MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

El Hablador 17, Ribeyro

12.22.2009
Julio Ramón Ribeyro. Serigrafía: Cecilia Podestá. Fuente: elmisteriodelaluz

El número 17 de la revista virtual El Hablador está en la red. Como siempre, aparecen las secciones de reseñas, de artículos críticos, de entrevistas, de debate, de ficción (poesía y cuento). De lo más destacable: la entrevista a Miguel Mota, uno de los responsable de los festejos por el centenario de Malcolm Lowry; también entrevistan a Rafael Cadenas, poeta venezolano ganador del Premio FIL 2009; el encuentro entre un gruppie colombiano y Pedro Lemebel; y un homenaje a Julio Ramón Ribeyro organizado por Christian Elguera, donde se le plantea una serie de preguntas a varios escritores (entre ellos Enrique Vila Matas, Alejandro Zambra y Carlos Calderón Fajardo) sobre la vigencia de Julio Ramón Ribeyro. Una coincidencia, pero también un justo desagravio contra el gran narrador peruano, atacado en un extraño homenaje por autores que, desde luego, no pueden compararse con los antes mencionados. Les dejo algunas respuestas de estos autores sobre Ribeyro:

sobre la vigencia de JRR:

Enrique Vila Matas: No estaba la obra tan vigente cuando Ribeyro vivía. Quiero decir que es ahora cuando más concuerda la obra de Ribeyro con el espíritu del tiempo. Apostó por un tipo de literatura que entonces aún no era plenamente bien vista en los ambientes literarios latinoamericanos: cuentista que mezclaba a Maupassant con Kafka; ensayista que –quizás arriesgo al decirlo– hacía autoficción. Mejor será decir autobiografía, en el sentido de que construía literariamente su diario, su vida. Es cierto que no fingía, pero construía sus verdades para el diario literario. Él mismo lo dice en La tentación del fracaso: "Literatura es afectación". Y explica que quien ha escogido para expresarse la literatura, y no la palabra (que es un medio natural) debe obedecer a las reglas del juego. De ahí que toda tentativa para parecer no ser afectado –lenguaje coloquial, monólogo interior- acabe convirtiéndose en una afección aún mayor. Era pues afectado. Y creo, además, que era más moderno de lo que supieron ver sus contemporáneos.

Carlos Calderon Fajardo: Porque el nunca escribió un cuento pensando que lo hacía en función a una época determinada, es decir, nunca se preocupó por pensar que sus libros estuvieran a tono con la moda o con los últimos experimentos narrativos. Por ejemplo, él estaba en Francia en pleno apogeo de la nueva novela francesa o de las novelas de Beckett, que seguía con mucho interés, pero a las cuales no les prestaba ninguna atención en el momento de escribir sus libros. A él le interesaba mucho más, o le bastaba, el mismo lo decía, “me basta Maupassant, Chejov y unas cuantas gotitas de Kafka”. El escribía en función de cosas que el tenía que decir. Por ejemplo, yo le observé que el cuarto tomo de la palabra del mudo me parecía no era del mismo nivel de los libros anteriores, y como tenía cierta confianza con él le dije, un poco atrevidamente, que de repente no publicase ese cuarto tomo, y el me respondió que no podía porque en ese tomo estaban los cuentos sobre su barrio, el de Santa Cruz, “Los relatos santacrucinos”. Decía que debían publicarse porque tenía que dejar constancia de ese lugar, que si no los publicaba ese tema iba a quedar en el olvido. Es decir, ese tipo de cosas era lo que lo preocupaba más que pensar si estaba al tono de los tiempos. Pensaba que la literatura era anacrónica, por eso no se preocupaba mayormente por experimentaciones de estilo, y escribía con un lenguaje muy posicional para decir lo que quería decir.

