MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

RESEÑA DE LA SEMANA

12.23.2009

Rodrigo Fresán
El fondo del cielo
Mondadori, Barcelona. 2009. 272 páginas


CONSEGUIR UN PLANETA QUE NO EXISTE


De los epígrafes que abren el libro de Rodrigo Fresán, dos serán especialmente significativos después de terminada la lectura: “Uno no se puede ver a sí mismo fuera del Universo” de Kurt Vonnegut y “¡Oh, corramos a ver ese planeta!” de John Cheever. Justamente, las dos principales influencias durante la escritura de este libro según confiesa Fresán en su explicación-agradecimiento final. Entre la imposibilidad de verse a uno mismo fuera del Universo, y la necesidad imperiosa de ver un planeta distinto al nuestro, se forma esta novela que según el autor “quizá no sea la novela de amor más grande pero sí –seguro- la más larga” pues alcanza desde el estallido del Big Bang hasta el final de la Era de Las Cosas Extrañas, dentro de 7.590 millones de años.

Algunas películas blockbuster sobre colleges norteamericanos, series de TV como “The Big Bang Theory” o novelas como La maravillosa vida breve de Oscar Wao de Junot Díaz nos hablan de geeks que son, al mismo tiempo, nerds impresentables, sin capacidad para sociabilizar, desafortunados en el amor y con pizarras garabateadas, telescopios enormes y casas decoradas con posters y muñequitos de películas de sci-fi. Esa imagen estereotipada no nos permite entender que, detrás de estos personajes, existe una enorme capacidad sintetizadora, que logra a través de los referentes y los mecanismos del pop representaciones de la realidad con una agudeza y lucidez inaudita. El idiota de la familia se convierte, de pronto, en el gran genio de su época. Esa imagen errónea impide descubrir, por ejemplo, que Tarantino antes de ser el cineasta que todos admiramos era un chiquillo rijoso llamado Quentin (terrible nombre para un chico, por cierto), un sabidillo dependiente en una tienda de alquiler de películas, que se lleva a casa los viernes por la noche copias de policiales y thrillers serie B y algunas que otra cinta oculta de artes marciales que nadie ha pedido en meses. Haciendo una analogía, podemos decir que Rodrigo Fresán es el sabidillo, obsesivo y algo nerd Quentin Tarantino de la ciencia ficción y su última novela El fondo del cielo, una espléndida Pulp Fiction en versión sci-fi.

Los buenos libros, lo sabemos todos, admiten varias lecturas. Algunos de esos libros, además, hacen coincidir esos distintos niveles de lectura alternadamente. De manera voluntaria, Fresán ha querido hacer una novela de, con y sobre la ciencia ficción, donde diferentes dimensiones temporales y espaciales existen paralelo. Evadir esa complejidad sería darle la espalda al logro mayor del libro, como es el conseguir que todas esas dimensiones tengan sentido y se engarcen con precisión en el argumento. Sin embargo, me permito desmontar la novela en dos bloques distintos solo para poder reseñarla y admirarla. Como si fueran dos versiones de la misma novela, o dos novelas enlazadas que luego, al terminar de leerlas, formarán una sola obra espléndida sobre personajes que no pertenecen a ningún mundo escrita, al mismo tiempo, por Kurt Vonnegut, por un lado, y John Cheever por otro.

