MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Colum McCann, National Book Award

11.19.2009
Colum McCann. Foto: ericforbesbook

Let the Great World Spin, del irlandés afincado en EEUU Colum McCann, acaba de ganar el National Book Award. La novela será publicada en español el próximo año por RBA. Dice la nota:

El narrador irlandés afincado en Nueva York Colum McCann (Dublín, 1965) ha ganado el National Book Award con su última novela Let the Great World Spin. El libro, que la editorial RBA publicará en España en febrero con el título Que el vasto mundo siga girando, es un retrato de Manhattan a partir de la peripecia de Philippe Petit, el funambulista francés que el 7 de agosto de 1974 cruzó caminando sobre un cable de equilibrios el vacío entre las Torres Gemelas del World Trade Center. Petit, que también inspiró el reciente documental de John Marsh Man on wire, es el segundo personaje real que inspira a McCann. El otro fue Rudolf Nureyev, protagonista de su novela El bailarín (RBA). Antes, el escritor dublinés -que dedicó el premio a su paisano Frank McCourt, el celebérrimo autor de Las cenizas de Ángela- se había centrado en un tema clásico de la literatura y el cine del último siglo: el descarnado viaje que va del mundo rural irlandés (Perros que ladran, Muchnik) a las duras condiciones de sus compatriotas emigrantes en la Gran Manzana (A este lado de la luz, Muchnik). El National Book Award en la categoría de no ficción recayó en T. J. Stiles por The First Tycoon, la biografía de Cornelius Vanderbilt, considerado el inventor del capitalismo estadounidense.

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Lo más vendido del Retiro

6.02.2009
Feria del libro de Madrid. Fuente: boomerang

En una nota en el ABC nos enteramos que, en tiempos de crisis, la gente compra libros. El balance del primer fin de semana en la Feria del Libro de Madrid nos habla del optimismo y de casi un 30% superior de ventas que el año pasado. También la lista de los libros más vendidos de algunas editoriales:

José Luis Molinero, delegado de ventas y responsable del Grupo Santillana, sitúa justamente en esa mismo porcentaje el aumento de las ventas con respecto al año anterior, el 30 %. “No tengo más datos”, aclara sonriente. Andrés Neuman -premio Alfaguara 2009- y Juan Marsé son los autores más vendidos, además de la saga “Crepúsculo”, de Stephenie Meyer. Sostiene que es el fenómeno editorial del año, “también la película fue un éxito las pasadas navidades.” También nos cuenta que es una grata sorpresa la buena venta de “El manuscrito de piedra”, de Luis García Jambrina, una historia de ficción de la Salamanca prerrenacentista, donde Fernando de Rojas -autor de “La Celestina”- investiga un crimen. En la caseta de RBA confirmaban la alta demanda que existe de la novela negra, y apuntaban a una cifras ligeramente superiores al 30 %. "La mujer de verde", de Arnaldur Indridason, o "La mala mujer", de Marc Pastor, eran los títulos muy solicitados. "Muy bien de público", decían las vendedoras, que, además, confirmaban que Platón, Aristóteles y otros clásicos continúan siendo objeto de deseo -la edición de Gredos, también del grupo de RBA-. En Random House Mondadori, el delegado comercial no disponía de datos, pero corroboraba este inicio alentador para el negocio editorial. "La gente está esperando lo nuevo de Ildefonso Falcones, "La mano de Fátima", libro que sale a la calle el día 10 y estará en la feria el día 11". "Anatomía de un instante", lo último de Cercas, y las obras de Ken Follet son referencia para el público, que se inclina además por "Gomorra" e "Hiparquía", obras que han sido llevadas al cine, la última de la mano de Amenábar. Para la poesía no corren malos tiempos, “cada vez es menos minoritaria”, explica José Luis, de Visor, vendedor presente en esta feria desde hace más de diez años. “La venta depende de muchos factores, por ejemplo, la posición de la caseta, pero esta feria ha comenzado bien.” Mario Benedetti es el autor con más fortuna en este sentido. José Luis no maneja cifras, sólo comenta que los visitantes compran más, sobre todo, el sábado por la tarde y el domingo por la mañana. Desde la editorial Acantilado, por otra parte, comentaban que el inicio “ha sido mejor que el año pasado, donde la lluvia frenó a la gente el primer fin de semana”. Las obras de Zweig siguen siendo un valor seguro y están vendiendo muy bien “El miedo”, de G. Chevallier. "Los hombres que no amaban a las mujeres” y “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” fueron los libros más comprados en el primer trimestre del año. “Trilogía de culto”, reza la cinta roja que acompaña a cada ejemplar de este best-seller de Stieg Larsson. Publicados por Destino, de Planeta, los responsables de la caseta no realizaron ningún comentario.