Alejandro Zambra: Porque tiene y tendrá lectores. Porque nadie escribe como escribía él. Hay algunos que escriben mejor, pero nadie escribe como escribía él.

principal aporte de su obra:

Enrique Vila Matas: Introdujo al héroe solitario, aislado, al hombre que se asoma a una realidad que le resulta extraña y totalmente insoportable. Pero su principal aporte está todavía por ver. El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que era, por ejemplo, un cuentista formidable. Sin ir más lejos: de la misma categoría que John Cheever, lo que ya es decir.

Carlos Calderon Fajardo: Es difícil de poderlo responder, él nunca se preocupó porque su literatura fuese conocida o ampliamente conocida. Recuerdo la anécdota con Feltrinelli, el editor más importante de Italia. Bryce consiguió que Feltrinelli visitara la casa de Ribeyro para conversar sobre las posibilidades de la traducción de su obra al italiano. Alina Cordero, la esposa de Julio Ramón, organizo una comida en la casa para la una de la tarde, pero ya eran como las tres y Ribeyro no llegaba, entonces Feltrinelli dijo que se tenía que ir y se retiró. Lo que realmente ocurrió fue que Julio Ramón estaba en el bar de la esquina, viendo que este editor se fuera para regresar a su casa. No le habría importado o sería timidez, pero en ese momento se había perdido la oportunidad de que Ribeyro fuera conocido en Italia. Ahora, él probablemente no hubiera sido conocido en América Latina como lo es ahora si no hubiera sido por Alfredo Bryce. Él se preocupó mucho porque fuera publicado por Seix Barral, pero Julio Ramón nunca hizo ningún esfuerzo, nunca. Además, como él no apareció cuando debió haber aparecido, cuando posteriormente fue ya leído en el mundo de habla hispana, habían pasado el boom, Rulfo, Onetti, y una serie de grandes cuentistas latinoamericanos, y su obra no fue justipreciada como un aporte para la literatura latinoamericana.

Alejandro Zambra: Diez o veinte cuentos magistrales.


cuál es el mejor Ribeyro:

Enrique Vila Matas: Es una injusticia que a un escritor que creó un estilo propio queramos verlo por separado. El de los diarios está muy conectado al fragmentario, y el fragmentario está conectado al escritor que aspira a la totalidad, que es el del excepcional texto dedicado a su biografía de fumador.

Carlos Calderon Fajardo: Ribeyro tenía una virtud que pocas personas tienen, que la tienen por ejemplo Hinostroza, Cisneros en poesía, la tenía Tolstoi, y era que todo lo que escribía era casi todo bueno, o lo poco que no es muy bueno es bastante bueno. Donde más bien sí flaquea un poco es en novela, aunque eso también es discutible. Por ejemplo, hay gente que piensa que Los geniecillos dominicales ha sido mal valorada, pero donde hay un absoluto acuerdo es que Crónicas de San Gabriel es una gran novela, que debería ser más estudiada, y que fue publicada antes de La ciudad y los perros. Es decir, La ciudad y los perros no fue la primera gran novela moderna, claro ya estaba Arguedas obviamente, pero entre Arguedas y Vargas Llosa está esa novela de Ribeyro. Ahora, la vertiente fantástica es excelente, la urbana también. En los diarios habría que ver la obra completa, porque faltan, creo, uno o dos tomos por publicar; lo que hay me aparece interesante porque Julio Ramón introduce dentro de la narrativa peruana la dimensión de la intimidad, el diario como género que antes no había existido; claro que antes han habido algunos diarios en nuestra literatura, como el de Juan de Arona, pero no con la calidad de Ribeyro, quien da un salto cualitativo, es decir, el escritor deja de ser un testigo de la vida social para ser un testigo de su vida íntima. Él también apreciaba la crítica, allí está La caza sutil; creía además que en Prosas apátridas y Dichos de Luder estaba concentrado su máximo aporte, pero yo creo que su máximo aporte es el cuento.

