MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

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12.16.2009
Carátula del libro. Fuente: ABpage

Augusten Burroughs, desde que se hizo rico y famoso con la divertida novela Running with Scissors, editada por Anagrama como Recortes de mi vida (y llevada al cine de manera mediocre por Ryan Murphy), no ha parado de publicar como una máquina dispuesta a convertirse en una marca registrada. Su último golpe es un regalito navideño (basta observar la carátula) para sí mismo. Se titula You Better Not Cry y se subtitula "Stories for Christmas". Anagrama también publicó de él la menos interesante continuación En el dique seco. Dice la contratapa:

"Christmas has always been my favorite holiday. But for me, each Christmas has been worse than the one before. Perhaps this is punishment for getting Jesus and Santa all mixed up in my head as a kid. Or maybe, waking up hungover at the Wadorf Astoria next to a naked, old, fat French Santa just isnt as big a deal as I think. The funny thing is, I still love Christmas. I just sometimes wish there wasn't so much coal dust." You've eaten too much candy at Christmas...but have you ever eaten the face off a six-foot stuffed Santa? You've seen gingerbread houses...but have you ever made your own gingerbread tenement? You've woken up with a hangover...but have you ever woken up next to Kris Kringle himself?" Augusten Burroughs has, and in this caustically funny, nostalgic, poignant, and moving collection he recounts Christmases past and present—as only he could. With gimlet eyed wit and illuminated prose, Augusten shows how the holidays bring out the worst in us and sometimes, just

En la web oficial del nuevo libro de Burroughs pueden encontrar un video-comercial sobre el libro y un fragmento. En esta otra página podrán ver unas palabras del autor sobre su futuro best seller. Si no saben qué comprar, probablemente compren este libro. Pero recuerden: los libros hablan de uno mismo más que las palabras.

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Libros para hornear

11.12.2009
Libros para hornear.Fuente: el país

La SFLA (Servicio Federal de Lucha Antidrogas ruso) ha elaborado una "lista negra" con libros y textos que pueden incitar a la drogadicción. No se trata de una prohibición, aclaran, porque eso solo lo puede hacer un juzgado, sino de una advertencia. En fin, tomémoslo con calma. Más que una prohibición funciona como una recomendación: Es una lista interesante como cualquier lista. Dice "El País":


Entre los autores proscritos figuran el español Pérez-Reverte con La Reina del Sur, una historia de narcotraficantes ambientada en México y en el estrecho de Gibraltar, y el clásico estadounidense Tom Wolfe con Ponche de ácido lisérgico. Les hacen compañía los también estadounidenses Burroughs con Queer y Hunter Thompson con Miedo y asco en Las Vegas, el británico Alex Garland con La Playa y el escocés Irvine Welsh con Porno, Escoria y The Acid House. La lista incluye asimismo obras de ciencia ficción, como Una mirada a la oscuridad del clásico estadounidense Philip K. Dick, y Jim Morrison's Adventures in the Afterlife del británico Mick Farren. Entre los autores rusos figuran el escritor Mark Levi con la obra Novela con la cocaína, publicada en 1935 bajo el seudónimo de M. Ageev y que inicialmente fue atribuida a Vladímir Nabókov, y la periodista y novelista moderna Linor Goralik con Niet. Además de otros autores, del siglo pasado y modernos, la lista, curiosamente, incluye monografías sobre sustancias psicotrópicas y alucinógenas de científicos de renombre mundial, como el psiquiatra estadounidense de origen checo Stanislav Grof, y un manual de cultivo de champiñones. El diario Nóvie Izvestia destaca hoy que "la lista mezcla piezas marginales con obras clásicas de la literatura, muchas de las cuales han sido llevadas a la pantalla", y que todos los libros en ella incluidos están en venta libre y también pueden ser descargados en Internet. La revelación de esa lista negra ha indignado a la prensa rusa, que no olvida otras campañas similares del Servicio Antidrogas, como la persecución judicial de los veterinarios que empleaban anestésicos al operar a los animales domésticos.

