MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Fresán sobre La humillación

3.02.2010
Les guste o no les guste, Philiph Roth está aquí. Fuente: a cultural policy blog

Rodrigo Fresán no ha querido golpear a La humillación, de Philip Roth, editado por Mondadori, aunque no deja de reconocer que es una obra menor dentro de la misma obra de Roth. Sí pues, no es fácil dar de baja por una novela a alguien que nos ha dado tantos años de excelente literatura como Roth, y aún está en plena producción, al menos hasta que le den el Nóbel y lo sequen para siempre. Y sí pues, como dice la reseña, siempre habrá lectores Anti-Roth y pro-Roth, como todos los autores del mundo tienen fans y enemigos. Dice Fresán en el ABCD las letras:

Alguna vez Bob Dylan se quejaba de que cada nuevo álbum que editaba fuera siempre comparado con anteriores discos suyos. «¿Por qué no los comparan con los de los de mis colegas?», proponía Dylan con sonrisa de tahúr, sabiéndose el mejor jugador sentado a la mesa. Pero no se puede. Problemas de ser una leyenda: te conviertes en la medida de ti mismo, perteneces a ese exclusivo club de un solo miembro y, allí dentro, sólo espera el espejo. Lo mismo le sucede y sucede con Philip Roth. No tiene demasiado sentido leerlo dentro de un contexto sino admirarlo y calibrarlo en la masiva soledad de su propia compañía. Aclarado esto, no se encuentran en La humillación -seamos muy exigentes- la perfección henryjamesiana de La visita al maestro, las innovaciones formales de La contravida, la picaresca bestial de El teatro de Sabbath, la autobiografía freak-religiosa de Operación Shylock, la ambición histórica-íntima de Pastoral americana o La mancha humana, o la sorpresa ucrónica de La conjura contra América. Tampoco hallaremos la enorme brevedad de Indignación, inmediatamente anterior a La humillación en su obra. Lo que demuestra que, aquí y ahora, no hay síntoma de decadencia sino, apenas, los altibajos de la escritura constante. O, acaso, las ganas de hacer una perversa travesura como esos infernales villancicos con la que Dylan taló nuestros arbolitos las pasadas navidades. [...] Y en La humillación -donde, otra vez Rothlandia, el vampiro acaba siempre vampirizado- hay varias de estas hembras demenciales entrando y saliendo de lechos donde lo que se nos enseña produce, por momentos, esa incómoda sensación de querer bajar la vista. Vergüenza ajena y salir corriendo de allí y cerrar el libro. Pero, al cerrarlo, leemos otra vez su título y lo comprendemos todo. En La humillación, Roth no sólo se propone y consigue humillar a Axler sino, también, logra degradar con maliciosa maestría a un lector que, enseguida, vuelve allí dentro en busca de más: más sonrojantes escenas lésbicas, más patéticas reflexiones sobre los sentimientos, más lamentos de macho dominante dominado. En este sentido, La humillación probablemente sea el libro más literalmente pornográfico de Roth. Música de recámara sin preliminares donde lo único que importa es quitarse pronto la ropa, dejarse la piel y, enseguida, mostrar como medallas las marcas que quedan al caerse de la cama por intentar posiciones demasiado peligrosas. En 1984, respondiendo en cuanto a si tenía en mente un Lector mientras escribía, Roth, mostrando los dientes, reveló: «No. Pero en ocasiones pienso en un Lector Anti-Roth. Pienso en lo mucho que va a odiar todo lo que estoy haciendo. Y ese es todo el estímulo que necesito». De ser eso cierto, La humillación será el libro perfecto y repulsivo para los Lectores Anti-Roth, y el libro no perfecto pero sí fascinante para los Lectores Roth, ya a la espera del inminente Némesis. Mientras tanto y hasta entonces, ahí está esa primera línea de La humillación: «Había perdido la magia».

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Salvado de la humillación

2.26.2010
Carátula de Roth en inglés. ¿Leer o no leer?. Fuente: the star


Mientras todos dan con palo a La Humillación (Mondadori) de Philip Roth, tanto en Estados Unidos como en el ámbito castellano (recuerden las burlas de John Crace en The Guardian o el rechazo de Paz Soldán en su blog) en la reseña de "El Cultural" Rafael Narbona le da una salvada ligera, pero salvada al fin. Una oportunidad, digamos. La llama obra "menor" frente a Lolita (bueno, es casi un elogio, después de todo qué obra no es menor frente a ese prodigio de Nabokov) pero profunda. ¿Leer o no leer? Sería más fácil si me mandaran los libros como a los blogs españoles o argentinos. En fin, soy solo blogger peruano en el Perú, y perdonen la tristeza. Dice la reseña:

Philip Roth plantea su novela como una tragedia en tres actos, pero la desgracia no se desencadenará por culpa de un destino inevitable, sino por la imperfección del ser humano, que ambiciona más de lo que puede obtener. Simon es un ingenuo y Pegeen un ser amoral y ferozmente egoísta, que ha convertido el placer sexual en un absoluto irrealizable. Su insatisfacción apenas es comparable con el estrago que causa en sus parejas, meros objetos de una fantasía perversa y sin grandeza. El erotismo de Pegeen no es el erotismo que asocia el placer a la muerte o a un vacío místico, sino un erotismo banal, adquirido en la familiaridad con las películas pornográficas y los catálogos de artilugios eróticos. De hecho, Pegeen viaja con una maleta repleta de consoladores, látigos, lencería de cuero y un arnés rematado con un gigantesco pene verde. Simon cree que conseguirá retenerla a su lado porque Pegeen asegura que “una polla está viva. Te llena como no lo hacen los consoladores ni los dedos”. Cuando practican el sexo anal, Pegeen admite que le ha dolido, pero no le importa: “eras tú dentro de mí”. El espejismo de estabilidad se desvanece en seguida. Para complacer a Pegeen, que continúa con sus escarceos homosexuales, Simon invita a una desconocida a pasar la noche con ellos. Es una chica vulgar, de 19 años, a la que Pegeen penetra salvajemente con su polla verde. En segundo término, Simon observa y aprecia que en el frenesí de Pegeen hay algo primitivo, atávico. La prótesis sexual obra como la máscara de un chamán, transformándola en una fuerza destructiva, que despersonaliza y humilla. No estamos ante una pieza menor, sino ante una obra profunda, sin miedo a los tabúes, pero que no llega tan lejos como Lolita, de Nabokov, pues Pegeen no es creíble como una mujer de cuarenta años. Pegeen es una niña, una nínfula, con la perversidad que sólo puede brotar de una falsa inocencia y Simon es un Humbert Humbert que ha contenido su cinismo, pero con un destino igualmente trágico. El mito de Lolita revive en La humillación como una variación menor, pero infinitamente más desesperanzada.

