MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Demonios de Lowry

4.23.2008
Malcolm Lowry. Fuente: nfb.ca

Una de mis mejores inversiones el año pasado fue leer todas las obras de Malcolm Lowry que pude encontrar en las librerías limeñas. Al final colapsé, pero fue una experiencia lectora alucinante. El Fondo de Cultura Económica publicó hace una década una biografía de Malcolm Lowry escrita por Douglas Day. Y ahora se prepara para publicar una nueva biografía, escrita esta vez por Gordon Bowker, titulada Perseguido por los demonios. Vida de Malcolm Lowy. En el suplemento Confabulario anticipan unos párrafos de esta nueva publicación sobre un escritor cuya fama literaria estuvo siempre precedida por su mitología. Este fragmento no tiene desperdicio:

"Así, hay dos versiones de la vida de Lowry, dos aspectos tan diferentes como complementarios. Hay un Malcolm en el País de las Maravillas, cargado de condenas y lleno de fantasmas, y otro Malcolm que se refleja en el Espejo Oscuro y Retorcido. Como Alicia, siempre tuvo a la mano alguna poción mágica (whisky, tequila o mezcal) con la cual podía transformar su entorno y su persona, convertir la suciedad y la desolación del manicomio en la visión de una ciudad lunática, hacer del paraíso infernal de México el escenario de la gran novela moderna sobre la lucha de la humanidad contra las fuerzas del mal. Lowry mismo reconoció haber creado en gran medida los horrores y los terrores que lo inspiraron y que le permitieron asumir el papel de Cualquier hombre moderno, enfrascado en su lucha interna por la sobriedad y la cordura. Aunque cuando estaba todavía en Cambridge le informó despreocupado a su asesor, Hugh Sykes Davies, que estaba condenado, más tarde aprendió de Ortega y Gasset que todos somos novelistas y creamos la ficción de nuestra propia vida. Y hay muy pocos escritores cuya obra sea el centro de la vida, y en que la vida se entreteja de manera tan profunda y deliberada con la obra. Sus dos tiranos, a decir de Lowry, eran la pluma y la botella, pero nadie acogería a sus verdugos con más entusiasmo que él. Se dedicó a ambos, compulsivo y sin tregua. La pila de botellas que dejó tras de sí y el montón de manuscritos que produjo, atestiguan el arduo trabajo de su vicio principal y de su mayor virtud. Vivió y escribió sin cesar; abandonó manuscritos, los perdió, los recuperó y los reescribió. Tuvo una enorme renuencia a terminar cualquier cosa. Una vez puestas las palabras en el papel, dejaban de ser suyas, y al reescribirlas lograba poseerlas de nuevo. Del mismo modo, siempre estuvo reescribiendo su vida pasada, reinterpretándola, a la luz de Freud o de Jung, de la cábala o de la filosofía de Ortega y Gasset. Al igual que el Lowry ficticio (el escritor mítico que él mismo creó), existió desde luego el de carne y hueso, que nació el 28 de julio de 1909, murió el 26 de junio de 1957, se casó dos veces, estuvo siempre estreñido, fue propenso a los accidentes, se autoexilió, sifilofóbico que llevó una vida marginal de alcohólico en Londres, París, Nueva York y México, y que pasó catorce años en la oscuridad de la Columbia Británica a expensas de su padre. Sin embargo, hay partes importantes de esa vida física que no se consignaron. Detestó a la sociedad con sus buenos modales, y su profundo sentimiento de marginación lo alejó mucho de la corriente principal de la vida literaria, donde hubieran podido observar y describir sus movimientos los amigos, los admiradores y los testigos críticos. Incluso estando casado se desaparecía durante días enteros en borracheras que después le era imposible recordar. Y quizá su muerte se encuentre más velada por el misterio que la de cualquier otro escritor inglés de su estatura".

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Nona Fernández y Lina Meruane

11.05.2007
Nona Fernández. Fuente: red de líderes

La Revista de Libros toma en cuenta la singularidad de que cuatro escritoras mujeres, casi de la misma edad, publiquen simultánemente este año. Y entrevista a dos de ellas: a Lina Meruane con Fruta prohibida (FCE) y a Nona Fernández con Av. 10 de Julio Huamachuco (Uqbar editores).