En una de esas novelas, la escrita por Vonnegut digamos, una mujer hermosa y extraña recibe (a maneras de colores que estallan místicamente, revelaciones de color, como cuadros de Mark Rothko, referencia magistral de Fresán) señales del último ser de un planeta que se extingue llamado Urkh 24 (o Aquel-lugar-donde-se-dejan-oír las-melodías-más-desconsoladas). Ella tiene la misión de casarse con un personaje ridículo, hijo de un empresario millonario, llamado Jefferson Franklyn Darlingskill, para neutralizar una dimensión temporal en la que Jeff logrará vengarse de las burlas de sus contemporáneos ante sus pésimos cuentos de ciencia ficción convirtiéndose en el Ser Supremo de una Secta que destruirá el planeta. Al casarse con él termina transformando a ese demonio maligno en un obeso y no amado burgués, próspero empresario como su padre, abotagado y satisfecho propietario de una casa elegante en Sad Songs y sin mayor peligro para la humanidad. Sin embargo, para cumplir con su misión Ella tiene que eliminar sus sentimientos, convertirse en un ser sin sensibilidad, una antena, y extinguir el amor que siente por los primos Isaac Goldman y Ezra Leventhal, quienes han crecido juntos fanatizados por la ciencia ficción, miembros fundadores de un grupo llamado Los Lejanos, y la aman profundamente. Siguiendo las órdenes del último habitante de Urkh 24, Ella tendrá que ser testigo del destino opuesto que sigue cada uno de los primos. Isaac quedará atrapado en este planeta, convertido en un escritor de ciencia ficción de mediano éxito, viviendo de las regalías que un maestro del género le dejó en testamento, envejeciendo como un tipo más de la fauna suburbana, rutinario, sin planetas en su futuro ni viajes inter-espaciales. Encerrado en esa reducida humana dimensión espacial y temporal, Isaac sin embargo podrá presenciar, sin poder explicarlo demasiado pero intuyendo que es un designio mayor, el Incidente: las explosiones de las Torres Gemelas el 11-S y la lenta destrucción del planeta Tierra por sus propios habitantes que le sigue. Mientras tanto, Ezra se ha convertido en un científico brillante y luego ha sido expulsado a otras dimensiones, convirtiéndose en un ser atemporal, un mutante que va destruyendo mundos, convertido en un típico malvado de ciencia ficción conocido como El Deshacedor, autor de un inverosímil Manual de Instrucciones de Destrucción Planetaria firmado como Arcano Rex de la Vía Láctea, y responsable, además, de todas las destrucciones de la historia de la humanidad que darán paso a nuevas Eras, desde el primer estallido del Big Bang hasta las Torres Gemelas, pasando por la destrucción de Roma, la Segunda Guerra Mundial, etc., para deleite de curiosos espectadores: los habitantes de Urkh 24 que tienen la utopía –finalmente sin éxito, como lo atestigua su fracaso unas naves oxidadas arrojadas en una colina- de viajar hasta el planeta Tierra y habitarlo. El único punto de contacto posterior a la infancia entre Isaac y Ezra momentos previos de El Incidente, cuando una proyección de Ezra, una versión fosilizada en que se suman todos los tiempos, conversa con Isaac en uno de los pisos de las Torres Gemelas antes de que estallen y le enseña una vieja y borrosa fotografía en que ambos miran a la cámara algo asustados, y Ella, la chica rara, sonríe alegremente. El otro punto de contacto entre ambos es una síntesis o prolepsis de esta historia, una novela llamada Evasión, que es un clásico de la sci-fi cuyo autoría está en debate. Dicen que es de Isaac, dicen que Isaac firmó el libro de Ezra, pero al fin descubrimos que la autora es Ella inspirada por la voz del extraterrestre sobreviviente de Urkh24 que la usa como médium.

Hay que reconocer, sin embargo, que para que esta lectura triunfe contundentemente a Fresán le ha faltado un recurso gramático. Magris comentaba, en la conferencia con Vargas Llosa en Lima, que Italo Svevo se quejaba de que no existiese en ninguna gramática del mundo un tiempo verbal que resuma, al mismo tiempo, el pasado, el presente y el futuro, como sucede en la vida real. No conozco novela que eche en falta esa carencia gramatical más que El fondo del cielo. Una novela breve ("Escribir largo es como leer, mientras que escribir corto es como escribir" dice Fresán a través de uno de sus personajes) pero que podría ser más breve aún. Una novela que podría estar formada por fotogramas del presente, pasado y futuro superpuestos, como imágenes expulsadas por una moviola. Una novela sin argumento, una composición atemporal y sin espacio. Donde el “futuro” no es un tema de ciencia ficción, y el “pasado” no es una excusa para escribir una novela de amor, sino dos lados de una moneda que se compone simultáneamente en el presente.

