MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

El machismo ya fue

1.14.2010
mapa sexual literario norteamericano, antes y después. Ilustración: Paula Scher. NYT

El último post de "En Minúscula" anunciaba un delicioso artículo en Sunday Book Review de NYT de Katie Roiphe sobre el "sexo tímido" de las últimas generaciones de escritores norteamericanos, a diferencia de esos portentosos machos falocéntricos (y mujeres multiorgásmicas y poetas eróticas que llenan de vulvas sus cuentos, hay que decirlo) de los años 60 y 70. Chau Henry Miller. Chau Mailer. Chau Bukowski, por dios. Ahora, la inocencia es lo que pone. ¿Qué está pasando, sexualmente, en la literatura norteamericana? ¿Y sucede lo mismo en la literatura latinoamericana? ¿A uds. no les pareció Memorias de mis putas tristes, y su macho desvirgador de 90 años, una anécdota incómoda como un abuelo con el cierre bajo, mostrando el calzoncillo mientras baila el vals con la sobrina y le cuenta sus hazañas de macho en el campo de espinos, en pleno matrimonio de su nieto metrosexual? ¿Y no fue por eso que fracasó el último sueño pre-viagra de Philip Roth La humillación? Muy interesante. La revista Ñ traduce el artículo.

Para una cultura literaria que teme estar al borde de la aniquilación total, somos extremadamente arrogantes con respecto a los grandes novelistas masculinos del siglo pasado. Se convirtió en algo popular reprobar a esos autores, y más particularmente, ridiculizar las escenas de sexo en sus novelas. Incluso los jóvenes escritores que parecen ser sus herederos aparentes, han repudiado la virilidad agresiva de sus predecesores. Después de leer una escena de sexo en La humillación, la última novela de Philip Roth, alguien a quien conozco arrojó el libro a la basura. No fue exactamente la furia feminista lo que la motivó. En sintonía con esta anécdota privada, limitada, hay una calidad punitiva en las críticas publicadas que siempre es reveladora de algo más grande en la cultura, algo más allá del fracaso de un escritor añoso en producir suficientes oraciones buenas. Todo esto es como decir: ¿cómo es posible que las escenas de sexo de Roth aún nos enfurezcan? En las primeras novelas de Roth y su grupo había, en sus pasajes obscenos, un sentido de novedad, de noticia, de ruptura. A lo largo de la década del 60, con libros como Sueño americano, de Roth, y Corre, conejo (John Updike) se pensaba que sus autores estaban informando desde una nueva frontera de conducta sexual: adulterio, sexo anal, sexo oral, ménage-à-trois, todo con la excitación de lo nuevo, o al menos, de lo recién discutido. Estos novelistas escribían sobre los dormitorios de la clase media con la excitación de tener a los censores a sus espaldas, con el juicio por obscenidad de 1960 sobre El amante de Lady Chatterley todavía fresco. Estos escritores jóvenes -Norman Mailer, Roth, Updike- tomaban el tema para adultos de John O'Hara y Henry Miller, aunque con una pizca de periodismo moderno. [...] En 1960, Updike, con 