MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Libros para hornear

11.12.2009
Libros para hornear.Fuente: el país

La SFLA (Servicio Federal de Lucha Antidrogas ruso) ha elaborado una "lista negra" con libros y textos que pueden incitar a la drogadicción. No se trata de una prohibición, aclaran, porque eso solo lo puede hacer un juzgado, sino de una advertencia. En fin, tomémoslo con calma. Más que una prohibición funciona como una recomendación: Es una lista interesante como cualquier lista. Dice "El País":


Entre los autores proscritos figuran el español Pérez-Reverte con La Reina del Sur, una historia de narcotraficantes ambientada en México y en el estrecho de Gibraltar, y el clásico estadounidense Tom Wolfe con Ponche de ácido lisérgico. Les hacen compañía los también estadounidenses Burroughs con Queer y Hunter Thompson con Miedo y asco en Las Vegas, el británico Alex Garland con La Playa y el escocés Irvine Welsh con Porno, Escoria y The Acid House. La lista incluye asimismo obras de ciencia ficción, como Una mirada a la oscuridad del clásico estadounidense Philip K. Dick, y Jim Morrison's Adventures in the Afterlife del británico Mick Farren. Entre los autores rusos figuran el escritor Mark Levi con la obra Novela con la cocaína, publicada en 1935 bajo el seudónimo de M. Ageev y que inicialmente fue atribuida a Vladímir Nabókov, y la periodista y novelista moderna Linor Goralik con Niet. Además de otros autores, del siglo pasado y modernos, la lista, curiosamente, incluye monografías sobre sustancias psicotrópicas y alucinógenas de científicos de renombre mundial, como el psiquiatra estadounidense de origen checo Stanislav Grof, y un manual de cultivo de champiñones. El diario Nóvie Izvestia destaca hoy que "la lista mezcla piezas marginales con obras clásicas de la literatura, muchas de las cuales han sido llevadas a la pantalla", y que todos los libros en ella incluidos están en venta libre y también pueden ser descargados en Internet. La revelación de esa lista negra ha indignado a la prensa rusa, que no olvida otras campañas similares del Servicio Antidrogas, como la persecución judicial de los veterinarios que empleaban anestésicos al operar a los animales domésticos.

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SIgue el gonzo

2.13.2009
Hunter S. Thompson. Fuente: boingboing

La muerte (un balazo, a lo Hemingway, y todo se acabó) se llevó al padre del periodismo gonzo, Hunter S. Thompson, hace cuatro años. Pero su influencia y su estela continúa. Así lo deja notar Leonardo Tarifeño en el ADN Cultura, quien hace una relación de libros recientes que coinciden en la figura del cronista como personaje central. Dice que su estrella:

(...) vuelve a brillar gracias a los nuevos monumentos levantados en su honor. Y cada uno presenta distintas razones para resultar atractivo aun a quienes no sean grandes seguidores de esa obra rabiosa y furibunda, siempre divertida. Dirigida por Alex Gibney (ganador del Oscar al mejor documental por Enron: the Smartest Guys in the Room ), Gonzo: the Life and Work of Dr. Hunter S. Thompson , cuenta la vida de su protagonista en las líneas clásicas que pueden esperarse de un documental ortodoxo: entrevistas con personajes que conocieron al hombre en cuestión (en este caso, la lista va de Jimmy Carter y Pat Buchanan al Hell Angel Sonny Barger) y un tono elegíaco que evita la crítica o la reflexión más densa. Una mirada superficial supone que la vida de Thompson fue una catarata de aventuras; Gonzo no desmiente el prejuicio y, así, es tan divertida como el día a día de Thompson pudo haberlo sido en algún momento o en la imaginación del lector. Aquí, lo que se extraña es el foco puesto en los últimos años de Hunter, rodeado por las armas, la egomanía y una brutal tendencia a la autodestrucción que finalmente impondría su ley. La película se detiene especialmente en los primeros años y, en realidad, se complementa con los últimos libros aparecidos sobre el "gonzo" que no cesa: The Joke´s Over , del ilustrador Ralph Steadman; The Gonzo Way , de Anita Thompson (la madre del único hijo de Hunter), y Gonzo: the Life of Hunter S. Thompson , de Corey Seymour y Jann S. Wenner, fundador y director de Rolling Stone . De los tres, quizás el más curioso sea el de Seymour y Wenner, pensado como una biografía oral (a la manera de la extraordinaria Edie , de Jean Stein y George Plimpton), donde los testimonios se cruzan bajo una organización mínima, como una rayuela de voces y memorias. The Gonzo Way exhibe el retrato íntimo y candoroso que ensaya quien fue la mujer de Hunter, una cómplice fiel que lo recrea con ternura y escaso valor histórico o periodístico. Y The Joke´s Over no ha recibido buenas críticas en Estados Unidos -excepción hecha de Booklist -, ya que el empeño memorialístico de Steadman parece seleccionar muy bien los recuerdos que favorecen al mito y dejaría atrás a aquéllos listos para mostrar al hombre detrás de la leyenda. Tal vez cuatro años de distancia con su muerte no sean suficientes para comenzar a ver quién era de verdad Hunter S. Thompson. Por ahora, sólo queda una certeza: fue el creador de un estilo periodístico que inventó sin querer, al que ni siquiera copiando palabra por palabra de sus libros se podría imitar.