En la otra novela, es decir la versión Cheever en este caprichoso desmontaje, Isaac Goldman es un chico solitario cuyo padre se ha suicidado en un manicomio, preso de delirio místico-futurístico, y es enviado a vivir en casa de sus tíos junto a un muchacho igual de solitario que él, con una prótesis en la pierna, llamado Ezra Leventhal. La conexión entre ambos mediante los comics, las películas y las novelas de sci-fi es inmediata y así forman un grupo llamado Los Lejanos para discutir e intercambiar en garajes cuentos e informaciones con otros grupos de fans de la ciencia ficción. Y aunque ambos han llegado a la ciencia ficción como salvación, el camino que los condujo a ella es distinto: “Para Ezra, la ciencia ficción era un arma. Para mí, un escudo” dice Isaac. En otro capítulo se lee una explicación más precisa sobre esa diferencia: “Para Ezra, la ciencia ficción era un punto de fuga, una puerta abierta a un mundo mejor, una sombra a la que había que iluminar para despertarla y verla. Para Isaac, en cambio, la ciencia ficción era algo en lo que creer: la única manera que tenía de comprender su vida y el planeta donde su vida se había posadoP”. Por ello no resulta extraño el destino que tienen en la “primera” versión de la novela, que comenté en el párrafo anterior, ni tampoco el destino que tienen en la “segunda” versión, con Isaac convertido en escritor mediano de ciencia ficción, guionista de una serie de TV sobre el espacio y un ser doméstico que no se mueve de su ciudad de origen, y Ezra en un científico cada vez más sofisticado y viajero intercontinental. En esta versión, el patético Jefferson Franklyn Darlingskill es solo un chiquillo millonario, desdeñado por los demás, con delirios de grandeza, que no sabe nada de ciencia ficción pero que desea fervientemente ser parte de cualquier grupo que lo acepte. Los Lejanos lo aceptan como mascota, prácticamente, y se avergüenzan de él. Pero al mismo tiempo, no quieren alejarlo del grupo casi con lástima o quizá con alguna ambición oculta (siempre es bueno tener un amigo millonario cuando hay tantos comics que comprar). Entonces, aparece Ella, la chica rara, de una belleza desacostumbrada entre las mujeres fanáticas de la ciencia ficción, una belleza de otro mundo literalmente, quien además escribe un cuento estupendo sobre un habitante solitario en un planeta también solitario y sin nombre. Ambos se enamoran de Ella y Ella, desde luego, también se enamora de los primos porque Los Lejanos son una unidad imposible de desintegrar. Una unidad que es, además, un orden superior que recuerda a la película ícono de Los Lejanos, 2001: Odisea en el Espacio. Pero el triángulo amoroso se rompe por el lado menos esperado. Al final, la Chica Rara, es solo una "chica perfecta" que se casa con el “novio perfecto" para su familia, el millonario Jeff, mucho mejor partido que esos dos chicos judíos con familias disfuncionales. Como triste coloquio a este Tsunami sentimental que arrasa con los dos- o tres- chicos (como lo resume el mismo Fresán) está aquel día tristísimo en que los dos jóvenes enamorados de la misma mujer, unidos por la pena de saberla inalcanzable, construyen para ella una gran bola de nieve y varios muñecos, un gesto absurdo, una desesperada y hasta cursi ofrenda de amor de dos nerds aparentemente; pero en realidad lo que hacen es construir un Planeta Nevado y un ejército de hombres –no muñecos- de nieve, un Planeta donde ella puede vivir lejos de sus parientes, de sus obligaciones, de los deberes sociales. Un Planeta donde ese triángulo amoroso tiene futuro e incluso sentido, y no se queda estancado solo como una foto vieja e incolora detenida en el pasado. Un Planeta de ciencia-ficción donde esos tres solitarios pueden escapar del mundo, un lugar secreto y propio insertado sobre un lugar real y ajeno como es la Tierra, un lugar escondido, un Planeta dentro de otro Planeta, con las salidas clausuradas por la nieve, inspiración quizá de “El Eternauta” de Oesterheld. Un Planeta que sea una evasión, como el título de la novela de culto que, se supone, escribió Ella. Un Planeta para Ella.

Sin embargo, ese Planeta imaginario no es posible ni en la ciencia ni en la ficción. Ese planeta solo puede existir en el recuerdo. Por eso, no resulta extraño que siendo esta una novela de ciencia ficción en realidad hable obsesivamente del pasado. Y que la gran obsesión que une a todos los personajes (Isaac, Ezra, Ella, el extraterrestre náufrago, etc.) sea el de recordar y el ser recordado. Esta novela se ha escrito para recordar a los protagonistas de un mundo, o dos, que han sido destruidos. Los protagonistas de un planeta que no existe.