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La Feria del Libro de Madrid

5.29.2009
La Feria del libro de Madrid. Foto: Sergio Enríquez. Fuente: elcultural

La Feria del Libro de Madrid fue inaugurada hoy en el tradicional parque del Retiro. Las casetas han abierto sus ventanas y, presumiblemente, como otras veces, los sistemas de crédito no están funcionando bien. Qué tentación estar ahí, comprar novedades, comprar cuadernos moleskine, atisbar qué escritores famosos están firmando libros, averiguar quién habla hoy. Encontrarse con amigos y ver qué ha comprado él, qué he comprado yo, y acordarme a último ninuto del libro que realmente quería comprar porque lo reseñó Fresán, Monmany o Giralt y correr a buscarlo. Pero, en fin, ahora estoy en Lima y no hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria. El suplemento "El Cultural" ha tenido la buena idea de preguntarle a editores y libreros qué piensan que tiene y qué le falta a la Feria en tiempos de crisis económica, con menos stands y muchas menos ofertas. Aquí las respuestas de los editores:

Jorge Herralde (Anagrama): “El modelo estuvo superado hace unos años, pero con la nueva junta y el replanteamiento general mejoró muchísimo. Esto se ha reflejado en las ventas de libros en las últimas convocatorias. Ya se eliminaron las casetas intrusas y las churrerías. Habría que incrementar más los actos culturales”.

Jaume Vallcorba (El Acantilado): “Creo que la Feria de Madrid se ha consolidado como una feria de referencia, por lo que no considero ni que su modelo esté superado ni que haya que eliminar nada”. Vallcorba también apuesta por desarrollar más actividades culturales y por todo “aquello que ayudara a hacer crecer el interés por la Feria y los libros”.

Xavi Azpeitia (451 editores): “Bueno: una feria, además de un mercado, es una fiesta y, de momento, yo veo caras muy largas. Si el modelo tiende hacia la fiesta sobrevivirá: variedad, importancia de lo pe- queño, pero también de lo grande, mezcla, falta de distinción de clases, apertura, pereza, ligoteo y embriaguez... Esos son los elementos que hacen que uno salga de feria, aunque también hacer negocio o comprar. Si se olvidan, es mejor no montar tanto jaleo. Hacemos un congreso de libreros y editores y nos aburrimos hasta hartarnos”. Y continúa Azpeitia, tan serio como socarrón, con sus propuestas: “Yo aplazaría las discusiones estériles entre editores y libreros (tanto las que hay entre ambos gremios como las internas). También creo que habría que buscar el modo de que no predominaran, para el visitante, los mostradores de novedades repetidas en cada caseta, y fomentar los libros que no son estricta novedad (no por nada: nunca eliminaría novedades o best sellers, pero la variedad es fundamental y de momento no parece que la haya). También quitaría la cerveza en vaso de plástico de los chiringuitos, o acercaría la barra del Martín a la Feria”.

Joaquín Palau (RBA): “Los madrileños acuden masivamente cada año a la feria, pasean, miran, hojean libros, los tocan, dudan entre este o aquel o ninguno. Es un acontecimiento multitudinario, alegre, popular y muy de Madrid. Son los vecinos quienes decidirán si el modelo aún sirve o ya no. Ni el calor sofocante ni el chaparrón veraniego son gobernables por el hombre, o sea que no se me ocurre nada esencial que valga la pena modificar. Más lavabos. Y tal vez mejorar la megafonía: llevo 20 felicísimos años visitando la Feria, y apostaría un libro a que esa voz ha sido siempre la misma o muy parecida, en forma y fondo”.

Sigrid Kraus (Salamandra): “Es una tradición maravillosa que siempre se puede mejorar y tiene que evidentementeadaptarse a los nuevos tiempos, pero creo que es muy bueno para todos. Tal vez habría que quitar algunas casetas institucionales y dotar los actos de mayor atractivo”.

Por otra parte, una buenísima idea es la de unir la Feria del Libro de Madrid al Facebook. Aún no sucede, pero podría ocurrir y sería genial:

“Parece necesario”, [opinan Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez, autores de uno de los blogs más interesantes sobre el mundo editorial: Paradigma libro], “reinventar la Feria teniendo en cuenta las nuevas tecnologías. Hace falta una estrategia de márketing a la altura de los tiempos: se hace necesaria una proyección en las redes sociales, verdaderos protagonistas de la difusión de la lectura. El boca-oreja se ha instalado en la Red, y la blogosfera es un nuevo agente cultural al que no se debe dar la espalda. ¿Para cuándo tendrá la FLM su perfil en Facebook y su blog con contenidos propios? Dejemos de satanizar la Red: Internet ayuda a vender más libros... en papel. Y hace falta debate y reflexión sobre la evolución del sector, los nuevos hábitos de consumo, la generación Google, los nuevos soportes, el marketing 2.0, las redes sociales, el papel del editor en el paradigma digital, el futuro de las librerías en entornos digitales, etc.”