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La revolución Burroughs

10.13.2009
William Burroughs. Fuente: página12

En una edición argentina de Caja Negra, La revolución electrónica del paranoico William Burroughs -de 1970- es la estrella de las Jornadas William Burroughs que se llevarán a cabo en Buenos Aires a fines de este mes. La edición tiene un prólogo de Carlos Gamerro que adelanta Página12 y aquí les dejo un frgamento especialmente interesante:

Hay pocas preguntas que le interesen menos a Burroughs que las demasiado transitadas “¿Qué es la literatura?” o “¿Qué es el arte?”. El de Burroughs no es un pensamiento que busque establecer límites sino derrumbarlos; no se trata de buscar diferencias sino continuidades; como cuando sugiere que la publicidad, en su trabajo sobre la interrelación entre palabra e imagen, va por delante de las artes (entre otras cosas, porque se ha liberado de pruritos estéticos); o cuando hace suyo el lema de su amigo pintor Brion Gysin, “la literatura está atrasada cincuenta años con relación a las artes plásticas”, o cuando propone, en The Third Mind, un nuevo paradigma o “nueva alianza” –como luego haría Ilya Prigogine en su libro del mismo título– entre ciencia y arte: “Creo que el arte y la ciencia tenderán a fundirse más y más. Los científicos están estudiando el proceso creativo, y creo que la división entre arte y ciencia se derrumbará y que los científicos se volverán más creativos y los escritores más científicos”. Burroughs compartió con sus compatriotas-compañeros de ruta de los ‘50 y los ‘60 el ideal a veces algo vago, por demasiado vasto, de la liberación, entendido no como liberación nacional (ellos eran el imperio, al fin y al cabo) sino personal, o a veces grupal (mujeres, negros, homosexuales): la lucha era contra el “sistema” (denominación omniabarcadora, pero no por ello menos real, que incluye al Estado, al aparato educativo, a los medios masivos y al mercado). Novelas como El almuerzo desnudo y Nova Express proponen la metáfora de la adicción como figura de toda forma de control: en ellas entendemos que vivimos en un mundo de adictos, donde los poderes del Estado y el mercado nos dominan mediante la adicción a las drogas, al dinero, al poder, al consumo, al sexo y a la palabra. Pero si lo que queremos es liberarnos, ¿cómo liberarnos de esta última –la palabra– que, según parece, constituye al ser humano en cuanto tal, lo que nos diferencia, pongamos el caso, de los animales? La primera parte de este libro, “Retroalimentación de Watergate al jardín del Edén”, nos ofrece una primera respuesta: no es la palabra en sí sino la escritura lo que nos separa de ellos. Porque, como Burroughs explica en La revolución electrónica y también en otros textos, “el lenguaje es un virus” que en tanto tal no ha sido creado por el hombre sino que lo ha invadido y vive en él como un parásito; y es un virus –y no una bacteria u otro organismo– porque es algo no viviente que al introducirse en un ser vivo usurpa las características de la vida; puede reproducir sus cadenas informativas dentro del organismo y luego infectar a otros (mediante un proceso que los lingüistas llaman “adquisición del lenguaje”) y puede, incluso, matar. Pero para darle a este descubrimiento todo su valor político hay que destacar que no se trata de una metáfora, ni mucho menos de una comparación: es una verdad literal. Burroughs no dice que el lenguaje es como un virus sino que el lenguaje es un virus altamente especializado, porque no sólo no es humano, ni siquiera es terrestre: “El lenguaje es un virus del espacio exterior”. En el momento de su formulación, la teoría de Burroughs pudo parecer delirante, fruto de una mente quemada por veinte años de adicción, o –lo que constituye una forma más insidiosa de descrédito– deliciosamente imaginativa, “poética”. Pocos años más tarde, la aparición de los virus de las computadoras –que son sin ninguna duda virus del lenguaje– probaría empíricamente la exactitud de sus predicciones. El descubrimiento de Burroughs permite también resolver la aparente contradicción de un escritor que dice estar contra la palabra: “Borren la palabra para siempre”. ¿Se puede combatir a la palabra con palabras? No hay otra manera, nos explicará: la tarea del escritor es trabajar el lenguaje como inoculación, como vacuna; la palabra literaria fortifica el organismo contra las formas más insidiosas del mal; las palabras de los políticos, de los militares, de los comunicadores sociales, de los médicos, los psiquiatras... Al igual que en yoga, en el Zen y en la obra de algunos autores como Beckett, la búsqueda de Burroughs es la búsqueda del silencio, es decir, de manera muy simple, los estados no verbales de la mente, la ausencia de palabras en la conciencia: el estado de silencio equivale a la cura del virus del lenguaje que, a la manera de la cura de los virus no verbales, no se alcanza expulsándolo del organismo sino volviéndolo inocuo: quien lo alcanza puede luego coexistir con el invasor sin ser dominado, manejado, dicho por él. Sólo quien ha alcanzado el estado de silencio puede ser dueño de su lenguaje.