Alejandro Zambra: No sé, me cuesta decidirlo. Entré a Ribeyro por La tentación del fracaso y Prosas apátridas y me gustan esas bellas cartas que escribía a su hermano, pero en su obra de ficción hay momentos buenísimos también.

imagen del autor:

Enrique Vila Matas: No creo que construyera conscientemente una imagen de sí mismo, porque se buscaba a sí mismo. Pero involuntariamente fue creando la imagen de alguien distinto a lo que él llamaba “los nuevos ricos” de la literatura latinoamericana. Creó, sin quererlo, la imagen de un autor peruano que oponía al esplendor de los triunfadores la crónica mínima e intensa de los hechos comunes y pequeños que vivía un escritor triste en París, en el fondo siempre en el Perú que no había podido jamás dejar.

Carlos Calderon Fajardo: Yo creo que él era escéptico en relación con unas cosas, pero no con otras. Y esto por una razón fundamental: Una persona que escribió los cuentos que escribió, con una gran humanidad, difícilmente pudo haber sido ser escéptica en su relación con la vida; de ser así, sus cuentos hubieran sido terribles, retorcidos, negativos. Es cierto que el personaje principal de sus cuentos es el fracasado, pero desde una mirada comprensiva. Pero tal vez tenía un cierto escepticismo sobre las relaciones humanas, aunque parezca mentira. Sobre la vida en general parecía que no tenia escepticismo, pero sobre las relaciones humanas sí. Hay una famosa frase de él que dice: “Cada vez me convenzo mas de lo mezquino, lo cruel, del ser humano”. Sobre todo, era relativamente escéptico en relación con el Perú. Sería motivo de estudiar si esa frase de Vargas Llosa, “¿En que momento se jodió el Perú?”, no estaría implícita en todos los cuentos de Ribeyro: “¿En que momento fracasó el Perú?” Y él era escéptico en la posibilidad de que ningún tipo de gobierno político, ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro, ni ninguno de los presidentes que hubo ni los que podían venir, podrían solucionar el problema del país. Tampoco era una persona que no gustase de la vida. Le gustaba comer, tomar, fumar, platicar, los amigos. No era ni como Cioran o como Onetti que se encerraban, todo lo contrario, era una persona muy sociable, pero seleccionaba mucho a las personas con las que se relacionaba. Era, además, muy gracioso, con un humor negro terrible. Gozaba mucho de la vida. Le gustaba la playa, nadar, beber buen vino, los cigarrillos. Era una persona que le daba mucha importancia a la cortesía, a las maneras, al trato. Le molestaba mucho la grosería, el mal comportamiento, era delicado en su trato, tal vez por cuestiones familiares, sociales. Era, por decirlo de alguna manera, un aristócrata del espíritu, de gustos refinados: la música, la pintura. Sobre su diario, el título siempre me fue enigmático, porque el título debería haber sido, lógicamente, La tentación del éxito. Él nunca fue un fracasado, nunca dijo, por ejemplo, esta terrible frase de Arguedas: “que vivió en vano”. Se sabía un gran cuentista, y estaba seguro que iba a pasar a la posteridad, porque hay algunos que dudan. Podría tratarse de la tentación de sentirse atraído por el fracaso.

Alejandro Zambra: Vivía para escribir. Como Flaubert. Y practicó una escritura íntima que pasa por estados muy diversos. No creo que su figura pueda quedarse solamente en uno de esos estados, en esos disfraces.

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Malcolm Lowry poeta

8.07.2009
Malcolm Lowry. Fuente: rancholasvoces

La obra narrativa de Malcolm Lowry ha sepultado su obra poética. Sin embargo, es fácil ver los caminos interiores que unen una y otra. En Tusquets, Juan Luis Panero ha traducido los poemas de Lowry y, para hacer más obvios los vínculos con Bajo el volcán, ha nombrado el conjunto con el título de uno de los poemas: El trueno más allá del Popocatépetl. Dice una reseña en "El Cultural":

