MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Juan Manuel de Prada no la ve

3.26.2009
Philip, perdónalos porque no saben lo que escriben. Fuente: nytimes

Empiezo a leer la reseña de Indignación, la novela de Philip Roth, que ha escrito Juan Manuel de Prada en el ABCD las letras:

Anda muy atareado Philip Roth (Newark, New Jersey, 1933) en los últimos años, propinándonos una serie de novelas febles en las que rememora pasajes de su biografía poco o nada tamizados por el cedazo de la imaginación; y supongo que, a poco que persevere en su frenesí grafómano, acabará rebañando el Premio Nobel. En Indignación, Roth nos narra las vicisitudes universitarias de un joven judío, Marcus Messner, hijo de un carnicero kosher obsesionado por protegerlo de influencias perniciosas y de evitarle el reclutamiento para la guerra de Corea. Marcus es un «rebelde sin causa»; pero no al estilo desorientado y conflictivo que ha popularizado la película de Nicholas Ray, sino al estilo infatuado y carente de empatía que suele ser signo distintivo en los personajes de Roth.

Y entonces es suficiente. Dejo de leer la reseña sin necesidad de llegar más lejos. ¿Qué puede hacerse ante alguien que no entiende un comino a un escritor notable como Roth? ¿Y encima con una prosa tan inflada y de pésimo gusto: "novelas febles" "cedazo de la imaginación" "frenesí gráfómano"? ¿Qué hacer? No indignarse. Perdonarlo, quizá, solamente perdonarlo.

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AM Homes autobiográfica

1.07.2009
A.M. Homes. Fuente: un apéndice del ocio

Juan Manuel de Prada no es, como reseñista, uno de mis favoritos. Al contrario, normalmente me disgustan mucho sus críticas, casi tanto como sus últimas novelas (¿alguna vez volverá el autor de El silencio del patinador?) Pero ahora veo una reseña suya a la última obra de AM Homes publicada por Anagrama, La hija de la amante, que empecé a leer hoy por coincidencia, y no puedo menos que estar de acuerdo y entusiasmado por este párrafo:

No nos hallamos, como avanzábamos más arriba, ante una novela, ni siquiera en su variante de "autoficción" (tan en boga hoy), sino ante una confesión descarnada. Recién alcanzada la treintena, los padres de la autora le revelan que, en realidad, es una hija adoptada, y que su madre biológica, Ellen, desea conocerla. La conciencia de la escritora se convierte desde ese momento en un nido de víboras: por un lado, el deseo de restablecer su identidad la impulsa a entablar contacto con Ellen; por otro, algo parecido al rencor -tal vez tan sólo un dolor sin consuelo- le impide aceptar el acercamiento de esa madre "sobrevenida", que no tardará en convertirse en algo similar al asedio. La primera parte del libro es, sin duda, la más lúcida y terrible, la más cuajada literariamente también. Homes renuncia a los alardes retóricos, en un ejercicio de despojamiento que soslaya la búsqueda de una identificación emocional con el lector

Sigo leyendo con más ganas...

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William Maxwell revisado

11.04.2007
Carátula del libro. Fuente: librosdelasteroide

La publicación en España, gracias a ediciones Libros del Asteroide, de la novela de William Maxwell La hoja plegada ha originado dos reseñas curiosas. En una de ellas, en el suplemento ABCD las letras, Juan Manuel De Prada admite que la historia de amistad entres estos dos jóvenes admite una clave homosexual. Y aunque De Prada dice que se trataría, en todo caso, de "la lectura más ramplona", el título de la reseña ("Amor de hombres") indica sin sutileza hacia dónde apuntan los tiros del reseñador. En el diario "Babelia", en cambio, José María Guelbenzu escribe la crítica sin mencionar la interpretación homosexual.

Dice Guelbenzu: " Es cierto que, a estas alturas, un tema como el que nos ocupa [el nacimiento de la amistad de dos jóvenes] ha sido tratado una y mil veces y el tema como tal no debería sorprendernos. Es cierto: no nos sorprende, nos embebe. Nos embebe porque lo que le dota de consistencia e incluso de pátina es la escritura de Maxwell. Maxwell es un maestro de la ternura; no del ternurismo, sino de la ternura; el maestro editor de tantos grandes escritores norteamericanos no podía caer en lo fácil, en lo sensiblero y, mucho menos, en el tópico. La ternura es, en Maxwell, un don expresivo y un poder de convicción al que ningún lector será inmune; pero, al mismo tiempo, el efecto casi mágico del autor es conseguir que aquélla no prescinda ni por un segundo de la lucidez. Ternura y lucidez forman un equipo imbatible en manos de William Maxwell: así va desgranando estas historias cuya fuerza es su poder de convicción. La mera presentación de los chicos en los dos primeros capítulos es bien significativa de la naturalidad con que retrata y liga a los personajes. El enfoque y la mitrada son altamente creativos e imaginativos. La eficiente selección de momentos y detalles que definen el enfoque es lo que abre paso a la singularidad de la mirada. Es una mirada, también, encantadora en lo que tiene de tranquila, de fluyente: los movimientos dramáticos nunca son bruscos ni violentos: simplemente están ahí y el propio estar determina su peso específico dentro del relato, lo cual es un mérito notable porque produce la sensación de que nada falta ni sobra. Además, coloca las escenas importantes protegiéndolas y distanciando unas de otras con descripciones de vida y entorno, costumbres, modos, gentes... que producen un excelente efecto de integración en el curso de la narración. Algo tampoco fácil, acostumbrados al exceso y a lo superfluo".

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Juan Manuel de Prada

8.05.2007
Carátula de la nueva novela de De Prada. Fuente: estantesllenos

Me había jurado no leer más otro libro de Juan Manuel de Prada. Cada uno que leía suyo iba decepcionándome más y más hasta terminar sin concluír la lectura del último, La vida invisible, pese al interés que me despertó su contratapa. Sin embargo, heme aquí esperando que mi querido Sergio se anime a traer a Lima El séptimo vela, la novela de Juan Manuel de Prada que ganó el último Seix Barral. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para decepcionarme de nuevo? ¿O para reencontrarme con el autor de El silencio del patinador? Aquí una reseña extraña al libro publicada en "Radar Libros", que empieza describiendo al autor con cierto resquemor natural por sus convicciones políticas de ultra-derecha y termina, tengo la impresión, convencido de que valió la pena la lectura.

La reseña dice: "Precisamente, tal vez con esta novela Prada logre conquistar, después de cierta indiferencia, a nuestro país, aunque lo hace de una manera poco convencional: sacando de la galera el asilo que Perón dio a varios nazis en nuestro país y convirtiéndose, tal vez, en la primera novela extranjera en hablar del colapso económico, político y social del 2001. Es que, como sucedió con las ideologías y países partícipes de la guerra, los personajes de esta novela –y, por cierto, el autor mismo– están llenos de doble fondo, trucos de magia, amores y traiciones. Lo más notable no es que quien emprende una apología tan nietzscheana del olvido y un escepticismo tan posmo frente a la idea de los héroes sea justamente Juan Manuel de Prada. Lo más notable es el resultado que provoca: podría haber sido escrito en menos páginas, claro que sí, pero esas páginas le sientan bien a la atmósfera en la que el velo del libro finalmente cae."

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