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Lo que se viene

1.15.2010
Leopoldo Brizuela y nueva novela. Fuente: lanacion

En el suplemento Ñ adelanta qué libros se vienen para inicios del 2010. Entre ellos, el defenestrado La humillación de Philip Roth (¿leer o no leer?). Lo nuevo de Vila Matas (leer) Algo de Pynchon (no leer). Algo de Murakami (quizá). Y, entre los argentinos, la esperadísima novela de Leopoldo Brizuela, Lisboa, que sale con Alfaguara luego de 10 de trabajo desde la estupenda Inglaterra, una fábula. Dice la nota:

A quién no le tiemblan los dedos acariciando la posibilidad de tener entre las manos la nueva novela de Philip Roth, La humillación (Mondadori), que está llegando a la Argentina?; ¿quién no delira al imaginar un viaje sin ataduras en el maravilloso mundo de Haruki Murakami, que este año trae a los hispanohablantes su novela El fin del mundo y un despiadado País de la Maravillas (Tusquets)? ¿Quién no se crispa desentrañando los pasadizos de las historias del sueco Hanning Mankell que nos promete acción y emoción en El ojo del leopardo (Tusquets)? Quienes sí tiemblan y se ilusionan con estos adelantos literarios pueden seguir leyendo. Hay letras que van, y letras que vienen. El año editorial 2010 arranca ya en los próximos días con las primera novedades, hay tanques, como siempre, y hay fuertes apuestas a la literatura local. Este año, desde el exterior, llegan la última novela de David Grossman La vida entera (Lumen), Contraluz (Tusquets), de Thomas Pynchon, Snuff (Mondadori), del estadounidense Chuck Palahniuk, y lo nuevo de Stephen King, La cúpula (Mondadori), una novela sobre un pequeño pueblo de Maine, en los Estados Unidos, que se descubre aislado, repentinamente, del resto del país y del mundo por una cúpula invisible. Una historia que, según adelantaron en la editorial, no decepcionará a los fanáticos. En el ámbito local, en tanto, también habrá importantes novedades en 2010. Entre ellas, Oscura monótona sangre, de Sergio Olguín, novela ganadora del premio Tusquets 2009; Lisboa (Alfaguara), una novela en la que Leopoldo Brizuela trabajó durante los últimos diez años y una nueva ficción con el sello de Marcelo Birmajer, que publicará Norma. (...) Aunque todavía no está confirmado, se espera la visita a la Argentina de John Irving, en el segundo semestre del año, con su nueva ficción: Last night in Twisted River (Tusquets). Entre muchas otras visitas a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se cuenta la del colombiano Fernando Vallejo que presentará El don de la vida (Alfaguara). Otras ficciones que estarán disponibles para los lectores argentinos en 2010 serán Asedio (Alfaguara), lo nuevo de Arturo Pérez Reverte, que recrea el Cádiz de 1812 bajo el asedio de las tropas napoleónicas; Dublinescas (Seix Barral), lo nuevo de Enrique VilaMatas; la primera novela de Leonard Cohen, Hermosos perdedores (Edhasa) y un nuevo novelón de Ken Follett, que dará inicio a una trilogía con olor a best seller, bajo el sello de Plaza & Janés.

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El machismo ya fue

1.14.2010
mapa sexual literario norteamericano, antes y después. Ilustración: Paula Scher. NYT

El último post de "En Minúscula" anunciaba un delicioso artículo en Sunday Book Review de NYT de Katie Roiphe sobre el "sexo tímido" de las últimas generaciones de escritores norteamericanos, a diferencia de esos portentosos machos falocéntricos (y mujeres multiorgásmicas y poetas eróticas que llenan de vulvas sus cuentos, hay que decirlo) de los años 60 y 70. Chau Henry Miller. Chau Mailer. Chau Bukowski, por dios. Ahora, la inocencia es lo que pone. ¿Qué está pasando, sexualmente, en la literatura norteamericana? ¿Y sucede lo mismo en la literatura latinoamericana? ¿A uds. no les pareció Memorias de mis putas tristes, y su macho desvirgador de 90 años, una anécdota incómoda como un abuelo con el cierre bajo, mostrando el calzoncillo mientras baila el vals con la sobrina y le cuenta sus hazañas de macho en el campo de espinos, en pleno matrimonio de su nieto metrosexual? ¿Y no fue por eso que fracasó el último sueño pre-viagra de Philip Roth La humillación? Muy interesante. La revista Ñ traduce el artículo.

Para una cultura literaria que teme estar al borde de la aniquilación total, somos extremadamente arrogantes con respecto a los grandes novelistas masculinos del siglo pasado. Se convirtió en algo popular reprobar a esos autores, y más particularmente, ridiculizar las escenas de sexo en sus novelas. Incluso los jóvenes escritores que parecen ser sus herederos aparentes, han repudiado la virilidad agresiva de sus predecesores. Después de leer una escena de sexo en La humillación, la última novela de Philip Roth, alguien a quien conozco arrojó el libro a la basura. No fue exactamente la furia feminista lo que la motivó. En sintonía con esta anécdota privada, limitada, hay una calidad punitiva en las críticas publicadas que siempre es reveladora de algo más grande en la cultura, algo más allá del fracaso de un escritor añoso en producir suficientes oraciones buenas. Todo esto es como decir: ¿cómo es posible que las escenas de sexo de Roth aún nos enfurezcan? En las primeras novelas de Roth y su grupo había, en sus pasajes obscenos, un sentido de novedad, de noticia, de ruptura. A lo largo de la década del 60, con libros como Sueño americano, de Roth, y Corre, conejo (John Updike) se pensaba que sus autores estaban informando desde una nueva frontera de conducta sexual: adulterio, sexo anal, sexo oral, ménage-à-trois, todo con la excitación de lo nuevo, o al menos, de lo recién discutido. Estos novelistas escribían sobre los dormitorios de la clase media con la excitación de tener a los censores a sus espaldas, con el juicio por obscenidad de 1960 sobre El amante de Lady Chatterley todavía fresco. Estos escritores jóvenes -Norman Mailer, Roth, Updike- tomaban el tema para adultos de John O'Hara y Henry Miller, aunque con una pizca de periodismo moderno. [...] En 1960, Updike, con 28 años, consolidó su reputación con su novela Corre, conejo, acerca de un ex jugador de básquet devenido en vendedor de utensilios de cocina. Harry (Rabbit) Angstrom tiene sexo con una amante rolliza y promiscua y vuelve a su casa, a una esposa que ebria, ha ahogado a su bebé recién nacido. Unos pocos años más tarde, Mailer le dijo a Updike que debería volver al burdel y dejar de preocuparse por su prosa. [...] El problema con las escenas de sexo en el último libro de Roth no es que sean pornográficas, sino que fracasan como pornografía. Uno siente que el corazón del autor no está en la novela, que simplemente está describiendo los movimientos; uno siente al viejo maestro impaciente haciendo un mapa de las escenas, no escribiéndolas.En este punto, uno podría pensar: que entren los hombres jóvenes. Pero nuestro lote de novelistas masculinos jóvenes o juveniles no sueña con éso. El estilo sexual actual es más infantil; la inocencia está más de moda que la virilidad, los mimos, preferibles al sexo. Las posibilidades literarias de su propia ambivalencia son las que seducen a esta nueva generación, más que lo que sucede en el dormitorio. Michael Chabon escribe: "Una mujer vestida con una minifalda de cuero verde y sin ropa interior lee en voz alta La historia de O., y la protagonista dice escrupulosamente, "Me niego a azotarte." Describe Jonathan Franzen: "El ha sido, por supuesto, un amante asqueroso, ansioso". Y, por supuesto, hay escritores como Jonathan Safran Foer que evitan las corrupciones de sexualidad adulta y eligen niños y vírgenes como sus protagonistas.Las mismas críticas de las cruzadas feministas que objetaron a Mailer, Bellow, Roth y Updike podrían verse tentadas a tomar esta nueva sensibilidad, o suavidad, como signo de progreso, pero el sexismo en la obra de los aparentes herederos, es simplemente más astuto y seductor, y más duro de revelar. Los escritores mas jóvenes son tímidos, tan subidos a una educación liberal, que sus personajes no pueden condonar ni siquiera sus propios impulsos sexuales; son demasiado fríos para el sexo. Que un personaje crea que el sexo podría ser una fuerza de cambio, y posiblemente para mejor, sería retrógrado. La pasividad, una dulzura paralizada, una ambivalencia profunda acerca del apetito sexual, se toman como signos de una vida interior compleja y admirable. Están enamorados de la ironía.Comparado con la nueva pureza, la parálisis tímida, la ambivalencia que se mira a sí misma, la noción de sexo de Updike como una "averiguación imaginativa" tiene una cierta grandeza desvanecida. Vivimos en un tiempo más conservador. ¿Por qué, entonces tendríamos que ser molestados por la continua obsesión con el sexo de nuestros leones literarios? ¿Por qué no miramos hacia estos escritores más viejos, que quieren derrotar a la muerte con el sexo, con la misma afición que lo hacemos con los inventores de los primeros aviones fracasados, que permanecían en la pista con sus máquinas pesadas, imposibles y miraban al cielo?