Suponen estos poemas un claro y desgarrador sentir y pensar en los límites de esa autodestrucción que es la que, a la vez, genera una profunda y tremenda lucidez. Así sucede en otro de los poemas, "La desesperación de Dios", en el que la Divinidad pasa a formar parte del propio mal y a sentir ella misma la angustia existencial como el cactus salvaje que se abrasa en el secarral. Otras veces, ternura y violencia combaten como en el poema "Delirio en Veracruz". El miedo, el vacío, el terror, los alucinados despertares en los que asoma por la rendija de la ventana una existencia tan dolorosa como la que el protagonista de los poemas siente en su interior, asaltan de continuo al lector. Hay en el libro un solo caso en el que la lucidez de Lowry brilla sin tormento, serena, y es en el poema titulado "Rilke y Yeats". Hay otro poema en el que las obras de otros escritores (Dante, Shakespeare) no logran apaciguar los tormentos del que escribe, pero en éste el sentir y el pensar se remansan en una maravillosa concisión: "Ayúdenme a escribir/muéstrenme las puertas/que conducen al orden/y rescaten mi alma/ de esta jaula/donde mi valor/ aúlla entre rejas". Luego, sólo parecen quedarle ya espacio y tiempo para escribir el propio epitafio, con los consabidos temas que ya no impresionan al lector. Pero antes, Malcolm Lowry ha utilizado el poema en su más alto grado para sentir y pensar en los límites, exactamente antes de que su vida-volcán se sumerja en ese otro infierno que es el de la muerte, el del silencio del no ser.

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Expatriados top ten

5.13.2009
Exilio. Fuente: espacioluke


Jean Francoise Fogel recoge en su blog una lista publicada en The Guardian -fanáticos en hacer listas, como se sabe- sobre los 10 mejores libros sobre el exilio. Fogel dice además: "(...) lo que más me interesa es la ausencia, lógica, de autores de América Latina. Pasaron años y años exiliados en Europa o en EE. UU. por razones políticas, pero en sus obras, de hecho, no se apartaron de sus países. Propongo una ley: a pesar de vivir en el exilio los autores latinos tienen poco talento literario para el destierro". La lista es la siguiente:

1. El americano tranquilo de Graham Greene

2. A Woman of Bangkok de Jack Reynolds

3. El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell

4. The Discovery of Tahiti (El descubrimiento de Tahiti) de George Robertson

5. Cuando partí una mañana de verano de Laurie Lee

6. El caballero del salón de Somerset Maugham

7. Thomas Cook European Railway Timetable (horarios del ferrocaril)

8. Habla, memoria de Vladimir Nabokov

9. Bajo el volcán de Malcolm Lowry

10. París era una fiesta de Ernest Hemingway

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México por extranjeros

4.08.2009
A ver qué escritor extranjero se atreve con el desayuno chingón de 25 pesos. Fuente: eltrigodelaluna

El sello Random House Mondadori ha escogido a Rodrigo Fresán para dirigir una colección de novela policial contemporéanea titulada "Roja & Negra". El propio Fresán hace el prólogo de las dos primeras novelas de la colección: El poder del perro de Don Winslow y Delitos a largo plazo de Jake Arnott. A pesar de que no soy muy afín, ahora, a la novela policial, sin duda el embrujo de Fresán sigue activo y le contagia a uno las ganas de leer estas novelas (que probablemente no leeré). Sin embargo, lo que quiero resaltar de ambos prólogos, que han sido publicados íntegramente en Radar Libros esta semana, es el comienzo del dedicado a la novela de Winslow. Como ésta pasa en México, Fresán se extiende en la literatura mexicana escrita por extranjeros y deja una lista imprescindible de novelas:

De todos los posibles subgéneros de la literatura, uno de los más intensos e interesantes es, sin duda, la novela mexicana escrita por extranjeros. México posiblemente sea el país más y mejor visitado por los escritores de afuera. Y las razones para que esto sea así son tan obvias como misteriosas: por un lado, México limita con Estados Unidos y funciona como frontera mágica donde todo cambia en tan pocos metros. México como el perfecto punto de fuga o puerta de entrada para personajes que necesitan encontrarse pero, antes, inevitablemente, perderse. Y no olvidar nunca esa sórdida y casi última fotografía de Francis Scott Fitzgerald vestido de charro turístico en Tijuana o a Terry Lennox cambiando de rostro y de nombre allá abajo al final de El largo adiós de Raymond Chandler. En este sentido, México ofrece todo lo necesario para el drama y la tragedia y, también, la comedia enloquecida. Y por allí, cruzando esa frontera que es geográfica pero también existencial y mística, pasaron o se quedaron para siempre –por citar apenas unos pocos– los antihéroes de La serpiente emplumada de D. H. Lawrence, Serenata de James M. Cain, El poder y la gloria de Graham Greene, Bajo el volcán de Malcolm Lowry, Children of Light de Robert Stone, La última oportunidad de Richard Ford, Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy, Atticus de Ron Hansen, Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño; sin por eso olvidar la sombra perdida de Ambrose Bierce y los innumerables perseguidores de la epifanía beatnik ayudados por cantidades importantes de mezcal y peyote mientras se canta a los gritos “La bamba” o “La cucaracha”. Bienvenidos a México como patria espiritual de los fugitivos y encandilador agujero negro con picante perfume noir en el que, por lo general, los personajes caen para matar, enloquecer, iluminarse o morir o –como ocurre en El poder del perro, de Don Winslow– hacer todas esas cosas (y muchas más) al mismo tiempo y no necesariamente en ese orden.

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El libro que te cambió la vida

5.05.2008
Elogio de la lectura. Fuente: elpaís.com

Si quieren enterarse de lo que está sucediendo en Nueva York ahora mismo, no pueden dejar de leer los reportes de The Literary Saloon sobre algunos de los eventos. Uno de ellos por ejemplo fue la mesa redonda "Books That Changed My Life". Aquí la lista de los libros que mecionaron cada uno de los invitados:

Antonio Muñoz Molina: Absalom, Absalom de William Faulkner

Catherine Millet: The Lily of the Valley de Honoré de Balzac

Yousef al-Mohaimeed: first the Arabian Nights, then poetry (including haikus), and then, of all things Nikos Kazantzakis Zorba the Greek

Olivier Rolin: Under the Volcano de Malcolm Lowry

Annie Proulx: Before Adam de Jack London

¿Y qué libro tendría que decir yo si me invitasen a esta mesa redonda? Fácil. Sin lugar a dudas, La verdadera vida de Sebastián Knight de Vladímir Nabokov.

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Demonios de Lowry

4.23.2008
Malcolm Lowry. Fuente: nfb.ca

Una de mis mejores inversiones el año pasado fue leer todas las obras de Malcolm Lowry que pude encontrar en las librerías limeñas. Al final colapsé, pero fue una experiencia lectora alucinante. El Fondo de Cultura Económica publicó hace una década una biografía de Malcolm Lowry escrita por Douglas Day. Y ahora se prepara para publicar una nueva biografía, escrita esta vez por Gordon Bowker, titulada Perseguido por los demonios. Vida de Malcolm Lowy. En el suplemento Confabulario anticipan unos párrafos de esta nueva publicación sobre un escritor cuya fama literaria estuvo siempre precedida por su mitología. Este fragmento no tiene desperdicio:

"Así, hay dos versiones de la vida de Lowry, dos aspectos tan diferentes como complementarios. Hay un Malcolm en el País de las Maravillas, cargado de condenas y lleno de fantasmas, y otro Malcolm que se refleja en el Espejo Oscuro y Retorcido. Como Alicia, siempre tuvo a la mano alguna poción mágica (whisky, tequila o mezcal) con la cual podía transformar su entorno y su persona, convertir la suciedad y la desolación del manicomio en la visión de una ciudad lunática, hacer del paraíso infernal de México el escenario de la gran novela moderna sobre la lucha de la humanidad contra las fuerzas del mal. Lowry mismo reconoció haber creado en gran medida los horrores y los terrores que lo inspiraron y que le permitieron asumir el papel de Cualquier hombre moderno, enfrascado en su lucha interna por la sobriedad y la cordura. Aunque cuando estaba todavía en Cambridge le informó despreocupado a su asesor, Hugh Sykes Davies, que estaba condenado, más tarde aprendió de Ortega y Gasset que todos somos novelistas y creamos la ficción de nuestra propia vida. Y hay muy pocos escritores cuya obra sea el centro de la vida, y en que la vida se entreteja de manera tan profunda y deliberada con la obra. Sus dos tiranos, a decir de Lowry, eran la pluma y la botella, pero nadie acogería a sus verdugos con más entusiasmo que él. Se dedicó a ambos, compulsivo y sin tregua. La pila de botellas que dejó tras de sí y el montón de manuscritos que produjo, atestiguan el arduo trabajo de su vicio principal y de su mayor virtud. Vivió y escribió sin cesar; abandonó manuscritos, los perdió, los recuperó y los reescribió. Tuvo una enorme renuencia a terminar cualquier cosa. Una vez puestas las palabras en el papel, dejaban de ser suyas, y al reescribirlas lograba poseerlas de nuevo. Del mismo modo, siempre estuvo reescribiendo su vida pasada, reinterpretándola, a la luz de Freud o de Jung, de la cábala o de la filosofía de Ortega y Gasset. Al igual que el Lowry ficticio (el escritor mítico que él mismo creó), existió desde luego el de carne y hueso, que nació el 28 de julio de 1909, murió el 26 de junio de 1957, se casó dos veces, estuvo siempre estreñido, fue propenso a los accidentes, se autoexilió, sifilofóbico que llevó una vida marginal de alcohólico en Londres, París, Nueva York y México, y que pasó catorce años en la oscuridad de la Columbia Británica a expensas de su padre. Sin embargo, hay partes importantes de esa vida física que no se consignaron. Detestó a la sociedad con sus buenos modales, y su profundo sentimiento de marginación lo alejó mucho de la corriente principal de la vida literaria, donde hubieran podido observar y describir sus movimientos los amigos, los admiradores y los testigos críticos. Incluso estando casado se desaparecía durante días enteros en borracheras que después le era imposible recordar. Y quizá su muerte se encuentre más velada por el misterio que la de cualquier otro escritor inglés de su estatura".

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Cocteles literarios

8.17.2007
Ernest Hemingway, alcohólico no anónimo. Foto: Tore Johnson. Fuente: The Guardian

¿Existe alguna relación entre el beber en exceso y la buena literatura? La lista de autores geniales alcohólicos podría llevarnos a equívocos, ya ven uds. lo que ocurre cuando algunos escritores pretenden usar ese atajo para ser geniales y sólo consiguen una intoxicación y falsas amistades (además de un montón de páginas garabateadas a las que calificar de "textos literarios" sería una hipérbole). A propósito de un libro sobre cocteles literarios (supongo que no faltará un comentario sobre el célebre alambique que construyó Malcolm Lowry para destilar los perfumes franceses de su esposa), Stuart Walton escribe en el blog de The Guardian al respecto.

"Any attempt to convince ourselves today that drinking might be conducive to writing is, however, self-delusion. We now know that, like many other intoxicants, alcohol has an initial stimulant effect on the key neurotransmitters serotonin and dopamine, which contribute to the familiar feeling of well-being that the evening's first drink delivers. It also acts on a neurotransmitter known, sweetly enough, as GABA (gamma-aminobutyric acid), which is an inhibitory agent found throughout the brain. GABA plays an important role in the memory function, which includes assisting the brain to discard the material it doesn't need to retain. Alcohol's stimulation of the GABA receptors enhances the inhibitory action of this chemical, which is why it becomes harder to remember your PIN number, your colleague's name, and finally your own address, during a particularly determined session. Other cognitive functions will degrade along with memory under the influence of alcohol, so it is hard to believe that any writer is going to be at the top of his or her game while drinking. Of course, it depends what kind of writing you are aiming at. A stream of fragmentary consciousness might emerge, but the world has, perhaps, had enough of those now, and publishers won't buy them. If you're working on a cultural history of aristocratic dress in the Second Empire, forget it."

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