Dice Nona Fernández sobre el título, que deviene de un poema de Enrique Lihn: "Lihn es un autor recurrente, su poesía y su figura me nutren, por decirlo así. Pero apareció entremedio. Este espacio subterráneo yo quería que fuera una pieza oscura y después aparece la idea de esta cloaca, entre limbo y Hades, no sabemos lo que es, yo tampoco lo tengo claro, salvo que es un lugar oscuro donde solamente se escuchan voces. Pero el contexto del poema de Lihn es menos siniestro, más de juego infantil, de recuperar la niñez, una mirada más tierna". Y en lo que respecta a la novela, declara: "Me gusta mucho la idea de recolonizar Santiago literariamente. Me sirve en términos metafóricos más que reales. De chica yo vivía en el barrio Avenida Matta, en Nataniel con Victoria, y siempre me llamó la atención la calle 10 de Julio. Todo el mundo sabe que allí venden piezas de auto robadas, pero vamos y las compramos, y nos roban y volvemos. Ese tema, sin tener mucha claridad de lo que era la metáfora, me daba vueltas, y sentía que cuando extrañaba a esa niña que fui, a esa pieza original, era porque me había transformado en un repuesto más. Creo que es el trasfondo del libro: cómo nos transformamos y nos conformamos con los repuestos, perdemos la pieza original y la olvidamos tan fácilmente."


Mientras tanto, Lina Meruane declara:

"Pienso que toda la novela está atravesada por este proceso, que ya está en el título. Es algo siempre difícil de aceptar, y pienso que la tecnología actual está intentando calmar esas angustias proponiendo una serie de medidas que están alterando la noción de vida y muerte, y los tiempos en que suceden estos procesos. En esta novela yo vi la descomposición como el mecanismo que revela a los personajes en profundidad, ante sí mismos: la certeza del final detona las decisiones de cada personaje. (...) Este libro pasó por un largo proceso de maduración. Primero surgieron tres cuentos en los que reaparecía una niña diabética que imagina su cuerpo como una fruta. Ese fue el destello, ese personaje reclamaba un mayor protagonismo y escribí todo un libro de cuentos encadenados que se llamó Fruta podrida. Pero tuve que dejarlo de lado, y cuando lo retomé dos años más tarde gracias a una beca, supe que le faltaba algo. En la reescritura el libro se convirtió en una novela, sólo quedaron unas cuantas escenas de la versión anterior y se perfilaron mejor los múltiples escenarios clínicos."

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Cuatro chilenas en noviembre

11.02.2007
Alejandra Costamagna, una de las cuatro. Fuente: el tiempo

Este mes de Feria de Libro, Santiago de Chile ha sido realmente tomado por asalto por las talentosas escritoras chilenas nacidas alrededor de los años 70. De manera inusitada, cuatro de ellas han publicado y presentan sus nuevas novelas este mes, en distintas editoriales. Alejandra Costamagna (con quien compartiré dentro de poco una mesa redonda en la Feria del Libro de Oaxaca) presenta con Planeta la novela que quedó entre las 10 finalistas del Planeta-CasaAmérica, Diles que no estoy. Por su parte, Lina Meruane presenta en la FILSA su novela Fruta podrida editada por el Fondo de Cultura Económica.

Y finalmente, en el joven sello Uqbar Editores aparece Andrea Jeftanovic con Geografía de la lengua -que he leído ya, en una primera versión, y es extraordinaria- y Nona Fernández la novela Av. 10 de julio Huamachuco. Ambas firmarán libros en la FILSA los primeros días de noviembre.

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Piedra de sol, 50

10.01.2007
Primera edición del poemario. Fuente: fondo de cultura económica

El sábado 28 de septiembre se cumplieron exactamente 50 años de la publicación del poemario más importante de Octavio Paz, y uno de los libros fundamentales del idioma, Piedra de sol. Apareció como una plaquette de 44 páginas en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica. En el suplemento Ñ del diario Clarín invitan a Víctor Manuel Mendiola, crítico y poeta mexicano, a recordar extensamente el significado de esa obra.

