MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Una leve pero visible cicatriz

12.15.2009
Vladímir Nabokov en Suiza. Fuente: tha guardian

Hace unas semanas comenté el artículo de Martin Amis sobre The Original of Laura, de Vladímir Nabokov, que apareció en The Guardian bajo el título: "The problem with Nabokov". Ahora, el ADN Cultura traduce el artículo de Martin Amis, al que considera una "lección magistral de literatura" Vale la pena. Aquí unos fragmentos de nabokov según Martin Amis, un nabokvniano arrepentido (al menos de algunas de sus obras), que confiesa -entre otros desaires- no haber podido terminar de leer Ada o el ardor (él se lo pierde) y que ésta, junta a otras novelas, dejan una "leve pero visible cicatriz" en la obra de Nabokov:

[...] He leído al menos media docena de novelas de Nabokov al menos media docena de veces. Y al menos media docena de veces he intentado leer Ada (o el ardor: una crónica familiar) y fracasado rápidamente. Mi primer intento fue hace unas tres décadas. Lo dejé después del primer capítulo, con una curiosa sensación, una suerte de hormigueo negativo. Más o menos cada cinco años (eso se convirtió en un esquema regular), volvía a intentar leerla, y al cabo de un tiempo empecé a razonar la dificultad: "Pero esto está muerto", me dije. La curiosa sensación, el cosquilleo negativo, me resulta ahora, por supuesto, desdichadamente familiar: es la respuesta del lector a lo que parece ocurrirles a todos los escritores cuando sobrepasan la expectativa de vida consignada por la Biblia. La irradiación, la capacidad de dar vida, empieza a marchitarse. El verano pasado me fui de viaje con Ada y me encerré con el libro. Y tenía razón. Con 600 páginas, que duplican o triplican la categoría usual en la que Nabokov compite, la novela es lo que los detectives de homicidios llaman un "reventón". Es un cadáver arrojado al agua que se encuentra en la etapa de máxima hinchazón. En 1939, cuando apareció Finnegans Wake, fue recibido con cauteloso respeto... o con "elogios suscitados por el pánico", según palabras de Jorge Luis Borges. Ada cosechó muchos elogios suscitados por el terror y de hecho, las semejanzas entre las dos óperas magnas son profundas. Nabokov designó al Ulises como su novela del siglo, pero describió a Finnegans Wake como, según la oportunidad, "informe y aburrida", "un libro frío como un pescado", "un trágico fracaso" y "un ladrillo espantoso". Ambas novelas procuran hacer una virtud de la autoindulgencia irrestricta; nos dan la espalda, por así decirlo, y se repliegan en sí mismas. El talento literario tiene diversas maneras de morir. Tanto en el caso de Joyce como en el de Nabokov, vemos una decisiva pérdida de interés por el lector... una pérdida del sentimiento de reciprocidad, de la cortesía. Los placeres de escribir, dijo Nabokov, "corresponden exactamente a los placeres de leer", y las dos actividades son en cierto sentido indivisibles. En Ada, ese lazo se afloja y se debilita. En Nabokov hay cierta debilidad por lo "patricio", tal como lo denominó Saul Bellow (Nabokov el émigré clásico, Bellow el clásico inmigrante). En las novelas puramente "rusas" del primero (me refiero a las novelas escritos en ruso que no tradujo el propio Nabokov), los personajes masculinos, en particular, tienen una tendencia a magnificarse a sí mismos: son más grandes y más audibles que la vida. No caminan, sino que "marchan" o "dan grandes zancadas"; no comen ni beben, sino que "mastican" y "trasiegan"; no se ríen, sino que "rugen de risa". Están muy lejos de ser los furtivos y vacilantes neurasténicos típicos de la corriente principal de la narrativa anglófona: son musculosos (y dotados) galanes, que ganan todas las peleas y enamoran a todas las chicas. Para ellos, el orgullo no es un pecado capital sino una virtud cardinal. Por supuesto, no podemos prescindir de esta vena de Nabokov: nos da, en otras obras, su magnífica prepotencia cómica. En Lolita, se pretende que esta soberbia cualidad sea divertida, en otras obras, es un rasgo que la ironía no alcanza a proteger. En Ada el nabobismo (cualidad referida a cualquier hombre importante, influyente o adinerado, un "pez gordo"; nabob es un europeo que hizo fortuna en las colonias, especialmente en India) se combina desastrosamente con una ninfolepsia