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El turno de Zelda Fitzgerald

1.18.2009
Zelda Fitzgerald. Fuente: elpaís

El año 2007, Gilles Leroy ganó -sin despertar mayor entusiasmo entre los críticos- el premio Goncourt con la novela Alabama Song. En la novela, Leroy retrata la vida de Zelda Sayre, apellidada luego Fitzgerald, en primer plano, teniendo como personaje secundario a su esposo Scott (lo que Zelda hubiera agradecido mucho). Al parecer, la novela ha vuelto a poner de moda a esa pareja tan autodestructiva. La novela ha sido traducida al castellano por RBA y en "Babelia" es el tema de tapa:

"Cuando empecé a escribir este libro no sabía que iban a volver los Fitzgerald y con ellos los años veinte y treinta", señala el autor francés Gilles Leroy, cuya novela Alabama Song (RBA), ganadora del Goncourt en 2007, reconstruye la vida de Zelda en primera persona. Pero este libro, que acaba de ser editado en castellano, no es el único indicio del regreso de la pareja. En febrero se estrenará El curioso caso de Benjamin Button, un filme de David Fincher, protagonizado por Brad Pitt y Cate Blanchett, basado en el cuento del mismo título, que Lumen reeditó a finales de 2008 dentro de una recopilación y Navona acaba de sacar en otra. Además, se están preparando versiones cinematográficas de Hermosos y malditos, protagonizada por Keira Knightley (que es hermosa, pero no maldita), y de El gran Gatsby, dirigida por Baz Luhrmann, el barroco realizador de Moulin Rouge y Australia. "Tenía muchas ganas de hablar de Zelda, también tenía ganas de hablar de esa época. Los Fitzgerald eran una pareja de ensueño. Es verdad que la crisis se parece a lo que contaron en sus libros, pero lo que no siento es la gran explosión de creatividad que marcó los años veinte, cuando se forjó una nueva pintura, una nueva literatura, se cimentó el lenguaje del cine... Ahora tenemos la crisis; pero no la explosión creadora", prosigue Leroy en una entrevista telefónica. "Se parecen mucho en su forma de utilizar los medios de comunicación a las celebridades actuales, en un momento en que esos medios de masas empiezan a surgir. Su utilización de la celebridad es un poco cínica, pero son modernos en muchos planos, incluso en el plano moral. En su forma de romper las convenciones, de quererse, de enfrentarse a la sociedad, porque estamos hablando de la época anterior a Mayo del 68. Lo que atrae de esta pareja es la precocidad, la velocidad y su capacidad para consumir lo que llegaron a tener: felicidad, éxito, dinero".

En la nota, Leroy comenta cómo ha sido leída la novela por los fanáticos (y fanáticas) de Scott Fitzgerald:

"Muchos lectores, y sobre todo lectoras, enamorados de Fitzgerald han chocado con el libro porque dicen que ofrece una visión demasiado crítica de Scott. Primero, creo que hay mucha gente que confunde a Robert Redford en la versión cinematográfica de El gran Gatsby con el propio autor. Y luego, yo no he inventado nada: son cosas que ocurrieron, es lo que hizo. Fue un hombre, un ser humano", señala el novelista francés, quien cree que la clave del final está precisamente en que ella publicase Save me the waltz antes de que él terminase su novela sobre el mismo tema, Suave es la noche. "Una de las cosas apasionantes de Zelda es que ninguno de los testimonios que hay sobre ella concuerda, cada uno veía a una persona diferente. Lo que encuentro terrible y a la vez apasionante es la rivalidad que acaba por convertirse en un infierno. Zelda es un personaje muy complejo, que trata de escribir, de bailar, pero que luego rechaza el contrato más importante de su vida, que pinta, que luego destruye una parte de su obra, su conducta parece que le lleva voluntariamente hacia el fracaso. Hay muchos elementos que dan la impresión de que ella no quiso triunfar, realizarse".

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Una más sobre dictaduras

10.22.2008
Carátula del libro. Fuente: rba libros

Las novelas de autores latinoamericanos sobre dictaduras y dictadores no tienen cuando acabar. Confieso que mi favorita sigue siendo Conversación en la catedral. Aunque debería hacer una lista, hace meses que no hago una. El narrador argentino Alberto Manguel acaba de presentar su nueva novela Todos los hombres son mentirosos (RBA Libros) donde observa el franquismo desde los ojos de un exiliado. Así lo comenta el suplemento Ñ:

A través de los ojos de los exiliados latinoamericanos del Madrid de los 70, el escritor argentino Alberto Manguel reflexiona en su nueva novela, Todos los hombres son mentirosos, sobre el horror de las dictaduras, ante las que "no sirve de nada cerrar los ojos"."Una sociedad no puede llamarse cabal a sí misma si no se enfrenta a sus propios horrores", aseguró Manguel en una entrevista con la agencia EFE, en la que calificó de "admirable" que el juez Baltasar Garzón haya abierto una causa contra el franquismo por crímenes contra la humanidad y quiera investigar la desaparición de más de 100.000 personas."Necesitamos entender qué se hizo durante el franquismo, en parte para que no vuelva a ocurrir y en parte para dar simbólicamente la noción de una nación justa", afirmó Manguel, quien cree igualmente que hay que juzgar a los responsables de las muertes que hubo en la dictadura militar argentina.

