MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Expatriados top ten

5.13.2009
Exilio. Fuente: espacioluke


Jean Francoise Fogel recoge en su blog una lista publicada en The Guardian -fanáticos en hacer listas, como se sabe- sobre los 10 mejores libros sobre el exilio. Fogel dice además: "(...) lo que más me interesa es la ausencia, lógica, de autores de América Latina. Pasaron años y años exiliados en Europa o en EE. UU. por razones políticas, pero en sus obras, de hecho, no se apartaron de sus países. Propongo una ley: a pesar de vivir en el exilio los autores latinos tienen poco talento literario para el destierro". La lista es la siguiente:

1. El americano tranquilo de Graham Greene

2. A Woman of Bangkok de Jack Reynolds

3. El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell

4. The Discovery of Tahiti (El descubrimiento de Tahiti) de George Robertson

5. Cuando partí una mañana de verano de Laurie Lee

6. El caballero del salón de Somerset Maugham

7. Thomas Cook European Railway Timetable (horarios del ferrocaril)

8. Habla, memoria de Vladimir Nabokov

9. Bajo el volcán de Malcolm Lowry

10. París era una fiesta de Ernest Hemingway

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Greene sobre Somerset Maugham

10.16.2007
Somerset Maughan. Foto: Evening Standard. Fuente: La Jornada

En el suplemento Semanal del diario mexicano "La Jornada" han rendido un breve homenaje al narrador Somerset Maugham, uno de los escritores más célebres de su tiempo y hoy poco leído, publicando dos textos suyos y además un texto de ese extraordinario narrador que fue Grahan Greene, quien analiza los aspectos técnicos de la narrativa de Maugham.

Dice Greene: "Maugham es un escritor de gran deliberación incluso cuando su estilo es más descuidado (“boca ardiente”, “desnudez del alma”, “boca como una herida escarlata”); él nunca, siente uno, perderá la cabeza; tiene un punto de vista firme. La banalidad de las frases que he señalado no indican abandono emocional; más bien indican una cierta actitud de indiferencia hacia los detalles de sus historias; la narrativa es algo que debe ponerse antes que aparezca el punto de la anécdota, y Maugham se encuentra algunas veces un poco aburrido en el proceso y fuera de práctica. Para Maugham la anécdota es casi todo; la anécdota, y no los personajes, no la “atmósfera”, no el estilo, es la responsable principal para transmitir la actitud de Maugham; y es la anécdota, en contraste con el análisis espiritual, Maupassant con Chéjov, lo que discute en su prefacio con gran justicia para la escuela opuesta. No conozco a nadie sino a Chéjov que haya sido capaz de representar al espíritu en comunión con el espíritu en forma tan vívida. Esto es lo que hace a uno sentir que Maupassant es obvio y vulgar en comparación. Lo extraño, lo terrible del caso, es que, viendo al hombre en sus dos diferentes formas, estos dos grandes escritores, Maupassant y Chéjov, lo vieron cara a cara. Uno se contentaba con mirar la carne, mientras el otro, de modo más noble y sutil, reconocía el espíritu; pero ambos acordaron que la vida era tediosa e insignificante y que los hombres eran bajos, sin inteligencia y lamentables. Esto es muy generoso al venir de un discípulo de Maupassant, y el elogio a su maestro nunca es exagerado. “Los cuentos de Maupassant son buenos cuentos. La anécdota es interesante en forma independiente de la narración, de tal forma que captarían la atención si se contaran sobre la mesa de la cena, y eso me parece un gran mérito en verdad.” Los mejores cuentos de Maugham también son anecdóticos, los mejores son dignos de Maupassant; su falla en alcanzar realmente el rango de Maupassant es en parte su falla para ceñirse a la anécdota. Muchos de sus cuentos cortos se extienden en la región propia de la novela".

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Graham Greene

8.05.2007
Graham Greene. Foto: Sunday Times. Fuente: El País

Si existe un escritor que me intriga muchísimo, además de la admiración que me provoca su literatura, por la vida que tuvo es Graham Greene. Me intriga más que Truman Capote y Ernest Hemingway, por ejemplo, y con eso lo digo todo. Por eso ha sido un placer leer el texto de Manuel Vicent en "El País" sobre el autor de novelas tan espléndidas como Nuestro hombre en La Habana. Pero ojo, si no conocen a Greene no lo lean, porque se perderán todas las señales.

Dice Vicent: "Su niñez estuvo dividida entre dos lealtades. Su padre era director del colegio de Berkhamsted, ubicado en un viejo edificio que se comunicaba con la casa natal del pequeño Graham por una puerta tapizada de bayeta verde. Greene jugó a la ruleta rusa cuatro veces con una Smith & Wesson, calibre 32, cuyo tambor era de seis balas Esa puerta daba también a dos lados de su propio cerebro. En una parte hervía la brutalidad escolar del patio donde sus compañeros le exigían compartir los ritos feroces contra los maestros; en otra estaban su padre y los hermanos dentro del orden apacible del hogar. En el recreo su timidez mórbida se hallaba a merced de las humillaciones que le infligía el más duro e inteligente de la banda, un tal Carter, para que tomara partido contra el director, y esta tortura le produjo una esquizofrenia de la que nunca se repuso. Graham Greene ha confesado que se hizo escritor sólo para vengarse de aquel tipo. Derrotar a Carter, enmascarado después en varios perdedores de sus novelas, se convirtió en un destino".

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