MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Parejas (in) disolubles

9.03.2009
Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, ejemplo de pareja (in)disoluble. Fuente: macpick´s

En estos días, las carteleras cinematográficas de Lima están presentando -con mucho atraso- dos películas con disonantes parejas románticas basadas en textos literarios: El lector, basada en la novela homónima de Bernard Schlink y Elegía, basada en Animal Moribundo de Philip Roth. Ya está dicho: La felicidad no crea buena literatura; en cambio, las parejas románticas en colapso pueden originar novelas extraordinarias. Este extenso artículo en La Vanguardia y Clarín así lo confirma. Son varios ejemplos los que brinda la nota. Empezando por el rapto de Helena de Troya, los adulterios de Madame Bovary y Ana Karenina, las novelas de Richard Yates, Vladímir Nabokov, hasta Mario Vargas Llosa y su niña mala y la pareja de moda Mikael Blomkvist / Lisbeth Salander de Millenium de Stieg Larrson. Muchas veces, las malas relaciones entre personajes son reflejos de la vida de los propios autores. Por ejemplo, sobre la obra de Scott Fitzgerald dice:

"Las vidas americanas no tienen segundo acto", dijo Scott Fitzgerald, refiriéndose a que la felicidad como promesa siempre desemboca en eso, en una promesa. A decir verdad, para algunos autores ninguna vida tiene segundo acto, y los matrimonios difícilmente llegan a finalizar el primer acto sin nocturnidad y alevosía. Si hay una pareja que llegó a alcanzar cotas de amor y odio inaccesibles para los mortales fue el matrimonio Fitzgerald, o lo que es lo mismo, Francis Scott y Zelda Sayre. Una novela, Alabama song, escrita por Gilles Leroy y premio Goncourt 2007, cuenta la historia de Zelda. El amor de Leroy por el escritor estadounidense le hizo descubrir la personalidad excepcional y esquizofrénica de Zelda, y exponer la cara oscura del autor de El gran Gatsby y uno de los mitos de la Generación Perdida. Zelda no era una gran escritora, pero sus textos demuestran su influencia en la novelística de Fitzgerald. Existen tantas Zeldas en las obras del autor, que la caída a los infiernos del escritor fue a la par de la destrucción mental de su mujer. Ella le sobrevivió ocho años, hasta que falleció en 1948, durante el incendio en el psiquiátrico en el que estaba internada. No sin ciertas dosis de imaginación, Leroy utiliza la voz de Zelda para tildar a Scott Fitzgerald de homosexual y de mantener relaciones con un supuesto Hemingway. Sean ciertas o no las especulaciones literarias del francés, debemos agradecer a la tormentosa relación del matrimonio una novela como Tierna es la noche. La Generación Perdida fue definida por Scott Fitzgerald como aquella generación que había encontrado "todos los dioses muertos, las guerras combatidas y la fe en el hombre destruida". Pero mientras algunos de sus miembros lograron la eternidad narrando los desastres de la Gran Depresión, los Fitzgerald alcanzaron la gloria y la destrucción ahogados por la marea de los felices años veinte,eslogan inventado por el propio escritor, tan hermoso y maldito como sus personajes. Como la vida misma Tierna es la noche es la propia historia de los Fitzgerald, convertidos en Dick Diver, psicoanalista, y en su antigua paciente y actual esposa Nicole, glamurosa pareja que ha alquilado una villa en la Costa Azul. Ricos y triunfadores, los falsos cimientos de un matrimonio empiezan a resquebrajarse cuando admiten en el grupo a una actriz llamada Rosemary Hoyt. Es el principio del fin. Los celos descubrirán la verdad sobre los Diver. Ella es una rica heredera enamorada locamente de su marido y confesor; él es un psiquiatra con deseos de triunfar. Pero el idealismo va desapareciendo y poco a poco van sumergiéndose en la vida extravagante y superficial. Si bien Dick utiliza la frágil psicología de Nicole para escalar socialmente, al final será él el gran perdedor. La caída de Dick Diver en el alcoholismo y la autodestrucción por haberse quedado allí, en el primer acto de la vida, narcotizado por el opio del lujo, irá en paralelo al resurgimiento de Nicole. Como la propia existencia de los Fitzgerald. El escritor murió en Hollywood en 1940, alcoholizado y malviviendo como guionista fracasado dejando como legado sus novelas y un estilo literario que sería adoptado por muchos de los autores que le siguieron.

