MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

En recuerdo de Cortázar

2.12.2009
Julio Cortazar en famosa foto de Gisele Freund (Nina Bescow Agency)

Muchas son las páginas dedicadas hoy a Julio Cortázar. Para mí, en medio de esos abuelos o padres que representan los autores del boom literario, Julio Cortázar siempre fue una especie de tío alegre, divertido y completamente loco. Aquel que me guiñaba el ojo cuando hacía algo mal, el que me compraba helados en la esquina, el que le decía a mi madre que me iba a llevar al colegio y terminábamos en el box, el que me prestaba sus discos de jazz, el que se sentaba conmigo en un parque o en mi cuarto y empezaba a contarme historias alucinantes, inverosímiles, que me obligaban a jugar con mi imaginación. El tío entrañable a quien le guardo una infinita ternura y un enorme agradecimiento. 25 años no es demasiado tiempo para olvidarlo. Más allá de la discusión sobre si era o no un buen novelista (yo creo que algunas de sus páginas son geniales y que, en realidad, fue un inconforme radical como todo buen novelista), o sobre su actitud política, sus obras prescindibles al final de su vida, sus cuentos impecables o su mala poesía, Cortázar era un escritor auténtico, un hombre que sufría de literatosis, un auténtico creador de ficciones.

Algunas cosas que he leído hoy me han conmovido. Por ejemplo, este recuerdo de sus últimos días contado por Juan Cruz:

Poco antes de morir, y murió tal día como hoy hace 25 años, en París, Julio Cortázar hizo un viaje por España, poseído por la melancolía desconsolada producida por la muerte de su última mujer, Carol Dunlop; estuvo con amigos suyos (Mario Muchnick, entre otros) en Segovia, fue abordado por guardias civiles que querían su autógrafo, y pasó por Madrid y Barcelona. En Barcelona tuvo un encuentro que él contó luego en una de las últimas entrevistas que dio, a The Paris Review. En esa anécdota cabemos todos los que leímos Rayuela. Era una novela de amor, de aventuras, un caleidoscopio feliz y un puñetazo en el hígado "Pobre Oliveira, che. Qué lástima me dio encontrármelo de nuevo y qué tipo formidable es". Contaba en esa entrevista Cortázar que en el barrio gótico de la Ciudad Condal se había detenido a escuchar un concierto de una joven que cantaba como Joan Baez. Escondido en la oscuridad de la calle, harto de que le abordaran para tener su autógrafo, este hombre de casi dos metros se vio asaltado por un joven que le ofreció una torta.
-Julio, toma un pedazo, le dijo el chico.
Cortázar se hizo a un lado; era, desde que fue un chiquillo, un hombre tímido; no le gustaban las fiestas ni los saraos literarios; por no estar en ningún sitio fijo fue capaz (con Aurora Bernárdez, su primera mujer, su viuda) de renunciar incluso a los empleos fijos. Así que allí estaba, en Barcelona, tímido siempre, y enfermo, escuchando a una chica que cantaba como Joan Baez, y deseando desaparecer del camino del joven que le ofrecía el pastel. Hasta que se convenció de que debía tomarlo. Y le dijo al chico:
-Muchas gracias por acercarte y convidarme.
Fue entonces cuando el joven le dijo a Julio Cortázar lo que muchos de los que leímos Rayuela (y los cuentos, y los cronopios, y Los premios, y 62 Modelo para armar) le hubiéramos dicho en ese sitio o en el limbo si existiera y fuera el sitio donde ahora estuviera mirando:
-Pero, escucha, te di muy poco comparado con lo que tú me diste a mí.
Julio le dijo: "No digas eso, no digas eso", y le comentó después a quien le hizo esta entrevista (Jason Weis), quizá la penúltima: "Y nos abrazamos y él se alejó. Bien, cosas como éstas son las mejores recompensas de mi trabajo como escritor. Que un muchacho o una chica se acerquen a hablarme y a ofrecerme un pedazo de torta, es maravilloso. Así vale la pena el trabajo de escribir".

Desde luego, algunos escritores argentinos han comentado la ausencia de don Julio. En Página12, por ejemplo, entrevistan a Mario Goloboff, Luisa Valenzuela y Florencia Abatte. Y en ADN Cultura, Eduardo Berti defiende a Julio Cortázar como un revolucionario de la técnica novelística. Además de un especial multimedia titulado 25 años sin Cortázar.