28 años, consolidó su reputación con su novela Corre, conejo, acerca de un ex jugador de básquet devenido en vendedor de utensilios de cocina. Harry (Rabbit) Angstrom tiene sexo con una amante rolliza y promiscua y vuelve a su casa, a una esposa que ebria, ha ahogado a su bebé recién nacido. Unos pocos años más tarde, Mailer le dijo a Updike que debería volver al burdel y dejar de preocuparse por su prosa. [...] El problema con las escenas de sexo en el último libro de Roth no es que sean pornográficas, sino que fracasan como pornografía. Uno siente que el corazón del autor no está en la novela, que simplemente está describiendo los movimientos; uno siente al viejo maestro impaciente haciendo un mapa de las escenas, no escribiéndolas.En este punto, uno podría pensar: que entren los hombres jóvenes. Pero nuestro lote de novelistas masculinos jóvenes o juveniles no sueña con éso. El estilo sexual actual es más infantil; la inocencia está más de moda que la virilidad, los mimos, preferibles al sexo. Las posibilidades literarias de su propia ambivalencia son las que seducen a esta nueva generación, más que lo que sucede en el dormitorio. Michael Chabon escribe: "Una mujer vestida con una minifalda de cuero verde y sin ropa interior lee en voz alta La historia de O., y la protagonista dice escrupulosamente, "Me niego a azotarte." Describe Jonathan Franzen: "El ha sido, por supuesto, un amante asqueroso, ansioso". Y, por supuesto, hay escritores como Jonathan Safran Foer que evitan las corrupciones de sexualidad adulta y eligen niños y vírgenes como sus protagonistas.Las mismas críticas de las cruzadas feministas que objetaron a Mailer, Bellow, Roth y Updike podrían verse tentadas a tomar esta nueva sensibilidad, o suavidad, como signo de progreso, pero el sexismo en la obra de los aparentes herederos, es simplemente más astuto y seductor, y más duro de revelar. Los escritores mas jóvenes son tímidos, tan subidos a una educación liberal, que sus personajes no pueden condonar ni siquiera sus propios impulsos sexuales; son demasiado fríos para el sexo. Que un personaje crea que el sexo podría ser una fuerza de cambio, y posiblemente para mejor, sería retrógrado. La pasividad, una dulzura paralizada, una ambivalencia profunda acerca del apetito sexual, se toman como signos de una vida interior compleja y admirable. Están enamorados de la ironía.Comparado con la nueva pureza, la parálisis tímida, la ambivalencia que se mira a sí misma, la noción de sexo de Updike como una "averiguación imaginativa" tiene una cierta grandeza desvanecida. Vivimos en un tiempo más conservador. ¿Por qué, entonces tendríamos que ser molestados por la continua obsesión con el sexo de nuestros leones literarios? ¿Por qué no miramos hacia estos escritores más viejos, que quieren derrotar a la muerte con el sexo, con la misma afición que lo hacemos con los inventores de los primeros aviones fracasados, que permanecían en la pista con sus máquinas pesadas, imposibles y miraban al cielo?