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La lista de (Babelia)

12.23.2009
Javier Cercas autor de Anatomía de un instante, elegido en Babelia como el libro del año. Fuente: elpaís

Babelia ha pedido a 50 intelectuales y críticos literarios elaborar una lista de los 10 libros del año. Las elecciones de cada uno están en un pdf la página de El País y mañana habrá reseñas de cada uno de los libros que más votación obtuvieron. La lista completa es la siguiente:


Anatomía de un instante (Mondadori) de Javier Cercas

La noche de los tiempos (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina

Indignación, de Philip Roth (Mondadori)

Aquí, de Wislawa Szymborska (Bartleby)

Historia de mi vida, de Giaccomo Casanova (Atalanta)

Sudeste, de Haroldo Conti (Bartleby)

Un armario lleno de sombras, de Antonio Gamoneda (Galaxia Gutemberg)

Cartas, de Emily Dickinson (Lumen)

Aquí empieza nuestra historia, de Tobias Wolff (Alfaguara)

Mitologías de invierno. El emperador de Occidente, de Pierre Michon (Alfabia).


Además, se da una lista de 40 libros por género. Entre los libros escogidos -5 por cada género- están:

Novelas en español
Antonio Muñoz Molina ‘La noche de los tiempos’ (Seix Barral).
Haroldo Conti ‘Sudeste’ (Bartleby).
Agustín Fernández Mallo ‘Nocilla Lab’ (Alfaguara).
Leonardo Padura ‘El hombre que amaba a los perros’ (Tusquets).
Andrés Neuman ‘El viajero del siglo’ (Alfaguara)

Novelas traducidas
Philip Roth ‘Indignación’ (Mondaori).
Miklos Banffy ‘Los días contados’ (Libros del Asteroide).
Patrick Modiano ‘Calle de las tiendas oscuras’ (Anagrama).
Haruki Murakami ‘El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas’ (Tusquets).
Heimito von Doderer ‘Los demonios’ (Acantilado).

Relatos
Tobias Wolf ‘Aquí empieza nuestra historia’ (Alfaguara).
Pierre Michon ‘Mitologías de invierno: El emperador de Occidente’ (Alfabia).
Eduardo Mendoza ‘Tres vidas de santos’ (Seix Barral).
Anderson Sherwood ‘Cuentos Reunidos’ (Lumen).
Mavis Gallant ‘Los cuentos’ (Lumen).

Autores en alza
Aleksandar Hemon ‘El proyecto Lázaro’ (Duomo)
Lorrie Moore ‘Al pie de la escalera’ (Seix Barral).
Yuri Herrera ‘Señales que precederán al fin del mundo’ (Periférica).
Benjamin Taylor ‘El libro de la venganza’ (Mondadori).
Mathias Enard ‘Zona’ (Belacqua).

Poesía
Wislawa Szymborska ‘Aquí’ (Bertleby).
Anne Sexton ‘Poemas de amor’ (Linteo).
Peter Handke ‘Vivir sin poesía’ (Bartleby).
Ada Salas ‘No duerme el animal’ (Hiperión).
John Ashbery ‘Un país mundano’ (Lumen).

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Roth masticado

11.06.2009
Ilustración: Neal Fox/ The Guardian

The digested read de John Crace se une a la campaña de demolición, emprendida por Edmundo Paz Soldán en The Boomerang, contra la última novela editada de Philip Roth, The Humbling. En su último número, comenta la novela poniendo énfasis en que la mediocridad súbita, la desaparición de talento y la impotencia creativa (que quiere ser reemplazada por potencia sexual) del personaje de la novela, enmascara apenas al verdadero protagonista: Philip Roth. La frase final: "It was him or me." Sin embargo, el verdadero cuchillo está en el penúltimo párrafo cuando escribe: ""I've had enough of this," Pegeen said, echoing every reader's thoughts." Se maleó. Me he reído mucho. Como sea, le dedico este post a mi querido Edmundo, el nuevo machetero de las reseñas literarias en castellano.

He'd lost his magic. The impulse was spent. Perhaps not the wisest admission from someone who has spent the last decade writing the same book, but the truth nonetheless. Simon Axler, let's call him Simon Axler, had never failed in the theatre, let's call it theatre; everything he had done had been successful. But now, at the age of 65, he couldn't act. He had failed as Prospero and Macbeth at the Kennedy Centre and going on stage had become agony.

His wife Victoria had left him and he sat at home contemplating suicide. The worst of it was that he saw through his breakdown and doubted it was genuine. Yet he had himself admitted to a psychiatric hospital where he was – naturally – befriended by an attractive woman.

"My husband has done vile things to our daughter, Philip," Sybil said.

"It's Simon, not Philip."

(...)

After his release, Axler had retreated to his farmhouse in upstate New York and it was there that Pegeen had visited him. Her parents were old friends and he had known her since she was a baby, suckling at her mother's breast. Now she was 40, a lesbian teaching at a progressive women's college in Vermont. "Have you ever slept with a man?" he asked.

"Not for more than 20 years," Pegeen replied. "But there's something about your arthritic body I find irresistible."

"I can only make love if you're on top of me because my back's playing up," he said, fondling her heavy breasts.

"You're a smooth talking lesbo-converter, Philip . . ."

"It's Simon."

"Whatever. No one else could make me want cock."

He started to buy her expensive lingerie, and though it grieved him that her parents were concerned about the age gap between Pegeen and him, he was greatly cheered up when her former lover Louise turned up at his house distraught with grief. "Why has she left me?" Louise cried.

"Because it's my book and in my books younger women always want to have sex with me."
She had now become insatiable. "As it's you, Philip, I mean Simon," Pegeen had said, "I'm up for the full range of dirty-old-man sexual fantasies. Bring on the anal sex, the dildos, the strap-ons and the threesomes with another girl with a shaved bush."

(...)

Simon picked up the newspaper. Sybil had killed her husband. Was it bravery or madness, he wondered briefly, before returning to his sexual reveries. Given another few sessions with five babes all gagging for him, he might even return to the theatre. Perhaps he should make things more permanent with Pegeen. He phoned the clinic to book a sperm motility test. "I've had enough of this," Pegeen said, echoing every reader's thoughts. "I'm off."

He sobbed uncontrollably. Her parents had conspired against him. Tracy had conspired against him. The world had conspired against him. He should have played this paragraph for laughter, instead of pathos. Yet the notion of the absurd barely penetrated. He thought of Sybil. He thought of the final lines of The Seagull. He pulled the trigger.

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¿Se equivocó Roth?