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Así como mengua la luna

3.13.2009
Fuente: lanzallamas

THAT´S THE WAY

That's the way the stomach rumbles
That's the way the bee bumbles
That's the way the needle pricks
That's the way the glue sticks
That's the way the potato mashes
That's the way the pan flashes
That's the way the market crashes
That's the way the whip lashes
That's the way the teeth gnashes
That's the way the gravy stains
That's the way the moon wanes

William Burroughs. (Lo recita Tom Waits en The Black Rider -1993)

Invocación para que la luna llene mengue y me deje dormir de una vez.

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Fuentes literarias de Ian Curtis

12.21.2008
Ian Curtis. Fuente: plain or pan

Para todos los fans de Joy Division, y en particular de Ian Curtis, les dejo este regalo que me encontré en la revista Ñ: Un comentario sobre la relación de Curtis con la literatura. Era obvio, ¿no? Dice la extensa nota de Jon Savage (guionista de una película sobre Joy Division), traducida de The Guardian:

No se trata de legitimar las letras de Curtis como obra literaria, sino de dejar en claro que en los años 60 y los 70, la cultura pop actuaba como centro de intercambio para la información que estaba literalmente oculta como la esotérica, o era degradada, impopular y estaba por debajo del radar de la literatura. Y existía toda una subcultura y un mercado que sostenían estos intentos de clandestinidad. Joy Division continúa inspirando nuevas generaciones de oyentes, pero sin duda fueron el producto de un tiempo y un lugar. Ian Curtis era un ávido lector que se convirtió en escritor fecundo. En el noroeste de Inglaterra, a mediados de los años setenta, encontró los materiales que necesitaba para escapar, pero sólo para descubrir, como era evidente en muchas de sus lecturas, que escapar era imposible. Como los Doors y The Fall, Joy Division tomó su nombre de un libro. No se inspiraron en Huxley o en Camus, sino en una pieza relacionada con el Holocausto. The House of Dolls de Ka-Tzetnik (su verdadero nombre es Yehiel Feiner) cuenta de zonas en los campos de concentración en las que se forzaba a las mujeres a la esclavitud sexual: no era la División de trabajo forzado (Labour Division) sino la División del placer (Joy Division). En 1978, cuando el grupo adopta el nombre, la novela había vendido millones de copias en edición rústica. Desde principios hasta mediados de la década del setenta, fue la época dorada de las publicaciones en rústica, fueran buenas o malas. Aparte de Penguin, con su fuerte línea de ciencia-ficción, que incluía autores como Philip K. Dick, Olaf Stapledon y J. G. Ballard, estaba Picador, Pan, Mayflower y Paladin, este último con una amplia lista que incluía a Jeff Nuttall y Timothy Leary. Con sólo 50 peniques, cuando un disco LP costaba 3,25 libras, estos libros estaban al alcance de los jóvenes. (...) Joy Division muy rara vez daba una entrevista. En enero de 1980, sin embargo, le dieron una audiencia al joven escritor y cantante Alan Hempsall. Esta sería la única vez que Curtis habló de sus lecturas. Mencionó Naked Lunch y The Wild Boys como dos de sus libros favoritos. Curtis comenzó escribir en serio durante 1977 cuando él y su esposa Deborah se mudaron a Barton Street en Macclesfield, al sur de Manchester. En sus memorias Touching from a Distance, Deborah Curtis recuerda que "la mayoría de las noches Ian se encerraba a escribir en el cuarto azul, interrumpiendo solamente para beber una taza de café entre las volutas de humo de un Marlboro. No me importaba la situación: lo encarábamos como un proyecto, algo que debía hacerse". (...) Como muchos jóvenes, los sentimientos de Curtis oscilaban entre la omnipotencia y la protesta, esto se reflejaba en sus letras. La sensación de luchar en vano, tal vez, contra un sistema laberíntico es un tema recurrente en Kafka, Gogol y Burroughs, entre otros. Es fácil seguir una línea temática entre los agentes de control en El Castillo de Kafka y las teorías del control en Burroughs, o en el fatalismo de los rusos del siglo XIX a la ciencia-ficción de posguerra. (...) No es difícil darse cuenta cómo Curtis se identificó con el funcionario público, el héroe de Memorias del subsuelo de Dostoievski con su desdén nihilista por el "hormiguero humano": Nacimos muertos. El problema con la música rock es la idea de autenticidad, requiere que el cantante actúe, caracterice las letras y el estado de ánimo. En la medida que Joy Division despegaba, él quedó atrapado en sus propias letras. Curtis escribe para Atrocity Exhibition: "para divertirse miran como se retuerce su cuerpo/ Detrás de sus ojos dice 'todavía existo'". Aunque se refiere a la novela de Ballard, el clima de la canción es más parecido a El Lobo Estepario de Hermann Hesse. En 1980, cuando Alan Hempsall le preguntó al respecto, Curtis dijo que había escrito la canción mucho antes de leer el libro. "Sólo vi el título y me pareció que encajaba con las ideas de la letra".