que es pródiga y monótonamente satisfecha sin mayores problemas. Al principio de la novela, la propia Ada tiene 12 años y Van Veen, su primo (y medio hermano), tiene 14. Cuando Ada crece, en la adolescencia, su hermanita Lucette también está a mano para animar las "vigorosas citas" de ambos. Encima de todo eso, fluye una casi fantasía sobre una cadena internacional de burdeles de elite donde niñas jóvenes, de hasta 11 años, pueden ser "mimadas y mancilladas". Y el padre de Van, de 60 años, (de manera casual, pero típica) tiene una amante que apenas llega a los dos dígitos: tiene 10 años. Este libro interminable está escrito en una prosa densa, erudita, aliterativa, llena de juegos de palabras, que satura; y cada personaje, sin excepción, suena como el difunto Henry James. Al igual que Finnegans Wake, Ada probablemente "funcione" y "esté a la altura": el decodificador multilingüe, si le dedica tiempo suficiente y no tiene nada mejor que hacer, podría llegar a desenmarañar sus complejos sistemas y simetrías, sus solitarios y engorrosos laberintos, y sus nostalgias pegajosas. Sin embargo, lo que ambas novelas indican claramente es que carecen de cualquier atisbo de tracción narrativa: patinan y se desbarrancan, simplemente no pueden seguir el camino. Y además, en el caso de Ada, hay algo totalmente ajeno, una sensación de monstruosa autorización, de señorío irrestricto y delirante. Moralmente, ése es el mundo que anhelaba el tortuoso Humbert: un mundo en el que "nada importa" y "todo está permitido". [...] Esto nos lleva a Cosas transparentes (novela a la que incómodamente volveremos) y ¡Mira los arlequines!, así como los más o menos insignificantes volúmenes que estamos revisando. "LATH!" (Look At The Harlequins!), como la llamaba el autor, así como llamaba "TOOL" a The Original of Laura, es el canto de cisne de Nabokov. Tiene algunos estruendos maravillosos y destellos de colores sobrenaturales, pero es duro de oído y de visión reumática; y el tema de la niñita es ahora apenas algo más que un logo... parte del mobiliario de Nabokov, como los espejos, los dobles, el ajedrez, las mariposas. [...] Por sí solas, El hechicero, Lolita y Cosas transparentes podrían haber constituido una luminosa y desconcertante trilogía. Pero no quedaron solas; por el puro peso numérico, por la pura repetición, las novelas sobre la ninfolepsia empiezan a contagiarse entre sí... sufren de contaminación cruzada. Con gratitud tomamos de ellas todo lo que podemos, pero... ¿En qué otro lugar del canon encontramos una fijación tan rebelde? ¿En la espantosa comezón de Lawrence, tal vez, o en las turbias transposiciones sexuales de Proust? No, uno debe aventurarse hasta los márgenes de la literatura -Lewis Carroll, William Burroughs, el marqués de Sade- para encontrar un énfasis equivalente: un énfasis puesto sobre actividades que correcta y eternamente consideramos imperdonables. En la ficción, por supuesto, nadie sufre daño alguno; la falla, como dije, no es moral sino estética. Y no pretendo insinuar nada al señalar que la obsesión de Nabokov con las nínfulas tiene un paralelo: la repetitiva indiscreción de su obsesión con Freud ("el vulgar mundo, raído, fundamentalmente medieval" del "charlatán de Viena", con "sus resentidos embrioncitos espiando, desde sus recovecos naturales, la vida amorosa de sus padres"). Nabokov atesoraba la anarquía de la vida interior y Freud es vilipendiado porque procuró sistematizarla. ¿Hay algo de rivalidad en este odio? Bueno, a fin de cuentas es Nabokov, y no Freud, quien emerge como nuestro poeta supremo de los sueños (junto con Kafka) y como nuestro supremo poeta de la locura. Pero persiste un reparo producto del sentido común, pese a toda nuestra imparcialidad literaria y crítica: a los escritores les gusta escribir sobre las cosas en las que les gusta pensar. Y, para decirlo de la manera más dura, la mente de Nabokov, durante la última etapa de su vida, no honró suficientemente la inocencia -no honró suficientemente el honor- de las chicas de 12 años. En las tres novelas que acabamos de mencionar defiende con prepotencia su énfasis; en Ada (ese derroche incontinente), en ¡Mira los arlequines! y ahora en The Original of Laura, no lo defiende. Eso deja una leve pero visible cicatriz sobre el leviatán de su obra.