Sobre Francosi Sagan y Buenos días, tristeza dice:

Es probable que sin la novela de McCullers Frankie y la boda (1946), la francesa Françoise Sagan no hubiese escrito en 1954 Buenos días tristeza con dieciocho años. El amor de Cécile por su padre Raimond hará de ella una Electra de la Francia de los cincuenta y sus sentimientos conducirán al drama más rotundo. Sagan triunfó con esa novela triste, acorde con los pensamientos de esa niña bien y despreocupada que terminará transformándose en el más melancólico de los verdugos. Huérfana de madre, tras estar interna varios años, Cecile descubre los placeres de la vida y el lujo en el París del flash y lahautecouture o bajo la suave luz de la Costa Azul. Idolatra asu padre, su mentor y su príncipe, pero la aparición de Anne, mujer equilibrada y recta, y el anuncio de la inminente boda con Raimond, hacen que los sentimientos de Cécile bailen serenamente entre el amor y el odio por su futura madrastra. Admira a Anne, pero deberá destruirla para recuperar una dolce vita en la que ella dominaba el mundoasu antojoyenel que era el centro de las atenciones de su padre. Aunque, como cabía esperar, los planes fallan y Cécile abandonará para siempre la dulce adolescencia cuando Anne y Raimond terminan dentro de un coche en el fondo de un acantilado. No hay mejor remordimiento literario que el que se torna tristeza.

También comenta la novela de James Salter Años luz:

De la misma generación que Yates, James Salter escribió también una novela fantástica que versaba sobre la disolución de una familia en apariencia sin fisuras. Años luz es la crónica de veinte años de vida en común de Nedra y Viri Berland, acomodado matrimonio que habita en el valle del Hudson. Influenciado por la prosa de Hemingway, Miller y Gide, Salter cuenta, con una prosa lúcida, cómo va pudriéndose la idílica unión de los Berland sin que ellos se den cuenta de la gangrena. Sin sobresaltos, sin culpabilidades, los Berland pasan de la alegría a la desilusión, y de la desilusión a una invisibilidad con una sola salida de emergencia: el adulterio y el divorcio. La prematura muerte de Nedra sumirá a Viri en la derrota: el hastío venció las expectativas de un matrimonio cuyas ambiciones estaban, al final, separadas a años luz. Una historia, la de los Berland, con claras similitudes a la de Salter, como quedó reflejado en las magníficas memorias del escritor tituladas Burning the days. El amor, al fin y al cabo, puede descubrir los páramos más oscuros de nuestro carácter.

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Rushdie no cree en las adaptaciones

3.02.2009
Escena de Slumdog Millonaire. Fuente: the guardian

Salman Rushdie no está nada feliz con el Oscar a Slumdog Millionaire, la adaptación de Danny Boyle de la novela Q&A de Vikas Swarup. Al hablar de las adaptaciones literarias en el cine, y su complejidad, dice en una columna en The Guardian:


