MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vila Matas sobre Chejfec

6.08.2009
Sergio Chejfec. Fuente: diario perfil

Enrique Vila Matas sigue comentando escritores latinoamericanos. Como antes lo hizo con Enrique Prochazka o Ricardo Sumalavia hoy presenta al mundo español (porque en América Latina tiene un prestigio sólido aunque minoritario) al argentino Sergio Chejfec a partir de su libro Mis dos mundos (Candaya). Dice en el "Dietario voluble":

(...) este escritor [Sergio Chejfec] es alguien a quien no le cuadra bien la palabra novelista, porque él en realidad crea artefactos, pensamiento narrado antes que novelas. En Mis dos mundos, por ejemplo, nos recuerda que hay novelas con historias, pero también novelas como la suya, que no son tan ortodoxas, aunque contienen también historias. La que se cuenta en Mis dos mundos (Candaya) no es fácil de sintetizar, pero digamos que es la historia de un escritor que, a punto de cumplir los 50 años, y probablemente debido a esta fecha crucial, quisiera convertirse en un no escritor. Esto lo sabremos cerca del final, aunque es una ilusión que organiza el relato: la historia de un escritor que está visitando una ciudad del Brasil y, mientras recorre su parque más emblemático, ve en ese gran espacio medio abandonado (incluyendo las barcas con forma de cisne o las aves cautivas) señales de su propia condición incompleta y una prueba cósmica de que cualquier autenticidad es imposible y de que "así como uno no elige el momento en que va a nacer, también ignora los mundos variables que va a habitar". La caminata ocupa casi todo el libro. Es un paseo cargado de frases que disuelven -algunas de forma asombrosa- el sentido de frases que han aparecido páginas atrás. Allí donde el narrador (cuyos dos mundos parecen confundirse tanto como en ocasiones se mezclan en el libro el estilo ensayístico con el narrativo) vacila y duda sobre lo que está narrando, o bien se pregunta cómo hacerlo, Chejfec, en el fondo, no se lo pregunta jamás. Es más, está entre quienes dominan con mayor maestría tanto el arte de la digresión como el de la narración en la literatura actual. Ante Chejfec, en una primera impresión recordamos a muchos autores admirados, y en un segundo momento -más sólido y perdurable en el tiempo- advertimos de que no se parece a nadie y que ha elegido un camino insólito, único, muy diferenciado, que tarda en distinguirse a causa de las exigentes y muy personales búsquedas que el propio autor realiza en su narrativa. (...) Chejfec -muy injustamente poco conocido entre nosotros- destaca entre los novelistas que de un tiempo a esta parte vienen esforzándose por traducir sus historias al pensamiento narrado, género del que, aun no sabiéndose mucho, se sabe al menos que escapa con inteligencia ensayística de la corriente de aire limitado de los grandes novelistas con tendencia obtusa al desfile cinematográfico de las cosas. ¿He calificado de obtusa a esa tendencia? Voy bien. Perfecto. Veo que afortunadamente sigo paseando -como el discreto héroe de Mis dos mundos- a la deriva.

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Sergio Chejfec en España

11.12.2008
Portada del libro. Fuente: candaya editores

Un método infalible para leer buenos libros: entrar al cuarto de Bellatin y ver los libros que tiene tirados en el piso, casi siempre leídos hasta la quinta página (nunca más). Así es como encontré un libro de Sergio Chejfec, así es como me conseguí de Argentina sus libros Lenta biografía y Baroni, un viaje, y así es como leeré Mis dos mundos, editado en Alfaguara en Argentina y en Candaya en España. Jordi Carrión, quien le hace la reseña en ABCD las letras, lo llama "uno de los narradores más brillantes de nuestra lengua". Dice la reseña:

El punto de partida es -como todo en su obra- doble: la cercanía de cumplir cincuenta años y la voluntad de explorar lo que en el plano de la ciudad es la mayor mancha verde. La llegada al parque, que será recorrido sistemáticamente, tiene lugar tras una larga demora digresiva, como si el narrador se resistiera a abordar el principal tema de la obra. Todo el relato es una defensa del caminar como polisemia: patología o maldición, proceso intelectual, impulso para ser otro o para «poner en escena la ilusión de autonomía y sobre todo el mito de la autenticidad». Porque el simulacro afecta al espacio urbano, que es el ámbito de la caminata. Pero también involucra a uno mismo. Desdoblado, el narrador Chejfec confiesa su pánico escénico respecto al teatro de la escritura, su vergüenza, su culpa. El tema de la impostura es tratada en un tono kafkiano. La interpelación a la ecología del parque -que incluye un divertido e inquietante monólogo ante tortugas y peces- sintoniza con la sensibilidad de Coetzee hacia el mundo animal. Pero nunca la posible filiación es explícita o unívoca. Todo es, al menos, bisémico o contradictorio. O «dicotómico, porque por un lado amo los parques o su variante fúnebre, los cementerios», pero «por otro lado ni pierdo oportunidad de denostarlos en mi interior». Aunque Mis dos mundos haya salido simultáneamente en Argentina por Alfaguara y aquí por Candaya, su autor ha continuado sintonizando con su «lengua privada», que defiende la fidelidad a las inflexiones argentinas después de casi veinte años de vida en el extranjero. El uso de «acá», «medio», «cuadra», «rubro» o «linyera» apunta en esa dirección. Ciertos comentarios sobre la argentinidad, además, sitúan el texto en la órbita de Juan José Saer o de Sebald: la lejanía no hace más que enfatizar la necesidad de pertenencia textual a la patria perdida. Pero al contrario que ellos, Sergio Chejfec lleva la reflexión sobre la representación a la esfera del arte contemporáneo, de la televisión, de Internet. Su sistema artístico admite la incorporación de cualquier forma de artificio. La prosa -dura pero hipnótica- asume con naturalidad los estímulos del cómic, de la pantalla y de la red, y prosigue su camino.