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Amis vs. Kirschbaum.

11.18.2009
Los originales de la cuestionada Laura de Nabokov. Fuente: revista ñ

Mientras los afortunados millonarios nabokov-fans alistan sus apuestas y sus dólares para llevarse las fichas manuscritas de The Original of Laura de Vladímir Nabokov (lo que daría por solo una de esas fichas para enmarcarlas, junto con los dibujos de Andreas) que pronto serán subastadas en Christie´s, la publicación de la novela por Knopf en forma de fichas está dando que hablar. Martin Amis, conocido fan de Vladímir, ha levantado su voz de protesta en un artículo publicado en The Guardian donde dice tajantemente:
Nabokov composed The Original of Laura, or what we have of it, against the clock of doom (a series of sickening falls, then hospital infections, then bronchial collapse). It is not "A novel in fragments", as the cover states; it is immediately recognisable as a longish short story struggling to become a novella. In this palatial edition, every left-hand page is blank, and every right-hand page reproduces Nabokov's manuscript (with its robust handwriting and fragile spelling – "bycycle", "stomack", "suprize"), plus the text in typed print (and infested with square brackets). It is nice, I dare say, to see those world-famous index cards up close; but in truth there is little in Laura that reverberates in the mind. "Auroral rumbles and bangs had begun jolting the cold misty city": in this we hear an echo of the Nabokovian music. And in the following we glimpse the funny and fearless Nabokovian disdain for our "abject physicality":
"I loathe my belly, that trunkful of bowels, which I have to carry around, and everything connected with it – the wrong food, heartburn, constipation's leaden load, or else indigestion with a first installment of hot filth pouring out of me in a public toilet . . ." Otherwise and in general Laura is somewhere between larva and pupa (to use a lepidopteral metaphor), and very far from the finished imago.
Sin embargo, en el mismo The Guardian, ayer 17 de noviembre, Alexis Kirschbaum, editor de Penguin Classics, arremete contra las críticas de Martin Amis y busca defender la publicación de la novela y apoyar la decisión del hijo de Nabokov de editarla. En suplemento Ñ hacen un resumen de los argumentos de Kirschbaum:
El director editorial de Penguin defiende hoy la publicación de una obra póstuma de Vladimir Nabokov bajo el título de El original de Laura, frente a sus críticos, entre los que está el conocido novelista británico Martin Amis."Dmitri tiene 76 años y está en una silla de ruedas. Fue una cuestión de legado (literario) y el deseo de adoptar una decisión en el seno de la familia" del escritor, explica Kirschbaum. El libro, publicado por Penguin en un papel tan grueso que parece cartón, reproduce fotográficamente cada una de las dos caras de las 138 fichas en las que el autor de Lolita anotó a lápiz el borrador de esa novela inconclusa. El escritor de origen ruso (1899-1977) comenzó a trabajar en "Laura" en 1975, año en que comenzó a fallarle la salud, y siguió ocupado en ella hasta su muerte dos años más tarde. Nabokov dejó instrucciones explícitas de que, si fallecía antes de poder terminar el libro, éste debía destruirse, algo que no hizo, sin embargo, su viuda, Vera. Si en el caso de Franz Kafka, hay que agradecer a su amigo Max Brod que incumpliera su postrer deseo de que se arrojase a la hoguera toda su obra inédita, en lo que se refiere a "Laura", los espíritus están divididos y son más quienes opinan que su hijo no le ha hecho precisamente un favor.Pero Kirschbaum no lo ve así: defiende la decisión tanto de la familia como de la editorial para la que trabaja y explica que "el placer visual" que proporciona El Original de Laura tal y como se ha publicado es "tan intrínseco a la experiencia" de la lectura como es el propio texto. "Claro está que el placer de leer El Original de Laura no es el mismo que el que proporciona una novela acabada, pero la intimidad de la lectura de las fichas tal y como las escribió Nabokov permite a los lectores penetrar en la interioridad del hombre y el escritor como nunca antes", explica el director editorial de Penguin."No creo, dice Kirschbaum, que las fichas nos conviertan, tal y como piensa (Martin) Amis, en incómodos testigos de la muerte del genio (en el escritor) y que este hecho privado no debería haberse hecho nunca conocimiento público". Según Martin Amis, la lectura de Laura le ha convertido en testigo de la muerte del genio, pero, explica el responsable de la publicación en Penguin, aquél nunca tuvo demasiado aprecio por la última obra de Nabokov, "acabada o no". "Laura estaba ya completa en la mente de Nabokov aunque no lo llegara a estar sobre papel, y ése le dijo a su hijo, Dmitri, que la consideraba una de sus tres obras más importantes", explica Kirschbaum. "Lo triste de Laura no es, según Kirschbaum, el declinar del autor sino, dado todo lo que prometía, el que (Nabokov) no pudiera acabarla". "Desde un punto de vista moral, podría argumentarse que no está bien haber publicado Laura, pero como admirador (de su obra), me alegro egoístamente de que no se hiciese caso del deseo de Nabokov"

