MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

El machismo ya fue

1.14.2010
mapa sexual literario norteamericano, antes y después. Ilustración: Paula Scher. NYT

El último post de "En Minúscula" anunciaba un delicioso artículo en Sunday Book Review de NYT de Katie Roiphe sobre el "sexo tímido" de las últimas generaciones de escritores norteamericanos, a diferencia de esos portentosos machos falocéntricos (y mujeres multiorgásmicas y poetas eróticas que llenan de vulvas sus cuentos, hay que decirlo) de los años 60 y 70. Chau Henry Miller. Chau Mailer. Chau Bukowski, por dios. Ahora, la inocencia es lo que pone. ¿Qué está pasando, sexualmente, en la literatura norteamericana? ¿Y sucede lo mismo en la literatura latinoamericana? ¿A uds. no les pareció Memorias de mis putas tristes, y su macho desvirgador de 90 años, una anécdota incómoda como un abuelo con el cierre bajo, mostrando el calzoncillo mientras baila el vals con la sobrina y le cuenta sus hazañas de macho en el campo de espinos, en pleno matrimonio de su nieto metrosexual? ¿Y no fue por eso que fracasó el último sueño pre-viagra de Philip Roth La humillación? Muy interesante. La revista Ñ traduce el artículo.

Para una cultura literaria que teme estar al borde de la aniquilación total, somos extremadamente arrogantes con respecto a los grandes novelistas masculinos del siglo pasado. Se convirtió en algo popular reprobar a esos autores, y más particularmente, ridiculizar las escenas de sexo en sus novelas. Incluso los jóvenes escritores que parecen ser sus herederos aparentes, han repudiado la virilidad agresiva de sus predecesores. Después de leer una escena de sexo en La humillación, la última novela de Philip Roth, alguien a quien conozco arrojó el libro a la basura. No fue exactamente la furia feminista lo que la motivó. En sintonía con esta anécdota privada, limitada, hay una calidad punitiva en las críticas publicadas que siempre es reveladora de algo más grande en la cultura, algo más allá del fracaso de un escritor añoso en producir suficientes oraciones buenas. Todo esto es como decir: ¿cómo es posible que las escenas de sexo de Roth aún nos enfurezcan? En las primeras novelas de Roth y su grupo había, en sus pasajes obscenos, un sentido de novedad, de noticia, de ruptura. A lo largo de la década del 60, con libros como Sueño americano, de Roth, y Corre, conejo (John Updike) se pensaba que sus autores estaban informando desde una nueva frontera de conducta sexual: adulterio, sexo anal, sexo oral, ménage-à-trois, todo con la excitación de lo nuevo, o al menos, de lo recién discutido. Estos novelistas escribían sobre los dormitorios de la clase media con la excitación de tener a los censores a sus espaldas, con el juicio por obscenidad de 1960 sobre El amante de Lady Chatterley todavía fresco. Estos escritores jóvenes -Norman Mailer, Roth, Updike- tomaban el tema para adultos de John O'Hara y Henry Miller, aunque con una pizca de periodismo moderno. [...] En 1960, Updike, con 28 años, consolidó su reputación con su novela Corre, conejo, acerca de un ex jugador de básquet devenido en vendedor de utensilios de cocina. Harry (Rabbit) Angstrom tiene sexo con una amante rolliza y promiscua y vuelve a su casa, a una esposa que ebria, ha ahogado a su bebé recién nacido. Unos pocos años más tarde, Mailer le dijo a Updike que debería volver al burdel y dejar de preocuparse por su prosa. [...] El problema con las escenas de sexo en el último libro de Roth no es que sean pornográficas, sino que fracasan como pornografía. Uno siente que el corazón del autor no está en la novela, que simplemente está describiendo los movimientos; uno siente al viejo maestro impaciente haciendo un mapa de las escenas, no escribiéndolas.En este punto, uno podría pensar: que entren los hombres jóvenes. Pero nuestro lote de novelistas masculinos jóvenes o juveniles no sueña con éso. El estilo sexual actual es más infantil; la inocencia está más de moda que la virilidad, los mimos, preferibles al sexo. Las posibilidades literarias de su propia ambivalencia son las que seducen a esta nueva generación, más que lo que sucede en el dormitorio. Michael Chabon escribe: "Una mujer vestida con una minifalda de cuero verde y sin ropa interior lee en voz alta La historia de O., y la protagonista dice escrupulosamente, "Me niego a azotarte." Describe Jonathan Franzen: "El ha sido, por supuesto, un amante asqueroso, ansioso". Y, por supuesto, hay escritores como Jonathan Safran Foer que evitan las corrupciones de sexualidad adulta y eligen niños y vírgenes como sus protagonistas.Las mismas críticas de las cruzadas feministas que objetaron a Mailer, Bellow, Roth y Updike podrían verse tentadas a tomar esta nueva sensibilidad, o suavidad, como signo de progreso, pero el sexismo en la obra de los aparentes herederos, es simplemente más astuto y seductor, y más duro de revelar. Los escritores mas jóvenes son tímidos, tan subidos a una educación liberal, que sus personajes no pueden condonar ni siquiera sus propios impulsos sexuales; son demasiado fríos para el sexo. Que un personaje crea que el sexo podría ser una fuerza de cambio, y posiblemente para mejor, sería retrógrado. La pasividad, una dulzura paralizada, una ambivalencia profunda acerca del apetito sexual, se toman como signos de una vida interior compleja y admirable. Están enamorados de la ironía.Comparado con la nueva pureza, la parálisis tímida, la ambivalencia que se mira a sí misma, la noción de sexo de Updike como una "averiguación imaginativa" tiene una cierta grandeza desvanecida. Vivimos en un tiempo más conservador. ¿Por qué, entonces tendríamos que ser molestados por la continua obsesión con el sexo de nuestros leones literarios? ¿Por qué no miramos hacia estos escritores más viejos, que quieren derrotar a la muerte con el sexo, con la misma afición que lo hacemos con los inventores de los primeros aviones fracasados, que permanecían en la pista con sus máquinas pesadas, imposibles y miraban al cielo?

