MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

En recuerdo de Cortázar

Julio Cortazar en famosa foto de Gisele Freund (Nina Bescow Agency)

Muchas son las páginas dedicadas hoy a Julio Cortázar. Para mí, en medio de esos abuelos o padres que representan los autores del boom literario, Julio Cortázar siempre fue una especie de tío alegre, divertido y completamente loco. Aquel que me guiñaba el ojo cuando hacía algo mal, el que me compraba helados en la esquina, el que le decía a mi madre que me iba a llevar al colegio y terminábamos en el box, el que me prestaba sus discos de jazz, el que se sentaba conmigo en un parque o en mi cuarto y empezaba a contarme historias alucinantes, inverosímiles, que me obligaban a jugar con mi imaginación. El tío entrañable a quien le guardo una infinita ternura y un enorme agradecimiento. 25 años no es demasiado tiempo para olvidarlo. Más allá de la discusión sobre si era o no un buen novelista (yo creo que algunas de sus páginas son geniales y que, en realidad, fue un inconforme radical como todo buen novelista), o sobre su actitud política, sus obras prescindibles al final de su vida, sus cuentos impecables o su mala poesía, Cortázar era un escritor auténtico, un hombre que sufría de literatosis, un auténtico creador de ficciones.

Algunas cosas que he leído hoy me han conmovido. Por ejemplo, este recuerdo de sus últimos días contado por Juan Cruz:

Poco antes de morir, y murió tal día como hoy hace 25 años, en París, Julio Cortázar hizo un viaje por España, poseído por la melancolía desconsolada producida por la muerte de su última mujer, Carol Dunlop; estuvo con amigos suyos (Mario Muchnick, entre otros) en Segovia, fue abordado por guardias civiles que querían su autógrafo, y pasó por Madrid y Barcelona. En Barcelona tuvo un encuentro que él contó luego en una de las últimas entrevistas que dio, a The Paris Review. En esa anécdota cabemos todos los que leímos Rayuela. Era una novela de amor, de aventuras, un caleidoscopio feliz y un puñetazo en el hígado "Pobre Oliveira, che. Qué lástima me dio encontrármelo de nuevo y qué tipo formidable es". Contaba en esa entrevista Cortázar que en el barrio gótico de la Ciudad Condal se había detenido a escuchar un concierto de una joven que cantaba como Joan Baez. Escondido en la oscuridad de la calle, harto de que le abordaran para tener su autógrafo, este hombre de casi dos metros se vio asaltado por un joven que le ofreció una torta.
-Julio, toma un pedazo, le dijo el chico.
Cortázar se hizo a un lado; era, desde que fue un chiquillo, un hombre tímido; no le gustaban las fiestas ni los saraos literarios; por no estar en ningún sitio fijo fue capaz (con Aurora Bernárdez, su primera mujer, su viuda) de renunciar incluso a los empleos fijos. Así que allí estaba, en Barcelona, tímido siempre, y enfermo, escuchando a una chica que cantaba como Joan Baez, y deseando desaparecer del camino del joven que le ofrecía el pastel. Hasta que se convenció de que debía tomarlo. Y le dijo al chico:
-Muchas gracias por acercarte y convidarme.
Fue entonces cuando el joven le dijo a Julio Cortázar lo que muchos de los que leímos Rayuela (y los cuentos, y los cronopios, y Los premios, y 62 Modelo para armar) le hubiéramos dicho en ese sitio o en el limbo si existiera y fuera el sitio donde ahora estuviera mirando:
-Pero, escucha, te di muy poco comparado con lo que tú me diste a mí.
Julio le dijo: "No digas eso, no digas eso", y le comentó después a quien le hizo esta entrevista (Jason Weis), quizá la penúltima: "Y nos abrazamos y él se alejó. Bien, cosas como éstas son las mejores recompensas de mi trabajo como escritor. Que un muchacho o una chica se acerquen a hablarme y a ofrecerme un pedazo de torta, es maravilloso. Así vale la pena el trabajo de escribir".

Desde luego, algunos escritores argentinos han comentado la ausencia de don Julio. En Página12, por ejemplo, entrevistan a Mario Goloboff, Luisa Valenzuela y Florencia Abatte. Y en ADN Cultura, Eduardo Berti defiende a Julio Cortázar como un revolucionario de la técnica novelística. Además de un especial multimedia titulado 25 años sin Cortázar.

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4:14 p.m.

descubrí tu página mediante un link (en el blog de José Antonio Galloso, amigo mío)
hace muchos años hablamos por teléfono(o fue por mail?), exactamente el 2001 cuando te llamé para invitarte a participar en una antología de microrrelatos, antología que nunca se llegó a realizar
te seguiré leyendo,
un saludo,
Santiago

http://loslinderosdelfuego.blogia.com    



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