MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Dolly sobre J.C.O.

Juan Carlos Onetti y Dolly en Madrid. Fuente: onetti.net

Madrid está rendida con Juan Carlos Onetti, quien fuera s huésped inhóspito en los últimos años de su vida. Mario Vargas Llosa dictó una conferencia sobre el autor uruguayo, a quien le ha dedicado un libro, y también ha sido entrevistada su viuda Dolly (Dorothea Murr) quien aparece en "El Cultural" recordando al Onetti íntimo (el perezoso, podría uno decir) al que ella conoció y amó mejor que nadie:

Es sabida la devoción que usted tenía por su marido. Tras escribir un libro sobre mujeres de escritores, en el que conversó con usted, José Tcherkaski llegó a decir que ojalá a él le tocasen 10 minutos del amor que usted sentía por Onetti...
Cómo no sentirlo, para mí era maravilloso. Fue un descubrimiento. Yo venía de una familia normal, burguesa, en la que todos éramos músicos. Leíamos mucho, eso sí, y en varios idiomas, pero al conocer a Juan descubrí un mundo completamente diferente, de ambientes distendidos y personajes exóticos. Una vida sin horarios, porque él podía venir a las tres de la mañana y decirte: “Toma, lee esta carta”.

En contra de lo que se piensa y del poso de pesimismo y frustración que tiene su obra, usted siempre define a su marido como un hombre curioso, que nunca perdió el interés por la vida. ¿Le molesta que se hable de él como alguien que, llegado el momento, decidió meterse en la cama durante 14 años?
No lo decidió, fue el hábito. Leía todo el tiempo y tomamos por costumbre leer tumbados los dos, era más cómodo. Claro que Juan era un depresivo cíclico, y yo le perseguía en la depre: subía y bajaba con él. Y a veces se recuperaba antes de que yo me diera cuenta, de repente. La alegría suya siempre estaba ahí, a pesar de todo. Él gozaba de la vida. Decía que le molestaba no saber qué iba a pasar después de morirse, así era de curioso. Y precisamente por eso escribía y por eso nunca dejó de hacerlo, porque era muy indagador. Cuando le entrevistaban, si le gustaba la persona, era él quien acababa preguntando.

Volviendo a lo de antes, al hábito horizontal de Juan, él mismo llegaba a hacer casi una apología de la pereza, ¿Cómo se lleva eso en un matrimonio?
Era muy perezoso, es cierto, si podía no hacer algo no lo hacía. Yo le llevaba todo, le hacía todo. Conseguí hasta que un tipo viniera a casa para hacerle las gafas. Pero no fue un pacto, las cosas ocurren así... Yo le proveía de libros, iba cada semana a la Cuesta de Moyano y volvía cargada. Él no dejó nunca de leer.

¿Querría contar alguna anécdota con la que se quede de él?
Sí, el momento en que elegimos a la Biche, la perra fox terrier que teníamos. Trajeron como cinco perros a la cama y elegimos quedarnos con ella, y fue una fatal decisión, porque era una calamidad. Estuvo 14 años aquí con nosotros, tuvimos que sacrificarla, una semana antes de morir Juan. De haber sabido que él se iba a morir no lo habría hecho.

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