossman que le hacen en "El País", a raíz de la edición en Seix Barral de La memoria de la piel, me entero de que el gran escritor israelí -de quien leí hace unos meses La sonrisa del cordero y ya está en lista de espera El libro de la Gramática interna, ambas en Tusquets- estuvo como turista, con su familia, en Perú hace unos años. Y que antes había venido al país también, con su hijo Uri, quien falleció el año pasado en una de las incursiones de las fuerzas israelíes en territorio libanés al ser alcanzado por un misil antitanque de Hezbolá. Es cierto, como dice el artículo, que la actividad política del narrador termina por opacar su literatura. Los libros, sin embargo, están ahí.

Dice la nota: "A David Grossman se le conoce sobre todo por su incansable dedicación a la tarea de conseguir la paz entre israelíes y palestinos. Su obra literaria ha quedado, por desgracia, oscurecida por su activismo político. "En mis libros hay con frecuencia gente que cuenta historias a otra gente", dice. "Cuando pones una historia en palabras te transformas y el que escucha se transforma también. Lo que ocurre es que muchas veces quedas atrapado por la historia que te has contado, que te han contado. Es lo que ha ocurrido con los judíos, que no podemos liberarnos de la condición de víctimas. Ni de sabernos el pueblo elegido, con toda la soledad que deriva de ello". "Cuando escribo quiero enfrentarme con todos mis fantasmas", cuenta Grossman, "llegar dentro de mí a todos los lugares a los que no me permito llegar. Que todo pueda ser dicho, que salga lo más oscuro y que tome un poco el fresco. No quiero protección, quiero que el suelo tiemble bajo mis pies. Mi talante moderado y conciliador lo dejo para la política, que es donde hace falta. Al escribir prefiero escarbar en emociones extremas. Y los celos son de lo peor que hay en nosotros. La paradoja es que no quieres dejar de ser celoso cuando su veneno te ha atrapado. Y es que hasta las personas más sosas se transforman cuando están quemadas por ese fuego y son capaces de imaginar las situaciones más escabrosas e inverosímiles", apunta. "No serían nada si no fueran celosos. De hecho, a través de los celos reinventan la pasión que poco a poco se marchita en una relación duradera. Es lo que ocurre con Esti, que al escuchar la intensidad de lo que padece Shaul, de alguna manera lo envidia y ella misma recuerda de pronto a algún viejo amor. Todo se transforma abruptamente. El celoso es aquel que construye un paraíso para ser expulsado de él".

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David Grossman en España

10.19.2007
David Grossman. Fuente: barinas.net

Y mientras Vasili Grossman hace furor en las librerías y las reseñas españolas, otro Grossman asoma su nariz por Madrid. Se trata del escritor israelí David Grossman, un escritor imprescindible en el actual panorama literario, que forma una trilogía estupenda de escritores de Israel junto con Amos Oz y Abraham Yehoshúa. Estuvo en Madrid para presentar la traducción de su novela La memoria de la piel editada por Seix Barral. Se trata de dos novelas breves y de carácter intimista. En su presentación, sin embargo, el autor no ha dejado de referirse a temas políticos.

Dice la nota: "David Grossman presentó ayer en Madrid su último libro traducido al español, 'La memoria de la piel', dividido en dos novelas intimistas en las que describe la realidad individual que se suele ignorar por la omnipresencia del conflicto en su tierra. «La realidad (en Israel) es dura, intrusiva, corrosiva... hace que se ignoren tantas emociones... yo no sólo quería, sino que necesitaba recobrar mi individualidad», dijo Grossman para explicar el propósito de sus últimas obras en las que ha tratado «del hombre que hay dentro de la armadura». En las dos historias, una de un hombre celoso de su mujer y otra de una difícil relación madre-hija, Grossman quiso abordar «emociones privadas». «La otra realidad, la del conflicto, puede que irradie por la intensidad» de las emociones descritas en estos dos relatos, reconoció, pero advirtió sobre la tentación de ver en ellas una «metáfora» de su país. En 'Delirio' cuenta la historia de un hombre que «sólo sabe amar a su esposa a través de los celos». Los celos para un escritor son una pasión muy interesante, pues «nos convierten a todos en artistas, en dramaturgos capaces de imaginar un inmenso drama con todo lujo de detalles». En este cuento, y en el que da nombre al libro y que muestra la mirada despiadada de una hija sobre su madre, el escritor trató de reflejar la dificultad de conocer, de «descodificar al otro». «Parejas que llevan casadas años resulta que no se conocen de verdad. Los padres creemos que conocemos a nuestros hijos, pero no queremos enterarnos de su lado oscuro», reflexionó.Grossman considera que «la mejor manera de conocer a los demás es escribir sobre ellos». Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro (por los palestinos) puede ser fundamental también para resolver el conflicto, según este autor comprometido, que nunca ha dejado de comentar la situación del conflicto.

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