Dice Mendiola: "Hace exactamente cincuenta años, el 28 de setiembre de 1957, el Fondo de Cultura Económica publicó Piedra de sol. Al poco tiempo, en una voz unánime, quienes habían lamentado el giro surrealista de los últimos libros de Octavio Paz y los que lo habían justipreciado o encomiado, coincidieron sin ninguna duda en que había surgido un nuevo gran poema comparable desde ese momento con Muerte sin fin de José Gorostiza o con Altazor de Vicente Huidobro. Todos o casi todos, viejos y jóvenes, exquisitos y rudos, nacionalistas y cosmopolitas, se sintieron compañeros de viaje del poema de 584+6 versos donde corrían en una prolongada órbita cósmica lo mismo los días del placer y el amor que los de la soledad y la guerra (esta composición adivinaba de manera intensa los tiempos por venir a finales de la siguiente década). Todos o casi todos advirtieron que el poema reproducía el complejo tiempo presente y que esta reproducción expresaba sus emociones y sus ideas; sintieron que ese cuerpo verbal redondo era contemporáneo y se sintieron contemporáneos de él. ¿De dónde provenía el poder magnético de este texto? ¿Qué hacía de él una pieza tan atractiva? ¿Por qué los críticos bajaron la guardia? No es fácil decirlo ya que Piedra de sol es un texto contradictorio -como el olmo que da peras. En el poema viven mundos y corrientes que en el siglo XX difícilmente podían convivir de manera plena y armoniosa. En Piedra de sol está vivo el surrealismo en una imaginación poderosa y desbordada que Paz mismo llama -en una línea del propio texto- "sigo mi desvarío", pero también encontramos despiertas una conciencia y una ética revolucionarias -incomprensible para el dogmatismo revolucionario- que prefieren la trasgresión: el crimen de los amantes suicidas, el incesto de los hermanos como dos espejos, el pan envenenado, los amores feroces.

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Josefina Vicens

8.19.2007
Josefina Vicens. Fuente:blogenestadocomatoso

La pregunta que se hacen muchos lectores en México: ¿habrá leído Mario Levrero a Josefina Vicens? Porque las similitudes entre la novela de Levrero El discurso vacío y la de la mexicana Vicens El libro vacío, van más allá del título. Josefina Vicens es una bartleby más para el catálogo de Vila Matas. Una escritora de culto que publicó sólo dos novelas, la mencionada El libro vacío (que tuvo elogios de Octavio Paz), publicada precursoramente en 1958, y Los años falsos en los años 80. Mientras hacía carrera en el cine y el periodismo su obra literaria fue volviéndose inhallable. Hace muy poco, el Fondo de Cultura Económica publicó en un sólo libro las dos novelas de Vicens. El libro voló de los estantes en pocos meses y, espero, ya se prepara una reimpresión. Me pregunto: ¿habrán llegado algunos ejemplares a las librerías de Lima y están ahí, sin que nadie los reconozca, extraviados? Mañana investigaré y les cuento.

En esta página encontré una síntesis del argumento: "El libro vacío, su primera novela, es un libro acerca de la imposibilidad de escribir un libro. José García, el protagonista -nombre ensamblado con los dos seudónimos que Josefina usaba en sus textos period ísticos-, se duele por la angustia de no poder plasmar en letra la necesidad vital de escribir que le corroe las entrañas.La obra se publicó en 1958 pero su gestación seguramente puede ubicarse varios años antes, con lo cual Josefina Vicens anticipa varias características de la novela contemporánea. Brushwood señala que se trata de la primera obra autorreferencial en la literatura mexicana. Es decir, la escritura que se mira a sí misma, el acto de escribir diseccionado en su proceso, desde el punto de vista de un escritor ficticio. Además de las innovaciones técnicas que presenta, El libro vacío es sumamente interesante por el desarrollo de la búsqueda -aparentemente infructuosa- del protagonista en pos de un tema importante para ser plasmado en una novela, y cómo esta búsqueda es al propio tiempo la construcción de la obra de la Vicens (...) La contraportada de El libro vacío en Ediciones Transición ofrece un texto de Josefina Vicens en el que relata que Emmanuel Carballo le pidió contestar en tres cuartillas las preguntas "¿Por qué escribo?", "¿Para qué escribo?" y "¿Cómo escribo?" La escritora, después de confesar que sufrió con tales interrogantes ya que era una mujer que sólo había escrito un libro y dudaba que la vida le alcanzara para terminar otro, decide responder desde la perspectiva de José García, el personaje de su novela: "Mi mano no termina en los dedos: la vida, la circulación, la sangre, se prolongan hasta el punto de mi pluma. En la frente siento un golpe caliente y acompasado. Por todo el cuerpo, desde que me preparo a escribir, se me esparce una alegría urgente. Me pertenezco toda, me uso toda; no hay un átomo de mí que no esté conmigo, sabiendo, sintiendo la inminencia de la primera palabra. En el trazo de esa primera palabra pongo una especie de sensualidad: dibujo la mayúscula, la remarco en sus bordes, la adorno. Esa sensualidad caligráfica, después me doy cuenta, no es más que la forma de retrasar el momento de decir algo, porque no sé qué es ese algo; pero el placer de ese instante total, lleno de júbilo, de posibilidades y de fe en mí misma, no logra enturbiarlo ni la desesperanza que me invade después".

