MOLESKINE ® LITERARIO

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Erri de Luca en España

1.15.2010
Erri de Luca. Fuente: freevalltelina

"La felicidad es un regalo, no un proyecto" dice Erri de Luca. Si no anotan esa frase y la ponen en la cabecera de su cama, o por lo menos en su refrigerador, es que no se han enterado de nada. Su última novela, Il peso della farfalla, quedó como uno de los libros más vendidos en la navidad italiana, por encima de El símbolo perdido de Dan Brown. Erri de Luca ya no es más un autor de culto en su país, y aunque aún tiene mucho camino por recorrer hasta llegar al reconocimiento de Magris o Tabucchi, en castellano tiene cada vez más admiradores. Y me pongo en la lista desde que leí Tres caballos (y aunque el viejo Erri hable mal del libro electrónico, lo perdono). Ahora Siruela ha traducido su penúltima novela, El día antes de la felicidad y seguro ya está apurando la traducción de su exitoso libro ultimo. Erri de Luca estuvo en España esta semana y mantuvo el miércoles una conversación pública con su traductor, Carlos Gumpert, para Siruela. En El Cultural pueden leer una charla con el escritor italiano.


En su última novela, El día antes de la felicidad, se dice que el napolitano es bueno para el relato oral y el italiano para escribir.

El italiano es bello porque es como un río, que recoge todos los afluentes de los diversos dialectos italianos. El napolitano, como cualquier otro dialecto, es más veloz. Si traduces una página del napolitano al italiano, el italiano se extiende el doble. El italiano va bien para la escritura, porque hay que tener tiempo. Y el napolitano es perfecto para el mercado, para discutir y para el amor.

En alguna ocasión ha comentado que Nápoles es, a un tiempo, una ciudad monárquica y anárquica. ¿Cómo puede combinar estas dos cualidades contrapuestas?

Es anárquica porque no deja que ningún poder pueda dominarla. El poder es como una especie de revoque que las piedras de la ciudad repelen, y lo hacen con sus terremotos y con su salitre. El poder allí no acaba nunca de establecerse sólidamente. Y monárquica porque los domingos necesita de un rey, para la fiesta. El último ha sido Maradona. Le gustan los fastos de las monarquías, como cuando fue capital de Europa bajo la monarquía española. Nápoles es todavía una ciudad muy española.

¿Cómo ve el boom de literatura sobre la mafia? ¿Aporta algo nuevo respecto a lo que ya han contado los viejos maestros, Sciascia, Camilleri...?

Es simplemente un fenómeno editorial, con fines mercantiles. En ningún caso supone una manifestación de mayor sensibilidad o conocimiento sobre esta cuestión.

Gaetano, protagonista de la novela, afirma que “un hombre es una cuenca de recepción de historias, cuanto más al fondo esté, más recibe”. ¿A qué fondo se refiere exactamente?

A la última fila de la clase, al último estrato de la escala social... Ahí es donde se acumulan las historias. Hoy ese fondo está en los campos de concentración de inmigrantes, y en su aventura.

También afirma: “El libro es un erizo, si está cerrado y compacto, aguanta el fuego”.

Tanto la casa de mi padre como la mi madre fueron bombardeadas durante la guerra, y lo único que pudieron salvar entre los escombros fueron los libros.

¿Le queda alguna esperanza en la izquierda italiana?

La izquierda italiana no existe. El partido de la oposición es una mera tentativa de concurrir también en el libre mercado. Vende la misma mercancía.

¿Siente frustración ante este panorama?

Sí, porque Italia es un país que retrocede en conciencia cívica y de pertenencia a una comunidad. En Rosarno [Calabria] se ha consumado estos días el primer pogromo de nuestra historia, la agresión de una mayoría armada contra una minoría, considerada inferior. Ahora ha saltado a los medios porque los inmigrantes africanos se han rebelado, pero la caza al negro era un deporte habitual entre los jóvenes de Rosarno, desde hacía bastante tiempo.

