MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Irvine Welsh también cuentista

Irvine Welsh. Fuente: papercuts


Otro que se pasó a la fila de los cuentistas hace unos años es el escocés Irvine Welsh, autor de la muy celebrada Trainspotting, con una colección de relatos que recién aparece en castellano por Anagrama: Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo . Mientras esperamos la traducción de la novela que acaba de publicar en su país, Crime, no está mal meternos en estos relatos del ex drogadicto adolescente y ahora millonario y cincuentón consumidor de té verde:

Welsh, igual que su personaje, acabó eligiendo la vida. Hoy tiene 50 años y una mujer -la segunda- de 28. Vive en invierno en Miami y en verano en Dublín. Es rico, bebe té verde y monta a caballo. Ha escrito otros nueve libros y ha dirigido su primer largometraje, Good arrows, que se estrenó en enero en la televisión inglesa. Dejó la heroína. Ya no acepta invitaciones para ir de juerga a Ibiza y ha rechazado diversas ofertas de participar en reality shows de famosos venidos a menos. Eso sí, mantiene su abono de temporada para ver a los Hibs, su equipo de siempre, y cuando puede se corre una juerga con sus viejos amigos de Edimburgo. Hoy, para redondear la paradoja, Trainspotting se lee en colegios y universidades británicas. "Es gracioso -dice Welsh-. Antes les prohibían leerlo y ahora les obligan." Welsh, nacido en Edimburgo en 1957, lleva un par de días en Gijón y ya luce una camiseta del Sporting

Por otro lado, anuncia ya una precuela de su novela más famosa:

Cuando se acaban de cumplir 15 años de la publicación de Trainspotting, Welsh asegura que está trabajando en una precuela de aquel primer libro. "Es irónico. Un hombre de 50 años revisando un material escrito por un tipo de 28 años sobre alguien de 21." Evidentemente, Welsh no es el mismo. A principios de los noventa, Irvine Welsh era un joven más de un Edimburgo con las calles llenas de desempleados y de heroína. Criado en Leith, un duro barrio portuario, de un padre que trabajaba en el puerto y una madre camarera, dejó la escuela a los 16 años y entró de aprendiz en una tienda de reparación de televisores. Atraído por la escena punk, una noche de 1978, borracho, se metió en un ómnibus a Londres y estuvo allí viviendo en squats y tocando en bandas con nombres como El Piojo Público. A su regreso a Edimburgo acabó enganchado a la heroína durante dos años y medio. "Es algo de lo que me arrepiento, fue una época dura para mí y para los que me rodeaban -recuerda-. Estaba pasando un duelo. Acababa de morir mi padre y salía de un fracaso amoroso. Quería liberarme, y acabé metido en la heroína. Pero supongo que logré que aquella experiencia funcionara para mí en un modo positivo."

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2:47 p.m.

Oiga, al menos como escritor respete un poquito nuestra lengua, ¿cual precuela? ¿cual secuela?. Nada dificil para un buen lector colarlos a ustedes para saber cuales saben escribir y cuales no...se deja arrastrar ud. facil por las modas. Y los gabos y Vargas Llosa de este mundo felices sin nadie a la sombra.    



3:16 p.m.

Deje que la lengua se contamine de términos de otras lenguas, señor. No sea ud. estrecho.

IVAN    



12:36 p.m.

No me afecta que censure mi contra respuesta a su torpe comentario, eso significa que lo leyó y cayó en cuenta de su error.    



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