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Relatos de Arthur Miller

1.21.2009
Arthur Miller y Marilyn Monroe. Foto: Sam Shaw/ easyart

Quizá nunca hubiera leído a Arthur Miller si no fuera porque se casó con Marilyn Monroe. Más allá del hecho de que un escritor, feo además, consiguiera casarse con un mito viviente por esos años, lo que me impresionó siempre de la pareja es la infinita ternura y agudeza al mismo tiempo con que Arhur miraba a a Marilyn en las fotos. Dudo que otra pareja hubiese amado tanto a Marilyn, al menos tan visiblemente (su ex marido beisbolista fue a recoger su cadáver, eso dice algo también sobre el amor). Por esas fotos leí las obras de teatro extraordinarias de Miller y también su autobiografía, profusa y cansina en partes. Ahora Tusquets edita Presencia, un libro de cuentos no reunidos en libros que apareció en EEUU en el 2007. Obviamente, la palabra "autobiográfico" es la que más se menciona en las notas de prensa y en la contratapa. Miller cargará esa cruz siempre:

"Los seis relatos tienen tintes autobiográficos y en todos ellos existe una exploración de la añoranza del deseo en las diferentes etapas de la vida. Todo ello, con una mirada nostálgica hacia el pasado, la de un hombre al final de su vida", explicó a la agencia EFE la traductora del libro al castellano, Victoria Alonso Blanco. Todos ellos se ordenan siguiendo la biografía compleja de una vida. El volumen se abre con un relato en el que el protagonista, un joven de Brooklyn, se inicia en el conocimiento sexual. Después sigue con la angustia de un bailarín de claqué, judío, al que le contratan para bailar con su compañía en Berlín ante Hitler, quien queda fascinado por su movimiento. También se incluye un relato en el que se adivinan ecos del paso de la actriz Marilyn Monroe por la vida de Arthur Miller. Ambos contrajeron matrimonio en 1940 y se divorciaron cinco años después, tras una convivencia llena de altibajos. Quizá sea este relato ("El manuscrito desnudo") el más autobiográfico, en opinión de Alonso Blanco, "ya que el autor narra las tribulaciones de un escritor que ha perdido el deseo, tiene problemas maritales y escribe sobre la piel desnuda de una hermosa mujer, modelo, y con la que recupera el deseo".

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Marilyn lectora

7.01.2008
Carátula de la revista con Marilyn adorable. Fuente: papercuts

Apareció un nuevo número de la revista Poets & Writers magazine, esta vez en su edición de verano (Summer Reading). Y no han tenido mejor idea que representar la calurosa estación del año y el placer de la lectura con la famosa foto en que la fresca Marilyn Monroe lee, en perfecto bikini, el Ulises de Joyce que le prestó su entonces esposo Arthur Miller (luego de enamorarla con poemas de ee cummings). Inolvidable. Así lo comenta el Paper Cuts:


It has profiles of Ethan Canin, Sarah Manguso and Garth Stein, Q & A’s with the debut fiction authors Rivka Galchen, Nam Le, Leni Zumas, Salvatore Scibona and Preeta Samrasan, as well as an interview with Janet Silver, who just left Harcourt to become an editor-at-large for Nan A. Talese/Doubleday. Or if you’re someone who reads Poets & Writers for the photos, this issue has fab cover art: a photo of Marilyn Monroe reading “Ulysses.” A bigger image is after the jump.

Entre los artículos, cabe destacar el dedicado al llamado The New Creative Nonfiction Writers.

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Arthur Miller, el cretino

8.31.2007
Arthur Miller. Fuente: elcultural.es

De Arthur Miller sabemos que escribió varias obras de teatro inovidables, como Muerte de un viajante o Las brujas de Salem. Y, bueno, quién no sabe que logró casarse con Marilyn Monroe en lo que será recordado siempre como un momento cumbre de la mitología de cualquier escritor del mundo: el ¡sí se puede! más glorioso del siglo XX. Quienes hemos leído su autobiografía (más interesados por la relación con Marilyn, lo reconozco) conocemos de sus obras a favor de derechos sindicales y su posición anti-bélica. Lo que no sabíamos es que luego de separarse de Marilyn, casado con una fotógrafa y padre de Rebeca -ahora directora de cine y escritora- tuvo un hijo con síndrome de down al que apartó de su lado. Lo acaba de descubrir un reportaje en Vanity Fair que ha sido reproducido en todo el mundo. Ni una palabra más. A partir de ahora lo llamaremos Arthur Miller, el cretino.

Dice la nota en El País: "Según publica la revista Vanity Fair en su número de este mes, el autor de obras universales como Muerte de un viajante tuvo un hijo con síndrome de Down en 1966, fruto de su matrimonio con la fotógrafa Inge Morath, a la que conoció durante el rodaje de Vidas rebeldes cuando aún estaba casado con la protagonista de aquel filme, Marilyn Monroe. Morath tuvo primero una hija, Rebecca Miller, hoy una reconocida cineasta, y luego llegó Daniel, quien cuatro días después de nacer, y pese a la oposición de Inge Morath, sería depositado en un orfanato y eliminado por completo de la vida pública y privada del escritor. "Nunca se ha publicado una fotografía suya, pero quienes conocen a Daniel Miller dicen que se parece a su padre". Así arranca un extenso reportaje de investigación que por primera vez saca a la luz los detalles de la oscura relación entre el escritor y su hijo secreto. Rebecca Miller asegura que Daniel es hoy "parte de la familia", pero nunca lo fue mientras su padre estuvo vivo."

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