What can one say about Slumdog Millionaire, adapted from the novel Q&A by the Indian diplomat Vikas Swarup and directed by Danny Boyle and Loveleen Tandan, which won eight Oscars, including best picture? A feelgood movie about the dreadful Bombay slums, an opulently photographed movie about extreme poverty, a romantic, Bollywoodised look at the harsh, unromantic underbelly of India - well - it feels good, right? And, just to clinch it, there's a nifty Bollywood dance sequence at the end. (Actually, it's an amazingly second-rate dance sequence even by Bollywood's standards, but never mind.) It's probably pointless to go up against such a popular film, but let me try. The problems begin with the work being adapted. Swarup's novel is a corny potboiler, with a plot that defies belief: a boy from the slums somehow manages to get on to the hit Indian version of Who Wants to Be a Millionaire and answers all his questions correctly because the random accidents of his life have, in a series of outrageous coincidences, given him the information he needs, and are conveniently asked in the order that allows his flashbacks to occur in chronological sequence. This is a patently ridiculous conceit, the kind of fantasy writing that gives fantasy writing a bad name. It is a plot device faithfully preserved by the film-makers, and lies at the heart of the weirdly renamed Slumdog Millionaire. As a result the film, too, beggars belief. It used to be the case that western movies about India were about blonde women arriving there to find, almost at once, a maharajah to fall in love with, the supply of such maharajahs being apparently endless and specially provided for English or American blondes; or they were about European women accusing non-maharajah Indians of rape, perhaps because they were so indignant at having being approached by a non-maharajah; or they were about dashing white men galloping about the colonies firing pistols and unsheathing sabres, to varying effect. Now that sort of exoticism has lost its appeal; people want, instead, enough grit and violence to convince themselves that what they are seeing is authentic; but it's still tourism. If the earlier films were raj tourism, maharajah-tourism, then we, today, have slum tourism instead. In an interview conducted at the Telluride film festival last autumn, Boyle, when asked why he had chosen a project so different from his usual material, answered that he had never been to India and knew nothing about it, so he thought this project was a great opportunity. Listening to him, I imagined an Indian film director making a movie about New York low-life and saying that he had done so because he knew nothing about New York and had indeed never been there. He would have been torn limb from limb by critical opinion. But for a first world director to say that about the third world is considered praiseworthy, an indication of his artistic daring. The double standards of post-colonial attitudes have not yet wholly faded away.

Pero se equivocan las notas de prensa al comentar esta columna, como si fuera un simple ataque a Boyle y a la novela de Swarup. Lo cierto es que la columna de Rushdie es muy interesante, llena de ejemplos de adaptaciones erradas y de grandes logros en la unión cine-literatura. No es la de Swarup, por cierto, la única adaptación que estuvo tentando al Oscar. También El extraño caso de Benjamin Button lo es, a partir de un cuento de Francis Scott Fitzgerald. Sobre esta película y su cuento que le precede, dice Rushdie:


In 1921, F Scott Fitzgerald wrote an odd little story called "The Curious Case of Benjamin Button", about the birth, to "young Mr and Mrs Roger Button", of a male baby who is born as a 70-year-old man and who then lives backwards, getting younger all the time, until at the end of his life, baby-sized and shrinking slowly in his white crib, he is sucked away into nothingness. In 2008, this little squib of a tale was turned by Brad Pitt and the director David Fincher into a $200m film. However, the difference between the story and the movie is unusually great. In Fitzgerald's story, Benjamin is born as a full-sized septuagenarian male. It is never explained how Mrs Button managed to give birth to such a large baby without being torn in half. Indeed, Mrs Button never gets a look-in. In the story, Benjamin's life is lived largely in the private sphere, apart from an excursion to fight in the Spanish-American war, while in the movie he becomes involved in so many of the public events of his time that the picture might almost have been called Zelig in Reverse, or perhaps Forrest Gump Goes Backwards. (The screenwriter of Forrest Gump, Eric Roth, who adapted that screenplay from the novel by Winston Groom, is also responsible for Benjamin Button Perhaps the biggest difference between the two works is that, other than sharing the idea of a man who lives backwards in time, their stories are entirely different; the film is not really an adaptation of the book, but almost entirely Roth's creation. And while Roth and Fincher's film is essentially a bravura special-effects performance helped by two fine acting performances, by Pitt and Cate Blanchett, it doesn't finally have anything in particular to say. Fitzgerald's story is at least a comedy of snobbery and embarrassment which, while maintaining a deliberately frothy and light tone, enjoyably satirises the social attitudes of late 19th and early 20th-century Baltimore.

