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Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La biografía del Gonzo

carátula del libro. Fuente: sizemore

Gonzo: The Life of Hunter Thompson es una biografía oral (compuesta por varios testimonios) que intenta capturar el ritmo vital del periodista gonzo Hunter S. Thompson fallecido hace un tiempo. Para Radar Libros Rodrigo Fresán comenta en extenso esta biografía que incluye, entre otras rarezas, un prólogo -que Fresán califica ambiguamente como "sentido"- del actor Johnny Deep.

Dice la reseña: " biografías del neoperiodista Hunter S. Thompson ya había muchas. Firmadas por enemigos íntimos o amigos pasajeros. Pero Gonzo –en tándem con un también hace poco publicado coffe-table book que reúne las fotografías de Thompson– tiene varias virtudes a considerar: es la primera en contar la saga desde el disparo de largada hasta el tiro del final, y tiene el formato más conveniente para este tipo de historia, es decir, la historia de un freak: es una biografía oral en la que numerosas voces más o menos autorizadas cuentan su versión –o versiones– del asunto del individuo irrepetible. No es casual que esta variante polifónica –que ya se ocupó de las vidas y obras y muertes de gente como Edie Sedgwick, Bob Dylan, Truman Capote, Warren Zevon y The Replacements– sea la que, también, mejor le va a uno de los grandes popes del llamado New Journalism. Porque Thompson estuvo en muchas partes y conoció a muchas personas, y ninguna de ellas podrá olvidarlo jamás y más de uno daría cualquier cosa por poder borrarlo del disco duro de su memoria. De este modo, la tarea de Jann Wenner (director de Rolling Stone y compadre de la bestia en las buenas y en las malas) y de Corey Seymour (asistente editorial de la misma revista y en más de una ocasión víctima de los excesos tipográficos del monstruo) no fue la de sistematizar el caos de una existencia (Gonzo resulta del destilado de 459 páginas que en una primera versión alcanzaba las 1500) sino de imponer cierto orden cronológico a este virtual acelerador de partículas anecdóticas y emisor de fractales despachos desde un frente difuso, pero siempre ubicado exactamente donde él estaba. Y la lista de testigos (de la acusación y la defensa, unos y otros víctimas de la luminosa seducción de este voraz agujero negro) es imponente: Pat Buchanan, Jimmy Buffet, Jimmy Carter, Johnny Depp (quien también firma un sentido prólogo), Joe Eszterhas, Terry Gilliam, Anjelica Huston, Don Johnson, William Kennedy, Margot Kidder, George McGovern, Norman Mailer, Marilyn Manson, Jack Nicholson, Sean Penn, Ralph Steadman (inglés y perfecto ilustrador de las visiones infernales de Thompson y una suerte de Sancho Panza), Tom Wolfe (acaso la contraparte angélica y mejor vestida de la especie, quien define a Thompson como “el único equivalente a Mark Twain en el siglo XX”) y decenas de animales de redacción y testigos presenciales y compañeros de juerga y familiares víctimas de su poderosa onda expansiva. Alguien que –en el decir de William Kennedy, su colega en Puerto Rico– “se las arregló para convertirse en un periodista en movimiento que resultaba interesante por encima de aquello que escribía. Se puso a sí mismo en el centro de la escena y se convirtió en la historia”.


(...)


El 26 de agosto de 2005, las cenizas de Hunter S. Thompson fueron disparadas desde un cañón en lo alto de una torre que él mismo había diseñado –con la forma de un puño cerrado apretando un botón de peyote– mientras por altoparlantes se oía “Mr. Tambourine Man”, su canción favorita de su admirado Bob Dylan. Johnny Depp pagó la ceremonia y cumplió así su último deseo: volar por los aires. 280 íntimos –entre los que se contaban Bill Murray, Sean Penn y Lyle Lovett– asistieron al funeral. Steadman recordó que alguna vez le comentó a Thompson que tenía ganas de iniciar los trámites para conseguir la nacionalidad norteamericana, y que Thompson le dijo: “Voy a hacer lo imposible para impedirlo. No te mereces un destino tan terrible, Ralph”. Pero fue Bob Braudis –permisivo sheriff del lugar que en más de una ocasión permitió que Hunter S. Thompson se saliera con la suya– quien mejor resumió la cosa y cierra la última página de Gonzo con palabras justas y sentidas: “De aquí en más, cuando el teléfono suene a las cuatro de la mañana, siempre serán nada más que malas noticias”.

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6:24 p.m.

hunter.thompson.-.mescalito.pdf

http://www.sendspace.com/file/vr75lf

la traducción de Forn.    



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