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Lista de Fresán

9.15.2009
La novela de Jean Rhys, famosa y extraordinaria continuación de una obra anterior. Fuente: bewitched library

Rodrigo Fresán ha tratado también el tema (actualizado luego de la publicación de Mathew Pearl de El último Dickens) refiriéndose a los resultados horrendos o simplemente ridículos de, por ejemplo, introducir a Jane Austen a la Literatura zombie. Sin embargo, también ha dejado una lista de obras que sí han tenido éxito en resucitar viejas obras. A ver, apunten:

Pero no todo es simple negocio y conviene destacar a nombres de prestigio que se sumaron al juego y que, tal vez por respeto, no se atreven al que será, será... sino que prefieren investigar de dónde vienen las cosas, mantener el guión en otras coordenadas geográficas-temporales o –en lo que se conoce como “ficción paralela”– concentrarse en el punto de vista alternativo donde el clásico permanece y lo que cambia es el narrador de lo perfecto e intocable. Pensar en el Viernes o los limbos del Pacífico de Michel Fournier (Robinson Crusoe), Jack Maggs de Peter Carey (Grandes esperanzas), Pinnochio in Venice de Robert Coover (Pinocho), Gertrudis y Claudio de John Updike (Hamlet), Grendel de John Gardner (Beowulf), Mary Reilly de Valerie Martin (Dr. Jekyll & Mr. Hyde), March de Geraldine Brooks (Mujercitas), The Last Voyage of Somebody The Sailor de John Barth (Las 1001 Noches), El ancho mar de los zargazos de Jean Rhys (Jane Eyre), Heredarás la tierra de Jane Smiley (El Rey Lear) y J. M. Coetzee investigando los posibles orígenes de Los demonios (en El maestro de San Petersburgo, con un Dostoievski casi detective investigando la muerte de su hijo) y del gran náufrago de Daniel Defoe (en ese drama isleño que es Foe).

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Secuelas literarias

9.02.2009
Secuelas literarias. Fuente: revistañ


Sin duda, esta es la mejor nota literaria del día. El diario Clarín y The New York Times acogen una nota de Charles McGrath sobre las secuelas literarias. Nunca las segundas partes fueron mejores, pero algunas secuelas son realmente el colmo. Hace poco J.D. Salinger logró evitar que se distribuya en EEUU (aunque no en Inglaterra) una secuela de El Guardián entre el centeno con Holden Caufield anciano y con problemas urológicos y su hermanita Phoebe internada en un manicomio. Pero cuando los libros caen en manos de herederos, o pasado el tiempo de exclusividad de las patentes, los autores de las continuaciones, por más chifladas que estas sean, no pueden ser juzgadas y los libros están a merced de sus secuelas. Aunque algunos libros sí son interesantes, auténticas relecturas. Lean el artículo. Muy divertido.

Jane Austen llevó una vida pro­tegida y de reclusión, y a su muer­te la familia quemó muchos de sus papeles, por lo que no sabemos casi nada sobre ella. "La abadía de Nor­thanger" nos permite adivinar que le gustaban los relatos góticos de amor, pero nada en su trabajo per­mite inferir cuáles eran sus senti­mientos respecto de los zombies. Es fácil imaginarse, sin embar­go, que no le gustaría "Orgullo y prejuicio y los zombies", de Seth Grahame-Smith, una adaptación en la que, cuando no están bus­cando marido, Elizabeth Bennet y sus hermanas practican artes marciales y decapitan monstruos carnívoros. (...) Hay una serie de continuaciones y anticipaciones que hacen eso: amplían nuestra apreciación del texto original. El más brillante de todos puede ser "Ancho mar de los sargazos", de Jean Rhys, que vuelve a contar la historia de "Jane Eyre" desde el punto de vista de la primera Sra. Rochester, la mujer loca del desván. Contribuyó a que surgieran nuevas lecturas femi­nistas de buena parte de la ficción victoriana. Por fortuna "Jane Eyre" ya era de dominio público, como lo era "Ha­mlet" cuando John Updike escribió "Gertrudis y Claudio", una versión que vuelve a imaginar la historia de "Hamlet" desde el punto de vista de la pareja culpable y que explica por fin por qué Gertrudis y Claudio se unieron: él dominaba algunas téc­nicas sexuales que aparentemente desconocía su hermano. (...) ¿Dónde se traza la línea entre la crítica o la parodia y la explotación lisa y llana? De todos modos, la compulsión de escribir continuaciones y anti­cipaciones es casi siempre algún tipo de homenaje. No queremos más de libros que odiamos. Los libros que se reescriben y vuelven a imaginarse son los que más nos gustaron. En un par de buenas continuaciones recientes –"Un le­ve truco de la mente", de Mitch Cu­llin, y "Solución final: Una historia de detección", de Michael Chabon – hasta llegamos a ver que Holmes envejece y encuentra el amor. Algunos libros son más que simples textos, forman parte de nuestro mobiliario mental. Sin em­bargo, es su familiaridad lo que los hace objetivos tan tentadores. Si aparecieran zombies, por ejemplo, en "Cranford" de Gaskell, no sería tan gracioso; y si "El Sr. Darcy se casa", de Linda Berdoll, otra de las tantas continuaciones de "Orgullo y prejuicio", no versara sobre Eli­zabeth Bennet y su nuevo esposo, no sería más que otro libro subido de tono que usa mucho la palabra "miembro". En lugar de ello, es un placer culpable. Descubrimos que Elizabeth y Fitzwilliam lo hacen con tanto entusiasmo como Ger­trudis y Claudio.