En la entrevista, Manguel confiesa que muchos libros (no necesariamente sobre dictadores) fueron el carbón que lo ayudaron a terminar la historia:

Al escritor le costó "mucho" encontrar el tono adecuado de su nueva novela, en la que, con buenas dosis de sorna, critica la facilidad con que el mundillo literario encumbra a algunos escritores. Empezó a escribirla "hace veinte años", pero la abandonó porque no veía cómo contar la historia de Bevilacqua, un personaje que le da pie a meter en la trama a Enrique Vila-Matas y su Bartleby y compañía. "Espero que me perdone", comentó. La fotografía del joven que figura en la portada de la novela, ataviado con ropa de hace décadas, apareció en la casa de un amigo canadiense de Manguel y "no se sabe de quién es". Su cara le sirvió de inspiración para esta novela. También le inspiró la historia que le contó el escritor Graeme Gibson, marido de Margaret Atwood, acerca de un escritor cubano, que tras haber sido encarcelado por el régimen castrista, "pudo escapar a Miami y allí logró publicar una novela". Todo fue bien hasta que "la viuda de otro escritor que había muerto en las cárceles castristas" demostró que la novela era de su marido y no del que se la había apropiado, recordó Manguel. "'Cuál puede ser el impulso que lleve a alguien a robarle a otra persona su creación? Publicar y la fama que a veces se consigue con un libro no es nada comparado con el placer de escribirlo", aseguró Manguel.

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Fin de Temporada y Watanabe

7.17.2008
Balance de temporada. Fuente: modern classic

El verano español en pleno, las vacaciones ad portas, y las ventas por las nubes. El 30% de ventas del año sucede en estos días de verano (y yo aportaré mi granito de arena a ese 30% en agosto comprando algunas novedades). Con eso cierra, tempranamente, la temporada de publicaciones en España por varios meses. Por eso, el suplemento "El Cultural" ha entrevistado a dos editores, Manolo Borrás (Pre-Textos) y Joaquín Palau (RBA), que tempranamente hablan de decepciones y triunfos durante su año literario 2008. ¿Qué opinan del año?
Manuel Borrás: Me parece que este año se ha publicado buena literatura, aunque quizá en una menor proporción a la literatura que a mi juicio no pasa la prueba del nueve. También se han seguido publicando buenas obras, entre ellas algún gran libro, aunque como lector, y no como editor, a mí me siguen sobrando muchos, demasiados. Las mesas de novedades me tienen muy aburrido.
Joaquín Palau: Mi impresión también es buena, aunque es cierto que en términos editoriales han dominado la temporada, al menos los últimos meses, lanzamientos estratosféricos de novelas como las de Ruiz Zafón o Ken Follet, que han frenado la venta de otras propuestas literarias. El mercado está sufriendo un poco la crisis, pero en cuanto a aportaciones literarias estamos como cualquier otro año.

También se les ha preguntado qué esperan publicar en la próxima temporada. Ahí, Manolo Borrás da una noticia significativa para el Perú:
Manolo Borrás: Yo también voy a mencionar varios títulos... Hay un libro que rinde homenaje al amigo que se fue, al espléndido poeta José Watanabe, y es su obra reunida. También lanzaremos la poesía reunida, para que la disfrute, de Muñoz Rojas, y después, insistiendo en otro de nuestros muertos recientes, Mario Rigoli Stern: aunque no he vendido nada de sus libros anteriores, voy a publicar un libro delicioso, no muy extenso, que se llama Estaciones

Finalmente, un dato interesante para el busquillas que soy yo (y siempre confiando en el gusto literario de Manolo Borrás, a quien conocí en Lima y tuve el insuperable honor de presentarle la obra de Luis Loayza, a quien luego publicó en PreTextos) el que ofrece Borrás cuando habla de decepciones:
Manolo Borrás: Para mí, en lo que a mi fondo atañe, la mayor decepción es que un escritor de la envergadura y la importancia del italiano Mario Rigoni Stern, que acaba de fallecer y del que yo he publicado dos libros, no sólo no haya vendido nada sino que no haya suscitado el más mínimo eco.

Mario Rigone Stern, apuntado para agosto.

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Vietnam de 9-5

2.03.2008
Poco agraciada carátula del libro. Fuente: RBA

Mi Vietnam en realidad es de 8:30 a 6:00 pm pero estoy de acuerdo con Rodrigo Fresán: sobrevivir a una oficina es una épica contemporánea. Una estupenda e informada -como siempre- reseña de Entonces llegamos al final, el libro de Joshua Ferris traducido por RBA y que fue elegido por The New York Times Book Review una de las cinco mejores novelas del año. La cereza del pastel: el ingenioso título de la reseña de Fresán: "La conjura de los memos". La coloco completa porque no sé qué quitar sin echarla a perder.

