MOLESKINE ® LITERARIO

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Premios Médicis y Fémina

11.12.2007
Jean Hatzfeld, premio Médicis. Fuente: 20minutes

Hoy apareció la lista de los dos ganadores de los premios literarios franceses que faltaban. El premio Médicis se lo llevó el periodista francés Jean Hatzfeld (El Premio Médicis extranjero fue atribuido al norteamericano Daniel Mendelsohn por su novela 'The losts' ('Los perdidos') y no el amigo Santiago Gamboa que estaba en la competencia), mientras que el Fémina fue para otro periodista: Eric Fottorino

Los prestigiosos premios literarios franceses “Prix Médicis” y “Prix Femina” fueron a parar este año a manos de dos periodistas, Jean Hatzfeld y Eric Fottorino, mientras que el Femina de literatura extranjera fue para el británico Edward Saint Aubyn.
Jean Hatzfeld, que trabajó durante 30 años como reportero en el diario francés “Libération”, recibió el “Médicis” por “La stratégie des antilopes”, su tercer libro sobre los supervivientes de la masacre de Ruanda. Por su parte, Fottorino, redactor jefe del diario francés “Le Monde”, recibió el “Femina” por “Baisers de cinéma”, una novela sobre el mundo del cine en el que su padre trabajó como técnico. El “Femina” de literatura extranjera fue para el británico Edward Saint Aubyn por “Mother’s Milk”, una novela que forma parte de una saga familiar de varios tomos y que en 2006 ya fue nominada al prestigioso Premio Booker.

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Más Littell

11.04.2007
Jonathan Littell. Foto: Anne Christine Poujoulat. Fuente: adn cultura

El fenómeno Jonathan Littell y Las benévolas (RBA) ha entrado fuerte en el suplemento ADN Cultura y le han dedicado todo el número de este fin de semana. Aparece una entrevista al autor hecha por el también escritor francés Richard Millet -y que ya mencioné antes-, una reseña de la novela a cargo de Hugo Beccacece , y un par de entrevistas a escritores norteamericanos que coinciden con Littell y han tratado recientemente el tema del nacismo y su reconstrucción histórica: Norman Mailer que publicó El castillo en el bosque , y Daniel Mendelsohn con Lost.

Concluye la reseña: "Quien lea el millar de páginas de Littell debe inclinarse ante el talento del autor, que conoce muy bien los trucos de su oficio, que empleó dos años en una exhaustiva investigación sobre distintos aspectos del Tercer Reich, pero que también, sobre todo hacia el final, se dejó llevar por la misma carga de irracionalidad del material que manejaba (raro que nadie se lo haya señalado). La capacidad para describir paisajes alterados por la guerra, la habilidad con que crea situaciones de una comicidad macabra, la astucia con la que vuelve narrativas las tesis de Arendt sobre el mal muestran a un escritor con una riqueza excepcional de recursos. El lector, eso sí, deberá pasar por alto cierto dandismo literario (Aue se pasea por las trincheras con La educación sentimental de Flaubert) y algunos desbordes, pero encontrará episodios notables, como el de la licencia que Aue pasa solo en la villa abandonada de su hermana, donde se hunde en la angustia y en perversiones monstruosas, impulsado por el afán de recuperar la infancia. Cuando se termina la novela, es aconsejable escuchar otra voz, quizá no tan estruendosa, pero más humana; por ejemplo, la de Primo Levi en Si esto es un hombre , la admirable crónica de los campos de concentración de alguien que sobrevivió a ellos. Quizá Aue tenga razón y casi cualquiera pudo haberse comportado como él. Esa sospecha vuelve más inquietante la pregunta que el lector no deja de formularse desde el principio hasta el final del libro: "¿Qué hubiera hecho yo?"

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Daniel Mendelsohn

10.21.2007
Daniel Mendelsohn en Madrid. Fuente: público

Hace unos días, el escritor norteamericano Daniel Mendelsohn estuvo en Madrid presentando la novela Los hundidos (Destino), una novela épica que ha llamado la atención en su país por ser la versión no de un testigo del Holocausto sino de un nieto de las víctimas. Mercedes Monmany escribe en el ABCD las letras una reseña en la que destaca que califican la novela como una anti-Jonathan Littell, recordando que Los clementes ve la perspectiva nazi. También relaciona la novela con Todo está iluminado de Safran-Foer.

Dice la reseña: "En cierto modo, Los hundidos entroncaría con una reciente tradición de la nueva literatura judía americana: la literatura, por así llamarla, del «regreso», a la manera de lo que hizo Jonathan Safran Foer en su bellísima novela, y más tarde película, Todo está iluminado (Lumen). Una poética narración, que también contaba con su joven «guía» ucraniano de nuestros días, conduciendo al estadounidense en busca de huellas de su familia desaparecida. Nietos o descendientes de segunda generación de aquellos aniquilados durante el Holocausto, que volvían a recorrer los últimos momentos, imaginarios o no, que precedieron a la total desa-parición de cualquier huella judía en esta zona de la Europa Oriental. ¿Y qué mayor enigma para un descendiente que ir hacia el encuentro de un muerto al que se le ha negado la tumba, como ya dijo Paul Celan en su célebre poema? La epopeya épica y elegíaca de Mendelhson ha sido presentada a menudo como un anti-Littell. Es decir, como una obra escrita desde el otro lado de los criminales nazis, como hizo Jonathan Littell con su monumental Les Bienveillantes (Las clementes, de próxima aparición en RBA), al abordar narrativamente la inmersión en la mente de un nazi. Es decir, alguien de la parte de los monstruos, no de las víctimas. Aunque también podría ser enfocado como un anti-Auschwitz. Algo fuera de la narración traumática de campos y muertes programadas en la gran operación de exterminio hitleriano. Así lo explica el autor: «La terrible ironía de Auschwitz es que el alcance de lo que muestra es de tal envergadura que lo colectivo y lo anónimo, el alcance absoluto del crimen se afirma constante y paradójicamente a costa de cualquier sentido de vida individual». Como un paleontólogo, Mendelsohn hace revivir al lector toda la conmoción y emoción correspondiente a los terribles hechos narrados. Y lo hace a partir de un mínimo rastro de esqueleto de mosquito atrapado en el ámbar, con toda su vida aún palpitante, con todo el sufrimiento atravesado, en medio de aquella inmensa tragedia que los devoró a todos. Un sufrimiento en ocasiones imposible de imaginar, de concebir tan sólo, a través de las gélidas, lacónicas, mecánicas, pavorosas y archisabidas cifras de la enormidad

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