MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

¿Pacto de no agresión?

10.28.2009
El siempre complicado, y nunca bien entendido, pacto entre caballeros de la actual literatura latinoamericana. Fuente: juajomolina

Pasando por el blog The Art of Fiction del mexicano Mauricio Salvador leo la frase: "En lo personal creo que la gente debe relajarse respecto de Bolaño". ¿A qué se refiere? Al parecer, considera que existe una suerte de pasión chauvinista (chilena o latinoamericana, quién sabe) con respecto a Roberto Bolaño. Salvador menciona como punto de partida un artículo de Alejandro Zambra en La Tercera de Chile, en el que refuta bajo el título Historia Universal de la Envida un comentario de Richard Ford contra Los detectives salvajes. El desdén de Ford para Alejandro Zambra es una prueba más del "provincialismo" de los escritores norteamericanos a favor de su literatura y en contra de la literatura de cualquier otro escritor no gringo (hace poco comenté en un post que Philip Roth declaraba que sí, en efecto, la literatura en EEUU es la mejor del mundo). Mauricio Salvador recoge al respecto un post de Gonzalo Baeza titulado "Alejandro Zambra y las defensas corporativas" donde dice:

Según Zambra, la herejía de Ford se explica en parte con el manido argumento que la literatura estadounidense es “pagada de sí misma” o, en otras palabras, autorreferente y tal vez provincial. Una generalización tal sólo puede venir de alguien no familiarizado con dicha literatura o de personas cuyo acceso a ella proviene de lo que se traduce al español, sin reparar en los autores que año a año el mercado hispano ignora. (...) El problema es que, producto de este mismo provincialismo del que solemos acusar a los norteamericanos, sumado al hecho que en nuestros colegios no nos enseñen un segundo o tercer idioma (igual que a los gringos) y que no haya espacio en el mercado para traducir un mayor número de títulos estadounidenses, nos perdemos a una legión de buenos autores. Mirando mi biblioteca, que dista mucho de ser una colección de “imprescindibles”, veo a un sinnúmero de nombres que probablemente jamás lleguen a un público hispanoparlante. A vuelo de pájaro, están los divertidísimos cuentos de Sam Lypsite, los relatos negros de Scott Wolven (quien, por cierto, sí ha sido aplaudido por Ford), Leonard Gardner (autor de un único y desgarrador libro, Fat City, que por sí sólo pesa más que la obra de muchos autores chilenos), Stephen Wright (autor de Meditations in Green, una novela clave sobre Vietnam), o el libro debut de Josh Weil, The New Valley, tres excelentes novelas cortas ambientadas en los bosques y valles de Virginia y West Virginia. Hace poco el blog de Amazon.com publicó una serie de entradas acerca de los libros más representativos de los 50 estados de EE.UU. El número de buenos autores ignorados por las editoriales españolas molesta más cualquier falta de reverencia que Ford pueda manifestar hacia Bolaño. La literatura de EE.UU tiene muy poco de provincial. Un buen ejemplo es Virginia, un estado particularmente retrógrado en lo cultural y cuya universidad pública sin embargo edita una de las mejores revistas literarias del país, el Virginia Quarterly Review. En sus páginas apareció recientemente la traducción al inglés de Bonsái de Zambra. Por lo demás, si bien se estima que apenas el 3% de los libros que se publican anualmente en inglés son traducciones, numéricamente es bastante más de lo que cualquier persona va a leer en su vida. Si vamos a hablar de literatura provincial, qué mejor ejemplo que las letras chilenas, cuya envergadura le permite a duras penas proyectarse regionalmente (basta comparar nuestra anémica producción con lo que ha pasado en la última década en Perú o bien con la tradicional vitalidad de la literatura argentina). ¿O acaso alguien ha leído la traducción al inglés de Palomita Blanca? Después de todo, si alguien inventó el ninguneo a Bolaño fueron autores como Jorge Edwards, quienes miran con condescendencia la adoración que le guardan escritores más jóvenes y sólo a regañadientes lo aceptan en el club, más por el peso de la evidencia que por un deseo de cederle un lugar en el pedestal que ellos mismos se erigieron. Todo ello sin mencionar el ninguneo a nivel regional, partiendo por un Carlos Fuentes que hace poco comentara cómo ni siquiera ha leído a Bolaño.