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McEwan sobre Upidke

4.21.2009
John Updike. Fuente: the guardian

La muerte de John Upidke sigue tendiendo su estela sobre la literatura en lengua inglesa. Ahora, uno de los grandes escritores del Dream Team británico en palabras de Jorge Herralde, Ian McEwan, le ha dedicado un hermoso texto que reproduce el diario Clarín en el suplemento Ñ. Aquí los párrafos dedicados a la Tetralogia de Conejo:

La tetralogía de Conejo es la obra maestra de Updike y será probablemente su monumento. En todos sus detalles, más hogareños o más duros, y en todos sus territorios, el trabajo, la política, la jubilación y, sobre todo, el sexo, lo metafísico siempre está presente, a veces como un mero reflejo enterrado en una frase, otras veces de forma cómica y descarada. En la primera novela, Corre Conejo , cuando el joven Harry, cajista y ex jugador de béisbol, se acuesta con Ruth, una prostituta de pueblo, sus sesiones se ven interrumpidas por un debate teológico visceral sobre la existencia de Dios, inspirado por la gente que acude a la iglesia bajo la ventana. Harry, por supuesto, está de parte de Dios; "La idea de hacerlo mientras se llenan las iglesias le excita". Muchos años después, está en la mesa de operaciones, contemplando sus propias entrañas en una pantalla (El show de Conejo Angstrom), rodeado de máquinas y médicos tecnócratas y sus adláteres que "se inclinan entre murmullos sobre el cuerpo de Harry, cubierto con una sábana y con las partes estratégicas expuestas", mientras llevan a cabo una angioplastia de tres horas y media después de su ataque al corazón. La escena está llena de las mejores cualidades de Updike. "El espectro oscuro y mecánicamente preciso del catéter es el gusano de la muerte en su interior. La tecnología impía está jodiendo los tubos húmedos y pulsantes que heredamos del calamar, el coño sin huesos de los mares". La experiencia es profundamente desagradable, "como si su pecho estuviera cociéndose en un microondas. Jesús". Cierra sus ojos unas cuantas veces e intenta rezar, "pero parece una ocasión impropia, hay demasiados elementos del mundo material. Ningún viejo y menudo Dios bíblico se atrevería a interferir". El único consuelo es que su médico es judío, porque Harry tiene "un prejuicio gentil de que los judíos hacen todo un poco mejor que los demás, algo relacionado con todas esas generaciones encorvadas sobre el Talmud y las mesas de relojero, no se distraen tanto como otras religiones, no aspiran a divertirse tanto. Se mantienen apartados del alcohol y la droga y sólo tienen debilidad... por las tías". Como Bellow, el único equiparable a él en este aspecto, Updike es un maestro de la capacidad de pasar sin esfuerzo de la tercera persona a la primera, de la densidad metafórica de la prosa literaria a lo popular, del detalle específico a la amplia generalización, de lo real a lo sobrenatural, de lo terrorífico a lo cómico. Para lograr sus propósitos, Updike inventó un estilo de narración, un intenso tiempo presente, un estilo indirecto libre, que puede saltar, cuando quiere, a la imagen de Harry desde la perspectiva de Dios, o a la visión de su sufrida esposa, Janice, o su hijo tan injustamente tratado, Nelson. Esta maquinaria cuidadosamente elaborada permite plantear hipótesis de teoría evolutiva, que son más de Updike que de Harry, y generalizaciones cómicas sobre los judíos, que son más de Harry que de Updike. Todo esto es una de las cualidades fundamentales de la tetralogía. Updike dijo en una ocasión que los libros de Conejo eran un ejercicio de punto de vista. Fue una afirmación típicamente humilde, pero que contenía algo de verdad. La educación de Harry llega sólo hasta el bachillerato, y sus ideas están limitadas además por una serie de prejuicios y un espíritu terco y combativo, y, sin embargo, sirve de vehículo para una meditación de medio millón de palabras sobre las ansiedades, los fracasos y la prosperidad de Estados Unidos en la posguerra. Había que idear un modo de hacer eso posible, y eso significaba forzar los límites del realismo. En una novela como ésta, insistía Updike, hay que ser generoso y otorgar elocuencia a los personajes, "y no reducirlos al que uno crea que es su tamaño adecuado". También tenía claro que todos percibimos más de lo que podemos expresar con palabras, y nunca olvidaba el ejemplo de Joyce y su "gran intento de capturar cómo recorremos la vida".