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Recuerdo de Grace Paley

9.23.2007
Grace Paley leyendo sus obras en Brooklyn. Fuente: bookishlove

La narradora argentina Luisa Valenzuela recuerda a dos compañeras de ruta, lamentablemente muertas recientemente: la antropóloga Carol Feldman y la escritora Grace Paley. La nota aparece en el suplemento ADN Cultura.

Así recuerda Valenzuela a Paley: "Había conocido a Grace Paley allá por el año 72, cuando el Fondo Nacional de las Artes me otorgó una beca para investigar la literatura norteamericana. El tema era fijo, mi único juego de cintura fue la posibilidad de encararlo a mi antojo. Elegí centrarme en las literaturas marginales, y dadas las ya entonces fuertes presiones del mercado, los cuentistas me parecieron dignos de estudio, junto con los escritores en spanglish . Me centré en dos nombres entonces casi secretos, pero que iban camino a convertirse en figuras de culto: Donald Barthelme y Grace Paley. No sé dónde estarán esos textos, no recuerdo casi nada de las entrevistas, pero la amistad con Grace perduró a lo largo de años y de ausencias porque ella, como Carol Feldman, supo ser especialista en su cultivo a la distancia, y en cada reencuentro era como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Con Grace compartimos unos días en Jerusalén, durante un congreso de escritoras. Allí pude admirarla en todo su esplendor cuando desde su escaso metro cincuenta defendía como fiera y con enorme sonrisa los principios feministas contra miembros de un kibbutz que se la querían comer viva. Así era Grace, más allá de sus libros. O mejor dicho, junto a ellos, porque su activismo y su literatura formaban un solo bloque. De esa misma pasta indómita era también Carol Feldman. Ahora que lo pienso, había un extraño parecido físico entre ambas, si bien Carol era mucho más joven. Pequeñitas y de insospechada fuerza, de enruladas melenas canosas que desafiaban el peine, sostenidas por una pasión que las volvía enormes. Y enormes siguen siendo, porque su amor por los otros y su lucha por despertar conciencias perduran en sus publicaciones y en todos sus discípulos. "Escribimos porque el mundo es un lugar frío. Alguien debe calentarlo", decía Grace Paley. Seres como ella y Carol Feldman nos lo hicieron y hacen más habitable. "

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En la FIL LIMA con Moleskine

7.20.2007
Fuente: Nethodical.com

1.- Aunque la inauguración tuvo un lleno total (sólo faltó el presidente Alan García. En Chile y en México los presidentes inauguran), pasada la ceremonia el día de ayer por la tarde el público no fue abundante en la FIL LIMA. Se espera que el fin de semana rebalse. Ayer se podía comprar tranquilo, mirar con paciencia, pescar las primeras ofertas.

2.- Antes de llegar a la FIL LIMA, me reuní con Daniel Alarcón para un evento vinculado a Bogotá39. Me confesó que votó dos veces en la encuesta de Moleskine Literario "¿Es Alarcón peruano o norteamericano?" Una vez votó “peruano” y otra “norteamericano”. Genial. Y pensar que hay uno por ahí que me acusa de promover esta encuesta para ofender a Daniel.

3.- La presencia de algunos escritores anima ya los pasillos de la FIL LIMA. Ayer vi caminando a Luisa Valenzuela rumbo a su presentación. También distinguí a Oswaldo Reynoso y Oscar Colchado Lucio en la cafetería. Carlos Rengifo observaba su nueva novela en el stand de Norma. Mi querido amigo Carlos Calderón Fajardo –que ha recuperado su peso con creces- estaba radiante como su novela recién presentada y acompañado por jóvenes como siempre. También descubrí a Daniel Alarcón, con cara de despistado para variar, y al altísimo Sergio Ramírez guiado por Vanadis, la chica de prensa de Alfaguara.

4.- Todos los invitados y quienes nos cruzábamos con los organizadores de la FIL no dejábamos de lamentar el capricho de Fernando Vallejo. En especial los colombianos estaban muy molestos. Se desbarrancó el autor de El desbarrancadero.

5.- Dos stands curiosos: uno dedicado exclusivamente a vender el libro del modelo Arnid Hussid sobre sus experiencias en la cárcel, no hay más libros pero sí posters de Arnid; y uno estupendo de los muchachos de Sarita Cartonera que incluye un mural de la Sarita pintada por Alfredo Márquez.

