MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Dos detectives y Bolaño

Carátula del libro. Fuente: puente aéreo

Imposible no comparar el trabajo de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón en búsqueda de retratar intelectual y personalmente a Roberto Bolaño basándose textos y otros documentos, con la aventura policial de los protagonistas de Los detectives salvajes. El libro Bolaño salvaje se trata, como lo resumió en "Puente Aéreo" Gustavo Faverón, de 504 páginas, 25 ensayos y un documental sobre el autor chileno que ha editado Candaya en España. Gracias al status del Facebook de Edmundo (no hay nada mejor para descubrir en qué andan los amigos que esos status) me entero de que mañana se presenta el libro en España. Mientras esperamos que llegue a Lima, el prólogo puede leerse en la página del colectivo Boomerang. Por otra parte, Edmundo ha comentado en su blog cómo se originó este libro:

Hace exactamente tres años, en marzo del 2005, en un encuentro de literatura latinoamericana en Lleida (Lérida) conocí a Paco Robles y Olga Martínez, editores de Candaya, una casa editorial independiente que en poco tiempo se ha consolidado como una de las más interesantes en el panorama español. Ellos me contaron que tenían previsto iniciar una colección de libros dedicados a autores españoles y latinoamericanos contemporáneos. Me dijeron que el primer volumen, sobre Enrique Vila-Matas, ya estaba en marcha, y que vendría acompañado por un documental en DVD con una entrevista y un acercamiento en imágenes al mundo del autor. Mientras caminábamos hacia al hotel, se me ocurrió ofrecerles editar para esa colección un volumen de ensayos sobre Roberto Bolaño. Antes de llegar al hotel, la decisión había sido tomada, y el proyecto se ponía en marcha. Cuando volví a los Estados Unidos, me dí cuenta de lo abrumador del trabajo: los libros de Celina Manzoni (Roberto Bolaño: la literatura como tauromaquia, 2002) y Patricia Espinosa (Territorios en fuga: estudios críticos sobre la obra de Roberto Bolaño, 2003), habían abierto notables sendas de estudio, pero la muerte de Bolaño en 2003 y la publicación en 2004 de la monumental novela 2666 lo habían convertido rápidamente en un autor canónico, central no sólo para la literatura latinoamericana sino también más allá del continente americano. Se me ocurrió preguntarle a Gustavo Faverón si estaba interesado en coeditar el libro. Entusiasmado, Gustavo aceptó. Con él, nos pusimos a pensar en los lineamientos principales del libro. Gustavo escribiría un ensayo sobre las relaciones de Bolaño con la literatura argentina, yo me haría cargo de la introducción. Pensamos que un buen título sería Bolaño salvaje, pues no sólo hacía referencia a Los detectives salvajes; también quería sugerir lo poco domesticado que había sido Bolaño en su paso fugaz por el mundillo literario, su vocación de francotirador.


Por cierto, es imposible no recordar que Edmundo Paz Soldán conoció a Roberto Bolaño posiblemente el mismo día que yo, en aquel encuentro de escritores en Sevilla que se volvió mítico por ser el último en que pudo participar Bolaño. En ese encuentro resultó obvio que Bolaño había accedido a una categoría distinta: era un escritor consciente del valor de su obra y capaz de vislumbrar que su reconocimiento era una carrera ascendete ya inevitable, que la muerte -cuya rapidez no sé si estaba prevista o no para él, pero era latente dada su enfermedad- sólo aceleró. Fernando Iwasaki, quien estuvo en Sevilla también invitado a ese encuentro, recuerda justamente a ese Bolaño caminando entre autores jóvenes en olor a santidad.

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5:50 a.m.

Al libro de Bolaño Salvaje, más allá de la intención(formidable) de la editorial Candaya por rescatar la imagen de un escritor talentoso y fuera de serie como R Bolaño, le faltaron varias cosas, entre ellas, entrevistas a la gente común y corriente de Blanes y a la gente que conoció a Roberto en sus inicios porque ahora que se habla tan bien de él y se lo lee y se le menciona, creo que es importante también destacar la parte dura de su obra( está García Porta, pero no me refiero a eso) la parte dura del oficio; porque como bien sabemos, al principio no lo tuvo nada fácil, al principio de los principios, es decir cuando trabajaba de cualquier otra cosa para ganarse la vida(camarero, barrendero, vendedor de visutería, cuidador de camping) y, ahí creo yo, existe una ruptura muy grave, porque el escribir y alcanzar un buen nivel narrativo, no debería estar tan opuesto al ganarse la vida como uno quisiera, pienso que no debería ser así porque al final de las finales, uno, con su obra, alcanzada la madurez aporta. Pienso que las sociedades deberían tener en cuenta a quienes verdaderamente trabajan con seriedad día y noche en una obra,como fue el caso de Bolaño porque son personas que corren graves riesgos. Lástima que se murió joven y me pregunto si esa muerte, si detrás de todo ese padecimiento hepático, había una gran frustración contra la que luchó toda su vida. Ahora suena bien, se habla de él, le rinden homenajes, pero nadie habla del Bolaño triste en determinado momento de su vida. No. Nadie habla de eso.
Que todos aquellos que en determinado momento le negaron una oportunidad, se abran el coco, que todos aquellos que se resisten a lo que está escrito pero que no cumple, los requisitos necesarios que el mercado grita, solicita, exige, se pongan a pensar un momento y consideren que a veces es mejor arriesgar y probar, antes que repetir. Y no hablo de Ken Follet ni de Zafón.    



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