MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La shortlist del Orange Prize

4.21.2009
Samantha Harvey. Fuente: the guardian

Gran sorpresa ha causado en The Guardian que Samantha Harvey, con su primera novela, haya desplazado a la premio Nóbel Toni Morrison de la shortlist del Orange Prize, que será anunciado el 3 de junio. Aquí la shortlist:

Scottsboro by Ellen Feldman (Picador)

The Wilderness by Samantha Harvey (Cape)

The Invention of Everything Else by Samantha Hunt (Harvill Secker)

Molly Fox's Birthday by Deidre Madden (Faber)

Home by Marilynne Robinson (Virago)

Burnt Shadows by Kamila Shamsie (Bloomsbury)

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Novelas y crisis económica

4.16.2009
American Psycho, más interesante como crítica social. Fuente: papercuts


En el blog Paper Cuts, Jennifer Schuessler comenta un artículo del crítico social Walter Benn Michaels titulado "Going Boom" en el que busca establecer las relaciones entre el crack (o el boom) económico y la novela. Para Michaels, la novela American Psycho de Bret Easton Ellis es más interesante de comentar desde esa perspectiva, antes que Beloved de Toni Morrison (elegida como la mejor obra narrativa de los últimos 25 años en el Book Review) o Plot Against America de Philip Roth. Así lo resume Schuessler:

“For a great many Americans,” Michaels declares, “the boom has been the problem, not the crash.” Well, thank God that’s over. To me, that sounds like something only a guy with lifetime tenure could say. And I’d be surprised if anyone on the unemployment line is raging against the outsized bonuses collected by the scouts for Oprah’s Book Club. But Michaels’s other big claim — that Bret Easton Ellis’s “American Psycho” is a more important novel than “Beloved,” Philip Roth’s “Plot Against America” or any other “historicist work” — is more interesting to contemplate. While Morrison and Roth were “pandering” to “the upper middle class’s sense of its virtue,” Ellis was “problematizing” it, Michaels writes. “You get a better sense of the actual structure of American society from any of Ellis’s famous descriptions of what people are wearing (‘a suit by Lubiam, a great-looking striped spread-collar cotton shirt from Burberry, a silk tie by Resikeio and a belt from Ralph Lauren’) than you do from all the accounts of people reclaiming, refusing, or repurposing their cultural identities.”

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A Mercy de Toni Morrison

2.23.2009
Toni Morrison. Fuente: Guillermo Arias/ blog syracuse

La nueva novela de la premio Nobel Toni Morrison, A Mercy, que ha logrado arrancar un encendido elogio a la durísima Michiko Kakutani, ocurre en 1860 y en ella Morrison dice que "quería comprender cómo podía sentirse una esclava negra en el período de transición en que la esclavitud era normal, pero no lo era el racismo. Desde los antiguos egipcios, griegos y romanos, cada civilización grande o pequeña fue construida por los esclavos, llamados con nombres diferentes: campesinos, peones, siervos". Una época en la que el color negro no era considerado un signo de inferioridad sino al contrario, de un poder secreto, asociado con Satanás. En el ADN Cultura Alessandra Farkas entrevista a Toni Morrison en Princeton a raíz de su nueva novela:

En el libro, la escritora vuelve a indagar acerca de la rebelión de Bacon de 1676 (así llamada por el nombre del líder, Nathaniel Bacon), cuando la rabia de las clases subalternas instigó a los esclavos negros y a los siervos blancos a tomar el control del Estado de Virginia durante algunos meses, hasta que fueron vencidos por una fuerza naval enviada desde Inglaterra. Tras dicha insurrección, el empleo de los esclavos africanos aumentó considerablemente por el temor de los propietarios a una nueva revuelta, de manera que los negros sustituyeron a los siervos contratados como principal fuente de mano de obra en Virginia. "La revuelta de Bacon llevó a las autoridades a modificar la ley, para consentirles a los blancos matar a cualquier negro sin motivo. Con esto se les entregaba a los siervos ?deudores´ el poder sobre la vida y la muerte de los negros, si bien pertenecían a la misma clase social." El privilegio conferido por la piel blanca -según Toni Morrison- es todavía el factor clave en la política de los estados del Sur. "Permite mantener explotados a enormes sectores de blancos pobres que les imputan a los negros sus desgracias. O a los mexicanos, los nuevos ?malos´. Y así, mientras la clase trabajadora se desgarra, las corporaciones hacen negocios de oro."