6.- Si llevan a sus hijos a la sección infantil diseñada por la FIL adviértanles primero que se encontrarán con un Pinocho en versión estatua stalinista (o Víctor Delfín, que es lo mismo). Vi algunos llantos.

7.- En una primera impresión parece que hubiera menos stands que en las anteriores ediciones. Pero no es así. La FIL ha ocupado más espacio y por eso se nota menos tumulto, pese a que aumentaron en 60 los participantes. Ya no me encuentro a cada rato con aquellos que venden métodos de inglés y hasta los libros más pequeños del mundo se han traspapelado. Eso sí, se extrañan las anfitrionas: La belle dame sans merci ha huido.

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Luisa Valenzuela en la FIL

Luisa Valenzuela en Buenos Aires, 1970. Fuente: luisavalenzuela.com

Ayer, la escritora argentina Luisa Valenzuela fue presentada en la FIL LIMA por Rocío Silva Santisteban. Aunque no hubo muchos espectadores, porque en realidad fue un primer día algo flojo de público, los que asistieron tuvieron la suerte de encontrarse con un estupendo diálogo. Por cierto, el último libro de la autora, que fue presentado ayer en Lima, Hay que sonreír, se vende en el stand del Fondo de Cultura Económica. En el stand de Norma aparecen otros títulos de ella. Vale la pena acercarse a una de las más importantes escritoras latinoamericanas actuales. El diario “El Comercio” le hace una entrevista (ir hasta el final de la nota):

Dijo la autora: "Yo no soy maniquea, no creo que el bien está en un lado y el mal en otro. Pienso que todo está en nosotros. A mí me importa mucho tomar conciencia de este aspecto oscuro que encontramos en una misma y en los demás. Por eso me interesa mucho hablar de lo que pasaba durante la dictadura argentina. En la medida en que uno lo va negando, el mal aflora de las maneras más inesperadas (…) Yo creo que escribo, esencialmente, para tratar de tocar lo que no se puede decir, y buscar algo que está en otra parte"

El tema erótico está muy presente en su literatura: “Creo que el poder y el sexo están unidos. El sexo puede ser un instrumento de dominación. Tanto es así que los torturadores de la dictadura violaban para dominar el cuerpo del otro. El poder se ejerce en la mente, pero también mucho en el cuerpo. Yo no creo en la separación de ambos”


Martes 24/07.- En "El Peruano" apareció hoy una nueva entrevista a la autora.

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Luisa Valenzuela

6.26.2007
Luisa Valenzuela. Fuente: Granma

La primera novela de la importante escritora argentina Luisa Valenzuela, escrita a los 21 años, Hay que sonreír, ha sido reeditada por el Fondo de Cultura Económica. Además, actualmente en Buenos Aires se hace una muestra retrospectiva de su obra. El diario Página12 le hace una entrevista a la autora, agenda pendiente para todo aquel que se interese en la literatura latinoamericana.

Dice la nota: “Valenzuela revuelve con la cucharita el café y de pronto, sorprendida por los recuerdos de la gestación-parto de su primera novela, confiesa: “Estaba escribiendo cuentos y había publicado un par de relatos en la revista Ficción, de Juan Goyanarte, y nació la idea del personaje que trabaja de flor azteca y la historia del mago que le iba a cortar la garganta. Al principio iba a ser un cuento, pero alguien me dijo que tenía pasta de novelista, que por qué no escribía una novela, y terminó siendo una novela”. Y con la cucharita vuelve sobre el café, pero sin dejar de evocar y reflexionar. “Uno cree que cada novela es muy distinta de la otra, que no son parecidas. Y sin embargo, hay un hilo conductor a lo largo de mi obra –explica–. Mis personajes tratan de sacar de su fantasía su propia verdad, hay una búsqueda de un sentido y de una verdad profunda, cada uno por los derroteros que le toca transitar. Me pareció que estilísticamente es mi novela más estructurada.”

Silvina Freira, autora de la entrevista, le pregunta por la ironía como una constante en su obra. Luisa Valenzuela contesta: “Se necesita una mirada dual para ver las cosas. Y la ironía te permite ver las cosas desde otro ángulo. Si estamos instalados siempre en el drama, nos perdemos la mitad de la luz de la situación, o mejor dicho, los claroscuros. La ironía, el humor negro, macabro, rompen el patetismo y te permiten abrir una compuerta hacia otro lugar para ubicar la mirada. "

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