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John Updike por McEwan

2.23.2009
John Upidke. Ilustración: Richard Allen/ todayinart

Un hermoso homenaje (en el que recorre con precisión de entomólogo toda su obra) al colega fallecido es el que Ian McEwan, cada vez mejor posicionado como el escritor inglés más importante de la actualidad, le rinde a John Upidke, al que llama "Maestro blasfemo" y dice, además, que apenas Roth queda de aquella "edad de oro de la novelaa norteamericana". Se acabó. Lo publica "Babelia" en su última edición:

Ahora, este maestro blasfemo, cuyos esquemas y hermosos conceptos literarios parecían a veces casi shakespearianos, ha muerto, y las letras estadounidenses, privadas en años recientes de dos gigantes como Bellow y Mailer, se han convertido en una llanura plana, con un solo promontorio vigilado por Roth. Nos acercamos al fin de la edad de oro de la novela norteamericana en la segunda mitad del siglo XX. Henry Bech, el remoto álter ego judío de Updike, nunca inmune a ataques de ansiedad de clase, reflexionaba sobre las pobladas hordas de contemporáneos llenos de talento y despreciados: "Quienes no parecían, como John Irving y John Fowles, llenos de verborrea y dotados de un método reaccionario y dickensiano, resultaban, como John Hawkes y John Barth, soberbios y herméticamente experimentales. O'Hara, Hersey, Cheever, Updike: todos ellos vivían a salvo en zonas residenciales mientras los barrios bajos del arte se desintegraban. Y eso, para no hablar más que de los Johns". A Updike, el más luterano de los escritores, movido por la curiosidad intelectual toda su vida, la ciencia le inquietaba como Dios inquieta a otros. Cuando le parecía bien, podía fácilmente absorber y admirar la física, la biología y la astronomía, pero tenía una incapacidad congénita de "dar el salto a la falta de fe". La "carga" de la muerte personal no se lo permitía, y esa tensión entre la apertura intelectual y el temor metafísico es fuente de mucha seriedad y mucho humor negro. (...) La obra de Updike es tan vasta, tan variada y tan rica, que tardaremos años en captar toda su medida. Hemos pasado tanto tiempo, todas nuestras vidas, esperando su nueva novela, o relato, o ensayo, que no parece posible que este río de invenciones se haya detenido de pronto. Estamos verdaderamente desconsolados por el hecho de que este hombre reticente y amable, de feroz ética de trabajo y facilidad sobrehumana, no vaya a escribir más para nosotros. Era un hombre muy privado, culto, generoso, educado, el tipo de persona que podía pedir perdón por responder a una carta a vuelta de correo porque era la única forma de mantener su mesa despejada.
Al contrario de lo que podría indicar su obra, en la vida real, John Updike estaba totalmente dedicado a su enorme familia, repartida en varias generaciones, así que, por qué no dejar que sea uno de sus personajes más jóvenes el que se despida en su nombre. Cuando Henry Bech sube al estrado en Estocolmo para pronunciar su discurso de aceptación del Nobel lleva en brazos, apoyada en su cadera, a su hija de un año. La niña se retuerce con impaciencia durante el discurso y, cuando ve que por fin ha terminado, agarra el micrófono "con los dedos medio cerrados y llenos de babas, como si quisiera arrancar la gruesa bola de metal". Bech siente el calor de su cabecita, inhala "el aroma a polvos de talco de su cuero cabelludo... Entonces, ella levantó la mano derecha, a la vista de todos, e hizo ese suave abrir y cerrar de dedos que significa adiós".

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La regla de Updike

1.29.2009
John Updike. Fuente: Critical mass

Mientras se anuncia que la última novela de John Updike "Las viudas de Eastwick", secuela de la novela Las brujas de Eastwick y editada en el 2008, será editada en España por Bromera (¿y qué pasó con Tusquets?) podemos leer esta frase de Updike acerca del incomprendido arte de hacer reseñas literarias, que él dominó con tanta eficiencia:

Review the book, not the reputation. Submit to whatever spell, weak or strong, is being cast. Better to praise and share than blame and ban. The communion between reviewer and his public is based upon the presumption of certain possible joys in reading, and all our discriminations should curve toward that end.

" Review the book, not the reputation" vuelvo a leer. Palabras sabias. La frase ha sido recordada en el blog Paper Cuts por Jennifer Schuessler a partir de un pentálogo de Updike como crítico literario publicado en Critical Mass en el 2006.

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Updike por escritores peruanos

John Upidke. Fuente: rexwordpuzzle

Enrique Planas ha escrito en el diario El Comercio un especial sobre la muerte de John Updike. Para ello, además de contar con algunos comentarios de autores internacionales, ha hecho una serie de brevísimas entrevistas a escritores peruanos para que le dedicamos un par de párrafos de despedida. Aquí las intervenciones peruanas:

Fernando Iwasaki: Para mí era uno de los dos escritores estadounidenses vivos que más admiraba (el otro es Philip Roth). En estos días me había acordado de él, porque nuestro perro está agonizando y Updike ha escrito uno de los poemas más conmovedores que he leído sobre la muerte de un perro: 'Dog's Death'. Hace un par de años le pedí autorización para publicar en 'Renacimiento' cuatro microrrelatos suyos y me la concedió encantado. Creo que estos dos trazos lo pintan como un escritor muy humano y además generoso, y así lo recordaré.

Gustavo Rodríguez: A veces pienso en EEUU como una gran pradera dondepasta una enorme clase media. Updike fue quizá el más agudo observador de quienes conforman ese rebaño. Cuando leí la noticia de su muerte encontré al lado una foto de cuando tenía 30 años y fumaba con una sonrisa burlona. Imagino que de habérsele concedido el Nóbel esa sonrisa hubiera dado paso a una frase cínica, que es lo que espero de mis héroes literarios

Alonso Cueto: Sus novelas nos ofrecen un retrato de vida cotidiana en ese nuevo campo de la vida moderna: los suburbios y su gran población de aspirantes y frustrados que se levantan todos los días a las siete de la mañana para ir a trabajar. Escritores como Tom Perrotta o John Burnside no habrían existido sin su ejemplo. Era una grafómano que podía escribir poemas, artículos, cuentos y novelas al mismo tiempo. Para él, como para cualquier buen escritor, la literatura era siempre un tema personal y urgente.