11.04.2009
Carátula de la novela. Fuente: theoxenofthesun

Es un lugar común decir que Philip Roth, con el tiempo, se vuelve cada vez mejor escritor. Yo comparto ese lugar común y, de hecho, me conmueven mucho más sus últimas novelas (pese a que podrían ser consideradas "menores" por la extensión) que las anteriores. Quizá Edmundo Paz Soldán está de acuerdo conmigo. Sin embargo, acaba de leer la nueva novela de Roth, The Humbling, y al parecer hubo una desbarrancada. ¿Se equivocó realmente Roth? Edmundo suena muy convincente y sus argumentos son puñetazos. Tendré que esperar qué dice Peter Elmore, otro fan de Roth, para la contraparte. Esto no acaba aquí, señores. Dice la nota en "La Tercera", reproducida en su blog en El Boomerang:

[...] ¿qué hacemos con The Humbling, la novela que Roth acaba de publicar? Aceptar que el novelista de Newark también se equivoca, y que esta obra no es menor ni residual, sino, simplemente, mala. Comienza con una gran idea: Simon Axler, un actor teatral de renombre, ha perdido de la noche a la mañana su talento para la actuación (la analogía con el Roth de esta novela puede ser fácil). Aunque no se exploran las razones de esta pérdida, aquí hay suficiente material para iniciar una reflexión narrativa sobre la creatividad y sus misterios. Sin embargo, lo que hace Roth es, literalmente, retirar de escena a Axler, hacer que se vaya a vivir al campo, y que se reencuentre con Pegeen, una ex-amiga lesbiana. De pronto, estamos en típico territorio de Roth: Axler conquista a Pegeen, se exploran los impulsos oscuros de la sexualidad, y la fantasía erótica se convierte en aliciente para que el hombre pueda reconectarse consigo mismo y recuperar su talento. El problema es que la forma en que todo está narrado no tiene suficiente carne para ir más allá del sueño mojado de un hombre mayor, con vibradores, látigos y encuentros entre tres en la cama: "It was as if she were wearing a mask on her genitals, a weird totem mask, that made her into what she was not and was not supposed to be. She would as well have been a crow or a coyote, while simultaneously Pegeen Mike". Hay pocas cosas más cómicas que una escena de sexo mal narrada. Ni siquiera provoca mucho la provocación de Roth -una lesbiana puede volver a interesarse en el sexo opuesto si encuentra a un hombre con la potencia adecuada.Roth siempre confió en la fuerza de su historia. En The Humbling parecen haberle entrado dudas, y por ello necesita reforzar ciertas frases con signos de admiración, como para hacerle ver al lector que lo que está narrando es importante: "Everything he wanted, she was preventing him from having!" "No, he would not be defeated by these two mediocrities. He would not be a boy overcome by her parents!" No hay muchas sorpresas en el desenlace, y queda la insinuación de que los grandes nunca están vencidos del todo. De modo que esperemos Némesis.

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Philip Roth, WELT-Literaturpreis 2009

10.06.2009
Philip Roth. Fuente: weltonline

Y mientras las especulaciones continúan, algunos premios empiezan a darse. El WELT-Literaturpreis 2009 que ofrece Alemania (y que ha tenido a ganadores tan distinguidos como Amos Oz o Bernhard Schlink) ha ido a manos de Philip Roth. ¿Un premio consuelo?

Für sein literarisches Gesamtwerk erhält der amerikanische Schriftsteller Philip Roth den WELT-Literaturpreis des Jahres 2009 In der Begründung der Jury heißt es: „Philip Roth zählt zu den Großen der zeitgenössischen Weltliteratur. In einer Fülle eindrucksvoller Erzählwerke thematisiert und gestaltet er seit fünf Jahrzehnten die Tragödie der menschlichen Existenz. Dabei gelingt es ihm, Bitternis und Schmerz immer auch komödiantische Aspekte abzugewinnen. Seine Werke sind von nicht nachlassender Intensität und sprachlicher Virtuosität. Einem dichterischen Naturereignis gleich, erschafft er mit jeder neuen Arbeit seine Visionen der großen Themen der Literatur in perfekter künstlerischer Form. Dafür erhält Philip Roth den WELT-Literaturpreis 2009.“ Nach Hans Keilson (2008), Daniel Kehlmann (2007), Rüdiger Safranski (2006), Yasmina Reza (2005), Amos Oz (2004), Jeffrey Eugenides (2003), Leon de Winter (2002), Pat Barker (2001), Imre Kertész (2000) und Bernhard Schlink (1999) ist Philip Roth der elfte WELT-Literaturpreisträger. Der mit 10.000 Euro dotierte Preis erinnert an Willy Haas, der 1925 „Die literarische Welt“ gründete. Ausgezeichnet werden ein einzelnes Buch oder ein Gesamtwerk. Zur Jury gehören der britische Verleger Lord George Weidenfeld, der Schriftsteller und Juraprofessor Bernhard Schlink, die Herausgeberin der „Literarischen Welt“, Dr. Rachel Salamander, sowie Dr. Tilman Krause, Literaturredakteur der WELT.

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Se mueven las apuestas

10.01.2009
Luis Goytisolo baja hasta el número 9 de las apuestas por el Nóbel. Fuente: ecodiario


Primer jueves de octubre, primera oportunidad perdida para que se dé el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura (se da siempre en un jueves de octubre). Aún no hay humo blanco. Sin embargo, las apuestas en Ladbrokes han tenido algunas variaciones en los primeros diez lugares. Luis Goytisolo bajó hasta el 9no, por ejemplo, mientras que Philip Roth y Joyce Carol Oates consiguieron subir bastante. Amos Oz, sin embargo, queda en primer lugar. Y a Vargas Llosa se consolida en el 17avo. Aquí las primeras diez posiciones:

Amos Oz

Assia Djebar

Joyce Carol Oates

Philip Roth

Adonis

Antonio Tabucchi

Claudio Magris

Haruki Murakami

Luis Goytisolo

Thomas Pynchon

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Apuestas por el Nobel

9.23.2009
Amos Oz, lo favorito de Ladbroke. Fuente: porges.com

El año pasado, el Premio Nobel de Literatura fue anunciado un 1 de octubre. Ahora se especula que pueda ser más tarde, el segundo jueves de octubre. Como sea, ya se viene. Y el lugar de apuestas Ladbroke ya empezó a hacer girar nombres. Amos Oz encabeza la encuesta y, para sorpresa de muchos, el ante no nombrado escritor español Luis Goytisolo está en muy buena posición, antes de los caseritos Philip Roth o Joyce Carol Oates. ¿Golpe en la polla? Los primeros 10 con gran oportunidad son:

Amos Oz
Assia Djebar
Luis Goytisolo
Joyce Carol Oates
Philip Roth
Adonis
Antonio Tabuchi
Claudio Magris
Haruki Murakami
Thomas Pynchon

Luego de estas 10 posiciones expectantes, encontramos a otros autores con posibilidades como Don de Lillo (15), Mario Vargas Llosa (17), Cees Nooteboom (19), Peter Handke (19) y también sorpresivamete, Bob Dylan (20)

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Philip Roth cierra filas

9.16.2009
Philip Roth. Fuente: Bloomberg

Ahora sí no puedo estar de acuerdo con mi maestro Philip Roth, Pip para los amigos. Frente al hecho absolutamente innegable de que la cultura norteamericana, y la literatura en particular, es ombligocéntrica y oclusiva frente a lo que pasa en el mundo, contesta en una entrevista aparecida en castellano en "Clarín" que: "La mejor literatura de los últimos 50 años es la de Estados Unidos" Así tal cual. ¿Se habrá quedado picón porque el año pasado le dieron el Nobel a Le Clezio y no a él como un jalón de oreja por la polémica sobre la decandencia de la cultura francesa? ¿Qué le pasa a Pip? En fin, como sea, lo importante es que sigue escribiendo novelas (estas sí de lo mejor de la literatura universal en los últimos 50 años) y ya se anucnia el nuevo título en EEUU: The Humbling. Aquí algunas preguntas de la entrevista de Antonio Monda:

En "The Humbling", la novela que acaba de entregar, el protagonista es otra vez una persona madura.
-Es un actor teatral de 64 años que descubre que ya no sabe recitar. Es una historia sobre el drama de descubrir que ya no se tiene un talento.

-Otra historia amarga, signada por la pérdida.-
¿Querés que te diga que así veo yo la vida?

