MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Sergio Chejfec en España

Portada del libro. Fuente: candaya editores

Un método infalible para leer buenos libros: entrar al cuarto de Bellatin y ver los libros que tiene tirados en el piso, casi siempre leídos hasta la quinta página (nunca más). Así es como encontré un libro de Sergio Chejfec, así es como me conseguí de Argentina sus libros Lenta biografía y Baroni, un viaje, y así es como leeré Mis dos mundos, editado en Alfaguara en Argentina y en Candaya en España. Jordi Carrión, quien le hace la reseña en ABCD las letras, lo llama "uno de los narradores más brillantes de nuestra lengua". Dice la reseña:

El punto de partida es -como todo en su obra- doble: la cercanía de cumplir cincuenta años y la voluntad de explorar lo que en el plano de la ciudad es la mayor mancha verde. La llegada al parque, que será recorrido sistemáticamente, tiene lugar tras una larga demora digresiva, como si el narrador se resistiera a abordar el principal tema de la obra. Todo el relato es una defensa del caminar como polisemia: patología o maldición, proceso intelectual, impulso para ser otro o para «poner en escena la ilusión de autonomía y sobre todo el mito de la autenticidad». Porque el simulacro afecta al espacio urbano, que es el ámbito de la caminata. Pero también involucra a uno mismo. Desdoblado, el narrador Chejfec confiesa su pánico escénico respecto al teatro de la escritura, su vergüenza, su culpa. El tema de la impostura es tratada en un tono kafkiano. La interpelación a la ecología del parque -que incluye un divertido e inquietante monólogo ante tortugas y peces- sintoniza con la sensibilidad de Coetzee hacia el mundo animal. Pero nunca la posible filiación es explícita o unívoca. Todo es, al menos, bisémico o contradictorio. O «dicotómico, porque por un lado amo los parques o su variante fúnebre, los cementerios», pero «por otro lado ni pierdo oportunidad de denostarlos en mi interior». Aunque Mis dos mundos haya salido simultáneamente en Argentina por Alfaguara y aquí por Candaya, su autor ha continuado sintonizando con su «lengua privada», que defiende la fidelidad a las inflexiones argentinas después de casi veinte años de vida en el extranjero. El uso de «acá», «medio», «cuadra», «rubro» o «linyera» apunta en esa dirección. Ciertos comentarios sobre la argentinidad, además, sitúan el texto en la órbita de Juan José Saer o de Sebald: la lejanía no hace más que enfatizar la necesidad de pertenencia textual a la patria perdida. Pero al contrario que ellos, Sergio Chejfec lleva la reflexión sobre la representación a la esfera del arte contemporáneo, de la televisión, de Internet. Su sistema artístico admite la incorporación de cualquier forma de artificio. La prosa -dura pero hipnótica- asume con naturalidad los estímulos del cómic, de la pantalla y de la red, y prosigue su camino.

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3:11 p.m.

Suerte con la lectura, aunque me parece que solamente faltaba en la reseña que la posibilidad del libro era tridimensional. Manera de sazonarle elementos... Suerte.    



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