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La biografía del Gonzo

1.13.2008
carátula del libro. Fuente: sizemore

Gonzo: The Life of Hunter Thompson es una biografía oral (compuesta por varios testimonios) que intenta capturar el ritmo vital del periodista gonzo Hunter S. Thompson fallecido hace un tiempo. Para Radar Libros Rodrigo Fresán comenta en extenso esta biografía que incluye, entre otras rarezas, un prólogo -que Fresán califica ambiguamente como "sentido"- del actor Johnny Deep.

Dice la reseña: " biografías del neoperiodista Hunter S. Thompson ya había muchas. Firmadas por enemigos íntimos o amigos pasajeros. Pero Gonzo –en tándem con un también hace poco publicado coffe-table book que reúne las fotografías de Thompson– tiene varias virtudes a considerar: es la primera en contar la saga desde el disparo de largada hasta el tiro del final, y tiene el formato más conveniente para este tipo de historia, es decir, la historia de un freak: es una biografía oral en la que numerosas voces más o menos autorizadas cuentan su versión –o versiones– del asunto del individuo irrepetible. No es casual que esta variante polifónica –que ya se ocupó de las vidas y obras y muertes de gente como Edie Sedgwick, Bob Dylan, Truman Capote, Warren Zevon y The Replacements– sea la que, también, mejor le va a uno de los grandes popes del llamado New Journalism. Porque Thompson estuvo en muchas partes y conoció a muchas personas, y ninguna de ellas podrá olvidarlo jamás y más de uno daría cualquier cosa por poder borrarlo del disco duro de su memoria. De este modo, la tarea de Jann Wenner (director de Rolling Stone y compadre de la bestia en las buenas y en las malas) y de Corey Seymour (asistente editorial de la misma revista y en más de una ocasión víctima de los excesos tipográficos del monstruo) no fue la de sistematizar el caos de una existencia (Gonzo resulta del destilado de 459 páginas que en una primera versión alcanzaba las 1500) sino de imponer cierto orden cronológico a este virtual acelerador de partículas anecdóticas y emisor de fractales despachos desde un frente difuso, pero siempre ubicado exactamente donde él estaba. Y la lista de testigos (de la acusación y la defensa, unos y otros víctimas de la luminosa seducción de este voraz agujero negro) es imponente: Pat Buchanan, Jimmy Buffet, Jimmy Carter, Johnny Depp (quien también firma un sentido prólogo), Joe Eszterhas, Terry Gilliam, Anjelica Huston, Don Johnson, William Kennedy, Margot Kidder, George McGovern, Norman Mailer, Marilyn Manson, Jack Nicholson, Sean Penn, Ralph Steadman (inglés y perfecto ilustrador de las visiones infernales de Thompson y una suerte de Sancho Panza), Tom Wolfe (acaso la contraparte angélica y mejor vestida de la especie, quien define a Thompson como “el único equivalente a Mark Twain en el siglo XX”) y decenas de animales de redacción y testigos presenciales y compañeros de juerga y familiares víctimas de su poderosa onda expansiva. Alguien que –en el decir de William Kennedy, su colega en Puerto Rico– “se las arregló para convertirse en un periodista en movimiento que resultaba interesante por encima de aquello que escribía. Se puso a sí mismo en el centro de la escena y se convirtió en la historia”.


(...)