Dice la reseña: "No es novedad que la oficina es uno de los círculos más agónicos y cerrados del infierno. Y la literatura norteamericana -con miradas distintas pero aún así coincidentes y que incluyen, entre tantos otros, a El hombre del traje gris de Sloan Wilson, La pianola de Kurt Vonnegut, American Psycho de Bret Easton Ellis- siempre sudó para recordarnos aquello de «Abandonad toda esperanza quienes entren aquí». Al menos por unas horas. El joven Joshua Ferris -quien estuvo allí y vivió para contarlo- vuelve a invitarnos a abrir las puertas de un Vietnam de 9 a 5 y a pasearnos por pasillos, escritorios y nerviosas zonas de descanso en su debut novelístico, Entonces llegamos al final, finalista del último National Book Award y elegido como uno de los cinco mejores libros del año por el suplemento de libros de The New York Times. Nada mal. Y tampoco está nada mal lo de Ferris aunque esté confeccionado con materiales malvados y por una serie de situaciones horripilantes donde los memos escritos se confunden con los memos que los escriben. Territorio salvaje. Bienvenidos entonces al año 2001 y a la decadencia terminal de una agencia de publicidad de Chicago golpeada por la disolución del espejismo dot.com. Todo narrado por un yo plural (un nosotros corporativo que recuerda a los mejores relatos de Donald Barthelme) funcionando como guía por un territorio salvaje donde se corre el mortal peligro de que te roben la silla. Y esto es lo que hace de Entonces llegamos al final un verdadero tour-de-force narrativo en el que el lector, poco a poco pero con seguridad, va identificando e identificándose con los diferentes personajes. Un plantel que incluye a un adicto al trabajo permanentemente saboteado por sus colegas, un depresivo que roba (y consume) los medicamentos de una compañera, una chica con un peinado pasado de moda, alguien que decide expresarse utilizando nada más que frases extraídas de El padrino, un tipo que está escribiendo una novela en sus ratos libres: «Un libro pequeño y furioso sobre nuestras vidas en el trabajo»? Y uno a uno, todos ellos van siendo eliminados (despedidos) como en un policial de Agatha Christie. Y la paranoia aumenta y las cafeteras se vacían y los rumores se propagan «como la gripe». Y la última oportunidad reside en un encargo endiablado de un cliente invisible: una campaña sobre el cáncer de mama que haga reír a quienes lo padecen. Volver a empezar. Pero el verdadero misterio aquí es el que se refiere a la misma naturaleza y esencia de la vida laboral: ¿cómo es que pasamos una gran parte de nuestras vidas junto a seres con los que poco y nada tenemos que ver y de los que, sin embargo, acabamos sabiendo mucho más de lo que conocemos de la persona que duerme a nuestro lado?

Definida por Nick Hornby como un cruce entre esa obra maestra de la BBC que es The Office y Kafka, lo cierto es que Entonces llegamos al final recuerda más a aquel Don DeLillo «gracioso» -el de Ruido de fondo y End Zone- cruzado con la piadosa observación social de Douglas Coupland. Pero a lo que más y mejor recuerda todo esto -en tono y en forma- es a la que probablemente sea la mejor novela «de oficina» jamás escrita: Algo ha pasado de Joseph Heller, mucho mejor que su célebre Trampa 22. En una entrevista, Ferris aclaró que el libro no es autobiográfico pero que se ocupa de una sensación autobiográfica. Y universal. Ferris dijo también que escribió una novela sobre la oficina porque, una vez afuera de todo eso, extrañaba la oficina. Tal vez de ahí la coda de las últimas páginas -luego de tanta tragicomedia, cinco años después del Big Crack y de la caída de las torres- y una cierta cansada ternura describiendo el retorno a un hogar no necesariamente dulce luego de unos cuantos tragos para el camino. Y a la mañana siguiente volver a empezar. Nada ha cambiado mucho, y es que hay pocas cosas más estables que el infierno de la oficina. Pero no todo está perdido: al final nos enteramos de que aquel que estaba escribiendo un libro, lo terminó y lo publica y lo presenta. Y no le va a ir nada mal con él, parece.

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Jordi Soler y la GCE

11.21.2007
Jordi Soler. Fuente: milenio

La última hora del último día (RBA) es el último libro de mexicano, radicado en Barcelona, Jordi Soler en el que retoma el mundo de su anterior novela Los rojos de ultramar, aunque aclara que no es una continuación, y también su preocupación por la Guerra Civil Española (¿otra novela sobre la GCE? se preguntarán uds. Sí, otra pues). Lo entrevistan en el diario mexicano "Milenio" preparándose para su presentación en la FIL Guadalajara.

Dice Soler sobre su fijación con la GCE: "La Guerra Civil española me conmueve especialmente porque determina la historia de mi familia y consecuentemente la mía; sin ese episodio yo no sería quién soy, un escritor híbrido con dos países y dos formas de concebir la literatura. Soy un catalán que nació en Veracruz y que tuvo una infancia selvática, toda una rareza para mis hijos que son de Barcelona, como su abuela, que es mi madre. La única forma de explicar esta filiación excéntrica pasa necesariamente por la Guerra Civil. Por otra parte, el tema de la guerra no está, para nada, superado, es un tema que en España está cada vez más caliente".