Mauricio Salvador, orgulloso fan de la literatura norteamericana como lo prueba The Art Of Fiction y la revista Hermano Cerdo, está de acuerdo con Baeza y agrega:

Si Zambra conociera un poco a Ford habría dudado dos veces antes de escribir eso. Sus opiniones, dice, son mezquinas y atarantadas. Yo creo que Ford está en todo su derecho de opinar lo que quiera sobre Bolaño. Lo que sucede es que Zambra vive en una especie de nuevo Mundo feliz en el que la crítica y las posiciones personales existen de verdad muy poco. Esta nueva edad dorada ha sido ensalzada por la marea de encuentros literarios y festivales, de antologías, etc., que han llevado a varios grupos de escritores a renunciar por completo a cualquier clase de crítica en nombre de la preciosa y conveniente amistad. Los escritores latinoamericanos se alaban a sí mismos y a sus amigos escritores con una facilidad que no cabe en alguien como Ford o Bolaño. A Zambra parece incomodarle que alguien ponga en entredicho la recepción de Bolaño como producto del vil marketing. No es tan raro, si lo piensan. Piensen en Bellatin, por ejemplo. Entre Ford y Zambra, veo más pagado de sí mismo a Zambra que al mismo Ford, cuya obra es grandiosa y que no ha lanzado frases envidiosas a su contemporáneo y amigo (y sin duda más famoso) Raymond Carver. Zambra escribe la defensa de Bolaño (él cree que necesita una defensa) en pago a la figura paterna de Bolaño, que abrió las puertas de muchos escritores latinoamericanos en Estados Unidos. Pero se olvida que en la literatura, como en todas las cosas, la gente puede pensar diferente sin por ello ser mezquino o envidioso. Pero los jóvenes escritores que se la viven en festivales, encuentros y antologías no comprenden esto o lo comprenden sintiéndose profundamente ofendidos si alguien opina negativamente de sus obras o de las de sus amigos

La última frase del post de Mauricio Salvador compete a este blog. Como prueba de la amistad y el supuesto pacto de no-agresión de la literatura latinoamericana, Salvador coloca este blog:

Chéquense el Moleskine Literario, por ejemplo, donde todo es feliz y hermoso.

¡Ay, amigo Salvador! Si realmente todo fuera tan feliz y hermoso como en este blog, el mundo no sería lo que es ahora. Nadie quiere un mundo sin conflicto. Sin conflicto, sin mentiras, sin mala onda, sin envidia, sin traición, sin agresión, sin dolor, no habría literatura. No habría Richard Ford, no habría Zambra. No habría The Art of Fiction. No habría Moleskine. Y sobre todo, no habría un escritor que escribe novelas "demasiado largas" como el extraordinario Roberto Bolaño. Felizmente, entonces, el mundo no es hermoso. Y felizmente hay tantos blogs dedicados a insultar agresiva, instintivamente, a todo escritor que pasa por el frente que Moleskine puede covertirse en un refugio donde las ideas disímiles -como lo comprueba este post- pero no groseras encuentran un lugar. Peace and Love. Todo OK. (P.D. Yo también amo a Pip y quiero que le den el Nóbel).

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Novela real y realista

6.24.2008
Richard Ford. Fuente: historias fugaces


En la reseña que Rodrigo Fresán ha escrito sobre Acción de Gracias, la novela de Richard Ford que cierra la trilogía de Frank Bascombe, aparece una singular diferencia entre lo que llama "novela real" y "novela realista". Explica Fresán:

Acción de Gracias es una novela más real que realista. Me explico: a mi entender hay pocas cosas más irreales que la novela realista. Ese perfecto orden en capítulos, ese fluir de constante ocurrencia, ese perfecto ritmo y administración del tempo dramático que caracteriza a la producción novelística del siglo XIX y a buena parte de la del siglo XX en realidad –valga la redundancia– no hace otra cosa que destilar el perfume más concentrado y medular de la no-ficción que nos rodea para así convertirlo en una buena ficción. En cambio, las aspiraciones de la novela real –no hay muchas, no son fáciles de leer y de escribir– son muy diferentes. La novela real no manipula ni potencia ni recorta. La novela real –que conoce muchos modales y variantes y que incluye tanto al Ulises de James Joyce como al Frog de Stephen Dixon– hace de la realidad su tema y la deshace entregándosela a un personaje para que haga con ella lo que mejor le plazca. (La aplicación de todo esto a la nueva edad de oro que parece vivir y sintonizar la televisión de nuestros días y noches descubriría que Los Soprano es realista mientras que The Wire es real. House y 24, en cambio, transcurren en otro planeta muy parecido al nuestro pero...). Y continuando con estos parámetros televisivos podría afirmarse que Acción de Gracias –como Seinfeld– se propone y consigue “tratar sobre nada” para, desde ahí, ocuparse y abarcarlo todo. En resumen: lo real es lo verdadero. Lo realista es, apenas, verosímil. Y aquí viene otra vez Frank Bascombe: el extraño y muy personal y tan real héroe de Richard Ford quien, seamos sinceros, jamás imaginamos, a partir de sus primeros libros y aquella equívoca foto junto a Raymond Carver y Tobias Wolf, que acabaría escribiendo así a un personaje así. Frank Bascombe como alguien que, en principio, parece derivar de los supuestamente “hombres felices” y wasp de John Cheever y Richard Yates pero que no por eso se priva de sintonizar con el solipsismo decididamente jewish de los “héroes” de Saul Bellow. Así, Frank Bascombe y sus circunstancias están presentadas combinando magistralmente la percepción histórica y pop del externo Harry “Conejo” Angstrom de John Updike y el sinuoso y libre flujo de inconsciencia del interno Moses Herzog. Y también –se me ocurre ahora, para reconocer y añadir a la mezcla la cualidad y condición sureña de Ford– el fluctuante Binx Bolling en la perfecta y parsimoniosa El cinéfilo de Walker Percy (escribo esto y leo una entrevista en la que Ford reconoce su deuda con Percy & Bollinx) y al retorcido oficinista familiar de ese clásico secreto que es Something Happened de Joseph Heller.