-Bastan sus primeros libros para hacer esa afirmación. ¿Puedo preguntarle ahora qué piensa sobre el aislamiento cultural de los Estados Unidos?
-Es una polémica tan ridícula que no logro ni siquiera entender. Sostengo que la literatura norteamericana de la posguerra hasta ahora es la más importante del mundo, con autores como Faulkner, Hemingway y Bellow. Y todavía hoy tenemos autores de primer orden, como Don DeLillo, E. L. Doctorow, Cynthia Ozick, Joyce Carol Oates y Toni Morrison. Me siento en compañía de colegas excelentes.

-Un año atrás me dijo que auspiciaba la victoria de Barack Obama. ¿Está satisfecho con este año de gobierno?
-Estoy muy satisfecho con Obama. Estoy estupefacto con aquello que está haciendo y que está intentando hacer.
A propósito, ya que en el Perú recién se ha estrenado la adaptación que Isabel Coixet hizo de Animal moribundo (titulada "Elegía" por Coixet y retitulada ridículamente "Lecciones de amor")dejo este comentario de Roth sobre las adaptaciones:

-Usted no escondió jamás su desapego respecto de las adaptaciones cinematográficas de sus libros...
-No es un secreto que no soy un entusiasta de aquello que hicieron con mis novelas. Sin embargo, quiero ser claro: sostengo que el cine es una forma de arte no inferior a la literatura, y pienso que existen películas buenas y malas, como las buenas y malas novelas. Por ejemplo, hace poco vi L'heure d'etè de Oliver Assayas que me pareció muy bella.

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Padres

9.14.2009
Padres e hijos. Fuente: bbtmagazine

Hace algunos meses escribí este texto para "Babelia". Sin embargo, múltiples razones -entre viajes, mudanzas y una breve enfermedad- que también me alejaron del blog, no me permitieron enviarle el texto al suplemento español. Hace unas semanas, finalmente, lo envié y este sábado 12 de setiembre apareció en la sección "Crónicas de América Latina". Las cosas, felizmente, han mejorado un poco desde entonces: Mi padre ya no está en el hospital, sino en casa. Aunque sigue la recuperación y está visiblemente debilitado, ya no está postrado en la cama y al parecer se rehabilita más rápido de lo que pensábamos durante los meses de temor que estuvo en el Hospital. Sin embargo, los sentimientos por mi padre y por mis "padres" literarios no han cambiado y por eso el texto mantiene su vigencia. Se los dejo aquí:

PADRES

Mi padre está internado. Duerme. Ha tenido una isquemia cerebral y luego le han detectado un cáncer al colon que tuvieron que operar dos veces. Está internado en el Hospital del Empleado porque eso es lo que ha sido toda su vida, un empleado. Durante el evento Bogotá 39 nos preguntaron frecuentemente sobre nuestra relación con los autores del boom narrativo, nuestros padres literarios. Lo que opino de ellos es lo mismo que opino sobre mi padre: los admiro aunque sostuvieron ideas, escribieron libros y tuvieron preocupaciones que no comparto y que siento completamente ajenas e incluso envejecidas. Veo a mi padre vulnerable en esa cama de hospital y pienso en su vida. Y ahora que soy también padre no puedo dejar de pensar en lo complicado que debe haber sido para él, como ahora para mí, no sólo pagar cuentas sino compartir conmigo el amor, la educación, la enseñanza, el tiempo libre. Pienso en lo complicado que debe haber sido, también, escritor latinoamericano en una época en que ese artefacto no existía en el mundo. Mi padre me dejó una enseñanza de perseverancia; mis padres literarios también. ¿Qué me ha heredado mi padre? ¿Qué he heredado de los autores del boom? No un camino para transitar ni una alta vara de excelencia que debe ser superada, como podrían pensar algunos, sino la evidencia de que los compromisos se deben asumir, las batallas se deben pelear y que nada es fácil nunca, para nadie, en ninguna época, en ninguna parte. Antes de la enfermedad de mi padre, por coincidencia -aunque las coincidencias no existen- estuve leyendo libros sobre padres e hijos. El de Martin Amis y su padre, el de Philip Roth y su padre, el de Hanif Kureishi y su padre. También leí hace poco, por segunda vez, El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. A diferencia de los libros de Amis, de Kureishi o de Roth, en el de Abad no parece haber un arreglo de cuentas sino, al contrario, rendida admiración por aquel padre que le enseñó que la felicidad y el amor son no sólo ingredientes para una receta familiar sino una medicina social y preventiva contra la violencia. Sin embargo, incluso en ese relato tan entrañable de amor filial ocurre el parricidio inevitable: el hijo debe esperar la muerte del padre para entrar en su propia vida. Antes del asesinato del padre, el narrador se presenta como un joven fallido, incapaz de domesticar la velocidad de un auto o su propia vida de padre joven sin trabajo. Luego de la muerte y del exilio, el retorno a Colombia lo convierte en el escritor extraordinario que ahora es y que su padre supo prever.

El cuento más hermoso, más justo, que he leído sobre la relación padres e hijos es uno de Julio Ramón Ribeyro llamado Las botellas y los hombres. En él, un padre que abandonó a su hijo de pequeño va a buscarlo a su trabajo cuando éste es mayor. El hijo es ahora un joven casi adulto, dedicado a enseñar tenis en un club donde empezó como recogedor de pelotas extraviadas. A pesar de que aún guarda rencor por el padre ausente, y siente asco y lástima por las fachas de alcohólico y vagabundo del padre, decide invitarlo a beber unas copas con sus amigos y luego prestarle un poco de dinero. ¿Por qué lo llevó a ese bar? Quizá tenía la secreta intención de ver cómo su padre lo admiraba y lo necesitaba. Quizá sólo quería recuperar a su padre. Sin embargo, el hombre menoscabado que se le acercó tras las rejas del club una vez dentro del bar y movido por el alcohol asume su verdadera personalidad, aquella que la alejó de su familia. Ahora es un hombre agresivo, ingenioso, parlanchín, seguro de sí mismo, machista. Y en el colmo de su cinismo, olvidando que está siendo invitado por aquel hijo educado por la mujer que él abandonó, se atrevió incluso a ofender a la madre del muchacho. Eso colmó el vaso y los resentimientos salieron a flote. Luego de una discusión, decidieron terminar la pelea a golpes. Los dos caminan hacia un callejón detrás del bar, en silencio. Se internan en la oscuridad, se distancian, se quitan los sacos y muestran los puños. Ahí tenemos la imagen simbólica fotografiada: padre e hijo a punto de representar con los puños aquella pelea antiquísima, la pelea tribal por el poder. Sin embargo, el padre está tan borracho que ante el primer golpe tropieza y cae. No se levanta más. El hijo entonces hace algo admirable por su complejidad, por su dramatismo, por su capacidad de resumirlo todo en un gesto: al ver a su padre vencido finalmente, se saca un anillo de rubí y se lo pone en el dedo. Y para evitar que se lo roben, para cuidar la joya y cuidar a su padre, le da vuelta a la piedra.

Mi padre ha despertado, me mira con ojos húmedos e intenta hablar. Es el dolor de la enfermedad y, al mismo tiempo, está conmovido de verme al pie de su cama. Ambos sabemos que hemos peleado nuestras batallas muchas veces en aquel callejón oscuro y muchas veces ha sido él quien ha debido levantarme, aunque también he tenido mis triunfos. Discutir con mi padre o leer a los autores del boom con el rabillo del ojo, da lo mismo, son cosas normales, cosas de botellas y hombres diría Ribeyro. Pero ahora es diferente. Mi padre respira agitado, tiene miedo de morir. Entiende que ahora soy yo el que lo cuida, como antes era él quien velaba mi sueño de niño enfermizo. Los dos lo hemos comprendido. Sonríe y le sonrío. Es como dar vuelta a un anillo para esconder un rubí. O como leer a los 40 años una novela de Vargas Llosa, de Carlos Fuentes, de García Márquez o de Julio Cortázar con una nueva mirada. La mirada de la distancia, pero también del agradecimiento.