También habla del exilio: "Hay una línea en La última hora del último día que, desde mi punto de vista, es la suma del exilio: “No puedes volver aunque vuelvas”, dice el narrador. Creo que cada exilio, como cada persona, es distinto, y su punto dramático radica en la idea de que es una condición que se arrastra de por vida y que encima se hereda. Yo no soy exiliado, nací en México y vivo en Barcelona porque es una ciudad que me gusta; sin embargo, he heredado el exilio. Por otra parte me parece que esto no puede mirarse en términos de fracaso o triunfo; se trata de una de tantas formas de buscarse la vida."

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Más Littell

11.04.2007
Jonathan Littell. Foto: Anne Christine Poujoulat. Fuente: adn cultura

El fenómeno Jonathan Littell y Las benévolas (RBA) ha entrado fuerte en el suplemento ADN Cultura y le han dedicado todo el número de este fin de semana. Aparece una entrevista al autor hecha por el también escritor francés Richard Millet -y que ya mencioné antes-, una reseña de la novela a cargo de Hugo Beccacece , y un par de entrevistas a escritores norteamericanos que coinciden con Littell y han tratado recientemente el tema del nacismo y su reconstrucción histórica: Norman Mailer que publicó El castillo en el bosque , y Daniel Mendelsohn con Lost.

Concluye la reseña: "Quien lea el millar de páginas de Littell debe inclinarse ante el talento del autor, que conoce muy bien los trucos de su oficio, que empleó dos años en una exhaustiva investigación sobre distintos aspectos del Tercer Reich, pero que también, sobre todo hacia el final, se dejó llevar por la misma carga de irracionalidad del material que manejaba (raro que nadie se lo haya señalado). La capacidad para describir paisajes alterados por la guerra, la habilidad con que crea situaciones de una comicidad macabra, la astucia con la que vuelve narrativas las tesis de Arendt sobre el mal muestran a un escritor con una riqueza excepcional de recursos. El lector, eso sí, deberá pasar por alto cierto dandismo literario (Aue se pasea por las trincheras con La educación sentimental de Flaubert) y algunos desbordes, pero encontrará episodios notables, como el de la licencia que Aue pasa solo en la villa abandonada de su hermana, donde se hunde en la angustia y en perversiones monstruosas, impulsado por el afán de recuperar la infancia. Cuando se termina la novela, es aconsejable escuchar otra voz, quizá no tan estruendosa, pero más humana; por ejemplo, la de Primo Levi en Si esto es un hombre , la admirable crónica de los campos de concentración de alguien que sobrevivió a ellos. Quizá Aue tenga razón y casi cualquiera pudo haberse comportado como él. Esa sospecha vuelve más inquietante la pregunta que el lector no deja de formularse desde el principio hasta el final del libro: "¿Qué hubiera hecho yo?"

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Elogios a Littell

11.01.2007
Carátula del libro. Fuente: crisol


Y empezó el festival de elogios a la traducción de Las Benévolas (RBA) de Jonhatan Littell. Mientras esperamos que llegue a Lima, sólo nos queda comparar quién es más original -o por lo menos más exagerado- en la alabanza. Aquí está la de Germán Gullón para "El Cultural":

Dice: "La novela hay que entenderla dentro del contexto de la narrativa actual, cuando la novela de crimen y la histórica han desplazado a la puramente literaria en las preferencias del público lector. La peculiaridad del franco-estadounidense reside en que supo redactar un larguísimo texto de ficción histórica con un componente de verosimilitud del 95%, que resulta puro alcohol para la conciencia de los lectores. Apropiado para disolver la pereza con que los europeos y americanos abordamos la cuestión de la memoria histórica de, por ejemplo, los ucranianos, las primeras víctimas visitadas en el relato de Littell. El futuro escritor pasó varios años investigando las atrocidades relatadas, como adelanté, y luego dedicó un año a volcar toda esta información en la página. Aquí no hubo tiempo para la reescritura a lo Flaubert, uno de los autores preferidos del escritor, pues no le mueve el prurito de la perfección estilística, de la enunciación del tema mediante palabras bellas. Le mueven los datos descubiertos, los ejemplos de ciudades arrasadas primero por los rusos y luego por las SS en sus respectivos intentos de limpieza étnica, y transmitir la frialdad de los verdugos, como Aue y sus camaradas.El lector de Las Benévolas sentirá la urgencia de aprender más del asunto, y se perderá interesado en este océano de páginas, otro capítulo de la infamia universal. El texto posee una belleza literaria de nuevo cuño, pues emana de una fuerza, originada en la biografía del autor de antepasados judíos polacos, que fructificó en el relato de las minuciosas investigaciones sobre los crímenes nazis. Littell mira en el ángulo oscuro de la realidad no para despertar nuestra sensibilidad individual, sino la conciencia humana del nosotros. La solidaridad parece ser el único horizonte posible para el siglo XXI, confiando siempre que las benévolas, las furias de Eurípides, alcanzarán a los culpables de crímenes contra la humanidad. "

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Jordi Soler

10.29.2007
Jordi Soler. Fuente: el país

Jordi Soler nació en México y vive autoexiliado en España. De eso trata, a manera de apunte autobiografico, La última hora del último día editado por RBA. Una novela con la selva veracruzana como telón de fondo. Lo entrevistan en El País.