A propósito de The Wire, ayer terminé de ver la Temporada 1 completa, que era la que me faltaba (empecé al revés) y la estaba guardando como un dulcecito. Ahora sí se acabó para mí The Wire. ¡Qué pena!

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Se viene el Asturias de las Letras

6.22.2008
Amos Oz, recibiendo el premio Príncipe Asturias 2007. Fuente: vozdegalicia

Y estos son algunos de los candidatos:
El escritor español Jorge Semprún, el uruguayo Eduardo Galeano, el japonés Haruki Murakami y el albanés Ismail Kadaré figuran entre los 32 candidatos al premio Príncipe de Asturias de las Letras, que se fallará el miércoles en Oviedo. Entre las propuestas recibidas, procedentes de veinticuatro países, figuran también el poeta libanés Alí Ahmad Said, Adonis, y el coreano Ko Un, así como el novelista italiano Antonio Tabucchi, el estadounidense Richard Ford y la canadiense Margaret Atwood.

El último ganador fue el israelí Amos Oz.

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Richard Ford en Babelia

4.29.2008
Richard Ford. Foto: Laura Pedrick for The New York Times

Con la traducción al castellano de Acción de Gracias (Anagrama), una novela contundente de más de 700 páginas que no me pude traer del DF porque no cerraba el maletín, se cierra la Trilogía Americana de Richard Ford, compuesta además por El periodista deportivo y El día de la independencia, también traducidas por Anagrama. Es el retorno de Frank Bascombe, uno de los personajes literarios más célebres del siglo XX quien ahora "tiene 55 años, una preciosa casa acristalada en la costa de Nueva Jersey, una pequeña inmobiliaria, dos ex mujeres, un cáncer de próstata detectado hace unos meses y dos hijos vivos de su primer matrimonio". La inmbiliaria rinde más que el periodismo (y que los sueños literarios frustrados), sin duda. El suplemento Babelia le dedica su ejemplar al regreso de Richard Ford con textos de Ray Loriga sobre el "realismo sucio", una reseña de José María Guelbenzu, y una entrevista al autor por Pablo Guimon. Ahí dice Ford que las novelas autobiogáficas no le interesan:

Probablemente haya similitudes entre Frank y yo, pero no son tantas si piensa en todos los detalles de su vida. Es un hombre norteamericano de mi edad, vale... Pero yo no tengo dos ex mujeres, ni hijos, no soy agente inmobiliario, no he ido a la universidad de Michigan... Las buenas novelas no son autobiográficas. Si escribes una novela autobiográfica estará confinada, limitada por lo que tú eres. Le diré mi concepción de lo que es una buena novela: una buena novela es la que utiliza la imaginación para provocar en el lector que experimente lo impredecible. Y eso sucede cuando el escritor imagina cosas que están muy lejos de su propia vida cándida


También explica el origen del atribulado Frank Bascombe:

Publiqué mi segunda novela, y tuvo buenas críticas. Pero nadie la compró. Entonces cogí un trabajo de periodista deportivo. Y pensé que, si podía conservar aquel empleo, lo haría para siempre. Era divertido, era fácil, estaba bien pagado, viajabas por todo el mundo... era perfecto. Pero perdí ese trabajo y me senté a pensar qué querría escribir si hiciera una nueva novela. Tenía claro que debía hacer algo realmente distinto de lo que había estado haciendo, porque lo que había estado haciendo no acababa de funcionar. Un día Kristina, mi mujer, me dijo: "¿Por qué no escribes sobre alguien que es feliz?". Y me pregunté: ¿cómo demonios se hace eso? Yo tenía una concepción muy romántica de los personajes de las novelas. Eran siempre tipos conducidos por la angustia, sometidos a terribles torturas psíquicas, preocupaciones... Así que decidí cambiar mi visión del mundo. Lo primero que voy a hacer, pensé, es darle al personaje un trabajo que le guste. Y le di un trabajo de periodista deportivo. Luego pensé: una persona feliz es probablemente alguien que ha sido infeliz en el pasado y que intenta ser feliz. Y ésa es la manera en que llegué a Frank. Ésa es toda mi concepción de Frank Bascombe. Alguien que intenta hacerse un hombre mejor, un hombre más feliz.