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Libros para hornear

11.12.2009
Libros para hornear.Fuente: el país

La SFLA (Servicio Federal de Lucha Antidrogas ruso) ha elaborado una "lista negra" con libros y textos que pueden incitar a la drogadicción. No se trata de una prohibición, aclaran, porque eso solo lo puede hacer un juzgado, sino de una advertencia. En fin, tomémoslo con calma. Más que una prohibición funciona como una recomendación: Es una lista interesante como cualquier lista. Dice "El País":


Entre los autores proscritos figuran el español Pérez-Reverte con La Reina del Sur, una historia de narcotraficantes ambientada en México y en el estrecho de Gibraltar, y el clásico estadounidense Tom Wolfe con Ponche de ácido lisérgico. Les hacen compañía los también estadounidenses Burroughs con Queer y Hunter Thompson con Miedo y asco en Las Vegas, el británico Alex Garland con La Playa y el escocés Irvine Welsh con Porno, Escoria y The Acid House. La lista incluye asimismo obras de ciencia ficción, como Una mirada a la oscuridad del clásico estadounidense Philip K. Dick, y Jim Morrison's Adventures in the Afterlife del británico Mick Farren. Entre los autores rusos figuran el escritor Mark Levi con la obra Novela con la cocaína, publicada en 1935 bajo el seudónimo de M. Ageev y que inicialmente fue atribuida a Vladímir Nabókov, y la periodista y novelista moderna Linor Goralik con Niet. Además de otros autores, del siglo pasado y modernos, la lista, curiosamente, incluye monografías sobre sustancias psicotrópicas y alucinógenas de científicos de renombre mundial, como el psiquiatra estadounidense de origen checo Stanislav Grof, y un manual de cultivo de champiñones. El diario Nóvie Izvestia destaca hoy que "la lista mezcla piezas marginales con obras clásicas de la literatura, muchas de las cuales han sido llevadas a la pantalla", y que todos los libros en ella incluidos están en venta libre y también pueden ser descargados en Internet. La revelación de esa lista negra ha indignado a la prensa rusa, que no olvida otras campañas similares del Servicio Antidrogas, como la persecución judicial de los veterinarios que empleaban anestésicos al operar a los animales domésticos.

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Hermano Cerdo 22

1.09.2009
Flying Machine, por Andrew Dillon(Oleo en Lienzo). Fuente: hermanocerdo

Ya está colgada en la web el nuevo número de Hermano Cerdo 22, la Revista de los Campeones, que edita Mauricio Salvador y no sé cuántos cerdos más. En el email donde anuncian su salida, dicen con tristeza que nadie lee la Editorial. Así que aquí les dejo un trozo de esa dichosa editorial, para ver si así apoyamos la noble causa de hacerle caso a estos locos. Dicen los editores:

Para empezar una confesión: Aunque intentamos e intentamos que HermanoCerdo se convierta en una revista seria, de esas puntuales en las que los editores conocen los contenidos de los dos o tres números siguientes, hasta ahora hemos sido incapaces de lograrlo. La falta de planeación va en nuestra contra y es sólo cuando volcamos el material del nuevo número en línea que tenemos la oportunidad de apreciarlo completo y, de paso, entenderlo. No por nada nuestras editoriales evaden con frecuencia cualquier intento de visión global. El hecho de que este número veintidós de su revista de literatura y artes marciales favorita gire en torno a la realidad es por ende un accidente y debe ser acreditado, si a alguien, a nuestro sorprendente inconsciente colectivo que siempre ha sido mejor editor que todos nosotros.
Pero entonces empiezan las preguntas: ¿Por qué nos preocupa la realidad? ¿De veras nos preocupa?
Sospechamos de la información. Sospechamos de los medios. Sospechamos de las opiniones de los otros porque estas son igualmente manipulables si no manipuladas por entidades interesadas en difundir sus verdades. Sospechamos de las guerras lejanas y a medida que nos sumimos en un nuevo trance de zapping bandeamos de una posición a otra cual títeres o ahorcados. Al final no sabemos por qué creemos lo que creemos. Hay pocas certezas y las dudas cunden.

Lo imperdible de la revista: el artículo de Philip Dick: "Cómo construir un universo que no se derrumbe en dos días" ¿Se estará refieriendo a la Ciencia Ficción o a las vacaciones de fin de año?