Por otra parte, también habló de los Premios Nóbel:

(...) también Europa tiene sus vicios, comenzando por el Premio Nobel. "Es extraño que lo haya obtenido Dario Fo y no Edward Albee, Arthur Miller o Tennessee Williams." ¿Jean-Marie Gustave Le Clézio? "Aquí en Estados Unidos, nadie había escuchado hablar jamás de él. Pero la culpa es nuestra porque no traducimos de otras lenguas y nos aislamos." Cuando lo obtuvo ella, hay quien la bautizó "la reina de la literatura negra". "Estúpido y absurdo", contesta la autora y añade: "Si yo escribo de afroamericanos, los críticos me definen como black writer ; si John Cheever escribe de los blancos de Nueva Inglaterra, la discusión se entabla acerca de la complejidad de la narración. Espero que un día la literatura no se divida más en negra y blanca, porque estoy bastante cansada de que me consideren una socióloga en vez de una escritora". Al día siguiente de la noticia del Nobel, el autor de Oxherding Tale , el afroamericano Charles Johnson, la acusó de ser "el triunfo de lo políticamente correcto". "A los 77 años ciertos comentarios no me tocan en lo más mínimo. Lo que hoy me hace mal son los problemas verdaderos, como la muerte y la enfermedad, no la maldad de alguien que no aprecia mi trabajo."

Finalmente, adelanta algo de su próximo libro, aún en estado embrionario:

"Cuenta la vida de los afroamericanos en los pueblitos del Centro-Sud de Estados Unidos, durante los años cincuenta, cuando los soldados negros regresaban de Corea y eran linchados -explica-, mientras que en estados como Oklahoma los editores negros publicaban incluso quince periódicos negros. Es un capítulo de nuestra historia que nadie conoce."

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Supersticiones literaria

2.13.2009
Pata de conejo contra el viernes 13. Fuente: micajóndesastre

Hoy es Viernes 13, un pésimo día para algunos, una pésima película para la mayoría. No existe nadie más supersticioso que yo, aunque debo decir que el Viernes 13 no es un día que especialmente me ponga nervioso. Será que al 13 no le tengo miedo, qué raro. En fin, me alegra saber que no soy el único supersticioso del gremio (ni el peor). Hoy, en homenaje a la fecha, Juan Palomo en su blog coloca las supersticiones de dos grandes: Ernesto Hemingway y Toni Morrison. Dice:

Aunque no soy supersticioso (pero sólo porque trae mala suerte), en días como éste, viernes y 13, conviene recordar que pocos gremios tan maniáticos como el letraherido. ¿Sabían que Hemingway era incapaz de escribir una línea sin llevar en el bolsillo derecho una castaña de indias y una pata de conejo raída, con los huesos y los tendones relucientes de tanto sobarlos? ¿Y que Toni Morrison, la Nobel estadounidense, no deja entrar a nadie en su cuarto de trabajo porque dice que está lleno de duendes que podrían huir si viesen a un extraño?

Pero en El Cultural hay mucho más al respecto. Han hecho todo un especial sobre supersticiones literarias que incluyen anécdotas de Thomas Mann, Kafka, William Somerset Maugham, Marcel Proust, Mark Twain, García Márquez y otros escritores. Entre tantas anécdotas destaca el detalladísimo ritual de Enrique Vila Matas explicado por él mismo:

Por las mañanas, si despierto en mi casa de Barcelona, lo primero que hago es mirar por la ventana, confirmar que se ha hecho o se hará de día. A continuación, le pongo una vela a Gombrowicz, renuevo mi culto. Después, me santiguo, hago la señal de la cruz, tranquilizo al Dios cristiano. Acto seguido, toco una varita mágica que compré en Colonia en compañía de Cristina Fernández Cubas, calmo a los dioses paganos. Esa varita está en mi escritorio desde hace once años, y cualquiera se atreve a desplazarla a otro lugar de la casa. Por si usted no lo sabía, Cristina tiene magia, tiene extrañas relaciones con el mundo de las cosas que ya no existen, se dice que tiene poderes y una gran capacidad para captar lo extraordinario en lo normal. Cuando compramos en Colonia mi varita (ella se compró otra igual), me dijo que no la perdiera de vista, por eso toco esa varita cada mañana”.

A mí Wendy Guerra, en Cuba, me leyó unas monedas en un coco partido en dos. Y luego me regaló el coco. Y yo lo he perdido, Wendy, lo he perdido...

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Obama lector

1.21.2009
Obama lector. Fuente: papercuts

Ya varias veces antes he comentado en Moleskine las aficiones literarias del recién ungido Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama (o "marbus" para los siempre paranoicos lectores de Nostradamus). En el suplemento Ñ hoy le rinden homenaje a este momento histórico comentando la relación de Obama con los libros, subrayando sus lecturas preferidas. Aquí está la lista, que incluye a El Gran Gatsby obviamente:

El amor de Obama por la ficción y la poesía (en su página de Facebook enumera a Moby Dick, las obras de Shakespeare y Gilead de Marilynne Robinson como algunos de sus favoritos, junto con la Biblia y las obras completas de Abraham Lincoln y Emerson), no sólo le ha dado un conocimiento sofisticado del uso del lenguaje. También lo ha inmerso en el sentido trágico de la historia y un conocimiento de las ambigüedades de la condición humana, muy opuestas de la visión del mundo que tiene Bush. Obama ha dicho que en la universidad escribió "poesía muy mala" y su biógrafo David Mendell ha sugerido que en algún momento fantaseó con la idea de ser novelista. De todas formas Sueños de mi padre demuestra un gran talento para relatar y una combinación excepcional de la empatía e imparcialidad que poseen los grandes novelistas. En esas memorias, Obama logró comunicar excepcionalmente variados puntos de vista distintos a los suyos y también evocar varios de los lugares donde vivió durante su infancia. En el libro, el narrador es a la vez un marginal solitario y un observador omnisciente que nos provee una vista coral de su pasado. Como Sueños de mi padre, muchas de las novelas que se dice que admira Obama tratan el tema de la identidad: La canción de Salomón de Toni Morrison cuenta la historia de un hombre que intenta averiguar sobre sus raíces familiares; El cuaderno dorado de Doris Lessing relata las dificultades de una mujer en articular el sentido de sí misma; y El hombre invisible de Ralph Ellison trata el problema de la definición del ser en un Estados Unidos hiper-consciente de los temas raciales y la posibilidad de trascendencia en ese ámbito. Las poesías de Elizabeth Alexander, quien fue elegida por Obama para leer una poesía original en la ceremonia de asunción, tratan sobre la intersección del pasado y del futuro, lo privado y lo político; mientras que la poesía de Derek Walcott (Obama fue fotografiado recientemente leyéndolo) explora qué significa ser "un niño dividido", situado sobre el margen de dos culturas, sin raíces tal vez, pero libre para inventar un nuevo ser. Esta idea de la creación del propio ser es muy estadounidense –es uno de los temas centrales, por ejemplo, de El gran Gatsby—y parece ejercer una gran fascinación sobre la imaginación de Obama.

No hay que menospreciar, además, la lectura de los escritores afroamericanos como James Baldwin, Ralph Ellison, Langston Huges, Richard Wrigt y W.E.B. Du Bois, que hoy están de fiesta.

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No más limusinas

1.07.2009
Limusina descapotable. Fuente: motorvicio

This business was never meant to sustain limousines dice Amanda Urban, la agente literaria de Cormac McCarthy y Toni Morrison, entre otros. ¿A qué negocio se refiere? Al de los agentes literarios y los representantes literarios. La crisis va llegando poco a poco a todos los sectores y, al parecer, le llegó al mundo de los agentes. No más gollerías, no más invitaciones alucinantes a países exóticos, no más buffets internacionales ni high life ni lapiceros Montblanc: ahora todo se hará por webcam y que cada uno se arregle como puede. La crónica es de Motojo Rich, apareció en The New York Times y me advirtió sobre ella Willie Schavelzon, mi perseverante agente, que la calificó de "interesante" con un no sé qué que le quedaó balbuceando. Dice la nota:
For decades the New York publishing world promised a romantic life of fancy lunches, sparkling parties, sophisticated banter and trips to spots like the Caribbean to pitch books to sales representatives. If the salaries were not exactly Wall Street caliber, well, they came with a milieu that mixed cultural swagger with pure Manhattan high life. But that cushy schmooze fest seems to be winding down. Just two weeks before announcing staff cuts and a substantial corporate restructuring in December, the publishing giant Macmillan gathered its sales and marketing staff at the historic Hotel del Coronado in San Diego — where Billy Wilder filmed Tony Curtis wooing Marilyn Monroe in “Some Like It Hot” — to talk about titles on the spring lists. Between marathon meetings to discuss plans for new books, the sales reps were invited to take part in wine tastings and spa treatments. This year the meetings will be held via Webcam. In a memo to staff members announcing the layoffs on Dec. 15, John Sargent, chief executive of Macmillan, said the company would hold only one of its three annual sales conferences in person, and the other two would be conducted on the Web and by telephone. Amid a relentless string of layoffs and pay-freeze announcements, book publishers are clamping down on some of the business’s most glittery and cozy traditions. Austerity measures are rippling throughout the industry as it confronts the worst retailing landscape in memory. “This business was never meant to sustain limousines,” said Amanda Urban, a literary agent who represents Cormac McCarthy and Toni Morrison, among other authors. Ms. Urban said she believed Bennett Cerf, a founder of Random House, once said something to that very effect. “At best, you can get a Town Car now and then,” she said. “It’s gotten out of scale, like a lot of businesses in this country.”

Sin embargo, al final de la nota el editor Michael Korda recuerda que no es la primera vez que ocurre esto. En los 70 era igual de mísero el negocio, sin el boato y esplendor de los 8o, pero igual funcionó y funcionará:

Of course longtime industry insiders have seen it all before. Michael Korda, former editor in chief of Simon & Schuster, who often held court from his favorite table in the Grill Room at the Four Seasons, recalled a period in the 1970s when his bosses banned editors from dining at certain restaurants. “And then after a while business got better,” Mr. Korda said. “And everybody went back to doing what they were doing before

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