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Hipopótamos beatnicks

12.05.2008
William Burroughs (izquierda) charla con Jack Kerouac. Fuente: el país

Escribir un libro a cuatro manos, digamos, siempre es complejo. Y más si los autores son dos tan distintos -pese a ser parte de la mismoa generación- como Jack Kerouac y William Burroughs. Sin embargo, en 1945 ambos se embarcaron en un proyecto titulado And the hippos were boiled in their tanks ("Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques") con el fin de ganar unas pesetas. El libro será editado nuevamente, como curiosidad, en Inglaterra:

Tal como ocurre con las obras mediocres creadas para ganar dinero nada más, And the hippos were boiled in their tanks (Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques), una colaboración entre Jack Kerouac y William Burroughs, no es gran cosa. De todas maneras, si le importa alguno de estos dos maestros de la Generación Beat, no veo por qué no puede gustarle. De todos modos, la novela a punto de ser editada en Reino Unido por Penguin Classics impactará más por la ligazón entre ficción y realidad que por su valor literario. Fue escrita en 1945 por los dos amigos, en capítulos más o menos alternados -varios años antes de sus respectivas primeras novelas y más de una década antes de On the road (En el camino) de Kerouac (1957) y Naked lunch (El almuerzo desnudo) de Burroughs (1959), que los hicieron famoso. Los acontecimientos sin meta aparente conducen a un retorcido asesinato basado en un crimen real que tuvo lugar en el círculo de los jóvenes el año previo. Un epílogo de James Grauerholz, el albacea literario de Burroughs, aporta el background. Burroughs observó después que el libro tenía "un género bastante existencialista, que era el clima que predominaba en la época". Pero a los lectores no familiarizados con las convenciones del genéro les debe parecer más insensible que existencialista.

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Tres beats

11.12.2007
Fuente: brunotocane

Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs, la trilogía de la generación Beat, ha sido comentada en el suplemento Confabulario por el narrador mexicano José Agustín. Un recorrido por las fechas memorables, los hitos y los temas de la generación poética más célebre e influyente del siglo XX.
Dice José Agustín: "El establishment cultural e institucional primero criticó, luego subestimó, después descalificó y por último ignoró a La Generación Derrotada. Pero las obras crecían en importancia y la exposición pública tan intensa, por la moda de los beatniks, convirtió a los Tres Grandes en celebridades que adquirieron autoridad moral, pues no cedieron ante los espejismos del poder, la riqueza o la inflación del ego. También ignoraron los dictados de los intelectuales neoyorquinos, la vida en rosa tipo Hollywood, el espejismo del “destino manifiesto” de su país, que es una variedad del mito del “pueblo elegido”, ni jugaron a las serpientes y escaleras del sistema. Ejercitaron la libertad y por eso tuvieron que nadar contra la corriente, pero como no eran fanáticos ni aferrados se divirtieron en grande, hicieron lo que se les dio la gana y sólo siguieron las reglas que ellos mismos se impusieron. Representan propuestas literarias pero también modos de vivir. Son cultura y contracultura. Como dice Leonard Cohen, tenían plena conciencia de su grandeza y no titubearon en actuar, pues comprendieron que el auténtico poderío de Estados Unidos no se hallaba en los gobernantes, los millonarios o el ejército, sino en gente como ellos, los golpeados que exploraron los nuevos horizontes. "