El 26 de agosto de 2005, las cenizas de Hunter S. Thompson fueron disparadas desde un cañón en lo alto de una torre que él mismo había diseñado –con la forma de un puño cerrado apretando un botón de peyote– mientras por altoparlantes se oía “Mr. Tambourine Man”, su canción favorita de su admirado Bob Dylan. Johnny Depp pagó la ceremonia y cumplió así su último deseo: volar por los aires. 280 íntimos –entre los que se contaban Bill Murray, Sean Penn y Lyle Lovett– asistieron al funeral. Steadman recordó que alguna vez le comentó a Thompson que tenía ganas de iniciar los trámites para conseguir la nacionalidad norteamericana, y que Thompson le dijo: “Voy a hacer lo imposible para impedirlo. No te mereces un destino tan terrible, Ralph”. Pero fue Bob Braudis –permisivo sheriff del lugar que en más de una ocasión permitió que Hunter S. Thompson se saliera con la suya– quien mejor resumió la cosa y cierra la última página de Gonzo con palabras justas y sentidas: “De aquí en más, cuando el teléfono suene a las cuatro de la mañana, siempre serán nada más que malas noticias”.

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Hablando sobre egos

11.21.2007
Tom Wolfe: hablando sobre egos. Fuente: puente aéreo

Ahora que está de moda entre los lectores más o menos jóvenes, muchos de ellos vinculados al periodismo por vocación, profesión o necesidad, hablar maravillas del new journalism y sentirse inspirados cuando pueden insertar el nombre de algunos de estos periodistas (Tom Wolfe, Truman Capote, Hunter S. Thompson y Norman Mailer) en sus conversaciones, sería bueno que lean el interesante post de Gustavo Faverón al respecto en "Puente aéreo". La carne sale con hueso.

Dice Faverón: "Lo curioso es que esa lista de nombres (me refiero a Wolfe, Capote, Thompson, Mailer, Christgau, Cabal y algunos otros) también podría ser la nómina de los escritores americanos más ególatras y ensimismados del último siglo, y en algunos casos --no todos, gracias a Dios-- también los más fascistoides. Estaremos de acuerdo en que esta observación no desconoce su talento de narradores; solo apunta a un hecho más o menos demostrable.Repasen los datos biográficos, recuerden los textos, y verán que no exagero. Al menos, no demasiado.

(...) En verdad, lo del ego no es un rasgo inesperado ni mucho menos azaroso: el elemento clave en la evolución de las formas de periodismo que vienen de Capote, Mailer, Wolfe, Christgau y Thompson, es decir, el nuevo periodismo y el periodismo gonzo, es el asunto de la centralidad del cronista convertido en personaje crucial de la narración, rasgo introducido por el nuevo periodismo y llevado al paroxismo en los textos de Thompson. Espero no ser confuso al decir esto: ese protagonismo del narrador, eje de los mejores valores narrativos en las crónicas de muchos de estos autores, y válvula de escape de su potencial tendencia a la ficción, es lo mismo que sigue haciendo, por decir lo menos, discutible el valor de sus textos en tanto textos periodísticos, por lo menos en la medida en que sigamos considerando al periodismo como la disciplina de la información.

No es que yo pierda de vista la importancia estética e intelectual del nuevo periodismo como forma narrativa (¿quién ha escrito crónicas más bellas que Capote o más agudas que Wolfe?). Tampoco es que deje de percibir la virtud potencial del narrador gonzo como elemento catalizador de un mundo narrado. Es algo bastante más simple: es que tengo la impresión de que las ansias de escándalo y la egomanía se han vuelto elementos centrales del ejercicio perodístico a costa del simple y básico impulso de decir algo no sobre uno mismo sino sobre el mundo allá afuera.Y también me pregunto en cuántos de los cursos de periodismo donde los estudiantes se familiarizan con los textos de Thompson, Mailer o Wolfe se estudia algo más que las virtudes formales de los textos. Por ejemplo: el trasfondo ideológico de los mismos, su tendencia violentista, su eventual impulso reaccionario, la moral del "vigilantismo" que sostuvo parte de la obra de esos escritores, etc. Porque las formas literarias no nacen en el aire: surgen ya impregnadas de unas ciertas inclinaciones, su estructura misma es ya un vehículo difícil de desligar de las tendencias políticas o ideológicas que le dieron origen, y en el caso del nuevo periodismo y del periodismo gonzo, da la impresión de que el aire de familia que vincula a muchos de sus cultores tiene demasiado que ver con la imposición del ego propio sobre el mundo.

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