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Entrevista a Roth

6.23.2009
Philip Roth despeinado. Fuente: clarin

En el suplemento Ñ apareció el fin de semana una entrevista con Philip Roth, quien se encuentra en el West side de Manhattan acompañando a su hermano enfermo (¿saldrá de esta experiencia otro libro tremendo como Patrimonio?). Entre otras cosas, me enteré de que se divorció de su segunda esposa -la actriz Claire Bloom- por culpa del manuscrito de su novela aparecida en 1990, Decepción (que no he leído, maldita sea, qué curiosidad chismosa) donde, al parecer, retrata su matrimonio sin entusiasmo como se deduce del título. También me entero de que a Larry David -creador de Seinfeld y de curb your enthusiasm- lo llaman "el Roth de las sitcoms". Vaya. Por cierto, en la entrevista Roth aclara que no ve a ese "tal Larry". Me imagino que eso podría ser un buen capítulo de curb your enthusiasm. Dejo aquí algunas de las preguntas:


En un marco que consagra la juventud más allá de lo real y razonable. ¿Siente que la vejez es una frontera, un tabú?
No creo que sea un tabú, cada quien la maneja según sus dones, como se maneja la vida. Lo que piense la sociedad en general a mí no me importa... La suerte fue que después de los 70, dejé de pensar en ella como un problema y la tomé como tema para la literatura.

En los libros desde mediados de los '90 en adelante, los desenlaces suelen ser provisorios, incluso los que llegan al promediar el libro, mediante las diversas ambigüedades propias de la realidad: hay diálogos imaginarios, conjeturas e hipótesis que e dan por buenas; sueños, fantasías, imposturas... Ficciones multiplicada en espejo.
Pero eso es la invención. Yo nunca me trazo un argumento de principio a fin, me dejo llevar por el envión, me sumerjo. No podría decirle por dónde comienzo; si lo supiera no seguiría siendo tan difícil. ¡Cada vez empiezo de cero! Tengo una noción de cierto personaje en una situación complicada. Cada narración surge de un personaje en una situación inédita para la que no está preparado. La clave al escribir es encontrar, sin un plan, por puro instinto –y éste es el don– el personaje adecuado a cada predicamento. En Pastoral americana , el sueco Levov debe enfrentarse con la noticia de que su dulce hijita se convirtió en una terrorista urbana: él no está preparado para lo que significarán los años '60 en los Estados Unidos. Ningún ser humano está preparado para lo que debe enfrentar en su vida.

Uno de los fragmentos sobresalientes es cuando la amiguita de la hija terrorista acosa a Levov. Y lo que prevalece es la vulgaridad como violencia suprema.
Coquetear a un hombre mayor es la mejor manera de humillarlo. Y cuanto más vulgar, más violento, sí, injurioso. Esa joven es la encarnación del diablo de esos años pero no es una criatura de mi invención sino de esa época. Había cientos de chicas así. De hecho, era el primer momento en la historia de la humanidad en que las mujeres se involucraban en política y no con pancartas. Es la erupción volcánica que precede el movimiento feminista. Y además, la sexualidad siempre entraba en juego.

En sus libros desmiente la identidad, aunque se teorice mucho sobre las narices...
Los judíos han sido grandes inventores;de hecho inventaron el mito de la nariz judía hasta creérselo, cuando está el mundo lleno de grandes narices italianas, griegas y egipcias. Ya lo ve; después de su calvario en el siglo XX los judíos siguen fabricando buenas narices... Yo tengo una nariz de gentil si la compara con las narices mayores de la estirpe. ¿Sería judío el que inventó la rinoplastía? Yo me hice hombre en la época de las rinoplastías pioneras, y aunque hoy se ven trabajos asombrosos, las narices de quirófano brillan a los costados.

La actriz judía de 'Me casé con un comunista' se odia a sí misma por serlo. Ese es el judío que ridiculiza Larry David.
¡Ah, los judíos que se odian a sí mismos son los mejores! Es un chiste. No me gustan las etiquetas; puedo decirle que escribo para romper etiquetas. Un buen libro es una caja con estereotipos rotos. El estereotipoes un corsé de metal, es ignorancia. Y le aclaro que no miro a ese tal Larry. Por tevé sólo veo partidos de béisbol.


¿Cree que sigue siendo un país puritano? ¿Cómo conviven la pornografía con el caso Mónica Lewinsky, que por poco lleva a Clinton al juicio político?

Lewinsky fue un rebrote masivo de prensa amarilla. Se debió al uso que los medios dieron al escándalo. El puritanismo acabó en los EE.UU. en el siglo XVIII, es un mito sobre este país donde el entretenimiento más extendido es la pornografía. Usted va a un hotel en Chicagoy si quiere, ve 27 películas porno en una noche. Si busca online "asiáticas calentonas", se puede pasar el resto de su vida abriendo páginas. La mitad de los matrimonios termina en divorcio por adulterio. Lo que sí teníamos en los '50 era un poderoso convencionalismo de clase media. Y sin embargo,era un país de grandes bebedores. ¿Sabe cuál es el movimiento social más importante de los EE.UU.? Alcohólicos Anónimos. La corrupción ha sido grave históricamente; piense en el negocio de los esclavos y en la conquista del Oeste. EE.UU. no se hizo con salmos sino matando indios. Entre la corrupción histórica, el capitalismo y las finanzas hay un hilo conductor. ¡Ahí tiene al financista Madoff ! Un judío que no le hizo nada bien al pueblo judío...


Qué modo de celebrar sus raíces, estafar a su colectividad...

La libertad produce exceso, arte y corrupción. Así es la bestia americana. Es un país que, por su dimensión misma, resulta diabólico.

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Malas madres literarias

5.10.2009
Regalo del día de la madre. A quien le calce. Fuente: flickr.

Como una extraña y antipática manera de celebrar el Día de las Madres, BookFinder Journal ha elaborado la lista de las 10 peores madres de la literatura universal. Antipática y extraña es también mi decisión de publicar esa lista en Moleskine Literario. Pero no se crean que soy tan descreído. Hoy, que la madre de mi hijo está desayunando con él y mi madre está acompañando a mi padre en el hospital, yo, en mi casa, abro el libro El libro de mi madre de Albert Cohen y leo. Un enorme abrazo a todas. Aquí la lista en orden descendente:
10. Jeanettes Mother from Oranges Are Not the Only Fruit by Jeanette Winterson
The main character is a young girl named Jeanette, who is adopted into a fundamentalist religious community. As Jeanette grows up she discovers that she is a lesbian and finds love and happiness with another local girl. When her psychotic mother finds out she publicly condemns the girl in front of their church/town and proceeds to tie the girl down and attempt two lengthy exorcisms, one via a 14 hour beating and another 36 hours locked in a parlor without food.

9. Sarah from Little Children by Tom Perrotta
Sarah joins the ranks of the litany of literary mothers who neglect their children to focus the self gratification of an affair. While defiantly not the only woman in literature to commit this motherly sin she is getting singled out, I can only have ten on the list.

8. Gertrude from Hamlet by Shakespeare
The fact that she marries her brother in law, who killed her husband, is proof that she`s nuts but what really makes Gertrude a certifiable psycho is that despite all the adultery and killing she tries a little too hard to show compassion to Hamlet giving the kid a serious Oedipus complex.

7. Jocasta from Oedipus the King by Sophocles
Speaking of Oedipus... Everyone in this story is too stupid and selfish for words and Jocasta is no exception. Too proud to kill her child to protect her kingdom, too stupid to not sleep with someone who is half her age when the gods have proclaimed she will commit incest, and soulless enough not to track down who killed her husband; she and the rest of her family are the perfect pawns to entertain the Greek gods.