Julio Ortega: Lamento decir que Updike representa dos tendencias que me resultan antipáticas: un realismo literal y prolijo y el escritor como esteta. Al convertirse en un autor de élite cultivó una prosa ligeramente decorada. Dejó sus personajes de clase media y se dedicó a las damas que discurren por el jardín charlando de Picasso. Tuvo, eso sí, una curiosidad deportiva por los novelistas contemporáneos y leyó las novelas de arcía Márquez sabiendo que en las suyas nunca volaría una muchacha más allá de la memoria.

Iván Thays: En los últimos años, yo estaba más pendiente de Updike como reseñista antes que como novelista. Su novela "Terrorista" me pareció fallida. Su Corre, Conejo, que leí cuando tenpia casi la edad del protagonista, me hizo temblar de pánico ante la posibilidad de mi propia mediocridad. No leí toda la saga. Eso sí, Las brujas de Eastwick siempre me pareció una novela brillante y feliz.

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Edmundo Paz Soldán sobre John Updike

1.27.2009
John Updike, 1966. (Time Life Pictures/Getty Images)

Edmundo Paz Soldán, por su parte, también ha sentido la pegada de la muerte de John Updike y ha escrito en La Tercera (aparecerá mañana) -y hoy en su blog- un comentario sobre el fallecido novelista norteamericano:

El concepto de "hombre de letras" ha quedado algo anacrónico para nuestros tiempos, pero si había alguien que lo ejemplificaba mejor que nadie en los Estados Unidos, ese escritor se llamaba John Updike. (...) Updike estaba en todas partes; era una industria editorial de un solo hombre. Lo más conocido de Updike está en su ciclo de cuatro novelas sobre Harry "Rabbit" Angstrom, que muestran la grandeza y la desolación del "sueño americano" -"angst" tiene que ver con angustia"--, sobre todo en su versión más clase media y WASP. Para algunos críticos, ya no es necesario escribir la "gran novela americana" porque Updike lo ha hecho en las mil quinientas páginas de la tetralogía; para otros escritores, la admiración ha llevado a aceptar la influencia y a tratar de darle un toque más contemporáneo (Richard Ford en su trilogía sobre Bascombe). Updike se especializó en un "realismo doméstico" muy norteamericano. A él le interesaban las ciudades y los pueblos "por los que pasa la gente cuando está yendo a otra parte". Allí vivían, se casaban, tenían muchos affaires y se divorciaban sus personajes, que crecían desinteresados de lo que ocurría en el resto del mundo y creyendo que su país era "una vasta conspiración para hacerte feliz". Una vez en la vida adulta, no tardaban en encontrar la desolación y múltiples frustraciones. La prosa que describe esa desesperanza, sin embargo, es siempre radiante, y tiene algo religioso en la manera en que celebra todos los detalles con que se presenta el mundo. En el cuento "The Music School", el narrador lo dice de la mejor manera posible: "El mundo es la hostia; debe ser masticado". En los últimos años, Updike fue criticado por el preciosismo de su escritura ("su detallismo se ha vuelto un culto en sí mismo", escribió James Wood) y por su incapacidad para comprender al Estados Unidos multicultural (en su novela Terrorista, le cuesta meterse en la cabeza de su personaje central, musulmán). Lo cierto es que si el cierre no estuvo a la altura, lo mejor de Updike es harto más que suficiente para considerarlo un clásico.

Por otra parte, en "El País" recuerdan una entrevista que Eduardo Lago le hace a propósito de Terrorista, su última novela, traducida al castellano por Tusquets. Eso fue en el 2007, y Upidike no se veía tan optimista ante la posibilidad de que Obama llegue al poder. También se refirió ahí a su estilo literario:

Cuando empecé a escribir me influyó el nouveau roman. Por eso mi primera novela, que publiqué a los 27 años, era bastante experimental, pero mi estilo, por el que mis lectores me reconocen, es esencialmente realista. Aunque en algunas novelas me he apartado de mi modo de hacer fundamental, siempre vuelvo a mis raíces e intento darle al lector un pedazo de la realidad. Creo que fue Nathalie Sarraute quien dijo que el sustrato que hace que todo se mueva es la realidad. La realidad está en la base de nuestros deseos, de nuestros pensamientos, de nuestros recuerdos, y los novelistas no somos sino comentaristas de la realidad. Decimos lo que en ella hay de maravilloso o de terrible o de misterioso. En ningún lugar me siento más cómodo que instalado en la realidad, cerca de la gente normal. Es de ellos acerca de quienes escribo, acerca de la clase media, ni los más ricos y privilegiados, ni los más pobres, sino el ciudadano medio, los hombres y mujeres que tratan de sobrevivir día a día en la lucha diaria que es la vida cotidiana.