Y obviamente, se refiere al 11/S, el tema americano por excelencia de los últimos años.

(...) está el espectro del 11 de septiembre que sucederá 11 meses después. No es un símbolo de nada, es lo que hay. Es sólo el hecho de que América es una sociedad muy violenta. Cuando empecé a escribir sobre la Nueva Jersey del año 2000, cada vez que imaginaba una escena y pensaba cuál sería el sonido ambiente, siempre había un coche de policía. Es parte de la vida americana, estamos entumecidos por nuestra violencia, y por la violencia que estamos infligiendo a otros países. Así que no era yo intentando señalar algo. Era sólo el paisaje. Era yo intentando que el paisaje de Acción de Gracias pareciera lo que es. (...) Sólo este invierno he sido capaz de escribir de cosas que tienen que ver con el 11-S. Pretendo escribir un libro de relatos políticos. Pero cuando empecé Acción de Gracias, que debió de ser en 2002, estaba demasiado fresco el tema. Esos grandes sucesos necesitan asentarse, alejarse de la escena pública, para que una pieza de arte sobre ellos pueda resultar útil. Así que decidí situarlo antes del 11-S, pero de alguna manera su sombra está presente en el libro. Y esto es algo que captan los europeos, los americanos no. Los americanos son los seres menos políticos del mundo.

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Fuguet lector

8.05.2007
Carátula del libro de Ian McEwan que contiene, dice Fuguet, el número ideal de páginas para leer de una sentada. Fuente: alberto fuguet: escritor

Alberto Fuguet publicó hoy un artículo en "Revista de Libros" de El Mercurio (que yo enlazo de su blog) sobre la lectura y el tiempo real. Confiesa ahí que siempre aleja de su mira de lector los libros de ficción que tengan más de 200 páginas (en la no ficción, confiesa, no siente ese temor). ¿Será cierto? Confieso que mi número ideal de páginas para una novela es 240. Me fascina leer novelas de más páginas, en especial si es de aquellas en las que uno se sumerge en el mundo y le cuesta salir de ahí, pero cuando pienso en un "ideal" (no sé si más como lector o como autor) siempre me viene a la mente el caprichoso 240. Pero leamos lo que dice Fuguet:

"Lo admito: no he leído o comprado ciertos libros por su grosor. He pensado para mí mismo: ¿no será como mucho? ¿Es necesario escribir tanto, no podría haberlo dicho en menos páginas? Esto me pasa sobre todo con la ficción. Una novela de 400 páginas, ¿no pudo tener 200 menos? ¿Una novela de 800 no es una soberana exageración? Es verdad: uno se hace el tiempo para leer si quiere, pero también es cierto, es innegable, que hay niños, hay colegios, hay trabajo, hay competencia. Un escritor también tiene que hacer lo suyo, seducir, entender los tiempos, y los tiempos no están para 800 páginas. Están para 180 o si no para cinco mil (las sagas que se leen a lo largo de meses o décadas). Novelas recientes que me he negado o no he podido ingresar: Hasta que te encuentre de John Irving en la monstruosa y carísima edición de Tusquets (poco a poco, mi lazo con Irving se ha ido aguando justamente por un tema de páginas). Me costó un año encargar The Lay of the Land de Richard Ford, alguien a quien pensé que nunca podría serle desleal. Con la no ficción, no me asusta ni trauma la cantidad de hojas. ¿Mil páginas de un crítico de cine? Feliz. ¿Tres mil o no sé cuántas de cotilleo literario entre Borges y Bioy? Vale. ¿Quinientas páginas de biografía sobre el escritor de policiales negros Jim Thompson? Démosle. Sobre todo cuando las novelas de Thompson son delgaditas y se leen de una."

También dice: "Leer On Chesil Beach es lacerante y angustiante, y creo que es así porque, en apariencia, no necesita resumir: McEwan cuenta algo mínimo, un episodio que ocurre durante un par de horas, y uno lo lee todo en tres. Pero son tres horas devastadoras, porque mientras lo lees captas que, tal como a veces sucede en la vida, esas tres horas van a pesar y no olvidarse por el resto de la vida de esos dos personajes que uno logró conocer, entender y comprender, pues justo te tocó estar con ellos en un estado límite. Nada te une tanto a otro como haber compartido algo que no debió haber sucedido jamás."

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