6. Sophie Portnoy from Portnoy`s Complaint by Philip Roth
Alexander Portnoy is a deranged neurotic mess who, unable to enjoy sex, continues to seek release with more bizarre and deviant acts. To Find the root of Alexander`s issues one doesn’t have to look to far beyond his smothering, flirting, fussing mother who wouldn’t even let him use the bathroom without overseeing what he had accomplished.

5. The mother/stepmother in Hansel and Gretel by Brothers Grimm
She convinces her woodcutter husband to leave their kids out in the forest to die. The children display intelligence and cunning to make it back to the house when the woman gets her husband to trudge them off even deeper into the forest. Child labor would even have been a more motherly option, I mean it was practically fashionable in the 19th century. Abandonment = bad mothering, at least she snuffs it in the end.

4. Norma Bates from Psycho by Robert Bloch
While most of her emotional abuse and tirades about the evils of women and sex go on behind the scenes in this novel, the emotionally crippled murderous fruits of her labor take center stage. Norma Bates defines the role of the psychotic mother in fiction

3. Margaret White from Carrie by Stephen King
Mother of Carrie White, Margaret was religious fanatic who believed nearly everything was sin and became physically and emotionally abusive to her daughter in an effort to get her to conform to her devout lifestyle, usually by locking her in a closet until she prayed for forgiveness. That kind of mother would send anyone into a telekinetic fury.

2. Petal from The Shipping News by E. Annie Proulx
She leaves her husband shortly after his parents commit suicide and runs off with her lover, but not before selling her daughters to a black market adoption agency... her only redeeming quality is that she gets killed off in a car crash so early in the book.

1. Corinne Dollanganger from Flowers in the Attic by V.C. Andrews
After Marrying her father’s half-brother Corinne Dollanganger is widowed, and forced to return to her astringed family home with her four children. Her mother agrees to her moving back on the condition that Corinne hides the (illegitimate) children from Malcolm, her husband and Corinne’s father, until he dies. Instead of working it out on her own she stuffs the children into an attic for years where they are generally ignored and become malnourished, delusional, incestuous and develop every social abnormality in the book. Oh yeah she also tries to kill them off.

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Novelas y crisis económica

4.16.2009
American Psycho, más interesante como crítica social. Fuente: papercuts


En el blog Paper Cuts, Jennifer Schuessler comenta un artículo del crítico social Walter Benn Michaels titulado "Going Boom" en el que busca establecer las relaciones entre el crack (o el boom) económico y la novela. Para Michaels, la novela American Psycho de Bret Easton Ellis es más interesante de comentar desde esa perspectiva, antes que Beloved de Toni Morrison (elegida como la mejor obra narrativa de los últimos 25 años en el Book Review) o Plot Against America de Philip Roth. Así lo resume Schuessler:

“For a great many Americans,” Michaels declares, “the boom has been the problem, not the crash.” Well, thank God that’s over. To me, that sounds like something only a guy with lifetime tenure could say. And I’d be surprised if anyone on the unemployment line is raging against the outsized bonuses collected by the scouts for Oprah’s Book Club. But Michaels’s other big claim — that Bret Easton Ellis’s “American Psycho” is a more important novel than “Beloved,” Philip Roth’s “Plot Against America” or any other “historicist work” — is more interesting to contemplate. While Morrison and Roth were “pandering” to “the upper middle class’s sense of its virtue,” Ellis was “problematizing” it, Michaels writes. “You get a better sense of the actual structure of American society from any of Ellis’s famous descriptions of what people are wearing (‘a suit by Lubiam, a great-looking striped spread-collar cotton shirt from Burberry, a silk tie by Resikeio and a belt from Ralph Lauren’) than you do from all the accounts of people reclaiming, refusing, or repurposing their cultural identities.”

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McCrum sobre Roth

4.07.2009
Philip Roth. Fuente: Sara Kulwrich/ ñ

Robert McCrum ha publicado en The Observer, y ha sido traducido y reproducido por Revista Ñ, un artículo extenso sobre Philip Roth, una entrevista extensa que es en realidad un recorrido sobre su vida y su obra. Imposible que dejen de leerlo, amigos moleskineros, fieles fanáticos de Philip (Juan Manuel de Prada, por favor, abstenerse). Yo dejo aquí las últimas líneas, dedicadas a Indignación, la novela que recién leeré el 16 de mayo.

Al entrar al mundo de Roth, uno ingresa en una sala de espejos. Su crítica preferida, Hermione Lee, lo explica así: "Vidas en historias, historias en vidas: ese es el nombre del doble juego de Roth". Las travesuras, si eso es lo que son, no terminan allí. La artificiosa "autobiografía de un novelista" escrita por Roth, Los hechos, comienza con una carta a Nathan Zuckerman, su más famoso alter ego, en la que pide su veredicto sobre el libro, y termina con la "respuesta" de Zuckerman: "Estimado Roth, he leído el manuscrito dos veces. Aquí tiene la sinceridad que me pidió: No lo publique". A Roth le molesta que le pregunten sobre sus muchos alter egos. Habla con desdén de los críticos que quedan entrampados en el alambre de púas de la tierra de nadie rothiana: "¿Soy Roth o Zuckerman? Escribo ficción y me dicen que es autobiografía; escribo autobiografía y me dicen que es ficción. Así que, como soy tan obtuso y ellos tan vivos, que decidan qué es o no es". Lo que un crítico diga ahora no hará mella en Roth. No se molesta en leer reseñas. "Trato de leer tan pocas como puedo. No es muy gratificante, salvo en muy pocos casos, y depende de quién la haya escrito." Novela corta o cuento largo, Indignación contiene material reciclado de libros anteriores. Pero, si bien hay indicios de cierta disminución de sus aptitudes, también hay un nuevo foco de atención: un yo que reconoce la cercanía del fin y otro que mira hacia el comienzo. Además de reflexionar sobre la mortalidad, Indignación habla de la llegada de un joven a la mayoría de edad. ¿No se sintió tentado, pregunto, de escribir una comedia para alejar las frías sombras de la mortalidad? "Me encantaría hacerlo, pero... creo que ya no sé cómo ser cómico."Indignación refuta esta afirmación. Hay un episodio cómico en el centro de la narración en que la novia de Marcus Messner le practica sexo oral. "Lo que quería hacer en este libro," explica, "es pintar costumbres sexuales que han desaparecido a través de este pequeño incidente". Cuando Roth publicó El animal moribundo (2001), le pregunté sobre su siguiente libro y contestó: "Espero que me lleve el resto de la vida. Ya no soporto empezar de cero". Pero la experiencia de la vida real contradice las imaginativas esperanzas del escritor. Acaba de terminar otro libro sobre otro tipo de muerte, un suicidio. Insiste en que este "no tiene valor terapéutico. Sólo me resulta un tema interesante. Quería ver si podía llevar a un personaje hasta el punto en que... Estoy tratando de volver loco a alguien," resume cortante. La cinta se termina. Se acabó el tiempo. Caminamos bajo una cúpula de viejos robles hacia el estudio de Roth. El interior es espartano. Hay dos escritorios –uno para escribir y otro para "los asuntos comerciales"–, una radio y un atril, donde Roth, que tiene problemas de columna, trabaja de pie. Cuando concluye nuestra recorrida, me firma un ejemplar de Indignación y nos despedimos. El hombre viejo y gris camina lentamente bajo los árboles hacia su estudio para su inevitable cita con su mesa de trabajo, un escritor feliz de estar solo con sus muchos yos, agotada toda pasión.