También menciona las terribles adaptaciones de los libros de Gabriel García Márquez (uno de los escritores favoritos de Rushdie) y la que considera algunas excepciones a la norma de las terribles adaptaciones: Volker Schlöndorff y su película sobre El tambor de hojalata de Gunter Grass o los hermanos Coen adaptando a Cormac McCarthy:

The films of García Márquez's masterpieces, in particular, are travesties, replacing the writer's imaginative precision with a lazy exoticism that betrays the originals profoundly without even knowing it is doing so. However, Schlöndorff's Tin Drum stands as a magnificent exception with, at its heart, the electric performance of David Bennent as Oskar Matzerath, the Peter Pan among the million lost boys and murderous pirates of Nazi Germany: little, stunted Oskar, the other boy in classic literature who never grew up. I've tried to find more films that disprove the British producer's dictum, and could add, for example, the Coen brothers' No Country for Old Men, a film that succeeds by keeping very close, scene by scene, line of dialogue by line of dialogue, to Cormac McCarthy's novel, and There Will Be Blood, which succeeds by the opposite method, making a free, loose and largely successful adaptation of Upton Sinclair's novel Oil!; but the failures are so much more frequent than the successes.

En fin, el artículo es muy extenso pero vale la pena leerlo todo y varias veces. Un gusto para los cinéfilos y los literatos. No se pierdan las anécdotas sobre la propia experiencia de Rushdie con las adaptaciones en el cine o el teatro.

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Obama lector

1.21.2009
Obama lector. Fuente: papercuts

Ya varias veces antes he comentado en Moleskine las aficiones literarias del recién ungido Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama (o "marbus" para los siempre paranoicos lectores de Nostradamus). En el suplemento Ñ hoy le rinden homenaje a este momento histórico comentando la relación de Obama con los libros, subrayando sus lecturas preferidas. Aquí está la lista, que incluye a El Gran Gatsby obviamente:

El amor de Obama por la ficción y la poesía (en su página de Facebook enumera a Moby Dick, las obras de Shakespeare y Gilead de Marilynne Robinson como algunos de sus favoritos, junto con la Biblia y las obras completas de Abraham Lincoln y Emerson), no sólo le ha dado un conocimiento sofisticado del uso del lenguaje. También lo ha inmerso en el sentido trágico de la historia y un conocimiento de las ambigüedades de la condición humana, muy opuestas de la visión del mundo que tiene Bush. Obama ha dicho que en la universidad escribió "poesía muy mala" y su biógrafo David Mendell ha sugerido que en algún momento fantaseó con la idea de ser novelista. De todas formas Sueños de mi padre demuestra un gran talento para relatar y una combinación excepcional de la empatía e imparcialidad que poseen los grandes novelistas. En esas memorias, Obama logró comunicar excepcionalmente variados puntos de vista distintos a los suyos y también evocar varios de los lugares donde vivió durante su infancia. En el libro, el narrador es a la vez un marginal solitario y un observador omnisciente que nos provee una vista coral de su pasado. Como Sueños de mi padre, muchas de las novelas que se dice que admira Obama tratan el tema de la identidad: La canción de Salomón de Toni Morrison cuenta la historia de un hombre que intenta averiguar sobre sus raíces familiares; El cuaderno dorado de Doris Lessing relata las dificultades de una mujer en articular el sentido de sí misma; y El hombre invisible de Ralph Ellison trata el problema de la definición del ser en un Estados Unidos hiper-consciente de los temas raciales y la posibilidad de trascendencia en ese ámbito. Las poesías de Elizabeth Alexander, quien fue elegida por Obama para leer una poesía original en la ceremonia de asunción, tratan sobre la intersección del pasado y del futuro, lo privado y lo político; mientras que la poesía de Derek Walcott (Obama fue fotografiado recientemente leyéndolo) explora qué significa ser "un niño dividido", situado sobre el margen de dos culturas, sin raíces tal vez, pero libre para inventar un nuevo ser. Esta idea de la creación del propio ser es muy estadounidense –es uno de los temas centrales, por ejemplo, de El gran Gatsby—y parece ejercer una gran fascinación sobre la imaginación de Obama.