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Fuentes literarias de Ian Curtis

12.21.2008
Ian Curtis. Fuente: plain or pan

Para todos los fans de Joy Division, y en particular de Ian Curtis, les dejo este regalo que me encontré en la revista Ñ: Un comentario sobre la relación de Curtis con la literatura. Era obvio, ¿no? Dice la extensa nota de Jon Savage (guionista de una película sobre Joy Division), traducida de The Guardian:

No se trata de legitimar las letras de Curtis como obra literaria, sino de dejar en claro que en los años 60 y los 70, la cultura pop actuaba como centro de intercambio para la información que estaba literalmente oculta como la esotérica, o era degradada, impopular y estaba por debajo del radar de la literatura. Y existía toda una subcultura y un mercado que sostenían estos intentos de clandestinidad. Joy Division continúa inspirando nuevas generaciones de oyentes, pero sin duda fueron el producto de un tiempo y un lugar. Ian Curtis era un ávido lector que se convirtió en escritor fecundo. En el noroeste de Inglaterra, a mediados de los años setenta, encontró los materiales que necesitaba para escapar, pero sólo para descubrir, como era evidente en muchas de sus lecturas, que escapar era imposible. Como los Doors y The Fall, Joy Division tomó su nombre de un libro. No se inspiraron en Huxley o en Camus, sino en una pieza relacionada con el Holocausto. The House of Dolls de Ka-Tzetnik (su verdadero nombre es Yehiel Feiner) cuenta de zonas en los campos de concentración en las que se forzaba a las mujeres a la esclavitud sexual: no era la División de trabajo forzado (Labour Division) sino la División del placer (Joy Division). En 1978, cuando el grupo adopta el nombre, la novela había vendido millones de copias en edición rústica. Desde principios hasta mediados de la década del setenta, fue la época dorada de las publicaciones en rústica, fueran buenas o malas. Aparte de Penguin, con su fuerte línea de ciencia-ficción, que incluía autores como Philip K. Dick, Olaf Stapledon y J. G. Ballard, estaba Picador, Pan, Mayflower y Paladin, este último con una amplia lista que incluía a Jeff Nuttall y Timothy Leary. Con sólo 50 peniques, cuando un disco LP costaba 3,25 libras, estos libros estaban al alcance de los jóvenes. (...) Joy Division muy rara vez daba una entrevista. En enero de 1980, sin embargo, le dieron una audiencia al joven escritor y cantante Alan Hempsall. Esta sería la única vez que Curtis habló de sus lecturas. Mencionó Naked Lunch y The Wild Boys como dos de sus libros favoritos. Curtis comenzó escribir en serio durante 1977 cuando él y su esposa Deborah se mudaron a Barton Street en Macclesfield, al sur de Manchester. En sus memorias Touching from a Distance, Deborah Curtis recuerda que "la mayoría de las noches Ian se encerraba a escribir en el cuarto azul, interrumpiendo solamente para beber una taza de café entre las volutas de humo de un Marlboro. No me importaba la situación: lo encarábamos como un proyecto, algo que debía hacerse". (...) Como muchos jóvenes, los sentimientos de Curtis oscilaban entre la omnipotencia y la protesta, esto se reflejaba en sus letras. La sensación de luchar en vano, tal vez, contra un sistema laberíntico es un tema recurrente en Kafka, Gogol y Burroughs, entre otros. Es fácil seguir una línea temática entre los agentes de control en El Castillo de Kafka y las teorías del control en Burroughs, o en el fatalismo de los rusos del siglo XIX a la ciencia-ficción de posguerra. (...) No es difícil darse cuenta cómo Curtis se identificó con el funcionario público, el héroe de Memorias del subsuelo de Dostoievski con su desdén nihilista por el "hormiguero humano": Nacimos muertos. El problema con la música rock es la idea de autenticidad, requiere que el cantante actúe, caracterice las letras y el estado de ánimo. En la medida que Joy Division despegaba, él quedó atrapado en sus propias letras. Curtis escribe para Atrocity Exhibition: "para divertirse miran como se retuerce su cuerpo/ Detrás de sus ojos dice 'todavía existo'". Aunque se refiere a la novela de Ballard, el clima de la canción es más parecido a El Lobo Estepario de Hermann Hesse. En 1980, cuando Alan Hempsall le preguntó al respecto, Curtis dijo que había escrito la canción mucho antes de leer el libro. "Sólo vi el título y me pareció que encajaba con las ideas de la letra".