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Murió John Updike

John Updike Foto: (Cheryl Senter/ NHPR)

Hace unas semanas, en una reunión entre Alonso Cueto, Fernando Ampuero, Gustavo Faverón y yo (es decir, ya uds. saben), la conversación derivó a ese extraordinario escritor (y quizá mejor crítico literario) John Updike ("a Lyrical Writer of the Ordinary"). Cada uno comentó la novela favorita de Updike. La verdad es que, no sé por qué, esa conversación (inaudita para los que piensan que esa "mafia" se reúne solo para rajar de los "excluidos") tenía para mí algo de velorio, pues todos hablábamos maravillas de él. E incluso recordé que Gustavo comentó en algún momento en su blog que posiblemente Updike sea más recordado "como reseñista que como narrador" O eso me pareció entender. Como sea, esa fue nuestra forma de despedirnos -sin saberlo- de un grande que murió hoy a los 76 años. Conejo descansa en paz. Se quedaron, cómo no, debiéndole el Nobel. Dice la nota:
El novelista estadounidense John Updike, cronista del desencanto vital de la América de clase media, ha fallecido a los 76 años, tras años de lucha contra un cáncer de pulmón, según ha informado su editorial, Alfred A. Knopf, en The New York Times. Autor de grandes frescos de la norteamérica contemporánea, como la saga protagonizada por el ciudadano medio Harold Angstrom, alias Conejo, (en Conejo es rico y Conejo en paz, que le valieron el Premio Pulitzer), Updike, ganador del Premio Pulitzer, destacó como escritor de relatos, crítico literario y ensayista en publicaciones de presitigio com The New Yorker y The New York Review of Books. Era uno de los intelectuales más influyentes de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX. Y además era un superventas. Updike, que residió en Beverly Farms, Massachusetts (EE UU), fue un autor tremendamente prolífico: escribió más de 50 libros (unas 25 novelas) en una carrera que abarca desde la postrimerías de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad. Compaginaba la escritura de ficción (novelas y cuentos) con la de críticas y ensayos. Su producción novelística fue la que le situó en un lugar destacado de la literatura estadounidense contemporánea, junto a grandes firmas como Saul Bellow, Philip Roth, Don DeLillo y Kurt Vonnegut, entre otros.

Aquí, el muy extenso obituario que le hace su casa, The New York Times.

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Bad Sex in Fiction Awards

12.11.2008
Rachel Johnson y el crescendo wagneriano. Fuente: en minúsculas

Hace un año, se lo llevó Norman Mailer como comenté en Moleskine Literario. Este año, le tocó a una ilustre desconocida: Rachel Johnson por su libro Shire Hell se ganó el premio al Peor Sexo en la Ficción que organiza la revista The Literary Review. En el blog de Ezequiel Martínez, "En Minúsculas" encontré la traducción de la escena premiada que incluye un "crescendo wagneriano" de espanto:

Casi gritando tras cinco minutos agónicamente placenteros, lo agarro para meterlo, mientras golpea furiosamente contra nuestros dos vientres, dentro, pero él sujeta mis dos brazos y mete su lengua en mi núcleo, como un gato bebiendo de una escudilla de nata para no perder ni una gota. Me encuentro agarrándole de las orejas y tirando de los bucles que lo coronan, a pesar mío, y extraños sonidos animales se me escapan mientras que el culminante crescendo wagneriano se apodera de mí.

Además, se le dio una especie de Premio Homenaje Extraordinario (Lifetime Achievement Award) a John Updike por un pasaje de su novela Las viudas de Eastwick, cuatro veces nominada al premio pero nunca ganadora (hasta ahora).

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Regreso a Eastwick

11.02.2007
carátula de la primera edición. fuente: antiquarium

El blog Paper Cuts del NYT me envía a esta entrevista en el "Critical Mass" al caserito John Updike, quien anuncia que está escribiendo la segunda parte de Las brujas de Eastwick ni más ni menos. A ese libro en particular le guardo mucho cariño, lo leí cuando estaba en el primer año de universidad luego de comprarlo muy barato -la edición violeta de P&J- en una tienda frente a la casa de mis padres que, si no me equivoco era Monterrey. ¿Qué hacía ese libro ahí? Hasta ahora me lo pregunto.

Q: Speaking of which, I know you deliver a new manuscript every time a new book’s out the door – what’s next? Poetry?

A: I’ve always felt an obligation to my publisher to have a novel every other book, so the next book will be a novel – a sequel called The Widows of Eastwick. It seems to be sequels seasons – they seem to be in, even in the authorial business. The book stays in my mind, and I thought 25 years after writing it I could revisit the characters and find something new.

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Polémica por Schulz

10.29.2007
Charles Schulz, un niño de aspecto tímido y ordinario como el mismo Charlie Brown. Fuente: new yorker

Hace un tiempo comenté lo buena que está la carátula de la biografía de Charles Schulz, Schulz and Peanuts, que ha escrito David Michaelis y publicado Harper Collins. Mencioné además la reseña de Michiko Kaktuni. Lo que no podía imaginar era que esa simpática biografía era una bomba de tiempo para los familiares del creador de Peanuts (conocido en castellano como "Snoopy") quienes acusan a Michaelis de haber distorsionado todo. Gracias al lector mexicano Patricio López llego a esta página de cartoon en que reseñan la pelea. También encontré en el diario "Clarín" un eco de la discusión:

Dice la nota: "Una biografía sobre el creador de Snoopy, Charles M. Schulz, salió esta semana a la venta en Estados Unidos y desató polémica. En Schulz y Peanuts, David Michaelis retrata al autor como un hombre tímido y solitario que utilizaba sus dibujos de niños para describir una vida de profunda melancolía. Luego de una investigación que le llevó seis años, Michaelis asegura que era un hombre que se sentía inadvertido y sin amor. Su conclusión surge luego de realizar más de doscientas entrevistas y tener acceso a los papeles familiares. Además, el biógrafo analizó las 17.897 tiras cómicas que Schulz escribió y dibujó. La familia, a través de una entrevista en la revista Newsweek, se mostró en desacuerdo con la imagen que el libro muestra sobre el caricaturista: "De haber sabido que éste era el libro que David iba a escribir, no habríamos hablado con él", dijo su hijo Monte Schulz. Fallecido en 2000, a los 77 años, Schulz abordó un estilo minimalista en el dibujo, que significó una nueva era del cómic y para su autor el mote de genio. Para Michaelis, "lo que nos enseñó Peanuts es que la contradicción y la ambigüedad forman parte de la vida, al igual que la felicidad y la dulzura". Y además agregó: "Tratar de ver a Charles Schulz sólo como una de las cosas es privarle de ser el hombre y el genio que realmente fue."