No hay que menospreciar, además, la lectura de los escritores afroamericanos como James Baldwin, Ralph Ellison, Langston Huges, Richard Wrigt y W.E.B. Du Bois, que hoy están de fiesta.

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El turno de Zelda Fitzgerald

1.18.2009
Zelda Fitzgerald. Fuente: elpaís

El año 2007, Gilles Leroy ganó -sin despertar mayor entusiasmo entre los críticos- el premio Goncourt con la novela Alabama Song. En la novela, Leroy retrata la vida de Zelda Sayre, apellidada luego Fitzgerald, en primer plano, teniendo como personaje secundario a su esposo Scott (lo que Zelda hubiera agradecido mucho). Al parecer, la novela ha vuelto a poner de moda a esa pareja tan autodestructiva. La novela ha sido traducida al castellano por RBA y en "Babelia" es el tema de tapa:

"Cuando empecé a escribir este libro no sabía que iban a volver los Fitzgerald y con ellos los años veinte y treinta", señala el autor francés Gilles Leroy, cuya novela Alabama Song (RBA), ganadora del Goncourt en 2007, reconstruye la vida de Zelda en primera persona. Pero este libro, que acaba de ser editado en castellano, no es el único indicio del regreso de la pareja. En febrero se estrenará El curioso caso de Benjamin Button, un filme de David Fincher, protagonizado por Brad Pitt y Cate Blanchett, basado en el cuento del mismo título, que Lumen reeditó a finales de 2008 dentro de una recopilación y Navona acaba de sacar en otra. Además, se están preparando versiones cinematográficas de Hermosos y malditos, protagonizada por Keira Knightley (que es hermosa, pero no maldita), y de El gran Gatsby, dirigida por Baz Luhrmann, el barroco realizador de Moulin Rouge y Australia. "Tenía muchas ganas de hablar de Zelda, también tenía ganas de hablar de esa época. Los Fitzgerald eran una pareja de ensueño. Es verdad que la crisis se parece a lo que contaron en sus libros, pero lo que no siento es la gran explosión de creatividad que marcó los años veinte, cuando se forjó una nueva pintura, una nueva literatura, se cimentó el lenguaje del cine... Ahora tenemos la crisis; pero no la explosión creadora", prosigue Leroy en una entrevista telefónica. "Se parecen mucho en su forma de utilizar los medios de comunicación a las celebridades actuales, en un momento en que esos medios de masas empiezan a surgir. Su utilización de la celebridad es un poco cínica, pero son modernos en muchos planos, incluso en el plano moral. En su forma de romper las convenciones, de quererse, de enfrentarse a la sociedad, porque estamos hablando de la época anterior a Mayo del 68. Lo que atrae de esta pareja es la precocidad, la velocidad y su capacidad para consumir lo que llegaron a tener: felicidad, éxito, dinero".

En la nota, Leroy comenta cómo ha sido leída la novela por los fanáticos (y fanáticas) de Scott Fitzgerald:

"Muchos lectores, y sobre todo lectoras, enamorados de Fitzgerald han chocado con el libro porque dicen que ofrece una visión demasiado crítica de Scott. Primero, creo que hay mucha gente que confunde a Robert Redford en la versión cinematográfica de El gran Gatsby con el propio autor. Y luego, yo no he inventado nada: son cosas que ocurrieron, es lo que hizo. Fue un hombre, un ser humano", señala el novelista francés, quien cree que la clave del final está precisamente en que ella publicase Save me the waltz antes de que él terminase su novela sobre el mismo tema, Suave es la noche. "Una de las cosas apasionantes de Zelda es que ninguno de los testimonios que hay sobre ella concuerda, cada uno veía a una persona diferente. Lo que encuentro terrible y a la vez apasionante es la rivalidad que acaba por convertirse en un infierno. Zelda es un personaje muy complejo, que trata de escribir, de bailar, pero que luego rechaza el contrato más importante de su vida, que pinta, que luego destruye una parte de su obra, su conducta parece que le lleva voluntariamente hacia el fracaso. Hay muchos elementos que dan la impresión de que ella no quiso triunfar, realizarse".