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Philip Dick dijo no al porno

11.04.2007
Philip K. Dick le dijo no a la literatura porno. Fuente: paulwilliams.com

En el blog La Petite Claudine citan una curiosa carta que originó el artículo en The New Yorker sobre Philip K Dick y la literatura de ciencia ficción escrito por Adam Gopnik. En la carta, traducida en el blog LPC, comentan el coraje de Dick de no convertirse en un escritor porno como sus colegas de ciencia ficción. Aún así, especulan que, de haber cedido, lo hubiera hecho muy bien. Y eso que el apellido del novelista era de lo más promisorio en el rubro.

Dice la carta: " Adam Gopnik dice que en los sesenta "había un millón de sitios donde escribir ciencia ficción... los editores estaban hambrientos de publicarlo y los lectores de discutirlo". De hecho, en los años sesenta muchos escritores de ciencia ficción, viendo que su audiencia decaía, se desviaron hacia la pornografía, que acababa de ser legalizada por la Corte Suprema en 1957. Un editor de ciencia ficción con éxito, William Hamling, abrió un negocio de pornografía en los años 50 y contrató a todos los escritores de ciencia ficción que conocía: Harlan Ellison, Robert Silverberg y Marion Zimmer Bradley, junto con los novelistas Lawrence Block, Donald E. Westlake y Hal Dresner. El coraje de Philip K. Dick no fue resistir la tentación de escribir literatura y acabar siendo un "Doctorow" sino resistir la tentación de unirse a sus colegas en la carrera del porno. Y le habría ido bien: la capacidad para crear elaboradas, y a veces increíbles fantasías parece traducirse especialmente bien de un género al otro."

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Philip K. Dick

8.12.2007
Philip K. Dick. Fuente: susmo txarrak

Para nadie es misterio que Philip K. Dick es cada vez más reconocido, logrando salir de la esfera del género -con toda la incomodidad que significa una definición genérica- de la "ciencia ficción" y pasa a convertirse en un autor importante para entender la literatura en lengua inglesa durante el siglo XX. Pero aunque sus novelas cobran mayor dimensión, sus relatos has sido relegados. Por eso es importante la edición de cuentos completos en castellano. Y por eso es estupendo que José Agustín, ni más ni menos, comente esta edición donde esperamos encontrar a un Dick tan certero como en sus novelas o, por lo menos, el germen de algunas de sus ficciones. La nota aparece en el suplemento Confabulario de "El Universal".

Dice Agustín: "Dick utilizó el género corto como cancha de entrenamiento y para dar salida a su pasmante imaginación. Pensaba que el cuento debía presentar situaciones, historias o temas, y no tanto personajes (la novela trata del asesino; el cuento, del asesinato, decía) o refinamientos literarios. Por tanto, sus historias no podían ser comunes y corrientes. En los relatos incubó y preparó muchas de las ideas de sus grandes novelas, y estableció sus principales señas de identidad literaria: un estilo conciso, directo y sobrio, sin artificios, melodramatismos, efectos, trampas u otras concesiones a lectores perezosos; le gustaba empezar a la mitad del tema, o en plena acción, y después dosificaba los antecedentes. Si había varios personajes importantes entonces alternaba distintos planos narrados desde el punto de vista de cada uno. Los finales, usualmente muy buenos y noqueadores, solían ser pesimistas, crueles o de humor negro. Además, Dick tendía a emplear personajes ordinarios y hasta sus “héroes” son sumamente falibles. Esta extrema desmitificación se debe a la teoría del relato como campo de historias y no de personajes, pero también a que, con todo y su imaginación, fantasía y locura, Dick era profundamente realista, y por tanto escéptico. A diferencia de muchos de sus personajes, al escribir no cedía a lo ilusorio y a lo virtual. Lo peor que le podía pasar era que la prosa le saliera un tanto plana".

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Novedades en Francia

7.03.2007
Detalle del libro de Olivier Adam, con carátula ideal para leer en el verano francés. Fuente: France3

Las librerías de Francia tendrán mucho trabajo este verano. Como se sabe, el verano europeo es la época en la que aparecen la mayor cantidad de novedades literarias porque se especula que en esa temporada, que usualmente se usan de vacaciones, se tiene más tiempo libre y ganas de leer bajo cualquier cocotero, sombrilla o en el tren (o avión para los que viajan más lejos) que los conduce a los lugares paradisiacos. Pero la cantidad de libros que se anuncian para este verano en Francia realmente es el colmo: 727 novelas, ni más ni menos, 493 novelas francesas y 234 extranjeras. La noticia en France.3

Se adelantó al verano Frédéric Beigbeder quien publicó Au secours, pardon, secuela de su novela más famosa 99 francos.