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Familias literarias

10.10.2007
Una familia muy normal. Fuente: nihil

El Top 10 de The Guardian está dedicado a las familias difíciles o problemáticas, y la autora encargado de elaborar la lista es Rachel Seiffert quien con Dark Room está en la short-list del Booker de este año. En su lista hay dos obras que he leído y que considero que están muy justificadamente ahí: Desgracia de Coetzee y las obras de Salinger. Yo aumentaría tes más: la novela Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique (la literatura peruana abunda en problemas familiares, desde Duque de Diez Canseco hasta Un accidente llamado familia, de Katya Adaui); la disparatada novela Recortes de mi vida, de Augusten Burroughs; y en especial Ada o el ardor, de Vladímir Nabokov, pues supongo que si en una familia hay incesto, secretos e infidelidades a granel, aunque sean felices al final realmente es problemática ¿verdad? A ver si se animan a dejar su lista en los comments.

Aquí la lista de Seiffert:

1. My Name is Asher Lev by Chaim Potok

2. Gilead by Marilynne Robinson

3. The Speckled People by Hugo Hamilton

4. Honky by Dalton Conley

5. JD Salinger - Franny and Zooey, Nine Stories, Raise High the Roofbeam Carpenters and Seymour: an Introduction

6. The German Lesson by Siegfried Lenz

7. Disgrace by JM Coetzee

8. Sour Sweet by Timothy Mo

9. Haus Without Guardians (Haus ohne Hüter) by Heinrich Böll

10. The Shipping News by Annie Proulx

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Jonathan Litell

6.02.2007
Jonathan Litell. Fuente: ABC

Con la traducción para RBA de la novela Los clementes (traducción de Les Bienvieillantes), la sorpresivo y sorprendente ganadora del premio Goncourt 2006 y del Premio de Novela de la Academia Francesa, el nombre de Jonathan Litell suena cada vez más en España. Aquí, una nueva entrevista, esta vez en el suplemento ABCD.

En la entrevista explica el génesis de su novela: "Había una foto que me encontré cuando estaba en la Facultad. No sabía ni siquiera de qué era en ese momento, me enteré más tarde: era el cadáver de una guerrillera rusa a la que los nazis mataron a las puertas de Moscú, un símbolo de la propaganda de guerra soviética. Hallaron su cuerpo medio desnudo y devorado por los perros. En aquella época, eso me atormentó mucho: la diferencia entre la belleza de la muchacha y el horror de la escena. Es una foto terrible, pero hermosa. Al principio, [la novela] se centraba en eso, en la guerra en sí, y en particular en el frente del Este. Me pasé 12 o 13 años reflexionando antes de empezar a trabajar. Durante ese tiempo, las capas se formaban y algunos bloques se colocaban en su sitio. Necesitaba acumular la mayor cantidad de capas y que se descompusieran, se entremezclaran, para hacer una especie de compost. Di con la estructura fundamental, inspirada en La Orestiada, de Esquilo, en 1998. Hasta entonces tenía algunas notas vagas, pero nada organizado. En esa época, me tomé un descanso de seis meses con mi pareja. Hicimos un gran viaje por Asia Central, Pakistán, Tayikistán -y nos quedamos bloqueados en Bichkek durante tres semanas, en condiciones un poco duras-. Esperábamos un visado iraní y no querían dárnoslo. No había nada que hacer. Allí fue donde concebí la estructura del libro".

También recuerda una anécdota con el poeta beat William Burroughs: "el verano en el que escribí ese librito de ciencia-ficción, estando en Colorado, conocí a William Burroughs, y eso me abrió nuevas perspectivas. Me regaló El almuerzo desnudo y leyó algunas páginas de mi libro. Le gustaba mucho la prosa de serie B."

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