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Kakutani sobre Laura

11.12.2009
Fuente: ericchangdesign

Michiko Kakutani comenta The Original of Laura, la novela póstuma de Vladímir Nabokov que su hijo Dmitrii -contrariando la última voluntad de su padre y las posteriores negativas de la madre- decidió publicar porque el "zumbido" de Laura seguía en su cabeza. ¿Valió la pena publicar este libro?, se pregunta Kakutani. Nos preguntamos todos. Ella responde así:

Was Dmitri right to publish “The Original of Laura: (Dying Is Fun)”? Do the index cards (reproduced with meticulous care by the publisher, Alfred A. Knopf, in an ingenious punch-out format) represent, as Dmitri has said, “the most concentrated distillation” of his father’s creativity? Does this fragmentary manuscript constitute the makings of “a brilliant, original and potentially radical book”? Or does the unfinished manuscript — like works left behind by Ernest Hemingway and published after his death by his estate — simply feel like an embarrassing and unfortunate coda to the master magician’s oeuvre? In many respects, the release of a rudimentary version of his last novel does a disservice to a writer who deeply cherished precision and was practiced in the art of revision. Just as “The Enchanter,” a precursor to “Lolita” that was written in 1939 and published after his death, reads like a crude, often flat-footed version of its famous descendant, so these fragments of “Laura” — so cryptic and sketchy — represent an incomplete, fetal rendering of whatever it was that Nabokov held within his imagination. Yet, at the same time, these bits and pieces of “Laura” will beckon and beguile Nabokov fans, who will find many of the author’s perennial themes and obsessions percolating through the story of Philip, an “enormously fat creature” with “ridiculously small feet, ” and his wildly promiscuous wife, Flora, who seems to have been the inspiration for a fictional character named Laura. (...) The final irony concerning “The Original of Laura,” of course, is the fact that its very form — an incomplete manuscript — recalls a favorite Nabokovian device: the notion of a set of “strange pages” or imperfect scribblings found, edited or annotated by another character. This device — H. H.’s memoir edited and published after his death (“Lolita”), say, or John Shade’s poem, introduced and commented upon by a scholar named Charles Kinbote (“Pale Fire”) — was not only a clever, postmodernist frame deployed by Nabokov in his endlessly inventive pursuit of complication, but it was also a sort of metaphysical statement on Art and the Artist, a rumination upon the inscrutable mysteries of creation.