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Juan Manuel de Prada no la ve

3.26.2009
Philip, perdónalos porque no saben lo que escriben. Fuente: nytimes

Empiezo a leer la reseña de Indignación, la novela de Philip Roth, que ha escrito Juan Manuel de Prada en el ABCD las letras:

Anda muy atareado Philip Roth (Newark, New Jersey, 1933) en los últimos años, propinándonos una serie de novelas febles en las que rememora pasajes de su biografía poco o nada tamizados por el cedazo de la imaginación; y supongo que, a poco que persevere en su frenesí grafómano, acabará rebañando el Premio Nobel. En Indignación, Roth nos narra las vicisitudes universitarias de un joven judío, Marcus Messner, hijo de un carnicero kosher obsesionado por protegerlo de influencias perniciosas y de evitarle el reclutamiento para la guerra de Corea. Marcus es un «rebelde sin causa»; pero no al estilo desorientado y conflictivo que ha popularizado la película de Nicholas Ray, sino al estilo infatuado y carente de empatía que suele ser signo distintivo en los personajes de Roth.

Y entonces es suficiente. Dejo de leer la reseña sin necesidad de llegar más lejos. ¿Qué puede hacerse ante alguien que no entiende un comino a un escritor notable como Roth? ¿Y encima con una prosa tan inflada y de pésimo gusto: "novelas febles" "cedazo de la imaginación" "frenesí gráfómano"? ¿Qué hacer? No indignarse. Perdonarlo, quizá, solamente perdonarlo.

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Roth reseñado

3.24.2009
Philip Roth. Fuente: electricity and lust

Indignación, la novela de Philiph Roth traducida por Mondadori que empezaré a leer recién el 16 de mayo (confirmado) tiene como trasfondo la guerra de Corea y tiene a un joven judío de 18 años, Marcus Messner, como protagonista. Luego de varias novelas, finalmente Roth abandona el tema de la vejez y los temores no a la muerte sino a la destrucción física, y se entrega a una novela sobre el poder y la indignación. Jose María Gulbenzu la ha reseñado para Babelia y la califica de "soberbia" y a su obra en conjunto "monumento literario del siglo XX". No puedo estar más de acuerdo ¿Para cuándo el Premio Nobel? Si no se lo quieren dar a Vargas Llosa, por lo menos que dignifiquen ese premio dándoselo a Roth:

Los personajes quedan soberbiamente construidos con un mínimo de elementos. Cada uno -excepto el joven Marcus- muestra de sí mismo la cara que necesita el autor, pero esa cara la llena por completo su propia actuación. Son personajes funcionales que adquieren la categoría de complejos, lo cual es una hazaña no infrecuente en Roth, pero aquí extraordinariamente depurada. El papel que les atribuye es el de rodear el nacimiento de la indignación dentro del desarrollo de la personalidad de Marcus Messner, y a fe que lo consigue. Son, además, dentro de una única cara, ambivalentes, por eso insisto en la cualidad de hazaña literaria. La madre que visita a su hijo en el hospital, convaleciente de una apendicitis que todos sospechamos que se le ha disparado tras la conversación con el decano, introduce entre las emociones quizá calculadas un pacto sospechosamente parecido a un chantaje. La muchacha de la que se enamora está escondiendo, además de ciertos actos, una historia muy dura, sólo apuntada, pero trazada con unas pocas e impagables pinceladas que son un modelo de empleo de la sugerencia. La progresiva locura del padre tiene un desarrollo lleno de matices que se apoya sólo en dos momentos de exposición desarrollados con una lucidez impecable. El decano Caudwell, en fin, doblado al final por el presidente de la universidad en un acto público donde se resume todo el hervor de la novela, está construido sobre un miserable camaleonismo que contiene a la vez la untuosidad, la comprensión, el paternalismo y el anatema; y el modo en que muestra al lector el paso de un liberalismo de fachada al juicio preconcebido merece estar a la altura literaria de los ejercicios espirituales que recibe el joven Stephen Dedalus en el Retrato del artista adolescente de Joyce. En suma: ciento setenta y tantas páginas le bastan a este sabio y consumado escritor para expresar el sentido de su cívica indignación moral dentro de una historia que concluye dramáticamente con un muchacho que ha luchado por su libertad personal y moral para acabar acribillado a bayonetazos en una trinchera en Corea y fundirse en la nada. La obra narrativa que viene escribiendo Roth desde El teatro de Sabbath en 1995 es, con alguna excepción menor, uno de los monumentos literarios más grandes que se han levantado en los Estados Unidos desde la segunda mitad del siglo XX.

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Kureishi en España

3.20.2009
Hanif Kureishi. Foto: daily dose of imaginery

En mayo, mi querido amigo y chasqui llegadito desde Burdeos -con una parada un día en Madrid- Ricardo Sumalavia, traerá en su maleta de mano tres libritos para mí: la novela breve de Julia Leigh, la esperada y ansiada novela de Philip Roth y Algo que contarte, la última novela de Hanif Kureishi traducida por Anagrama. Ayer presentaron justo esta novela en Barcelona y la revista Ñ comenta lo que dijo Kureishi:

Junto al editor de Anagrama, Jorge Herralde, y a la editora de Empúries, Eugènia Broggi, Kureishi ha defendido con vehemencia la pervivencia de la novela y ha reflexionado sobre el proceso de escritura."Cuando termino una obra me pregunto si he aprendido alguna cosa nueva y veo que ahora sé escribir libros, pero también veo que cada vez sé menos. En eso radica la sabiduría, eso es hacerse mayor: ver que sabes poquísimo y que entiendes menos". En esta novela tiene su importancia el psicoanálisis y Kureishi ha querido ahondar hoy en ello, aseverando que el gran tema de la época actual "no es tanto la locura, sino qué es ser normal". A su juicio, un concepto como normalidad "es algo que coacciona, porque se utiliza para estigmatizar a los que no lo son y eso que todos, de una manera u otra, sufrimos algún trastorno, desde una depresión, un desorden sexual, una fobia o una paranoia, empezando por mí mismo".El autor londinense ofrece, por otra parte, una mirada cómica a algunos aspectos de la vida de cada día, de la que dice absorberlo todo.

Como muchos saben, cada vez que Kureishi publica un libro, su hermana aparece mandando cartas a todos los medios para acusarlo de usar la historia familiar para su beneficio, además de ridiculizar a la familia. Este libro no fue una excepción. Kureishi reconoce que hay algo autobiográfico en la novela que muchos consideran la más ambiciosa del genial autor de Intimidad:

Asimismo, ha reconocido que hay retazos de su biografía en este relato, como el viaje que hace a Pakistán el protagonista y que éste escribe textos pornográficos, "lo que yo también hice durante un tiempo, en los años setenta". Respecto a la posibilidad de levantar ampollas entre su familia y conocidos sobre alguna de las historias que cuenta, sostiene Kureishi que escribir "es siempre peligroso, porque es un oficio que molesta y causa disturbios" y ha agregado que "con esta novela espero, igual que con otras, haber molestado e irritado a alguien, si no habré fracasado".

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Lo nuevo de Roth en España

3.13.2009
Reseña de la última novela de Roth en Village Voice. Fuente: village voice

La nueva novela de Philip Roth, Indignación, ya ha sido publicada en España por el sello Mondadori. ¿Cuánto tendré que esperar para leerla? ¿Dos, tres semanas? ¿Más? ¿Alguien viene de allá para acá? Tragedias cotidianas de un lector compulsivo peruano en el Perú (perdonen la tristeza). En El Cultural adelantan el argumento:

(...) la historia de Marcus, un joven universitario de diecinueve años que ha puesto más de 800 kilómetros de distancia entre él y un padre hiperprotector que no le deja respirar, angustiado por la posibilidad de que las malas compañías puedan pervertirle. Sin mucho éxito. Porque Marcus, un universitario sin amigos ni apenas experiencia amorosa en los Estados Unidos de los años 50, está muerto.

Cuando apareció e EEUU, el Village Voice publicó una reseña en comic de la novela. Desde entonces la espero. En realidad, desde antes de que Roth la escribiera, para qué mentir. En El Cultural además pueden leer un fragmento de la novela. Tendré que contentarme con eso por ahora. ¿Es justo?

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