Dice Soler sobre su novela: "Es una mirada menos comprometida porque ya no vivo en México, y eso me ha permitido reflexionar con mucha distancia sobre el racismo que hay allí. El mexicano indígena es profundamente racista contra el que no lo es, y el blanco y mestizo son muy racistas con el indígena. Hay una desigualdad que tiene que ver con el físico. Si eres indígena y bajito, por más que tengas una mente privilegiada, no llegarás a nada; pero si eres blanco y mides 1,70 metros puedes llegar a presidente. Un ejemplo lo tenemos en el subcomandante Marcos, que dijo que en Chiapas había injusticia, algo que venían diciendo otros durante décadas."

Y sobre el exilio: "El fútbol era como el limbo, que es el lugar que ocupa el exiliado. Éramos muy culés porque no éramos mexicanos y España tampoco era una posibilidad al seguir gobernada por el tirano. En el exilio teníamos dos referentes de España, que no se pueden cambiar: las canciones de Serrat, que escuchábamos con devoción, y los resultados del Barça, que son como son y nadie los puede cambiar"

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Littell en Babelia

10.28.2007
Jonathan Littell. Dibujo: Loredano. Fuente: elpaís

El suplemento "Babelia" ha elegido para renovarse, con más páginas, la semana del esperado debut de Las benévolas de Jonathan Litell, editado por RDA. Y a él y su tema le dedican el número. Aparece una reseña a la novela por José Carlos Mainer. También una entrevista de Jesús Ruíz Mantilla titulada: "La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba". Y una "breve guía de la noche", lista con diversas novelas que tienen como tema común el Holocausto.

Dice Littell: "Aquí, en Las benévolas, el tema es el verdugo, el asesino, sobre el que también se ha escrito, pero yo he querido acercarme a ello desde un punto de vista diferente, con otra perspectiva. Y la cuestión sigue sin contar con respuestas adecuadas. Me fascina el tema del verdugo en general, más en el mundo nazi. Ahí se puede estudiar a fondo, hay mucho material, documentos, unos a disposición de los alemanes, otros que lo han estado a mano de los soviéticos... Por eso lo situé en ese periodo. No quería centrarlo en una época actual, más contemporánea. Se podría, pero... (...) Mi trabajo lo que pretende es ayudar a comprender mejor las decisiones que cada uno tomamos y por qué las tomamos. Yo tengo las mías, mi propia ética, y no creo que ya sólo dispongamos de dos. Si tienes suerte, eliges las más decentes, incluso en tiempos difíciles podemos optar por cosas adecuadas, que eso es lo difícil. Hoy prácticamente nadie cuestiona el valor ético del capitalismo o la democracia y mira que hay cosas que se pueden cuestionar. Lo que me gustaría que aportara este libro es que hoy existen caminos éticos que se pueden seguir gracias a lecciones como aquélla. Aunque también ocurre que muchos chicos y chicas de cualquier Estado americano eligen marcharse a Irak a torturar gente. Éticamente están muy confundidos, está claro. Pero se puede entender esta confusión cuando existen juristas que en ese país legitiman la tortura, ¿qué puedes esperar? Cuando se les da una formación militar con arreglo a eso, ¿qué esperas? Si se pasan de la raya, ¿qué importa? O cuando contratas mercenarios para hacer el trabajo sucio, pues no deberían sorprendernos según qué atrocidades. No hay reglas. El problema es que las barreras que nos ponen no son sociales. No puedes esperar que alguien no te torture porque sea un buen tipo y se apiade, debes exigir que nadie torture a nadie, sencillamente porque existen leyes que lo prohíben y que eso se castigue."

Acerca de los que Mario Vargas Llosa dijo sobre el libro, que es sorprendente pero no deja resquicio para la esperanza, declaró: "Ya, es que yo no creo en la esperanza. No tengo esperanza en nada. Si nos fijamos en el mundo, es todo un espanto. Ser una persona decente se pone difícil. En Occidente creíamos que habíamos encontrado un equilibrio, pero para el resto de la humanidad, la vida es una pesadilla. Todos vamos a morir, ¿qué quiere que esperemos?

También se refiere a por qué no aceptó recoger el Goncourt: "Hice todo por evitarlo pero, por desgracia, sí, me lo dieron. No lo quería. No creo que los premios tengan que ver con la literatura. Tienen más que ver con la publicidad y el marketing, pero no con la literatura. No me gusta eso. Sí, el dinero está bien, es otra cosa. Es que no me gusta la competencia y toda esa basura, a no ser que te interese más el estatus social que el arte. Tampoco escribí este libro para ganar dinero, eso lo puedo asegurar."

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Las Benévolas en castellano

10.26.2007
Jonathan Littell. Foto: Jean Marc Loos. Fuente: elmundo

Y finalmente la edición en castellano de la novela-sensación del año pasado en Francia, Las Benévolas de Jonathan Littell (ganadora del premio Gouncourt), ingresó a librerías en su edición castellana de RBA. La tirada inicial: 50,000 ejemplares. Para estar a tono, en el ABC publican una entrevista a Littell por parte del escritor francés Richard Millet que se realizó en Beirut. ¿Quién escribe las mejores obras sobre la guerra y la violencia?, le pregunta Millet. Littel está convencido de que no son precisamente aquellos que "tienen las manos en el fuego", como escribió hace años Miguel Gutiérrez refiriéndose a la literatura peruana.