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Bolaño y el burócrata pitoniso

6.04.2008
Roberto Bolaño. Fuente: desconvencida

¿Nadie es profeta en su tierra? Edmundo Paz Soldán cuenta que estuvo en Blanes, el lugar que escogió Roberto Bolaño para establecerse y que se ha convertido en mítico para todos los admiradores del escritor chileno, para presentar el libro Bolaño Salvaje (Candaya) co-editado con el desaparecido Gustavo Faverón (al parecer, Ophra no admite competencia). El libro se presentaría en la Sala de Lectura "Roberto Bolaño" inaugurada en la Biblioteca de la fundación Planells. Pero la Sala no tenía el nombre del escritor. La explicación que dio un burócrata (ensayando para crítico literario o para pitonisa, quién sabe) para tal descuido es de antología, por arbitraria y mala leche. Así cuenta la anécdota Edmundo:

La semana pasada fui a Blanes a presentar Bolaño salvaje, el libro que coedité junto a Gustavo Faverón. Fue una experiencia fascinante, conocer a Carolina, y a muchos amigos que tuvo Bolaño en Blanes. La sala donde presentamos el libro, en el segundo piso de la fundación Planells, estaba llena de gente. Asistimos a la primera presentación pública del documental de Eric Hasnoot que acompaña al libro. Escuché a uno de los asistentes comentar que no habían prosperado las gestiones para que la nueva biblioteca de Blanes se llamara Roberto Bolaño; en el ayuntamiento habían decidido que sólo una sala de lectura de la biblioteca se llamara así. No había todavía una placa que indicara el nombre de la sala de lectura; ante las quejas, uno de los responsables del ayuntamiento respondió: "ahora todo el mundo habla de Bolaño, pero en diez años nadie se acordará de el".

Por cierto, en el post de Edmundo se comenta una buena noticia: la editorial Candaya publicará próximamente a Sergio Chejfec en España.

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Dos detectives y Bolaño

4.17.2008
Carátula del libro. Fuente: puente aéreo

Imposible no comparar el trabajo de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón en búsqueda de retratar intelectual y personalmente a Roberto Bolaño basándose textos y otros documentos, con la aventura policial de los protagonistas de Los detectives salvajes. El libro Bolaño salvaje se trata, como lo resumió en "Puente Aéreo" Gustavo Faverón, de 504 páginas, 25 ensayos y un documental sobre el autor chileno que ha editado Candaya en España. Gracias al status del Facebook de Edmundo (no hay nada mejor para descubrir en qué andan los amigos que esos status) me entero de que mañana se presenta el libro en España. Mientras esperamos que llegue a Lima, el prólogo puede leerse en la página del colectivo Boomerang. Por otra parte, Edmundo ha comentado en su blog cómo se originó este libro:

Hace exactamente tres años, en marzo del 2005, en un encuentro de literatura latinoamericana en Lleida (Lérida) conocí a Paco Robles y Olga Martínez, editores de Candaya, una casa editorial independiente que en poco tiempo se ha consolidado como una de las más interesantes en el panorama español. Ellos me contaron que tenían previsto iniciar una colección de libros dedicados a autores españoles y latinoamericanos contemporáneos. Me dijeron que el primer volumen, sobre Enrique Vila-Matas, ya estaba en marcha, y que vendría acompañado por un documental en DVD con una entrevista y un acercamiento en imágenes al mundo del autor. Mientras caminábamos hacia al hotel, se me ocurrió ofrecerles editar para esa colección un volumen de ensayos sobre Roberto Bolaño. Antes de llegar al hotel, la decisión había sido tomada, y el proyecto se ponía en marcha. Cuando volví a los Estados Unidos, me dí cuenta de lo abrumador del trabajo: los libros de Celina Manzoni (Roberto Bolaño: la literatura como tauromaquia, 2002) y Patricia Espinosa (Territorios en fuga: estudios críticos sobre la obra de Roberto Bolaño, 2003), habían abierto notables sendas de estudio, pero la muerte de Bolaño en 2003 y la publicación en 2004 de la monumental novela 2666 lo habían convertido rápidamente en un autor canónico, central no sólo para la literatura latinoamericana sino también más allá del continente americano. Se me ocurrió preguntarle a Gustavo Faverón si estaba interesado en coeditar el libro. Entusiasmado, Gustavo aceptó. Con él, nos pusimos a pensar en los lineamientos principales del libro. Gustavo escribiría un ensayo sobre las relaciones de Bolaño con la literatura argentina, yo me haría cargo de la introducción. Pensamos que un buen título sería Bolaño salvaje, pues no sólo hacía referencia a Los detectives salvajes; también quería sugerir lo poco domesticado que había sido Bolaño en su paso fugaz por el mundillo literario, su vocación de francotirador.


Por cierto, es imposible no recordar que Edmundo Paz Soldán conoció a Roberto Bolaño posiblemente el mismo día que yo, en aquel encuentro de escritores en Sevilla que se volvió mítico por ser el último en que pudo participar Bolaño. En ese encuentro resultó obvio que Bolaño había accedido a una categoría distinta: era un escritor consciente del valor de su obra y capaz de vislumbrar que su reconocimiento era una carrera ascendete ya inevitable, que la muerte -cuya rapidez no sé si estaba prevista o no para él, pero era latente dada su enfermedad- sólo aceleró. Fernando Iwasaki, quien estuvo en Sevilla también invitado a ese encuentro, recuerda justamente a ese Bolaño caminando entre autores jóvenes en olor a santidad.

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