En fin, no sé uds. pero a mí Kakutani me ha convencido. El libro, tal como ha sido editado, respetando las tarjetas, no será una novela pero es un Nabokov legítimo. Y eso es más que suficiente para mí.

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La novela inconclusa

6.10.2008
Nabokov y Vera. Fuente: the sheila variations

Pedro B. Rey, desde las páginas del suplemento ADN Cultura, destroza la ilusión de todos los nabokovnianos (los nabokovnianos ilusos, en todo caso) y adelanta que la publicación de The Original of Laura será un fracaso en todos los sentidos (menos el monetario). Dice:
Las versiones sobre el contenido de la obra son tan contradictorias (¿es una contracara carnal de Lolita? ¿Será, como sugirió alguna vez el hijo, la destilación artística de toda una obra?) que pocos han puesto el acento, sin embargo, en un dato irrefutable: es improbable que The Original of Laura sea a Nabokov lo que Bouvard y Pécuchet fue a Flaubert. Entre otras razones, porque de ella apenas se conserva un puñado de páginas que lejos está de cumplir con la obra orgánica planeada. Como es sabido, el novelista-lepideptorólogo solo se sentaba a escribir cuando tenía in mente la imagen y la estructura de la novela en cada detalle, en cada espiral. Lo hacía en fichas individuales que, al sumarse y ser sometidas a permanentes revisiones, iban conformando la narración. Brian Boyd, que tuvo acceso a los diarios de Nabokov (misteriosamente no se habla de publicar esa parte del iceberg), consigna en su biografía que una de las últimas entradas mostraba hasta dónde había llegado la redacción: 50 fichas completas, alrededor de unas 100 páginas impresas. Demasiado poco para un libro que estaba perfectamente delineado en la imaginación de Nabokov. Demasiado poco para el autor que en La verdadera vida de Sebastian Knight (escrita en inglés, significó su adiós a la natal lengua rusa) había retratado al fallecido protagonista con palabras aplicables hoy a él: "Pertenecía a esa rara clase de escritor que sabe que nada debe quedar, excepto el producto perfecto: el libro impreso; que su existencia real se opone a su espectro, el tosco manuscrito que alardea de sus imperfecciones como el fantasma vengativo con su cabeza bajo el brazo; y que por esa razón el papeleo del borrador, no importa su valor sentimental o comercial, nunca debe subsistir".

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Publican a Laura

5.09.2008
El manuscrito fotografiado por Alexei Konovalov en la caja de seguridad del Banco de Montreux. Fuente: revista ñ

Lo que ya se estaba comentando en algunas revistas y blogs en inglés (y en este su Moleskine amigo) es al fin noticia en los diarios españoles, a partir de una nota en Le Monde: The Original of Laura, la novela inconclusa de Vladimir Nabokov, será al fin publicada. No tengo dudas de que Vladímir consideraría esto una gran traición por parte de su hijo. Y no tengo dudas, tampoco, de que apenas pueda me voy a devorar ese libro. Dice la nota:
Dmitri Nabokov no ha decidido aún a qué editorial entregará el libro, que en su versión impresa rebasará ligeramente las 100 páginas, ni la fecha de publicación, precisa. Antes de morir, el famoso autor de Lolita había pedido a su esposa, Vera, que destruyera su último manuscrito, inacabado. Durante treinta años, su hijo afrontó el dilema hasta que finalmente ha decidido publicarlo. Se lo pensó mucho y está convencido de que su padre no hubiera deseado que los fragmentos de Laura fueran quemados de haber tenido el tiempo de reflexionar serenamente. De hecho, poco antes de su muerte, preguntó a Nabokov qué libros consideraba indispensables, y éste, por orden creciente, citó en último lugar a The original of Laura. "¿Habría podido realmente contemplar su destrucción?", pregunta retóricamente Dmitri, de 74 años. Explica que la idea de que el manuscrito, guardado en una caja fuerte suiza, no viera nunca la luz le "incomodaba profundamente" y señala que "salvaguardar el manuscrito, cualesquiera que fueran las condiciones de seguridad, nunca garantizaría su inmunidad. Hay que publicarlo, entonces, ¿pero cómo?".