Dice Littell: "¿Quienes participan en las guerras son los más adecuados para escribir acerca de ellas? Yo opino que las mayores obras maestras sobre la guerra las escribieron personas que, incluso aunque hubieran tenido una experiencia de la guerra, no habían tenido una experiencia directa de las cosas que contaban. Recurrieron a su propia experiencia para infundir realidad a otra experiencia, mucho más alejada de ellos. Stendhal nunca estuvo en Austerlitz; hizo la campaña de Rusia y la de Italia, pero no estuvo en Austerlitz. Ahora bien, la escena magna que describe en sus novelas, y de una forma que volvió a inventar por completo la forma de contar la guerra por escrito, es la de Austerlitz. Usa todo cuanto conoce para inventar, o volver a inventar, esa escena bélica completamente alucinante en donde no está la guerra, esa batalla en donde no está la batalla. Tolstoi hace otro tanto en Guerra y paz; escribió acerca de una guerra que ya tenía cincuenta años cuando él la escribió.

Y luego aclara: "Podemos ser testigos. Podemos ser escritores. Y puede suceder que alguien sea escritor y testigo; pero no está claro si el escritor testigo es el más adecuado para escribir cosas que ha presenciado. Creo que para escribir de verdad hay que ir más allá de la postura del testigo. La escritura va más allá de la simple transcripción de la realidad o más allá del reportaje cuando se acumulan dimensiones al tirar de cosas que proceden de diversos niveles: la infancia más remota y, al mismo tiempo, las cosas externas, y se pone todo en resonancia. Si en la infancia más remota está ya la guerra y queremos hablar de esa guerra, no habrá desfase, y por lo tanto no habrá resonancia, y por lo tanto no habrá arte. No podremos sacar las cosas de las gangas en que están encerradas."

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Jonathan Litell

6.02.2007
Jonathan Litell. Fuente: ABC

Con la traducción para RBA de la novela Los clementes (traducción de Les Bienvieillantes), la sorpresivo y sorprendente ganadora del premio Goncourt 2006 y del Premio de Novela de la Academia Francesa, el nombre de Jonathan Litell suena cada vez más en España. Aquí, una nueva entrevista, esta vez en el suplemento ABCD.

En la entrevista explica el génesis de su novela: "Había una foto que me encontré cuando estaba en la Facultad. No sabía ni siquiera de qué era en ese momento, me enteré más tarde: era el cadáver de una guerrillera rusa a la que los nazis mataron a las puertas de Moscú, un símbolo de la propaganda de guerra soviética. Hallaron su cuerpo medio desnudo y devorado por los perros. En aquella época, eso me atormentó mucho: la diferencia entre la belleza de la muchacha y el horror de la escena. Es una foto terrible, pero hermosa. Al principio, [la novela] se centraba en eso, en la guerra en sí, y en particular en el frente del Este. Me pasé 12 o 13 años reflexionando antes de empezar a trabajar. Durante ese tiempo, las capas se formaban y algunos bloques se colocaban en su sitio. Necesitaba acumular la mayor cantidad de capas y que se descompusieran, se entremezclaran, para hacer una especie de compost. Di con la estructura fundamental, inspirada en La Orestiada, de Esquilo, en 1998. Hasta entonces tenía algunas notas vagas, pero nada organizado. En esa época, me tomé un descanso de seis meses con mi pareja. Hicimos un gran viaje por Asia Central, Pakistán, Tayikistán -y nos quedamos bloqueados en Bichkek durante tres semanas, en condiciones un poco duras-. Esperábamos un visado iraní y no querían dárnoslo. No había nada que hacer. Allí fue donde concebí la estructura del libro".

También recuerda una anécdota con el poeta beat William Burroughs: "el verano en el que escribí ese librito de ciencia-ficción, estando en Colorado, conocí a William Burroughs, y eso me abrió nuevas perspectivas. Me regaló El almuerzo desnudo y leyó algunas páginas de mi libro. Le gustaba mucho la prosa de serie B."

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Littell en castellano

5.13.2007
Jonathan Litell. Foto: The New York Times.



La Papelera de Juan Palomo, en el suplemento "El Cultural", asegura que fueron cuatro las editoriales que pugnaron por ganar los derechos en castellano del libro sensación del años pasado, Les bienveillantes, de Jonathan Littell. Al final ganó la apuesta la editorial RBA, que ofertó más que Anagrama, Salamandra y Acantilado. El libro aparecerá en noviembre bajo el título Los clementes.


Dicen que la puja fue más agresiva que la compra de la carta pase de Reymond Manco entre el Real Madrid y el PSV. Al final, se cuadruplicó la cifra que se esperaba por el libro. Juan Palomo estima que se pagó entre 300,000 y 400,000 euros.

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