Por otra parte, las reseñas elogiosas al libro no paran de llegar. Por ejemplo, la semana pasada en The New Yorker ni más ni menos que John Updike le hace una rendida reseña que concluye con este párrafo cuyas conclusiones suscribo:

“Peanuts,” of course, was more than a running autobiographical tease, as the reader can reassure himself by leafing through the lavish “Peanuts Jubilee” or its less lavish, rather jumbled successor, twenty-five years later, “Peanuts: A Golden Celebration.” The elegant economy of the drawing and the wild inventiveness of such pictorial devices as the towering pitcher’s mound and the impossible perspective of Snoopy’s doghouse keep the repetitiveness, talkiness, and melancholy of the strip a few buoyant inches off the ground, and save it from being fey. With the introduction, in 1970, of Snoopy’s friend the tiny yellow bird Woodstock, Schulz gave himself access to a whole fresh realm of tenderness; a sort of parenthood at last crept into the strip, where human parents are invisible. And yet, in the end, it was the woeful personal undercurrent—the frozen memory of a grade-school loser’s unshakable existential angst, a child alone behind his unrecognizably bland face—that set “Peanuts” apart and attracted the devoted loyalty of millions, including future celebrants like the artists Chip Kidd and Chris Ware and writers like Jonathan Lethem and Jonathan Franzen. As Schulz said, most of us are better acquainted with losing than with winning. “Peanuts” was a unique creation, a comic strip at bottom tragic.

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Los cinco de Updike

10.24.2007
John Updike y mucho más de cinco libros. Fuente: userpages.news

John Updike no sólo es un novelista notable sino que, además, sus reseñas de libros son para muchos paradigmas de lo que debe ser una reseña (vean, al respecto, el post elegiaco de John Freeman en The Guardian). Updike, quien alguna vez escribió "The world craves book reviews far more heartily than it craves books. They excuse us from reading the books themselves." ha sido invitado por el blog "Critical Mass" (blog colectivo de una asociación de críticos literarios norteamericanos) para hacer una lista de los cinco libros de crítica literaria que no deben faltar en la biblioteca de un escritor de reseñas. El infaltable Jean Francoise Foguel, quien escribe sobre el tema, comenta esa lista decretando que está de acuerdo con cuatro de los libros. Cuatro de cinco, nada mal Mr. Upidke. La pregunta es: ¿Cuál será el quinto de Foguel?

Nota para ser leída exclusivamente por Gustavo Faverón: anotar la lista y reunir los libros para consulta en la biblioteca del demorado blog colectivo "El trabajo ajeno"

La lista de Updike incluye:

1. Mimesis de Erich Auerbach
2. Aspectos de la novela de E.M. Forster
3. Criticar al crítico y otros ensayos de T.S. Eliott
4. El Castillo de Axel de Edmund Wilson
5. Sade, Fourier, Loyola de Roland Barthes

Dice Foguel sobre el quinto libro, con el que no concuerda: "Updike cita a Barthes como al autor que le hizo creer que había una respuesta universal en el estructuralismo. Pero a mismo tiempo mata también a Barthes diciendo que estuvo convencido del método «at least during the reading» de su ensayo sobre tres autores, es decir, durante el mero tiempo de la lectura. Me parece excelente recordar la diferencia entre ser seducido y creer de verdad. La crítica no puede ser un flirteo.

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Upidike no soporta NY

10.09.2007
John Updike. Fuente: serious golmal

Al igual que lo ocurrido con Woody Allen, el romance de John Upidke con Nueva York parece que llega a su fin. La nota en el diario mexicano "Milenio".

Dice la nota: "Al escritor de bestsellers estadunidense John Updike, que siempre fue un enamorado de Nueva York, ya no le gusta la ciudad. En su nuevo libro de ensayos “Due Considerations”, describe por qué se trasladó a New England y nunca lo lamentó. “Mi meta era ver si podía encontrar un camino discreto como escritor independiente lejos del ajetreo literario derrochador de energía y roído por los egos de Nueva York. Y descubrí, un año tras otro, que sí podía”, escribió Updike, de 75 años. New England es una población en la que “un hombre puede respirar y un escritor esribir”. Entre las novelas más conocidas de Updike figuran “Las brujas de Eastwick” y la serie sobre el personaje Harry “Conejo” Angstrom.

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John Updike

9.23.2007
John Updike en el Hay Festival 2004. Fuente: bbc.co.uk

La novela Terrorista de John Updike es una de las novedades de esta temporada literaria en España. Y poco a poco los ejemplares de Tusquets están llegando a las librerías hispanoamericanas. La Revista de Libros se deja seducir por el ingreso y publica una entrevista a Updike realizada por Louis Witt para "El Cultural". En la entrevista quedan claras las motivaciones políticas que llevaron a Upidke a escribir la novela. Y también las literarias. Y en especial sobre el 11-S y su importancia en la literatura norteamericana actual.