Entre las novedades, en francés destacan: Yasmina Reza ("L'aube, le soir ou la nuit"), Amélie Nothomb ("Ni d'Eve, ni d'Adam"), Olivier Adam ("A l'abri de rien"), Jakuta Alikavazovic, ("Corps volatils"), Claude Pujade-Renaud ("Le désert de la grâce"). Entre las traducciones tendrán la biografía de Hitler por Norman Mailer ("Un château en forêt"), Colum McCann ("Zoli"), la autobiografía de Günter Grass ("Pelure d'oignon") y un inédito de Philip K. Dick ("Les voix de l'asphalte"). También Jonathan Franzen ("La zone d'inconfort") y Michael Ondaatje ("Divisadero").

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Tres reseñas

6.03.2007
Escribir. Fuente: Ningo.com.ar

En la sección "Entre líneas" de El Comercio, Francisco Melgar publica tres breves reseñas sobre dos libros de reciente aparición y un clásico: Paren el mundo que me bajo (Estruendo Mudo), de Fernando Ampuero; Disidentes (Revuelta), la antología de jóvenes autores seleccionados por Gabriel Ruiz Ortega; y El hombre del castillo (Minotauro), novela de Philip Dick.

Sobre el libro de Fernando Ampuero dice: "Tal como indica José Adolph en un comentario reproducido en la contratapa del libro, Ampuero fue el encargado de traer a la narrativa peruana "el olor del LSD", además de, por supuesto, un gusto por el rock y la contracultura juvenil de los años 60, una sensibilidad inédita en la literatura de esos años, que luego sería reciclada (hasta la saciedad) por los jóvenes narradores de los años 90. Pero es justo indicar que el valor de "Paren el mundo que acá me bajo" no solo está relacionado con la precisión con que tomó la temperatura de su época: "Irse por las ramas" y "El departamento" son dos relatos de impecable factura que se encuentran entre lo mejor que ha escrito el narrador".

En cuanto a la antología Disidentes, opina: "Más allá de un prólogo trillado, "estamos ante una generación marcada por el quiebre, por la búsqueda de una voz propia (...) por el cuidado del lenguaje", esta es una buena oportunidad de volver a leer a estos cuatro narradores [se refiere a Daniel Alarcón, Luis Hernán Castañeda, Alexis Iparraguirre y Santiago Roncagliolo], y de descubrir a uno más: Marco García Falcón".

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Dick regresa

5.28.2007
Androide de Philip Dick realizado en el 2005. Fuente: Hotel Kafka

En vida, Philip Dick no fue un escritor desconocido. Tenía miles de fanáticos y, poco antes de morir, vendió una novela suya para adaptarla al cine en el clásico Blade runner. Pero ese reconocimiento estuvo siempre supeditado al título “escritor de ciencia ficción” que lo subestimaba (y, de paso, subestimaba al género). Hoy en día cada vez hay más fanáticos de Philip Dick (Rodrigo Fresán y Roberto Bolaño entre ellos) quienes han tenido una reivindicación. Lo explica esta nota de Terra: “El 31 de este mes, The Library of America, una editorial sin fines de lucro que consagra al mejor talento de las letras de este país, reeditará cuatro de sus novelas de los años 60, un gesto que ha sido ampliamente apreciado por la crítica literaria mundial.” Ya está dicho: nunca es demasiado tarde cuando el gesto es sincero.

Las novelas que saldrán publicadas son: 'El hombre en el castillo' (1962), 'Los tres estigmas de Palmer Eldritch' (1965), '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' (1968) y 'Ubik' (1969).

La nota subraya este curioso dato biográfico: “[El autor era] un consumidor asiduo de anfetaminas -dicen algunas biografías que llegó a tomar hasta 1.000 píldoras por semana-, Dick desarrolló una paranoia tal a principio de los años 70 que llegó a escribir una carta al FBI en la que denunciaba que los académicos y críticos literarios eran agentes infiltrados de la KGB que querían apoderarse del género de ciencia ficción de EEUU.”

Pueden ver también la nota del comelibros Alvaro Bisama en "Revista de Libros".

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