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Dietario voluble

10.02.2008
Carátula del libro. Fuente: letras libres

Como muchos bloggers, soy fan de las columnas de escritores, que son como blogs impresos. Y una de las que más sigo es el "Dietario Voluble". Anagrama acaba de publicar varios de esos artículos en un volumen (que ha sido comentado en Letras Libres de este mes por Christopher Michael Domínguez, junto con el libro de Margarita Heredia Vila Matas Portátil). Hoy leí el más reciente "Dietario Voluble" de Vila Matas y todo el párrafo final -pero para llegar a él en su auténtica dimensión tienen que leerlo entero o no entenderán nada- se me ha quedado grabado como aquella cancion, track 1, de mi disco de boleros cantados por Héctor Lavoe:
¿Los libros son absolutamente reales? Hace cuatro años en un hotel de Madrid, a una pregunta acerca de por qué salía Dashiell Hammet en su más reciente libro y Chateaubriand en el anterior, Paul Auster -que está casado con Hustvedt, y sin duda habrá leído su ensayo sobre la importancia de los lentes en El gran Gatsby- contestó así: "Los libros son parte de la realidad. Son tan reales como esta mesa junto a la que estamos sentados. ¿Por qué no pueden entonces estar presentes dentro de una ficción?". No creo que Auster fuera consciente en ese momento de que estaba conectando con el ensayo de Siri, pero me recordó de inmediato al hombre de los ojos de búho. Y, además, me hizo sentirme involuntario testigo de la historia de amor entre sus declaraciones y el ensayo de su mujer. ¿Al hombre-búho lo invitó Gatsby alguna vez de verdad? Es un personaje en el que apenas reparamos cuando aparece borracho en la fiesta inicial. Y no volvemos a verlo hasta el entierro de Gatsby: "En el cementerio oí que un auto se detenía y luego el sonido de alguien chapoteando detrás de nosotros en la tierra mojada. Miré en derredor. Era el hombre con gafas como ojos de búho (...) No lo había vuelto a ver. No supe cómo se enteró del funeral, ni siquiera conocí su nombre. El agua le caía sobre los gruesos anteojos; se los quitó y los limpió para ver la carpa que protegía la tumba de Gatsby". ¿Quién es ese hombre de los gruesos anteojos? Nick no le ha pedido que vaya al funeral. Para Hustvedt, representa una segunda encarnación del señor Eckleburg, testigo del problema de qué es y no es real, "un problema vuelto del revés mediante el concepto de ver a través de cristales especiales: los cristales de la ficción". En Madrid, Auster fue la reencarnación involuntaria del hombre de las gafas ojos de búho. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Quién era ese hombre que, a su vez, era la reencarnación del señor Eckleburg? ¿Por qué apenas nada sabemos de él? Me hace pensar en la escena de la biblioteca en Ulises de Joyce, cuando Stephen está hablando de Shakespeare, y sostiene que éste se ha incluido a sí mismo en sus obras. Muy tenso, Stephen dice que Shakespeare "ha ocultado su propio nombre, un nombre magnífico, William, en sus obras: es un comparsa aquí, allá, igual que el pintor de la vieja Italia colocaba su rostro en un rincón oscuro de su lienzo". Tal vez Nick, al ver al hombre de los gruesos anteojos en el funeral de Gatsby, vio al propio autor del libro. De ser así, Nick llegó a ver a su creador. ¿Lo invitó el propio Gatsby? ¿Lo invitó de verdad? ¿Qué hacía allí el autor? Bueno, ya se sabe que en los funerales siempre aparece alguien que no te esperabas.

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