¿Qué es la felicidad para Erri de Luca?

Es algo sobre lo que no se puede fundar nada, ni una ciudad ni un amor, porque llega de forma imprevista y dura poco. La felicidad es un regalo, no un proyecto.

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Erri de Luca entrevistado

4.30.2009
Erri de Luca. Fuente: baronebirra

"Tiene cara de lord inglés, pero es napolitano y viste como un agricultor" así describen a Erri de Luca en una entrevista publicada en el último "Babelia". Erri de Luca es uno de los mejores -por no decir directamente el mejor- escritores italianos vivos. Un escritor absolutamente fundamental que es poco conocido en castellano, a pesar de que varios de sus libros han sido traducidos, incluyendo la genial novela Tres caballos. Su última novela, sin embargo, El día antes de la felicidad (Siruela) está encabezando la lista de los más vendidos en España. Extraordinaria noticia. ¿Será que se viene el renacimiento de Erri en castellano? Aquí algunas de las preguntas de la entrevista realizada por Miguel Mora, con respuestas tan escuetas como algunas de sus novelas:

¿Se siente italiano o napolitano?
Como escritor y hablante, vivo en la lengua italiana. La lengua italiana es mi patria, pero no tengo sentimientos patrióticos respecto a mi país. Si suena el himno no se me acelera el pulso, con la bandera tampoco. Pero la lengua me gusta. Nací y crecí en napolitano y me convertí en un escritor en italiano. No soy un escritor italiano, sino en italiano. Acabé dentro de la lengua de mi padre.

¿Cambió de patria?
De lengua. Mi padre pretendía que en casa hablásemos italiano sin acento. La mamma hablaba en napolitano. Ella era el lugar, era Nápoles.

Sé que murió hace unos días y vivía con usted. ¿Tenían buena relación?
Una relación tardía, adulta, pero buena, fuerte. Vinieron los dos a vivir conmigo porque no les llegaba el dinero.

(...)

¿Sintió pena al irse [de Nápoles]?
Me despegué como pude. Tenía encima una mole que me expulsaba. Me arranqué como un diente de una encía. Luego no pude reimplantarme en ningún sitio. Cuando me fui supe que no volvería, pero allí no podía seguir. Estaba solo. Luego encontré a mi generación en la calle, rebelde primero y revolucionaria después, y ahí sentí otra pertenencia, en vez de a un lugar, al tiempo. Soy un producto del tiempo, del 900.

Y de la revolución fallida.
Fui revolucionario a tiempo completo todo el decenio de los setenta. Milité en Lotta Continua hasta 1976, y cuando acabó me hice obrero y seguí solo. Fue la herencia del tiempo, y hoy lo veo con lealtad. No me gusta la nostalgia, pero soy leal con las razones de aquel tiempo. Pienso que aquel hombre joven que fui reconocería en mí a la continuación de sí mismo. Quiero pensarlo.

¿Hizo la cosa justa?
Cuando las cosas hay que hacerlas, justo o injusto, no hay elección.

Pero no tomaron el poder.
Era una revolución rara. Era más cuestión de entorpecer al poder y hacer crecer a la sociedad. No fue inútil. Fue necesario, y dio resultados. No en las vidas personales, ahí lo pagamos caro porque fuimos la generación más encarcelada de la historia, incluida la que vivió el fascismo.

¿Usted hizo cárcel?
Poca y muy temprano, en 1968 o 1969.

¿Y lucha armada?
Prefiero no contestar. Pero toda revolución prevé recurrir a las armas.

¿Defiende todavía el 68?
La historia la escriben los vencedores, no los condenados. El 68 fue sólo el momento de la salida, la campana que sacó a los estudiantes de clase. Era el periodo en que los obreros follaban. Ser obrero era una posición social de prestigio. Eran un punto de referencia. La vanguardia. Tenían poder y encanto.

¿Usted folló mucho?
Yo no, me hice obrero tarde. Y entonces no teníamos derecho al amor, el amor era... un pretexto para retirarse.

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