Tumba de Jorge Luis Borges en Ginebra. Fuente: borges-iowa Visitar los cementerios y averiguar dónde quedan las tumbas de los escritores notables, he ahí un pasatiempo que me gustaría tener. Lo he hecho algunas veces, aunque no tantas como quisiera (o como hubiera podido). Cees Noteboom, en cambio, ha hecho de ese pasatiempo una constancia y gracias a ello
ha publicado un texto, traducido por Siruela como Tumbas de poetas y pensadores, en el que combina la prosa precisa y la poderosa capacidad de reflexión que le conocemos con fotografás de tumbas tomadas por Simone Sassen, su esposa. También pueden ver
algunos fragmentos como anticipo en"El Cultural".
Dice la nota: "Recorre el autor un amplísimo muestrario de sepulturas -nada menos ochenta y tres- de todas las épocas y de todas las culturas, suntuosas y modestas, adecuadas a quienes fueron encumbrados en vida por la fama y el fervor del público, pero también las de quienes tan solo fueron rescatados en la posteridad. Entre ellas, las de algunos autores de nuestra lengua, como Miguel de Cervantes, Jorge Luis Borges, Antonio Machado, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Pablo Neruda y César Vallejo. Tumbas de la antigüedad grecorromana, como la de Virgilio; medievales, como la de Dante; de herejes, como el gran filósofo judío asesinado Baruch de Spinoza; de fundadores de la modernidad como Goethe; de poetas y escritores locos o malditos como Hölderlin, Baudelaire, Wilde, Pound o Celan; de autores fundamentales como Leopardi, Stevenson, Melville, Flaubert, Proust, Kafka, Valéry, Eliot, Joyce. Yeats, Graves (amante de España sepultado en Mallorca , de quien mañana se cumple el aniversario de su muerte), Beckett, Mann y hasta algún que otro pintor, como Marcel Duchamp.
«He titulado este libro Tumbas -confiesa Nooteboom- quizá por el alegre sonido que tiene esta palabra en español... Tanto si asalta el cielo bajo la forma de una pirámide, como si queda modestamente en el suelo, en una pequeña colina, una mínima elevación que surgió porque en la tierra había que hacer sitio para un muerto, en el gran libro de símbolos cada tumba es una susurrada repetición de las montañas sagradas, en las cuales la vida misma tenía su sitio».
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