Dice: "La literatura produce modelos de seres humanos vivos que no tienen por qué estar de acuerdo con nosotros y pueden incluso ser nuestros enemigos. D. H. Lawrence dijo que la ambición de la literatura debía ser extender nuestras preocupaciones, y eso es lo que estoy intentando hacer, aquí y en otros libros anteriores. El ser humano debe mantener la tensión entre sus deseos y sus sueños, entre la realidad social que le rodea y sus obligaciones para con el prójimo. Y esta tensión no siempre llega a buen puerto y puede suponer un trauma para la condición humana."

También responde a la pregunta sobre si el 11-S es un punto de inflexión en la literatura norteamericana: "Bueno, se ha podido exagerar mucho, pero nunca habíamos tenido tres mil muertos en una gran ciudad, con explosiones y con semejante caos. No habíamos visto tanta violencia en nuestra tierra desde la guerra civil. Así que, en ese sentido, sí que cambió las cosas. Ha cambiado el modo en que nos acercamos a los aeropuertos y a los edificios. Pero sí que es una exageración. Ya había terroristas antes, y había secuestradores, pero lo que en realidad ha cambiado para mí es el dolor constante que me producen los titulares desde Irak, Israel y Palestina, las bombas y el inagotable baño de sangre de la insurgencia iraquí. Me entristece que en un mundo que tiene tantas cosas positivas surjan conflictos tan irreconciliables y brote tanta sangre. Un novelista no puede dar respuestas políticas, pero sí describir el mundo que ve. Y Terrorista es mi visión de una cierta parte de América, de una América, esperemos, distinta. "

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Terrorismo y literatura

8.12.2007
Extremistas islámicos. Fuente: políticamenteconservador.blogia.com

La nota principal del ABCD las Artes está dedicada a la relación entre el terrorismo y la literatura. Y contiene una frase contundente: "En los últimos diez años, ningún tema ha generado más páginas que el terrorismo". En el artículo se habla de libros en castellano, como Los peces de la amargura de Fernando Arámburu, y también ingleses como Terrorista de John Updike. Una lástima que no se mencione el caso peruano, donde hay mucho pan por rebanar.

Dice sobre la novela de Updike: "El novelista trasciende así las limitaciones que la ficción le impone, emulando a historiadores o politólogos. Con cautela suelen destacarse los constreñimientos del género mientras persiste la fascinación por personajes que, se nos dice, nos harán comprender la mentalidad y motivaciones del terrorista. El odio aparece así contextualizado introduciéndose una salvaguarda: la comprensión de las causas de la violencia no implica una justificación de la misma. Sin embargo, ¿podemos realmente comprender por qué el terrorista inflige dolor y perpetra terror mientras se obvia que otros seres humanos, sus víctimas, no optan por ese mismo recurso a pesar de poder reivindicar agravios mucho más reales y argumentos mucho más razonables que los de quienes provocan dicha victimización? A menudo la ambiciosa explicación del escritor emerge como insuficiente, convirtiéndose más bien en reclamo de su campaña de promoción. Esa incapacidad empuja al novelista a jugar ambiguamente con su pretensión de esclarecer una realidad que, con interesada conveniencia, aproxima o distancia de la ficción. "

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Updikelandia

6.12.2007
John Updike, caricatura de Loredano. Fuente: El País.

Rodrigo Fresán ha publicado en "Babelia" una reseña sobre la última novela de John Updike, Terrorista (Tusques), recientemente publicada en castellano. Una reseña impecable, por supuesta, no sólo por lo que dice sino porque invita a correr tras el libro (que aún no llega a Lima).

Para leer la contratapa de la novela, pulse aquí.

Dice Fresán: “(…) bienvenidos otra vez a Updikelandia. Porque por encima del envoltorio supuestamente novedoso de esta novela -también supuestamente novedosas fueron sus excursiones al futuro o a África o al Medioevo o a Brasil o a los territorios de lo mitológico o de lo expresionista abstracto-, Updike, por suerte, siempre escribe acerca de lo mismo con esa misma prosa magistral que lo convierte en uno de los estilistas más exquisitos de su idioma luego de su maestro Vladímir Nabokov y, junto a Philip Roth, en el actual gran prócer literario de su país.”

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John Updike

5.31.2007
John Updike. Dibujo: Jorge Arévalo. Fuente: El Cultural

Uno más que se une al tema del terrorismo y la traumática literatura post 11/S (espero que nadie haya patentado el término). John Updike publicó el año pasado Terrorist (Terrorista) y la novela ya ha sido traducida al castellano (sale la próxima semana por Tusquets). En “El Cultural” le hacen una entrevista y, además, adelantan un extracto de la novela.

Sobre Ahmad, protagonista de la novela, dice Updike: “Espero que los lectores puedan pensar en el terrorista como un ser humano, como alguien que atrae nuestra simpatía y que, a su manera, resulta encantador. Ahmad es un muchacho que está intentando ser bueno y desarrollar su vida en una sociedad estadounidense sin demasiado sentido para él. Ve el lado hedonista y materialista de América, que le parece digno de condenación y que es, a su juicio, el mismo demonio. Así que sí, estoy intentando expulsar al terrorista de la categoría de bugaboo [ente de ficción] para incorporarlo a la categoría de respetable ser humano.”

También declara: “Un novelista no puede dar respuestas políticas, pero sí describir el mundo que ve. Y Terrorista es mi visión de una cierta parte de América, de una América, esperemos, distinta.”

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