Y en este otra página de la revista Casa del Tiempo encontré una frase-impacto que debería estar en la contratapa: "Como Josefina, como Rulfo, como Kafka, José García escribe sobre su escritura desde el anonimato. Posiblemente sea el tema entrañable de todo escritor, porque confrontar la escritura es navegar en el origen. José García no es Vargas Llosa ni Stephen Vicenzy ni Marguerite Duras, por citar a algunos que han escrito sobre su escritura desde la postura del escritor consolidado. García está mucho más próximo a nosotros, lectores-escritores. Su inseguridad es espejo más nítido de nuestros temores, porque nos devuelve la imagen del escritor que lidia desarmado con la escritura y sólo a través de ésta vive experiencias que su vida cotidiana no le permitiría".

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Luisa Valenzuela en la FIL

7.20.2007
Luisa Valenzuela en Buenos Aires, 1970. Fuente: luisavalenzuela.com

Ayer, la escritora argentina Luisa Valenzuela fue presentada en la FIL LIMA por Rocío Silva Santisteban. Aunque no hubo muchos espectadores, porque en realidad fue un primer día algo flojo de público, los que asistieron tuvieron la suerte de encontrarse con un estupendo diálogo. Por cierto, el último libro de la autora, que fue presentado ayer en Lima, Hay que sonreír, se vende en el stand del Fondo de Cultura Económica. En el stand de Norma aparecen otros títulos de ella. Vale la pena acercarse a una de las más importantes escritoras latinoamericanas actuales. El diario “El Comercio” le hace una entrevista (ir hasta el final de la nota):

Dijo la autora: "Yo no soy maniquea, no creo que el bien está en un lado y el mal en otro. Pienso que todo está en nosotros. A mí me importa mucho tomar conciencia de este aspecto oscuro que encontramos en una misma y en los demás. Por eso me interesa mucho hablar de lo que pasaba durante la dictadura argentina. En la medida en que uno lo va negando, el mal aflora de las maneras más inesperadas (…) Yo creo que escribo, esencialmente, para tratar de tocar lo que no se puede decir, y buscar algo que está en otra parte"

El tema erótico está muy presente en su literatura: “Creo que el poder y el sexo están unidos. El sexo puede ser un instrumento de dominación. Tanto es así que los torturadores de la dictadura violaban para dominar el cuerpo del otro. El poder se ejerce en la mente, pero también mucho en el cuerpo. Yo no creo en la separación de ambos”


Martes 24/07.- En "El Peruano" apareció hoy una nueva entrevista a la autora.

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Luisa Valenzuela

6.26.2007
Luisa Valenzuela. Fuente: Granma

La primera novela de la importante escritora argentina Luisa Valenzuela, escrita a los 21 años, Hay que sonreír, ha sido reeditada por el Fondo de Cultura Económica. Además, actualmente en Buenos Aires se hace una muestra retrospectiva de su obra. El diario Página12 le hace una entrevista a la autora, agenda pendiente para todo aquel que se interese en la literatura latinoamericana.

Dice la nota: “Valenzuela revuelve con la cucharita el café y de pronto, sorprendida por los recuerdos de la gestación-parto de su primera novela, confiesa: “Estaba escribiendo cuentos y había publicado un par de relatos en la revista Ficción, de Juan Goyanarte, y nació la idea del personaje que trabaja de flor azteca y la historia del mago que le iba a cortar la garganta. Al principio iba a ser un cuento, pero alguien me dijo que tenía pasta de novelista, que por qué no escribía una novela, y terminó siendo una novela”. Y con la cucharita vuelve sobre el café, pero sin dejar de evocar y reflexionar. “Uno cree que cada novela es muy distinta de la otra, que no son parecidas. Y sin embargo, hay un hilo conductor a lo largo de mi obra –explica–. Mis personajes tratan de sacar de su fantasía su propia verdad, hay una búsqueda de un sentido y de una verdad profunda, cada uno por los derroteros que le toca transitar. Me pareció que estilísticamente es mi novela más estructurada.”

Silvina Freira, autora de la entrevista, le pregunta por la ironía como una constante en su obra. Luisa Valenzuela contesta: “Se necesita una mirada dual para ver las cosas. Y la ironía te permite ver las cosas desde otro ángulo. Si estamos instalados siempre en el drama, nos perdemos la mitad de la luz de la situación, o mejor dicho, los claroscuros. La ironía, el humor negro, macabro, rompen el patetismo y te permiten abrir una compuerta hacia otro lugar para ubicar la mirada. "

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