Por otra parte, se ha dado un breve adelanto de la trama:
Desde su residencia secundaria en Florida, Dmitri sólo desvela que el protagonista, Philip Wild, es un brillante neurólogo, "cómicamente gordo" y "feo", atormentado por su matrimonio con una mujer mucho más joven y terriblemente infiel. El neurólogo empieza a jugar con la idea de la autodestrucción, antes de decidir que no quiere pensar en un suicidio definitivo sino que desea un "suicidio reversible". El hijo de Nabokov y el biógrafo de éste, Brian Boyd, se declaran seguros de que Laura contiene "algunas de las imágenes más impactantes, giros de frases más inauditos, que no se encuentran en ninguna otra parte de su obra".

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The Original of Laura

1.17.2008
Dmitri Nabokov junto a escultura de su padre. Foto: Lara Delage-Toriel. Fuente: libraries

La pregunta que todos los amantes de Nabokov nos hacemos antes de bajar de la cama, mientras apagamos el ruido del despertador es: ¿Y hoy será el día en que nos darán la noticia de que van a publicar la novela inédita, y aparentemente no corregida, de Vladímir Nabokov The Original of Laura? No es una pregunta de fácil respuesta. Primero, porque el hijo de Nabokov, Dmitrii, es muy celoso con la memoria de su padre. Y segundo porque si no lo fuera, si quisiera dinero, uno tendría que decidir por dos opciones complicadas: odiarlo por no respetar el deseo de su padre, o amarlo porque nos dio un poquito más del genio. En la revista Slate, Ron Rosenbaum no se aguanta más y da vueltas en tornos al mismo eje en "Dmitri's Choice".

Dice la nota: "To burn or not to burn? It's not a question we can argue over forever. Time is running out, and the stakes are high: Dmitri's past pronouncements suggest that Laura is not merely another scrap of paper. At one point he called it "the most concentrated distillation of [my father's] creativity." Think of that: the final "distillation" of the work of perhaps the greatest, certainly the most complex, writer of the past century. Is it the "key to all mythologies"? The Jamesian "figure in the carpet"? The lens through which—should it survive—we might retrospectively refocus our vision of Nabokov's art? On the other hand, Dmitri has also said Laura "would have been a brilliant, original, and potentially totally radical book, in the literary sense very different from the rest of his oeuvre." Which is not the same as saying that it is a "distillation" in the conventional meaning of the term. It suggests a new revelation. Or perhaps Laura is both, since V.N.'s "distillation" might be an unexpected revelation as well.

Al respecto, en el blog The Literary Saloon recogen unas declaraciones de Dmitrii, en las que da una razón bastante absurda para negarse a publicar el libro (según él, quiere evitar que el manuscrito sea reseñado abusiva y distorsionadamente por los críticos que sobreinterpretaron "Lolita", a los que califica de "Lolitologists"), y le dan un jalón de orejas con justicia ¡Deja de joder, Dmitrii!: "Of all the possible reasons to do the right thing this is the worst -- and a completely ridiculous one. Nothing will ever be able to protect Nabokov and his work from the silliest interpretations and accusations, and withholding this particular ammunition would surely barely stem the flood. Get over it. "

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